Carlos no salía de su asombro.
Nunca antes había visto nada tan ostentoso como su nueva habitación.
Amplia, luminosa, bien amueblada y sobretodo limpia, con camas bastante mas cómodas a las que él o cualquiera de sus amigos estaban acostumbrados. Estanterías repletas de buenos libros y música. Un gran televisor de plasma, un equipo de música y una consola. Un par de armarios llenos de ropa y zapatos que poder utilizar y ventanas con agradables e inmejorables vistas al jardín.
En definitiva, un excelente lugar al que Jay y él no tardarían nada en acostumbrarse.
—¿Cuánto crees que tardarán nuestros padres en darse cuenta de que Mal les ha engañado? —preguntó Carlos sentado sobre la cama mientras ojeaba algunos de sus nuevos videojuegos.
Jay que salía del baño envuelto en una toalla se secaba con otra el largo cabello oscuro herencia de sus padres.
—No lo se, aunque espero que tarden mucho en hacerlo —dijo él mientras se acercaba al escritorio donde había dejado su bolsa de viaje.
—¿Y no te preocupa que lo hagan?
—Claro que me preocupa, no soy ningún estúpido pero Mal no se jugaría nuestros cuellos si no tuviese todo bien pensado —confió Jay mientras sacaba algo de ropa limpia de su interior y aprovechaba para llevar el resto de sus cosas al armario—. ¿No crees?
Carlos medito eso durante un segundo.
Mal no arriesgaría sus vidas de esa forma si no estuviese totalmente segura de lo que hacía, ¿no?
Si, sin duda Jay tenía toda la razón en eso. Su amiga no haría algo así.
—Supongo —respondió Carlos algo inseguro.
—Relájate, estoy seguro de que no van a averiguarlo —replico Jay con una de sus genuinas sonrisas dándose la vuelta para llevar sus cosas al armario.
Carlos quiso responder a eso pero en cuanto su amigo se dio la vuelta su cara cambió.
Marcas profundas que ya habían empezado a cicatrizar cruzaban su espalda en líneas dolorosamente irregulares y Carlos se estremeció al reconocerlas aunque Jay no pareció percatarse de ello.
—Además, este sitio es seguro, ya oíste a Ben. Nadie puede cruzar el Paredón desde el otro lado. Eso nos concede algo de ventaja, ¿no? —bromeó Jay escogiendo un par de pantalones vaqueros.
Carlos que tenía la mirada fija en aquellas marcas ignoró el comentario.
Nunca antes había visto a Jay sin camiseta ni siquiera en los días mas calurosos en Destierra y ahora entendía el porque. Aquello golpeo duramente su mente llevándole de vuelta a aquel escalofriante lugar por un instante.
Jay que se dio cuenta de que Carlos no le respondía, se giró a mirarle con media sonrisa al tiempo que terminaba de ponerse unos pantalones.
—¿No?
Carlos que se dio cuenta de que le hablaba a él reaccionó y apartó nerviosamente la mirada volviendo a los videojuegos.
—Si, supongo que si.
—Pues eso, confía en ella que nadie lo va a descubrir —le sonrió Jay seguro de ello mientras escogía una camiseta.
Carlos quiso pensar que sería así pero algo en su interior le decía que no se confiase tanto, menos aún después de lo que había visto en Jay.
No quería ni pensar en lo que les harían si les descubriesen.
Continuara...
