Capítulo 10 - Planes
Despierto por el calor. En verdad, es tanto calor que no sé cómo no tengo quemaduras. Abro los ojos y me doy cuenta de que, de alguna manera inexplicable, Eren y yo estamos enredados como cintas. Se ha dado vuelta y su rostro encastra apenas debajo del mío. Me pasó por encima no solo un brazo sino también una pierna. Yo tengo las manos entrelazadas a su espalda. Creía que ambos teníamos un sueño sosegado: hasta ahora siempre lo veía despertarse en la misma posición en que se acostaba. Pero supongo que algo pasó esta noche. ¿Tal vez la muerte y el dolor y una desesperación infinita? Ja.
Despacio, voy desarmando todos los nudos de nuestros cuerpos y dejándolo a un lado, boca arriba. Veo su pecho subir y bajar. Su respiración no es tranquila y, otra vez, reconozco las lágrimas secas en sus mejillas. La piel le brilla con la luz anaranjada de los primeros despuntes del amanecer. Es un bello color, el de su piel. Se nota que creció al sol, jugando en la calle, entre la hierba. Que, al menos durante un momento, fue feliz. Recuerdo el expediente suyo que nos dieron durante el juicio y las palabras crueles con que se describía el simple acto de defensa personal que había realizado de niño. Siempre tuvo esta fuerza de voluntad injustificada. ¿Es el sol reflejándose en él o está más bien el sol en su interior, alimentando ese fuego eterno que lo impulsa?
Bah, ¿ahora voy a dármelas de poeta? Me levanto, incómodo conmigo mismo. Hoy quizás sea el adiós definitivo. Pero me niego, definitivamente me niego a ponerme cursi. Aprieto los puños.
Agarro una muda de ropa y voy a bañarme. Desnudo, paso lento por las marcas que me dejan los cintos y que, ahora, están rodeadas por la huella del abrazo de Eren. Esta piel blanca de niñito que tengo siempre me avergonzó un poco. Cualquier movimiento en falso, cualquier rozamiento me deja ardiendo como un latigazo. Gracias a dios las manos y los pies, por lo menos, tienen tantos cayos que ya casi no se dañan así. Pero quien viera ahora mismo la impresión tan absurda de la mano de Eren en el medio de mi pecho podría tranquilamente reírseme en la cara. Maldita sea.
Bajo el agua aún, me afeito. Apenas tengo vello facial, pero no me gusta la desprolijidad. Quizás por la malnutrición o por la falta de sol o porque la biología es una mierda, pero todo mi cuerpo se quedó a medio camino entre la pubertad y la adultez. Solo las arrugas y las decenas de cicatrices delatan mi edad. Y el agotamiento. Este puto agotamiento que solo parece profundizarse.
Bañado, afeitado y vestido, me dispongo a preparar todo para la llegada de Erwin. Termino de acomodar nuestras pertenencias para facilitar su traslado. Coloco una junto a otra las cajas con los recuerdos de Oluo, Petra, Eld y Gunther. Sea como sea el plan de Erwin, tendrá que darme tiempo de llevar esto a sus familias. Preparo algo que hace las veces de desayuno. Barro. Y me siento a aguardar por Eren. ¿Cómo puede dormir tanto ese mocoso? No obstante, no es necesario que vaya a despertarlo. No es necesario que suba a la habitación ni que verifique su bienestar. Si hubiera pasado algo, habría escuchado. No es necesario verlo a cada momento para comprobar que está vivo. Me quedaré en el comedor. Simplemente… me quedaré en el comedor.
Cuando finalmente llega, ha pasado al menos media hora desde que el té se enfrió completamente. Está vestido con el uniforme, listo para salir. Se ha bañado –lo huelo desde aquí.
-Buenos días, Capitán. –Murmura, y se sienta, de nuevo, a dos sillas de mí.
Creo reconocer algún tipo de rencor en mi decisión de no responderle. En cambio, digo:
-Llegan tarde. –Y aunque evidentemente el plural se refería a nuestros superiores, Eren entiende que hablo de él.
Y si no lo entendió, acaba por hacerlo cuando le sirvo el té frío y se lo extiendo a lo largo de la mesa. Estira un brazo para agarrarlo y acercárselo. No lo bebe. Solo lo mira con un poco de angustia. En su cara veo que tuvo algún tipo de pesadilla. Es la expresión que solía tener al principio de su estancia aquí. La expresión de quien no soporta el peso de ser él mismo.
-No puedo creer que ese bueno para nada de Erwin nos haga esperar. –Continúo, quizás para suavizar las connotaciones de mi primera afirmación. –Los de la Policía Militar llegarán primero.
Eren sigue mirando al frente en silencio. Ayer a la noche parecía bien sin embargo ahora tiene esa cara de perro mojado que llevaba el día de la expedición. Decido probar algo más.
-Lo más probable… -Digo. –Es que ese Erwin esté teniendo problemas para cagar.
Con eso, logro arrancarle una risa. Bien, una risa forzada, pero una risa al fin. Creo que sí logré romper el hielo, porque entonces es él quien habla.
-Capitán, está… -Niega suave con la cabeza, con la mirada baja. Luego levanta los ojos hacia mí. –Está muy comunicativo hoy.
-No seas estúpido. Siempre hablo mucho. –Para agregar una cuota de sinceridad, considero seriamente agregar "con vos".
Sin embargo, antes de que pueda reformular la idea, Eren, que como siempre solo sigue su propio hilo de pensamiento, suelta lo que le preocupa.
-…lo siento.
Casi escupo el té que no sé por qué sigo bebiendo. ¿Por qué mierda se está disculpando ahora? ¿Hizo algo que yo no sepa? ¿Va a volver con el discurso de los sentimientos o algo así? Por todos los cielos, no, otra vez no. Pero no era eso. Era algo mucho peor.
-En aquel momento… si tan solo… -Suspira. –Si tan solo no hubiese tomado la decisión equivocada, todo podría haber sido diferente. Incluso vos saliste herido por mi culpa.
Me quedo mirándolo. Tiene los ojos vidriosos. Yo no los tengo. Me pregunto cuántas muertes les lleva a los ojos dejar de llorar por presenciarlas. También observo que abandonó momentáneamente el usted. ¿Qué significa eso? No importa. No quiero volver a tener esta conversación. No solo con él. Quisiera no volver a tener esta conversación nunca con nadie. Tratar de aliviar a alguien de un dolor que uno mismo experimenta hasta la extenuación es agotador.
-Ya te lo dije. –Señalo. –Nadie sabe cómo van a salir las cosas.
No lo miro pero siento sus ojos en mí. Quisiera consolarlo. Ojalá hubiese un modo seguro y definitivo para generar el consuelo. Pero no lo hay.
-Ahí en las cajas –Agrego. –están sus pertenencias. Las de nuestro escuadrón. Es lo más parecido que tenemos a un funeral. Si querés despedirte, podés hacerlo. Tan solo evitá desordenar el contenido. Y si ensuciás algo, te mato.
Algo cambia en su expresión. Se gira bruscamente hacia donde están las cajas. Son simples cajas pero él ve claramente lo que significan. Se levanta en silencio y se arrodilla junto a ellas. Abre una por una y mira el interior, sin tocar nada. Luego las cierra y se tapa el rostro con las manos. Lo oigo llorar. Un momento después, se restriega los ojos y se pone de pie.
-Ya debe de estar por llegar el Comandante, ¿no es así?
-Más le vale.
-Iré a lavarme la cara. Vuelvo en un momento.
Regresa más tranquilo y se sienta en su silla apartada. Ya me fastidia que esté tan lejos. Lo observo con atención y veo que de una de sus pestañas cuelga, pequeñita, una gota. Me acerco y él levanta la cabeza expectante, casi preocupado porque no entiende por qué de pronto me tiene casi encima suyo. Saco un pañuelo de mi bolsillo.
-Te faltó acá. –Digo, y le paso el pañuelo por el ojo humedecido.
Se queda quieto y me deja hacer. Pienso que ahora, antes de que vengan los demás, podría besarlo una vez más. Sería probablemente la última vez que lo hiciera. Podría llevarse con él este beso, adonde quiera que lo vayan a esconder de mí a partir de ahora.
Escucho ruidos y sé que ya vienen. Retorno a mi asiento. Cuando Erwin entra, nos encuentra inmóviles y a la espera.
Empieza la reunión y lo primero que escucho es que aun tenemos tiempo: partiremos pasado mañana. ¿Tiempo para qué? Miento, lo primero que escucho es que sabemos quién es la malnacida de esa titán.
-¿Annie…? ¿La titán hembra…?
¿Annie? ¿Quién es esa tal Annie Leonhart? Eren parece conocerla bien. Parece sorprendido y también profundamente herido por las palabras de Arlert. Algo no funciona en este plan. Eren está dudando. Me mira con horror.
-Oye, niño. –Interrumpo, dirigiéndome a Arlert. –Sigo escuchando que crees que encontraste a alguien que podría ser la titán, pero… ¿tienes alguna otra prueba?
Erwin me lanza una mirada. Arlert no llega a contestar porque se interpone Mikasa. En su expresión puedo ver que en esto se le juega más que la planificación de una estrategia. Como a mí.
-Para mí… el rostro de la titán hembra se parece al de Annie.
Eren está espantado. Salta de su lugar gritando.
-En otras palabras… -Murmuro, dando mi apoyo a Eren pero intentando bajarlo a la realidad. –No tenemos pruebas pero igual lo haremos.
Él insiste durante un rato, a pesar de que sabe que no desobedecerá las órdenes que le demos, sean las que sean. Su alteración tarda en disiparse a pesar de los esfuerzos de sus amigos. Todo me hace ruido. Finalmente, Erwin zanja la cuestión.
-Debemos iniciar los preparativos de inmediato, Eren. Si no estás dispuesto a hacerlo, dilo ahora mismo. Entonces, te entregaremos a la Policía Militar y la esperanza de la humanidad se habrá extinguido.
Yo sé que esa opción no existe realmente. Si Eren se rebelara, Erwin encontraría la manera de aplacarlo y reconducirlo a ser una pieza en su ajedrez. Por eso estamos todos aquí, disponibles para su absurdo plan.
Eren duda pero finalmente acepta.
-Bien. Esto es lo que haremos. Ustedes irán con el equipo uno. Se esconderán en Karanese mientras Armin hace contacto con la sospechosa. Allí, Hange los vinculará con los otros soldados que participan del plan. Levi y yo somos el grupo dos. Tendremos que hacernos visibles dentro del muro Rose junto al doble de Eren. Debe ser claro para la Policía Militar que estamos dispuestos a cumplir nuestra parte del trato. Por lo tanto, aquí nos dividimos.
Se pone de pie, por lo que todos lo imitan. El soldado a mi izquierda abre la puerta y uno a uno empezamos a salir. Eren continúa en shock y ni siquiera voltea hacia mí antes de atravesar el umbral.
Erwin deja pasar a todos por la puerta y aguarda, detrás de mí. Veo que quiere discutir algo conmigo. Quizás me leyó la desaprobación en la cara. Supongo que fui bastante evidente.
-Levi. No te convence este plan. ¿Por qué no?
Directo al punto. Me apoyo en la pared, de brazos cruzados.
-Es evidente que Eren tiene algún tipo de… sentimiento… por esta tal Annie Leonhart. Y ya sabemos que su capacidad de transformación es muy inestable, tiene que tener claro el objetivo para poder hacerlo. Incluso si Arlert hubiera adivinado por arte de magia y ella fuera la titán, nada nos asegura que podamos evitar que secuestre a Eren de nuevo. Él tal vez ni siquiera se transforme.
Erwin ríe y yo cierro los puños. Lo conozco y sé qué está por decir.
-¿Todo eso para decir que estás celoso?
Maldita sea.
-¿Celoso…? No seas estúpido.
Pero antes de que pueda defenderme de semejante acusación, vuelve a su cara seria de "estamos en reunión".
-Celoso o no, tenés un punto. Coincido en que Eren dudará antes de combatirla.
-¿Y entonces?
-Sigue siendo el único plan que tenemos. Si no la atrapamos, o si resulta que no es ella, nuestras posibilidades de retener a Eren con nosotros bajarán drásticamente. Pero la realidad es que, ahora mismo, esas posibilidades son increíblemente bajas. Tenemos que jugarnos el todo por el todo.
Pestañeo despacio, asimilando la idea.
-No estamos apostando "todo"… estamos apostando a Eren. Y a la población de Sina.
-Eso es lo mismo que apostarnos nosotros.
-No, no es lo mismo.
Doy un golpe en la pared. Estoy enojado. Pero no con Erwin: si hay alguien capaz de salvarnos de esta, es él. Nadie más tiene la suficiente sangre fría para pensar en estos momentos. No obstante, estoy harto de esta disyuntiva. Estoy harto de sobrevivir acunado sobre cadáveres.
Erwin se acerca y me pone una mano en el hombro.
-Levi, necesito saber si apoyás el plan o no.
Levanto los ojos con furia.
-Te apoyo. Aunque odio que mi papel sea sostener una cháchara idiota con Niles.
-Solo así ganaremos tiempo.
-Ya sé, ya sé… también odio este maldito esguince.
Erwin sostiene la puerta junto a mí.
-¿Alcanzamos a los demás? Me imagino que querrás despedirte.
-No quiero despedirme.
-Mejor así.
Notas de Autora: Perdoooon, después de jurar y perjurar que no reescribiría escenas canon, he aquí que transcribí tal cual la reunión del tomo 8 del manga, traducción argentina de Ovni Press. Sentí que si no lo hacía, todo lo que yo quería agregar no se entendería. Avísenme si les aburre o si les pareció bien, para saber si puedo continuar con este método en el futuro, de ser necesario. En otro orden de cosas, quería hacer un comentario sobre otro fic. Hace poco, tuve el gusto de conocer a Luna de Acero, otra escritora del fandom. Nos llevamos una gran sorpresa al descubrir que ambas estamos escribiendo casi lo mismo, a pesar de que ni sabíamos de la existencia de la otra. Ahora, estamos leyéndonos mutuamente. Probablemente de ahora en más su fic tenga algunas divergencias del canon, mientras que el mío se apegará al mismo hasta sus últimas consecuencias. Como sea, creo que si les gusta este también puede gustarles el suyo, así que se lo recomiendo: se llama Yo Primero y está aquí en FF. Ah, y empecé a publicar un perfil espejo en Wattpad. Si alguien prefiere leerme allí, búsqueme. Un abrazo!
17 de julio de 2017
