Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, yo los tomo prestados sin fines de lucro.

Butterfly Wings
Por: Hoshi no Negai

10. Curioso inconveniente

Señor Sesshomaru, señor Sesshomaru, ¿dónde estará? ―el canto agudo de la niña se perdió con el viento, para ser acompañado poco después por un gruñido de exasperación:

Mocosa fastidiosa, guarda silencio.

―¡Ay, señor Jaken! Es que quiero que regrese pronto. Se fue hace mucho.

Serás tonta, niña. El amo regresará cuando quiera y punto.

Pero, ¿y si le pasó algo? ¿Y si se encontró con alguien que lo quiere lastimar?

El youkai verde echó a reír ante su ocurrencia. Las carcajadas llenaban el ambiente y el pequeño ser tenía que sujetarse el estómago para evitar sentir dolor.

¡Qué idiota eres! ¡Como si alguien pudiese hacerle algún daño a mi amo! ¡Los humanos son tan ridículos!

La niña le vio sin comprender. ¿Por qué era ésa una idea descabellada? Todo el mundo podía hacerse daño en algún momento, ¿no?

¿Y si se encontró con su hermano, Inuyasha?

¡No digas tonterías! Ése hanyou no puede hacerle nada a mi amo. Aunque… le cortó un brazo y lo dejó herido luego del Viento Cortante… también es que el tonto puede dominar esa espada, no es culpa del amo no poder sujetar a Tessaiga. Con lo fuerte que es, y no poder ni tomarla… debe haber algo que le falte para…

Una piedra impactó en la cabeza del pequeño youkai y éste cayó al suelo. A través de la bruma nocturna del bosque se pudo distinguir una silueta que se acercaba más y más.

¡Señor Sesshomaru! ―la chiquilla no le prestó atención a las quejas de Jaken y fue corriendo para reunirse con el Daiyoukai, quien apenas la miró― ¡Me alegro tanto de que haya vuelto! ¿Le fue bien?

Su pregunta fue ignorada y el demonio de blanco la pasó de largo, siguiendo su camino.

Andando.

La niña apresuró sus pasos para llegar a su lado, sonriente. Como un gesto de lo más natural, tomó con su manita la manga izquierda del traje de su señor mientras andaba. Cuando Jaken se quejó de lo atrevida e irrespetuosa que era, Sesshomaru lo mandó a callar. En ése momento, Rin creía que no podía ser más feliz.

Despertó de golpe, ganándose un fuerte mareo. La habitación aún estaba en penumbra, y ella no podía moverse. La cabeza le daba vueltas y sentía una terrible opresión en el pecho. Cerró los ojos mientras respiraba con dificultad. Había sido un sueño. O más bien, un recuerdo del pasado, de sus primeras semanas en el grupo de youkais. Había sido tan real… miró su mano derecha y se sorprendió al ver cómo apretaba la tela de sus sábanas.

―¡Con permiso, Rin! ―la cabeza de Nagi se asomó por la puerta, tan sonriente como siempre―. Ya tenemos que irnos, ¿por qué no estás levantada? Oye, ¿te encuentras bien?

La chica avanzó unos pasos y se arrodilló a su lado. A la humana le costaba enfocarla con la vista y ninguna palabra salía de su boca cuando quería hablar.

―Tienes mucha fiebre ―le dijo Nagi, luego de posar la mano por su frente y clavar sus blancas pupilas en ella―. ¿Regresaste muy tarde anoche de la torre de vigilancia? ―Rin asintió un poco, sintiendo nauseas al sólo moverse―. Tranquila, ya te traigo un buen té para que te sientas mejor. Y también te daré algo para que duermas el resto de la mañana, imagino que no habrás podido descansar muy bien en la noche.

Rin quiso decirle algo, pero se sentía muy cansada hasta para pensar. Nagi salió de la recámara y volvió varios minutos después, cargando una bandeja con una taza humeante. Le ayudó a incorporarse un poco para que pudiese tomar el contenido, sujetándole la espalda con una mano y acercándole la taza a los labios con la otra. Tenía un sabor sumamente amargo, pero cuando ya se lo hubo acabado sintió que el líquido le hacía entrar en calor. Era reconfortante.

―Gracias… ―le dijo, con la voz afónica. Nagi sonrió y le recomendó que guardara silencio.

Una vez sola, y sintiendo cómo aquel té la adormecía, volvió a apretar las sábanas con la mano, imaginándose nuevamente que era la manga de su señor. Odiaba admitirlo hasta para sí misma, pero… le echaba de menos.

Rin se sintió flotar. O algo muy parecido, estaba segura de que no estaba apoyada en ninguna superficie. Sólo había algo suave y cálido que la envolvía como si la arrullara. Era… ¿piel? No lo sabía, pero no quería despegar su rostro de ahí por nada del mundo.

Continúa durmiendo ―le habló una voz tranquila cuando desperezó un poco los brazos―. Falta mucho para el amanecer.

Ella sólo respiró profundamente, aspirando la fragancia de la mullida piel y adentró más los brazos, hundiéndolos hasta los codos. Era tan agradable…

Señor Sesshomaru ―dijo ella, sin abrir los ojos―. Lo he extrañado tanto…

El hombre guardó silencio y ella sonrió apaciblemente. No sentía nada más que no fuera aquel abrigo calentito y una paz que no había experimentado en mucho tiempo. No le apetecía moverse en lo absoluto, temerosa de romper el ambiente tan confortable. Una mano comenzó a acariciarle lentamente el cabello, como si la incitara a relajarse todavía más.

Gracias por regresar. Siempre supe que lo haría ―murmuró, hipnotizada por las tiernas caricias.

¿Y de dónde dices que regresé? ―preguntó el demonio calmadamente.

De… no lo sé ―admitió, sin sentirse avergonzada―. Es que no lo había visto desde hace tanto tiempo…

Siempre he estado aquí, Rin. ¿Lo olvidaste?

Ése tono… había algo en él que le asustaba. Su corazón comenzó a latir más deprisa y algo en su mente le decía que debía levantarse. Por alguna razón ya no quería estar ahí.

Me has visto por las noches, me has sentido, me has gritado en el oído ―la voz se hacía cada vez más ronca y cruel y ella creía que la cálida estola en la que dormía desaparecía a medida que él hablaba―. Pides que me detenga, pero eso no es lo que deseas. Lo sé perfectamente. No puedes esconderme nada.

Ahora Rin quería abrir los ojos, pero los párpados parecían sellados. El calor se escurrió de su cuerpo y fue sustituido rápidamente por un terrible frío. Sintió perfectamente cómo la mano dejaba de acariciar su cabello y, helada como un pedazo de hielo, comenzó a deslizarse sobre su piel desnuda.

Claro que lo disfrutas, por más que lo niegues. Ansías que regrese por ése motivo, ¿verdad? Te gusta lo que hago contigo, tanto como a mí ―la gélida mano ahora bajaba por su pecho y continuaba su camino por el resto de su cuerpo. Rin quería gritar, pero su voz se había esfumado junto con el calor del ambiente―. Descuida, pequeña Rin. Falta menos para que tu deseo se cumpla.

Cuando estaba a punto de llegar a su entrepierna, y la chica luchaba por hacer reaccionar sus músculos, todo se desvaneció.

Finalmente abrió los ojos, aterrada. Buscó desesperadamente alguna señal del Daiyoukai, pero sólo veía el techo de su recámara. Era de día y estaba sola.

―Fue un sueño… todo fue un sueño, nada más que eso.

Una comezón le atacó los ojos y no se molestó en reprimirse. Había sido tan real. Era como si de verdad le hubiese hablado, acariciado el cabello y… como si le hubiese tocado la piel. Llevó una mano hasta su cara, masajeándose el puente de la nariz mientras repetía que nada de eso había pasado en realidad. Él no estaba ahí, no era posible que le hiciera absolutamente nada. Todo estaría bien. Claro que todo estaría bien porque él todavía no había regresado, así que no tenía que preocuparse por nada.

Pensó que la fiebre había bajado, puesto que volvía a sentir frío. Pero todavía le dolía mucho la cabeza ―y ahora gracias al sueño, estaba peor― y el aturdimiento aún la dominaba. Era tal su malestar que hasta los oídos se le taparon por la presión y sentía como si alguien estuviese sentado encima de su pecho cada vez que inhalaba aire. Se hizo una bolita bajo las mantas y sábanas, muy cansada como para ir a buscar algo más con lo que cubrirse.

Debía dormir un poco más. Si tan sólo pudiese deshacerse de esa jaqueca… Pero ése no era el mayor problema.

―Todo fue tan real… Y… las cosas que me dijo…

Tenía bastante rato intentando volver a dormir, pero las palabras que el youkai de su sueño le había dicho resonaban en su mente cada vez que cerraba los ojos.

Pero por más que intentara ser positiva, una gran parte de su cerebro no tardaba en hacerle recordar su reciente sueño. Era como si existiera un significado oculto que tenía que descifrar para quedarse tranquila. Y sin importar las vueltas que le diera al asunto, no consiguió encontrar nada. Una hora después consiguió dormirse finalmente, teniendo un sueño en el que, una vez más, él era el protagonista.

Rin tuvo que guardar reposo por un par de días más antes de poder abandonar completamente su recámara. A Nagi le preocupaba bastante su misteriosa fiebre, pero como ya había aminorado no volvió a interrogar a Rin al respecto. La única razón lógica que pudo encontrarle para su padecimiento fueron las largas noches que pasaba en la torre de vigilancia, viendo el horizonte hasta más allá de la medianoche.

Y el primer día que logró salir de su cuarto también se dirigió a su puesto, fiel y paciente, siendo recibida por la jovial sonrisa de Takanari.

Era una enorme contrariedad lo que hacía, claro. Temerle al hombre, pero aún así esperar su regreso. Pero, bueno… Rin ya no tenía manera de justificar la cantidad de cosas que sentía al mismo tiempo, revueltas y echas un lío, simplemente seguía con lo suyo como si le fuera normal.

Como medio de entretenimiento adicional, y acordándose mucho del señor Jaken al hacerlo, se propuso leer una buena cantidad de documentos que relataran los hechos del Territorio del Oeste. Le había costado conseguir el consentimiento del encargado del lugar, pero después de rogarle por mucho tiempo y jurarle con el corazón en la mano que no dañaría ninguno de los valiosos escritos, le permitió ―por fastidio, más que nada― entrar un par de horas al día.

La sala de archivos, como ellos la llamaban, era un gran espacio rectangular muy bien iluminado, inundado de docenas de estanterías repletas de rollos de pergaminos y algunos libros empastados muy antiguos ―algo que Rin nunca había visto―. Muchos de los escritos estaban, para su desgracia, en idiomas que desconocía, y hasta parecían garabatos sin sentido si se los comparaba con la lengua que ella había aprendido a leer. Pero finalmente había conseguido algunos rollos que le interesaban lo suficiente como para hacer que su búsqueda valiera la pena.

Y ese mismo día encontró algo que le hizo sonreír: Un pergamino completo dedicado a Naraku.

Leyendo con atención, y preguntándose muchas veces quién había escrito aquello tan precisamente, encontró que la causa de la enemistad del señor Sesshomaru con el hanyou fue «Una completa falta de respeto y burla a su honor». No la mencionaron en ningún lado ni a ella ni al chantaje que Naraku le había hecho al mononoke para que no le diera caza.

Qué extraño… siempre le pareció que el demonio de blanco se había molestado, al menos en parte, porque el enemigo la utilizó contra él. Oh, bueno, ¿qué sabía ella?

Continuó leyendo cómo el escritor relataba increíblemente bien cada encuentro tanto con Naraku como con sus vasallos. También mencionaron a la señorita Kagura muy brevemente, para luego añadir que fue asesinada por su creador. No dijeron nada importante sobre ella ni los sentimientos que tenía por el Daiyoukai, ni los de él por ella.

Porque eso le había quedado claro a Rin: Sesshomaru sintió algo por la mujer youkai, aunque fuera muy levemente. Se cuestionó cuál sería su papel entonces si la señorita Kagura continuase con vida. Quizás… habrían tenido una relación o algo por el estilo, y ella, Rin, se habría quedado con los suyos sin recibir más noticias de su señor.

Aquel tema le incomodaba a niveles que no lograba comprender. Le guardaba un gran respeto a la demonio, fue una mujer muy valiente, pero sentía que al mismo tiempo debía aborrecerla. Las dos habían querido al mismo hombre ―y Rin lo seguía haciendo, muy en contra de su voluntad―, lo que las hubiera enemistado tremendamente. Algo parecido a lo que había sucedido entre Kagome, la sacerdotisa Kikyo e Inuyasha. Por un momento se imaginó al Daiyoukai, tratando de tomar la decisión de con cuál quedarse…

¡Dioses! ¡Eso sí que era ridículo! Enrolló el pergamino, sin terminar de leérselo y lo devolvió a su sitio mientras resoplaba sonoramente. ¿Cómo podía siquiera pensar en algo así? Sesshomaru eligiendo… ¡Ridículo! Sacudió la cabeza varias veces, como si aquella ocurrencia no fuera más que una molesta mosca que se negaba a dejarla en paz.

Además, ¿por qué a ella le importaría una cosa así? Ya sabía de lo que el demonio era capaz de hacer para obtener lo que deseaba, así que no debería estarse fastidiando con cosas tan tontamente empalagosas. No es como si el mononoke fuera un tierno cachorrito por el cual hay que luchar, de todas formas…

Rin detuvo sus pasos. ¿Un cachorro? ¡Oh, Dioses! ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

El amo Sesshomaru era un perro en todo el sentido de la palabra, ¿no? y al ser los InuYoukais tan importantes, ¿no habría algún texto que explicara su comportamiento, sus costumbres o su lógica? Porque eso sería algo que sí le gustaría leer, para entender qué diablos ocurría con él. Últimamente tenía la creencia de que su conducta tenía estaba relacionada con su estado sobrenatural, quizás algún pergamino podría aclarárselo… Y como no quería pasarse toda la vida buscando en aquella sala y arriesgarse a que lo que quería leer estuviera en otro idioma, sólo se le ocurrió una manera de salir de dudas.

Caminó hasta el encargado de los documentos, quien la miraba acusadoramente como siempre lo hacía. Parecía tener la creencia que si alguien tocaba sus preciados pergaminos ―porque miraba mal a cualquiera que pusiera un pie en ésa habitación― éstos se disolverían. No era un tipo muy simpático, pero era su única alternativa.

―Disculpe… ―lo abordó ella con timidez. El demonio entrecerró los ojos y apretó ligeramente el papel que tenía entre sus finos dedos, como si lo protegiera―. Estoy buscando algún texto que hable sobre… los InuYoukai y su… eh… cultura. O costumbres. ¿Hay por aquí pergaminos sobre eso?

Demostrando un grandísimo cambio, los minúsculos ojos azules del sujeto brillaron ante la mención del tema y se terminó de girar para verla de frente como si le hubiera hecho una pregunta sumamente intrigante. De acuerdo, eso es raro.

―¿Por qué quieres leer algo así? ―preguntó él, alzando un poco la barbilla mientras la examinaba críticamente de arriba abajo. Eso es aún más raro.

―Tengo curiosidad, supongo… No conozco muchos InuYoukais, pero seguramente poseen una historia asombrosa ―contestó ella, intentando demostrarle su genuino interés. Más que su historia quería saber si había algo que dijera que los hombres de ésa especie podían tener doble personalidad o algo así, porque aún le intrigaban sus extraños cambios tan repentinos.

―Los InuYoukais son muy básicos en su comportamiento ―le dijo repentinamente el hombre, luego de dejar de recorrerla con la mirada. Extrañamente, su semblante ya no parecía tan serio como antes. Quizás aquel tema también le llamaba la atención a él―. Muy territoriales con absolutamente todo: sus hogares, posesiones, hembra, cachorros… ―respiró profundamente. Tal parecía que decir aquello le hacía sentir importante―. Es verdad, no hay muchas criaturas de esa raza como para analizarlas, pero con el método de la observación se pueden aprender muchas cosas.

―¿Método de…? Un momento, ¿usted escribió todos estos archivos? ―se asombró ella, mirando alrededor. El hombre exhibió una mueca de orgullo evidente.

―No todos, pero sí muchos. Y algo que todavía no termino son mis estudios sobre los demonios perro. El amo Sesshomaru no es precisamente el más indicado para observar, y a su padre lo veía muy rara vez ―murmuró el señor con fastidio. Rin rió por lo bajo mientras asentía. De repente aquel viejito se le hacía más agradable.

―¿Qué es lo que ha podido averiguar sobre ellos? Es que…

―Quieres saber cuál es tu papel, ¿verdad, humana? ―la sorprendió el anciano y nuevamente sus ojos brillaron. El corazón de Rin se detuvo por una milésima de segundo y pudo sentir que toda la sangre se le aglomeraba en el rostro―. Aunque asumí que ya lo conocías a éstas alturas.

―Yo… ―la chica bajó la mirada, completamente apenada. ¿Qué quería decir? Eso no era ni por asomo lo que había intentado decir al buscar información sobre los InuYoukais― No, yo… es algo que… ―frunció el entrecejo y encaró al demonio decididamente. No le importaba lo que el hombre pensara de ella, pero tenía que dejar las cosas en claro desde el inicio―. Él es un monstruo. El único papel que tengo es el que me ha obligado a tomar, ¡no tengo nada que ver con su manera de pensar o actuar! Además de que…

―Exageras, mujer ―contradijo él, rolando los ojos en un gesto burlón―. ¿Nunca te has puesto a pensar que lo que el amo Sesshomaru hace es por instinto? Después de todo, eres una humana, ¿por qué te escogería a ti de entre las youkais? Tengo varias teorías, de hecho…

Eso la tomó desprevenida. No quería hablar del tema, pero la curiosidad la picoteó y no pudo evitar formular una pregunta.

―¿Lo hace por… instinto?

―Eso creo ―el tipo se encogió de hombros, como si su respuesta fuera lo más natural del mundo―, ¿pensabas que sólo se satisfacía contigo? ―Rin enrojeció profundamente y deseó con todas sus fuerzas poder ser invisible. ¿Cómo podía hablarle de aquel asunto tan delicado y personal como si fuese algo normal? ¡No lo era en lo absoluto!

―¿Instinto de qué, exactamente? ―pero su endemoniada curiosidad era más fuerte que su pena y esa interrogante le salió casi sin planearla. El hombre contuvo una mueca de mofa. Aparentemente creía que era una chica tonta.

―Pues de cortejo, ¿de qué más? ¿Por qué, qué hacen los humanos en éste caso? No es que me interesen mucho sus costumbres, pero el saber nunca está de más.

Rin abrió los ojos a más no poder, casi asustada. ¿Cortejo? ¿Qué demonios? ¡Él no podía quererla como su pareja, por todos los Dioses! ¿No sabía ése anciano que el Daiyoukai repudiaba a los humanos con todo su ser? Aquel hombre debía estar fuera de sus cabales o el aire de la biblioteca tenía algo extraño. El polvo de las estanterías se le habrá subido a la cabeza.

―Es imposible ―negó, aún anonadada―. Simplemente no puede ser. Y us-usted dijo que no conocía nada de… ―pero fue incapaz de terminar. El bibliotecario parecía entretenido con la plática ya que había comenzado a sonreír.

―Hay cosas que son muy obvias, jovencita ―contestó él conteniendo una risita mientras se alisaba la manga derecha con fingido interés, y luego la miró fijamente, escrutándola como si fuera un reluciente diamante―. Aunque todavía hay muchos detalles que me gustaría saber, claro, y quizás tú puedas ayudarme. Necesito completar mis estudios, y me falta información sobre los rituales de cortejo y apareamiento. Me parece que al ser un InuYoukai en etapa madura debe hacer algunas cosas particulares de su especie… ¿no te muerde? ¿Gruñe? ¿Aúlla? ¿Tienes alguna marca o algo así? ¿Te hace mantener una posición especial durante la cópula? Si lo comparo con los canes normales, podría suponer que…

¡¿Rituales de qué?! ¡¿Posición durante la qué?! Rin no sabía ya dónde meterse y estaba reprochándose mentalmente haber iniciado la conversación. ¿Qué iba a saber ella que el viejo amargado era tan… perturbador? ¡Hasta pretendía usarla para sonsacarle información sobre eso! Pero… sí hubo algo que le llamó la atención. Al Daiyoukai le gustaba morderle suavemente el cuello y las orejas, y en varias ocasiones le dejaba marcas que tardaban una eternidad en irse. ¿Era eso algo de la especie o era una manía personal? Ni de broma se lo digo. Prefería quedarse con la duda en lugar de seguir dándole cuerda al youkai que tenía en frente, que cada vez parecía más intrigado por lo que el señor Sesshomaru hacía cuando estaba con ella, preguntándole cosas muy comprometedoras. Sentía que había dejado de hablar de personas y discutía el comportamiento de animales.

No somos animales, por todos los Cielos… bueno, al menos yo no. ¿Cómo se le ocurre hablar de ése modo?

Descartaría por completo lo del cortejo, que encontraba completamente ridículo. No le cabía en la cabeza que alguien pudiera hacer tales atrocidades para conseguir pareja, y ese único pensamiento le hacía cerrar el caso. Por más demonio que fuera, realmente no podía ser tan… bruto.

Y el anciano seguía preguntándole y diciéndole sobre sus averiguaciones. Lo único que se le ocurrió fue lanzar una excusa para no parecer muy grosera y se encaminó a la salida con la cara totalmente roja. No podía creer que alguien pudiese hablar de eso con tanta soltura. Aunque… tal vez había algo de lógica en lo que decía. Él era un demonio, quizás sí estaba obrando por alguna clase de instinto. Pero si estaba necesitado siempre podía ir con cualquier mujer youkai, seguramente tenía cientos a su disposición. En cambio se ensañó con ella, la única humana con la que había mantenido un trato. ¿Qué pretendía? Porque el que la haya criado para luego hacerle eso… ¿Acaso estaba experimentando con algo diferente?

Volvió a enfurecerse, convencida de la última opción. ¡Claro que experimentaba! El muy cretino, aquello no le parecía más que un juego de poder que intentaba ganar. ¿Si no hubiera puesto tanta resistencia se habría cansado ya de ella? Seguramente, conociéndolo… Instinto de cortejo una mierda, se dijo.

―Es un idiota arrogante ―musitó entre dientes mientras comenzaba a andar por el pasillo. Pronto el encargado de los archivos regresó a su lugar en la puerta, y según vio por el rabillo del ojo, todavía la observaba con la curiosidad bailándole en la cara. Camina rápido, Rin, camina rápido…

―¡Rin! ¡Aquí estás!

Su respiración se cortó al instante.

―¿Señor Jaken?

El pequeño youkai se apoyó sobre sus rodillas para recuperar el aliento una vez que hubo llegado a su lado. Rin lo contempló, sintiendo un vuelco en el pecho. Si él había regresado, entonces…

―¿Qué hacías en la sala de archivos?

La chica detuvo sus pasos y miró furtivamente el umbral de la estancia de la que acababa de salir, tratando de no fijarse en el demonio de peculiares ojos azules.

―Ah… sólo quería leer un poco. Por… ya sabe, cultura general. ¿Cuándo llegó, señor Jaken? ¿Está todo bien?

―De hecho tengo que hablar contigo, pero me gustaría hacerlo en un lugar más privado ―Jaken también observó al otro youkai, dedicándole un gesto gruñón. Juntos, echaron a andar por el pasillo en total silencio, hasta llegar al patio más cercano. El corazón de Rin latía con fuerza, temiendo por el tipo de noticias que pudiese escuchar a continuación. Pero más que nada, temía encontrarse con el Daiyoukai cara a cara en ese momento. Parecía haber olvidado la cantidad de cosas que acababa de escuchar del tipo raro de la biblioteca y sólo se enfocaba en tratar de predecir las palabras que su amigo verde le diría.

Una vez afuera, y bien alejados de cualquier oído chismoso, Rin no se molestó en seguir fingiendo indiferencia.

―¿Qué ha pasado? ¿Está bien el señor Sesshomaru? ¿No lo lastimaron? ¿Qué ocurrió cuando me fui? ¿Y el Clan Yazi?

―Tranquilízate, niña ―Jaken tomó asiento en uno de los bancos de piedra, teniendo que saltar para conseguirlo. La chica se sentó a su lado, impaciente―. Los dragones fueron derrotados poco después de que te marchaste, y el amo no tuvo muchos problemas para acabar con ellos.

―¿Entonces por qué ha tardado tanto en regresar, señor Jaken? Ha pasado mucho tiempo, y el camino no es tan largo…

―Es que sucedió un pequeño inconveniente ―el youkai tomó aire. Parecía cansado y agobiado, como si llevara a cuestas cien años de desgracias. Eso le preocupó, rara vez lo veía en ése estado.

―¿Hace cuánto tiempo que regresó usted?

―¿Yo? Hace como media hora. Pero eso no importa. Lo que importa es lo que le pasó al amo.

―¿Le pasó algo malo? ¿Está herido? ¿Se encuentra bien? ―y de nuevo sus alocados latidos se apoderaban de ella. Se acercó mucho al rostro de Jaken, insistente y exigiendo una buena respuesta―. Sé que no debí hacerlo, pero regresé el día siguiente al risco y como no pude encontrarlos, pensé…

―Cálmate. No es que esté herido… pero tampoco es que esté bien…

―¡Ah, hable claro! Cuénteme qué fue lo que pasó cuando me marché.

El pequeño ser la miró incrédulo por su urgencia, pero no tardó en contestarle:

―El amo tuvo que luchar en su verdadera forma apenas desapareciste. Y digo que tuvo, porque parecía ser obligado a transformarse. Es algo que no puedo explicarme muy bien, pero casi parecía como si sus contrincantes hubieran forzado la transformación. Y aún siendo un enorme perro, los dragones eran tan escurridizos que el amo tuvo un poco de dificultades para atrapar a uno, el rojo, que era el sujeto de la barba. Cuando finalmente lo mató disolviéndolo con su veneno, la mujer, que era el dragón azul, se le lanzó encima. Ojalá lo hubieras visto, fue impresionante la manera en la que el amo, aún con su gran tamaño, se movía para esquivarla ―en ése punto, Jaken parecía haberse olvidado de su preocupación y relataba muy emocionado, como siempre lo hacía cada vez que el Daiyoukai luchaba de una manera increíble―. Pero la mujer no se dejaba atrapar. Creo que, además de estar furiosa por la muerte de su hermano, quería seguir el camino que tomaste cuando te fuiste. Cuando al fin logró inmovilizarla entre sus mandíbulas, ella lo mordió en la espalda cerca de la cola, causándole una gran herida ―Rin contuvo la respiración, llevándose ambas manos a la boca―. Y antes de que el veneno la matase, el amo… bueno…

―¿Qué? ¿Qué le pasó?

Jaken bajó considerablemente el tono, haciendo una mueca de desconcierto muy extraña.

―Fue como si perdiera sus poderes, pero siguiera atrapado en esa forma. Sabes que cuando es un perro tiene un tamaño colosal, ¿no? Bueno, cuando finalmente lo soltó, su tamaño se redujo muchísimo, hasta no ser más alto que Ah-Un.

―¿Lo… lo dice en serio? ―Rin también le dedicó la misma mirada de incredulidad que el pequeño youkai exhibía―. ¿Cómo…? ¿Cómo pudo pasar eso?

―No lo sé. Quizás fuera alguna clase de conjuro o un veneno especial del Clan Yazi… no tengo la más remota idea, jamás había visto o escuchado de algo así.

Ambos se quedaron callados, absortos en sus propios pensamientos. Rin estaba realmente confundida y no sabía exactamente cómo debería sentirse. Pero tras un minuto o dos de completo silencio, procedió:

―¿Y qué sucedió después?

Jaken se aclaró la garganta volviendo en sí, y le dijo con su voz rasposa:

―El amo Sesshomaru se veía muy molesto. Creo que intentaba regresar a su forma habitual, pero no lo conseguía. Como no puede hablar siendo perro, nunca me enteré realmente de lo que le ocurría. Me mantuve con él muy poco tiempo, sólo el que me permitió examinar su herida y luego se marchó corriendo al bosque. Debe estar muy, muy furioso… y humillado…

―Me imagino ―exclamó Rin, recordando muy bien la manera de ser del Daiyoukai y el fuerte golpe a su orgullo que debó sentir al saber que había perdido todos sus poderes, quedándose atrapado en esa forma tan poco amenazante. Se preguntó qué estaría haciendo en esos momentos y también se cuestionó si aquello que le ocurría tendría alguna solución―. ¿No encontró nada en la herida que pudiera serle de ayuda? Es decir, ¿alguna cura o… una estimación de cuánto tiempo estaría así?

―Tengo sólo una teoría y se la dije, pero no sé si me haga caso. Creo que mantendrá esa forma hasta que la herida sane completamente. No tuve tiempo suficiente de evaluar el veneno, así que no puedo saber con certeza si aquella mordedura puede sanar rápidamente o si se necesita de algún remedio en especial. Le sugerí que consultáramos curanderos youkais o que regresáramos aquí para que lo atendieran y se fue. Obviamente no quiere que nadie lo vea así.

Rin resopló, fastidiada. Si el hombre no tuviese tanto orgullo y dejara que alguien lo ayudase seguramente se recobraría en un santiamén.

―¿Y usted qué piensa sobre esto?

―La verdad… creo que el amo debería dejarse atender. Él solo, con esa forma tan… diablos, tan débil, no podrá salir de ésta fácilmente.

―Yo pensaba lo mismo ―admitió la chica, sonriéndole a su amigo para animarlo. Aunque él no se encontrara con ganas de reír en lo absoluto―. Creo que sólo podremos esperar, ¿verdad? Seguramente encontrará una solución, siempre lo hace. No se preocupe.

Jaken asintió con decisión.

―¡Claro que mi amo lo conseguirá! Es una pena que esos estúpidos dragones se hayan desintegrado, porque estoy seguro de que al señor Sesshomaru le encantaría volver a matarlos por haberlo dejado en ridículo. Y por cierto ―su tono cambió completamente, siendo sustituido por uno mucho más serio. Rin sabía de antemano que estaba a punto de reprenderla por algo―, lo que hiciste durante la pelea fue muy insensato. ¡Correr como loca para que te maten!

―Ah, eso…

La muchacha había olvidado ése pequeño asunto y el que se lo recordasen le daba un mal sabor de boca.

―Sí, eso. ¿Se puede saber en qué demonios pensabas? Lanzarte a la mira de los enemigos, arriesgando no sólo tu vida, sino también la victoria del amo…

―Sí, ya sé que fue una estupidez. No quería entorpecer nada, en serio ―soltó un suspiro de derrota―. Sólo se me escapó. No pude controlarme ―Odio verlo lastimado, estuvo a punto de decir.

―Tendrás que aprender a hacerlo, niña, estuviste a punto de morir. Y si tú te mueres, el amo me castigaría a mí por descuidarte.

―¡Eso suena más como usted! ―exclamó riéndose. Tras unos segundos en los que Jaken le dedicó una mirada ceñuda, Rin se enserió de nuevo―. ¿Dónde está el señor Sesshomaru ahora?

―A unos cuántos kilómetros de aquí ―le contestó él―. Pude convencerlo de al menos quedarse cerca hasta que encontrara una cura para su condición.

Rin meditó algo por un rato, tratando de averiguar si aquella información le aliviaba o preocupaba.

―¿Y cree que la conseguirá pronto?

Jaken le dio una ojeada insegura e incómoda.

―No lo sé. No por el momento.

Rin volvió a suspirar mudamente. Entonces el señor Sesshomaru se encontraba bien… relativamente, por lo menos. No había nada peor que la incertidumbre, y al menos saber que se encontraba por ahí, lejos de los dragones que amenazaron su vida, le suponía un tremendo consuelo. Quizás tardaría un poco más en verlo ―afortunadamente―, pero en el fondo, muy, muy en el fondo, seguía rezando por su bienestar, y que su problema pudiera solucionarse pronto, para que nada malo pudiera pasarle.

Ahora todo lo que tenía que hacer era esperar. Esperar y ver hacia el horizonte, como siempre lo hacía.

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-Editado.

Otro capítulo, otra cantidad de cosas de las que nos enteramos. ¿Alguien se esperaba que la ausencia tan prolongada de Sesshomaru tuviera algo que ver con un problema así? xD Pobre, debe estar histérico. Bueno, sí, sí está histérico. ¡Imagínenselo! El grandioso Lord del Oeste convertido en un perro sin poder alguno. Giros, giros de trama everywhere. ¿Y qué les pareció el viejito de la biblioteca? Los investigadores son muy curiosos y hacen lo que sea para conseguir información, pero ¿quién diría que fuera tan condenadamente… extremo? Creo que valora más sus trabajos escritos que su propia vida, porque si Fluffy se llegase a enterar…

¡En fin! ¿Qué tal? No se preocupen, que Sessho aparecerá en el próximo capítulo, estrenando su primera y única forma inútil. Aunque su forma original siempre la encontré algo obsoleta, si eres más grande te pegan más fácil, ¿no? Pero como siempre hace alarde de su poder… pues ahí tienes, campeón, ahora aguántate.

Y de nuevo a agradecer sus buenos comentarios y opiniones, cosas que siempre me alegran el día: Serena tsukino chiba, Amafle, Silver Fox, Rosy, Yoko-zuki10, Velvet love, Thesessomaru84, Hadeyn-chan, Sara, Black urora, Ginny chan, Aine, Joelise, LauAkiko, Tailor Swan, Nagisa-chan, Zhishasu-negrita y Selva shiina. ¡Uff! Mil besos, chicas.

Y repito: para los que quieran comunicarse conmigo o decirme algo en especial, pueden hacerlo a través del servicio de mensajería privada de ésta página, que lastimosamente es únicamente accesible si tienes una cuenta. No se pueden leer direcciones ni urls si las mandan por reviews, porque borra toda mierda.

¡Nos vemos el jueves!