X.- REALIDADES.

Un atardecer gris, semanas después del accidente en el bosque prohibido, Ginny y Hermione estaban sentadas bajo el sauce boxeador. A su al rededor los terrenos de Hogwarts se expandían melancólicos, como ocurría siempre en aquella época del año, y los colores habían perdido su esencia.

El bosque prohibido se extendía frente a ellas, más oscuro y más lleno de sombras que nunca. Los árboles se movían al compas del helado viento, haciendo un ruido parecido al de las olas en el mar y se oía el canto de algún pájaro que volaba sobre las kilométricas extensiones del bosque. Hermione escuchaba hablar a su amiga pero le parecía que sus palabras venían de lejos, que no pertenecían al mundo en el que se encontraba. Un escalofrío recorrió su cuerpo.

Durante las últimas semanas esto le había ocurrido varias veces, era algo inevitable. De pronto, sin ninguna razón aparente, se perdía en ella misma, quedándose mirando a la nada, fijando la vista en un punto infinito. Entonces, poco a poco, sentía que algo crecía en su interior, un vacío, le faltaba algo. Y ansiedad, notaba una ansiedad que le impulsava a salir corriendo, gritar, buscar aquello que sería lo único capaz de llenar el agujero que se hacía más y más grande. Y luego nada, simplemente le venía la necesidad de abrazarse, como para impedir que se rompiera en mil pedazos. Así una y otra vez.

Harry y Ron lo habían notado, por supuesto, y su preocupación aumentaba cada día que pasaba. El pelirrojo no paraba de lanzar sus típicas preguntas dolorosamente directas o de elavorar alguna increiblemente absurda e imagintativa hipótesis. Harry, por el contrario, siempre más sensible que su amigo, se limitaba a observar a Hermione y a preguntarle muy de vez en cuando a ver que tal se encontraba, simplemente eso. Y la Gryffindor se lo agradecía de todo corazón.

-y entonces Jose Parkinson se cayó, ¿Te lo imaginas? ¡Se tropezó, Hermione!- decía Ginny entre carcajada y carcajada, sin darse cuenta de que su amiga volvía a estar en "ese estado".- fue lo más gracioso que... ni siquiera me escuchas,¿verdad?

-¿Qué?- la chica miró a su amiga y vio que había cambiado completamente de expresión. Ahora era seria, llena de preocupación y de tristeza.

-Nada, da igual.- dijo, y giró la vista hacia el castillo.- mira, ahí viene Mike.

-¡Mike!- chilló Hermione, habiendo vuelto totalmente a la realidad..- ¿Cómo se me ha podido olvidar?

-¿¡Se te había olvidado! ¡Hermione, hoy hace un mes que...!

-Shhhh ¿quieres hacer el favor de hablar más bajo, Ginny?

-Vale, sí, lo siento...

Las dos amigas esperaron en silencio a que Mike llegase a su lado, a Ginny le encantaba ver cómo se iluminaba el rostro del chico al ver a Hermione, cómo brillaba, hechizada, su mirada.

El moreno se acercó a Hermione y le dio un fugaz beso en la megilla mientras le susurraba algo que Ginny no llegó a entender. Tan solo vio cómo sonreía la chica tímidamente y se inclinaba para acercarse un poco más a Mike. Aún así, seguía con la mirada perdida y una extraña expresión, era casi de dolor.

Quiso eliminarla asique ella misma sonrió con energía a la pareja.

-¡Felicidades chicos!

-Gracias Ginny- le respondió Mike, sonriendo de oreja a oreja.

-Mike, espero que hayas pensado en algo realmente bueno para este día, Hermione está muy, muy emocionada.- dijo la chica clavándole una mirada significativa a su amiga. Ésta torció el gesto y luego miró a su chico con dulzura.

-Si que lo estoy.- dijo en voz baja.

Mike se inclinó hacia la chica y le besó dulcemente en los labios. Cada vez que lo hacía Ginny se sorprendía, para ella no era una situación incómoda en absoluto.

-Bien, ¿nos vamos?- dijo el Hufflepuff cuando se hubo separado de Hermione.

Los tres se levantaron y caminaron a paso rápido hacia el castillo porque, estando de pie, el frío se volvía algo casi insoportable. Antes de alejarse demasiado, Hermione se volvió e inconscientemente miró hacia el bosque prohibido, hacia donde seguramente estaría el prado donde habían destruido el Horrocrux. Los recuerdos traspasaron el muro que la chica había construido para avitar aquello justamente, aquel sentimiento de miedo descontrolado que se activó en su cuerpo. Las imágenes de los hombres encapuchados, la copa cegándola con el brillo de sus trozos, Harry, Ron y Ginny odiándola como a nadie, Draco... No, de ahí no pasaba. Cruzar ese límite supondría el derrumbamiento de la realidad a la que se había amoldado casi con éxito durante el último mes, no iba a dejar que todo se perdiera por unos pocos indeseados recuerdos...

Se había quedado un poco atrás así que tuvo que correr unos metros para alcanzar a Ginny y a Mike y pegarse a este último, para sujetarle de la mano y apretarla bien fuerte.

OoooOoooO

Las sábanas se habían caído al suelo y, blancas como la nieve, destacaban en la oscuridad eterna del dormitorio de la torre de Sltytherin. La ventana estaba a medio abrir y una fría sacudida de viento entró por ella, cruzó la habitación e hizo que a los dos cuerpos que dormían en la cama se les pusiese piel de gallina. Entonces, una de ellas se despertó.

Puede que fuera por el repentino frío que había tomado la habitación o por el conocido aroma que había removido el viento a su lado, acaso se debiese a la pesadilla que estaba teniendo en aquel momento o a la inusual incomodidad que sentía por su total desnudez. Es posible que simplemente no hubiera razones, que tan solo fuera la hora de despertar. Pero, el caso es, que Draco Malfoy despegó los párpados y, nada más hacelo, sintió tales náuseas que tuvo que enderezarse en la cama y apollarse en la pared.

Dándose cuenta de dónde estaba, del día que era y de la realidad en la que vivía, el Slytherin abrió del todo sus ojos y miró a su al rededor. Su ropa, desparramada por todo el suelo de la habitación, recorría, en cierto modo, los pasos que había dado el chico la noche pasada. Había abierto la puerta con fuerza y se había pegado contra la pared en un golpe seco, con el cuerpo de Pansy deslizándose estre esta y el suyo. La había sujetado en brazos y colocado con brusquedad sobre la cama. Habían hecho el amor, una vez más, como cada noche desde hacía un mes.

No lograba acostumbrarse a los repentinos ataques de repugnancia que le entraban de repente, y que eran cada vez más frecuentes. Sin razón alguna, se sentía sucio, notaba que un vacío crecía en él y que cada vez pesaba más, que dolía más. Se repetía que todo era a causa de la vida que había llevado durante las últimas semanas, se lo repetía continuamente porque no quería pensar en la otra posible razón. Mucho más lógica y desgarradora.

Se puso de costado, dando la espalda a la esbelta figura dormida de Pansy. Miró por la ventana, serían las tres de la tarde, más o menos. Le dolían los labios y el cuerpo entero, y la sensación de tener un agujero llenándole el interior se hacía más y más insufrible.

Sabía que en realidad el dolor y todo lo demás se debía al contínuo esfuerzo que hacía a cada hora del día, a cada segundo, en detener los recuerdos que amenazaban con invadirle. En su mayoría eran las sombras de sus propios sentimientos los que trataba de detener.

No iba a dejar que volviera a hundirse como ocurrió hacía un mes, un Malfoy no se comportaría así jamás, bien se lo había hecho saber su padre. "deberías averganzarte de actuar así por una mujer, Draco" había dicho, "No quiero saber ni quién es, no me importa, pero más te vale cambiar de actitud. Eres un Malfoy."

Y así, siguiendo al de su padre, todos los demás recuerdos derribaron el muro y se apropiaron de la mente del Slytherin.

Un viaje atrás en el tiempo, o de cómo empezaron a cambiar todas sus realidades

Draco estaba sentado una vez más en la silla de madera, en frente de la tercera cama de la enfermería. Como cada vez que entraba en aquella enorme habitación, tenía la mente en blanco, no pensaba ni percibía nada de lo que ocurría a su alrededor. Tan solo existía para él una realidad, dolorosa e imposible de asumir, una cama sobre la cual descansaba una Gryffindor sin conocimiento.

Los párpados de la muchacha habían permanecido cerrados durante toda la semana y sus labios parecerían de porcelana de no haber sido por el tan sutil tembleque que provocaba en el Slytherin unos impulsos poco propios para seguir una enfermería. El chico se pasaba horas contemplándola simplemente, no es que le diera por hacer poemas melosos sobre el parecido de Hermione con la bella durmiente ni nada por el estilo, era algo más profundo que todas aquellas cursiladas de enamorado. Sencillamente trascendía a otra dimensión, se quedaba sin poder escuchar nada de lo de su alrededor, no era capaz de ver nada aparte de la figura de la tercera capa de la enfermeria.

Aquella monótona inconsciencia se alargó durante unos diez días, durante las cuales Draco trató de construir el escudo que se suponía lo protegería de todo dolor. Tenía que sacar fuerzas de donde no las tenía para no abalanzarse sobre el pobretón y el capullo de Potter para preguntarles que cojones le habían hecho a la castaña. Pero hubiese resultado demasiado evidente. ¿Draco Malfoy vengando a una sangre sucia? El mundo se le iba de las manos.

Pues bien, se limitaba a esperar. Esperaba a que Hermione despertase de una jodida vez y a que luego... a que luego sucediera Merlín sabía qué. Por el momento simplemente esperaría a que el color volviera a esos delicados labios para poder besarlos y hacerlos suyos otra vez, para eliminar por fin el desesperado anhelo que crecía en su todo.

A las ocho en punto, sin ningún margen de error, aparecía madame Pomfrey por detrás de la cortina y le pedía al chico que se marchase, que no se preocupara. Entonces, Draco volvía a la sala común.

En la siempre poco iluminada estancia, el Slytherin agradecía poder seguir disfrutando de la soledad. Zabini y los demás estarían en su rincón de debajo de las escaleras y, Merlín gracias, no parecían haber notado nada fuera de lo común en su compañero. De vez en cuando se encontraba con Pansy sentada en uno de los asientos de cuero, mirándole coqueta, intentando seducirle. Patéticos intentos que acababan siempre con la mueca decepcionada de la muchacha.

¿Acaso podría Pansy sacarle aquella maldita sensación con un par de mecánicos besos? No, estaba claro. Y lo último que a Draco le apetecía era un show de miradas insinuantes, casi exigentes, que muy probablemente comenzaría en cuanto decidiera darle el gusto a la joven. Asi pues se encerraba en el dormitorio, daba patadas a todos los baúles que se encontrara en su camino e insultaba a toda su jodida existencia. Gryffindor y su absuro complejo de héroes... como a Potter se le ocurriera volver a incluir a Hermione en sus malditas misiones la llevaba clara.

Cuando se despertara pensaba obligarle a prometer que no volvería ha hacer esas locuras por ese inutil. Si es que despertaba... "vale, si que se despertará, sin dramatismos, joder" se repetía a sí mismo "volverá a estar consciente y entonces... ¿qué? ¿pienas mofarte de ella por saber su grandísimo secreto? No me jodas...". Sabía que podría hacerlo pero que no serviría de nada. Ni él ni ella se creerían ni la mitad de sus palabras. El daño estaba hecho, las cartas estabas sobre la mesa y se dio cuenta demasiado tarde de que la jugada había empezado ya.

Hermione se despertó un viernes a la mañana y Draco no estaba ahí, puede que ese fuera el mayor de los errores. En su lugar, habían ido a visitarle Luna Lovegood y Mike Johnson. La chica tenía la mas extraña de las sensaciones.

Por encima de todo estaba agotada, como si acabase de salir de la biblioteca tras unas largas horas de estudio. Tenía la mente como bloqueada, con la sensación de estar olvidándose de algo realmente importante. Reconoció a Luna y a Mike sonrió al verlos. Si de algo se acordaba era de lo agradable que le había resultado siempre la compañía de esos dos amigos, recordó incluso que el chico le había acompañado a una especie de fiesta... pero nada más. Le dolía todo el cuerpo y tenía la frustrante sensación de que se le pasaba algo. Puede que fuera algo que había ocurrido en aquella fiesta... ¿pero qué puede pasar en una inocente fiesta de esas? Nada demasiado extraordinario, suponía.

La chica sentía la intensa mirada del moreno clavándosele y vio cómo este sonreía muy feliz de que la chica se hubiese despertado por fin. Hermione notó una emoción cálida dentro, ese chico hacía que se sintiera bien y que casi se olvidara de la extraña sensación de estar esperando a algo, o al alguién.

Gryffindor entero no tardó en enterarse de que había desperado y pronto la enfermería se convirtió en una gran sala de visitas en la que madame Pomfrey poco podía hacer para echar a los felices compañeros de la muchacha.

-¡Hermione, estan todos esperando fuera!- decía sonriente Ginny.- Mike acaba de marcharse a clase de Transformaciones, pero volverá después...

Mientras lo decía, la joven sonreía con picardía. Como si supiese algo que a la castaña se le escapaba... pero lo dejó pasar, aun seguía muy cansada. Harry y Ron habían traido caramelos de los de todos los sabores y todos, incluso Hermione, se rieron cuando el pelirrojo se tragó uno con sabor de detergente muggle.

Cuando todos se hubieron marchado, Hermione por fin pudo cerrar los ojos y abandonarse al cansancio. Estaba exhausta y había muchas cosas sobre las que necesitaba pensar. Harry y Ron le dijeron cómo vivieron ellos el momento en el que ella destruyó el Horrocrux. Le dijeron que había gritado de forma desfarradora, que no lloró pero que tenía una expresión de auténtico sufrimiento. Ella, sin embargo, no era capaz de acordarse de por qué gritó exactamente. Es cierto que recordaba haber visto algunos rostros conocidos, pero sentía algo raro al pensar en ello. Una vez más le parecía no recordar algo, como si se hubiesen arrancado algo y pudiese sentir el vacío pero no fuera capaz de recordar que era exactamente aquello que le faltaba. Era algo de lo más desagradable.

Se estaba quedando dormida, no era capaz de controlar sus párpados, que se cerraban como si tuvieran que soportar el peso de dos elefantes. En aquel momento la sensación de vacío se acentuó intensamente y Hermione tuvo que hacer mucho esfuerzo para distraerse del dolor que empezaba a sentir. Trató de pensar en sus tres amigos, reprodujo sus rostros sonrientes de aquella tarde, se acordó de Mike y pensó que no había vuelto como le había prometido Ginny... pero, a pesar de todo, justo antes de sumergirse en el sueño, le vino a la mente un rostro indefinido. Con el cabello rubio y ojos de hielo.

Cuando se despertó las cosas seguían hechas un lio en su cabeza. Había tenido un sueño muy raro, mucho. Se trataba de una serie de imágenes demasiado reales, demasiado cercanas, demasiado vividas. Y en todas ellas aparecía en mismo chico, el rubio. De alguna forma recordó cómo se llamaba, Draco Malfoy. Sí, ese era... "¿Por qué me afecta tanto ese nombre?" se preguntaba, preocupada por sus propias reacciones, "no seas estúpida, Hermione, te acuerdas de quién es. Una serpiente. De las peligrosas, además." "¿Qué demonios me pasa?"

Aquella misma tarde le dieron el alta y pudo salir de la enfermeria, se moría de ganas. Pero lo que ocurrió no se lo esperaba en absoluto.

Como ya había recuperado casi todas sus preocupaciones y recuerdos (debía decir casi todas porque la estúpida sensación no la dejaba tranquila), se dirigió a la biblioteca para tratar de recuperar el tiempo perdido. Sin embargo, cuando llego a la entrada de la misma se quedó de piedra.

Ahora si que lo recordaba bien. Apoyado en la pared y con las manos en los bolsillos de unos perfectamente elegantes pantalones, Draco Malfoy la atravesaba con una mirada ilegible. Parecía furioso y expectante, como si esperara una reacción particular en la chica, como si todo dependiera de aquella respuesta. La chica evitó mirarle a los ojos, algo le decía que era mejor que así lo hiciera. Al pasar junto a él sintió que perdia el control sobre su propio cuerpo, que el corazón le daba un vuelco y que algo luchaba por entrar en aquel hueco que permanecía en su interior. Pensaba seguir avanzando e ignorar el comportamiento absurdo de su cuerpo, pero antes de cruzar la entrada a la biblioteca sintió la presión de una mano fría y fuerte en el antebrazo. Le quemaba al tacto, pero era una quemadura ¿placentera?. Seguramente no se le habrían ido todos los síntomas, seguía trastornada...

Notó que Malfoy la aprisionaba conta una pared y que acercaba muchísimo su rostro. Podía sentir su aliento, más acelerado de lo habitual. Un intenso olor a menta... Por un momento le pareció experimentar una extraña sensacion de deja vù, pero supo que era imposible. Además, ¿Qué demonios hacía Malfoy?

-Como vuelvas a hacer una gilipollez de esas otra vez, Granger, te juro que...- susurró amenzante junto al oido de la confundida chica. Hermone no entendía nada. No era nada nuevo que Malfoy se metiera con ella, pero no solía ser de esa forma, no con ese tono.

-No sé de que me hablas, Malfoy.- puede que no debiese haber abierto la boca, porque hacerlo solo le sirvió para sentir aun más intensamente el aroma de menta que desprendía el chico. El vacío de su interior parecía gritar de anhelo y algo la impulsaba a romper toda distancia entre ellos, por pequeña que fuera, y saborear aquellos labios que en aquel momento formaban una extraña mueca.

Hablo de que por ese complejo de leones valientes que tenéis todos te quedes diez malditos dias inconsciente... – la castaña no podía creérselo. ¿A que venía todo esto? Además, se empezaba a sentir muy mareada y eso no la ayudaba nada en encontarle sentido a lo que ocurría. Y, por si no fuera poco, el rostro de Draco actuaba como un potente imán sobre su persona. Todo en él la llamaba de forma electrizante y hacía que ,poco a poco, fuera perdiendo la cabeza.

-Malfoy, en serio que no de de que me...

-Joder, granger...

Entonces el Slytherin posó los labios sobre los de ella. Sentir sus labios, ser consciente de que los acariciaba y humedecía a su gusto hizo que Draco se olvidase de todas las frustraciones de los días pasados. Sintió como la sorpresa paralizaba a la chica pero que esta acababa por rendirse también, cediedole el paso a un anhelo casi tímido. Y ante su total delicadeza y dulzura no tuvo otra que dejarse llevar, acariciarle el rostro y apoyar la otra mano en la pared para no perder el equilibrio. Casi gimió de placer cuando se apartó para tomar aire y sintió que el cuerpo de ella se pegaba al suyo y que sus labios buscaban ciegamente los del rubio.

Sin embargo, cuando Draco volvio a inclinarse sobre ella, aciendo que se echase un poquito hacía atras, Hermione recuperó la razón que había perdido. Lo extraño era que no la sorprendía en absoluto el haber respondido de esa forma al beso, ni siquiera le era desconocida la sensación total y absolutamente placentera que había sentido. Eso era precisamente lo que hizo que se apartara. ¿Qué estaba pasando? Había quedado claro que se estaba perdiendo algo...

Draco, más extrañado aun por la expresión de la chica, la miraba con las cejas enarcadas y una expresión de total desconcierto. ¿Qué le pasaba ahora?

-Yo... bueno, yo creo que tengo que irme a... a visitar a Hagrid. Si, eso, tengo que ver a Hadrid. – y dicho esto se marchó corriendo de aquel pasillo olvidándose por completo de sus intenciones de ponerse al día académicamente.

Draco no daba crédito a lo ocurrido, y no sabía cómo reaccionar al respecto. No podía creer que Hermione no se acordara de nada. Nadie se olvidana del beso de un Malfoy, era impensable. Y menos si se trataba de él. Se juro mil y una veces que haría que Granger recordara todas y cada una de sus caricias, pero no sirvió de nada.

Durante una semana Draco hizo lo imposible por hacer que la joven recordase, pero la respuesta era siempre la misma. Hermione parecía dudar, parecía tratar de cerrar algún hueco por el cual se peleaban por salir todas las realidades que compartían. Y, sin embargo, de alguna forma, lograba tamponarlo.

Por si fuera poco, por si no era ya lo suficientemente doloroso y humillante, la joven acabó por acceder a salir con Mike Johnson la próxima excursión a Hogsmeade. Los celos y el dolor que experimentó Draco al enterarse no tardaron en transformarse en pura ira. Puro desprecio, al menos aparentemente. A simple vista, parecía que todo había vuelto a lo que era antes de... bueno, a lo que era antes de que el mundo perdiera la cabeza y comenzaran los absurdos encaprichamientos. Y, en realidad, era todo lo contrario.

"Genial, Draco. Desde luego ha sido tu temporada estrella" se dijo "todo esto a sido una farsa bastante deprimente, esta claro que el aburrimiento te ha podido... que asco joder"

Y asi fue como, por primera vez, Draco tuvo que hacer el doloroso esfuerzo que jamás creyó que tuviera que hacer. Olvidarse de Granger iba a ser algo más dificil de lo que esperaba. Y, obviamente, intentar autoengañarse diciéndose que era una asquerosa sangre sucia no iba a ayudarle en absoluto.

Le resultó más penoso de lo que esperaba abrir el tunel a los recuerdos, pero de alguna manera le sirvió para desaherse de aquella constante sensación de espesa suciedad. La tarde comenzaba a oscurecerse ya y el sol pintaba de dorado las copas de los árboles del bosque prohibido. A pesar de que Pansy siguiese dormida al otro lado de la cama, Draco se levantó sin ningún cuidado y se sentó en una esquina del colchón para abrocharse la camisa.

Le dolía la cabeza y experimentaba una extraña sensación que nunca antes había vivido. Era como si le hubiesen abierto una profunda herida y ahora se sentia desnudo y vulnerable. El escudo que en cierto modo le protegía acababa de derrumbarse pero, lejos de lo que cabía esperar, este hecho le hacía sentirse casi libre, como si le hubiesen quitado un peso de encima.

Se levantó tambaleándose un poquito por el dolor de cabeza y se dirgió al harmario donde guardaban las escobas para los entrenamientos. Hacía mucho que no volaba y se le ocurrió que la sensació que uno alcanza al sentir que vuela contra el viento frío era justamente lo que necesitaba. Con las prisas de salir a los jardines no se dio cuenta del abrigo que se había llevado.

El negro que llevaba casi un mes en el fondo del harmario, aquel que en uno de sus bolsillos guardaba la única realidad capaz de unir y dar sentido a todo aquel caos.

"Una hora, y he sido la chica más feliz del mundo, de los dos que conozco, estoy segura. Supongo que, después de todo, estoy un poco más enamorada de él."