Madara Uchiha
Minato repartió besos por aquel cuello, sus manos trataban de introducirse debajo de su camisa, logrando tocar la cálida y suave piel del menor
–Ita-chan, ya extrañaba sentir como te estremeces cuando te toco aquí –comentó tomando entre sus dedos las tetillas, haciendo que el pelinegro soltara un suave jadeo. El mayor no se detuvo con aquella deliciosa tortura, continuo pellizcando aquellos botones rosados, notando como se ponían duros.
Itachi, recargo su frente en aquel ventanal, dejando que aquellas manos le quitaran su camisa, cerro sus ojos al sentir como el ojiazul besaba su cuello, llevo sus manos hacia a tras tomando la cabellera rubia
–A-atrévete a engañarme otra vez y la pagaras –susurro recargando su cuerpo contra el otro. Minato sonrió, restregándole su semi erección en el firme trasero de su amante. Sus manos descendieron, tocando el torso del menor hasta toparse con el borde del pantalón, pero eso no impidió que su mano acariciara el pene del pelinegro, apretándolo lentamente.
–Ita-chan quiero escucharte gemir mi nombre –susurro lamiendo su lóbulo –. ¿Te gusta? –dijo sobando de arriba a abajo el miembro que comenzaba a despertar.
–Sigues igual de pervertido –contestó ladeando su cabeza hasta toparse con el rostro del mayor
–Y a ti te gusta que sea así –sin decir nada juntaron sus labios, el ojinegro sin poder contenerse se dio la vuelta, volviendo a tomar entre sus manos algunos mechones de cabello rubio, su lengua lamio el labio inferior del mayor, haciendo que éste abriera su boca.
Su lengua entro en aquella cavidad siendo recibida por otra, que la acaricio, comenzando una danza por dominar a la otra. Cuando les hacía falta el aire se separaban por unos segundos, para volver al candente beso. Minato lo tomo de su cadera, juntando sus cuerpos, haciendo que sus erecciones se rozaran. Sin poder soportar más deshicieron el beso siendo unidos por un hilillo de saliva. El ojiazul dirigió sus manos hacia el pantalón del menor, desabrochándolo, metió una mano, tomando al pene erecto. Ante esto Itachi se mordió su labio haciendo su cabeza hacia atrás.
–Te ves tan sexy –dijo Minato acariciando con una mano la cabeza del pene, mientras con la otra acariciaba el tronco en un movimiento lento. Itachi que aun tenía las manos en las hebras doradas las apretó, sintiendo una corriente eléctrica que invadía todo su cuerpo. Aquellas manos continuaban estimulándolo, abrió los ojos, nublados por el placer, viendo como el rubio lo miraba
–Ita-chan... gime para mí –dijo apretando el miembro del menor.
Itachi ante esto sonrió pegando sus cuerpos, acerco su rostro al odio de su amante
–Veremos quién es más pervertido –termino de decir eso lamiendo su cuello, Minato le sonrió sin dejar de mastúrbalo, le encantaba que el menor comenzara a cooperar.
Itachi quito el saco y la camisa del rubio, dejando ver aquel torso perfecto. Levanto la mirada encontrándose con los ojos azules, mientras su lengua marcaba un camino de saliva de su cuello a una de las tetillas, la cual lamio, dejándola erecta, su otra mano la llevo al otro botón rosado, atrapándolo entre sus yemas. Minato sin darse por vencido apretaba aquel miembro, comenzado a acariciar los testículos, logrando que el menor mordiera su tetilla a causa del estremecimiento.
–Ita-chan… cómeme con delicadeza –susurro continuando masturbando a su novio. El menor ante ese comentario se sonrojo, pero eso no impidió que continuara chupando aquel pezón, segundos después lo dejo, dirigiéndose al otro que fue tratado de la misma manera. Cuando ambos estuvieron erectos levanto la mirada llevando sus manos hacia el pantalón del rubio, bajándolo junto con su ropa interior; tomo entre sus manos aquel miembro erecto comenzando un sube y baja lentamente.
–Será mejor si lo hago yo –dijo quitando las manos de Minato de su miembro para juntar ambos y friccionarlos. El rubio no dejaba de mirarlo sintiendo como la temperatura de su cuerpo subía, Itachi los friccionaba cada vez más rápido, logrando que sus respiraciones se agitaran, por su frente pequeñas gotas de sudor resbalaban…
De pronto Itachi detuvo los movimientos por lo que Minato frunció el seño
–No pongas esa cara… lo que viene te gustara –dijo lamiendo sus labios para después acercarse y tomar entre sus dientes el labio inferior del rubio, éste sin poder contenerse tomo de los hombros a Itachi y lo volteo haciendo que su labio sangrara, pero no le importo, lo único que quería era sentir como su pene era rodeado por aquella cavidad, extrañaba sentirse dentro del pelinegro.
Itachi recargo sus manos en las ventanas, sintiendo como era invadido de forma brusca y sin preparación, pero aquello solo aumento su lujuria, mordió su labio sintiendo como su amante lo tomaba de las caderas, entrando y saliendo de su cuerpo. Podía escuchar el choque de los testículos del rubio contra sus nalgas, su cabeza giro, encontrándose con la mirada del mayor
–T-tú me provocaste Ita-chan –decía llevando una mano hacia el pene del mencionado para volver a masturbarlo al ritmo de las penetraciones. Los gemidos eran mayores, anunciando que llegarían al orgasmo, pero antes de eso Minato salió del interior del otro
–Quiero hacerte el amor por todos los rincones –dijo mordiendo el cuello del pelinegro, éste se volteo y se quito por completo los pantalones igual que el ojiazul.
Se miraron unos segundos para después volver a un hambriento beso, Minato lo tomo de la cintura mientras lo dirigía a uno de los sillones, en el cual lo recostó poniéndose encima de él. Dejo aquellos labios bajando por su cuello, hasta llegar a las tetillas que chupo y succiono haciendo que el menor arqueara su espalda y sus manos se posaran en la espalda del mayor dejando algunos pequeños rasguños. El ojiazul descendió por aquel torso dejándolo con pequeñas marcas, se puso frente a aquel miembro erguido, lamiendo la punta, Itachi abrió más sus piernas dejándole más espacio a su amante.
Minato lamia la longitud de aquel miembro, podía oír los débiles gemidos del pelinegro, queriendo escucharlos más fuerte se metió todo el pene a su boca, chupándolo y succionándolo. Itachi al sentir eso no puedo evitar gemir más fuerte, mientras el ojiazul llevo sus manos a los testículos, estimulándolos, el menor arqueo su espalda, mordiéndose sus labios
–M-minato ahh más rápido… ahh –gimió tomando al rubio de sus cabellos y hundiéndolo más sobre su pene, el mencionado sin poner objeción engullía con gula aquel pedazo de carne, llevando un ritmo acelerado, igual que sus corazones, extrañaban tanto el contacto de la otra persona, el sentirse uno…
Itachi sintió como su cuerpo se tensaba para segundos después dejar salir su semilla en la boca de su amante, el cual se la trago
–Sabes muy bien –dijo lamiendo sus labios, diciendo esto se acerco al rostro del pelinegro dándole un beso –. Lamento haber sido brusco… pero tú lo ocasionaste. –diciendo esto comenzó a introducir dos dedos
–S-sólo mételo –susurro Itachi poniendo sus piernas alrededor de la cintura de Minato
–Mmm ahora quien es el desesperado –dijo tomando su miembro y dirigiéndolo a la entrada de su novio, penetrándolo lentamente.
Minato inicio con penetraciones lentas, sin embargo cada segundo su cuerpo le pedía que fuera más rápido, por lo que tomo las piernas de su amante poniéndolas sobre el pecho de éste, mientras él se recargaba en sus rodillas, para penetrarlo más rápido y profundo, arrancándole gemidos a Itachi. Estando en esta posición el rubio se acerco a su rostro robándole varios besos, al notar que estaban por llegar al orgasmo, volvió a masturbar al ojinegro. Segundos después el menor sintió como su cuerpo se tensaba dejando salir su semen sobre ambos estómagos, ante esto el pene del rubio fue apretado por aquellas paredes, inundando la entrada con su semilla.
El ojiazul se dejo caer sobre el cuerpo del menor, los dos tratando de tranquilizar su respiración, sin decir ninguna palabra, Minato se levanto y tomando entre sus brazos a un sorprendido Itachi se dirigió a su habitación. Llegaron a esta y dejo el cuerpo del menor en la cama
–De ahora en adelante esta será tu habitación… nuestra habitación –Itachi lo miraba con los ojos muy abiertos, y por primera vez no supo que contestar –. Más tarde iremos por tus cosas, no quiero que vivas en esa casa… quiero estar a tu lado, y no separarme de ti –decía acariciando la mejilla del menor.
–No digas tonterías, será una molestia vivir contigo –dijo observando aquellas pupilas azules –. Pero no me queda de otra –Minato le sonrió, sabía cómo era su amante, y para él significaba mucho aquellas palabras.
Sin dirigirse la palabra ambos se recostaron en la cama, Minato tomo al pelinegro de su cintura pegándolo a su desnudo cuerpo, este sonrío ocultando su rostro en el pecho del otro
–Me gustara vivir contigo –susurro cerrando sus ojos
–Dijiste algo Ita-chan –comentó acariciándole el largo cabello, pero nadie le contesto. Bajo su mirada dándose cuenta que se había dormido. –No dejare que nadie nos separe –dijo cerrando sus ojos, dejándose llevar en los brazos de Morfeo…
Itachi despertó sintiendo como su amante lo tenía abrazado posesivamente, se pego más a aquel cuerpo, dejando que el agradable aroma de Minato lo inundara
–Mmm Ita-chan… –el menor estaba por separarse, pero de la boca del rubio no salió otra palabra, extrañado levanto la mirada percatándose que su amante estaba dormido. Ante esto su mano se acerco al rostro de su amante, delineando sus labios…
–Madara… encontré al hombre correcto –dijo para sí
–Itachi… ¿cuál hombre? –Cuestionó Minato abriendo lentamente los ojos encontrándose con la mirada sorprendida del pelinegro
–Fingías dormir –acuso con el entrecejo fruncido
–No lo hacía, pero escuche que encontraste al hombre –contestó Minato, pero antes que pudiera responder escucharon un grito
– ¡¿Qué significa esto Minato? –ante esto se sentaron mientras miraban hacia la entrada, encontrándose con la pelirroja –. Pensé que habías entendido que MI marido, solo juega contigo –dijo mirando con asco al menor.
–Kushina! Ya basta, he dejado que llegues hasta aquí porque eres una mujer y la madre de mi hijo, pero no dejare que vuelvas a hablarle así a Itachi. Él es mi pareja y lo amo –ante estas palabras los dos lo miraron sorprendidos –Así que vuelvo a repetirte lo que te dije el día que me besaste, es hora de que te vayas de esta casa.
–P-pero Minato… me cambiaras por éste…
–Se llama Itachi y no te cambio por él, hace mucho que entre nosotros no hay nada, y lo sabes. Cuando regresemos esta noche, quiero que tus cosas ya no estén aquí… No estás para saberlo pero Itachi vivirá conmigo y no quiero que se ponga incomodo –. Dijo Minato en tono serio, a su lado el pelinegro no creía que aquel cariñoso hombre fuera capaz de decir palabras tan frías
–Y Naruto –cuestionó la mujer cruzándose de brazos
–No lo metas en esto Kushina, si no te arrepentirás
–Me gustaría hablarlo a solas –dijo entonando la última palabra
–Itachi se quedará aquí, no le tengo ningún secreto
–Deberías de entender que ya no te quiere, no te humilles más. Ahora está conmigo, y yo no lo dejare por nada ni nadie –dijo Itachi besando en los labios al rubio.
Kushina apretó sus puños y sin decir ninguna palabra les dio la espalda y salió
–Me encanta cuando te pones celos –susurro el ojiazul recostando al menor y poniéndose encima suyo
–Quiero que escuches una historia –dijo Itachi dejando de verlo a los ojos y fijando su mirada en alguna parte inexistente. El mayor al verlo asintió y se recostó a su lado, poniendo una mano tras su nuca, escuchando el inicio…
Itachi estaba en su recamara arreglándose por la fiesta que le había organizado su padre con motivo de su compromiso con una chica, algo que no le importaba. Escucho algunas risas provenientes de la sala, dejando salir un suspiro decidió que era momento de salir, en la puerta de su habitación se encontró a su hermano que lo miraba con una hermosa sonrisa
–Aniki… ¿por qué padre esta tan feliz? –Itachi se agacho cambiando su expresión, pues la única cosa que en verdad amaba era a su hermano.
–Porque me casare dentro de unos días, ahora Ototo ve a tu cuarto antes de que padre se enoje –dijo sonriéndole
–Solo si prometes jugar conmigo –Itachi asintió revolviéndole los cabellos. Observo como su hermano le daba las gracias y corría a su cuarto cerrando la puerta tras de sí.
Se levanto, acomodo su ropa y camino por el pasillo, hasta llegar a la escalera, su mirada se poso en aquel hombre de cabello largo, negro y alborotado, sin haber cruzado palabra con él, lo conocía, pues su padre siempre hablaba de aquel hombre, diciéndole que no se le acercara o terminaría igual.
–Madara –susurro Itachi llegando a su lado
–Soy muy famoso en esta familia para que tú me conozcas sin habernos visto antes –dijo sonriéndole
–Sí, dicen que eres pervertido –dijo entrando al salón contiguo. El mayor se rió divertido de que su familia lo viera de esa forma sólo por haberse declarado pareja de otro hombre.
Con ese pensamiento siguió al menor donde lo esperaba todos, al verlo guardaron silencio
–Siguen igual de hipócritas –dijo observando como todos lo miraban con enojo –y no me interesa lo que piensen, estoy feliz con Senju y les puedo decir que es más placentero hacerlo con un hombre –los murmullos se hicieron notar ante el comentario, pero a él poco le importo, después de eso se fue de aquel lugar.
Itachi al escuchar esto lo siguió con la mirada, algo en Madara le gustaba, tal vez su rebeldía
–No quiero que te vuelvas a acerca a él –dijo su padre que siguió los pasos del hombre que había salido segundos antes.
Itachi estaba por seguir a su padre, pero una mano lo tomo de su brazo, giro su rostro encontrándose con una hermosa mujer de cabello castaño claro, y ojos verdes
–Itachi-kun quiero presentarte a mis padres –dijo con las mejillas sonrojadas, éste la miro sin ninguna expresión caminando hacia donde la chica lo dirigía.
A la mañana siguiente el menor salió a la cafetería que frecuentaba, le gustaba permanecer solo, pensar en lo que haría con su vida, después de todo aquella mañana su padre le informo que la fecha para la boda se había fijado y sería dentro de tres semanas. Llego al lugar, sin mirar a nadie se dirigió al fondo, su vista se dirigió hacía la persona que ocupaba una silla
–Itachi-kun pensé que no te vería… aún –dijo Madara sonriéndole mientras recorría el cuerpo del recién llegado, el menor sintió como aquellos ojos lo desnudaban, demostrando indiferencia, seguía acercándose.
El mayor al no recibir respuesta le hizo un gesto con la mano invitándolo a sentar, después de pensarlo unos segundos al final se sentó delante del hombre.
–Escuche que ya tienes fecha para casarte –comentó Madara recargándose en el respaldo de la silla, al no recibir contestación decidió continuar –debe de ser hermosa, ese día no la vi, pero me gustaría conocer la competencia –dijo levantándose y acercando su rostro al otro. – ¿Cómo te parezco yo? –Dijo susurrando contra los labios del menor
–Un pervertido –contestó con tranquilidad, sintiendo su aliento.
–Me alegra que tengas una buena imagen sobre mi –comentó alejándose de él –. Fugaku siempre dice lo que le conviene.
–No hable mal de mi padre –dijo mirándolo a los ojos
–Sólo digo la verdad, nos veremos en otra ocasión –dijo levantándose
–Lo dudo –contestó levantando la mirada
–Eso lo veremos, siempre tomo lo que es mío, y tú me interesas. –Itachi lo miro sorprendido, cuando menos lo espero sintió como una vez más el mayor se acerco tomándolo de la nuca y juntando sus labios en un beso salvaje, en intento por separarse mordió el labio del mayor, haciendo que esta lo jalara de los cabellos hacia abajo. Segundos después Madara se alejo lamiéndose los labios. –Me gusta tu sabor, espero probar todo de ti.
Antes de que Itachi pudiera contestar, el otro se alejo, en ese momento llevo la yema de sus dedos a sus labios, notando aún el sabor del otro.
–Baka –susurro sonrojándose. Se quedo en aquel lugar la mayoría de la tarde, sin dejar de pensar en aquel beso…
Recordando que tendría que ver a su prometida se fue hacia aquel lugar, su caminar era tranquilo pues lo más seguro sería que la chica llegara tarde, como siempre.
Los siguientes días pasaron sin mayor contratiempo, sin embargo esa tarde su padre lo llamo desde la oficina, diciéndole que le llevara unos papeles que tenía en su despacho, minutos después estaba saliendo de su casa en el auto que le había dado su progenitor en su cumpleaños 20.
Llego al lugar estacionándose frente a la compañía, recordaba que jamás había entrado, solo había pasado frente a ésta. Salió del vehículo, viendo un enorme edificio de color vino con las puertas de cristal, en frente había una pequeña fuente.
–No es tan hermoso… –susurro una voz detrás de él, haciendo que se estremeciera por aquel aliento sobre su nuca –como tú.
–No sabes lo que significa espacio personal –dijo sin mirarlo, sabía que el único que haría eso sería Madara.
–Pero Itachi-kun no te gustaría que rompiéramos esa barrera… lo disfrutaras –decía aquel hombre entrando al lugar al lado del menor.
–Atrévete y te arrepentirás –ambos notaron como las personas los veían, pues era extraño ver al hijo del jefe entrando con Madara Uchiha, que siempre que iba terminaban en pleito.
–Me gustas más cuando te enojas, te vez más sexy –el menor sin darle importancia entro al elevador seguido del otro. –Acabas de entrar a la boca del lobo, dejando que estuviéramos solos en este espacio tan pequeño –dijo arrinconándolo.
Itachi no dejo que lo intimidara, se quedo quieto, hasta que el otro hombre lo tomo de su nuca uniendo sus labios, podía sentir como la lengua de Madara intentaba entrar en su boca, él puso sus manos en el pecho del mayor tratando de alejarlo algo que no ayudaba en mucho. El mayor llevo su mano a la entrepierna del menor acariciándola lentamente, y dándole algunos apretones, provocando que el otro abriera su boca, aprovecho para colarse dentro de aquella húmeda cavidad, recorriéndola.
Madara introdujo su mano dentro del pantalón, para continuar masturbando el palpitante miembro del menor, la lengua intrusa animaba a su compañera a jugar, sin embargo Itachi dejo de luchar, dejando que las sensaciones lo inundaran por unos segundos, aquella mano le hacía sentir emociones que nunca sintió…
–Me pones tan caliente –dijo cuando se alejo de aquellos labios. Sin que se dieran cuenta las puertas se abrieron siendo observados
–¡ ¿Qué diablos pasa aquí? –Ante este grito, Madara sonrió sacando lentamente su mano del pantalón del menor
–Creo que es evidente, le mostraba a Itachi el placer que puede sentir –dijo lamiendo una gota de semen.
–Itachi, sal de aquí –rugió Fugaku mirándolo con furia en sus ojos
–Padre...
– ¡No me hables, entra a la oficina! –El menor miro de reojo hacia Madara, sentía como su miembro estaba duro y húmedo.
–Nos veremos otro día Itachi-kun –dijo Madara guiñándole un ojo
–Jamás lo veras –contestó Fugaku. Itachi ante eso camino hacia la oficina intentando aclarar sus pensamientos.
Madara miraba al hombre con una sonrisa burlona
–Tienes un hijo muy atractivo –comentó saliendo del elevador y recargándose en la pared
–No te atrevas a ponerle una mano encima –exclamó con los dientes apretados
–Te aseguro que ya hice más que eso… –Fugaku estaba por contestar pero se lo impidió –. Sólo vine a recoger el dinero que te pedí.
–Te dije que te lo mandaría.
–Lo necesito ahora –dijo cruzándose de brazos.
–No te muevas de aquí –dirigiéndole una última mirada se dio media vuelta, Madara observo entrar a Fugaku en su oficina…
–Hablare con Senju… es hora de aclarar las cosas. –susurro para sí mismo.
Fugaku entro a su oficina pero no vio a su hijo en ningún lado por lo que dedujo que estaba en el baño, que contaba aquella habitación. Tomo el folder que estaba sobre su escritorio y volvió a salir.
Itachi estaba con la espalda recargada en la pared, sus manos estaban dentro de su pantalón acariciando la dolorosa erección, cerró sus ojos, concentrándose en el placer que se estaba otorgando. A su mente llego aquel hombre que minutos antes lo estaba masturbando, sin poder evitarlo aumento el ritmo, explotando sobre sus manos.
Se quedo unos segundos así, dejando que su respiración se normalizara, para después tomar papel y limpiarse.
–Itachi, sal… –ordeno su padre, el mencionado se acomodo su pantalón y salió a enfrentarse.
–Te deje los papeles sobre tu escritorio, en un sobre –dijo sentándose en la silla que estaba frente a la mesa.
– ¿Qué? –Preguntó abriendo los ojos por la sorpresa. Comenzó a revolver otros sobres hasta que lo encontró, lo abrió viendo un cheque. –Maldita sea –susurro aventando los papeles.
– ¿Qué ocurre? –Itachi no había visto a su padre así, algo que lo extraño
–No quiero que te acerques a él… no dejare que mi hijo me ponga en vergüenza. Si me entero que estas saliendo con él, te arrepentirás. Ahora vete a la casa, habla con tu prometida y has que tus hormonas recuerden a una mujer –dijo sentándose en su escritorio y tomando el teléfono.
Itachi se le quedo mirando, apretó sus puños y recordando a Sasuke giro sobre sus pies y salió del lugar. Entrar en aquel elevador hizo que sus mejillas se sonrojaran, pero sobre todo que un estremecimiento recorriera su cuerpo. La razón por la que no le contestó a su padre era porque al final el que pagaría los platos rotos era su hermano, siempre que su padre estaba molesto ocupaba al pequeño para desahogarse…
–No pienses mucho –Itachi miro donde provenía la voz, encontrándose con Madara
–No te cansas de acosarme –dijo caminando hacia la salida.
–Como me cansaría de mirarte… –dijo recorriendo su cuerpo –Te invito a comer, vamos –dijo pasándole un brazo por sus hombros, el menor hizo hacia atrás sus hombros haciendo que la mano del otro se alejara unos segundos para volver a ponerla.
–No te he contestado si iré –dijo mientras salían del edificio
–Debo de enseñarte a diferenciar entre una orden y una pregunta.
–No soy de tu propiedad para que me controles –exclamó quitando con su mano aquel brazo sobre sus hombros.
–Aún no entiendes Itachi-kun –dijo señalándole una moto que estaba sobre la acera –Eres mío, y no dejare que nadie te separe de mi.
–Deja que yo decida eso –contestó deteniéndose frente a aquella moto color negro.
–Acepta que te gusto, te pusiste duro cuando te toque –dijo tomando un casco que estaba sobre la moto y dándoselo al menor
–No iré en esto, solo quieres que este cerca de ti
–Jaja bueno entonces si lo sabes solo súbete –comentó el hombre encendiendo la moto y poniéndose su casco.
Itachi pensándolo unos segundos al final decidió ir con aquel hombre, se acomodo el casco y subió detrás de él, agarrándose del asiento.
–Agárrate a mí, no me gustaría que te pasara algo. Me gusta la adrenalina –dijo acelerando.
Itachi llevo sus manos a la cintura del mayor tratando de alejar su cuerpo lo más posible, pero Madara lo tomo de sus manos y lo jalo hacia él, pegando sus cuerpos.
–Así está mejor –sin decir otra palabra arranco.
Minutos después llegaron a su destino, ambos se quitaron el casco, acomodase su cabello. Itachi miro hacia el lugar al que entrarían descubriendo que era un hotel
–Si piensas que entrare contigo estás loco –dijo alejándose del hombre
–Pero Itachi-kun te dije que te invitaba a "comer" –comentó acercando sus rostros –hare que descubras todo lo que puedes sentir, ahora entremos –una vez más sin que el menor lo impidiera lo tomo de su cintura.
No sabía porque, pero Itachi se dejo llevar por aquel hombre, llegando a la recepción Madara pidió la habitación, diciéndole al empleado que al final llenaría lo necesario, se alejo con el menor.
–Por fin aceptaste que te gusto –comentó entrando al elevador
–No pienses cosas que no son –dijo sin mirarlo, para después escuchar una risa burlona.
–Jajaja ¿qué no son? Si no te hubiera gustado no te hubieras puesto duro, pero te demostrare lo contrario –en eso se abrieron las puertas, viendo un enorme pasillo.
Madara lo tomo del brazo, jalándolo hacia fuera, pero el menor se zafo
–Puedo caminar solo.
El mayor sonrió pensando que cada vez le gustaba más aquel chico. Llegaron a la habitación y Madara se acerco al menor, tomándolo del rostro junto sus labios, ambos permanecían con los ojos abiertos, mirándose. Sin poder contenerse el mayor lo tomo de la cintura empujándolo hacia la cama
– ¿Qué diablos crees que haces? –cuestionó quedando delante de la cama
–Disfrutar de tu cuerpo… tú no viniste solo porque querías estar conmigo. Así que tendré que hacer algo –comentó dando dos pasos hacia Itachi, sus manos se dirigieron hacia las manos del menor, que intento zafarse, pero la fuerza del otro era mayor.
Madara sonriendo junto las manos del menor, atándolas con un pedazo de tela.
– ¡Quítame esto! –Exclamó intentando quitarse aquella tela
–Aprendí a hacer esos nudos de una persona experta, así que no pierdas el tiempo, mejor disfrútalo –con su dedo índice le dio un empujón en el pecho a Itachi, sin esperarlo éste perdió el equilibrio cayendo en la cama.
El mayor recargo sus rodillas a ambos lados de las piernas de Itachi, poniéndose encima de él
–Ahora te demostrare todo lo que puedes sentir –dijo sobando el pene del menor, pero Itachi giro. –Te gusta jugar... veremos quién gana –susurro volteándolo y sentándose sobre sus caderas.
–Podrás hacer que me ponga duro, pero eso es reacción del cuerpo… esto será aburrido –dijo el menor notando por unos segundos ira en aquellos ojos.
–Jajaja eso me excita más, mi desafío será hacer que gimas para mí, y aceptes que te gusta –dijo abriendo la camisa del menor de un tirón, observando la piel pálida, resaltando aquellos botones rosados que le pedían que los chupara.
Acerco su lengua a la tetilla acariciando el contorno, levanto la mirada sin dejar de hacerlo, viendo como Itachi se mordió su labio, tomo entre sus dientes el pezón, mientras su lengua lo acariciaba. Con una de sus manos tomo el otro botón rosado, pellizcándolo
–Eres muy sensible… con solo tocarlos se ponen duros –comentó Madara pasándose a la otra tetilla.
Itachi no dejaba de morder su labio, jamás lo habían tocado de esa manera, y aquella lengua húmeda y caliente solo conseguía que su cuerpo comenzara a calentarse. Miro hacia su pecho, observando como el mayor dejaba un camino de saliva y marcas rojas por su abdomen, las manos de Madara se pusieron en el borde de su pantalón desabrochándolo.
El mayor bajo los pantalones, dejándolo en ropa interior, viendo como aquel pene comenzaba a despertar. Madara recorrió la longitud del miembro haciendo que su cuerpo se estremeciera.
–Que bueno que te estés aburriendo –dijo soltando una pequeña risa
–… –al no recibir contestación, deslizo la ropa interior del menor, viendo el miembro de Itachi
–Podrías hacer feliz a una chica –el menor lo miro molesto, pero no tuvo tiempo de pensar pues la lengua de Madara chupo la punta de su pene, haciendo que su espalda se curvara –Mm Itachi-kun, tu sabor me encanta, me volveré adicto a ti –termino de decir esto chupando cada centímetro de aquel miembro, sus manos acariciaban los testículos haciendo que el menor dejara salir un jadeo.
Madara quería escuchar aquellos sonidos, por lo que se metió toda la ombría del menor, succionándolo y jugando con su lengua, sus manos tomaron las piernas del otro abriéndolas para tener más espacio, queriendo ver las reacciones volvió a levantar la mirada, observando las mejillas sonrojadas y la respiración acelerada del menor, que intentaba tranquilizarse.
Noto el sabor salado del pre-semen, por lo que su boca se concentro en la punta, succionando aquella zona. Abandono ese lugar dejando que su lengua llegara hasta los testículos, chupándolos. Itachi dejo salir un gemido, levantando su cadera, para poder disfrutar de aquellas sensaciones.
Madara sonrió mientras su boca regresaba al duro miembro, viendo aquella espesa sustancia blanquecina que empezaba a salir con más intensidad. Su lengua se concentro en lamer cada gota, no quería dejar de probar todo de aquel chico que lograba enloquecerlo. Sus manos cobraron vida y se acercaron a la entrada de Itachi, haciendo que éste se estremeciera intentando alejarse.
Ante esto Madara lo único que hizo fue excitarse más, el tener a Itachi en aquella posición era demasiado para su control, no le importaba lo que ocurriera después, solo quería poseer aquel cuerpo. Con sus manos abrió las piernas, mientras se recargaba en sus rodillas con una mano desabrocho su pantalón, bajando su ropa interior dejando ver a un pene más grande que el de Itachi
– ¡Qué haces estúpido! –Exclamó el menor intentando inútilmente de cerrar las pierna, tan solo mirar el tamaño hacia que pensara en el dolor en su trasero.
–Esto te gustara –dijo Madara lamiéndose sus labios. En ese momento se escucho un sonido suave, proveniente de los pantalones del mayor.
Itachi lo miro dándose cuenta del cambio en la expresión del otro, aprovecho esa oportunidad para alejarse, quedando en la cabecera de la cama, mientras su respiración se normalizaba lentamente. Madara saco el celular, viendo en la caratula el nombre de la persona que era su amante. Poco a poco su erección se extinguió igual que aquella música que lo regreso a la realidad. Él no podía hacerle eso a Senju, era muy importante en su vida como para traicionarlo más de lo que había hecho, primero tendría que hablar con él.
Se bajo de la cama metiendo su ahora flácido miembro y arreglándose la camisa, miro al menor que estaba sorprendido
–Te salvaste por esta vez –dijo con una sonrisa en sus labios –la próxima vez no me detendré por nada.
– ¿Por qué tendría que verte otra vez? –Contestó intentando levantarse
–Porque yo tengo la información que quieres acerca de tu padre, crees que no sabía porque aceptaste venir hoy –se acero al menor, levantándolo. Itachi sin perder tiempo se paró quedando frente a él.
–Puedo conseguir esa información –exclamó.
Madara pasó sus brazos tras la espalda del menor
–Pero yo tengo pruebas, Fugaku no es del tipo que deja evidencia. Así que nos seguiremos viendo –mientras decía esto deshizo el nudo. Acerco sus labios a los del otro, rozándolos –. Nos vemos después Itachi-kun.
Sin decir más le dio la espalda saliendo de la habitación.
Sin perder tiempo subió sus pantalones y ropa interior, arreglando su aspecto. Sabía que aquel hombre tenía razón, su padre era demasiado calculador como para dejar una evidencia. Con una última mirada al cuarto salió.
Llego a la recepción, la chica que se encargaba lo despidió con una pequeña reverencia, saliendo del hotel, tomó un taxi, dirigiéndose a las oficinas de la empresa, pues ahí había dejado el auto.
Los siguientes días fueron normales, tenía que ir a que le midieran el traje para la boda, salir con su novia, la cual cada día se portaba más cariñosa y en confianza. Pero ese día que había decidido olvidar todo acerca de Madara, recibió una llamada de él, citándolo, asegurándole que le interesaría lo que le diría. Al principio le dijo que no, pero el escuchar aquella voz no pudo negarse, después de todo lo más seguro era que se tratara de su padre.
Y ahora estaba en el restaurante, donde se habían quedado de ver, Itachi no sabía que pensar, sabía que Madara le ocasionaba demasiados sentimientos. Llevaba esperando algunos minutos, deseado que apareciera para poder alejarse lo antes posible, pues jamás se había sentido así, era una sensación de nervios, pero al mismo tiempo quería verlo…
–El señor Madara me pide que lo lleve a su mesa privada, sígame por favor –ante esto el pelinegro sintió como sus piernas no le respondían, ¿a dónde lo llevarían? No quería estar solo con él, aun recordaba lo del elevador y la habitación, con solo pensarlo hacia que su entrepierna despertara…
Camino detrás del mesero, que lo guiaba al primer piso, donde cada mesa tenía un compartimiento privado, ante esto el pelinegro trago saliva, sintiéndose más nervioso. El hombre se puso frente a un apartado al fondo de la habitación, invitándole con su brazo a que entrara.
Itachi entro, viendo como Madara tenía entre sus manos una copa de vino, que movía lentamente, estaba sentado en un sofá, con una pierna cruzada sobre la otra, mientras su mirada se posaba en él. Sin decir nada se sentó en frente del mayor, segundos después el mesero le puso la carta en la pequeña mesa redonda.
–No tomare nada –le dijo el menor entregándole la carta.
–Deberías de tomar algo –dijo Madara sonriéndole –tráigale lo mismo que a mí –ordeno mirando al camarero, éste haciendo una reverencia se fue.
–No decidas por mí. Sólo dime qué quieres decirme, no tengo tiempo para perderlo con alguien como tú –dijo Itachi
–Jajaja pero siempre han decidido por ti –dijo llevándose la copa a sus labios, saboreando lentamente aquel vino –De todos modos, descubrí información que te interesa…. Acerca de tu padre y los padres de tu prometida –Itachi lo miraba sin ninguna muestra de asombro.
–Sí es solo eso me voy –dijo levantándose
–Tu padre quiere que te cases porque esa familia tiene varios vínculos con el trafico de dinero, además de otras cosas –dijo logrando que el menor lo mirara con una ceja levantada
–Si eso fuera verdad, que tiene que ver con Sol, ella siempre ha demostrado interés en mí
–Eres demasiado ingenuo. Ella solo quiere tu dinero –contestó sintiendo como la furia se apoderaba de él, al escuchar como el menor protegía a la chica.
–Eso lo sé, me lo confesó. Pero no tengo que darte explicaciones si eso es todo…
–Pensé que eras alguien más inteligente –dijo Madara dejando la copa sobre la mesa –de todos modos, Senju me dio esto –comentó entregándole un folder.
Itachi lo miro por unos segundos, recordando que ese nombre era el del amante del mayor
–No te quita nada si los ves –dijo el mayor recargándose en el respaldo del sofá. Antes de que hiciera algo, llego el mesero con la copa de vino, que dejo en la mesa, hizo una inclinación y se alejo.
Itachi sin tomar asiento tomo aquel folder, cuando lo abrió vio la foto de una mujer con su información, las siguientes hojas eran igual, pero con distintas fotos.
–Fugaku tiene todo planeado, pero eso no es lo interesante. Mira las últimas hojas –el menor hizo lo que le dijo Madara, viendo información acerca de internados en otros países.
– ¿Qué es esto? –Cuestionó leyendo aquella información
–Tu padre siempre tiene todo arreglado… ahora que su primogénito se casa, para que querría otro. Sólo ocasionaría problemas. Fugaku quiere alguien listo, que invierta, que haga más famosa la compañía –dijo mirando como el menor arrugaba el entrecejo –. Tu hermano es sentimental a comparación de ti. Eso es lo que le impide que tu padre lo vea.
Itachi seguía con la mirada en aquellos papeles, escuchando aquellas palabras. Él lo que más quería era a su hermano
–Mi padre no haría eso –susurro con los dientes apretados
–Solo conoces una parte de Fugaku. Siempre has hecho lo que te dice, en el momento que comiences a arruinar sus planes, conocerás al verdadero.
El menor no lo miraba, mantenía su vista sobre aquellas hojas, preguntándose si en verdad Madara tenía razón. Su hermano era lo que más quería, y no permitiría que nadie lo lastimara, aun si ese fuera su padre. Sin decir nada dejo el folder en la mesa, levanto la mirada encontrándose con los ojos del mayor sobre su cuerpo
– ¿Crees que con lo que dijiste estaré contigo? –Dijo Itachi devolviéndole la mirada –No estaría contigo aunque fuera verdad
–Itachi-kun no importa que digas eso, tú me perteneces –dijo tomando la copa y llevándose a los labios, dándole un sorbo.
–Piensa lo que quieras. Pero deberías de decirle eso a tu amante –dijo el menor con el entrecejo fruncido
–Si te refieres a Senju, hace mucho que no lo veo –dijo aclarándose la garganta –Termine con él, le dije que estaba saliendo con alguien. Ahora solo falta que aceptes que te atraigo.
–Jaja si llamas salir a esto, estas equivocado. No me interesas
–Sabía que dirías eso, pero no te dejare ir –diciendo esto se levanto, llego al lado del menor –Me gusta que seas así Itachi-kun… eso lo vuelve más interesante.
Itachi, el siguiente día fue a la compañía de su padre, estaba por llamar a la habitación, cuando escucho aquellas voces tan conocidas
–Se que mandaras a tu hijo menor a un internado… pero tengo una mejor idea. Qué te parece si me lo das a mí. Si aceptas, dejaría de venir por el dinero que me corresponde, y eso te conviene a ti.
–Crees que me conviene que alguien como tu tenga a mi hijo –dijo con una risita débil
–Al menos no lo tendrás cerca de ti, eso es lo que quieres, ¿no? –Comentó Madara
–Me prometerás que no regresaras nunca –dijo Fugaku sonriéndole
–Claro, te prometo que no me veras otra vez, pero debes acepar –dijo cruzándose de brazos
–Lo pensare, ahora agarra tu dinero y vete –dijo señalándole la puerta.
Itachi al escuchar los pasos acercándose, se paro frente a la puerta, viendo a Madara
–Un placer verte… espero encontrándote en otro momento –dijo guiñándole un ojo y alejándose.
El menor con enojo entro a la oficina, mirando con el entrecejo fruncido a su padre
– ¿Qué harás con Sasuke? No permitirás que se lo lleve, ¿cierto? –dijo apretando sus puños
–Eso no te interesa a ti, solo ocúpate de casarte y hacer que Sol sea feliz –dijo su padre sin mirarlo –de todos modos Sasuke no sirve para estar frente a esta empresa, pero tú sí.
–Eso es lo que te importa… bien. Solo te advierto que si haces que Sasuke se vaya con él… te arrepentirás –sin decir otra cosa salió, azotando la puerta.
Itachi decidió regresar a su casa, sorprendiéndose de ver a Madara platicando con Sasuke, sin pensar en lo que hacia se acerco, haciendo que su hermano notara su presencia y se acercara
–Aniki, mira Madara dice que podre ir con él a otro país –dijo sonriéndole.
–Eso no es verdad, tú no te quieres separar de mí, ¿verdad? –Pregunto sonriéndole
–Yo no quiero estar lejos de mi Aniki, pero Madara dijo que vendrías con nosotros –respondió el menor sin borrar su sonrisa
–Ottoto entra a la casa –ordeno alborotándole el cabello.
El menor le hizo caso a su hermano, despidiéndose con un gesto de la mano de Madara, éste le respondió de la misma manera.
–Qué haces viniendo y diciéndole eso a Sasuke –exclamó con los dientes apretados tratando de contenerse
–Fugaku acepto el trato, solo vengo por lo que será mío –contestó con tranquilidad. El menor sin poder contenerse lo tomo de los cabellos de la nuca, haciendo que se miraran
–Si te atreves a llevártelo te aseguro que te arrepentirás… –dijo contra los labios de Madara.
El mayor sonrió y en el siguiente segundo unió sus labios en un beso salvaje, que el menor respondió debido a la furia que sentía. Notó como la lengua de Madara rozo sus labios intentando entrar, algo que permitió, sin soltarlo de sus cabellos.
Itachi olvido todo, dejándose llevar por aquellos sentimientos que lo sobrepasaban, sentir como el cuerpo de Madara estaba apretándose contra el suyo, era lo más excitante.
Cuando por falta de aire se separaron, Madara lo veía con una sonrisa triunfal, como si se hubiera ganado el mejor de los premios
–Sabia que tarde o temprano aceptarías que te gusto –el menor sin contestar, giro sobre sus pies, entrando a su casa. Lo que Madara no pude ver, fue la sonrisa que tenía el menor en su rostro.
Itachi se acercaba a aquel parque donde se había quedado de ver con su prometida. Habían pasado dos días desde que se había besado con Madara y no sabía nada de él. A lo lejos vio a Sol, acercándose por detrás, viendo como la chica escribía algo en un cuaderno.
–Siempre he querido saber que tanto escribes –dijo alcanzando a ver la palabra "uke" antes de que esta cerrara el cuaderno
–Ah es una historia, justo me quede en la parte donde el seme arrincona al uke –comentó mirando a los ojos de aquel chico que le encantaba. Al ver que no entendía decidió explicarle –. El seme es arrogante, piensa que siempre tiene la razón, no te pide tu opinión…
–Eso me recuerda a Madara –susurro sin mirarla
– ¿Tienes un seme? –Preguntó con entusiasmo tratando de mirarlo a los ojos
–No, mientras este más lejos mejor, es molesto –dijo mirando de reojo como la chica levantaba una ceja
–Mmm interesante –susurro Sol.
Itachi saco su celular al escuchar la música que indicaba que un mensaje había llegado, el remitente era desconocido, pero al momento de leerlo supo de quien se trataba: Madara. Siempre dándole órdenes, en esa ocasión citándolo en un restaurante dentro de tres días.
–Cierto Itachi. Pasado mañana podemos salir, me gustaría ir a comer –comentó la chica viendo como su prometido guardaba su celular.
–No puedo –respondió sin pensarlo
–Será en otra ocasión –dijo la chica encogiéndose de hombros.
Itachi no dijo nada, pensaba en el porqué siempre que Madara estaba cerca o sabía algo de él, su cuerpo reaccionaba antes que su razón.
Y ahora, estaba en el restaurante, donde lo había citado la otra vez. Itachi y Madara estaban esperando que los atendieran, pero aquel día estaban a la vista de todos. El mayor le estaba comentando acerca de que la empresa que tenía con su socio, Senju, iba cada vez mejor, por lo que habían planeando abrir sucursales en el extranjero.
El menor escuchaba sin mucho entusiasmo, hasta que sintió como la mano de Madara recorría su pierna, logrando que se tensara, estaba por quitar aquella mano que invadía su espacio cuando escucho la voz de su prometida
–Itachi-kun –ante esto los dos voltearon observándola
–Sol ¿Qué haces aquí? –Preguntó el menor sintiendo como el otro hombre comenzaba a subir más su mano
–Como dijiste que no podías salir vine a comer con una amiga –respondió mirando de reojo al otro hombre
–Él es Madara –dijo Itachi presentándolo, el mayor la miro con una sonrisa de medio lado
–Tienes suerte de tener a este hombre como prometido… pero ten cuidado, es demasiado tentador hasta para hombres. Si por mí fuera ya me lo hubiera comido –dijo acariciando sobre los pantalones el pene del menor, haciendo que éste se estremeciera
–Madara… basta –exclamó alejándose –. Sol será mejor que te lleve a casa –dijo mirando a la chica
–Pero me gustaría conocer a tu seme –dijo su prometida mirando a ambos hombres
– ¿Seme? –Dijo Madara mirando con una sonrisa a Itachi
–No es mi seme –dijo poniéndose al lado de su prometida
–Yo no me quejaría –comentó el mayor
–Yo sí, no estaría con alguien como tú –susurro entre dientes el menor, tomo la mano de Sol y sin decir más salieron de ahí.
Las personas miraban como Itachi jalaba a su pareja, hasta que ella se zafo, haciendo que la mirara
– ¿Ita-chan él es tu seme? –dijo Sol mirándolo con entusiasmo –. Qué te parece si cuando estén haciendo lemon me invitan… así podría
–Eso estaría interesante, pero no dejaría que tocaras un solo cabello –dijo la voz de Madara detrás de ellos –. Te dejaría grabar, después lo podría ver, quiero observar cada expresión que ponga Itachi-kun.
Itachi los miraba sin entender, preguntándose qué demonios significaba lemon
–Yo quería participar en otra forma –contestó Sol mirando a Madara –pero al menos estaré grabando.
–Sigo aquí –dijo Itachi cruzándose de brazos mirando a los otros dos que tenían una mirada nada inocente.
Desde aquel día Itachi frecuentaba más a Madara, éste no dudaba en tocarlo cada que tuviera oportunidad, el menor se quejaba menos, aunque siempre intentaba alejarlo, pero aquellas manos eran muy escurridizas y avilés, que al final no podía alejarlas.
Sin darse cuenta la mayoría del tiempo no dejaba de pensar en el mayor, además que cuando veía a Sol, ella siempre le preguntaba por él, diciéndole si había ocurrido algo. Haciendo que su mente viajara al momento del hotel. Itachi recordaba que el mayor le dijo que había dejado a su amante, algo que lo alegraba.
Madara también le comento que había deshecho el trato que hizo con Fugaku acerca de Sasuke, eso hizo que cambiara de opinión acerca del mayor, podía ser lo que fuera, pero siempre luchaba por lo que quería y sentía. Y en ese momento siempre le demostraba lo que profesaba por él.
Con aquello en mente, decidió darse y darle una oportunidad, después de todo su padre le había demostrado que lo que le importaba era la sociedad, el dinero… pero nada más.
Era por ese motivo que se había quedado de ver con Madara, para ponerle las condiciones. Llego puntual, viendo a su alrededor, apreciando la arquitectura gótica que tenía el edificio.
–Me gusta este lugar, casi nadie viene y puedo estar tranquilo –susurro la voz de Madara detrás de él, Itachi sintió como su cuerpo se estremeció.
–No te acerques tanto –dijo tranquilizando los latidos de su corazón.
–Pero te gusta que me acerque a ti, o no te agrada esto –dijo lamiendo el lóbulo de su oreja.
–Yo prefiero esto –diciendo esto volteo, tomo algunos mechones del cabello de Madara e inicio una danza erótica con sus labios, chupando y mordiendo los del mayor, éste no dudo y lo tomo de sus cabellos, iniciando una lucha por quien tendría el control.
Itachi hundió su lengua entre los labios de Madara, sintiendo la calidez de la cavidad, antes de que pudiera entrar por completo otra lengua bloqueo su paso, haciendo que regresara a su lugar de origen, ambas se rozaban, entrelazándose, disfrutando su sabor. Itachi sin quedarse atrás obligo a la intrusa a salir, logrando entrar en su hogar, recorriendo aquel lugar, el sabor de Madara era embriagante, deseando saborear más de él.
Cuando el aire les hizo falta se separaron, se miraron a los ojos observando pasión y lujuria
–SI por mí fuera ahora mismo te tomaría –dijo Madara pegando más sus cuerpos
–Si yo te dejo –contestó Itachi normalizando su respiración
–Eso ya lo veremos –dijo besando el cuello del menor –puede que me pidas por más.
–No seas tan confiado… –dijo dejando que aquellos labios recorrieran su cuello.
–No soy confiado, solo se lo que me pertenece –dijo con una sonrisa de medio lado –aceptaras por fin que te gusto.
–Seremos pareja, pero habrá regla –dijo el menor con tranquilidad
– ¿Reglas? Jajajaja Ita-chan yo vivo para romperlas.
–Si quieres que acepte estar contigo tendrás que aceptar –el menor observaba como Madara lo miraba entre curioso y molesto.
–Tratare –dijo acercándose a él, y tomándolo de la barbilla –pero no aseguro nada. –Acerco sus rostros, rozando sus labios con los de Itachi –. Ya estaba pensando en cómo hacerte mío a la fuerza, eso hubiera estado interesante –dijo lamiendo los labios del menor.
–Si lo hubieras logrado, te arrepentirías –termino de decir eso tomando entre sus labios el labio inferior de Madara, lamiéndolo lentamente.
Al final de ese día Itachi decidió cancelar la boda, después de todo lo que sentía por Sol no se comparaba con lo que le provocaba Madara. El menor le dijo a su amante que convocaría a su familia, de esa manera podría desquitarse de su padre de la mejor manera. Madara acepto, imaginando la expresión de Fugaku, no podía perderse eso.
Decidieron hacerlo al tercer día, pues dentro de una semana estaba planeada la boda. Ese día llego, Itachi estaba en el fondo de la habitación recargado en la pared, su mirada recorría a los presentes que platicaba animadamente en la sala.
Había invitado a Sol, solo esperaba hablar con ella a solas. Después de todo se había portado bien con él. Pero era hora que no llegaba, habían quedado de verse a las tres de la tarde, y en ese momento eran tres y media.
Antes de que pudiera hablar con ella, llego Madara, cuando todos lo vieron se quedaron en silencio, el recién llegado no le tomo importancia y se acerco a donde estaba Itachi.
–Me encanta mi familia –comentó sonriéndole –siempre tan agradables.
Itachi no contestó, se dio cuenta que todos se sorprendieron de que Madara se fue a su lado, segundos después entro su padre, madre y su hermano, éste último lo buscaba con la mirada. Antes de que corriera hacia él, Fugaku lo detuvo poniendo una mano sobre el pecho de Sasuke, mientras miraba de Itachi a Madara.
– ¿Qué significa esto? ¿Qué hace él en mi casa? –Exclamó señalándolo
–No es que me encante estar aquí –dijo Madara –pero vine porque Ita-chan me lo pidió –dijo acariciando la mejilla del menor
– ¡¿Itachi qué diablos pasa? –Gritó su padre poniéndose rojo de su rostro
–Porque decirte cuando te lo podemos demostrar –dijo Madara, sin esperar respuesta se puso frente al menor, tomando sus mejillas inicio un beso demandante. La lengua del mayor entro en la cavidad de Itachi, recorriendo cada rincón, las lenguas se rozaban entre sí, disfrutando de aquel cosquilleo que les provocaba el probarse mutuamente.
–¡ITACHI! –Gritó Fugaku furioso acercándose a ellos, tomo a Madara de su camisa, separándolo de su hijo –. NO TOQUES A MI HIJO –dijo tratando de controlarse.
–No, esta vez yo decidiré que hago y que no. Tú me enseñaste eso padre, tú solo vez lo que te conviene, no te importa lo demás, porque habría de importarme a mí lo que tú pienses.
–Mikoto, llévate a Sasuke de aquí –dijo sin mirarlos
–Pero no quiero, que sucede aniki –comentó Sasuke mirando a su hermano y padre.
–Haz lo que te dije –ordeno otra vez sin dejar de mirar a Itachi y Madara, –Y ahora Itachi te ordeno que te alejes de él.
–No te hare caso, quiero estar con él y nadie me lo impedirá ni siquiera tú –contestó el menor
–Me encanta cuando te pones así –dijo Madara lamiendo el cuello del menor, haciendo que los presentes se taparan la boca con su mano.
– ¿Qué pasa aquí? –todos voltearon hacia la entrada, descubriendo a Sol que no apartaba la mirada de Madara e Itachi
–Todos salgan de aquí, ahora –dijo Fugaku intentando controlarse. Los presentes comenzaron a murmurar mientras salían. Al final los únicos que quedaron fueron los tres hombres y Sol que se acerco al sillón que estaba entre los amantes y Fugaku.
–Sol será mejor que te vayas –dijo Fugaku mirándola con el entrecejo fruncido
–No me iré, esto también me incumbe –dijo sentándose –Además cuando llegue tenía una hermosa imagen frente a mi –comentó mirando a los dos hombres juntos
–Mi hijo solo está confundido, pero te aseguro que se casaran en la fecha planeada –dijo Fugaku
–No estoy confundido, me quedare con Madara –contestó Itachi mirando a su padre a los ojos
–Si haces eso te largas de esta casa…
–No tan rápido Fugaku –dijo Madara acercándose y mostrándole unos papales –si te atreves a lastimar a Itachi, estos papales llegaran a la policía. Y no creo que quieras que Sol se entere de que se tratan.
Fugaku se quedo sin palabras mirando de su hijo a Madara, olvidando por completo a la chica que a su vez miraba a los amantes.
–Me pagaran esta humillación –dijo entre dientes para después salir.
Madara sonrió regresando con Itachi, tomándolo de la cintura
–Ahora nos toca disfrutar –dijo rozando sus labios con los del otro
–Aun no –dijo el menor mirando sobre el hombro de su amante, éste siguió su mirada encontrándose con Sol, que los miraba entusiasmada.
–Por mí no se detengan –comentó sin apartar su mirada
–Acerca de la boda…
–Ah no importa, estaba pensando en eso y llegue a la conclusión de porque hacer feliz a uno si puedo hacerlos a varios –dijo mientras imaginaba cuantos hombres sexys estarían a su lado.
–Me agrada tu forma de pensar –comentó Madara llevándose una mano a su barbilla
–Lo mismo digo –dijo Itachi cruzándose de brazos.
–Y quien dijo que alguien podría tocarte a parte de mí –Madara lo tomo de su cintura, para después cargarlo y ponerlo sobre su hombro, haciendo que el menor intentara bajarse
–Bájame, Madara estoy hablando en serio –dijo golpeando la espalda de su amante.
–No te bajare, por dos razones, la primera es que tengo una agradable vista desde aquí –dijo mirando el trasero del menor –la segunda: es hora de conocer tu habitación. Sol te quedas en tu casa –dijo comenzando a caminar fuera de la habitación, cuando estaba por salir se detuvo girando su cabeza, mirando a la chica –. Y no intentes espiarnos, será en otra ocasión cuando participes.
Itachi se sonrojo ante esto, pero oculto su rostro en la ancha espalda de Madara, Subieron las escaleras, un largo pasillo les dio la bienvenida, el mayor se dirigió con paso decidido a la única puerta que estaba abierta, llegando al cuarto de su amante.
Madara lo dejo sobre la cama, los dos se miraron a los ojos, sabían que ese día se entregarían, y por fin dejarían fluir sus pasiones.
Al recordar eso Itachi se detuvo mirando al rubio que escuchaba atentamente
–Me alegra que Madara te cuidaría, aunque… tengo celos por que fue el primero que logro entrar en tu corazón –susurro Minato mirándolo con una sonrisa triste. El menor sonrió revolviéndole el cabello, acerco sus labios, dándole un casto beso.
–No digas eso… tú lograste lo que nadie puedo, hacer que abriera mi corazón –dijo sonriéndole
–Ita-chan, repítelo –dijo Minato poniéndose encima de él
–Si estás sordo no es mi problema –dijo evadiendo la mirada del mayor.
