El Impostor

Disclaimer:

Saint Seiya y todos sus personajes no me pertenecen. Esto es sin fin de lucro.

Aclaración: Esta es una adaptación de la película mexicana Dos Caras Tiene el Destino (1952) y ésta tampoco me pertenece; yo sólo hice la adaptación. Aunque la historia, diálogos y personajes están cambiados; recomiendo no ver la película hasta terminar de leer ésta historia.

Capítulo 10

Te amo Tenma…

¡Me ama! Pensé, y mi corazón saltó de alegría al saberme amado por ti. No me quería levantar de la cama, deseaba con toda el alma quedarme todo el día recostado en ese lecho, entre esas cuatro paredes que habían sido testigo mudo de nuestro amor, quería estar junto a ti… Pero no podía, tenía una cita muy importante con mi maestra Marin, y también estaba ese odioso asunto de Shaina, tenía que terminar esa relación de una vez por todas. Por fin me levanté de la cama, no sin antes darte un beso tierno y profundo, con el firme propósito de provocarte lo mismo que provocas en mi con el simple hecho de mirarte. Eché un ojo a mi reloj de pulsera; eran las ocho y cuarto, tiempo suficiente para llevar a Naomi a la escuela; yo desayunaría algo en el camino, o encargaría algo ya estando en la oficina.

Le diré a Tatsumi que hoy llevaré yo mismo a Naomi a la escuela. Quédate en la cama, le pediré a Yumiko que te suba el desayuno, descansa un rato más. –te dije desde el marco de la puerta.

Me regalaste una hermosa sonrisa asintiendo con tu cabeza en señal de respuesta. Me dirigí ajustando mi corbata a la habitación de Naomi, a esa hora Yumiko ya se habría encargado de alistarla para llevarla al colegio, la puerta estaba entreabierta y pude escuchar su vocecita cantando una típica canción de cuna japonesa.

Elefantito, elefantito

Tienes la nariz larga, larga

Sí señor, mi padre tiene una nariz larga también

Elefantito, elefantito

¿A quién quieres más en el mundo?

Pues, a mi padre quiero más en el mundo

¡Dios mío! ¿En que momento llegué a querer tanto a esa chiquilla? Se me humedecieron los ojos al contemplar la escena, Naomi acunaba un elefante de peluche, mientras entonaba la dulce melodía. Tenía una hermosa voz sin duda.

¡Papá, papá! –dijo al verme, y corrió hacia mí con los brazos abiertos, yo sin dudarlo me agaché para recibir con gusto aquél abrazo y alzarla con ligereza.

¿Juegas conmigo, papá? –preguntó inocente.

No podemos Naomi, se nos hace tarde para llevarte a la escuela.

Un minutito nada más. –me suplicó la pequeña jugando con algunos mechones de mi cabello rebelde.

Bueno, está bien. Pero nada más un ratito. –le dije mientras la volvía a poner de pie en el piso, a sabiendas que muy probablemente llegaríamos tarde a la escuela y por consiguiente, yo al trabajo. No me importó.

Mira, yo soy ésta… –me mostró su elefante de color rosa con tutú y diadema; mientras ambos nos sentábamos sobre el piso suavemente alfombrado –y tú serás éste; se parece a ti.

¿Te parece que me parezco a un caballo? –le pregunté con falsa indignación.

¡No, papá! No es un caballo, –dijo riendo. –es un Pegaso, es como un caballito pero con alas ¡Es muchísimo más especial que un caballo! –casi me pareció escuchar un tonito de regaño en sus palabras por mi completa ignorancia ¡Claro que sabía que era un Pegaso!

De acuerdo, yo seré el Pegaso… –le sonreí.

Bueno, entonces, me llevaras volando lejos a visitar muchos lugares muy bonitos. –acto seguido me tomó del cuello por la espalda.

Reí, me había agarrado completamente desprevenido. No me quedó más remedio que seguir el juego y colocarme en "cuatro patas" para que ella subiera a mi espalda y fingir que volaba.

¡Vuela Pegaso! ¡Vuela!

De repente me sentí observado, dirigí mi mirada hacia la entrada –aún en mi precaria posición de corcel alado– y ahí estabas tú, observándonos, tapando con tu mano tu dulce boca, aguantando la risa, con esos ojos azules llenos de amor. Y pensé que jamás en mi vida me había sentido tan feliz, jamás me había sentido tan pleno ni tan lleno de vida. Ahora sé que te pertenezco Saori, ahora sé que sin ti no soy nada. Y no quiero lastimarte, no quiero hacerte daño, pero no puedo evitarlo, no soy quien tu crees, no soy tu verdadero esposo, no soy Tenma Takeda, yo solo soy… ¡soy, un miserable impostor!

xXx

–¡No lo entiendo abuelo! ¡No lo entiendo! Esta mañana él estuvo como nunca… –al borde del llanto Saori trataba de darle una explicación a su abuelo de la ausencia de Tenma a la cena de esa noche. –No me refiero a sus palabras, las palabras pueden mentir, pero lo vi en sus ojos. Jamás había visto en él una mirada… tan sincera. Te confieso que.. nunca lo había querido como hoy… –caminó deprisa alejándose del comedor sin poder contener más sus emociones, dejando al anciano prácticamente hablando solo.

–¡Eso se llaman artimañas! La clase de gente como Tenma Takeda son unos maestros en eso. Lo malo es que tú, no sepas reconocerlas y hallas caído en los embustes de éste tipo. –alzó la voz haciendo que su nieta se detuviera a medio camino dándose la media vuelta.

–No puedo creerlo… ¿Qué ganaba con un engaño así? Yo ya me había resignado a perderlo… ¡¿Qué mal le he hecho para que me trate de esta forma?!

–Quizás lo hizo por orgullo… ¡Al ver que le solicitabas el divorcio quiso demostrarte que todavía puede hacer contigo lo que le venga en gana! –soltó de forma venenosa el anciano, con toda la buena intención de creer saber lo que era mejor para ella.

–¡Lo único que quiero oírte decir algún día es "¡Ya lo dejé!"…

Y no pudo más, dejando los platillos intactos sobre la mesa y sin absolutamente nada en el estómago, Saori salió corriendo rumbo a su habitación, hecha un mar de lágrimas. Sintiéndose profundamente traicionada y defraudada. Pero lo que más le dolía era que dentro de su corazón, aunque quería, no podía odiar a ese hombre, ni siquiera le era posible guardarle rencor ¿Por qué? ¿Por qué ahora le era tan difícil odiarlo? Tenía que hacer algo lo antes posible, antes de perder por completo la cordura por ese hombre al cual, sin proponérselo, había vuelto a querer con toda el alma.

xXx

Entreabrió los ojos. Por los colores cálidos y ambarinos que se reflejaban en las cortinas, intuyó que comenzaba a amanecer, y lo que Seiya más deseaba en esos momentos, era que el tiempo pasara rápido. Había pasado la noche más larga de toda su vida. Nunca antes le había parecido que los minutos avanzaran tan dolorosamente lentos. Sentía ambas manos completamente entumecidas, el cuello, la cabeza, el vientre y sobre todo la espalda le dolía horrores de haber pasado toda la noche atado a aquella incómoda silla. Abrió y cerró ambas manos en un intento inútil de hacer que circulara un poco más de sangre a través de esos gruesos amarres. Sin duda sus captores se habían asegurado de que jamás escapara.

–¿Qué haces? Es inútil, es imposible que escapes.

–No intentaba escapar, es solo que… no siento las manos, están entumidas… ¿Tú curaste la herida de mi cabeza? –preguntó con curiosidad al sentir el parche sobre su cabeza.

–Si… ¡Y ya cállate! o le diré a Jabu que venga de nuevo a darte una paliza como la que te dio ayer.

–Jabu es un cobarde ¿sabes? …Mira que golpear hasta el cansancio en el estómago a un hombre atado de manos y pies no es…

–¡Qué te calles, te digo!

Después de unos segundos de silencio, el castaño volvió a hablar sin importarle el mal carácter de la peliverde.

–Shaina… ¿Por qué estás con él? ¿Sabes lo que contienen esas ampolletas? –el castaño no esperó contestación. –Es un fármaco para el cáncer, procesado de tal forma que hace rendir los componentes haciendo creer a las autoridades que la concentración es la correcta, cuando realmente el medicamente no tiene ni la décima parte de la sustancia activa que debería de tener. ¿Sabes lo que significa eso? …miles de personas morirán si el embarque sale al mercado… –Seiya no podía creer que Shaina continuaba ignorándolo sentada en el sofá de la sala. –¡Además!... Él mató al verdadero Tenma ¿Qué no lo entiendes? ¡El mató al hombre que amabas! Y ahora te utilizó para llegar a mi…

–Eso no es verdad… ¡Mientes! Él me dijo que tú lo mataste, lo mataste para usurpar su lugar ¿ó por qué otra razón estarías aquí, eh? –Shaina lo miró desafiante, con una mezcla de odio e ira.

–Si te lo dijera, jamás me lo creerías…

xXx

–Mami… ¿Y a dónde vamos a ir?... ¿Lejos? –preguntó Naomi a su madre mientras le ayudaba a hacer las maletas.

–Sí, hijita. –Saori guardaba todo en las maletas rápidamente, con miedo a que en cualquier momento llegara Tenma y se arrepintiera de lo que estaba haciendo.

–¿Muy lejos? –preguntó la niña con temor.

–Bastante. –trató de sonar despreocupada pero en lugar de eso se le quebró la voz.

–Entonces… ¿Por qué no esperamos a papá? –dijo inocentemente la chiquilla.

–No podemos, hijita, tenemos mucha prisa. –Y por primera vez desde que iniciara esa incómoda plática, Saori miró con temor la reacción de su hija.

–¿Él nos alcanzará allá? –preguntó esperanzada.

–Por lo pronto no podrá… tiene muchas ocupaciones. –continuó con su labor de hacer las maletas.

–¿Entonces para qué nos vamos? Si lo hacemos, ya no jugará conmigo, yo no me quiero ir. –pronunció con profunda tristeza.

–Yo tampoco. –le dijo estrechándola en sus brazos, y sentándola sobre sus piernas continuó. –Naomi… eres muy niña todavía para responderte ciertas preguntas, si de mi dependiera, tampoco nos iríamos.

–¿Entonces por qué nos vamos? –insistió la chiquilla.

–Por ti mi vida… algún día me comprenderás. No quiero que sufras, quiero que seas siempre una niña muy feliz.

–¡No llores mamá, yo te quiero mucho mamá…!

–Y yo a ti, corazón mío, y yo a ti…

xXx

–Mi señora, si el señor pregunta por ustedes… ¿qué le decimos? –preguntó Tatsumi asomándose por la ventana del taxi.

–Dile que salimos de viaje, eso es todo. No hace falta que sepa a dónde vamos… ¡Adiós Tatsumi! –dijo con la voz a punto del llanto. –Y el vehículo aceleró sin mirar atrás rumbo al aeropuerto.

xXx

Había sido un viaje largo y pesado, sobre todo para Naomi. Después de varias horas de vuelo rumbo a China tuvieron que viajar en auto, y después en carreta, para llegar a los encrespados riscos donde vivía el maestro Dohko. Saori pensaba que necesitaba alejarse de Tenma, alejarse de él para siempre, pensaba que era lo mejor para ella y para Naomi, o entraría en una espiral de destrucción sin salida. Y qué mejor que un lugar tranquilo y alejado de todo y de todos que el Templo Taoísta a pie de montaña del maestro Dohko.

Al llegar, una simpática chinita con larga trenza de negros cabellos las recibió haciendo una reverencia con una sonrisa en los labios.

–Pasen, pasen por aquí. Por favor. –dijo Shunrei amablemente invitándolas a entrar.

–¡Vaya pero que grande y bonita está la niña! La última vez que la vi, era tan sólo un bebé.

–¿Oye, y tú no tienes muñecas? –le preguntó Naomi.

–Muchísimas. Al rato jugaremos, te lo prometo. –le dijo guiñándole un ojo.

Saori estaba ensimismada viendo el esplendor del lugar. Le agradaba estar de vuelta en ese sitio lleno de paz y tranquilidad, el olor a incienso y hiervas, y la humedad de la cascada impregnaban el ambiente. Mientras que el trinar de los pájaros y la caída constante del agua a lo lejos era el único sonido que se percibía.

–Todo está igual –dijo Saori con nostalgia. –Igual como cuando vine la última vez. Nada ha cambiado. –dijo palpando suavemente la madera de una columna que conformaba la rica arquitectura del bello templo.

–Y nunca cambiará. Si hasta cuando limpio el maestro ni siquiera me deja cambiar las cosas de lugar… ¡No puedo mover ni un papel para sacudir!

Saori caminó hacia donde sabía se encontraba un pequeño espacio con un modesto escritorio que el maestro utilizaba a modo de oficina. Echó un vistazo a los manuscritos y sin preguntar se atrevió a ojearlos.

–¿Es el último libro del maestro? –preguntó con curiosidad.

–Es uno de tantos, pero el último no ha terminado de escribirlo, últimamente se le ha hecho un vicio eso de escribir… después de meditar, claro está. –dijo soltando una risita.

–¿Y viene mucha gente a visitar el templo?

–¡Desde luego! Con eso que está de moda la meditación y encontrar el equilibrio con uno mismo, últimamente tenemos lleno el templo de gente de todas partes del mundo…

–¡Ya estuvo bueno de plática Shunrei! –irrumpió el anciano maestro agitando su bastón en el aire. –¡Anda, corre a arreglar la habitación de los huéspedes!

–¡Sí maestro! –contestó una sonrojada Shunrei. –Con permiso. –dijo alejándose a toda prisa.

–Me alegra que estés aquí Saori. –pronunció amablemente. –Hace ya mucho tiempo que no nos visitas. Ya veo porqué notaba que la brisa era más fresca y más perfumada esta mañana. –ella sólo sonrió.

–Naomi, saluda al maestro Dohko, –la pequeña soltó un bostezo antes de contestar.

–¿Cómo está usted maestro Dohko? –dijo la pequeña inclinándose en señal de respeto.

–Pero mira nada más, esta niña viene muerta de cansancio, anda llévala a su recámara y dile a Sunrei que las atienda.

–Gracias maestro. No nos vendría mal un breve descanso.

El maestro las vio alejarse preguntándose qué demonios sería lo que habría traído a Saori hasta aquél lugar tan alejado de la civilización.

xXx

Sentados en la pequeña mesa de té tradicional china, Saori vestía ahora un precioso kimono azul celeste, mientras hacía gala de sus conocimientos a la hora de servir el té. Mientras degustaban el delicioso brebaje, Saori notó el mutismo del maestro y se atrevió a preguntar.

–¿No me va a preguntar cómo me fue en el viaje?

–Llegaron bien ¿No es verdad? Eso es lo importante… –dijo sin levantar la mirada.

–Sí, pero…

–Hija mía, el pasado ya se fue, el presente es tan fugaz, que casi no existe, y el porvenir es que tú estás aquí conmigo y yo muy contento de tu presencia. –dijo dándole un nuevo sorbo a su taza de té.

–Maestro Dohko, muchas gracias por su hospitalidad, yo no sé que haría sin…

–¡Por favor, por favor, calla ya Saori, que soy alérgico a las alabanzas! Así que prescinde de ellas…

–Maestro… Mi vida con Tenma ya es insoportable. –Soltó sin más.

–He decidido terminar con él para siempre. Ya no puedo más…

–Ya te dije cuando te casaste que ese muchacho tenía carácter, y cierta atracción con todas las mujeres que le rodean… Pero en fin, ahora cuéntame las causas exactas de esa determinación tan importante en tu vida…

–Es el hombre más egoísta que conozco, para él no existe más que Tenma Takeda… –pronunció con cierto rencor en su voz.

–Eso me lo dijiste en tus cartas a los primeros meses de casada. No es una causa nueva.

–Pero ya no me es posible soportar más sus humillaciones, tiene otra mujer. –dijo con amargura.

–La tiene desde hace años, tú misma me lo dijiste, pero tampoco es una causa nueva. –dijo serenamente el anciano.

–Lo menos que debo de hacer es defender es mi dignidad, maestro… Estoy resuelta a ello, cueste lo que cueste.

–Bien, es tu decisión, pero se trata de un divorcio, tú sabes que soy anticuado, y considero que el divorcio acaba con la familia, y la familia es la célula de la sociedad. Es lo que le da el equilibrio a éste mundo.

–¿No has notado en tu marido alguna virtud? –hizo una pausa. –Medita antes de responder, y responde con la verdad hija mía.

Ella le otorgó una sonrisa triste. –No sabría que contestar… en los últimos años llegué a pensar que no tenía ninguna, pero… desde hace poco llegó tan cambiado, amable, cariñoso, otro Tenma… Como al principio que lo conocí…

–Como quien dice dos Tenmas… ó dos en uno, es malo un cincuenta porciento pero bueno en otro cincuenta…

–S… sí, algo así. –pronunció tímidamente.

–Pues si unas veces es criminal, y otras veces Santo, y es cierta la ley de las compensaciones… va a resultar que Tenma en un hombre completamente normal. –Saori sólo agachó los ojos perdida en los rayos de luz que se reflejaban en su humeante taza de té.

–Piénsalo un poco más Saori, piénsalo…

xXx

Agradecía ya no tener que estar atado a aquella silla, tuvo que asearse y cambiarse el traje por uno de él mismo que estaba en casa de Shaina y estar presentable. Ya sin rastros de sangre en su rostro ni en su ropa salió del baño hacia la sala donde lo estaban esperando Shaina, Ichi, Nachi y Ban.

Inmediatamente entró Jabu a toda prisa con un documento en mano.

–¡Tengo noticias! Gigas acaba de enviar un mensaje avisando que llegará en avión esta misma noche junto con nuestra preciada carga. –y dándose la media vuelta se acercó desafiante hasta donde estaba Seiya de pie.

–Por fin ya te llegó el momento de sernos útil, vas a acompañarnos como Tenma Takeda para que te entreguen la mercancía personalmente, pero eso si, al primer paso en falso, ahí te quedas. –dijo mostrándole su arma debajo de la gabardina.

–No necesitas amenazarme Jabu, yo más que nadie quiero que esto termine cuanto antes ¡Sea cómo sea!

Continuará…

NDA: ¡Hola todo mundo! Debo confesar que éste es de los capítulos que más trabajo me ha costado adaptar, pero creo que el resultado fue muy bueno. Espero que también a ustedes les haya gustado. Espero ansiosa sus comentarios como siempre. ¿Qué les pareció la introspección/recuerdo de Seiya al principio del capítulo? ¡Fue lo que a mí más me gustó! Jeje… Muchas gracias a todos los que siguen de cerca esta humilde historia, ya estamos en la recta final, a lo mucho quedan dos capítulos más y el apéndice.