Capítulo N° 8

Me encantaba el olor de los libros.

—¿No crees que es un poco brutal para Nessie? —La suave voz preocupada de Alice preguntó sobre mi cabeza.

Le sonreí a Vanessa, que estaba un centímetro por encima de mí. Al igual que su madre, la chica era alta. Torcí mi cabeza para mirar a Alice que se asoma detrás de mí, mi mirada no podía creerlo. —Tiene catorce años. Es un libro para adultos jóvenes.

El libro se deslizó de mis dedos cuando Vanessa lo tomó antes de Alice pudiera detenerla. Estaba pasando la mañana del domingo con ellas en la librería donde Vanessa estaba teniendo un gran momento utilizando la tarjeta de regalo de Edward.

Alice parecía perturbada. —Sí, sobre un mundo distópico donde los adolescentes se matan entre sí.

—¿Lo has leído siquiera?

—No...

—Entonces confía en mí. —Le devolví la sonrisa a Nessie—. Es genial.

—Lo voy a comprar, Alice —le dijo Nessie rotundamente, añadiendo el libro a su siempre creciente pila.

Con un suspiro de derrota, Alice asintió a regañadientes y se dirigió de nuevo a la sección de romance. Estaba aprendiendo que era una gran boba por un final feliz. Habíamos visto no menos de tres dramas románticos esta semana. Sin embargo, antes de que tuviera una sobredosis de otra adaptación de Nicholas Sparks, estaba determinada a que esta noche estaríamos viendo a Matt Damon romper algunas cabezas como Jason Bourne.

Mi celular sonó y escarbé en mi bolso sólo para descubrir que era Kate.

Le había mandado un correo electrónico anoche.

—¿Estarás bien mientras respondo esto? —Le pregunté a Nessie.

Ella me despidió con la mano, con la nariz prácticamente apretada contra la estantería mientras examinaba los títulos. Con una risa en los labios me alejé de ella para contestar la llamada en privado.

—Hey.

—Hola —respondió Kate, casi tímidamente.

Me preparé.

Mierda. Tal vez no debería haber compartido mi noticia. ¿Iba a empezar a tratarme como a una loca partir de ahora? Como, ¿cuidadosamente? Porque eso sería muy raro. Echaría de menos ser maldecida para comenzar.

—¿Cómo están tú y Garrett? —le pregunté antes de que pudiera decir nada.

—Estamos mucho mejor. Nos vamos acercando. En realidad, él me pidió ver a alguien. Un terapeuta.

Me quedé inmóvil en el pasillo de la ciencia ficción. —¿Estás bromeando?

—Nop. Yo no le dije acerca de tu email, te lo juro. Simplemente lo dejó escapar. Alguna coincidencia. —Ella tomó una respiración profunda—. ¿Realmente fuiste a ver uno?

Miré a mi alrededor para asegurarme de que estaba sola. —Necesitaba a alguien con quien hablar, y un profesional que no tenga interés personal en mi vida es la única persona en la que confío para... bueno... hablar de lo que tengo que hablar... —Fruncí el ceño. Diez puntos para habilidades lingüísticas por eso.

—Ya veo.

Hice una mueca ante su tono. Había una mordida definida en el. —Kate, no quiero ser hiriente.

—No estoy dolida. Creo que deberías hablar con alguien que realmente se preocupa por ti. ¿Por qué crees que le dije a Garrett toda mi mierda? Ya sabes, tenías razón antes. Yo confiaba en él. Y me alegro de haberlo hecho.

—No estoy lista para eso. Yo no tengo un Garrett. No quiero un Garrett. Y de todos modos, tu Garrett todavía quiere que hables con un terapeuta.

Ella hizo un ruido refunfuñando. —Creo que él piensa que si doy luz verde a toda la cosa de la terapia, entonces estoy hablando en serio acerca de hacer que las cosas funcionen con él.

Pensé en lo devastado que Garrett había estado la noche en que vino a verme. —Entonces debes hacerlo.

—¿Cómo fue? ¿Fue raro?

Fue horrible. —Estuvo bien. Extraño al principio, pero voy a volver.

—¿Quieres hablar de ello?

Sí, es por eso que estoy pagando cien libras por hora a un profesional, para que pueda hablar contigo. Contuve mi sarcasmo a raya. —No, Kate, no quiero.

—Bien, no tienes que ser brusca, vaca gruñona.

Puse los ojos en blanco. —Sabes extraño tus insultos cara a cara. No es lo mismo por teléfono.

Ella soltó un bufido. —Echo de menos a alguien que me entienda. Llamé a una mujer en mi equipo de investigación una puta, ya sabes, de manera amistosa, y ella me dijo que me fuera al infierno. Y creo que lo decía en serio.

—Kate, hemos hablado de esto. A la gente normal no le gusta ser llamados por esos sobrenombres. Por alguna razón, tienden a tomarlo como algo personal. Y tú eres un poco perra, por cierto.

—Las personas normales son tan sensibles.

—Bella, ¿has leído esto? —Nessie apareció por la esquina del pasillo, ondeando otra novela distópica hacia mí. Lo había leído. ¿Qué puedo decir? Tenía una cosa por las distopías.

—¿Quién es? —preguntó Kate—. ¿Dónde estás?

Asentí con la cabeza a Nessie. —Esa es una buena idea. Y hay un chico caliente en ella. Creo que realmente te va a gustar.

Nessie estaba encantada con eso y apretó el libro contra su pecho, antes de cargar su cesta de regalos de nuevo a la sección de ficción para adolescentes.

—¿Bella?

—Era Vanessa. —Incliné mi cabeza en una novela de Dan Simmons. Ooh, no había leído esa.

—¿Y Vanessa es...?

—La hermana de catorce años de Alice.

—Y tú estás con una adolescente... ¿por qué?

¿Qué había con ese tono? Su pregunta podría haber sido, "y estás fumando crack... ¿por qué?".

—Estamos en la librería.

—¿Estás comprando con una adolescente?

—¿Por qué sigues diciéndolo de esa manera?

—No lo sé. Tal vez porque te has mudado a un apartamento caro, estás gastando el dinero que siempre estabas reacia a gastar, eres amiga de una chica que ha visto "El diario de una pasión" cincuenta y cinco veces y, como, sonríe mucho; estás fuera bebiendo con personas reales en las noches de la semana, salvaste mi relación, estás viendo a un terapeuta, y estás de niñera de una adolescente. Me mudé a Londres y te haces una puta lobotomía.

Exhalé pesadamente. —Sabes sólo podrías estar agradecida por todo el asunto de salvar tu relación.

—Bella, en serio, ¿qué te pasa?

Tiré de la novela de Dan Simmons fuera del estante. —No he hecho todas esas cosas deliberadamente. Alice y yo nos llevamos bien y por alguna razón le gusta tener mi culo melancólico alrededor, y ella tiene una vida diferente a lo que teníamos. A ella realmente le gusta la gente, y eso significa que estoy cerca de ellos mucho.

—¿Bella?

Me di la vuelta para ver a Alice en pie delante de mí, una profunda arruga entre los ojos. Una oleada de preocupación nadó sobre mí y balanceé la cabeza por encima de las estanterías con pánico, en busca de Nessie.

—Nessie está bien —dijo Alice adivinado el motivo de mi maníaco meneo de cabeza—. Estoy atorada. —Levantó un libro de bolsillo con una mujer en un espléndido vestido victoriano en la portada. Un par de manos masculinas alcanzaba seductoramente los cordones en la parte posterior del mismo. También había algo de seducción en el título. En la otra mano estaba la última novela de Sparks. —¿Cuál?

Sin dudarlo señale el desgarrador corpiño. —La seducción de cuál sea su rostro. La novela de Sparks seria excesiva esta semana.

Hizo un gesto hacia mí con el libro del corpiño desgarrador y un cabeceo militante antes de salir de nuevo del pasillo.

—En serio —murmuró Kate en la línea—. ¿Dónde está Bella, y qué has hecho con ella?

—Bella está por colgar el teléfono si ya terminaste tu psicoanálisis.

—Bella está hablando en tercera persona.

Me eché a reír. —Kate, me tengo que ir, está bien. Y dile a Garrett que dije hola y sí, él me debe.

—Espera, ¿qué?

Todavía riendo colgué y fui a buscar a Nessie y Alice.

Estaban esperando en la cola para ser atendidas y me deslicé a su lado, mirando como Alice se quedaba extrañamente silenciosa y Nessie se quedaba mirando con adoración hacia abajo a todos sus libros. Deberíamos haber traído una mochila para todos ellos.

Al finalizar su compra, las vi amontonando los libros de Nessie en débiles bolsas de plástico, y puesto que Alice había hecho un espacio para mí, señalé detrás del cajero. —Hey, podría tal vez ponerlos en las bolsas de los compradores. Éstas se romperán.

Se encogió de hombros perezosamente. —Son cincuenta peniques por bolsa.

Hice una mueca. —La chica acaba de comprar un centenar de libras en libros ¿y usted no puede darnos las bolsas de forma gratuita?

Agitó la tarjeta de regalo hacia mí. —No, no lo hizo.

—Sí. Pero la persona que le dio la tarjeta de regalo lo hizo. ¿No estás en serio pidiéndonos pagar por algo en que cargarlos?

—No. —Él arrastró la palabra como si yo fuera estúpida—. Los pueden llevar en las bolsas gratis.

Tal vez hubiera retrocedido si él no estuviera hablándome en esa condescendiente manera de "Odio mi trabajo así que a la mierda el servicio al cliente". Abrí la boca para ponerlo en su lugar, pero Alice se apoderó de mi mano, deteniéndome. Levanté la vista hacia ella para ver que se tambaleaba un poco, con la cara pálida, sus ojos apretados cerrados.

—Alice. —La agarré y ella se aferró a mí.

—¿Alice? —preguntó Nessie preocupada, corriendo al otro lado de su hermana.

—Estoy bien —murmuró—. Sólo mareada. Tengo un dolor de cabeza...

—¿Otro? —Ese era como el tercero esta semana.

Dejando al empleado marchitarse bajo mi mirada de muerte, saqué a Alice a un lado, disparando hacia él:

—Sólo empaca los libros en las bolsas normales.

—Dales las buenas bolsas —suspiró la chica que trabajaba junto a él.

—Pero…

—Sólo hazlo.

No hice caso de su mirada irritada cuando giré mi preocupación a Alice. — ¿Cómo te sientes?

Aunque pálida, noté sus temblores habían cesado. —Mejor. No he comido hoy. Me sentía débil.

—¿Qué sobre los dolores de cabeza?

Ella sonrió tranquilizadora. —Honestamente, no he estado comiendo lo suficiente a causa de mi doctorado. Estoy sintiendo la presión y estoy estresada. Voy a ser más cuidadosa.

—Aquí tienes. —El cajero sostuvo las dos pesadas bolsas para los compradores.

Murmuré las gracias y le di una a Nessie, mientras que tomaba la otra.

—Permíteme. —Alice alcanzó el bolso de Nessie.

—Oh no, no lo harás. —La tomé del codo—. Vamos a meter algo de comida dentro de ti.

Alice trató de argumentar que comería más tarde en la cena dominical de su madre, la cena de la que había logrado gracias a Dios zafarme, diciéndole a Alice que realmente tenía que conseguir un par de horas de trabajo, pero la convencí de que por lo menos tomara un aperitivo en este lindo restaurante pequeño en la esquina. Nessie caminaba a nuestro lado con la mano de Alice en la espalda, guiándola a través de las multitudes en Princes Street ya que había decidido comenzar a leer uno de sus libros de inmediato. No sé cómo alguien puede hacer eso, ¿leer mientras se camina?

Me mareaba.

Estábamos hablando sobre el próximo festival cuando vi a Edward. Nos habíamos visto en el bar el viernes, cuando él, Alice, Jasper, Jane, Dem y algunos de los compañeros de Edward habían decidieron pasar por el Club 39 para tomar una copa. No habíamos hablado mucho y realmente su actitud hacia mí había virado definitivamente en la zona de amigos. No sabía si lo que sentí cuando lo hizo que me molestaba. Pero sabía que estaba sintiendo algo cuando lo vi con ella.

Edward estaba caminando hacia nosotros, fácilmente identificable entre la multitud por su estatura... y, bueno, su atractivo. Vestía pantalones vaqueros oscuros, botas negras y una Henley térmica gris oscuro de manga larga que mostraba sus esculturales, magníficos hombros anchos. En su mano sostenía otra mano. Pertenecía a una mujer que no había visto nunca antes.

—Edward —murmuró Alice y la cabeza de Nessie se levantó detrás de su libro, su rostro se iluminó cuando lo vio.

—¡Edward! —Le gritó y él dejo de sonreírle a su compañera para seguir la voz. Su sonrisa se ensanchó cuando vio a Nessie.

Cuando nos acercamos el uno al otro, de pronto me hubiera gustado estar en cualquier lugar, menos donde estaba. La patada que sentía en mis entrañas cuando lo veía con otra persona no era divertida. De hecho, esa patada era muy posiblemente la peor broma que me habían jugado en un tiempo.

Tampoco estaba interesada en la expresión cuidadosamente educada en su rostro cuando vio que yo estaba con Alice y Nessie.

Mire a Alice mientras nos deteníamos sólo para encontrarla lanzando dagas con la mirada a la mujer con Edward. Desconcertada y francamente sorprendida, no pude dejar de sisear su nombre en cuestión.

Ella me miró, su mandíbula apretada. —Te lo diré más tarde.

—Nessie. —Edward la abrazó a su lado y asintió con la cabeza a sus bolsas—. ¿Has estado usando tu tarjeta de regalo?

—Sí. Tengo un montón de libros. Gracias de nuevo —añadió con timidez.

—De nada, cariño —Él la dejó ir y se volvió hacia nosotros—. Ali, luces pálida. ¿Estás bien?

Ella seguía mirando ceñuda hacia él y quería saber de qué demonios me estaba perdiendo. —Me sentía un poco débil. No he comido.

—La llevare a conseguir algo de comida. —Pensé que debería mencionarlo, para que no creyera que la estábamos arrastrando cuando ella no se sentía bien.

—Bien —murmuró él, capturando mi mirada—. Isabella, esta es Victoria.

Victoria y yo nos miramos la una a la otra, nuestras sonrisas de cortesía. Ella me recordó mucho a Tanya: alta, rubia, bonita y tan natural como la maldita Barbie. Sin embargo, ella era caliente.

Edward tenía definitivamente un tipo y yo no lo era. No era de extrañar que hubiese dejado de coquetear conmigo. Su radar sexual debe haber estado flojo cuando nos conocimos, pero estaba claro que se había restablecido el orden.

—Hola, Vicky —ronroneó Alice con fiereza.

No pude evitar que mis cejas golpearan la línea de mi cabello antes de que pudiera detenerlas. Alice sonaba casi depredadora.

Estaba impresionada.

Y sin duda curiosa.

Edward disparó a su hermana una mirada sofocada. —Tuve una cita para cenar anoche y Vicky estaba en la mesa de al lado. Hemos decidido ponernos al día. Pensamos que nos gustaría tomar algo de desayuno.

En otras palabras, Vicky estaba en la mesa de al lado y habían conectado. Me encogí de hombros frente a la inquietud desconocida que estaba sintiendo. Mi pecho se sintió un poco de dolorido y yo estaba un poco mareada. Tal vez Alice no estaba privada de comida, tal vez hubiéramos comido algo malo ayer.

—Es bueno verte de nuevo, Alice —respondió Vicky dulcemente. Ella parecía lo suficientemente agradable.

—Hmm. —Alice descaradamente le restó importancia, rodando sus ojos y luego ensartándolos en Edward—. ¿Vas a venir a cenar esta tarde?

Vi el músculo de su mandíbula flexionarse. Definitivamente no le hizo gracia la actitud de su hermana. —Por supuesto. —Sus ojos viajaron de nuevo a mí—. Las veré a ambas allí.

—Bella no puede ir. Tiene cosas que hacer.

Él frunció el ceño. —Es sólo un par de horas. ¿Seguramente te puedes acomodar?

En respuesta, Vicky se acercó más a Edward. —Me encantaría ir a cenar, Edward.

Edward le dio una poco condescendiente palmadita en la mano. —Lo siento, cariño, es sólo la familia.

Tres cosas ocurrieron a la vez. Alice se atragantó con su risa, Victoria se echó hacia atrás como si la hubiera abofeteado, y presentí un ataque de pánico.

Sintiendo la niebla cerrándose en mí, respiraba a través de ella y mi confusión. —Saben que. —Di un paso lejos de ellos—. Me había olvidado por completo que dije que dejaría el dinero de Rose en su apartamento. Hoy. Ahora mismo, en realidad. —Me despedí en tono de disculpa—. Me tengo que ir. Te veré más tarde.

Y luego me largue de allí lo más rápido que pude.

—¿Por qué corriste? —preguntó la Dra. Pritchard, con la cabeza inclinada hacia un lado como un pájaro curioso.

No lo sé. —No lo sé.

—Has mencionado al hermano de Alice, Edward, un número de veces. ¿Cómo se adapta a tu vida?

Lo deseo. —Supongo que es una especie de amigo. —Cuando ella me miró, me encogí de hombros—. Tuvimos una presentación poco convencional.

Se lo conté todo.

—¿Así que te sientes atraída por él?

—Lo estaba.

Ella asintió con la cabeza. —Volvamos a mi pregunta anterior entonces. ¿Por qué? ¿Por qué corriste?

Señora, si lo supiera, ¿estaría aquí? —No lo sé.

—¿Fue porque Edward estaba con otra mujer? ¿O porque dio a entender que eras de la familia?

—Ambas creo. —Me froté la frente, sintiendo un dolor de cabeza venir—. Quiero que se quede en la caja donde lo he puesto.

—¿La caja?

—Usted sabe, la caja. Tiene una etiqueta y todo. Dice "Especie de amigo". Somos una especie de amigos, pero no muy buenos amigos. Pasamos el rato, pero no nos conocemos muy bien el uno al otro. Lo prefiero así. Creo que podría haber entrado en pánico al pensar que él piensa que hay más. Que piensa que somos cercanos de alguna manera. Yo no quiero eso.

—¿Por qué no?

—Simplemente no lo quiero.

Pareciendo sentir mi tono, la Dra. Pritchard asintió con la cabeza y no hizo la pregunta de nuevo. —¿Y tus sentimientos con respecto al verlo con otra mujer...?

—Los únicos sentimientos que tenía eran confusión y pánico. Estaba con una mujer con la que, obviamente, tiene una relación sexual y una historia y dio a entender de alguna manera que nuestra amistad era más profunda de lo que él tenía con ella diciendo lo que le dijo. Como he dicho, eso no es cierto. No quiero eso.

—¿Y esa es la única razón?

—Sí.

—¿Así que no quieres una relación con Edward? ¿Sexual o de otro tipo?

Sí. —No.

—Vamos a hablar de eso. No hemos hablado de tu relación con los hombres. Pareces buena cerrándote a la gente, Bella. ¿Ha pasado un tiempo desde tu última relación?

—Nunca he estado en una relación.

—¿Has tenido citas?

Enrosque mis labios al recordar los llamados "años maravillosos". — ¿Quiere la historia sórdida? Bueno, voy a explicársela...

—¿Rose recibió su dinero? —preguntó Alice en voz baja mientras se dejaba caer en el sofá junto a mí.

Asentí con la cabeza, mintiendo, y para purgar mi culpa le acerqué mi codiciada bolsa grande de papas fritas y le ofrecí. —¿Quieres un poco?

—Nah, estoy llena. —Se relajó contra la almohada, los ojos fijos en el televisor—. ¿Qué estás viendo?

La supremacía Bourne.

—Mmm, Matt Damon.

—¿La cena estuvo bien? ¿Te sientes mejor? —Sentí aún más culpa por rechazarla de esa manera. Todavía estaba tratando de envolver mi cabeza en torno a qué exactamente era lo que me había ocurrido en ese momento.

Alice me dirigió una mirada—. Mamá preguntó por ti.

Eso estuvo bien. —¿Le dijiste que dije hola?

—Sí. Y la cena fue atmosférica. Edward todavía estaba enojado conmigo.

Le sonreí, mirando a la pantalla. —Nunca te había visto así antes. Fue algo impresionante.

—Sí, bueno, Victoria es una puta.

Contuve el aliento, mis ojos en ella. Su rostro normalmente abierto era estrecho y pedregoso. —En realidad no te agrada. ¿Quién es ella?

—Ella fue la novia de Edward por un tiempo. No puedo creer que la esté viendo de nuevo.

—¿Y...?

Al darse cuenta de que quería decir, "¿qué diablos te hizo ella?". Alice se encogió de hombros, su rostro se arrugaba. —Fui a ver a Jasper acerca de algo un día y ella estaba allí. Desnuda. En su cama. Él estaba desnudo también.

No lo podía creer. —¿Engañó a Edward?

—No —resopló ella sin humor—. A Jasper le gustaba, así que Edward se la prestó.

Jesuc... —¿Se la prestó?

—Mmhmm.

—¿Ella no tiene amor propio?

—¿No has oído la parte en que ella es una puta?

—No puedo creer que Edward hiciera eso. Sólo prestarla.

—Quizás he usado una mala opción de palabra. En realidad, fue ella quien le dijo a Edward que quería a Jasper. Edward no tenía un problema con él por lo que dejó que tuvieran relaciones sexuales.

Retorcido, tal vez un poco frío, pero común, por lo que, ¿quién era yo para juzgar? —Así que ella tiene amor propio. ¿Cuál es el problema? —Intenté cavar a la verdadera fuente de disgusto de Alice—. A la niña le gusta el sexo.

—¡Es una puta!

Oh sí. Sin duda sabía la verdadera razón ahora.

Jasper.

—Realmente te gusta Jasper, ¿eh?

Ella exhaló lentamente y cerró los ojos con fuerza.

Un rayo de dolor se descargó en mi pecho mientras veía la lágrima de debajo de sus pestañas rodar por su mejilla.

—Oh, cariño. —Me senté y tiré de ella a mi lado, dejándola llorar en silencio en mi suéter. Después de un rato, tomé el paquete a medio comer de galletas y le entregue una—. Aquí. Azúcar y vamos a ver a Jason Bourne patear algunos culos.

—¿Podemos fingir que es el culo de Jasper el que está pateando?

—Yo ya estoy en eso. Ves a ese tipo... ese es Jasper, y Bourne está golpeando su pequeño trasero de putilla.

Ella se rió a mi lado y me maravillé de cómo alguien podía ser tan fuerte y a la vez tan frágil.