Capítulo 10

"Querida Edith,

No pienses que me he olvidado de ti, es cierto que la vida de casada me tiene ocupada, felizmente ocupada, pero en realidad es otra cosa lo que me ha impedido escribirte hasta ahora.

Sé que te vas a sorprender y la tía también cuando se lo cuentes, pero he tengo un proyecto que me llena de felicidad, he decidido abrir una escuela para los hijos de los trabajadores de la fábrica.

Desde hace algunas semanas empecé a ir a la fábrica porque John insiste en que conozca mejor el negocio, quiere que sepa en qué se invierte mi dinero, todavía no se ha acostumbrado a que ese dinero no es mío sino nuestro. Pero, más allá de eso, la cuestión es que el tiempo que pasé allí me permitió conocer mejor la realidad de los trabajadores y ver cuántas dificultades tienen que pasar para poder criar a sus hijos con dignidad. También me conmovió saber que lo que más desean es que sus hijos no tengan tantas dificultades como ellos, que tengan una vida mejor. Y estoy convencida de que eso, hoy en día, sólo se logra con educación. Fue así que surgió esta idea.

Y como estoy casada con el mejor hombre del mundo, mi queridísimo John me apoyó desde el primer momento, incluso me cedió uno de los depósitos para instalar la escuela. Contratamos a dos maestras, acondicionamos el lugar y ya estamos preparando todo para la inauguración que será el próximo domingo. Ojala pudieras venir.

Volviendo a mi vida de casada, que parece ser tu mayor preocupación según lo demuestra tu última carta, déjame decirte que es maravillosa, mucho mejor de lo que esperaba. A pesar de saber que nos amamos le tenía temor a la convivencia pero todo es estupendo, en todo sentido. Soy muy feliz y John también.

Tengo que terminar esta carta ahora porque Hannah regresa hoy a la casa y quiero que todo esté listo para recibirla aunque no voy a negar que disfruté enormemente de la compañía exclusiva de mi marido.

Dale muchos besos a Sholto de mi parte y saluda a la tía y a tu marido por mí.

Tuya,

Margaret"

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Margaret escuchó que el coche se acercaba y salió al porche a esperar a John que había ido a buscar a Hanna a casa de Fanny para traerla de vuelta a la casa. Cuando Hannah salió del coche vio a Margaret que la saludaba con una amplia sonrisa en los labios.

"Bienvenida Hannah, es un placer tenerte de vuelta", dijo Margaret amorosamente.

"Gracias Margaret, a mi también me da gusto".

Hannah subió a su antiguo cuarto y se sintió aliviada, amaba a su hija pero el tiempo que pasó en su casa se le había hecho muy pesado y ya tenía ganas de volver a su casa. Además prefería estar cerca de John aunque ahora tuviera que compartirlo con otra mujer.

Cenaron los tres juntos y compartieron las últimas novedades o, más bien, Margaret lo hizo porque casi todo el tiempo habló sólo ella, sobre todo de la escuela, Hannah apenas se refirió a la pequeña Priscila. Mientras tanto John las miraba complacido desde la cabecera de la mesa. Después de la cena pasaron al saloncito y Margaret, suponiendo que su marido agradecería unos momentos a solas con su madre, dijo que se sentía cansada y se retiró a la habitación.

John y Hannah pasaron más de una hora hablando. Hacía mucho tiempo que no estaban juntos y tenían muchas cosas que contarse. Hablaron de la fábrica, un tema que nunca aburría a Hannah, del matrimonio de Fanny, un tema que aburría soberanamente a John, y de Margaret, por supuesto. Hannah tuvo que admitir que nunca lo había visto tan feliz.

Cuando subió a la habitación John encontró a Margaret leyendo en la cama. "Gracias por la cena querida, mamá estaba muy contenta." Cómo Margaret no respondía se acercó a la cama y le preguntó "Me escuchaste?".

"Qué? Ah no, lo siento. No te escuché, qué decías?"

"Decía que gracias por la cena", repitió John.

"Ah sí, claro", respondió ella algo distraída.

"Se puede saber qué es lo que te tiene tan atrapada?", preguntó John tomando el libro que Margaret tenía entre las manos. "Orgullo y prejuicio… Qué es, una novela rosa?"

"Pues sí, es de amor pero no tienes que usar ese tono peyorativo. Dámelo, lo estoy terminando", dijo Margaret algo enfadada mientras tomaba de vuelta su libro, "Es un gran libro, uno de los mejores que he leído".

"Y qué lo hace tan especial?", preguntó John mientras se acostaba al lado de ella.

"Está muy bien escrito, es gracioso y profundo a la vez y se atreve a satirizar algunas de las costumbres más arraigadas de la sociedad. Además lo escribió una mujer", dijo Margaret orgullosa, "Jane Austen se llama".

"Cuéntame" pidió John colocándose detrás de ella de modo que la espalda de Margaret quedara recostada contra su pecho.

"Es la historia de Elizabeth y el Sr. Darcy y en realidad me hace acordar mucho a nosotros."

"Ah sí, por qué?"

"Es que cuando se conocen no se agradan, él es demasiado orgulloso y ella demasiado prejuiciosa", dijo Margaret con una mirada pícara. "Pero, con el tiempo, él se enamora de ella aún sin que ella lo note o lo desee".

"Igual que yo de ti!"

"El le propone matrimonio y ella lo rechaza."

"Igual que tú a mi!"

"Sí e igual que yo, Elizabeth descubre tarde que Darcy no era tan malo como ella creía pero él ya está muy lejos", el tono de Margaret denotaba tristeza y John trató de consolarla acariciándole el cabello. "Y cuando vuelven a encontrarse ella comprende lo felices que podrían haber sido pero cree que ya no hay vuelta atrás."

"No me vas a decir que termina mal, verdad?"

"No. Los dos dejan de lado su soberbia y cuando él vuelve a proponerle matrimonio ella acepta", al decir esto Margaret dejó el libro en la mesita y se abrazó fuerte a él.

"La historia es ciertamente parecida pero la nuestra es mejor. Porque la nuestra es verdadera", dijo John y se besaron hasta que la pasión los perdió.

"Tu historia me hizo recordar algo", dijo John luego mientras permanecían abrazados, acariciándose. "Nunca me contaste cuando te enamoraste de mi."

"Tú tampoco me dijiste cuando te enamoraste de mí", dijo Margaret juguetona.

"Me enamoré de ti el día que te conocí".

"Con lo mal que te traté?"

"Quizás me atrajiste porque ninguna otra mujer me había desafiado antes. Y mientras tú veías a un monstruo", dijo John con fingida fiereza, "yo veía a la mujer de mi vida."

"Ay por favor! No sigas recordándome lo mal que me porté contigo", dijo Margaret mientras escondía la cabeza en el pecho de él.

"Era una broma, no te molestes", pidió John riendo. "Vamos, dime!"

"Es que no lo sé realmente aunque ambos sabemos que no fue el día que te conocí", dijo Margaret con una sonrisa. "Creo que mi opinión de ti, mi infundada e injusta opinión de ti, empezó a cambiar con el incidente en la estación, cuando me salvaste de la investigación policial. Entonces comprendí que te había juzgado mal y quise revertir tu opinión pero no me atreví a arriesgar a Frederick."

"Debo confesar que aún hoy me molesta que no hayan confiado en mí, no sólo tú sino también tu padre. Yo nunca los hubiera delatado."

"Lo sé, pero en ese momento no supe que hacer. En fin, lo cierto es que tu pensabas muy mal de mi, con cierta razón, y mi orgullo me impedía decirte la verdad. El tiempo pasó y las cosas entre nosotros eran cada vez más frías y luego murió mi padre y por un largo tiempo sólo había dolor en mí." Una lágrima corrió por la mejilla de Margaret mientras recordaba esos malos momentos. "El tiempo que pasé en Londres me permitió reflexionar y repasé nuestros encuentros, lo que nos dijimos y lo que no. Pensé mucho en ti en esos meses."

"De verdad?"

"Sí. Fue entonces cuando comprendí que te amaba. No puedo precisar que día pero en algún momento la noción de que estaba enamorada de ti se instaló en mi corazón y en mi mente. Incluso le pedí al Sr. Bell que te contara la verdad sobre mi hermano porque, aunque no volviéramos a vernos, no podía soportar la idea de que pensaras mal de mi."

"Pero el Sr. Bell nunca me dijo nada", dijo John con sorpresa.

"No? Creí que lo había hecho cuando fue a despedirse de ti antes de viajar a Sudamérica."

"Tal vez lo intentó pero yo tenía demasiados problemas y tu nombre era un recuerdo demasiado doloroso para mí así que no quise escucharlo."

"Y cómo te enteraste?"

"Me lo dijo Higgins y no sabes el alivio que sentí al saber que ese hombre era tu hermano, aunque por ese entonces yo también había perdido la esperanza de volver a verte."

"Querido Nicholas! Estaría orgulloso si supiera que ayudó a unirnos."

"Pero mejor no se lo digamos, no quiero que sepa que estoy en deuda con él", dijo John riendo.