Prohibida: Blaise Zabinni/Ginny:

- Muchos chicos están colados por ella. -terció Pansy - Hasta tú la encuentras guapa, ¿no, Blaise? ¡Y todos sabemos lo exigente que eres!

- Yo jamás tocaría a una repugnante traidora a la sangre como ella, por muy guapa que fuese- replicó Zabinni con frialdad, dando por zanjada la discusión.

Los constantes e irritantes parloteos sin sentido de la pesada de Pansy llenan el compartimento, y tiene la certeza de que nadie la escucha realmente. Todo lo que sale de aquella sucia bocaza no es más que pura basura, y siempre lo ha sido. Sin sustancia. Sin personalidad. Todo lo contrario al modo en el que a él le gustaban las mujeres. No como…. ella

"Jamás la tocaría… jamás…" Sus propias palabras resuenan en su mente al tiempo que relaja su espalda, dejándola caer contra el rígido sillón del compartimento. Acababa de volver de la estúpida reunión convocada por esa vieja oronda gloria de Slughorn, y se sentía humillado. Él era Blaise Zabinni, ¿quién se creía aquel viejo caracol para hacerle compartir importancia con gentuza de tal calaña? Si algo estaba claro es que él no merecía ser mezclado con semejante escoria. El deficiente mental de Belby, el estúpido arrogante de McLaggen, quien se creía el rey del mambo cuando no llega ni a media mierda, Longbottom… su patetismo no merecía siquiera ni medio pensamiento por su parte, el maldito demente de Potter y…Weasley. La niñata malcriada asquerosa pobretona y traidora a la sangre Weasley. Esa Gryffindor tan sumamente odiosa con ese carácter tan repelentemente atrayente y esa mirada que le ponía los pelos de punta… había cambiado algo en él. Y eso era precisamente lo que más le molestaba.

Era guapa. Eso era innegable. Quizá más que eso. Su largo y sedoso pelo rojo fuego, sus largas y estilizadas piernas, su piel aterciopeladamente blanca, sus grandes e inquietos ojos castaños… y sus dientes rectos y blancos… pero sobre todo y ante todo, su aroma. Aquel particularmente inconfundible olor que tenía la fama de poder hacer a cualquier hombre perder la cabeza… y vaya si era cierto. Aquel olor, ya lo había comprobado más de una vez, despertaba en él sus instintos más básicos.

Y su carácter. Tenía un carácter de los mil demonios. Completamente insoportable. Pero eso le encantaba en una mujer… someter a ese tipo de mujeres, aquellas que se suponían las más difíciles, torturarlas hasta que terminaran por rogarle a gritos todo lo que él deseaba era algo especialmente gratificante para él.

Imagina tras sus cerrados párpados las mil y una formas en las que sometería a esa orgullosa y dominante niña, a esa estúpidamente sexy traidora a la sangre. Y quizá el hecho de que lo sea, de que sea una prohibida, una intocable traidora a la que jamás debería tocar lo excita todavía más, mucho más. Recuerda sus miradas… las miradas que ella también le devuelve, y sabe perfectamente que no son inocentes. Que ella también lo desea. Y se muere por tenerla.

Despierta de pronto en la oscuridad del tren… Se levanta, aturdido, ni siquiera es consciente de haberse dormido: han llegado a Hogwarts, y todos sus compañeros se ha marchado. Todos, salvo Draco, quien le mete prisa por marcharse, diciendo que tiene que comprobar algo. Le lanza una gélida mirada al tiempo que sale del compartimento. Le da exactamente igual lo que Malfoy pretenda hacer ahí dentro y por ello no hace preguntas, estaba habituado a sus tristes e infructuosos intentos de ser siempre el centro de atención, cuando lo cierto era que él, aun estando siempre a la sombra y sin alborotar, era mucho, mucho más envidiado, respetado…y deseado por todo el colegio. En especial por las mujeres, todas las cuales, rendidas por el evidente y viril atractivo de su alta figura, sus exóticos rasgos, fuertes músculos y su piel del color del chocolate, y, sin duda, conocedoras de su fama de amante apasionado morían por llamar su atención. Sin embargo esa Weasley nunca le había interesado. Hasta ahora. Momento en el que se le resistía. Y nunca nadie antes se le había resistido. Y eso iba a seguir siendo así, lo había decidido en el tren. En el mismo instante en el que esa achocolatada mirada lo había hecho sentir escalofríos de puro placer recorrer su columna vertebral. Cuando se había descubierto a sí mismo fantaseando con ser brusco y apasionado con ella… cuando había estado soñando en ése mismo tren con hacerla suya.

Cena a toda velocidad, y sale al pasillo. Se oculta tras la estatua del arquitecto de Hogwarts, a la espera de ver su característica melena salir por ella. Sabe que lo hará pronto, y se siente cada vez más excitado. Finalmente la ve, y para su gran fortuna, está sola. Avanza hacia ella como quien no quiere la cosa, ambos suben por la escalera central, se miran de reojo. Él puede ver el nerviosismo reflejado en los gestos de la muchacha: mucho mejor. Adora inspirar cierto temor en ellas. Todo es así, mucho más… excirante. Ginny lo observa con rencor, se pregunta por qué sube él las escaleras cuando debería estar yendo a las mazmorras. Cuando llegan a un desierto pasillo, él avanza hasta ella con una escalofriantemente irresistible sonrisa seductora. La toma de las muñecas.

- Hola, Weasley. -Ella gime, aturdida por su proximidad. Está demasiado nerviosa como para hacer nada… se da cuenta del motivo por el que tantas muchachas del castillo pierden el sentido por aquél hombre. Y no es que no se hubiera dado cuenta antes… claro que había soñado una y mil veces con sus varoniles brazos.

La muchacha comienza a removerse inquieta.

- ¿Qué haces, Zabinni? Suéltame- le lanza una mirada asesina, y su pierna golpea contra la pared: Blaise se ha apartado justo a tiempo.

- Me encantan las mujeres con carácter.

- Piérdete, asquerosa serpiente.

- ¿Ah, sí, eh? Con que esas tenemos… asquerosa serpiente… aquí eres tú la que tiene lengua viperina por lo que veo… una lengua que me gustaría probar, por cierto.

Las piernas de la pelirroja comienzan a fallar, al mismo tiempo que su resolución lo hace. Verdaderamente a ella también le encantaría que la probara.

- Vamos, Weasley, te he visto mirarme…no me negarás… que te mueres porque haga esto.- dice acorralándola contra la pared, su aterciopelada y seductora voz acaricia todos y cada uno de las terminaciones nerviosas de la pelirroja al tiempo que continúa aproximándose lenta y peligrosamente… Sus alientos se mezclan, la tensión es insoportable. Quiere oírla suplicar, y no hará nada hasta que no lo consiga. El muchacho lleva sus manos hacia las caderas de la chica, las cuales acaricia con deseo. Caricias expertas que hacen a su receptora silenciosa sufridora de fuertes cosquilleos en el bajo vientre, y ante todo, necesitada de un mayor contacto. Otro gemido por su parte, hace que una sonrisa demencialmente sexy se abra paso en el rostro del muchacho.

- Ahora, quiero morderte esos labios… pero antes, vas a rogármelo. ¿Verdad que sí?

Sólo hacían falta esas palabras para que la pelirroja mandara toda su resolución al garete. Sin poder soportarlo más, ruega por fin a su captor, que la bese, la toque, la acaricie. Que haga con ella todo lo que le apetezca. Él lo toma al pie de la letra. Y la tortura, lenta y deliciosamente. Y la empotra de nuevo contra la pared. Y muerde sus labios a su antojo y sin permiso. Y se adentra en su intimidad. Y la hace chillar. Y la hace clavar sus uñas en su espalda… y la hace rogar por más. Tan sólo las lisas paredes de aquel oscuro y desierto pasillo son mudas testigo de aquél acto de delirante y prohibida pasión…

Hola hola! :D he vuelto! lamento haber tardado, pero he estado de examenes, he tenido que trabajar también... además he tenido una semana horrible... (ni tiempo para respirar), y por fin ayer logré a duras penas actualizar mi historia de Rose/ James y finalmente puedo subir este capi! Bueno, es my very first time con un Blaise/Ginny y no se yo qué tal habrá salido... no se si termina de convencerme, pero… es lo que hay. Jejeje

Bueno, gracias a todos los que me leeis

Un besito!