CAPÍTULO 10. El pasado de Bankotsu
— Como se le ocurre a Inuyasha proponerme algo así. Bankotsu no se la va a creer — empezó haciendo rabietas en medio de la calle en esa tarde calurosa — ahora resulta que tengo que actuar como la mejor amiga de ese chico. Nunca nos llevamos mal pero tampoco es como si pudiéramos sentarnos a contarnos nuestros secretos. Inuyasha está mal de su cabeza. Lo traga vivo el resentimiento.
Fue en ese preciso momento que sonó su celular. Furiosa Kagome contestó, reconocía bien la procedencia de ese número. Ya la tenía cansada. Como si con tan solo hacer mención a su nombre lo hubiera invocado, habló Inuyasha.
— ¿Dónde te encuentras niña? — Preguntó con su habitual manera déspota — habíamos acordado que hoy sábado irías a ver a Bankotsu a su casa. ¿Ya te encuentras en camino?
— A ver bobo — molesta colocó una mano sobre su cadera deteniéndose en mitad de la calle — ¿Qué tal si me hubieras llamado en mitad de una importantísima platica con Bankotsu y yo te hubiera contestado? Arruinarías tu preciado plan. No hay peor enemigo que tú mismo por eso deja de hablarme — exigió. Es que con esta ya llevaba tres veces que le hablaba solo para tener la seguridad de que ella estaba haciendo lo que él quería.
— Podría hacer eso si te tuviera confianza — contestó con reproche.
— Por favor no seas patético — exclamó perdiendo los estribos — me tienes atada de manos bajo una amenaza. ¿Qué podría hacer yo al respecto? Lo único que está a mi alcance es acelerar el golpe bajo que puedes darme, desobedeciéndote.
— Entonces me estás diciendo que tú tampoco confías en mí. Crees que de todas formas yo voy a ir de chismoso con el alumnado, me ayudes o no a desquitar mi coraje con Bankotsu. ¿Estoy en lo cierto?
— Que importa mi respuesta — respondió seca apretando sus labios — Más bien contéstame tú. ¿Serías capaz de pagarme mal después de todo lo que estoy haciendo por ti?
— Ohm — se puso pensativo con cierto aire de burla — "tal vez" — respondió cínico detrás de la bocina.
— Estúpido — exclamó midiendo su tono de voz para que la gente que pasaba con sus autos no la escuchara — te aviso de una vez que voy a apagar el teléfono. No quiero tus llamadas incomodas. Aún no sé muy bien cómo se tomara Bankotsu mi sorpresiva visita y estoy nerviosa.
— No te preocupes por eso niña — pronunció tranquilo a diferencia de ella — Al inútil ese lo tienes como perro lamiendo las banquetas por ti. Está totalmente embobado. Te confieso que no sé qué es lo que te ve que tanto le encanta pero bueno ese no es asunto mío. Me basta con que utilizando esa debilidad que tiene por ti, tú consigas por mí la información que necesito.
Kagome no quiso escuchar más las ofensas de su compañero de clases así que hizo una de las cosas que sabía que más molestaba a Inuyasha. Que le colgaran el teléfono era como una patada en los testículos para ese patán.
Inuyasha hizo una rabieta sobre el sillón de su sala, apretó colérico el teléfono de casa. Le había colgado la infeliz. Esa mujer presumida le había ignorado colgándole el teléfono. ¿Quién se creía que era? Ella no era mucho mejor que él, no era superior a nadie eso siempre ha sido lo que más le caía mal de las chicas, su prepotencia y su arrogancia. Irónicamente le caía mal de las personas los defectos que él tenía, si tuviera un clon y se viera se odiaría a sí mismo.
— Perra — pronunció con coraje.
(...)
Kagome suspiró aliviada pero solo un segundo. Guardó su celular en su bolso y continuó caminando, solo le quedaban un par de cuadras para llegar al vecindario donde habitaba Bankotsu. Supo su dirección sin necesidad de preguntarle a nadie pues en anteriores ocasiones junto a sus amigas y otros compañeros de la escuela había sido invitada a una de las fiestas que él organizaba, así que no necesitaba de croquis.
Fue hasta que se encontró frente a la puerta que sintió su respiración más acelerada. Estaba agitada, los nervios le carcomían. Jamás en la vida se habría propuesto a ir sola hasta la casa de un hombre, mucho menos en la casa de él. Bankotsu era el típico varón promiscuo que leía los movimientos de las mujeres equivocadamente. ¿Qué tal si la acorralaba en su casa e intentaba sobrepasarse? Ella no confiaba en su cordura. Con suerte habría un familiar suyo viviendo con él; eso le hizo recordar un punto importante que había pasado por alto. El papá de Bankotsu no podría estar en casa porque Inuyasha le dijo que estaba pagando una condena en la cárcel. ¿Y qué habría pasado con su madre? ¿Dónde estaba? Alguien debió criarlo aunque desconocía a qué edad Bankotsu se quedó desamparado por su padre. Esperaba que la historia de ese chico no fuera tan amarga como pensaba.
Agarró el último trago de aire con su boca armándose de valor, toco la puerta solo dos veces. De inmediato escuchó el rechinido de los fierros de la puerta abrirse. Las bisagras ya estaban algo oxidadas, concluyó la fémina.
— Hola, está Bankot…
— ¿Kagome? — Se dejó ver incrédulo el muchacho de tez morena — ¿qué estás haciendo aquí?
La muchacha se quedó sin habla. Bankotsu estaba en bóxer y sin playera. Bajó la mirada avergonzada. ¿Qué era lo que le diría? Había olvidado el dialogo que había planeado. Así que se inventó algo rápido.
— Ayer…no fuiste a la escuela — comentó nerviosa, atorándose en las palabras.
— Siempre lo hago — contestó desinteresado — Los viernes voy a la autopista que está lejos de aquí a jugar carreras de motos con mis amigos. ¿Qué hay de raro en eso? — cuestionó extrañado, frunciendo el ceño.
— Ah…es que — sus manos empezaron a sudar — te traje la tarea de ayer — le extendió un cuaderno con pasta roja — Es un importante proyecto.
— Oh — se rascó la sien totalmente avergonzado, tomando el cuaderno — si claro. Que milagro verte por eso por acá. Pero te agradezco mucho.
Claro cómo no. Pensó sin creerle nada, Kagome. Bankotsu casi nunca hacía tarea, no le importaba perder créditos en la escuela o tener el riesgo de repetir año. Ya lo había hecho dos veces según él contó, por eso es que era dos años mayor que todos sus compañeros de salón.
— ¿Quieres pasar? — preguntó desenfadado.
— Yo…— se puso nerviosa — ¿estas solo en casa?
— Siempre estoy solo — lo sorprendió la pregunta — ¿Por qué? ¿algún problema?
— No para nada — respondió de inmediato poniéndose tensa — no sabía que vivías solo. Siempre que nos invitabas a las fiestas era casi de noche. Creía que tus padres te dejaban la casa sola.
— ¿Mis padres? — Preguntó nuevamente sorprendido. Nadie se atrevía a preguntar por ellos pues a nadie le importaba la vida personal de un muchacho soberbio, temido y odiado por la mitad del instituto — No. Mis padres no están. Oye, te invito a tomar un té, vamos entra — el muchacho caminó delante de ella dándole la espalda.
Kagome se percató de que Bankotsu había cambiado de pronto de tema. No le gustaba hablar de sus padres. Su plan podría irse al carajo si se cerraba de esa forma. Lástima por ella, Inuyasha se pondría colérico si le decía que la visita a su casa había sido en vano por no poderle sacar la información que necesitaba.
Era momento de utilizar el plan "B".
— Oye Bankotsu — llamó la atención del joven entre risas discretas — ¿recuerdas que el año pasado nos invitaste a mis amigas y a mí a tu fiesta de cumpleaños?
— Si claro. De hecho las invité a ellas para que tú fueras a la fiesta. Sabía que si te invitaba solamente a ti no vendrías.
Aquello la dejó sin palabras. Esa confesión fue muy inesperada ya que ella no pretendía tocar ese tema, que solo los competiera a los dos. Lo bueno es que estaba preparada para esos casos.
— Podríamos decir que fue un pretexto de mi parte utilizarlas para que fueras a mi casa — continuó hablando con normalidad el chico, dando la cara sin pena ni gloria cuando ya entraban a la pequeña cocina donde estaba una simple mesa desgastada con tres sillas.
— Vaya — suspiró — No pensé jamás en eso. Creí que las invitabas porque te caían bien.
— No me malinterpretes — se apuró a aclarar al ver la expresión de incomodidad de la chica — Son geniales, me siguen el juego y a diferencia de muchas chicas que se dicen mis amigas, ellas no me critican por lo que hago en la escuela.
— Entonces yo debo de caerte mal. Alguna vez te dije que no me gustaba que trataras a los compañeros como basura.
— Tienes la suerte de que para entonces no me agradaras — aclaró serio colocando sus brazos detrás de su nuca, cerca del refrigerador.
Ops. Exclamó en sus pensamientos Kagome. Ahora ella había metido la pata. Se suponía que no debía dar pie a ese tipo de conversaciones, debía parar esa plática ya.
— Que cosas — murmuró nerviosa cruzando los dedos por detrás de su espalda — Lo que quiero decir es que esa vez les dije a mis padres que iría a casa de Ayumi a una pijamada. Mi padre se puso muy insistente en ir por mí a su casa, no me creía cuando le dije que iría a casa de una amiga así que supongo que quería comprobar que le estuviera diciendo la verdad.
— ¿En serio? — preguntó asombrado. Para él, el padre de Kagome era obsesivo, acababa de comprobarlo hace tres días cuando fue a pasar a su casa para irse a un bar. El hombre mayor casi quería clavarle un puñal en el pecho cuando le abrió con mala cara la puerta — ¿y qué hiciste?
— Nadie se dio cuenta de que tramaba con Ayumi, pero esa vez en medio de la fiesta salimos a conseguir unas pijamas a una tienda. Por suerte no era tan tarde y había locales abiertos cerca de tu casa.
El muchacho comenzó a reír divertido, imaginando la situación loca por la que pasaron aquellas dos con tal de engañar al padre de Kagome.
— Nos vimos obligadas a hacer aquello porque mi padre me amenazó con venir a cerciorarse de que todo estuviera bien en su casa. La verdad para no hacerte el cuento tan largo. Regresamos Ayumi y yo, nos cambiamos en un baño público y nos sentamos en los escalones de tu casa a esperar a mi papá, en pijama. Yo creo que a los quince minutos llegó en su auto. Por supuesto que fue sospechoso el volumen de música que había atrás de nosotras pero se conformó con decirle que era la hermana de Ayumi la que tenía la música. Quería conocer a los padres de mi amiga pero logramos convencerlo para que se fuera argumentando que se habían ido a comer a un restaurante.
— Todo me parece absurdo — dijo con una sonrisa maliciosa, cruzando los fuertes brazos.
— ¿No me crees? — arqueó las cejas, curiosa.
— Por supuesto que te creo. Tu padre te sobreprotege demasiado. Eres como su tesoro más preciado — se giró dándole la espalda. Ahora sacaba de los cajones de la cocineta unos sobres de té para preparar la bebida.
— Tal vez parezca un poco mala — mencionó con una sonrisa apenada, apoyando las manos en una silla — Pero en ocasiones quisiera no tener padre.
— No sabes lo que dices — el timbre de su voz sonó hostil y más grave de lo normal tanto que dejó petrificada a la muchacha.
Al poco rato, recuperó su suave voz.
— Lo siento. Es que el sentimiento es inevitable — manifestó sintiéndose algo nostálgica.
Por meses había tenido ese deseo cruel de no tener a su padre a su lado, pero eso solo sucedía cuando tenían los dos, fuertes discusiones. Luego se arrepentía de ese pensamiento y sollozaba a causa del remordimiento.
A ella le llegaba esa tristeza y se daba cuanta de la estupidez que deseaba cuando se acordaba de todo lo mal que se sintió Inuyasha cuando perdió en un accidente a su padre. Tenían años que eran vecinos, desde que eran unos niños y para ella en el pasado fue común verlo frecuentemente sentado en el escalón exterior de su casa, triste y desolado. Jamás vio que su madre se acercara a consolarlo, a lo mejor ella había pasado por la misma situación de depresión y duelo por eso casi nunca salía de su casa. Cuando se cansaba de estar afuera Inuyasha, recurría a caminar como un vagabundo quien sabe hacia dónde, exponiéndose a los peligros y riesgos que representaba la calle siendo apenas un niño de diez años.
— Siéntate — la oración fue consideraba más como una orden que un ofrecimiento o sugerencia. Entonces Kagome notó la molestia en Bankotsu. Había dado con sus duras palabras en el clavo. Aunque fuera cruel tenía que aprovechar que había hecho una pequeña herida en el muchacho para poder adentrarse en su interior.
— ¿Jamás has peleado con tus padres? — preguntó tomando asiento detrás de la mesa redonda. Temerosa de provocar en él un enfado mayor.
— ¿Por qué me haces esa pregunta? — alzó un poco más la voz escuchándose forzado lo que decía, controlando sus ganas de correrla de su casa. Aún le daba la espalda, no quería que ella viera lo que le afectaba sus palabras.
— ¡Porque me estás juzgando! — ella también alzó la voz pero a un volumen menos moderado. Ella no tenía reparos en exponer su enfado. Era un libro abierto de todos modos, Bankotsu o cualquiera podría leer en sus ojos la ira.
Si había algo que la irritaba eran las personas como él o como Inuyasha que la juzgaban sin saber, que se hacían ideas erróneas sobre su persona, que creían que era de tal forma solo por haber intercambiado unas cuantas frases en la vida. Nadie la conocía bien.
— Nadie te está juzgando. Yo solo digo que nunca has experimentado lo que es verdaderamente sentirse solo. Tal vez tu padre no te comprende pero lo tienes contigo para lo que sea que necesites…en cambio yo…— apretó la quijada notándolo Kagome — por más que lo busque no me dejan verlo. Se supone que por ser de la misma sangre también debo apoyarlo, aunque él no pueda hacerlo conmigo.
— Es la primera vez que escucho hablar de tu padre — habló tranquilizándose.
— No suelo hacerlo porque a nadie le compete mi vida. Lo único que importa es lo que ven por fuera no lo que hay por dentro. Pero no te equivoques, en parte es así porque no me gusta que la gente sepa de mis debilidades.
— Que la gente sepa por lo que pasas no te hace débil
— No, pero te expones a que la gente te ataque.
Es exactamente lo que le estaba sucediendo a ella. Con la diferencia de que a Bankotsu todavía no lo atacaban, a ella a Inuyasha ya la tenía entre la espada y la pared, con un cuchillo en el cuello. Fue precisamente por la misma razón que Bankotsu que ella no platicaba del todo sus problemas familiares. Sus amigas sabían que su familia se estaba volviendo más disfuncional cada día pero no el trasfondo de las cosas. Había una madre infiel y un padre indiferente como responsables de que la familia se fuera al pique.
— ¿Dónde está tu padre? Porque no te puedes acercar a él.
— Pensé que habías entendido — sonrió de medio lado enfrentándose a verla cara a cara. Apoyó su cuerpo en la cocineta.
— Me doy una idea.
— Entonces…
— ¿Podría ser que este encerrado en una asociación de alcohólicos? — dijo Kagome para despistar al enemigo. Claro que no le diría que sabía que su padre estaba pagando una fuerte condena en prisión. Se vería muy sospechosa y empezaría a cuestionarla Bankotsu. Lo peor es que cuando la presionaban para hablar soltaba la sopa. Era riesgoso.
El moreno se rio a carcajadas. Ya quisiera él que su padre estuviera encerrado en un lugar por cuestiones de adicciones, pero no, era algo mucho peor.
— Está en prisión — mencionó secándose con un dedo una lagrimilla del ojo producto de las risas — no me dejan verlo porque soy menor de edad. Dicen que no es apropiado ver algo tan fuerte a mi edad porque puede ser traumático. Pero yo digo que a mis 17 años está bien como para conocerlo.
— ¿Cómo? ¿No lo conoces?
— Mis padres nunca se casaron. Él siempre estuvo de vago aquí o allá. Cuando venía a buscarme siendo un niño no lo hacía en las condiciones apropiadas así que mi mamá no lo dejaba entrar ni asomarse por la puerta de la casa. Yo solo escuchaba que ella discutía muy molesta con alguien pero no sabía que era mi papá. Supongo que ella solo quería protegerme evitando que viera a mi padre de esa forma, borracho o drogado. Le hizo hacer a mi madre muchos corajes porque quería llevarme con él. A pesar de los esfuerzos de ella — cerró los ojos concentrándose en lo que iba a decir — enfermó un día de cáncer. Cuando murió el único que podía hacerse cargo de mi era él así que las autoridades lo buscaron y él se mudó a mi casa. Sin embargo no fue lo mismo. La verdad no fui nunca feliz a su lado, tampoco a lado de mi madre pero por lo menos con ella tenía paz. Mi madre era una buena mujer e intentaba darme lo mejor a pesar de nuestras carencias pero siempre sentí que me faltaba una figura paterna. Jamás se lo dije para no hacerla sentir mal pero me daba cuenta que cuando le preguntaba por mi padre se ponía triste. Me contaba historias fantasiosas donde decía que él era un buen hombre que estaba de viaje en otra ciudad para que yo no me decepcionara de él. Pero bueno — abrió los ojos sonriendo débilmente de nuevo — las verdades siempre salen a flote.
Kagome sintió un nudo en la garganta que le provocaba ardor. La historia de Bankotsu no era difícil de comprender. Su familia a diferencia de ella siempre fue disfuncional por eso él no conocía otra vida que no fuera la infelicidad. Pudiera ser el chico uno de esos casos que leía en libros donde decía que las personas conflictivas eran así por el ambiente en que se desarrollaron. Él siempre necesitó alguien que lo guiara y lo instruyera en el buen camino, pero al morir su madre se interrumpió su educación por eso no tenía moral.
Ella estaba en medio de una situación complicada.
Bankotsu parecía verla después de su confesión como el baúl donde podía depositar sus secretos, un baúl con llave. No quería hacerle una copia de esa llave a Inuyasha para que él pudiera tener acceso a esos secretos.
El que es digno de confianza merece todo el respeto. Pero también había que cumplir siempre con lo prometido para no ser desleal. Aun así…no podía llamarse amigo aquel que suplica en silencio que desahoguen sus angustias y ansiedades, si después va a ir soplando las palabras en el viento.
Continuará...
