Not sweet at all
Especial I.I
Shaoran P.O.V
Para cuando terminó la universidad yo había vuelto al mismo estado deplorable en el que me encontraba cuando llegué a Tomoeda. Yokozawa fue mi última novia de la universidad. Como un proyectil que va perdiendo impulso luego de ser lanzado, mi segunda oleada de lujuria y desenfreno dejó de satisfacerme. De nuevo estaba en ese terrible letargo en el cual parecía imposible para mí diferenciar un hoyo en la pared de una vagina, claro que Yokozawa notó esto sobre todo porque ya ni siquiera ponía interés en nuestros encuentros románticos. El mundo de pronto volvió a parecerme aburrido y sin sentido, lo único que encontraba interesante eran esas salidas con Kimura, ella no me veía de esa forma, para ella yo simplemente era ese mejor amigo que la escuchaba "atentamente" a pesar de que sus problemas parecían no importar a nadie más. A veces le gustaba preguntarme por Sakura, al principio me sentía incómodo hablando sobre ello, como si estuviera jugando con la costra de una herida que quería cerrar pero mientras más hablaba de ella más me daba cuenta de que quizá lo que ella necesitaba no era un novio sino alguien que le dijera qué hacer, alguien como Tomoyo que, aunque en la dirección equivocada, logró darle un motivo para vivir. Me sentí decepcionado de mi mismo al notar que yo simplemente había impuesto mi existencia sobre su persona y ella, recién arrancada de los brazos de la muerte, hubiera aceptado a cualquiera que pareciera tenderle una mano. Eso explica el por qué incluso Yue pudo haber tenido una oportunidad.
Después de la ceremonia de graduación Kimura se mudó a Fukuoka, el día de su partida la acompañé a la estación de autobuses para darle un abrazo de despedida y un pequeño ramo de flores, aún recuerdo su cabeza saliendo por la ventana cuando el camión arrancó llevándose a mi mejor amiga y a nuestra amistad con él.
Fui el mejor de mi generación, aunque son pocas las veces que lo saco a relucir, por lo que varias empresas me contactaron en su insaciable búsqueda por lo mejor, me decidí por un pequeño buffet de abogados que parecía estarlo haciendo muy bien a pesar de solo llevar cinco años existiendo. Me recibieron con una pequeña oficina en la primera planta, no había más que una ventana y un escritorio de madera prefabricado cuando llegué pero me prometieron que si lo hacía bien quizá en un año lograría obtener una de las codiciadas oficinas en la planta alta. A veces, solo para inspirarme y encontrar motivación, subía a verlas, eran enormes con piso de madera, ventanales que daban a la ciudad y escritorios de caoba que aún olían como si estuvieran en el bosque.
Cuando junté el dinero suficiente lo primero que hice fue volar a China con la intención de comprar una casa nueva para mi madre, ella seguía viviendo en el departamento de un solo cuarto en el que la dejé cuando me fui y no estaba dispuesto a dejarla allí cuando podía comprarle una casa, quizá no una como la que recuerdo de mi infancia, con un jardín lleno de rosas y más de diez cuartos para las visitas, pero un lugar que no estuviera en un edificio que parecía a punto de caerse.
Tuve la suerte de encontrar una casita cerca de una de las zonas residenciales de Hong Kong, una agente de bienes raíces hizo el trato por mí, incluso me consiguió un mejor precio, así que al llegar a casa llevaba las escrituras en un maletín que abracé todo el camino como si en eso se me fuera a ir la vida. Al llegar mi madre me recibió más calurosamente de lo que pude haber esperado, me abrazó hasta casi sacarme todo el aire de los pulmones e incluso derramó algunas lágrimas.
-Has crecido mucho – dijo mientras estrujaba mis brazos y les daba palmaditas como para comprobar que yo no era un holograma.
-Mi tía me daba leche todos los días – respondí con mi mejor sonrisa a pesar de que lo que más quería era llorar igual que ella. No lo hice porque quería demostrarle que ya era un hombre maduro e independiente, en lugar de eso le pasé un brazo por los hombros y conduje su pequeña figura al interior.
-El elevador no sirve – como siempre, añadí mentalmente – vamos por las escaleras – hice un ademán para que ella subiera por delante, por suerte no traía mucho equipaje. Subiendo detrás me di cuenta de que su espalda se veía más pequeña como si mi querida madre, aquella mujer imponente que luchó hasta el final por el legado de su esposo, se hubiera encogido.
El departamento estaba igual que antes, como si el tiempo se hubiera detenido el día que decidí que era suficiente, solo las cortinas parecían estar más rotas.
-Tengo un poco de pescado y sopa. Los calentaré – la vieja máquina de coser seguía arrumbada en un rincón, había una camisa a medio hacer metida entre la aguja y la mesa.
-¿Aún haces camisas? – ella puso un plato de sopa frente a mí y sonrió.
-Sí, las llevó a vender al mercado como siempre.
No pude soportarlo más. ¿Qué clase de vida era esa? ¿Cómo había podido cambiar las joyas por curitas y los vestidos por delantales? ¿Todo fue por mí?
Di un puñetazo sobre la mesa y con un escozor extraño en los ojos comencé a comer, mis papilas gustativas reconocieron el sabor de esa sopa, mis neuronas en seguida lo asociaron con las innumerables resacas de las que me había sacado.
-Hay un lugar al que me gustaría llevarte
-Debo trabajar en una hora, podríamos ir después – el escozor se hizo más intenso.
-No necesitas trabajar más, me ha ido muy bien en mi trabajo así que de ahora en adelante enviaré dinero cada mes.
Un pesado silencio inundó la habitación, comía mi pescado más por hacer algo que por tener hambre.
-No quiero depender de ti Shaoran – una mirada de dolor cruzó su rostro, sabía lo que estaba pensando, que una vez dependió de alguien y cuando esa persona desapareció no le quedó otro remedio que caer hasta el fondo y escalar, aunque no pudo escalar muy alto.
-No dependerás de mí, puedes buscar otro empleo uno donde no te lastimes las manos – ella miró sus manos un largo rato, como si hubiera olvidado todos esos curitas que tapaban las constantes heridas. Meditó la situación con toda la serenidad que siempre lograba despertar en mí una admiración ciega y luego se dedicó a mirarme comer como si eso no fuera una acción humana de lo más común. Me costaba masticar apropiadamente bajo su escrutinio, incluso me senté correctamente al recordar todas esas veces que de pequeño me hizo notar que mis hombros estaban caídos.
-Iré contigo – terminé mi sopa, una genuina sonrisa de felicidad cruzaba mis labios aunque traté de seguir pareciendo un adulto serio – en serio Shaoran, creo que a pesar de todo te consiento demasiado. Debí haber tenido más hijos.
No esperé ni un minuto más, sorbí lo que quedaba en mi plato y, antes de que cambiara de opinión, tomé mi chaqueta y salí del cuarto. Viajamos quizá media hora en taxi hasta el vecindario, el coche se estacionó frente a la casita.
-¿A quién venimos a visitar? – escéptico le di una sonrisa torcida e hice girar las llaves en mi dedo índice. Vi su cara desfigurarse de sorpresa así que me apresuré a abrir la puerta, la llave crujió en la cerradura y el olor a lugar deshabitado me dio la bienvenida, estaban colocados los muebles que logré conseguir en una semana así que no había tanto eco, aun así mi imaginación se extasió imaginando todas las cosas que podrían pasar allí en un futuro. Quizá mi madre conocería a mi esposa, vería a mis hijos crecer…aunque claro eso en el caso de que lograra tener una vida amorosa estable lo cual llevó mis pensamientos por rumbos de cierta índole que trataba de evitar a toda costa.
-No es muy lujosa pero sin duda es mejor que el cuarto en el que vives – no obtuve respuesta a mi explicación, preocupado me di la vuelta tan rápido que por poco tropiezo con mis propios pies – ¿madre?
Una pequeña e insignificante lágrima corrió por su mejilla, si no hubiera volteado tan rápido me lo hubiera perdido ya que apenas había llegado a la comisura de sus labios ella la limpió. Se acercó a mí y me dio un abrazo y, a pesar de ser mucho más grande que ella, me sentí protegido y a salvo en aquel cálido gesto.
-Gracias – oculta en mi hombro derramó algunas lágrimas, mismas que no estaban destinadas a ser vistas sino sentidas. La felicidad es algo que se siente aunque en mi caso se parecía mucho al alivio. Al fin había podido lograr lo que me propuse al salir de Hong Kong tantos años atrás.
Permanecí algunos días con ella, ayudándola a mover todas sus cosas a su nuevo hogar, incluso hicimos planes para construir un jardín en el patio trasero donde por el momento solo había tierra, le dije que cada vez que la visitara llevaría una flor a casa, la idea la emocionó tanto que por un momento me pareció estar viendo a una quinceañera antes de salir en su primera cita.
Al regresar a Japón puse todo mi empeño en ser un mejor abogado, quería ganar más dinero para así poder enviar más a casa, comencé a reclutar clientes que poco a poco se fueron volviendo importantes para la firma hasta que un año después me encontré con la noticia de que podía ocupar una oficina con mejor vista y un escritorio que no se tambaleaba cuando tecleaba en la computadora, incluso me fue asignada una secretaria que servía mi café cada mañana antes de que yo pusiera un pie en el edificio. Siempre tuve curiosidad por saber cómo conseguía que el café siguiera caliente aunque parecía que ella lo había servido hacía horas a juzgar por la calma con la que siempre la encontraba trabajando.
Eriol comenzó a trabajar para una constructora, con todo ese carisma endemoniado que posee no le costó mucho escalar en menos de medio año a lo que yo consideraría un puesto decente. Sus padres casi nadaban en dinero así que no tenía que preocuparse por ellos, creo que la despreocupación era mutua, así que todo su sueldo lo gastaba en bares, antros, regalos para chicas que deseaba poseer y ropa costosa. A veces me daba por decirle que esa vida no le dejaría nada bueno pero él siempre eludía ese tipo de conversaciones mencionando que el tipo de vida que yo intenté llevar tampoco había tenido muy buenos resultados.
Terminamos viviendo juntos cuando sus vecinos no pudieron soportar todo el ruido nocturno que hacía y decidieron presentar una queja al dueño. Cual perrito mojado lo encontré un día esperando en mi puerta con nada más que una maleta a su lado, al principio el arreglo fue que se quedaría un par de meses pero al final su compañía no resultaba tan terrible a pesar de que más de una noche tuve que pedirle prestados sus tapones para los oídos.
Kimura volvió dos años después de su partida. Fue un lunes como cualquier otro lleno de papeles por leer y gente de mal humor que deseaba que sus problemas fueran resueltos de la nada como si yo tuviera una varita mágica y pudiera desaparecerlos con ella. Me aflojé la corbata y dejé que todo mi peso cayera sobre el respaldo de la silla, esta se inclinó un poco, miré mi reloj de muñeca, la manecilla estaba por llegar a la hora en punto "¡hora de la comida!" gritó mi voz interior. Me quité la corbata por completo y salté de mi asiento, ya estaba pensando en los fideos que pensaba comer cuando el teléfono comenzó a sonar. Lo miré como si fuera mi peor enemigo, pensé en no contestar, pero al final oprimí el botón y dejé que el altavoz me evitara la cansada tarea de levantar la bocina.
-Shaoran Li ¿en qué puedo ayudarle? – el silencio al otro lado de la línea me hizo pensar que habían colgado.
-Hola extraño – era la voz de una mujer.
-Jaja voy a colgar
-¡Espera no! ¡Dios! Sigues teniendo un sentido del humor muy parco – una risita inundo la habitación, me senté en el escritorio ya sospechando de quién se trataba.
-¿Kimura? – ella volvió a reír.
-¡Lotería! Pero tardaste más de lo que esperaba, me debes unos fideos del lugar especial.
-¿Cuándo vas a volver?
-Estoy afuera – volví a pulsar el botón, el sonido cesó. Afuera mi asistente aún tecleaba en su computadora, parecía no haberse dado cuenta de que todo mundo a su alrededor ya no estaba ahí.
-Es la hora de comer – le avisé, ella alzó la mirada sin comprender – no regresaré después de la comida, agenda todas mis citas de la tarde para mañana.
Ella asintió aún perdida, no esperé a que saliera de su estupor, bajé las escaleras de dos en dos y al llegar a la puerta casi me estrello con el cristal, fue la primera vez que noté lo lento que abren las puertas automáticas. Al otro lado de la calle una mujer con cabello castaño y ojos verdes me saludó, su melena estaba trenzada pero no era difícil notar que estaba más largo que la última vez.
Regresé el saludo y miré impaciente el semáforo que seguía en rojo, cuando al fin cambió me abrí paso entre la multitud aunque no tenía ni idea de lo que diría cuando estuviera a unos centímetros de ella. Llegué a su lado y por un momento me quedé parado mirándola, tratando de asimilar que mi amiga estaba de vuelta.
-¿Qué haces aquí? – fue la primer cosa que dije aunque no lo que estaba pensando exactamente.
-Bueno, a mí también me alegra verte. Normalmente la gente se saluda antes de cuestionar su presencia.
-Lo siento
-Vine a visitar a un familiar, ya lo hice así que pensé en visitar a mi amigo. Era una sorpresa.
-Pues lograste sorprenderme – una pequeña sonrisa hizo que la tensión de ambos disminuyera, es sorprendente que dos años de separación nos hubieran cambiado tanto, no tenía idea de qué decir o cómo comportarme, así que simplemente saqué las llaves de mi coche del bolsillo y las agité.
-¡Fideos! – gritó ella mientras alzaba los brazos como si se encontrara en la montaña rusa. Subimos al coche, ella estaba tan familiarizada con él que incluso sabía que el cinturón de seguridad debía ser jalado dos veces antes de que este cediera. Miró un momento la tapicería y luego comenzó a reír mientras yo ponía en marcha el auto.
-No puedo creer que esta mancha siga aquí – seguí el camino de su mirada y noté aquella mancha naranja que el chico del autolavado había catalogado como imposible de quitar.
-Fuiste tú quien tiró su pollo pekín
-En su defensa diré que ese pollo era realmente delicioso – se lamió los labios y luego sus ojos se iluminaron – ¡vamos a comer pollo pekín!
-Dijiste que querías fideos – protesté, el tránsito a esa hora era terrible hacia el centro que era precisamente donde estaba el famoso lugar del pollo.
-Cambié de opinión, vamos…solo estaré unos días aquí – puso cara de sufrimiento y no pude contradecirla, di vuelta en el primer retorno que se me presentó y me sumergí en el infernal caos de la ciudad. En el camino conversamos un poco sobre lo que había sucedido al separarnos, al parecer ella estaba más o menos en la misma situación que yo, una estrella en ascenso, solo que su vida amorosa era un poco menos escasa, por no decir inexistente, y tenía un novio llamado Hiroshi con el cual llevaba cuatro meses.
El restaurante era un lugar pequeño con apenas dos mesas de plástico, una estaba ocupada así que al ver que la segunda estaba libre Kimura suspiró aliviada.
-Parece que esta vez tu coche está a salvo de manchas
El cocinero parecía recordarnos, seguramente de aquella vez que decidimos que embriagarnos en un restaurante chino era buena idea. En cuanto llegamos nos dijo que sacaría su mejor sake, aunque nosotros nos negamos varias veces. Nuestro ansiado pollo estuvo acompañado por una dotación inagotable de sake que el dueño nos veía felizmente ingerir, incluso un poco antes de cerrar se sentó un rato a beber y conversar con nosotros, sobretodo de la cantidad de tonterías que hicimos de jóvenes en ese mismo lugar.
Me reía tanto que incluso derramé el sake sobre la mesa y el dueño casi se cae de espaldas al recordar que ya una vez me había pasado lo mismo, Kimura aderezó la historia recordándole que aquella vez el sake cayó en mis pantalones.
Nos fuimos a las doce de la noche, Kimura estaba en un estado no muy favorable así que tuve que casi arrastrarla al coche, la senté en el asiento del copiloto y fui a pagar la cuenta, luego de subirme puse el coche en marcha y di algunas vueltas a la espera de que mi acompañante se dignara a despertar. Al pasar el restaurante por quinta vez decidí que no podía seguir así, moví un poco su hombro y ella se reincorporó como si le acabara de picar el brazo con un alfiler.
-No me dijiste nunca dónde te estás quedando – ella entrecerró los ojos y me miró como si yo resplandeciera y no fuera capaz de verme directamente.
-Vamosh a casha – fue lo único que logró decir antes de caer sobre mi hombro. Comenzó a resbalar a los cinco segundos así que la empujé suavemente hacia la ventana donde al menos parecía guardar un poco mejor el equilibrio.
Opté por llevarla a mi departamento aunque no fue nada fácil llevarla hasta el elevador y menos de este a mi cuarto, dejarla en la cama fue una de las proezas físicas más grandes que he realizado en mi vida. Cuando al fin lo logré tuve que sentarme en el colchón unos minutos a descansar, ir al gimnasio entró en mis propósitos navideños en ese momento.
Estaba por levantarme para ir a dormir al cómodo sillón de la sala cuando algo me hizo volver a caer en el mismo sitio del que me acababa de levantar. Miré detrás de mi hombro esperando encontrarme con que mi manga se había enganchado en la cabecera de la cama, pero lo único que vi fue la mano de Kimura jalando mi manga.
-Quédate a dormir conmigo – una pequeña sonrisa irónica se formó en mis labios.
-No me digas que le tienes miedo a la oscuridad – pretendía que fuera un chiste pero ella lo tomó muy en serio, se arrodilló en la cama y abrazó mi espalda, podía sentir claramente su pecho subir y bajar con cada respiración.
-Tengo miedo de que nunca me veas como una mujer – sus palabras ya no sonaban tan arrastradas, aun así opté por tomar todo lo que decía como las palabras de una persona ebria.
-Vamos, ya sabes que el alcohol a veces le hace estas cosas a la gente. Como creer que te gusta tu mejor amigo cuando tienes un novio esperando por ti.
-¡No tiene nada que ver con el alcohol! – verla perder los estribos logró que se me bajara la borrachera, ella se aferró aún más a mi espalda – todos lo sabían, que yo estoy enamorada de ti y tú siempre preferiste ignorarlo.
Una salada lágrima de amargura cayó en la colcha, no podía ver su rostro pero casi podía imaginar lo que me encontraría. La habitación estaba oscura y sus lágrimas comenzaban a mojar mi camisa, nunca me había parado a pensar en si ella me quería o no, simplemente había decidido que YO no quería usarla como a todas las demás, que se parecía demasiado a Sakura como para amarla y no confundir a mi estúpido cerebro. Las lágrimas cesaron. Giré mi cuerpo para abrazarla, para decirle que aunque no podía corresponder sus sentimientos para mí ella siempre sería una persona muy importante, aunque en otro sentido. Pero sus labios fueron mucho más rápidos y con un suave tacto hicieron acallar todos esos pensamientos confusos que inundaban mi mente.
La besé y lo hice como lo había hecho con todas esas chicas que no valían la pena, me sentí mal por hacerlo, abrí los ojos y detuve abruptamente el beso.
-Kimura…yo – entonces ella abrió los ojos y me miró como si quisiera desnudar mi alma. Con esos ojos que tantas veces me habían convencido de que todo estaría bien, los mismos que alguna vez me miraron sonrientes y soportaron todas mis estupideces.
-Shaoran, te amo y no puedo olvidarme de ti. A pesar de estos años sin vernos y de haberlo intentado. Incluso…rompí con Hiroshi antes de venir aquí, te quiero a ti – Los ojos que ahora derramaban lágrimas de amor por mí. Tomé su rostro como si se tratara de una joya y la besé, esta vez con cuidado y un poco de… ¿Amor? ¿Lástima? ¿Ternura? No sé qué era eso que sentía retorcerse dentro de mí, pero identifiqué claramente el alivio que sentí al escucharla sonreír contra mi boca.
-Te quiero Shaoran
Esa noche ella me tomó entre sus brazos como si se tratara de un muñeco roto, me amó y dejó que yo la amara tanto como me fuera posible. Al despertar al día siguiente ella me dio los buenos días con una radiante sonrisa, había olvidado lo reconfortante que era verla con esa clase de expresiones y sobre todo lo cómodo que era saber que ella estaba ahí.
-Te ves guapo incluso cuando despiertas. En serio, ¿hiciste alguna clase de pacto con una entidad no deseable? – me reí un poco, también había extrañado esa clase de humor.
-La verdad hice un pacto con una bruja de nombre Sakura, ahora soy inmortal porque ella se llevó mi alma.
Su sonrisa se desvaneció tan rápido como había aparecido y en su lugar una sombría expresión me dio a entender que mi chiste no era bien recibido. Ella dio media vuelta en la cama y se sentó en la orilla, ya no podía ver su cara pero estaba casi seguro de que su boca era una fina línea de tanto apretar.
-Sé que esto puede llevarme una eternidad pero prometo que te haré olvidarla – torció su tronco a la derecha y me dejó apreciar un poco del fuego que ardía en su interior y parecía querer desbordarse por sus pupilas. Yo solo pude sonreír, no estaba muy convencido de aquella promesa quizá porque yo en verdad no buscaba olvidar sino reconciliarme con esos recuerdos.
Kimura se fue al día siguiente con la promesa mutua de que seguiríamos con una relación a distancia, era lindo verla por Skype y conversar por horas sin todos los problemas y obligaciones de una relación normal. Aprendí a amarla durante esas largas horas pegado a la computadora, a amar los días felices que me regalaba y las incontables noches de conversaciones sin fin. Medio año antes de que mi camino volviera a coincidir con el de Sakura, Kimura se mudó a Tokio y así fue como comenzó lo que yo llamaría nuestra relación verdadera. A veces, en verdad pienso que ella ha llenado cada uno de mis pensamientos, que al fin pude olvidarme de mi estúpida obsesión con aquella chica…pero analizando a fondo mi mente, es como si alguien hubiera pegado muy en el fondo una fotografía suya, una en la que se ve radiante y llena de vida, una donde me ve con esos ojos verdes y me promete que algún día volveremos a vernos.
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Notas de rainy:
Hola queridos/as lectores/as! Sé que desaparecí una eternidad y sé que muchos habrán perdido el interés en la historia, pero si alguien sigue por ahí quiero decirle que los extrañé muchiiiisimo! Y espero sigan leyendo. Prometo ponerme al día a escribir y no abandonar tanto tiempo mis pasatiempos n_n.
¿Qué les pareció el capítulo? Me pareció un buen puente entre el capítulo anterior y el siguiente, sobre todo por lo que pasó antes (si lo recuerdan) Creo que este será el último capítulo especial desde el punto de vista de Shaoran ¿les gustaría saber qué pasó con Sakura también? Pues déjenlo en los comentarios ya saben que se aceptan peticiones, reclamos y criticas (no muy agresivas).
Nos leemos pronto!
