ACLARACIONES DEL CAPÍTULO.

*MIL MIL MIL Y MIL disculpas si les parece que mi loco les parece racista, se supone que es una víctima más de la segunda Guerra Mundial que solo recuerda que de pequeño las criaturas de ojos azules y las de piel blanca eran monstruos.

Colegio Saint Paul; Londres, Inglaterra; 15 de octubre: 1:17 am.

Dejó el humo salir lentamente de su boca mientras observaba el calmo fluir del río Támesis a través de la ventana de aquel salón de clases. Todo estaba oscuro en el interior del lugar, para no alertar a los guardias de un posible intruso. Le dio otra calada a su cigarrillo y lo dejó caer sin ningún cuidado sobre las cortinas que empezaron a hacer combustión al rededor de la colilla aun encendida. Cualquiera intentaría apagar el pequeño fuego, pero él solamente sonrió. Tomó a garrafa junto a él y empezó a derramar la gasolina que contenía en todo el salón, luego en los pasillos, las escaleras, pronto todo el suelo del lugar se hallaba empapado por el combustible mientras el hombre reía locamente, daba vueltas y bailaba al tiempo que murmuraba alegremente.

-London Bridge is falling down, falling down, falling down.- ya en la puerta principal lanzó descuidadamente el liquido sobrante y mientras reía sacó una pequeña caja de su bolsillo y encendió un fósforo -London Bridge is falling down, my fair Lady- susurró dejándolo caer a sus pies.

Pronto, todo el lugar ardió en llamas que crecían cada vez más y más mientras bailaban un silencioso compás. El hombre reía al ver su obra maestra reflejada en sus ojos negros. Pasó su mano por su frente sudorosa para quitar algunos mechoncillos castaños y rizados que se pegaban a su rostro moreno y entre carcajadas se alejó del lugar dando saltos de alegría y cantando alegremente -London Bridge is falling down, falling down, falling down. London Bridge is falling down, my fair lady-

Las sirenas de los camiones de bomberos no tardaron en llegar ante las llamadas de los asustados residentes aledaños al lugar y en cuestión de instantes el fuego empezó a ser atacado por el agua de las poderosas mangueras a presión -no, no, no, no, no, no lo hagan ¡NOOOO! ¡Malditos sean! ¡Malditos Brujos!- gritaba desesperado el hombre desde un callejón cercano al ver como los valientes bomberos destruían su gran obra maestra -¡AAAAAHHHHHH! ¡LOS MATARÉ! ¡LOS MATARÉ A TODOS LOS PIEL BLANCA Y A TODOS LOS OJOS AZULES!- apretó sus puños con ira y se volvió a ocultar en las sombras.

Mansión Hellsing; 7:05 am.

"en otras noticias, hoy se ha reportado un nuevo caso del 'caza-escuelas' cuando al parecer según fuentes policiales incendió el colegio de Saint Paul en horas de la mañana. Los investigadores siguen buscando pistas y..." la voz de la reportera fue repentinamente interrumpido por Sir. Integra al apagar el televisor de su oficina con el ceño profundamente fruncido.

-este ya es el tercero del mes-

-¿Sucede algo, Sir. Integra?- preguntó Walter entrando con una bandeja y su desayuno.

-me preocupa este asunto del "caza-escuelas"-

-no creo que haya de qué preocuparse, tanto la señorita Amelia como el joven Diego saben defenderse bastante bien- comentó poniendo la comida frente a ella sobre su escritorio.

-no lo sé Walter. Tengo un mal presentimiento- murmuró viendo su reflejo en su taza de té.

Mientras tanto en el comedor

-no entiendo como lo haces Ame, ¡Esos Problemas Son Imposibles!- comentó Diego mordiendo una galleta.

-Bah- murmuró antes de tomar un sorbo de café con su mano izquierda mientras que con su mano derecha resolvía la tarea de álgebra de su amigo distraídamente, ya se sabía las respuestas de memoria. Escribió un par de cosas más y le pasó el cuaderno a su amigo -listo, 10 ejercicios de teorema de seno y coseno y 15 de funciones con gráficas, como lo prometí-

Él sonrió. Tomó su cuaderno y lo metió a su maleta que estaba junto a él y de paso sacó una carpeta blanca -y aquí tu trabajo de filosofía 17 páginas sobre el psicoanálisis y la vida de Sigmund Freud, como lo prometí- suspiró -estoy seguro de que esto lo habrías podido hacer tú misma ¿Por qué me pediste que te lo hiciera a cambio de lo de mates?-

Amelia tomó su trabajo y lo metió a su maleta antes de encogerse de hombros -elemental, mi querido Diego, la razón es simple y llanamente que me dio flojera-

-típico- murmuró después de acabar su jugo de naranja -mejor nos vamos antes de que se nos haga tarde- dijo levantándose y tomando ambas maletas.

-ya voy, ya voy- respondió levantándose y siguiéndolo al auto donde los esperaba Walter.

Real Colegio Reina Isabel II; Cuarta Hora de Clase.

-hey pásame la seis- le susurró Annie a Keiko, quien estaba sumamente concentrada realizando el examen de historia.

-falso, Italia- respondió sin despegar la vista.

El salón se hallaba en completo silencio mientras los estudiantes resolvían aquella dura prueba sobre la primera y segunda guerra mundial, así que pasemos a centrarnos en otro lugar. En esos momentos el laboratorio de química se hallaba desocupado y extrañamente con el suelo empapado de un líquido amarillento. Un desgarbado hombre vestido con ropas sucias y rotas, guantes sin dedos y gorro para el frío otoñal, salía del lugar y caminaba hacia la salida del edificio por el pasillo, dejando tras de sí un camino de aquel líquido. Al salir encendió un fósforo y lo dejó caer al interior del lugar. La combustión y el fuego no se hicieron esperar.

Silenciosamente las llamas empezaron a extenderse por la primera planta, alimentadas por aquel líquido.

Sebastián levantó ligeramente su nariz y disimuladamente olfateó el aire -...huele a... ¿Gasolina?- susurró con el ceño fruncido antes de que la alarma de incendios se activase alertando a todo el mundo. Algunos estudiantes se levantaron de sus asientos, otros gritaron y otros se quedaron congelados en sus lugares.

-¡calma muchachos, recuerden los simulacros!- ordenó con urgencia el maestro -¡Tomen Sus Pertenencias Importantes Y Salgan En Orden! ¡RÁPIDO! ¡Dejen Sus Maletas!- añadió palpando la puerta antes de abrir la puerta, comprobando que afortunadamente, al menos para ellos, el fuego no se había extendido hasta ellos. En cuestión de segundos sus alumnos ya tenían sus celulares y documentos en las manos -¡vamos, síganme!- ordenó caminando velozmente hacia las escaleras mientras veía que al mismo tiempo los otros grupos de su piso salían de sus aulas, atestando rápidamente el corredor -¡NO se precipiten!- gritó a los estudiantes tras de él, quienes ante la incertidumbre empezaban a caminar más rápido y a empujar a los de adelante.

-cálmate Helen, todo saldrá bien- le dijo Alphonse a la rubia poniéndole una mano sobre el hombro en vista de que se la notaba bastante nerviosa y tensa e incluso con algunas lagrimillas en los ojos mientras buscaba con la mirada a su hermana.

-no lo sé Al... Temo por Deneve- replicó asustada puesto no sabía del estado de su hermana ya que ésta se había ido al baño momentos antes de que la alarma se activase.

El pasillo se les hacía cada vez más y más largo, más aún cuando del salón de 1-D, que era el último antes de llegar a las escaleras, un pequeño objetó rompió una ventana y estalló al tocar el suelo. Los gritos no tardaron en oírse al ver que varios estudiantes y un par de maestros habían resultado bastante heridos -eso fue...- susurró Amelia

-...una granada- completó Diego serio al ver cómo su camino se veía interrumpido por los escombros resultantes, ya que la explosión se había llevado parte del suelo, el techo y las paredes del pasillo frente al 1-D, sin embargo, afortunadamente ya la mitad del edificio había evacuado, los de tercero se hallaban en el auditorio y los de segundo estaban en el gimnasio presentando las pruebas de estado físico, en esos momentos solamente los de primero estaban en sus salones, al estallar la granada solamente faltaba su salón por bajar y pilló a los últimos de 1-B, al profesor de 1-A y a otros 5 chicos que iban cerca a él -hay 9 víctimas que no sabemos si están vivos o no- comentó con urgencia pero en voz baja para que solo Amelia le escuchase.

Ella temblaba ligeramente ante el aun latente susto que había acarreado la explosión y ambos, al igual que muchos otros, seguían en el suelo, producto de la onda expansiva -tenemos que salir de aquí ahora- el ojinegro la ayudó a levantarse -somos 11 personas las que nos quedamos atrás- dijo contando a los que estaban con ellos, entre los que estaban ella misma, Diego, Helen, Alphonse, Sebastián, Annie y Keiko, y otros 4 chicos, Richard, Julián, Kevin y George, a quienes apenas conocía por Deneve, ya que formaban parte del equipo de rugby masculino y se la llevaban bien con sus 'hermanitas del deporte', como llamaban a las chicas del equipo femenino, aún así no es como si se relacionasen mucho entre sí.

-¡MALDICIÓN! ¡Qué %# $ Está Pasando!- gritó entre asustado y molesto George.

Frunció el ceño al ver cómo Alphonse abrazaba a una aterrada y llorosa Helen, mientras Annie y Keiko se cercioraban del estado de Sebastián, quien en un acto instintivo las había protegido con su cuerpo y tenía gran parte de su uniforme con varios cortes, tenía una herida un poco profunda cerca al nacimiento del cabello en la parte izquierda de su frente, que bañaba un cuarto de su rostro en sangre y le obligaba a mantener el ojo cerrado y otra en su brazo izquierdo así como una herida irregular en su espalda. Todos en la escena se hallaban heridos en mayor o menor medida, aunque la mayoría se trataba de simples rasguños, raspones, heridas que aunque sangraban no eran de consideración y uno que otro moretón, los más graves eran Sebastián y ella misma, quien se había doblado la mano izquierda al caer y al estar más cerca que nadie de la explosión tenía una fea quemadura quizá de segundo grado en su brazo derecho y una torcedura del tobillo izquierdo, que la obligaba a apoyarse en Diego para sostenerse en pie y caminar.

Desvió su mirada hacia el boquete que había hecho la explosión y vio como el primer piso se encontraba asediado por las llamas. Maldijo mentalmente su suerte.

-cálmense todos y enfríen su cabeza- ordenó Julián.

-el primer piso está hecho un infierno- informó Amelia acercándose al grupo apoyada por Diego

-tendremos que salir por las ventanas. Quien sea que haya lanzado la Granada está del lado de los salones así que por cercanía y seguridad debemos salir por las del pasillo- sugirió Richard.

-pero el fuego podría alcanzarnos por las ventanas del primer piso- replicó Annie ayudando a Sebastián a levantarse con ayuda de Keiko.

-tch. Tenemos que tomar el riesgo, no podemos quedarnos aquí- apremió Kevin acercándose a la ventana y abriéndola -podemos usar las chaquetas para no tener que saltar desde tan alto- su sugerencia fue aceptada por todos, quienes se quitaron sus chaquetas y amarraron las mangas para improvisar una cuerda, Sebastián y Laura se quedaron con las suyas por la dificultad que les representaba quitárselas, la amarraron a una viga salida que parecía que podría resistir -Alphonse, George y Richard son los más fuertes, bajarán primero y recibirán a las chicas y Sebastián mientras Julián, Diego y yo les ayudamos a bajar- ordenó tomando la "cuerda" y pasándosela a Alphonse.

Se asomó y se las ingenió para salir y pararse en la saliente de abajo de la ventana, afirmándose con sus manos bajó lentamente hasta que sus pies llegaron a la saliente superior de la ventana del primer piso y ágilmente saltó al césped bajo él, una vez estuvo nuevamente de pie sobre el suelo firme agitó los brazos para que los demás vieran que estaba bien e inmediatamente le siguió Richard. Una vez los tres estuvieron abajo salió Helen, quien con los nervios de punta y el frío otoñal azotándola bajó por la cuerda -¡Helen salta! ¡Te atraparé!- le pidió Alphonse ante la inseguridad de la rubia.

yo...-intentaba replicar aterrada antes de armarse de valor y saltar a los brazos del castaño, quien caminó un par de pasos hacia atrás, calculando para atraparla bien y afirmando sus pies sobre la tierra. Ella por su parte se sentía volando hacia él, completamente vulnerable en el aire, pero segura de que él no permitiría que se lastimase. Si... Él realmente era su mejor amigo, su confidente, pero... ¿Qué era ese calor en su rostro?...

Finalmente aterrizó y se llevó con ella al suelo al chico y ambos, a pesar de la adversidad de la situación y del miedo latente, rieron de buena gana durante un buen rato antes de levantarse y mirarse a los ojos, ambos eran de la misma altura, quizá ella era un poco más alta, así que no pudieron evitar perderse en los ojos del otro. Él tomó sus manos y ella le dejó. La respiración se les dificultó y sus mejillas se sonrojaron.

-¡Ahem!- se aclaró la voz Richard rompiendo el momento y haciendo que ambos se separen rápidamente completamente sonrojados y avergonzados mientras balbuceaban cosas inentendibles. -intentarán bajar a Sebastián- anunció señalando la ventana por la cual el pelinegro acababa de salir, se aferró a la cuerda con su mano derecha y al llegar al termino de la cuerda los tres se posaron bajo él y atajaron su caída lo mejor que pudieron, sin embargo...

-¡MI ESPALDA!- gritó al estar en el suelo boca abajo mientras se retorcía un poco.

-¡Oh por favor! ¡No llores como nena!- se quejó George.

-sí, no es para tanto- apoyó Richard.

-...bestias...-murmuró el herido viéndolos con resentimiento y un par de lagrimillas en los ojos.

-no deberían burlarse de Sebastián-kun, el nos protegió a Annie-chan y a mí- dijo Keiko uniéndose a la charla para sorpresa de todos.

-¿Y tú a qué horas llegaste?- preguntó Richard confundido.

La japonesa se encogió de hombros y simplemente respondió -bajé sola, después de todo no estaba tan alto- a todos los presentes les salió una gota tipo anime en la sien, conocían poco a esa chica, pero algo SÍ sabían de ella: era bastante rara.

-¡¿NO TAN ALTO?!- Gritó Annie aterrada aferrándose al final de la cuerda mientras sus piernas temblaban y sus pies se equilibraban en la saliente de poco más de 20 cm.

Al bajarla solamente quedaban Diego, Julián, Kevin y Laura, ella estaba herida en el brazo derecho y con la mano izquierda lastimada y no podría aferrarse a la cuerda, así que recogieron las chaquetas y le amarraron la cintura, poco a poco la fueron bajando hasta el tope de la cuerda, donde se soltó y cayó a los brazos de Richard, quien era el más fuerte del grupo, sin embargo, ni bien se bajó...

-¡KYAAAAAA!- gritó Helen alertando a todos, quienes la voltearon a ver inmediatamente, estaba tirada boca abajo en el suelo sosteniéndose el costado que sangraba profusamente.

-¡HELEN!- exclamó Alphonse sintiendo cómo el tiempo se detenía, corrió hacia ella sintiendo que todo ocurría en cámara lenta y cuando se iba acercando, un profundo dolor en sus piernas y estómago le hizo caer de frente al frío césped –ugh- gruñó al sentir el impacto contra el suelo, abrió los ojos lentamente y con dolor, se vio a sí mismo cerca de la rubia en medio de un pequeño charco de la sangre de ambos mezclada –He...len- murmuró sin fuerzas, ya que éstas eran drenadas por el dolor de su vientre y el pánico.

Ella giró la cabeza lentamente y con mucho esfuerzo, le dolía a horrores su costado, al lado derecho de su ombligo, sin embargo, con verlo, todo se atenuaba un poco –Al…phonse- murmuró ella y sonrió a pesar de las lágrimas que surcaban sus mejillas y los hilillos de sangre que salía desde las comisuras de sus labios y rodaban hacia su mentón. Él alargó un poco la mano y tomó la de ella, dándole un suave apretón le hizo saber que estaba allí y que todo saldría bien, le sonrió con cansancio a pesar de la sangre que salía de su boca y un momento después ambos quedaron inconscientes, al tiempo… tomados de las manos

Kevin, quien apenas había bajado, se quedó estático al igual que todos observando con total sorpresa el acontecimiento antes de que a sus oídos llegaran tres sonidos.

¡BANG, BANG, BANG!

Voltearon hacia el origen de los disparos y allí vieron a un hombre de ropas gastadas, como un vagabundo, de piel morena, castaño de ojos negros, con una desquiciada sonrisa en su rostro les apuntaba a ellos con una pistola, en su cinturón varios cartuchos y en su espalda una escopeta de caza -lo hice... Lo logré... Maté a dos pieles blancas... Ustedes... ¡Ustedes siguen!- les dijo crispando sus nervios.

-¿Quien...- murmuró George antes de recibir un disparo y caer al suelo. Instantáneamente el caos entre ellos se disparó y su temporal calma se vio quebrada.

***CONTINUARÁ