¡Alola!
Esta vez tardé un poco más debido a unos problemas que realmente me afectaron mucho, pero con el tiempo se irán resolviendo. Tengo fe en ello.
En otros asuntos, originalmente este capítulo iba a ser muy extenso, pero considerando lo mismo, decidí dividirlo en dos partes para no agobiar a nadie con tanta lectura. Espero lo disfruten. ¡Agradecimientos infinitos a todas las lindas personitas que se toman un momento de su tiempo para dejar un comentario! ¡Me seguiré esforzando!
Más allá de los sueños
Dream #8: Ojos que no ven, corazón que no siente
El canto de una pareja de Pidgey cerca de la ventana hizo que Serena abriera los ojos. Era temprano, el sol apenas comenzaba a filtrarse por la ventana; y a su lado, Bonnie aún dormía plácidamente, por lo que evitó despertarla.
Silenciosamente salió de la habitación.
La casa estaba en silencio, pero un delicioso aroma le indicó que alguien preparaba el desayuno.
—Buenos días —saludó, entrando en la cocina.
—Buenos días —Clemont la saludó de vuelta.
Por un instante, la castaña se sonrojó, ella continuaba en pijama; Clemont en cambio, vestía su overol de todos los días.
—¿Tú preparas el desayuno? —preguntó.
—Normalmente lo hace Clembot —el rubio respondió—, pero hoy lo dejé como Líder sustituto del gimnasio, así que no está.
—¿Y tu papá?
—Él se fue poco más temprano, dijo que tenía que comenzar con la instalación para la exhibición.
—Ya veo. Sí, es mañana.
Después cayó en cuenta de eso.
—Oh cielos, aún no terminamos de practicar nuestra presentación —recordó con nervios.
—No te preocupes, tenemos todo el día de hoy.
"Tenemos" le pareció una palabra curiosa a Serena. Claro, entendía que se refería a que la ayudaría… la ayudarían. Una sacudida en su estómago la hizo ponerse más nerviosa, ella no se involucraba en los inventos de Clemont, muchas veces ni siquiera le interesaban; él en cambio, se interesaba en ella.
"Ay, no" pensó cuando comenzó a sentir su rostro caliente.
—¿Sucede algo? —Clemont volteó a verla.
—¡No! —respondió avergonzada—, digo, no es nada.
—Eh… —el rubio se puso incómodo de pronto—, ¿estás molesta por lo que sucedió ayer? De verdad lo lamento.
—No, no tienes que disculparte por eso —Serena movió las manos frente a sí, apurada.
Antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo más, una adormilada Bonnie se apareció en la entrada de la cocina, preguntando por el desayuno. Serena suspiró aliviada, agradeciendo la oportuna interrupción; Clemont por su parte, sonrió más tranquilo.
ღ
Había pasado un tiempo desde la última vez que Serena había visto al Profesor Sycamore, por lo que ir al Laboratorio a saludar le pareció una fantástica idea. Además, le entusiasmaba volver a ver a una de sus amigas.
Apenas entraron al Laboratorio, un fuerte sonido los recibió; Mairin había caído al suelo con una columna de gruesos libros, y Chespie suspiraba mientras los apartaba con sus lianas. Parecía una escena típica de esos dos.
—¿Estás bien? —Clemont fue el primero en reaccionar.
—Sí, lo siento —la pelirroja se rió—. Lo siento también, Chespie —miró a su Pokémon después.
—Déjame ayudarte —Serena se acercó tendiéndole la mano.
—¡Serena! —Mairin sonrió cuando la notó—, qué bueno verte otra vez.
—Lo mismo digo —la aludida le sonrió de vuelta.
Unos pasos resonaron por uno de los pasillos, revelando la figura de Alain.
—Mairin, ¿por qué tardas tanto? —cuestionó. Luego se percató de la presencia de los demás—. Qué sorpresa verlos por aquí.
—¿Qué sucede? ¿Todo bien? Fue un gran sonido —la voz preocupada del Profesor Sycamore se escuchó cerca de Alain—. ¡Ah, son ustedes chicos! Sean bienvenidos.
—Gracias, Profesor —respondieron a coro.
—Serena, ha pasado tiempo desde la última vez que te vi, se nota que has crecido más.
—Así es —asintió entusiasmada.
—Clemont, Bonnie, a ustedes los veo con más frecuencia. ¿Cómo está Meyer?
—Está trabajando ahora —Bonnie respondió—. Profesor, ¿podemos ir al jardín donde están los Pokémon?
Sycamore soltó una risa alegre.
—Por supuesto, de hecho, necesito que alguien me ayude a alimentarlos —le guiñó un ojo.
Bonnie asintió frenéticamente.
—Lo siento, Profesor —Mairin se rascó la cabeza por detrás, captando la atención—, resbalé y los libros se me cayeron.
—Lo importante es que estás bien —sonrió.
—No te tropezarías si te fijaras más en el camino —el pelinegro le reprochó, terminando de levantar los libros. La pelirroja infló los mofletes, haciéndole caras graciosas mientras él no miraba.
Serena pestañeó un par de veces, mirándolos con curiosidad, después sonrió enternecida.
ღ
Mientras Sophie, una de las asistentes del Profesor, ayudaba a preparar un poco de té para los invitados, los demás exploraban el jardín. Los Combee revoloteaban alegremente con los Butterfree, mientras Psyduck jugaba con los Marill y Azumarill en el riachuelo.
—¡Es hora de comer! —Bonnie canturreó mientras dejaba los platos con comida en el suelo.
Inmediatamente otros Pokémon se acercaron.
Clemont, Alain y el Profesor discutían los avances en la investigación sobre la megaevolución, aparentemente, en la Caverna Helada habían encontrado unas megapiedras, pero aún desconocían para qué Pokémon servían.
—Oye, Mairin —Serena captó la atención de su amiga. Las dos chicas se encontraban un poco apartadas de los demás—, ¿puedo preguntarte algo?
—Claro, dime.
—Bueno, verás… eh, no… —balbuceó un poco nerviosa—, a ti… ¿te gusta Alain? No me malinterpretes, es solo curiosidad —aclaró apresurada.
La pelirroja volteó a ver a su compañero, contemplándolo por unos instantes.
—Eso creo —asintió tranquila.
—¿Te gustó desde la primera vez que lo viste? —continuó. Mairin hizo un gesto de confusión—, a-ahora te explico todo.
—Bueno, desde el principio no. Por casualidad vi una gran batalla contra una chica, y sentí curiosidad por conocerlo, aunque después pensé que era un patán —comenzó a narrar—, aunque con las cosas que sucedieron después… en Hoenn también… y él rescató a Chespie… cómo no iba a terminar sintiendo algo —sonrió.
Serena guardó silencio por unos segundos. Escuchando eso, enamorarse de Ash por un pañuelo en la infancia era vergonzoso.
—¿Por qué esas preguntas?
—Eh, lo que pasa es que… —la castaña miró a los chicos. Clemont se notaba extremadamente feliz hablando de ciencia, que instintivamente ella sonrió divertida—, últimamente me he sentido extraña… en torno a otra persona, no sé cómo calificarlo. Quiero decir, él es un gran chico, pero… no estoy segura de qué siento.
—No sabes si estás enam-
Antes de que Mairin pudiera preguntar, una vocecita la interrumpió.
—¿De qué están hablando? —Bonnie las miraba con típica curiosidad infantil.
—¡Le estaba contando de la Exhibición! —la artista respondió lo primero que le llegó a la mente—, Mairin solo las ha visto en la televisión y en exhibiciones callejeras. La estaba invitando a que vengan mañana.
—Es una maravillosa idea —el Profesor asintió, mientras se acercaba con los demás.
—Profesor, me gustaría seguir investigando las piedras que encontramos —comentó Alain. En cuanto lo escuchó, Mairin puso unos ojitos tiernos, por lo que él suspiró—. Ya, de acuerdo, iré.
—Es súperefectivo… —Clemont se rió en voz baja.
ღ
El té con pokélitos y macarrones había sido agradable, sin embargo, después de unos minutos de conversación, las chicas se habían despedido. Serena había insistido a Mairin que la ayudara con su presentación, alegando que sería un "momento de chicas" y una sorpresa para los demás.
Clemont por su parte, pensó que sería buen momento para ir al gimnasio, a comprobar cómo estaban yendo las cosas. Después de todo, Clembot estaba aprendiendo de nuevo.
—Clembot —saludó al entrar—, ¿cómo está todo por aquí?
Por el momento, no había ningún combate.
—Amo, hoy es su día libre —el robot contestó, con un tono de reproche—, retírese del gimnasio, por favor. Debe descansar para estar en buenas condiciones para cuando regrese a sus actividades.
—No vengo a trabajar, solo vine a ver si estabas bien —el rubio rió un poco avergonzado, estaba siendo echado de su propio gimnasio—. A propósito, Clembot, me gustaría que mañana fueras el Líder sustituto otra vez. Mañana es la exhibición de Serena, y quisiera ir a animarla —sonrió.
Sentía algo cálido en las mejillas, como una vergüenza inexplicable, aunque no comprendía del todo el por qué; Serena era su amiga, era natural que estuviera para apoyarla, ¿verdad? Un suspiro se le escapó, si lo pensaba demasiado llegaba a una conclusión, pero…
"Ojos que no ven, corazón que no siente".
Siempre era más fácil ignorar esa resolución.
Y que las cosas siguieran el ritmo de siempre.
—Por supuesto que debes ir —una voz a su espalda, lo sobresaltó.
—¡Papá! —brincó—, ¿qué haces aquí?
—Vine a tomar prestadas unas herramientas de tu taller —contestó—. Debo suponer que las chicas no están —volteó a los lados.
—Bonnie está ayudando a Serena con su presentación.
Meyer suspiró de pronto, sentándose en las gradas. Clemont lo miró con curiosidad mientras se acercaba.
—Bonnie está creciendo muy rápido, cuando menos nos demos cuenta ya será una entrenadora.
—Todavía falta un poco para eso, pero no cabe duda que aprendió mucho en el viaje con Ash.
—Bonnie me recuerda a mí cuando era más joven, siempre buscando aventuras con mis Pokémon; y tú, Clemont, me recuerdas a tu madre, ella era muy tranquila e inteligente, además su comida era la mejor —sonrió—. Sin duda, el tiempo se pasa volando.
—Papá… —el rubio lo miró con duda.
Por supuesto siempre dolía hablar de ella.
—Clemont, creo que ha llegado el momento de tener esa conversación —dijo de pronto serio.
—¿Eh?
El aludido sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda, como si un Haunter hubiera usado Lengüetazo en él. Pero prefirió aferrarse a su asiento.
—Sin duda eres un genio para la teoría —Meyer comenzó—, también tienes buenos modales y sabes tratar a las personas, pero hay algo de lo que no hemos hablado aún.
—¿Qué cosa…? —Clemont preguntó con cierto temor.
—De tus sentimientos —su padre asintió. El rubio permaneció en silencio—. Eres muy perspicaz, y sabes diferenciar cuando estás feliz, triste o enojado.
—Papá —el ojiazul musitó incómodo.
—Bueno, supongo que quieres que vaya directo al punto —se rió el mayor—, ¿sabes? Yo también estoy nervioso con esta conversación, cuando mis padres la tuvieron conmigo solo quería hundirme en la tierra como un Diglett.
Clemont rió un poco aliviado.
—Mi punto es, ¿sabes lo que sientes por Serena? —Meyer cuestionó serio.
—Es solo mi amiga y compañera de viaje —contestó.
—¿Realmente es solo eso?
Clemont contuvo la respiración, se sentía acorralado; como un Caterpie siendo cazado por un Pidgeotto. ¿Qué debía hacer? Podía afirmar eso hasta el cansancio, pero sin duda no convencería a su padre. ¿Debía decir la tortuosa verdad?
—Tienes razón —asintió derrotado—. La primera vez que la vi, cuando entró corriendo al gimnasio de Santalune, me pareció que era una chica llamativa. Después la conocí un poco más, es femenina, le gusta el color rosa, preparar postres y bailar, todos los días cepilla a sus Pokémon, cuando está preocupada pone las manos en su pecho, jugaba con Bonnie y Dedenne, es valiente y se esmera en lo que hace; todos esos aspectos me parecen agradables.
Meyer lo miró con asombro, probablemente nunca antes había escuchado a su hijo hablar así de alguien.
—Pero también sé que aquel día, ella buscaba a Ash, siempre fue obvia su especial atención con él.
—¿Estás celoso de Ash?
—Para nada —sonrió alegre—. Ash es un entrenador excepcional, entiendo que se fijara en él. Además, es un gran amigo para mí.
—Sinceramente, me alegran tus respuestas —el mayor lo observó con orgullo—. Ash es un gran muchacho, sin dudar, pero tuvo que partir a su próxima aventura. Aunque tú no te quedas nada atrás, hijo.
El rubio se remolineó apenado. Había dicho muchas cosas vergonzosas, en verdad quería hundirse como un Diglett.
—La verdad, pienso que últimamente tú y Serena han formado un vínculo más estrecho —dijo serio—. ¿Qué harías si tuvieras una oportunidad?
—¡Pa-papá! —chilló, a punto de un colapso. Meyer aguardó por una respuesta—. Supongo que… si ella también lo quisiera… se podría intentar —murmuró inseguro.
—No pierdas la esperanza, la vida te dará más de alguna sorpresa —sonrió animado—. Ahora te daré unos consejos para conquistarla.
—No, gracias —lo miró con malos ojos.
Un pequeño agujero negro se abrió en su estómago… o en el pecho, quizá. ¿En qué universo tendría una oportunidad con Serena? Era poco probable, sin embargo, la sonrisa brillante de su padre le inspiraba algo de confianza.
Clemont sonrió con calidez, había una pequeña esperanza.
