¡De verdad disculpen la tardanza! Pero la falta de tiempo y una crisis de inspiración me pasaron la cuenta. Lamento mucho no haber podido actualizar antes, espero que en los siguientes capítulos todo fluya más fácil, aunque no puedo prometerles nada. Supongo que algunos tendrán que releer el capítulo anterior para recordar lo que ha pasado. Este chapter estaba pensado mucho más largo, pero al final lo dividí en dos para actualizar más rápido.
Muchísimas gracias a Aranel-Riddle, pedro, trini-la-blake, Andrómeda y Bellapaola por todo el apoyo y ánimo que me dan en los reviews, son lo que más me motiva a seguir la historia. Este capítulo va por ustedes.
DISCLAIMER
Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling y a la Warner Brothers, yo sólo hago esto por gusto y sin ningún fin de lucro. A próposito, yo no soy J.K Rowling.
Harry Potter y las Almas del Heredero, capítulo 10
"Callejones Devastados"
¿Cuánto rato llevaba dormido? A pesar de tener los ojos cerrados, Harry podía sentir claramente la luz blanquecina que entraba por la ventana en sus párpados. Un aire fresco se colaba por debajo de la puerta, y su mano, que colgaba de la cama, se estaba empezando a congelar. Convencido de que ya era demasiado tarde como para seguir durmiendo, e intrigado por el silencio sepulcral que reinaba en la casa, abrió los ojos lentamente, dispuesto a levantarse.
Lo primero que notó fue una sensación extraña en la cara, porque estaba... ¿sonriendo? Se palpó la cara, esperando que fuera sólo una sensación provocada por el sueño, pero descubrió que no era así. En su cara estaba claramente dibujada una sonrisa, que ahora se borraba poco a poco.
¿Por qué estaba feliz? Si al menos pudiera recordar algo, pero si bien desde que había aprendido Oclumancia sus pesadillas habían disminuido, desde el encuentro mental con Voldemort simplemente no soñaba. Lo único que sabía es que, por alguna razón, Voldemort había estado feliz anoche. Y ese pensamiento hizo que se preocupara.
Miró hacia afuera por la ventana, esperando ver un sol radiante sobre el jardín. En lugar de eso, se encontró con un paisaje apenas notorio a causa de la espesa niebla y las nubes, además del vidrio empañado. En cuanto puso un pie en el suelo de madera sintió un frío gélido, que le congeló los dedos en un instante.
Se puso los anteojos sorprendido por el repentino cambio de clima y bajó los escalones en dirección a la cocina, para tomar desayuno. La ausencia del característico olor del desayuno que preparaba la Sra. Weasley cada mañana fue lo primero que llamó su atención. Hasta que no vio a Charlie dormitando en una silla de la cocina tras una noche de insomnio, no recordó todos los sucesos de la noche anterior.
¡Claro! La reunión de la Orden, la batalla en el Callejón Diagon, su altercado con McGonagall, todo volvió a su mente de un chispazo, haciéndolo saltar de inquietud. De inmediato lo invadió la preocupación angustiosa, al recordar que los señores Weasley y Bill habían ido a la batalla. La sola idea de que algo malo les pudiera haber pasado lo hizo gritar:
-¡Charlie!
El segundo Weasley entreabrió un ojo haciendo un gran esfuerzo, al tiempo que soltaba un leve gruñido par dar a entender que lo escuchaba. Las ojeras que lucía realmente demostraban el enorme grado de agotamiento, al punto que, por sólo un breve segundo, Harry se sintió culpable por haberlo despertado.
-¿Qué sucedió anoche en la batalla, están todos bien? -lo apremió el chico, sin darse cuenta de que ya transpiraba de nerviosismo.
Por toda respuesta, el pelirrojo señaló el periódico recién entregado que estaba sobre la mesa, para después simplemente dejar caer los párpados nuevamente.
Nervioso y resignado (pues era obvio que preguntarle algo más a Charlie era inútil), abrió el diario para leer, la que sabía, sería la noticia principal de la portada. La foto lo dejó con la boca abierta, horrorizado.
El que antes fuera el tranquilo, pintorezco y acogedor Callejón Diagon, era ahora un montón de recintos a medio destruir. El suelo, repleto de vidrio, sangre y escombros, hacía el lugar aún más angustiante. Había unos cuantos magos y brujas tirados en el suelo, presumiblemente muertos, y otros que gritaban, corrían y buscaban a sus familiares haciendo gestos de desesperación. En el cielo, por sobre el desolador panorama, la Marca Tenebrosa relucía fantasmagóricamente, finalizando el horrible paisaje, que se mezclaba y escondía en la niebla de aquel día gris.
El titular, pensó Harry, era una burla, pues se quedaba más que corto en comparación con la terrible fotografía:
"Miedo, pánico y angustia en la destrucción total del Callejón Diagon ayer por la noche"
"La noche de ayer la comunidad mágica se vio afectada por el mayor ataque mortífago desde el regreso de Quien-No-Debe-Ser-Nombrado. El Callejón Diagon, lugar emblema de la comunidad mágica en Londres y uno de los enlaces físicos que conectan nuestro mundo con el muggle, ha quedado completamente devastado por un ataque conjunto de mortífagos, dementores y tres gigantes, que destruyeron todo a su paso, ayer por la noche. Las fuerzas del Ministerio, junto con las de un grupo anónimo de magos, fueron completamente ineficaces ante el ataque y el pánico que se desató al ver la Marca Tenebrosa en el cielo, dejando una gran cantidad de muertos y heridos, que amenazaron con sobrepasar ayer la capacidad normal del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.
Sólo tras horas de arduo combate entre las fuerzas ministeriales y los mortífagos, se logró hacer retroceder a los dementores. Los tres gigantes que participaron en la batalla murieron tras reiterados ataques que duraron horas, para tranquilidad de la comunidad mágica. Los mortífagos restantes se retiraron poco antes de despuntar el alba, para alivio de los agotados funcionarios del Ministerio.
Aún así, los altercados se prolongaron al mundo muggle más cercano, por lo que fuerzas especiales del Ministerio tuvieron que acudir inmediatamente para defender y desmemorizar a los aterrorizados muggles. La densa niebla que se ha extendido por casi la totalidad de Londres y otras partes del país a primeras horas de esta mañana, confirma irrefutablemente a las autoridades el hecho de que los dementores se están reproduciendo de manera veloz. Lo más preocupante de este tema, es que fuentes confiables del Ministerio nos aseguran que la espeluznante cantidad de dementores que asistieron ayer a la batalla no son ni siquiera la mitad de las fuerzas que, se estima, apoyan al Innombrable.
Como primera medida preventiva, el Ministro de la Magia, Rufus Scrimgeour (Quien, cabe destacar, luchó valientemente ayer por la noche para proteger a nuestra comunidad), clausuró en su totalidad el conocido callejón de Artes Oscuras, la calleja Knockturn, a primera hora de la mañana, desatendiendo por completo las quejas de los dueños de locales.
La decisión de clausurar y desalojar el Callejón Knockturn ha contado con un gran apoyo popular, en especial después de que hace algunos meses se descubriera que la colaboración del local Borgin y Burkes fue clave en la infiltración y posterior asesinato de Albus Dumbledore en Hogwarts. También se han arrestado a diversos locatarios del dicho callejón, luego de que fuerzas del Ministerio entraran en las tiendas y encontraran Mortífagos escondidos tras la batalla. Se espera que esta medida evite la colaboración de otros locales y sus respectivos dueños con Usted-Sabe-Quién.
Las reparaciones en el Callejón Diagon ya se están llevando a cabo con la ayuda de voluntarios, pero los daños son aún demasiado enormes como para fijar una fecha de término de dichas reparaciones.
Ataque en el Callejón Diagon¿Falta de seguridad o ineficiencia del Ministerio a la hora del ataque? (páginas 2-3)
¿Dónde estaba El Elegido? (página 4)
Lista de defunciones en el ataque (páginas 5-6)
Ingresos de heridos a el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas (páginas 7-9)
Comienzan los escapes masivos de Londres, producto del pánico (página 10)
El miedo, el dolor, el pánico, la angustia, la destrucción... Todo eso jamás cesaría si no se daba prisa, si no encontraba los horcruxes y destruía a Voldemort. Imaginó las familias de compañeros de colegio, ahora hechas pedazos por culpa de Tom Riddle. Familias que habían sido destruidas como la suya... Cada minuto que perdía sin concentrarse en su misión significaba perder vidas de otros magos y brujas. Se enojó consigo mismo por no dedicar cada segundo, cada pensamiento y cada aliento en destruir a Voldemort.
-No puede ser...
Harry se giró sobresaltado. Por sobre su hombro, Hermione, Ron y Ginny miraban atónitos la fotografía de la portada, pálidos de horror y tiritando de frío, al igual que él.
-Debo estar demasiado dormido aún... -Ron se frotaba los ojos como loco, casi esperando que su vista se enfocara y la foto pareciera menos macabra.
-¡Dame eso, Harry! –Hermione le quitó el periódico de las manos histéricamente antes de que el chico pudiera protestar.
Mientras Hermione hojeaba ávidamente el diario, los demás se sentaron a desayunar, demasiado shockeados como para comentar lo que habían visto, sumidos en pensamiento desoladores que habían sido desatados por la foto. Charlie volvía a dormitar en la silla, evidentemente muy agotado como para dar siquiera una pequeña explicación. El enojo y la impotencia en la cara de Harry eran visibles para todos, especialmente para Ginny, pero ninguno dijo nada. No había cómo.
El frío se dejaba sentir más fuertemente en la cocina, y la ausencia de los Sres. Weasley hacía el panorama aún más tenso. Faltaba alguien que pudiera animar el ambiente.
-¡Papá y mamá! –saltó Ron de pronto, como despertando de su shock., más pálido que nunca- ¿Están bien?
Charlie no escuchó.
-¡Cómo están papá y mamá! –repitió Ron más fuerte.
Más ronquidos.
-¡Charlie, demonios, DESPIERTA! –no sólo Charlie saltó de su silla asustado, sino que también Harry y Ron, al escuchar a Ginny gritar en su oreja a todo pulmón.
El segundo Weasley se acomodó en la silla de un salto, aturdido por el grito de su hermana. Luego enarcó una ceja, bostezando y desperezándose..
-A veces eres igual de encantadora que mamá por las mañanas... Fred y George están en el Callejón Diagon, ya saben, viendo cuantos daños hubieron en su tienda -A Harry se le hizo un nudo en el estómago al escuchar esas palabras: sabía que los gemelos se habían esforzado mucho por comenzar la tienda de chascos, las pruebas que habían hecho, y lo bien que habían aprovechado los mil Galleons. Esa tienda, destruida, era como tirar los sueños de los gemelos por el piso.
-Percy también está allá "ayudando a sus valientes compañeros de trabajo del Ministerio", según sus propias palabras -continuó Charlie.
-¡Pregunté por papá y mamá, no por ese idota! -demandó Ginny, histérica.
-¡Están bien! -contestó Charlie irritado- ¿Crees que estaría sentado en una silla si algo les hubiera pasado? Papá está ayudando en el Callejón Diagon y mamá está de voluntaria en San Mungo, atendiendo a los miembros de la Orden¿de acuerdo?
-¿Y Flitwick y Hagrid?
-También ayudando, salieron hace unas horas. Estuvimos toda la noche haciendo guardia.
-¿Hay algún heri...?
-¡Oh, no! –gritó Hermione, que en ese momento miraba el periódico horrorizada, con una mano en la boca. Parecía realmente asustada. En la parte de arriba de la página Harry pudo leer: "Lista de heridos ingresados a San Mungo".
-¿Qui...Quién? –preguntó Ron palideciendo. Todos aguantaron la respiración.
-Kingsley... Bill... ¡Ay, Dios, Lupin!
-¡Lupin! –Harry se alarmó. Remus Lupin era el único nexo que le quedaba para unir su vida a la de su padre. En la ausencia de Sirius, Remus nunca había escatimado esfuerzos por ayudarlo a recuperarse, y en todo momento fue un apoyo enorme, al punto de convertirse en lo que ahora sería su padrino.
-¡Demonios, no griten, me duele la cabeza! –refunfuñó Charlie de mal humor- ¡Están todos bien, en serio! Bill se ganó solamente una cicatriz extra, lo que pasa es que cayó, se golpeó en la cabeza y estuvo un rato aturdido. Pero Fleur no lo ha soltado, creo que ya tuvo una pelea con una sanadora porque no quería salir de la habitación a la hora de la limpieza, todo por no dejar solo a Bill ni un segundo. Lupin tiene una herida un tanto fea en un brazo, pero nada demasiado grave que las sanadoras o las caricias de Tonks no puedan solucionar. Y en cuanto a Kingsley... –en este punto su rostro se ensombreció- Creo que tendrá que pasar un tiempo allá. Ustedes saben, cuando trató de alertarnos y luego desapareció... Es un poco más serio lo suyo.
-¿Pero qué tiene exactamente? –Harry perdía la paciencia, nada de lo que Bill decía era muy detallado.
-No tengo idea, Flitwick vino una vez en la mañana a decirme esto y un par de instrucciones de McGonagall, además de dejarme a cargo de ustedes. No sé nada más.
Un pequeño silencio permitió a Harry aclarar sus ideas.
-Muy bien, no voy a seguir aquí esperando. ¿Nos vamos?
-¿Vamos, a dónde? –saltó Hermione.
-A San Mungo, por supuesto. No vamos a quedarnos aquí.
-Eee... –Detrás de él, Bill comenzaba a hacer una observación- ¿Recuerdan que les dije que Flitwick vino a darme un par de instrucciones de McGonagall?
-¿Sí..? –Harry enarcó una ceja.
-Bien, pues el par de instrucciones eran: "Que no salgan de La Madriguera para ir a San Mungo" y "Que no salgan de La Madriguera para ir al Callejón Diagon". Resumiendo, no pueden salir de aquí.
-No me digas¿Y qué hará McGonagall para evitarlo? –le espetó Harry enojado. Otra vez McGonagall le estaba dando órdenes de esconderse. ¿Es que nunca lo dejarían en paz?
-Ella, nada. Pero yo tampoco te recomiendo ir a ninguno de los dos lugares. No sé si leíste bien "El Profeta", pero cuando hablan de colapso de San Mungo, exactamente eso quieren decir. Los lugares habilitados para la Aparición simplemente están atochados, aparecerías sobre una montaña de gente, sin contar los que aparecerán sobre ti al segundo siguiente. Tampoco pueden dejar que de repente una turba de gente se diriga a una supuesta tienda abandonada frente a los ojos de miles de muggles. Y respecto al Callejón, aún pueden haber mortífagos. Se disfrazan de gente normal y cuando menos lo esperas... un Avada Kedavra por detrás. Simplemente se te tirarían encima, Harry, sería poco agradable para nosotros, sin mencionar para la comunidad mágica en general¿no?
-¿Y qué demonios pretenden que hagamos aquí sentados? Tal vez...¿Cadenas de oraciones? -respondió Harry con sarcasmo.
-No, haz lo que quieras, menos lo que te prohibieron. Yo sólo te estoy pasando el mensaje. De hecho, si quieres hacer algo útil, cállate –la voz de Charlie había dejado de ser amable.
-¡Tú no vas a decirme que me ca...!
-¡Ya lo hice! -espetó Charlie poniéndose de pie- ¡Tengo sueño, estoy cansado y también preocupado; cállate! -Las pocas horas de sueño y la agresividad en la voz de Harry simplemente habían terminado con su característico buen humor.
Charlie y Harry mantuvieron la mirada fija el uno en el otro, desafiándose.
-Ejeeem... Ejeeem...
El carraspeo de Hermione fue muy poco creíble, pero bastó para captar la atención de Harry. Hermione le indicaba que fueran al segundo piso. El chico instintivamente buscó la cara de Ginny. Estaba pálida, pero también...¿enojada? Poco a poco comenzó a comprender lo estúpido de su comportamiento, y junto con eso, suspiró.
-Disculpa, Charlie, tienes razón. No tengo ningún problema contigo, tendré que hablar con McGonagall más tarde. Yo...voy arriba.
-Sí, por supuesto.
Harry se volteó rápidamente para subir las escaleras, avergonzado por la forma en que le había contestado a Charlie.
-Y, Harry... No te preocupes, todos estamos alterados con esto.
Harry se dio vuelta para observar al desgastado y somnoliento Weasley, desconcertado.
-Gracias...
La respuesta de Charlie lo había dejado helado, y al tiempo, tranquilo. Ginny comenzó a tirarle de la manga para que subiera la escalera. El chico la siguió, sin prestar mucha atención, ni siquiera cuando Hermione utilizó el Mufliatto en la habitación.
-¿Cuánto deducieron de lo que leímos? –comenzó la chica, mirándolos fijamente.
-De hecho, Hermione, no pudimos leer. Nos arrancaste el periódico de las manos antes de poder leer siquiera los titulares, por si no te acuerdas... –espetó Ron.
-¿Cuál es tu maldito problema! –saltó Hermione a la defensiva.
Harry y Ginny se miraron con cara de "no de nuevo, por favor.."
-¿Podrían intentar dejar de atacarse? No, Hermione, no hemos deducido nada todavía¿nos das una idea? Y Ron, mejor no hables, sólo escucha.
El pelirrojo miró a su mejor amigo con el ceño fruncido, haciéndose el ofendido. Hermione se sonrío.
-Gracias, Harry. ¿Se dieron cuenta de la estrategia nueva de Scrimgeour? Como tú, Harry, no quieres cooperar, él inventa que tú estabas en otra parte haciendo alguna importante misión, mientras que él muestra al Ministerio un poco alicaído. ¿Entonces qué pasa? Se pinta a sí mismo como un salvador valiente e inteligente que va a mejorar el ministerio. Porque francamente, ese comentario en el diario que decía "luchó valientemente..."
-Scrimgeour es de los mejores aurores¿Por qué no puede haber luchado valientemente?
-No digo que no luche bien, pero es que TODOS los aurores lucharon valientemente, Ronald. Ese comentario es sólo para engrandecer su imagen en comparación con los demás. Apuesto a que más tarde hará algo "heróico" que haga pensar a la gente que el Ministerio es invencible o algo así.
-¿Y qué decía sobre el lugar en donde estaba "El Elegido", supuestamente? -preguntó Harry, preparado para escuchar otra de las locas invenciones del Ministerio.
-Mira.
Hermione alzó el periódico y se lo enseñó a Harry. "¿Dónde estaba el Elegido?" era el título de una extensa hoja, en la que resaltaba la misma fotografía de siempre, la de la entrevista de El Quisquilloso.
-La verdad, casi toda la página es palabras de relleno y alabanzas a ti. La única parte en que dice algo "relevante" es esta- Le señaló con el dedo un pequeño párrafo a mitad de la hoja, donde Harry posó sus ojos para comenzar a leer.
"Consultado Rufus Srimgeour, nuestro gran héroe durante el ataque de ayer, acerca del paradero del Elegido durante los terribles acontecimientos, el Ministro contestó resueltamente: "Las misiones encomendadas al Elegido en estos momentos, no puedo revelarlas; les aseguro que está cumpliendo su deber valientemente. A pesar de los hechos recién ocurridos, la misión de Harry Potter es de mayor importancia, crucial diría yo, para el mundo mágico. Por eso le ordené no acudir a la batalla, a pesar de que manifestó claramente su deseo de pelear por nosotros ayer. Todos deben recordar que la seguridad de Potter es primordial para el Ministerio. De todas maneras, me ha hecho llegar las condolencias por el desastre."
-Bueno¿quién hubiera dicho que estar en La Madriguera es una peligrosa misión que requiere de valor? –ironizó Ginny.
-¿Tenían que inventar algo, no? Después de todo, desaparecí de un día a otro de Privet Drive. Además no me he dejado caer por el Ministerio ni una sola vez. Lo que sí me ha quedado claro es que nadie quiere que entre en batallas. Ni McGonagall en el mundo real ni Scrimgeour en sus invenciones. –comentó Harry amargamente.
-Pero...
-¡Hermione, Ginny! –la voz de Charlie resonó desde el primer piso, un tanto apremiante- ¿Pueden bajar? No tengo idea de qué vamos a almorzar ni de cómo se cocina para tantos, necesito una ayuda.
-Ya vamos, Charlie... –suspiró Ginny. Luego se dirigió a los que estaban en la habitación- Es impresionante que ningún Weasley tenga un mínimo conocimiento en cocina. Si no estuvieramos mamá y yo, seguramente morirían todos de hambre. Y eso considerando que son magos y que él vive solo.
Hermione soltó una risa.
-No rías tanto, Hermione, no creo que Viky tenga grandes conocimientos en cocina, lo más probable es que le hagan todo.
La chica fulminó a Ron con la mirada.
-¿Por qué te gusta ser idiota? Vamos, Ginny.
La castaña se dio la vuelta y bajó la escalera con paso decidido y orgulloso, sin esperar a ver si Ginny la seguía.
-¡Te debo un hechizo mocomurciélagos, Ron, te lo juro! –susurró la pelirroja con furia y bajó las escaleras corriendo para alcanzar a Hermione.
Apenas se dejaron de oír las voces de las chicas, Harry se levantó y cerró la puerta.
-¿Cuándo piensan parar con toda esta pelea estúpida? –soltó por fin, dirigiéndose a Ron.
-¡Es culpa suya! Harry¿Viste la cara que puso cuando supo que Krum sería nuestro profesor?
-Hasta donde yo sé, Ron, Hermione tiene una sola cara y la usa todos los días.
-Muy gracioso... ¡Es que no me gusta que Krum venga tan cerca!
-¿Tan cerca de Hermione? Ron, ella te lo ha dicho, son amigos.
-¡Sí, cierto, amigos que se besaron!
-Y tú besaste a Lavender sin ningún disimulo frente a ella, no por eso Hermione arma una escena cada vez que la ve ¿no?
-¡Eso es distinto! –se defendió el pelirrojo, ruborizándose- Él es de Durmstrang, hay mucha magia negra¿Cómo sabemos que de repente no le gustará el otro lado? Y era el mimado de Karkaroff y...
-Ron, no seas imbécil. Estuviste con Krum todo un año y sobreviviste, incluso le pediste un autógrafo. Sabes que no es mal tipo.
-¡Pero imagínate, será nuestro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras! No podrá evitar enseñar magia negra, los Slytherins estarán felices ¿Quién nos asegura que no hay más mortífagos entre ellos?
-¿Qué tiene que ver eso con que trates mal a Hermione?
Ron abrió la boca para protestar, pero la volvió a cerrar casi al instante, sin argumentos. Harry suspiró, levemente divertido.
-Mira, pídele disculpas ¿sí? No podemos seguir así toda la semana... Además ya le has dicho que te gusta. Pero demuéstraselo. ¿Está bien?
-De acuerdo, de acuerdo, lo haré. Pero no creo que me perdone tan fácil... ¿Y desde cuándo eres consejero amoroso?
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La semana siguiente, para bien común, transcurrió sin mayores novedades o rounds Ron v/s Hermione, aunque el pelirrojo no se equivocó del todo cuando dijo que Hermione no lo perdonaría fácil.
Primero que todo, el hechizo mocomurciélagos finalmente llegó a destino, tal como había asegurado Ginny. Bastó con que Ron pusiera un pie en la cocina a la mañana siguiente para comprobarlo... El mismo Charlie tuvo que anular el hechizo.
Los intentos de Ron por reconciliarse eran cada vez más seguidos, pero Hermione parecía decidida a no hablarle por mucho tiempo. A pesar de todo, Ron sorprendió a todos cuando, uno de esos días por la tarde mientras estaban en la cocina, tomó a Hermione en brazos ignorando sus reclamos de "¿Qué crees que haces, Ronald, BÁJAME!" y las miradas atónitas de todos los demás y se la llevó al jardín. Pasaron alrededor de quince minutos de intriga para los demás, y cuando ya iban a asomarse a mirar, Ron y Hermione volvieron tomados de la mano. La cara de Hermione decía mucho, a pesar de que nunca supieron con certeza qué fue lo que dijo Ron. Estaba prácticamente en las nubes.
De cara al hecho de que no podían salir de los terrenos de La Madriguera hasta que McGonagall lo considerara seguro, y con nueva fuerza y motivación tras el ataque, Harry pidió a Hermione todos los libros de historias de magos famosos, decidido a encontrar aunque fuera una mínima pista sobre R.A.B. Lamentablemente, los resultados no fueron proporcionales a todo su esfuerzo. Ningún solo mago poderoso, famoso o competente tenía esas iniciales. ¿Cómo era posible? Tenía que haber sido astuto, poderoso, inteligente, conocedor de la magia negra... ¿Y cómo, reuniendo todas esas cualidades, no había pasado a la historia con cosas extraordinarias? Si había sido capaz de desafiar al mismísimo Voldemort y conocer su secreto mejor guardado...
Y sin embargo, sabía que iba a morir. Había aceptado morir, a cambio de quitarle poder y vida. Y al hablar de "la horma de su zapato"¿Se refería específicamente a Harry o a cualquier mago que podría surgir algún día para derrotarlo? Lo que más preocupaba a Harry, y esto era algo en lo que todos coincidían, es que lo más probable es fuera la primera opción. Simplemente porque encontraban casi imposible que alguien sacrificara su vida por alguien que no estaba seguro de si existiría. Debía de haber tenido la completa certeza de que su muerte serviría para algo... ¿o no?
Las preguntas siguieron rondando la cabeza de Harry hasta que, una mañana en que estaban todos juntos desayunando, una lechuza entró por la ventana.
Harry acercó la lechuza y retiró la carta de su pata, al tiempo que bostezaba indecorosamente. La carta estaba escrita con una letra rígida y de color verde esmeralda que reconoció enseguida.
-Es de McGonagall –anunció al ver las miradas inquistivas de todos.
-¿Seguro? –preguntó Charlie- McGonagall generalmente se comunica por la red Flu ahora. En fin, probablemente no le queden polvos.
"O probablemente no quiere hablar conmigo porque sabe que tengo una o dos cosas pendientes que decirle" pensó Harry con molestia, mientras abría la carta para leerla en voz alta.
"Ya pueden ir al Callejón Diagon. Ayudarán ahí durante una hora acompañados por Charlie y luego vendrán DIRECTAMENTE hacia San Mungo. Aquí les informaremos sobre su regreso a Hogwarts este año y las nuevas reglas de seguridad que deberán acatar, aparte de información general. Les repito: Desde el Callejón Diagon vendrán DIRECTAMENTE hacia San Mungo, nada de atajos ni paradas en otros lugares, creo haber sido suficientemente clara. Sería muy bueno que no los vieran, intenten ser casi INVISIBLES. M.M"
-Bueno... Si es que quería ser poco evidente, no lo logró... –comentó Harry al ver el tamaño de las palabras "directamente" e "invisibles"- Cualquiera podría entender esto.
-La verdad, no. No dice a quien va dirigida, aunque lo supieran no mucha gente sabe lo de tu capa invisible...
-De hecho lo saben todos los mortífagos, Snape incluso ha usado la capa –le recordó Harry con asco.
-Oh, lo había olvidado... De acuerdo, esto ha sido lo menos disimulado que he visto en mi vida.
-Harry, –llamó Charlie con un tono más serio de lo habitual- pásame la carta.
Harry se la entregó, expectante. Después de un rato, en el que Charlie examinó la carta minuciosamente, anunció:
-Sí, es de McGonagall. Pensé que podía ser una trampa, o algo así... De acuerdo, todo lo que queda es que salgamos de aquí, apúrense.
¡Lo sé, sé que fue poco en comparación con el tiempo de espera, sé que querían más acción! No sé cómo pedirles más disculpas, sólo que pondré mi máximo esfuerzo para seguir con esto y no decepcionarlos ni perderlos. Pero si me demoré fue porque jamás les entregaría un capítulo que no me convenciera completamente. Nos vemos en el sgte chapter!
Pd: Intenten pasar por The Half Blood Prince.
Sara Morgan Black
