Los personajes de Twilight no me pertenecen, y la historia tampoco, es de Cella Ella; solo me adjudico la traducción, la cual la hago con el respectivo permiso de la autora.
¡Disfrútenlo!
Capítulo 10 — La lista
Bella's POV
Edward se sentó cómodamente en mi poltrona y me miraba con una expresión curiosa. Decidí sentarme frente a él, en el minúsculo sofá de dos lugares.
—¿Puedo saber qué tenemos que conversar? —pregunté enervada. Había pasado toda la tarde respondiendo a las preguntas de Alice y no estaba con mucho humor como para pasar por otra sesión de interrogatorio.
Edward sonrió y sacó de su bolsillo un papel doblado a la mitad. Lo miré confundida y murmuró:
—Durante toda la tarde intenté hacer una lista con las cosas que me gustan de ti, pero fue un poco imposible, porque hay muchas cosas que me gustan. Entonces decidí listar las cosas que odio de ti. —Lo miré, incrédula y después sonreí, aún no podía creer lo que había acabado de oír. Edward era único.
—¿Pasaste toda la tarde listando las cosas que odias de mí? —cuestioné, negando con la cabeza. Edward sonrió de manera torcida y me miró.
—Exactamente. ¿Quieres oírlo? —preguntó e hice un gesto con la mano para que prosiguiera—. Bien, comencemos —dijo mientras desdoblaba el papel—. 5 cosas que odio en Isabella Swan. —Edward leyó y lo interrumpí, frunciendo el ceño.
—¿Solo son cinco? —inquirí sorprendida.
—¿Querías que fueran más? —replicó, igualmente sorprendido.
Negué con la cabeza, nuevamente le pedí que continuara.
—Primer punto de la lista: odio la manera de cómo quieres resolverlo todo a base de golpes. —Me miró, esperando alguna reacción mía, pero no emití ningún sonido, dejaría que terminara con toda esa payasada para poder manifestarme.
—Segundo punto: odio tu carro, que más parece salido de un depósito de chatarra. No te ves bien conduciendo ese viejo cacharro. —Lo miré seria, nadie podía llamar a mi camioneta viejo cacharro. Me gustaba mi carro, a pesar de saber que no era ninguna súper máquina.
Edward sonrió al darse cuenta que comenzaba a ponerme roja de coraje.
—Tercer punto: odio esa chaqueta de cuero desgastado que insistes en usar. Eso no combina ni un poco contigo —siseó y lo miré, nerviosa con todo eso.
¿Ahora Edward me quería dar lecciones de moda? ¿Qué quería que usara, las ropas elegantes y color rosa que las mimadas como Jessica Stanley usaban?
Al darse cuenta que comenzaba a removerme en el sofá, Edward trató de continuar con aquella idiota lista.
—Cuarto punto: odio ese pircing sobre tu ceja. Francamente, Bella, eso no tiene nada que ver contigo. —Apuntó al pequeño objeto de acero, puesto un poco encima de mi ojo izquierdo. En ese momento ya estaba de pie, completamente exasperada.
—Mira, Edward, me conociste así, y no voy a cambiar quien soy, ¿entendiste? —Lo miré directamente a los ojos, arrepintiéndome de inmediato; no tenía la fuerza para mantener una discusión con él mientras no me liberara de esos ojos perfectos.
Me aparté, pasando las manos por mi cabello, soltando un largo suspiro.
—Y si te interesa, tengo una lista infinita de cosas que odio de ti. —Gruñí mientras enumeraba los puntos con los dedos—. Uno, odio que seas un gilipollas. Dos, odio como te ves, como si fueras el dueño del mundo. Tres, odio tu ropa de diseñador, que te hace parecer una estrella de cine o un modelo. Cuatro, odio tu estúpido Volvo plateado. Cinco… —Edward interrumpió mis pensamientos al asegurarme las manos.
—¿Puedo terminar mi lista? —Me miró serio, sus ojos clavados en los míos. Bufé y me aparté de él, yendo hacia la ventana.
—Quinto punto y el más importante de todos: odio la manera que tienes de dejarme completamente vulnerable, inquiero, inseguro. Nunca sé lo que estás pensando realmente. Tus actitudes son imprevistas, no puedo tener una predicción de lo que va a pasar. Y sobre todo, odio que tengas, de alguno mondo, poder sobre mí —siseó y lo miré sorprendida.
Edward me brindó una sonrisa torcida y, completamente desconcertado, pasó las manos por su nunca, bajando los ojos, sonrojándose de vergüenza.
Mi corazón dio un salto dentro de mi pecho y me mordí un lado de la boca, intentando reprimir la sonrisa que bailaba en mis labios.
—Son más de cinco puntos —murmuré y Edward se rió bajo, un poco nervioso.
—Resolví reunir los puntos comunes en uno solo —dijo y me acerqué lentamente a él, observando sus ojos azules que me miraban con un brillo intenso.
—¿Mi pircing? —pregunté, apuntando hacia la argolla puesta en mi ceja.
—Lo odio. No le hace justicia a tu belleza —susurró, atrapándome en un abrazo.
—¿Y qué pensarías de un tatuaje? —pregunté y Edward roló los ojos.
—Ni pienses en hacer eso —replicó e hice una mueca un poco rara.
—¿Y si me tatúo tu nombre? —pregunté irónicamente.
Edward soltó un largo suspiro y después vi una sonrisa torcida brotar de sus labios.
—Creo que podemos reconsiderar esa idea del tatuaje —siseó y me carcajee, mis manos jugando con el cuello de la camisa negra que vestía.
Fue el turno de Edward de preguntar:
—¿No te gusta mi carro? —Me miró e hice una mueca.
—Muy elegante. Odio esos autos estúpidamente veloces y lindos —dije y sonrió, acariciando mi rostro.
—Eres irritablemente linda, Bella Swan —murmuró, besando la curva de mi mentón.
—Aham —susurré jadeante, mi corazón perfectamente descompasado.
Un segundo después mi boca ya estaba sobre la de Edward, nuestros labios moviéndose lentamente.
Edward me apretó en su abrazo, mis senos en contacto con su pecho musculoso. ¡Oh Dios Mío, aquí viene el calor de mi tormento!
Sin darme cuenta cómo, caímos en el sofá, quedé encima de él, sus manos jugando en mi espalda, paseando lentamente por toda la extensión de mi columna.
Mis manos jugaban con su cabello, halándolo cada vez que intentaba apartar su boca de la mía.
Jadee cuando Edward pasó las manos por mi trasero y fui incapaz de contener un gemido. Su boca aprovechó esa breve tregua y pasó a trazar un camino de fuego por mi cuello, dejándome cada vez más sin aire.
—Edward… —logré balbucear, completamente entregada a esos labios y a esas manos, el calor transformándose en un fuego insoportable, dejándome completamente loca por arrancar mi ropa.
Deseo. Entonces era así que actuaba el deseo que movía a hombres y mujeres. Nunca había sentido eso, pero confieso que lo estaba adorando.
La boca de Edward regresó a mi rostro, buscando ávidamente mis labios, su lengua enroscándose con la mía, dejándome intoxicada con ese sabor maravilloso.
De repente, Edward se apartó, sus manos ahora estaban en mi cintura y me apretaban con fuerza.
—Hum… creo que es mejor que paremos con esto —siseó y me miró con intensidad, el color azul de sus ojos estaba flameando. Por lo visto, estaba sintiendo lo mismo que yo. Pero Edward estaba en lo correcto, todavía era muy pronto para hacer eso.
Me levanté e iba a caer si él no me hubiera asegurado. Edward me sentó en el sofá, sus manos se apartaron inmediatamente de mí.
Había sido tan obvia, él ya se había dado cuenta que cuando sus manos tocaban mi cuerpo, provocaban sensaciones que no osaría imaginar; y sabía que si no se mantenía lejos, las cosas se volverían demasiado calientes cómo para detenernos.
¿Pero quería que eso parara? Estaba claro que no, pero no necesitaba ser así, tan repentinamente. Podía esperar un poco. Pero solo un poco.
—Bien, c-creo que es mejor que me vaya, ya se está haciendo tarde y… —Edward estaba visiblemente alterado, varias veces cerró los ojos con fuerza, intentando concentrarse en lo que estaba diciendo. Era gracioso verlo de esa manera, tan afectado.
—Hasta mañana, Edward —sisee, colocándome en la punta de los pies para besarlo. Sus manos se posicionaron en mi cintura y después recomenzamos una sesión más de besos hambrientos.
Y una vez más, fue Edward quien tomó la iniciativa para parar, apartándome lo máximo que podía. Sin decir una palabra tomó su abrigo y salió de mi casa, moviéndose con una rapidez increíble, prácticamente corriendo hasta el Volvo estacionado frente a mi casa.
Y… por lo visto, estaba dispuesto a todo para huir de la tentación.
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Los días que siguieron a ese episodio fueron tranquilos, Edward estaba muy dispuesto a actuar como un perfecto caballero salido de la Edad Media, haciendo todo para mantenerme casta y pura. No me iba a sorprender si me daba de regalo un cinturón de castidad, ya que apenas podía tocarlo. Era verdad que no quería jugar a la pervertida, ¿pero que había de mano en toquetearnos en los asientos de su carro cuando estábamos solos?
Para mi querido novio, que parecía haber salido de una película ambientada en el siglo pasado, eso era un gran problema y prefería mantenerse bien lejos de ese tipo de situaciones, lo que me dejaba visiblemente exasperada.
Y ahí estábamos nosotros, tirados en medio de mi minúscula sala, en una tarde más de monotonía y lluvia, a mitad de semana. Edward se había ofrecido a ayudarme en algunos ejercicios de álgebra y ahora que habíamos resuelto casi la mitad del libro frente a nosotros, un aura de puro aburrimiento se había instalado sobre nosotros, dejándome extremadamente incómoda.
Solté un largo suspiro, pasando las manos por mi cabello, extremando mi incomodidad con toda esa situación. Edward estaba mirando la mierda del libro de álgebra y parecía bastante interesando en lo que hacía.
—Edward —llamé, colocando la mano en la tapa del libro, cerrándolo. Edward me miró sorprendido, sus ojos azules brillaban de curiosidad.
—¿Qué pasó, Bella? —preguntó, observándome atentamente.
—No, nada, es solo que quería hacer una cosa… —halé su rostro al encuentro del mío, sin darle oportunidad a Edward de huir. Ese comportamiento, demasiado agradable por su parte, me estaba dejando irritada. ¿Por qué simplemente no actuaba como los chicos de nuestra edad e intentaba sacar mi sostén?
Edward me acercó a su cuerpo caliente y casi suelto fuegos artificiales cuando sentí a su suave lengua deslizándose dentro de mi boca, explorando cada parte, haciéndome temblar en sus brazos. Muy bien, las cosas siempre estaban mejor de esta manera.
Mis manos volaron hasta su cabello naturalmente desgreñado y halé un buen mechón, al mismo tiempo que Edward mordía mi labio inferior, arrancando un gemido del fondo de mi garganta.
Solo logramos apartar nuestras bocas cuando los pulmones comenzaron a reclamar por la falta de aire.
Edward se apartó y pasó las manos varias veces por su cabello, desordenándolos aún más. Su rostro estaba rojo y el azul penetrante de sus iris parecían estar lanzando fuego. Un hermoso fuego azul.
—Hum... ¿qué quieres hacer ahora? —pregunté, quebrando el silencio incómodo que rondaba sobre nosotros.
Edward soltó una risa baja y balanceó la cabeza lentamente, sin mirarme.
—Pregunta equivocada, Bella, sabes muy bien que quiero hacer en este exacto momento —Edward murmuró y me sonrojé absurdamente.
Se carcajeó y me atrapó en un abrazo, besando mi cabeza.
—No te preocupes, no te voy a atacar. Se controlarme, aunque me estás tentando de todas las formas —comentó mientras jugaba con un mechón de mi cabello.
No sabía si quedarme aliviada o decepcionada después de oírlo decir eso.
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Edward y yo ahora estábamos en mi cuarto, estaba acostado juiciosamente en mi cama, mientras yo rebuscaba en mi pila de CDS, buscando alguna cosa para escuchar.
Me giré y vi que él estaba con las manos en la nuca, balanceando las piernas en el aire. No pude dejar pasar eso.
—Más relajado imposible, Edward —murmuré, colocado un CD de música clásica en el reproductor. Quizá los acordes suaves de la música instrumental calmaran mis nervios a flor de piel.
Edward me haló hacia la cama, dejándome a su lado. Sonreí mientras acariciaba lentamente mi rostro, dejándome sin aire cada que sus dedos tocaban mi piel.
—¿Sabías que ya no puedo estar lejos de ti? Es como si fuera una necesidad, algo más fuerte de lo que te puedas imaginar —Edward susurró y sonreí maravillada.
—¿Y eso es bueno o malo? —pregunté, soltando en seguida un largo suspiro cuando trazó la curva de mi cuello con sus dedos. Bueno, ahora era él quien me estaba provocando.
—Hum… eso es muy bueno, en algunas situaciones, pero en otras puede ser absolutamente malo. —Edward suspiró, sus labios ahora estaban en mi frente, dejando pequeños besos en mi piel mientras me dejaba jadeante, casi enloqueciendo.
—¿En… en qué tipo de situaciones sientes que, hum… la necesi… necesidad de que quedarte cerca de mi… puede ser… humm, malo? —Me tardé un siglo en completar la frase, ya que ahora sus labios había bajado hasta mis mejillas y se dirigían a mi nariz, sus dientes mordieron la puntita, haciéndome sonrojar, no por vergüenza, pero sí por excitación.
—Bien, en casos como este —Edward siseó y rozó levemente sus labios con los míos.
En cualquier momento mi corazón iba a latir tan fuerte que era capaz de morir ahí mismo. Comenzaba a pensar que en cualquier momento una posible combustión espontánea asaltaría mi cuerpo.
—Edward, te gusta provocarme —advertí, suspirando profundamente mientras mordía mi quijada.
—¿Yo? ¿Provocarte? ¿Cómo? —Soltó una risita sexy cuando jadee un poco más. ¡Oh Dios, necesitaba parar con eso ahora! ¡¿Para qué estar provocándome de esa manera si al final de cuentas no iba a pasar nada más allá de algunos besitos sin gracia?!
—Edward… —susurré, pero colocó sus dedos en medio de mis labios, silenciándolos.
—Shh, Bella, hablas demasiado. Disfruta del momento, y de todo lo que podemos hacer ahora —Edward susurró y enseguida me besó fogosamente.
Envolví su cuello en mis brazos y lo acerqué más, ansiando un contacto mayor. Edward me enloquecía de todas las maneras y no sabía cuánto tiempo más resistiría.
¡De pronto la idea de Alice sobre el motel no era tan absurda!
Sentí a mi rostro colorearse intensamente con ese pensamiento mientras Edward mordía mi labio inferior, dejando escapar un gemido. ¿Desde cuándo me había vuelto una pervertida?
La respuesta me la sabía de memoria: desde que Edward me había besado por primera vez.
Esperé el momento en el que Edward me empujara lejos y se apartara, pero el tiempo pasó y sus manos calientes serpenteaban mi espalda, arañando levemente la base de mi columna. Mis manos estaban agarradas a su cabello rebelde, halándolo con entusiasmo a medida que su ávida boca danzaba con la mía.
¡Cielos, creo que voy a entrar en una combustión espontánea en cualquier momento!
El sonido de la patrulla de Charlie estacionando en frente de nuestra casa me hizo saltar de la cama, tropecé con el tapete y caí sentada en el suelo, completamente aturdida.
Miré a Edward y vi que me miraba con una expresión de sorpresa en el rostro. Pasé las manos por mi cabello y solo después me di cuenta que estaba sin mi blusa.
¿En qué momento Edward me había sacado la blusa y no me había dado cuenta? Me sonrojé intensamente y me vestí apresurada, llena de vergüenza.
Edward dejó escapar una risita mientras ataba mi cabello en un descuidado moño, mi piel lanzaba fuego.
—Calma, Bella, ¿para qué todo eso? —preguntó, todavía acostado en la cama, balanceando las piernas calmadamente.
—¡Charlie! —susurré asustada. ¿Qué iba a pensar Charlie al ver a Edward en mi cuarto solo conmigo?
Edward asintió con la cabeza cuando oí la puerta de enfrente abrirse. Después, el sonido de la voz de Charlie se hizo eco por la sala.
—¿Bells? ¿Querida, estás en casa? —Charlie preguntó y maldije en vos baja. Bonita hora de llegar a casa, ¿verdad papá?
Respiré profundo, intentando ignorar las risitas de Edward, y grité.
—Estoy en el cuarto, papá. ¡Bajo en un momento! —Empecé a caminar apresurada por el cuarto, empujando fuera de la cama a Edward.
—Tienes que salir de aquí, ahora. Mi papá comerá tu hígado si te atrapa aquí, Edward —dije cuando se levantó, su expresión era de falsa inocencia.
—¿Qué hice de malo? No pasó nada demás. —Edward se defendió, mirándome como si fuera el más santo de los hombres, rolé los ojos mientras arreglaba la colcha de la cama.
—Edward, no quiero conversar ahora, ¿entonces puedes salir de aquí? —sisee, empujándolo hacia la puerta.
Edward me detuvo y lo miré nerviosa.
—¿Cómo quieres que salga por aquí sin que Charlie se dé cuenta de mi presencia? Va a estar bien bajar las escaleras y encontrarlo en la sala, "Hey, suegro, ¿qué tal le fue en el trabajo?" —murmuró y quedé pálida—. Está bien si le digo eso, ¿no es verdad? —preguntó y lo empujé contra la puerta, mi dedo en su cara.
—Ni se te ocurra hacer eso —amenacé y bufé de rabia cuando apunté a Edward con mi dedo.
—¿Y crees que estoy loco? Charlie es policía, ¿recuerdas? —dijo, apartándose de la puerta.
—¡¿Qué vamos a hacer?! —pregunté asustada.
—Baja, habla con él. Me quedo aquí hasta el momento en que me pueda ir a casa sin ser notado —Edward siseó y concordé con la cabeza. Era la solución más sensata.
—Está bien, voy a hacer eso ahora mismo, pero quiero que te quedes quieto en esa esquina. ¡No hagas ningún movimiento, si es posible no respires! —murmuré, pasando las manos por mi cabello.
—Voy a intentar hacer eso —bromeó Edward, sosteniendo la respiración.
No pude dejar de reírme y le di un puño en el hombro.
—Idiota —gruñí, saliendo del cuarto, rezando para que Charlie no haya percibido nada anormal.
Bajé las gradas corriendo, casi tropezando con mis propios pies. Encontré a Charlie en la sala, bebiendo una cerveza, cambiando el canal con el control remoto.
Me di un golpe en la frente, reprendiéndome. ¡Puta, olvidé hacer la cena!
—Bella, no te preocupes por la cena, ya llamé para pedir una pizza —dijo Charlie apenas me vio en la sala.
Suspiré de alivio. Menos mal.
—Hum… pasé la tarde ocupada, papá, estudiando para un examen de la escuela. —¿Y desde cuando mentía descaradamente? Pero eso era mejor que la verdad.
Me imaginé diciendo, con la mayor naturalidad: "Pues papá, no hice la cena porque pasé toda la tarde toqueteándome con el chico más sexy de la escuela. ¡Ah! Todavía está en mi cuarto, pero no se preocupe, no hicimos nada demás, aún. Aún"
No pude dejar de reírme con esa situación. Generalmente, cuando estoy nerviosa, mi cabeza acciona el mecanismo capaz de producir comentarios totalmente sin razón y bromas absolutamente imbéciles, encontrando gracia donde no existe.
—Está bien, querida, no te preocupes, tu viejo no va a morir por comer pizza una noche —Charlie comentó y concordé, loca por regresar a mi cuarto. Necesitaba pensar en una manera de sacar a Edward de casa.
—Papá, tengo que regresar a mi cuarto, tengo un montón de deberes en casa… —comencé y Charlie balanceó la cabeza, concordando.
—Puedes ir querida, el juego está casi comenzando —siseó papá, sin quitar los ojos de la TV.
Ya estaba subiendo las escaleras cuando Charlie me llamó, haciéndome girar para encararlo.
—¿Bells, de quién es el carro importado estacionado en frente de la casa? —preguntó y casi me caigo del susto.
Era demasiado bueno para ser verdad. ¿Y ahora, que le decía? ¡Una disculpa, Bella, piensa en una disculpa!
—Hmm… ¿Carro? ¡¿Que carro?! —pregunté, acercándome a la ventana, mirando hacia afuera—. No tengo idea de quién sea ese carro, papá. Creo que se parqueó bien en frente de nuestra casa. Bien, de cualquier modo, voy a llamar a la grúa —dije. Excusa más rebuscada que esa no había.
—Has eso, Bells —dijo sin prestar mucha atención en mí.
Subí las escaleras corriendo, entrando en el cuarto para encontrar a Edward de pie, mirando por la ventana.
Apenas cerré la puerta del cuarto se giró y preguntó:
—¿Grúa, Bella? ¿Estás queriendo que la grúa se lleve a mi Volvo? —Edward me miraba con cara de ofendido y rolé los ojos. Él era un saco de celos con ese mandito carro.
—Fue solo una disculpa. Ahora pásame las llaves de tu precioso carro para poder quitarlo de la puerta de mi casa.
Edward me miró como si estuviera hablando de la mayor bestialidad del mundo.
—¿Estás loca? ¿Desde cuándo creíste que te iba a dejar tocar mi carro? —preguntó y lo miré con rabia.
—¡Es eso o mañana te despiertas a ver el amanecer, pero dentro de una celda! —contraataqué áspera.
Edward soltó un largo suspiro, mirándome a la cara, derrotado.
—Tantas excusas que inventar y elijes el camino más difícil.
Tomé las llaves que me entregaba y sisee:
—Deja de decir mierdas, Edward. Regreso pronto. —Y salí del cuarto, rezando para que el juego que Charlie quería ver hubiera comenzado. Cuando papá se concentrara en la TV prácticamente se olvidaba del mundo a su alrededor.
Di una rápida mirada a la sala y sonreí al ver que Charlie estaba completamente absorto en la TV.
Salí apresurada de casa y entré en el carro de Edward, por suerte ese maldito carro importado tenía motor silencioso. Estacioné el estúpido Volvo, que tanto odiaba, en la calle paralela a la mía, teniendo cuidado de asegurar las puertas y accionar la alarma.
Regresé corriendo a mi calle y entré suavemente en casa, solo soltando el aire cuando entré en el cuarto y encontré a Edward sentado en la cama, hosco.
—¿Qué hiciste con mi carro? —preguntó, como un chico mimado.
—Lo estacioné en la otra calle —dije, devolviéndole las llaves.
—Si le pasa alguna cosa a mi carro… —comenzó y rolé los ojos, sin el menor ánimo para discusiones.
—Mira, puedes darle una revisada a tu carro apenas lo veas, ¿ok? Ahora déjate de mierdas, ¡te tienes que ir ahora de aquí! —Gruñí, empujándolo hacia la ventana.
Edward me miró incrédulo y después preguntó:
—No quieres que salte por la ventana, ¿verdad?
Sonreí cínica y dije:
—Veo que salir conmigo te está volviendo un experto. —Le abrí la ventana y apunté hacia abajo—. ¿Qué estás esperando? ¿Una invitación especial para saltar?
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Edward's POV
—¿Qué estás esperando? ¿Una invitación especial para saltar? —Bella me miraba con una expresión decidida en el rostro, como si estuviera hablando en serio. Pero no estaba hablando en serio, ¿verdad?
El segundo piso era alto, más de unos 2 metros, si saltara de ahí, por lo mínimo, me quebraría una pierna. ¿Era eso lo que Bella quería? ¿Quería que me estampillara contra el suelo?
La miré seriamente y murmuré:
—¿Qué crees que soy? ¡¿Algún tipo de súper héroe? —hizo una mueca y replicó:
—Deja la cobardía, Edward, ni es tan alto. —Bella miraba por la ventana, buscando alguna cosa.
—No voy a salir de tu casa como un fugitivo. No voy a saltar por tu ventana corriendo el riesgo de quedar lisiado —sisee contrariado.
Bella roló los ojos y dio un suspiro alto, visiblemente aburrida.
—Eres un cobarde, ¿sabías? ¡Y además de eso eres un exagerado! —murmuró mientras se sentaba en la cama.
Imité su gesto y respondí:
—Y realmente te debo gustar como para querer que salte por la ventana, corriendo el riesgo de sufrir un accidente. —Bella se carcajeó al oírme decir eso y después pasó las manos por mis hombros.
—Deja el drama, Edward. ¿Te olvidase que soy yo la mujer de esta relación? —preguntó y después no contuve una carcajada.
Eso me enfureció. Qué estaba queriendo insinuar, ¿Qué era gay? ¡Ah, eso no se quedaría así!
Halé a Bella hacia mi regazo, haciendo que sintiera el volumen que inmediatamente creció en medio de mis piernas. Bella me miró sorprendida e intentó balbucear alguna cosa, pero se lo impedí, callándola con un beso apasionado. Esa chica me hacía perder los sentidos, me obligaba a actuar irracionalmente. Si eso continuaba así por mucho tiempo, no sería capaz de resistirme.
—Bella, la pizza llegó, ¿vas a querer una porción, querida? —Oí la voz grave de Charlie romper el silencio que cubría el cuarto y Bella saltó de mi regazo asustada.
Me miró, todavía confundida y preguntó tartamudeando:
—¿V-vas a querer… co-comer algo? —No pude dejar de reír por el doble sentido de la frase.
—Bella, haces preguntas equivocadas. Ve, cómete tu pizza y trae una poción para mí —murmuré, poniéndome en pie, tomándola con cuidado para colocarla firmemente en el suelo.
Por lo menos un tipo de hambre iba a ser aplacado esa noche.
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Comimos en silencio, Bella sentada en la cama y yo recostado en la ventada, observando la noche helada de Forks. Ya pasaban las diez y me estaba empezando a irritar.
—Cuándo es que tu papá va a dormir, ¿eh? ¡Me quiero ir a casa! —gruñí, terminando de comer la pizza.
Bella me miró, visiblemente cansada y susurró:
—Creo que no se va a demorar mucho, unos quince o veinte minutos.
Coloqué el plato y el vaso encima del escritorio de ella, y me tiré en la cama, satisfecho con la cena. Bella me miró por un rato, después tomó nuestros platos y dijo:
—Realmente eres muy relajado, Cullen. —Hizo una mueca cuando sonreí al verla roja de rabia. Cómo se veía de adorable cuando estaba así, toda colorada.
Bella salió del cuarto, llevando nuestra loza a la cocina y me quedé acostado en la cama, observando el techo. Era increíble como era de bueno estar al lado de ella, Bella era diferente de todas las chicas con las que conviví. Y no fueron pocas.
Siempre fui un hombre con las hormonas alborotadas, mi vida se resumía en dinero, sexo y bebidas. No necesariamente en ese orden; pero desde que Bella me había besado ese día en el almacén, había parado con todo eso. Ella me había dejado obsesionado, pasaba las 24 horas del día pensándola, en la manera que podría hacerla caer por mí.
En un comienzo creó que era solo deseo, una cosa que podría calmar si llevara a Bella Swan a la cama. Pero con el correr de los días vi que era mucho más que eso, y no tardé mucho para darme cuenta que estaba enamorado de ella.
De repente, Bella entró en el cuarto y se acostó a mi lado, su rostro muy cerca del mío. No pude deja de inhalar el aroma que emanaba de ella, algo que me recodaba a fresas maduras. Era realmente una tentación, necesitaba controlarme para no estropear las cosas.
—Y entonces, ¿quieres quedarte acostado hasta morirnos del aburrimiento? —comentó y sonreí ante el timbre dulce de su voz. Todo en ella me descontrolaba.
—Bien, como lo que quiero hacer está un poco censurado por aquí, entonces sugiero que tú escojas lo que vamos a hacer —dije, y me di cuenta que se había sonrojado.
Bella tenía que parar de colorearse de esa manera, no tenía la mínima idea de cómo eso me excitaba.
"Cálmate, Edward, camarada, necesitas ser fuerte. Unos veinte minutos más de tortura y puedes regresar a casa para tomar un baño, de preferencia bien frio" pensé derrotado.
—Hum… estoy un poco cansada, ¿qué tal si nos quedamos acostados aquí y jugamos a hacer silencio? —Bella sugirió y no pude dejar de carcajearme. Esa chica era realmente única.
—Bien, creo que esa es una excelente idea, vamos a jugar a eso entonces —sisee, mirando hacia el techo. Bella no respondió y continué mirando hacia el techo.
Diez minutos después estaba profundamente aburrido.
—¿Bella? —llamé, pero no me respondió. Intenté nuevamente—: ¿Bella? —Nada otra vez. Suspiré, exasperado y miré para un lado, buscándola.
Bella estaba con la cabeza reposando en la almohada, sus ojos marrones estaban cerrados y su respiración era muy calmada. Se había dormido. No pude dejar de sonreír al verla tan tranquila, más linda que nunca. Pasé la mano por su rostro de corazón y me di cuenta que su piel reaccionaba a mi toque involuntariamente.
Muy bien.
Pasé los brazos en torno a su cintura y la acurruqué en mi pecho, Bella automáticamente se amoldó a mi cuerpo, pasando los brazos a mí alrededor.
Sonreí cuando respiró profundo, su cabeza ahora reposaba cerca de mi cuello.
—Duerme bien, mi amor —susurré bajito, para en seguida, besar el centro de su cabeza.
No sé por cuanto tiempo me quedé así, abrazándola, oyendo su respiración tranquila, el único sonido que invadía al cuarto.
En algún momento de la noche me rendí al sueño con Bella en mis brazos.
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Me desperté con un ruido de algo cayéndose al suelo, miré hacia un lado y vi que Bella estaba sentada en el piso, sus ojos muy abiertos, su boca en forma de 'O'. Parecía muy asustada.
No pude dejar de reír, Bella era linda de todas las formas, así se hubiera acabado de despertar, con el cabello que más parecía un nido de pájaros, era fabulosa. Y esos ojos… ¡qué ojos! El color me recordaba al chocolate derretido.
Las personas siempre preferían los ojos claros, como los míos, de un azul del color del cielo, pero debo confesar que soy fascinado por los ojos castaños, como los de Bella.
Se levantó aun tambaleante, pero cayó al tropezarse con la punta del cobertor que estaba caído en el suelo. Me carcajee alto, incapaz de contenerme. Bella se giró hacia mí con rabia, haciendo una señal para callarme.
—¿Te quieres morir? Si Charlie escucha eso nos va a matar a los dos. O mejor, ¡te mata! —gruñó bien bajito.
—Buenos días para ti también, amor —sisee, todavía intentando controlar la risa.
—¿Cómo fue que esto pasó, Edward? ¿No deberías estar en tu casa? —preguntó, sonrojándose inmediatamente—. Oh Dios Mío, ¿pasó alguna cosa? —Sonreí y me senté en la cama, desperezándome como un felino.
—Bien, me dormí y eso fue todo. No puedo responder por ti… —dije y roló los ojos, exasperada.
—¿Siempre eres así temprano en la mañana? ¡Tú humor es contagioso! —Bella comentó y contuve una vez más la risa que picaba en mi garganta. Ella tenía razón, Charlie debía estar todavía en casa.
Bella recogió su cabello en una cola de caballo floja y tendió las mantas encima de mí, mirándome seria.
—Voy a bajar a ver si Charlie ya salió para el trabajo, y cuando regrese vas a desaparecer de mi vista. Nos vemos más tarde en la escuela.
Hice una reverencia y vi que se había puesto roja de rabia.
—Sí, oh poderosa Bella. Haré todo lo que la Señora ordene. Soy su fiel seguidor —dije, con mi tono muy formal.
—Ja, ja, ja, Edward. Muy gracioso. ¡Muy gracioso! —gruño y después salió del cuarto.
"¡Qué buena manera de comenzar el día!" pensé mientras me tiraba en la cama de Bella, dejando que el perfume que estaba impregnado en la almohada de ella invadiera mi nariz, haciéndome sonreír.
—Definitivamente este va a ser un lindo día —sisee, sonriendo para mí mismo
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Bella's POV
Bajé las gradas corriendo, rezando para no tropezar con mis propios pies. Me di cuenta que la sala estaba vacía y di un largo suspiro, casi muriendo de tanto alivio. Era momento de sacar a Edward.
Aún estaba mareada con todo lo que había pasado la noche anterior, la manera como Edward me había besado, como me había tocado… recordé el momento en que sentí su erección y me sonrojé de vergüenza. A la luz del día eso era demasiado embarazoso.
Pesé las manos por mi rostro, intentando aclarar mi mente, era increíble como Edward me perturbaba, aún después de despertar y encontrarme de frente con él.
Oh Dios Mío, ¿cómo pude dejar que pasara? Pero… espera, no pasó nada. Si hubiera pasado algo más de simples toqueteos lo recordaría, ¿lo haría?
Mi cabeza estaba perdida, no conseguía pensar las cosas correctas en ese momento.
Me acerqué a la escalera y pegué un grito:
—¡Puedes bajar Edward, mi papá ya se fue al trabajo! —suspiré cansada. Edward me dejaba exhausta.
Y entonces bajó, su rostro estaba perfecto, sus ojos azules estaban con un brillo diferente, en su boca había una maravillosa sonrisa torcida. Jadee, completamente tonta con la visión que tenía en frente.
¡Dios, era deslumbrante!
—Espero que no te importe, pero usé tu baño. Necesitaba lavarme el rostro —susurró y sentí mis piernas tambalearse.
¡Por el amor de Dios, alguien le debería prohibir a Edward salir a la calle! Su belleza dejaba a las personas hipnotizadas. ¿O será que eso solo pasa conmigo?
—E-está bien, Edward —balbucee, con la voz fallando. Edward sonrió y me miró.
—¿Y entonces, que tenemos para el desayuno de esta mañana?
Lo miré atónita. No estaba hablando en serio, ¿verdad?
—¿Qué dices? No estás pensando en desayunar aquí, ¿verdad? —pregunté, todavía alarmada.
Edward me regresó la mirada, sorprendido, sus azules ojos brillaban de curiosidad.
—¿Y por qué no? ¿Acaso hay algo de malo en eso? —respondió y abrí la boca para responder cuando oí el ruido de la patrulla de Charlie estacionarse en frente de la casa.
Me congelé en mi lugar, mis ojos abiertos, mi cara muy pálida.
—¿Charlie? ¡Dios Mío, mi papá regresó! Se debe haber olvidado algo ¡Edward, sube a mi cuarto y quédate allí, quieto, por el amor de Dios, o vas a salir derecho a la delegación! —grité, empujándolo hacia las escaleras.
Edward se reía con mí actuar nervioso y eso sirvió para irritarme aún más.
—Calma, amor, relájate. Puedo lidiar con mi suegro —bromeó mientras sentía a mi pecho jadeante, a punto de un ataque de pánico.
Una almohada dura, ¡que alguien me dé una almohada dura!
—¡Cállate, Edward, y sube ya a mi cuarto! —susurré, oyendo la llave encajando en la cerradura. Iba a caer petrificada en cualquier momento, el pánico me había invadido totalmente.
—Está bien, está bien, estoy subiendo —Edward dijo, subiendo las escaleras con una exagerada calma. ¡Cómo adoraba torturarme!
Corrí a la cocina, cogiendo la primera cosa que vi en la nevera. Solo después de un tiempo me di cuenta que agarré una lata de cerveza. Demasiado tarde para colocarla de vuelta. Charlie estaba en la cocina y me miraba sorprendido.
—¿Bella, bebiendo a estas horas de la mañana? —preguntó y me sonrojé, queriendo enterrarme.
Casi pude oír una risita de Edward, que probablemente debía estar escuchando todo.
—C-claro que n-no, papá, creo que aún no me acabo de despertar bien y tomé la lata equivocada —dije, colocando la cerveza de vuelta dentro de la nevera.
"Señor, dame fuerzas, no dejes que mis piernas flaqueen, no ahora" recé, mis manos estaban temblando.
—¿Papá, tiene un minuto para mí? —pregunté, un súbito coraje me dominaba.
Necesitaba aclarar pronto las cosas con Charlie, mi papá necesitaba saber que estaba de novia con Edward antes de que la noticia se esparciera aún más.
—Claro, querida, ¿algún problema? —Charlie me miró preocupado.
Me senté en una silla, casi suspirando de alivio. Mucho mejor así.
—No, ningún problema. Es solo que quería que… sí, necesito decirte una cosa… y es que yo… —no lograba arrancar las palabras para formar una frase.
¿No podía o no quería? Probablemente las dos.
—Habla, Bells, puedes decirlo. Debo ir a trabajar, ¿lo olvidaste? —preguntó enervado.
—Claro papá, entonces dejémoslo para más tarde —sisee, pasando las manos por mi frente. Estaba sudando.
Charlie haló una silla y se sentó frente a mí. Si tenía una cosa que debía colocar en mi cabeza, era nunca pedir conversar con mi papá cuando no me sentía preparada, Charlie era demasiado curioso y sabía que no iba a dejarme en paz mientras no le contara todo.
—Ahora que empezaste, termina, Bella —dijo, cruzando las manos encima de la mesa, mirándome.
Carraspee, intentando con eso limpiar mi garganta, pero no sirvió de nada. Estaba literalmente temblando del susto.
—Bien, papá. Es que yo... bien... yo... hum… tengo un… —comencé, pero no tuve condición de continuar. Respiré profundo e intenté calmarme, para en seguida despejar todo de una vez—. Es que tengo novio —dije rápido.
Bajé la cabeza, estaba asustada por la reacción de Charlie, generalmente los papás eran celosos con las hijas, no sabía que grado de celos sentía mi papá por mí.
—¡Uau, eso es una gran noticia! ¿Quién es el chico? —papá preguntó y cerré los ojos, contando hasta tres.
Ahora estábamos en la parte más difícil.
Miré hacia un lado, viendo hacia la nevera que tuvo sus mejores días y hablé, intentando no tartamudear.
—E-Edward… Edward Cullen —sisee, bajando la cabeza una vez más y soltando un suspiro bajo.
Charlie se quedó callado por un buen rato hasta que decidí que era momento de mirarlo, no vaya a ser que maté a mi padre involuntariamente.
Miré a Charlie y me di cuenta que estaba boquiabierto, sus ojos estaban un poco abiertos y su expresión era de sorpresa.
¡Uf, por lo menos no estaba muerto!
—¿Papá? —susurré y Charlie volteó para mirarme, su frente estaba fruncida.
—¿Edward Cullen? ¿Ese Edward Cullen? —preguntó, todavía incrédulo.
Cerré los ojos, queriendo enterrarme. Ahora me iba a considerar una loca por andar con un chico que hace más o menos un mes atrás había golpeado.
—Sí, papá… es ese Edward Cullen —murmuré, evitando mirar a Charlie.
Soltó un largo suspiro y después siseó:
—Mi Bella, cuando creo que ya te conozco, apareces con algo nuevo para hacerme ver que eres impredecible. —Charlie sonreía y lo miré, ahora era mi turno de estar confusa—. Bella, tantos chicos que puedes tener de novio y escoges justamente a Cullen, el chico que vivía en pie de guerra contigo. Eso no deja de ser gracioso —dijo Charlie, riéndose.
Lo miré nerviosa. Lo que menos necesitaba era que Charlie tuviera alguna cosa en contra de mi noviazgo con Edward.
—¿Algún problema con Edward, papá? —pregunté, en pánico nuevamente.
Charlie se carcajeó y casi se revienta mi cabeza. ¿Será que era solo yo quien no le veía gracia alguna a toda esta historia?
—Claro que no, querida. Solo creo que esto es demasiado irónico. Tú y Cullen, dos niños que pasaron la vida odiándose y ahora, de la noche a la mañana, están bien, y más encima, están de novios. Ay, ay, ustedes los jóvenes, son muy graciosos. —Tamborilee los dedos en la mesa, casi muriéndome de la vergüenza.
—Pues sí, papá, fue todo muy repentino y confieso que inesperado. Pero entonces… ¿todo bien con eso? —pregunté, mordiendo el labio inferior, demasiado nerviosa.
Charlie me miró y sonrió, sus ojos brillaban por culpa de la crisis de risas que tuvo algunos segundos atrás.
—Claro que todo está bien, Bells, ya estaba un poco preparado para que un día entraras por aquí y me dijeras que tenías novio. Ya tienes casi 18 años, eso es más que normal. Confieso que la idea de pensar en mi chica siendo besada por un hombre no me agrada, pero la vida es así, necesito acostumbrarme. —A medida que Charlie hablaba sentía que mis pulmones se relajaban, el aire saliendo, dejándome más aliviada—. Y le puedes decir a Cullen que no tengo nada en contra de él. Hasta admiro mucho a su familia, el Dr. Carlisle Cullen es un gran hombre, no cualquiera decide cuidar a tres niños huérfanos, aunque ellos sean hijos del hermano que murió en un accidente terrible como aquel.
Balancee la cabeza, concordando, sintiéndome más calmada otra vez.
—¿Y entonces, cuándo lo vas a traer? —Charlie preguntó y sentí la tensión regresar a mi cuerpo. Esto iba a ser muy interesante decirlo.
"Pues sí quiere, papá, puedo presentárselo ahora, ya que Edward está en mi cuarto. ¡Ah! Olvidé mencionar que pasó la noche aquí, durmió conmigo"
Mi humor definitivamente era demasiado negro. ¿Cómo me atrevía a bromear con una cosa de esas? Estaba queriendo morir ahí mismo.
—Hmm… no sé, papá, cuando usted quiera —respondí con la verdad, nada de bromas, respuesta clara y objetiva.
Charlie se levantó y sabía que la tortura había acabado.
—Bien, ¿qué tal traer al chico hoy para que cenemos? —preguntó y me estremecí, hoy era demasiado pronto, no sabía si estaba preparada para una cena formal de presentación de mi novio, mi ex enemigo, a mi padre.
—Hum… voy a hablar con Edward —sisee, queriendo enterrarme en algún lugar.
—Está bien entonces, Bells. Voy a tener que regresar al trabajo, me olvidé de algunos documentos en casa, por eso regresé a buscarlos —Charlie siseó, cogiendo la carpeta que estaba encima de la mesa.
—C-claro, papá. Buen trabajo —me despedí, ansiosa por quedarme sola.
Cerré la puerta con fuerza tras de mí, respirando varias veces, intentando calmarme. Lo peor había pasado, gracias a Dios.
Me llevé un susto al ver a Edward parado al pie de la escalera, sus ojos azules estaban divertidos y luchaba para contener una carcajada.
—Oíste todo, ¿lo oíste? —pregunté, pasando las manos por mi cabello, agitada.
—Cada palabra —murmuró, alargando esa maldita sonrisa llena de dientes—. ¿Bebiendo cerveza por la mañana? —repitió la pregunta de Charlie, haciéndome sonrojar violentamente.
—¡Cállate, Edward y desaparece de aquí, ya me causaste demasiados problemas hoy! —dije irritada.
Edward se carcajeó al verme colorada y se acercó a mí.
—Realmente tengo crédito con el suegro, creo que mi triste pasado hizo que me diera una oportunidad —comentó, con los ojos bajos, al estilo cachorrito abandonado. Rolé los ojos.
—No cantes victoria antes de tiempo, Edward. Si bien conozco a mi padre, debe estar haciendo una investigación a tu registro criminal. ¿Sabes cómo es, no? Es mejor prevenir que lamentar —sisee y Edward me atrapó en un abrazo, dejándome inmediatamente en alerta.
—¿La cena de hoy en la noche? Voy a adorarla —ignoró mi comentario y murmuró muy cerca de mi oído, me aparté, nuevamente tensa.
—No te atrevas a aceptar. Ya pensé en todo, quién sabe si la semana que viene o… —no me dejó completar la frase, pues ya se encaminaba hacia la puerta.
—Dile a Charlie que estaré aquí a las 8 —siseó y me quedé roja de la rabia.
—Edward, no… —intenté replicar, pero solo sonrió, interrumpiéndome.
—Te veo en clases, y no te retrases. —En seguida me vi sola en la sala, completamente atónita.
Sí, aun tendría un ataque al corazón con toda esta historia.
Muito, muito obrigada, CELLA
Hola, hola :D hasta aquí llego, por hoy. Ese Edward es un grrr, muyyy caliente y carajo, tentador jajaja es la tentación echa carne :P ¿se esperaban esta reacción de Charlie? ¿qué opinan? Espero con ansias sus comentarios.
Gracias infinitas por los favoritos, Alertas, visitas clandestinas a leer, los reviews, :3 son geniales, un pago espectacular. BIENVENIDAS a las nuevas lectoras y lectores, si es que hay alguno por ahí :P espero disfruten de este fic.
Nos leemos pronto, apenas esté el próximo lo tendrán.
Beijos
Merce
