Capítulo IX – Adiós

Cualquiera en mi situación creería haberse vuelto loco. O simple y sencillamente… No, enserio esto estaba demasiado extraño.

Y es que cuando una persona desaparece por más de una semana te esperas lo peor; pero nunca lo que había sucedido esa tarde.

¿Sakura? –Las manos comenzaron a temblarme, tanto así que por un segundo creí haber dejado caer el teléfono celular.

– ¡Himeko! –Para mi desgracia no supe cómo mantener el tono normal de mi voz. Sonaba tan desesperadamente estúpida.

¡Sakura! –Por un segundo todo el frustramiento que se me había acumulado en esos fatídicos días dejo de hacerse presente, y por primera vez podía respirar tranquila.

– ¿Dónde estás? ¿Qué te sucedió? ¿Estás bien? –Sabía que mi propia boca había dejado de ser controlada por mi cerebro y ahora, malditamente, era controlada por mi desesperación.

–Descuida estoy muy bien. –Suspiré algo más calmada al saber que nada le había sucedido.

Tal vez muchas personas, e incluso yo, jamás lograrían entender la razón por la que ella me preocupaba tanto. Tal vez temía bastante quedarme sola de nuevo, tal vez temía perder una mejor amiga nuevamente, y fuera cual fuera la razón, esperaba poder encontrarla.

– ¿Qué sucedió? ¿Dónde estás? ¿Qué paso? –Y ahí estaba de nuevo mi boca y su vomito verbal.

Digamos que después de lo que sucedió en mi casa… –Hablaba como si estuviera enterada de todo. Tal vez ella sabía que yo estaba enterada de lo que sucedió, y esperaba eso no le molestara –Mi familia se había ido a casa de mi tía a cenar, pero yo me había quedado con Syaoran en su casa. De repente comenzaron a haber muchos ruidos afuera de la casa de Syaoran. Salimos corriendo para ver que sucedía… –La respiración se le corto por varios segundos y creí por un segundo que me había dejado colgada –Y luego vimos como entraban a mí casa. Syaoran, en un intento de protegerme me saco de ahí y me llevo lejos. Estuvimos escondidos por una semana, los dos solos. –Aquellas últimas palabras hicieron eco en mi interior. Como si tuvieran un doble sentido que me negaba a si quiera pensar.

–Me alegra que estés bien. –dije algo más tranquila, pero aun con un sentimiento extraño, que no sabía identificar en mí ser.

Bueno, por ahora no iré a la escuela lo que resta del año. –La escuché y no pude evitar sentirme triste. Digo, ya era mi mejor amiga, estaba en mi salón y el año estaba a penas a la mitad. Apenas y entrarían las vacaciones de navidad.

–Eso es muy triste. –dije inconsciente y algo perdida.

Lo sé. –Escuché su voz triste como la mía –Lo bueno es que te poder ver en la fiesta de hoy. –La escuche algo más entusiasta y sonreí –Será como mi despedida.

Temblé. Alguien que volvía a decirme adiós… Alguien que tenía planeado desaparecer y dejarme a la deriva. Alguien en quien termine confiando para que simplemente me dejara como los demás.

–Espero y todo se resuelva. –Dije de todo corazón.

Igual yo. Te veré allá.

–Claro. –Sonreí contra la bocina del teléfono.

Te amo. –musitó al tiempo en que escuchaba los entrecortados sonidos en el teléfono. Esos que me decían que la persona tras el teléfono había abandonado la conversación. Pero en ese instante, tenían un tono más mísero que los anteriores, un tono que indicaba nunca volver a escuchar, o ver, a la persona de ese lado.

–Igual que yo. –susurré aun sabiendo que no obtendría respuesta alguna.

Suspiré, y con algo de desgana me levante de mi cama y pretendí cambiarme de ropa para la fiesta.

No estaba segura de que tan fuerte sería al saber que tenía que decirle adiós a Himeko, la única mejor amiga que tenía ahorita, no sabía si quiera si sería capaz de decirle adiós del todo.

Pero enserio esperaba que todo fuera mejor…

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Di un paso dentro del gran salón, decorado elegantemente con el tema de "Country", y fui recibida por la sonorosa música en el interior. Había bastante gente dentro. En una esquina estaba la pista de baile donde mucha gente era arremolinada para bailar, en el otro extremo había un inflable en donde había un toro mecánico. Entre completamente con temor a lo que fuera a pasar ese día, y esperaba Dios me amara y esto terminara bien.

–Sakura. –escuche una voz masculina detrás de mí he instantáneamente me di la vuelta para obsérvalo.

–Syaoran… –susurré esperando que con tanto ruido a nuestro alrededor el lograra escucharme.

Era la primera vez que lo veía desde que paso todo lo que paso. Desde que se decidió a dejar de hablarme, y desde que me decidí a que fingiría que todo estaba bien y siempre sería así.

– ¿Cómo te va? – ¡MIERDA! ¿Por qué me hacía eso? ¿Por qué llegaba él después de meses sin verlo y pretendía que todo estaba bien? ¿Por qué nuestras conversaciones no podían dejar de ser tan triviales? ¿Por qué no podía hablar con él de lo que había pasado? ¿¡Por qué!

–Bien… –me limité a mentir de nuevo con solo una monótona silaba. No necesitaba saber todo el daño que me había causado él mismo. ¿O sí?

–Me alegra eso. –me sonrió; con esa sonrisa que movía el delicado piso bajo mis pies.

¿Por qué seguía sintiendo algo así por él? ¿Por qué no podría superarlo?

¡Joder! ¿Por qué tuve que verlo ahí? ¿Por qué era tan estúpidamente ingenua y no era capaz de decirle toda la verdad, todo eso que me hizo que estaba por superar pero que aún no podía? ¡Si Dios! Yo sabía que me odiabas, pero nunca creí que tanto…

Mis ojos divisaron a Himeko a lo lejos y mis piernas no evitaron temblar cual gelatina sin cuajar. Caminé hacía ella lo más erguida que podía, lo más rápido que se podía, a causa de todas las personas alrededor. Caminé y caminé, y con cada paso que daba iba dejando a Syaoran tras de mí. Para darme un respiro de él, otro más.

– ¡Hola! –casi gimió al tiempo en que sentía sus delicados brazos a mi alrededor. Me permití por un segundo olvidar al resto del mundo, y olvidar que todo estaba mal para sonreír y sentirme feliz como en todas esas semanas no me había sentido.

–Te extrañe. –Susurré con mi voz temblorosa de tanta emoción al saber que ella estaba bien y que no debía de preocuparme más–.

– ¡Al igual que yo! –sentí mi hombro mojado y supe así que estaba llorando, como yo lo había hecho un par de semanas atrás, tratando de olvidar el dolor que estas dos personas me habían causado. Y sin embargo, yo no deseaba ver a ninguno de los dos llorar. Deseaba que fueran felices… aunque no fuera a mí lado.

Me separé de ella solo para que me viera de frente, porque quería saber que yo siempre estaría para ella y siempre sería su mejor amiga.

–Himeko, siempre estaré contigo. –le dije sonriéndole como solo una madre hace con su hija, tomándole por los hombros para evitar así que dejara de mirarme.

–No hables como si nunca te fuera a volver a ver. –Replico limpiándose las lágrimas de sus mejillas enrojecidas –No es como si me fuera a ir para siempre.

–Lo sé. –mentí. Porque aun que deseara creer sus palabras no podía, no por todo lo que ya había pasado antes. Una persona que dice adiós… Nunca vuelve a regresar.

–Pero ya deja esa cara y mejor vamos a divertirnos. –tomo mi mano y me jaló hacía el centro de la pista de baile dejando atrás mi estupidez de sentirme mal. Yo disfrutaría ese día… Sin importar que.

Sentí como el tiempo corría y corría, pero tampoco me importaba, de hecho me parecía que entre más pasaba el tiempo más lograba recuperar algo de lo que había sido yo al inicio de aquel año.

La fiesta transcurrió mucho mejor que ninguna otra a la que había ido y me sentía feliz; sumamente feliz.

–Iré al baño. –escuche decir a Himeko a lo que yo solo asentí. Mire como se alejaba de mí y me decidí a que era mejor salir un rato a tomar el aire.

Inhalé ampliamente esperando que con eso mis pulmones se llenaran del aire necesario para poder respirar nuevamente con tranquilidad. Cerré mis ojos con fuerza e inhalé así de hondo un par de veces más; hasta que una presencia tras de mi me llamo la atención haciendo que abriera mis ojos.

Me di media vuelta para encontrarme con la masculina figura de Syaoran parado frente a mí. Me miraba con sus perfectos labios curveados hacía arriba, en esa sonrisa que lograba hacerme suspirar. Por un segundo cada poro de mi piel se hizo más sensible que antes, haciéndome temblar por completo.

Me limite a solo observarlo y no decir nada. Tenía miedo de abrir mi boca y escupir ciertas cosas de las cuales algún día me arrepentiría. Tenía miedo de perder a más personas por mi estupidez…

Sentí como los segundos pasaban como si fueran horas. Inhalaba y exhalaba demasiado entrecortadamente; por alguna razón el aire no quería inundar mis pulmones de ese oxigeno necesario para la vida.

–Sakura… –lo miré temblando aun. Sintiendo como en mis ojos se comenzaban a formar las lágrimas. Yo no debía de llorar. Yo era fuerte… –He querido decirte algo desde hace ya bastante tiempo.

– ¿Qué? –dije monótonamente casi ahogándome con esa simple silaba. A la vez, aquello había sonado desesperado, lo cual me apeno demasiado.

–Sakura. –Sentí como sus manos se aferraban a las mías en un cálido toque que me produjo una tranquilidad indescriptible. Por un segundo mi mirada se desvío hacia nuestras manos aferradas, y si yo era una idiota, pero aquella imagen, ante mis ojos resultaba demasiado hermosa e irreal. Tanto así que me costaba mucho creer que esto estaba sucediendo.

¿Era después de todo verdad?

–Sabes, yo no soy novio de Himeko más. –Dijo con una voz extremadamente seria, lo cual me hizo temblar de nuevo –Si, yo la salve. –supongo que había leído mis pensamientos. Esos que tenían que ver cómo era que ambos habían terminado juntos en un lugar, por una semana completa… solos –Pero no me quedo de otra más que alejarla de ahí y esconderla hasta que las situación fuera menos peligrosa. –No me movía, ni siquiera mi pecho se movía dando a entender que respiraba. Todos mis nervios estaban a flote y los vellos de mi nuca se habían erizado completamente –Sakura, jamás estuve más seguro de algo en toda mi vida. –Sentí como sus brazos se tensaban alrededor de mis muñecas –Puedo decirte que gracias a ti me di cuenta de que lo mío con Himeko no era más que un estúpido error. –No pude evitar abrir mis ojos completamente. Aquellas palabras que salían de su boca me parecían lejanas, parecían un sueño –Sakura, –No entendía su razón de decir tantas veces mi nombre, pero en cierta manera eso me gustaba, me gustaba que no lo olvidara –Eres la única persona que me puede hacer olvidarla.

Retrocedí un paso atragantándome con la información que me estaba diciendo. No… no era cierto. ¡Esto era un sueño! Esto no era real. Syaoran no podía aparecer de la nada y ahora darme a entender que quería algo más conmigo… Darme a entender que enserio me amaba, y que lo de Himeko solo era para… ve tu a saber…

Ya no sabía que pensaba. En mi cabeza se arremolinaban todas esas opciones, y muy en el interior de mi seguía diciendo que esto era un sueño aun deseando que esto estuviera pasando de verdad.

– ¿A qué te refieres? –no pude evitar cuestionarlo de esa manera, porque ni yo misma dejaba de hacerlo. Mis ojos se hacían cada vez más cristalinos y por un segundo deje de ver todo a mi alrededor e incluso a él.

–Mi pequeña Sakura. –Llamo mi atención mientras yo solo supe mirarlo hacia arriba –No llores mi bella flor de cerezo. – ¡Ahí estaba! Ahí estaba ese Syaoran del que me había enamorado. Ese Syaoran que decía amarme con muchísima pasión solo a mí. Ese Syaoran que había lastimado mi corazón.

Retrocedí un paso más alejándome. No debía hacer esto de nuevo. Estaba cavando mi propia tumba y si lo que él decía era mentira, estaba segura de que sería el mismo quien me llevaría ahí aún en vida.

–Syao… –no pude evitar que mi voz se cortara. Gemí dolorosamente, recordando el dolor que me provocaba mirarlo con Himeko.

– ¡Sakura! –sentí como él acortaba toda distancia entre los dos. Sentí su musculoso pecho pegado a mi mejilla y el latir de su corazón. Sus brazos rodearon mi frágil y tembloroso cuerpo mientras esas lagrimas dolorosas, que me había dedicado mucho tiempo a esconder, abandonaban mis mejillas sin remedio.

Gemí nuevamente. Desahogué todo lo que había sentido por él en los últimos meses. Ese amor que nunca me había sido correspondido, ese amor que me había lastimado tanto.

–Sakura. –de nuevo mi nombre en ese susurro tan torturante y a la vez amoroso que ya no quería escuchar – ¿Quieres ser mi novia?

Juré por un segundo que esta no era más que una muy maldita broma de mis atolondrados oídos. Pero aun que lo negara, me hacía demasiado feliz haber, aunque sea alucinado, que él me preguntaba eso. Era con algo que soñaba en mis muy miserables sueños.

– ¿Es enserio? –cuestione de nuevo. Ahí estaba mi yo con sentido común que me seguía diciendo que esto podía no ser verdad después de todo.

–Eres la única persona que me puede hacer olvidarla. –Repitió suavemente en mi oído.

Asentí. No supe si él sabía a lo que me refería, puesto que ni yo sabía tampoco. Solo sabía que en el interior de mi aun lo deseaba como mi novio. Aun lo quería… Aún estaba enamorada de él.

–Sí. –Musité algo más controlada –Si quiero… ser tu novia. –Aún me costaba creer en esa palabra; y en toda la situación en general.

Lo observé y me sonroje al mirar cómo me observaba. Su mirada me hizo sentir por pequeños segundos que yo era la cosa más preciada de toda su existencia.

Sentí como su rostro se acercaba mucho más al mío, acortando toda distancia entre los dos. Mi cuerpo se tensó por completo y me quede inmóvil. Sabía lo que se avecinaba, y no miento, me sentía bastante aterrada. Si esto seguía así, le regalaría mi primer beso a él y solo a él.

–Gracias. –susurro contra mis labios al tiempo en que besaba la comisura de estos.

– ¿Por qué? –pregunte sonrojada.

–Por hacerme la persona más feliz del mundo. –Sonrió nuevamente de esa manera. –Me tengo que ir mi vida. Ahorita te marco. Te amo.

Me quede mirando cómo se alejaba lentamente de mí. Sentía como toda esa vida perdida me era otorgada de nuevo. Me sentía feliz demasiado feliz. Sonreía como una loca ilusa. Pero no me importaba parecer eso. Era realmente feliz por primera vez en mi corta vida.

Caminé sin rumbo cuando mi celular comenzó a sonar. Sonreí enamorada y anonada al mirar que era Syaoran. Y si más colgué llena de felicidad.

Mi Sakura. –Dijo suavemente con un tono lleno de amor –No pude evitar no escuchar más tu dulce voz. Dime algo mi bella flor. –Me sonrojé, todo esto era demasiado nuevo para mí.

–Hola. –Fue lo único que se me ocurrió decir.

Se rió y no pude evitar imitarlo.

–Oye… –dije casi inconsciente al recordar ese pequeño detalle que había olvidado.

Mande.

– ¿Sera nuestro secreto? –Me refería a nuestra relación. Sé que sonaba tonto, pero no quería perderlo si alguien más se enteraba. Deseaba más que nada conservarlo por el resto de mi vida.

Claro mi amor. –dijo con tanta tranquilidad que me inspiro mucha confianza.

Me recargué en aquella pared mientras hablaba cada vez más trivial, mientras él no dejaba de decirme "te amo".

Suspiré demasiado enamorada de lo que estaba pasando.

–Debería regresar a la fiesta. –dije desde mi subconsciente.

Claro mi amor. Espero la disfrutes. –Sonreí asintiendo contra el teléfono. Y me di la vuelta aun sin colgar, mirando hacía las grandes ventanas que daban dentro del salón. Mis ojos se abrieron de par en par al mirar la figura molesta de Himeko caminar hacia mí. Con desesperación pegue más el auricular a mí oreja susurrando:

–Ahí viene, ya me voy.

Y dicho eso ultimo colgué el teléfono.

Ella se paró en seco frente a mí. Su mirada lanzaba grandes llamas de enojo lo cual me hizo retroceder con miedo.

– ¿Con quién hablabas? –exigió.

–Con nadie. –me sentía tonta por haber cometido esa estupidez. ¡Sakura estúpida!

–Enserio, ¿lo amas tanto? –Negué con fuerza, más por tratar de aclarar mis pensamientos y lo que ella me preguntaba – ¿Qué no sabes que lo amo? –Me encogí como la escoria que me sentía en ese momento en que ella me decía eso – ¡Joder Sakura! ¡Tú sabías cuanto lo amo! –Sus ojos comenzaron a cristalizarse y a mí el corazón se me hizo una pasa – ¡Maldita seas! –Gimió con fuerza. Al final miro el suelo como si estuviera muerta –Si tanto lo amas, quédate con él. –Susurró –La mire con el corazón hecho trizas y trate de balbucear algo pero por más que intentaba nada salía de mi boca –Pero para que lo sepas… –dejo de mirarme dándome la espalda –Él es mío y siempre será así. Tú lo sabes, es algo que no puedes evitar. Él me ama. –Apretó sus puños con fuerza –Tanto que… hicimos el amor.

Sentí como mi mundo se desbordaba de nuevo. Negué mil y una veces lo que ella decía. Eso era mentira. No era real. Seguía siendo el maldito sueño que ahora se convertía en pesadilla.

–Nunca te amara a ti. –mire el suelo. Si ya me había sentido una escoria gracias a ellos antes, lo que sentía ahora de mi misma ni siquiera tenía nombre. No era ni siquiera basura –No eres nada para él. –dicho esto se marchó, dando pasos muy grandes con la cabeza alta sin dudar sin llorar.

Mis pies empezaron a correr buscando el final de esta maldita historia. Esa historia que no paraba de repetirse una y otra vez.

¿Acaso era tan miserable como para merecer la felicidad?

¡Quiero despertar! Ya no quiero este sueño… ¡No quiero esta vida! ¡Ya no quiero nada!

Mis pies quemaban al tiempo en que seguía corriendo sin cesar, corría de mi misma, de este maldito destino que estaba destinada a vivir, de él, de ella, de mi dolor.

No llegué lejos de ahí más que al jardín. Pero no me importaba ya nada. Yo ya no vivía. Y había sido idiota al creer que podía ser feliz tan siquiera.

Tomé el celular de mi bolsa con mis manos temblorosas y marqué a Syaoran con desesperación.

¿Hola? –respondió.

–Syaoran. No puedo seguir con esto más. Por favor, no quiero más problemas. No me hables nunca más. –y sin más colgué derrumbándome ahí mismo. En esa oscuridad que sentía cada vez más sobre mi cuerpo. Me asfixiaba, dejaba de respirar y ya no me importaba.

Estaba dispuesta a golpearme contra lo que fuera que pudiera terminar con la patética vida que portaba. Y aquella roca en el suelo me ayudaría a quebrarme la cabeza.

– ¡SAKURA! –escuché un gemido desgarrado de alguien que no supe reconocer, mientras mi cabeza se impactaba contra la gran roca provocándome un mareo horrible.

Oscuridad.

No sentí nada por unos instantes. Nada más que la inconsciencia que me comía. Y lo agradecía mentalmente demasiado. Tal vez ni siquiera merecía vivir y esta era la hora de terminar con toda esta farsa.

– ¡SAKURA RESPONDEME! –sentí una voz aguda chocar contra mis oídos. No me importaba quien fuera, yo no tenía nadie que se preocupara por mí. Nadie… –¡Despierta!

Mis ojos se abrieron trayéndome a la realidad, esa dulce realidad que amaba torturarme sin razón.

– ¿Qué has hecho Sakura? –Miré los ojos amatistas de Tomoyo.

–Nada. –Me levante del suelo mareándome un poco, pero milagrosamente pudiéndome parar sobre mis propios pies.

En este mismo momento te sientas aquí y me dices que sucedió. –Me miro con su rostro enfurecido a lo que solo supe suspirar pesadamente.

–Es algo larga y tediosa la historia de mi vida ¿sabes? –le dije antes de contarle algo más de mi tonta vida.

–Tengo tiempo y paciencia. –me dijo con una sonrisa.

La mire atónita y al sentir esa confianza que ella emanaba de todo su ser me eche, a llorar como una pequeña niña que pierde su juguete favorito, en su regazo.

Era demasiado débil. Y si ya no me importaba nada, tampoco importaría contarle la historia de mi vida a Tomoyo, ¿cierto?

Así fue como entre gemidos ahogados y sollozos; esa triste noche Tomoyo se convirtió en una verdadera amiga. Una a la que ya no temía hablarle sobre lo que fuera. Y lo agradecía a Dios, porque de haber sobrellevado esto, sola, de nuevo… Bueno dudo que hubiera podido con ello.

–Sakura, calma por favor. –Decía Tomoyo cada que me echaba a llorar como niña pequeña en el transcurso en que le contaba todo lo recientemente sucedido.

–Tomoyo, sé que apenas y te conozco… –dudé un segundo entre lo que iba a hacer –pero podría ir hoy a tu casa a dormir. No quiero dormir sola… –admití algo sonrojada.

–Claro que puedes. –me sonrió y yo a ella.

Después de eso hablamos de cosas triviales, y se lo agradecía. Ya no deseaba saber nada de la otra situación.

–Gracias. –le dije al tiempo en que caminábamos por el césped.

–No hay de qué. –Me sonrió nuevamente –Puedes contar conmigo siempre que lo necesites.

Simplemente le regrese la amabilidad con la sonrisa más real que tenía en esos momentos.

–Amo la noche. –dije sonriendo y mirando el cielo.

–Yo también.

Escuché sonidos extraños detrás de la pared. Mi curiosidad me llevo a caminar hacia donde esos sonidos se generaban. Con temor me acerqué con cuidado y lo que vi a continuación me dejo realmente impactada y sorprendida.

Sí, no era mi maldita imaginación de nuevo. Himeko estaba besando a un tipo que acababa de conocer. Él estaba contra la pared mientras ella parecía empujarlo. Las manos de él estaban metidas entre la playera de Himeko y las de ella hacían lo mismo con él. Sus lenguas se entrelazaban con tal perversión que solo logro asquear mi inocente mente.

Salí corriendo como si el mismo diablo me pisara los talones.

–Tomoyo. –le dije con la respiración entre cortada –Dime que acabas de ver lo que yo vi.

Tomoyo simplemente se quedó demasiado sorprendida, aunque no creía que más que yo. Él puso de mi corazón aumento más, inevitablemente, haciendo que no pudiera respirar.

– ¡Por favor! –Gemí –Vámonos de aquí. –Y con aquí me refería en general. No quería estar más en este horrible lugar. En este pútrido mundo.

Tomoyo y yo salimos corriendo de ese lugar rápidamente. Durante el transcurso a la casa de ella yo llame a mis padres informándoles lo que sucedería.

Llegando a su casa lo primero que hice fue cambiarme de ropa. Entré a su baño con algo de pena y mire al zombi frente a mí. Esa imagen torturadora de mi misma semi-muerta me hacía temblar y querer llorar a la vez.

Salí algo más calmada y me acosté en la cama que ella tenía sin preguntar si quiera.

–Tomoyo… –le dije mirándola tristemente. –Te quiero contar la historia de mi vida.

Así, esa noche de tan amargo sufrimiento descubrí a una verdadera amiga. Una que me ayudo y escucho mis gritos de agonía. Una persona que agradecía haber conocido.

Era decirle, adiós a aquellas dos personas que arruinaban cada vez más mi vida, o seguir sufriendo; era decirle, adiós a mi patética vida o seguir sufriendo en mi infierno personal.


(N/A):

Si chicos, no estoy muerta, desgraciadamente para uds. xD No importa. Sigo aqui escribiendoles este capitulo. Que por parte de aqui FF es el decimo. Pero quitando el prologo este viene siendo el capitulo 9 apenas. ¿Como ven? Ya es bastante no.

Pobre de la sakurita que le sufre tanto en tan solo 9 capitulos! Pero bueno. Ya saben que esta historia esta basada en la mia. Por lo que no saben lo dificil que es para mi escribirla sin llorar. O sin sufrir. Se que son cosas del pasado, pues esto paso hace ya casi 4 años. Pero pss sigue el recuerdo torturandome de cierta manera.

No es nada hermoso tener una sitiacion así. Enserio! Y yo no escribo por escribir, sinceramente, y escribo por inspiracion. El ultimo mes de mi vida ha estado algo extraño con tanta escuela y demas cosas tontas. Pero bueno hoy me isnpire y continue el fanfic. Si me tardo es por que enserio me es dicifil escribirlo! Así que no se molesten, o no dejen de leerme por que no actualizo. Las mejores cosas siempre vienen con tiempo y al final xD

Bueno ya no me peguen aqui esta su actualizacion. Gracias a todos por sus reviews! Enserio creo que me inspiran mucho a superarme a mi misma y seguirle con la historia. (: Gracias por todo su apoyo! Los amoo! :D Gracias tambien por sus alertas de autor y a los que agregan a favoritos esta historia y la leen aun que no la comenten! ^^

No merezco pedir reviews pero..., por favor! no les cuesta nada comentarme mi fanfic! Es importante para mi saber lo que piensan. Y saber que tan bien voy con el fanfic! Respondo todas sus dudas! Así que dejenmelas aqui. Ya saben 5 reviews me isnpiran a escribir mas rapido xD

Les deseo lo mejor y espero leernos pronto!

Hiikary Nightmare Li