¡Ey, buenas! Aquí de nuevo, ANTES DE QUE SE CUMPLA EL MES (por cuatro días, ojo). No me podéis echar nada en cara. O sí. Lo dejo a vuestra elección.

Este capítulo puede resultar en un principio aburrido, supongo. O puede que os parezca de relleno. Peeero no todas las semanas pueden ser tan interesantes, ¿no? Aún así, el final no tiene desperdicio, os lo aseguro. Y es un capítulo completamente necesario, aunque no lo parezca.

Sin más dilación, ¡allá vamos!


Semana 9

P.O.V Lovino

En aquellos momentos, me preguntaba qué cojones hacía con mi vida.

"-¡Y aquí seguimos, en AwesomeGilboFTW, en riguroso directo en mi AWESOME casa!

-¡Yo soy Francis!

-¡Y yo Antonio!

-¡Y solo nos queda un suscriptor para los 1000!"

Cerré la ventana de YouTube. Solo me venía una palabra a la mente: patético.

Sí, era un adjetivo que les definía a los tres a la perfección.

Volví a abrir YouTube a regañadientes. No tenía mucho más que hacer, desde luego. De nuevo, busqué el canal y puse el directo.

Podría haberme suscrito y acabar con toda aquella locura. Pero bah, me daba demasiada pereza. Y, con suerte, acabarían contando algún secreto íntimo que podría usar en mi propio beneficio.

Vaya, se habían puesto a jugar al GTA V. Pffft, pardillos. Donde se pusiera el Smash, que se quitara todo lo demás.

Ah, hablando del Smash… había una duda que me corroía desde hacía tiempo. Es decir, tenías curiosidad por los campeonatos de Smash. ¿Qué? ¡Yo era (y soy) jodidamente bueno con Samus! Y sabía que esos campeonatos existían, y que pagaban una buena pasta al ganador. Simplemente por ser el mejor en un puto juego que, dicho sea de paso, es la hostia.

Bueno, pasarse la hora muerta mirando a esos pardillos no era lo mejor que se podía hacer. Por ello, con una nueva pestaña (siempre dejando sonar sus gilipolleces de fondo) empecé a buscar sobre los torneos de Smash.

Los minutos pasaron. Realmente, en España no había muchos torneos de ese estilo. Solo en Salones del Manga, en plan… pequeños torneos. Pero, aun así, un trofeo ganabas.

Eso molaba. ¿A que estábamos, a dieciocho de marzo? Pues decían que el salón del manga de la ciudad era el diez y once de mayo…

Puede que me pasara por allí.

Justo entonces, leí algo que me llamó la atención: "Tiers".

¿Qué coño era eso? Cliqué al enlace y leí atentamente. ¿Los personajes más fuertes del Super Smash Bros. Brawl? "Los que infligen más daño". Una lista hecha a partir de los datos obtenidos de campeonatos, personajes controlados por los ganadores, clasificados según rango.

…Bueno, no era sorprendente que Ganondorf fuera el último. Por ahí también estaban Mario, Link, el Capitán Falcon… Normal, desde luego. ¿Pero dónde estaba Olimar?

Seguí adelante. Por los puestos centrales, encontré a Peach, a Samus con armadura (que hasta yo reconozco que es una birria), Donkey Kong, a Sheik, claro… Y yo seguía preguntándome dónde estaba Olimar.

Primeros quince puestos. Samus sin armadura. Ahí le habían dado. Toon Link. Parecía casi igual que Link, pero te acababas dando cuenta de que no era lo mismo, efectivamente. Toon Link metía palizas. Falco, Snake, Marth... ¿¡Diddy!? En fin…

Y, entonces, sí que me quedé sin respiración. Olimar… ¿¡en el puesto tres!?

El mundo se había vuelto loco. Aquello no tenía ni puto sentido. ¡Si Olimar era un mierdas que…!

"O un mierdas al que no sabes usar" dijo una irritante vocecita de mi mente. ¿Que yo no sabía usar Olimar? ¡Pues claro, si era una mierda!

"O puede que no".

Vale, dejé de hacerle caso a esa vocecita. Tal vez debería darle una oportunidad… ¡Pero en aquel momento me interesaba más quién estaba en el segundo y primer puesto!

Segundos… ¿los Ice Climbers? ¿EN SERIO? Nintendo, ¿qué te fumas? Pero sí, en Italia yo tuve un amigo que los usaba bien no, lo siguiente. Tal vez valieran algo…

Y estaba a punto de mirar el primer puesto, cuando una explosión proveniente de los altavoces me desconcentró. Bueno, una explosión proveniente más bien del directo de los tres gilipollas.

Cambié de pestaña rápidamente.

-¿Qué cojones…? –no pude evitar decir en voz alta.

La pantalla se había quedado completamente en negro. Había una especie de mensaje en blanco que decía "Error de conexión". ¡Pero si mi wifi iba jodidamente bien! ¿Entonces?

De repente, miré el contador de visitas. Estaba subiendo a un ritmo alarmante. Así que el morbo, ¿eh?

Bueno, ¿morbo de qué? ¿Qué coño había pasado? Solo sabía que un montón de gente estaba entrando al directo de Gilbert y sus suscriptores subían como la espuma.

Cuando me quise dar cuenta, miré en Twitter. Oh, tío, había hasta un TT.

"#ExplosiónDirectoGilbo"

¿Una explosión? ¿Les había explotado el ordenador en directo, o algo? Qué descojone.

Pero... tal vez debería preocuparse un poco por ellos, ¿no? Se podían haber hecho daño. ¡Y tal vez el banco me embargara la casa si Francis moría!

Es decir, ¿a quién le importaba el francés? Lo preocupante sería quedarse viviendo bajo un puente.

Bueno, una cosa estaba clara de eso último: si no pagaba el alquiler, tendría dinero suficiente como para comer bien y poder comprarme mis propios óleos. No era rentable ni recogerlos de la basura, ni compartirlos con Feli. ¡Todo eran ventajas!

Y además... si el bastardo había resultado herido en la explosión...

¡No aparecería por el oceanográfico al día siguiente! ¡Bien!


P.O.V Feliciano

-N-no tienes porqué seguir haciendo esto... -me repitió Ludwig, como tantas veces antes.

-¡V-ve! ¡P-pero siento que te debo algo! -aseguré.

-Ya me lo has pagado... -suspiró.

-¡Pero no lo suficiente! -me negaba a dejar de llevarle la comida a Ludwig. Ni siquiera yo sabía del todo por qué. ¡No quería dejar de ir a verle cada miércoles!

Pero Ludwig... estaba extraño aquel miércoles, definitivamente.

El alemán no respondió, tan solo me revolvió el pelo. ¡Ey, eso nunca lo había hecho! Era... bueno. Quiero decir, me gustó que me lo revolviera. Era agradable.

-No te preocupes -sonrió. Pero aquello era forzado, definitivamente-. En serio, está bien.

-¡Yo quiero seguir viéndote todas las semanas! ¡Eres mi amigo! -pareció un poco descolocado antes aquella afirmación.

-...Supongo que podemos quedar algún día -dijo tras un tenso silencio. Sonreí abiertamente al escuchar estas palabras-. Y puedo darte mi número, si quieres.

-¡E-eso sería genial! -afirmé, sacando automáticamente mi móvil como quien desenfunda un arma. Pareció un poco sorprendido por mi rapidez, pero sacó él también el suyo.

-A ver, atento... -yo asentí, a la vez que el me dictó su número. Inmediatamente después, yo hice lo mismo con el mío.

-¡Bien~! -sonreí, teniendo su número registrado ya bajo el nombre de "Luddy". Inmediatamente, le envié un WhatsApp.

El chico alemán frunció el ceño al notar su móvil vibrar entonces, aún en su mano. A los pocos segundos, y probablemente tras haber visto el mensaje, se revolvió el pelo.

-Feliciano, ¿por qué me dices "hola" por mensaje cuando me tienes delante?

-¡Era por probar si era tu número~!

-¿No te fías de mí? -preguntó, bastante serio.

-¡Sí que me fío de ti! ¡Era solo una broma, ve~! -y le abracé. Ludwig parecía molesto por este contacto, pero yo no me daba cuenta.

-Feliciano -dijo al cabo de unos momentos-, ¿me sueltas?

Me di prisa en hacerle caso. Entonces, dirigí la vista a aquellos ojos azules suyos... ¿Por qué no me había fijado antes en sus ojeras?

-¿Ludwig? ¿Qué ha pasado? -pregunté. Supongo que se notaba la preocupación en mi voz.

-Nada de lo que debas preocuparte -respondió, como queriendo cortar ahí la conversación.

-¡Pero tienes ojeras, y hoy pareces cansado y preocupado, ve~! ¡Me preocupo por ti! ¿Ha pasado algo? ¿Alguien se ha muerto? ¿Conozco al causante? ¿Necesitas que...?

Ludwig sacudió la cabeza, tal vez agobiado por tantas preguntas.

-No te preocupes, Feliciano. Es... Gilbert -pareció que expulsó todo el aire al decir el nombre de su hermano.

-¿G-Gilbert? ¿Qué ha pasado con...? -me detuve. Cada vez estaba preocupado, pero en el fondo me alegraba que no fuera un problema propio de Ludwig.

-Ha... tenido un accidente. Él, Antonio y Francis. Aunque Francis está ileso -suspiró, tras decir esto último.

-¿A-accidente? ¿Y Toño también? ¿¡P-pero qué ha pasado, ve~!? -cada vez estaba más asustado de lo que hubiera podido pasar. Ludwig se masajeó las sienes.

-...Ayer -empezó-. Fue ayer. Estaban... haciendo un directo, en YouTube. Ya sabes, mi hermano es youtuber de esos... Jamás he entendido qué le ve a ese trabajo. Si es que se le puede llamar trabajo. Estaba haciendo un directo porque estaba a punto de llegar a los mil suscriptores.

Hizo una pausa, como replanteándose todo lo que que había ocurrido, o lo que le habían contado.

-Entonces... no sé qué hicieron, la verdad. Pero no debía ser bueno, porque les acabó explotando el ordenador.

-¿Q-qué? ¿E-eso es posible, ve~? -pregunté, atemorizado. Se me habían pasado las ganas de volver a tocar un ordenador en mi vida.

-Por lo visto, sí. Gilbert no me ha querido contar los motivos exactos por los que explotó. Antonio no estaba atento, y Francis se encontraba en la cocina.

-¿Y dónde están ahora? -pregunté, con incluso más preocupación.

-En el hospital... ya sabes, el que está en... -frunció el ceño. No debía recordar el nombre de la calle, ni el del propio hospital- He pasado la noche allí -explicó-. Antonio tiene unas quemaduras, pero está bien.

-¿Y Gilbert? -pregunté yo.

-Quemaduras también. De segundo grado. En los brazos, sobre todo -abrí la boca, horrorizado-. Con su albinismo, debería tener más cuidado...

-¿Albinismo...? -repetí, sin acabar de entender.

-¿No te habías dado cuenta? -Ludwig arqueó las cejas- Gilbert es albino, debe tener excesivo cuidado con el sol. ¿Por qué crees que va tan tapado en invierno?

-Por… ¿eso?

-Exacto. Y tendrías que verle en verano… El sol le puede hacer mucho daño en la piel y ojos, si no tiene cuidado.

-E-eso… ¡e-es realmente extraño, ve~! –no me salía decir otra cosa. Ludwig asintió.

-Sí… aunque ha aprendido a convivir con ello. De hecho, eso le hace "más awesome" según él –suspiró-. Supongo que es una forma suya de decir que le hace único.

Hubo unos segundos de silencio. Entonces, se me ocurrió una idea…

-Ludwig…

-¿Sí?

-¿Tú crees que a Toni y a Gilbert les gustaría que les hiciéramos una visita, ve~? –le miré, expectante. Pareció sorprendido ante mi pregunta.

-Claro, ¿por qué no?

-¿Y crees que podríamos ir esta tarde? –continué preguntando.

-Sí, claro…

-¡Ve~, genial! –no pude evitar abrazarle- ¡Iré a decírselo a Lovi inmediatamente!

Y así, corrí en dirección al interior del gran edificio, esperando no tardar mucho en encontrar a mi hermano.

Lo que yo no supe hasta mucho después, es que Ludwig, habiéndose quedado en su sitio, me miraba al marcharme, completamente sonrojado.


P.O.V Lovino

-Así que Roma, ¿eh? –me sonrió Eli, al otro lado de la mesa.

-¡Por supuesto! –aprovechando que el bastardo no había ido al trabajo (por razones que, aunque desconocía, se me hacían evidentes), había decidido ir al restaurante Océanos.

Y allí estaba, ligando como buen italiano que era con Eli. Aquella hermosa húngara se merecía toda mi atención.

Resultaba increíble lo vacío que se quedaba aquel restaurante si ibas a comer más tarde de lo habitual, además de entre semana. Solo estábamos Eli y yo por allí, además de un grupo de turistas, los cuales eran atendidos por un pequeño chico al que Eli había llamado Raivis.

Bueno, él no tenía nada que hacer contra mí, eso estaba claro. ¡No se podía comparar a un puro macho italiano, alto y guapo, con un hombrecillo raquítico del norte! ¿Adónde íbamos a parar, por el amor de Dios?

-¿Y cómo conociste a Antonio? Quiero decir... -pareció que iba a escoger mejor sus palabras- Él me contó, pero realmente, me gustaría escuchar ambas partes de la historia...

-Oh, bueno... -sonreí, haciéndome el interesante- Estaba yo dibujando la morena verde de Tropicales, ¿sabes? Una obra de arte, desde luego... Me puntuará bastante para subir nota este año en pintura -añadí. Aunque bueno, eso era mentira, todo por ser una puta acuarela-. Entonces, Antonio -le llamaba por su nombre completo delante de ella. No quería parecer maleducado- se acercó a mí.

Eli asentía con una sonrisa. Parecía hasta... ¿emocionada? Yo seguí contando mi historia.

-Se sentó a mi lado, con tan mala suerte que... bueno, tiró el agua sucia de mi vaso encima de mi pierna. Una pena, he sido incapaz de devolver esos pantalones a su estado original... -mentira. Los llevaba puestos en aquellos momentos- Pero, desde entonces, seguimos hablando y... -le sonrió aún más ampliamente- Aquí estoy.

-Sí, fue casi lo mismo que me contó Toño... -aún sonriente, sacó una pequeña libreta de su delantal. Tenía unas siglas escritas en la portada... "OTP's", ¿tal vez? ¿Qué significaba aquello?

A los pocos segundos, y tras anotar rápidamente un par de cosas, volvió a guardarla.

-Y, si tan amigos sois, ¿sabes dónde está hoy?

Noté como se me tensaban los hombros de repente.

-¿Qué? Ni idea. Quiero decir... -había dicho aquello sin mucha educación- Sí, ni idea -tan solo cambié el tono de voz. No hay otra maldita de manera de decirlo, ¿vale?

Como si hubiera escuchado mi última afirmación, un vendaval italiano apareció corriendo en el restaurante.

-¡Lovi! ¡Eli! ¡Lovi! ¡Eli! ¡Lovi! ¡Eli! -repetía sin parar. De lo rápido que ese bastardo iba, casi nos tira la mesa.

-Oh, joder, Feli, ¿qué quieres? –mi tono de voz cambió de repente, sin querer.

¿Y de qué conocía ese pequeño bastardo a Eli?

-¡A-Antonio, ve~! –jadeó, intentando calmarse. Que alguien le diera una tila, o algo- ¡E-está ingresado en el hospital!

-A mí eso me la sopl-

-¡Oh, ¿l-lo dices en serio?! –me interrumpió Eli, horrorizada.

-¡Sí, me lo acaba de decir Ludwig, el hermano de Gilbert, ve~! –explicó, un poco más relajado- Es que él también está ingresado –añadió, como si nada.

-Oh… ¡Pobre Antonio! –Elli se llevó las manos a la boca. Se notaba que Gilbert se la traía al fresco, y mucho.

-¿Y a nosotros qué nos cuentas? –le pregunté, visiblemente molesto. ¡Me había interrumpido ligando con Eli! ¡Ya la tenía casi en el bote!

-E-es que… es que quería ir a visitarles esta tarde, ve~

-¡Oh, qué buena idea! –sonrió Eli, complacida- ¡Antonio estará feliz de veros a ambos!

-Y a ti también, Eli –añadió Feli.

Espera, ¿quién les había dicho que yo quería ir? Ah, no. Ni de coña. Para una semana que conseguía librarme de ese cabrón, y va y encima… No, en serio, ¿de qué iba mi hermano?

Yo estaba metido en mis pensamientos, pero esos dos seguían hablado.

-…Entonces, a las cinco en la salida del oceanográfico, ¿no? –preguntó Eli. Feli asintió- Vale, pero tengo que volver antes de las ocho, que empieza mi turno de noche.

-¡Sin problema, ve~!

Oh, joder. Dejaba de escucharles un momento, y me perdía el cómo planeaban la mierda de tarde que me quedaba.

Increíble.


P.O.V Elizaveta

Simplemente, OTP canon.

Era la única forma de describir a la ship que formaban Antonio y Lovino. Y, para abreviar, y fruto de mi increíble imaginación, había decidido llamar a la ship AntoLo.

¿A que mola?

En cualquier caso, tendría mi libreta preparada para apuntar headcanons que pensara viendo a esos dos. ¡Eso me ayudaría mucho con mi libro!

Porque sí, estoy escribiendo un libro. Literatura homoerótica, ¡un futuro best seller, para qué engañarnos! O eso soñaba todas las noches, abrazada a mi libreta de OTP's.

Tal vez os estéis preguntando cómo yo, siendo tan formal, tengo esta cara oculta. Amigos, esta cara se aprende a ocultar en el mismo momento en el que aprendes a leer fics R-18 en el móvil mientras tus padres miran y mantener la cara de póquer mientras tanto.

Llega un punto en el que shippeas todo. TODO. Mi ex-novio, Roderich, me dejó en cuanto se dio cuenta de que a mí no me quedaba ni una pizca de dama, salvo la fachada. Bueno, ahora tiene un lugar privilegiado en mi lista de OTP's. Lo shippeo bastante con uno de los cocineros del Océanos, un suizo llamado Vash.

En realidad, Roddy no era tan malo. Lo veía cuando yo tenía turno de noche, ya que él trabajaba en el restaurante como pianista de ambiente por las noches. Ni idea de a qué se dedicaba por el día. Tal vez siguiera siendo profesor de música.

Bueno, tampoco es que me importara demasiado.

Pero ¿qué hago yo hablando de esto? Mi vena fujoshi ha salido a la luz y claro, es lo que tiene…

El caso es que, aquella misma tarde, como habíamos quedado y nada más salir de trabajar, me dirigí a la puerta del oceanográfico. Feli y Lovi no debían tardar mucho. O eso esperaba.

Y no, no me equivocaba~ Aun sin estar de acuerdo, Feli consiguió que Lovi acabara viniendo. Cogimos el autobús y fuimos directos al hospital. Porque claro, no los iba a llevar en mi moto. ¡Menos mal que estaba en el centro!

Lovino pasó todo el trayecto quejándose. Bueno, en parte le comprendía. No era lo más cómodo ir por la vida cargando una mochilla llena de óleos y un cuadro bajo el brazo. ¡Pero debería estar acostumbrado, es estudiante de Bellas Artes!

Yo, con mis bien llevados veinte años, estoy en plena carrera de Derecho, a la vez que trabajo a tiempo parcial en el Océanos. Trabajo todos los mediodías a lo largo de la semana, así como todas las noches. Pero en este caso, también los fines de semana.

No es mucho, pero me sirve bastante bien. La beca no es suficiente a veces, ¿sabéis?

Y es una historia muy graciosa la que me llevó a estudiar Derecho, todo empezó por un juego de la Nintendo DS que... Bueno, es algo vergonzoso.

Solo necesitáis saber que por eso quiero ser fiscal. Y tener un látigo, de paso. Tal vez os lo cuente otro día, no lo vais a saber todo de mí a la primera.

Ah, sí, ¿por dónde íbamos? Lovino despotricando, eso.

La verdad, se hacía bastante pesado llevarlo en el autobús al lado en ese plan. Por suerte, el hospital no quedaba lejos, y no tardamos en bajar de aquel apestoso transporte público. ¿Qué? El mal olor viene incluido en los autobuses. Al menos, los de aquella ciudad.

Ey, ¿pero aquel no era el hospital donde trabajaba…? Sí, era ese, desde luego. Pero los miércoles libraba. Una pena. Tal vez, cuando llegara a casa, le enviara un mensaje diciendo de quedar.

Preguntamos en recepción por la habitación, para después arrastrar literalmente a Lovino hasta esta en cuestión. ¡No esperaba que realmente fuera TAN crío! Desde luego, yo jamás saldría con él. Aparte de que tiene una pluma impresionante. Y que es la OTP perfecta de Antonio. Que también va perdiendo pluma allá por donde va. ¡Pero eso es otro tema que hoy no trataré… más de lo que ya lo he tratado!

-¿Eli? –una voz me llamó, al salir del ascensor.

Aquella voz era de…

-¡Tino, cariño! –le saludé con una sonrisa. El médico finés se acercó con una sonrisa y un medicamento desconocido para mí en la mano.

-¿Qué haces por aquí? –iba a responder, pero me detuvo- Oh, cierto, Antonio y su amigo… ¡Casi me da un infarto cuando vi que les sacaban de la ambulancia! Aunque realmente Antonio está bastante bien… ¡Incluso ha querido ir a visitar a los niños! Pero, aunque sea poco, debe guardar reposo… -entonces pareció darse cuenta, como siempre, que se había embalado- ¡Oh, lo siento, Eli!

-No pasa nada, Tino –reí dulcemente. Era imposible enfadarse con aquel adorable chico (que realmente me sacaba cinco años). Rubito, pelo corto, cara redondeada, nariz respingona, ojos de un extraño tono cercano al violeta… Era un ser demasiado adorable. Además, él había sido uno de mis primeros experimentos como casamentera.

Experimento que salió perfectamente, además. Berwald era su complementario por excelencia. Una pena que trabajaran en distintas secciones… Claro, Tino pediatra y Berwald cirujano, ni siquiera estaban en el mismo piso.

Igualmente, ya casi podía escuchar las campanas de boda. Digo, antes de que a ese asqueroso gobierno español se le cruzasen los cables y prohibiera las bodas homosexuales. Conociéndoles, no tardarían mucho. ¡Y entonces estallaría la revolución de verdad, estaba segura!

-¿Eli?

-Oh, perdón, Tino, me he dormido en los laureles –reí de nuevo. Entonces, recordé a Feli y a Lovi-. Bueno, Tino, estos son Feliciano y Lovino Vargas –indiqué quién era cada uno con un movimiento de mano-. Son unos hermanos italianos que estudian Bellas Artes aquí, en…

-Oh, ¿en serio? –el finés les miró sonriente. Adoraba aquella sonrisa dulce, desde luego- Encantado, entonces. Me llamo Tino Väinämöinen.

-¿Vaina-qué? –repitió Lovino, abriendo la boca por primera vez en mucho rato… sin despotricar, claro.

-Väinämöinen –repitió, divertido.

-Vräinä…

-Viäna…

-Vanana…

-Mejor dejadlo –les interrumpió finalmente, exhalando un suspiro-. Dejémoslo en Tino, por favor –de hecho, hasta en el trabajo le llamaban "Doctor Tino". Nadie era capaz de pronunciar bien su apellido salvo él, y tal vez Berwald. Al final, había acabado por asumirlo.

-¿La habitación cincuenta y nueve? -pregunté entonces, con una sonrisa. A fin de cuentas, habíamos ido allí para ver a Antonio... y, de paso, a Gilbert.

-Oh, nada más en este pasillo la encontraréis a la izquierda -sonrió el otro-. ¡Antonio estará contentísimo de que hayáis venido! En fin, debo volver al trabajo, ¡nos vemos!

-¡Hasta pronto, Tino! -me despedí de él, a la vez que se alejaba de nuevo, probablemente hacia el área de Pediatría.

-¿Es amigo tuyo, ve~? -preguntó Feli.

-Sí, bueno... ¡lo conocí hace un tiempo, nada más llegar a la ciudad! -expliqué- Nos presentó una amiga, que también trabaja en este hospital. Tal vez algún día os la pueda presentar a ella también, ¡os llevaríais genial, seguro!

-¡Eso sería fantástico, ve~! -sonrió Feli, a la vez que volvíamos a andar hacia la habitación, arrastrando a Lovino tras nosotros, cómo no.

-¿Esto es necesario de verdad, joder? -preguntó de nuevo el italiano como queja.

-Sí, sí lo es -respondí inmediatamente, llamando a la puerta. Abrí lentamente-. ¿Se puede?

-¡ELIIIIIIIIIII! -Antonio casi se lanza encima mío. ¡Llevaba incluso su ropa habitual! No debía de estar tan grave entonces...

Casi pude escuchar el corazón de Lovino rompiéndose en pedacitos...

...Ah, no, era el móvil de Gilbert estrellándose contra el suelo.

Oh, bueno.

-¡Lovi, Feli, vosotros también habéis venido! -a los pocos segundos, e ignorando a Gilbert, Antonio fue rápidamente a abrazarles. Aunque solo Feli se dejó abrazar, claro.

-No, somos putos espejismos. Ya me estás dando de merendar, por tu jodida culpa estoy aquí cuando debería estar hartándome de crêpes con chocolate.

-¿Te sirven unos chicles de fresa?

-No sé qué haces que aún no me has dado. Espabila. Y que sean dos.

Entonces, pasamos completamente al interior de la habitación. Toño parecía haber estado sentado hacía poco en uno de los sillones, mientras que Gilbert seguía en la camilla, vendado de pies a cabeza.

-¡Bah, joder, hacedme caso! -reclamaba- ¡Dadme mi awesome móvil! ¡Ahora!

Antonio suspiró, agachándose a recogerlo.

-Gilbo, ya es la quinta vez que se te cae hoy... Tal vez sería hora de dejarlo antes de que se le rompa la pantalla.

-¡Me come los cinco metros a ritmo sincopado, dame! ¡Quiero seguir jugando a Flappy GilBird!

-Sí, sí... -le tendió el móvil, habiéndose levantado- Perdonad, está bastante irritable desde que no se puede mov-

-Me la sopla, dame chicles YA.

-En seguida, Lovi~

A veces, Toño me recordaba a una chacha.

Por otra parte... Gilbert Beilschmidt. Hace tiempo me hubiera sentido orgullosa de decir que lo sé todo sobre él. Hoy por hoy, ni de coña. Si hubiera sabido cómo era en persona...

Gilbert Beilschmidt, veinticuatro años, YouTuber por el día, gogó del West por la noche. Aunque yo no conocí su primer trabajo hasta mucho tiempo después. Sí, su PRIMER trabajo.

Porque veréis, yo le conocí como gogó, claro está.

Fue cuando Roderich me dejó. La verdad, estaba algo deprimida... así que unas amigas (puede que las conozcáis algún día) decidieron llevarme al West. A que me lo pasara bien, decían, para distraerme y eso.

Lo que yo no sabía, es que allí vería al chico que se convertiría en una especie de obsesión para mí. Sí, está claro: Gilbert Beilschmidt. Ese alemán albino que decía tener cinco metros escondidos en los pantalones. ¿Cómo pude obsesionarme así con él? Había sido ciertamente estúpida, si lo pensaba ahora...

Pero en fin, sí, esa es la historia... resumida, sí. Pero la historia.

-Vaya, pero si Eli también ha venido a ver al awesome yo -sonrió el albino desde la cama.

-Cállate, pesado -le tiré mi chaqueta a la cara. Emitió un gemido de color.

-¡E-Eli, cuidado! -me regañó Antonio, quitándole inmediatamente la chaqueta de encima- Tiene quemaduras en un cuarenta por ciento del cuerpo...

-Oh... -me senté en el sofá. Entonces, era preocupante. ¿Se recuperaría bien su preciosa pie-? Quiero decir...

Oh, vamos, ¡eso tenía que doler! Pero le pasaba por hacer el gilipollas, seguro que se lo había buscado.

-¿Tú ya estás bien, Antonio? -le pregunté, el ambiente se había vuelto algo tenso...

-¡Oh, sí, perfectamente! No tenía prácticamente nada, ¡ni tendrían que haberme traído en la ambulancia~! -rió alegremente- Pero claro, me quedo aquí por hacerle compañía a Gilbert... Y bueno, en el trabajo me han concedido la baja. Mi jefa casi se desmaya cuando le conté lo de la explosión -aseguró.

-Bueno, menos mal que Michelle es buena tía -le sonreí de vuelta, pensando en su jefa. Es decir, otra de mis amigas. Antonio asintió, dándome la razón.

-¿Seguro que estás bien, Antonio? -preguntó entonces Feli preocupado.

-¡Pues claro que estoy bien, Feli! -no paraba de reír. ¿A quién no le podía gustar aquella risa?

Hubo un parón hasta que Antonio terminó de reír. Nada más hacerse de nuevo el silencio, hizo un puchero, mirando a Lovino.

-¿Y tú no te preocupas por mí, Lovi?

-Y una puta mierda, gilipollas.

Sí, como bien había dicho, una OTP clara.


Y... fin del capítulo. Me ha costado más escribirlo de lo que pensaba. O de lo que parece.

Charlas del Smash, referencias a Ace Attorney o al Flappy Bird a parte... me he descojonado de lo lindo escribiendo la parte de Eli. Hace poco ha vuelto mi vena fujoshi, ¡y eso he aprovechado! Porque sí, se me había calmado MUCHO la vena fujoshi. Homestuck es el causante de que haya despertado de nuevo, o eso creo xd Por suerte, ya me he puesto al día en español y este viciante webcómic no será un impedimento para seguir escribiendo~

De hecho, me ha dado incluso ideas para escribir mejor desde el punto de vista de los personajes. Sí, de Hetalia. Yo es que relaciono todo con todo, qué queréis que os diga.

Además, últimamente han ocurrido varios cambios en mi vida que... en fin~ Ey, pero nada malo, al menos desde mi punto de vista. De hecho me siento más libre al estar solt-UUUUPS, ALERTA POR VIDA PRIVADA.

Mejor me callo y paso a contestar el único review que me dejasteis en el capítulo pasado~

katy365, parecerían tres minutos escritos, pero realmente era un lapsus de varias horas xd Quiero decir, desde que aparecen los primeros invitados, a cuando aparece Lovi, Feli y Toño... Seh, un par de horitas. Sí, sí, acabaran juntitos, no te preocupes (a no ser que me dé por ser cruel). Y mira, al menos no he tardado el mes exacto de siempre. ¡Gracias por leer!

Y bueno, debo hacer un agradecimiento a skeletonfangirl, de Twitter. Gracias a ella, tenéis el capítulo ahora y no dentro de una semana. ¡Gracias por ir detrás de mí presionándome para que escribiera, eres mucho amor~! Aunque si eres menos brusca, mejor (?)

En el próximo capítulo... ¿Tomatín volverá? ¿Lovino podrá jugar tranquilo al Smash? ¿Gilbert saldrá del hospital? ¿Sonarán campanas de boda? ¿Eli tendrá que comprarse otra libreta de OTP's? Y lo más importante...

Rezad para que DE VERDAD se me ocurra algo que hacer en el siguiente capítulo, porque sí, tengo ideas, pero quería meterlas dentro de dos. Por tanto, ¡se aceptan sugerencias, queridos amigos! Bueno, amigas. Tengo la impresión de que no hay chicos por aquí.

¡Nos leemos!

- Miss Desi y Miss Alisa -

PD: Yo lo digo, aunque no creo ni por asomo que alguien vaya. Miss Desi y yo estaremos el día 10 de mayo en el Salón del Manga de nuestra ciudad, Valencia, en España, claro. Aunque claro, sé bien que muchas vivís en la otra punta del mundo... Pero, por si acaso, ahí está. Haré cosplay de Ayano Tateyama, de KagePro~