La tal Jessica no me da buena espina, no sé por qué.

Es joven, bonita, medianamente inteligente… ¿qué demonios hace saliendo con mi hermano?

- ¿Cuántos años tienes, Jessica?- pregunto con mi más encantadora sonrisa (según Molly).

- 34- responde ella, sin dejar de sonreírme.

Sí, más joven que Mycroft, y a juzgar por el tamaño de sus senos seguro tiene mejores propuestas.

- No me acuesto con él por su dinero- dijo Jessica.

Mycroft se puso de todos los colores posibles, John se rió y Rachel fingió demencia, Molly me pellizcó el muslo.

- ¿Entonces por qué te acuestas con mi hermano?, no creo que sea por su bella cara, y vamos, tampoco está prodigiosamente dotado, tiene un tamaño promedio-

- Estoy con él porque me gusta- contestó Jessica – con toda su repentina amargura, su incapacidad para decir que me ama, porque sé que me ama, y esos ridículos y costosos paraguas que lleva para todos lados, me gusta y lo quiero-

No está mintiendo.

- Bendita seas, Jessica Simmons- digo, suspirando – la vida que te espera-

- Ustedes los Holmes…- dice Jessica, rodando los ojos – se las dan de chicos rudos pero son más tiernos que un osito de felpa, justo como su señor padre-

- ¿Conociste a papá?- pregunto, sorprendido.

- Claro que lo conocí, hicimos galletas juntos, Mike las comió casi todas-

Miro a Mycroft, sigue sonrojado y me esquiva la mirada.

- Vas en serio con ella- digo, sin esperar respuesta – oh por todos los dioses…-

De regreso a casa, le agradezco a Molly su genial idea de tener una salida entre parejas, excusa perfecta para que Mycroft nos presentara a su misteriosa novia; Phil está agotadísimo, se comienza a dormir en brazos de su mamá.

Al llegar al piso sé que hay algo extraño, empujo la puerta para encontrarme con ella, la mujer, bella como siempre, mirándome con esos ojos celestes que no dicen nada.

- Señor Holmes- saluda Irene Adler, poniéndose de pie – veo que ha estado ocupado-

Echa una rápida mirada a Molly y Philippe.

- Claramente, ¿y tú?- pregunto.

- He hecho lo mío- responde ella, con una seductora sonrisa.

Me quedo mirándola, en silencio, hay un desafío debajo de la calma, lo sé.

- Quería hacerle una amistosa visita, me enteré que piensa casarse- sigue Irene, caminando hasta el sillón – mis enhorabuenas-

- Recibidas- sigo, sentándome frente a ella – no creo que esto sea sólo una visita social-

- Pero lo es- continuó Adler, cruzando las piernas – no hay una doble intención-

- Contigo nunca se sabe-

Irene sonríe, Dios, había olvidado lo hechizante que puede ser esta mujer, correspondo su sonrisa y le sostengo la mirada.

- Es una lástima, ya no estará disponible- suspira Irene, sin dejar de sonreír.

- Para ti siempre estaré disponible- contesto, sonriendo.

- Oh, lo sé- dice ella, poniéndose de pie – fue un placer verlo, señor Holmes-

- El placer siempre es mío- contesto, adelantándome a la puerta – adiós-

- Adiós, señor Holmes-

La observo descender las escaleras, la miro hasta que sale del edificio y se va; no puedo evitarlo, es Irene Adler.