Recuerdos de una Vida Incompleta

Capítulo 9

"Susurros de Luna"

A veces el destino reúne a las personas en extraños escenarios y situaciones; los hilos que los unen son pequeños e invisibles pero en la inmensidad de la existencia siempre logran encontrarse…

Cuando el aura de Eriol se desvaneció para fundirse y perderse en una dimensión lejana, Sakura, Shaoran, incluso Cerberos y Yue lograron sentirlo. La amena cena que estaban teniendo se vio rota por la alerta.

- Eso fue… - Dijo el leoncito sin terminar la frase, puesto que su dueña y el joven chino ya estaban de pie, camino a la puerta.

La biblioteca estaba casi desierta a esas horas, Lucy y Anais se habían distraído haciendo los deberes mientras aguardaban a que el sitio se fuera desocupando. Cuando por fin quedaban unos pocos alumnos, la joven de ojos verdes cerró su libro despacio y volteó hacia su compañera.

- Lucy… - Empezó susurrando - ¿Qué es lo que querías decirnos?

La aludida inspiró hondo e imitó a su amiga, dejando su libro a un lado. Le habría gustado que Marina y Zander estuvieran ahí, pero aparentemente había surgido algo inesperado; tenía la corazonada de que aquello y el sorpresivo llamado del genio del fuego tenían el mismo motivo.

- Esperaba que todos estuviéramos juntos para decírselos pero supongo que tendré que hacerlo ahora. – Explicó la pelirroja.

- Entonces…eso tiene que ver con… - La guerrera del viento recibió una silenciosa afirmación.

- Esta mañana, Rayearth se comunicó conmigo. – Declaró con mirada seria.

Anais escuchó atentamente el relato de su amiga, mientras que su mente suspicaz y curiosa trataba de encontrar alguna explicación para ése llamado.

- Cuando Rayearth dijo que su "corazón podría corromperse" ¿crees que se refería a la joven Kinomoto o…? – La pregunta resultaba tan vasta como las palabras del genio; porque, ciertamente muchas personas quedarían envueltas en esa situación.

La pequeña guerrera del fuego lo meditó nuevamente. Lo había pensado toda la mañana y la misma duda se le había incrustado en el pecho.

Lucy ya había sido presa de la oscuridad que los miedos y la culpa crean en el corazón.

*Luz, nació de todos esos sentimientos negativos y aunque al final de aquella batalla en Cephiro, ésa joven regresó a ser parte de su interior; la idea de que el corazón de una persona se vea envuelta por las tinieblas le resultaba tan real como creíble.

- No estoy segura Anais, pero si los genios se están comunicando con nosotras es porque algo sucederá pronto.

La castaña estaba por decir algo más cuando el zumbido de sus móviles se activó. Ambas se miraron extrañadas por la coincidencia de aquel hecho simultáneo. En cuanto leyeron el mensaje tomaron sus cosas a toda prisa y se pusieron en marcha hacia el templo Tsukimine.

Watanuki había estado confinado en su habitación todo el día. La chica que había aparecido en sus sueños era sin duda una señal. Sin embargo, de ella había averiguado muy poco. Y es que extrañamente, el nombre de Tomoyo Daidouji no le dio ninguna pista o algún indicio sobre su identidad.

Quizás todavía le quedaba mucho por aprender sobre la adivinación.

- A Yuuko-San solo le bastó con saber mi nombre para descubrir todo sobre mi – Se quejó exasperado.

Si bien, podría pedirle a ayuda – porque al final no le quedaría alternativa – quiso intentar aquella habilidad por sí mismo; después de todo, él era el dueño de la tienda ahora. Pero el nombre de aquella joven parecía existir solamente en su subconsciente. Era casi un nombre fantasma y como tal, nada hacía referencia a él; salvo la flor de ciruelo.

Vencido e irritado salió de la habitación. Estaba a punto de entrar a la sala principal cuando un par de voces llamaron su atención ¿acaso había llegado un cliente?

Abrió lo suficiente para que sus ojos alcanzaran a ver sin ser descubierto.

Yuuko tenía la mirada un tanto ausente, con la expresión pérdida en algún recuerdo de los que hacen florecer los sentimientos. ¿De qué estarían hablando?

La otra persona estaba de espaldas pero por su complexión y vestimenta podía percibir que era una chica. Y no una chica cualquiera, la energía que desprendía era inmensa, tranquila y misteriosa. ¿Quién podría ser? Para que la bruja se haya prendado en los pasajes del ayer, debían de conocerse hace mucho tiempo.

Drianna se percató de la presencia cercana de alguien más. Aunque su mundo siempre estaba envuelto en la oscuridad, sus demás sentidos podían dibujarle el exterior con colores finos y tenues. La persona que estaba tras ella, desprendía un aura azul intenso – el color relacionado con el poder, la intuición e imaginación – Sin duda alguna debía de tratarse de aquel joven al cual Yuuko había estado entrenando. El mismo muchacho que había nacido como producto de la distorsión; un descendiente más del legado de Clow.

- Lo que fue no puede ser cambiado pero lo que está aquí depende de nuestros pasos – Recitó la vidente.

Aquella simple frase movió de improvisto los cimientos de Watanuki, como si esas palabras fuesen dirigidas a él solamente. ¿Quién rayos era esa mujer? Impulsado por la curiosidad y la intriga, el chico abrió de un jalón la puerta que los separaba, pero para su asombro la chica había desaparecido y de su presencia solo quedaban diminutas volutas de brillo.

- Justo a tiempo – Rompió la bruja dimensional el silencio – Hay algo que debo decirte Watanuki… - Él aludido aún no se reponía de la impresión anterior, cuando captó el secreto que se escondía tras las palabras de ella.

Esa visita no fue casual…su llegada, incluso lo que vendría en el futuro, sería un tren de sucesos inevitables. Y al parecer, él ya estaba a bordo de ese tren desde hacía mucho tiempo atrás.

Marina no podía creer lo que se presentaba ante sus ojos. Era tan hermoso y familiar que podría apostar su corazón a que aquello se trataba de un sueño.

- No puede ser… - Le salió el alma en un murmullo – Estamos en Cephiro…

Todo lucía tan bello y brillante como la última vez; el verde intenso de los campos, las montañas suspendidas en el aire, el arcoíris atrapado en las flores y el espejo cristalino del cielo. Había añorado tanto ese momento, lo había esperado con tanta fuerza que, de alguna manera no lo sentía real.

El viento soplaba y revolvía sus cabellos con una libertad que no creyó volver a sentir. La brisa y su débil silbido era como una canción que le daba la bienvenida y también…

- ¡Guruclef! – Exclamó al ver en el cielo un gigantesco pez volador. La misma criatura mágica que las había llevado hasta ahí en el pasado. Una creación mística del hechicero de Cephiro y del chico que le había robado el corazón. - ¡Guruclef soy yo Marina! ¡He vuelto! – Gritaba tratando de seguir al enorme animal a toda prisa.

Eriol miró estupefacto al gran ser que sobrevolaba entre las nubes. Aquel sitio sin duda estaba regido por la magia y el estar ahí, no podía ser una simple coincidencia. Al minuto siguiente la joven Ryuuzaki había salido a toda prisa tras el ser mágico. Al parecer, ella estaba familiarizada con el lugar ¿cómo lo había llamado?

- ¡Espere señorita Ryuuzaki! – Le llamaba a la vez que salía tras ella.

Marina no podía despegar la vista del pez, ¿Por qué Guruclef no la escuchaba? ¿Sería posible que aquél no fuera el pez que recordaba? No, tenía que serlo. ¿Qué sentido tendría haber vuelto si él no podría verla?

"Por favor Guruclef mírame soy yo…" Rogaba sin dejar de correr, sintiendo que las lágrimas comenzaban a mojar sus mejillas.

- ¡Marina para ya! – Gritó Eriol al ver que la chica se acercaba peligrosamente a un acantilado.

Cuando la chica reaccionó fue demasiado tarde, el suelo bajo sus pies se terminó y sus brazos fueron lo que único que impidió que ella cayera. Se sujetó con todas sus fuerzas mientras veía cómo su amor secreto se alejaba sin si quiera reparar en ella.

En ese momento no le preocupaba estar colgando de un precipicio porque su corazón ya estaba cayendo directamente hacia el vacío…

Cuando Lucy y Anais llegaron al templo Tsukimine encontraron a Zander a los pies del árbol sagrado. El resplandor que desprendía su cuerpo fue la señal que les previno de que algo grande había sucedido. Apretaron el paso para llegar hasta él.

- ¡Zander! – Lo llamó Lucy.

- ¿Qué es lo que sucede? Creí que tus poderes… - La mirada del chico detuvo las palabras de Anais.

- Marina está en peligro – Enunció con gesto grave y lleno de preocupación. Las dos chicas se alarmaron al instante.

- ¿En dónde está? ¡Tenemos que ayudarla! – Decía Lucy con desesperación.

- De alguna forma ella viajó a otra dimensión con la ayuda de este árbol – Explicaba él con la vista fija en el gran cerezo del templo.

- ¡Entonces debemos ir tras ella, no perdamos tiempo!

- No podemos Lucy – La detuvo el rubio – Ya lo he intentado pero ha rechazado mi energía. Creo que el poder que activó este árbol es el único que la puede traer de vuelta.

- ¿Entonces la magia de Marina fue la que le trasportó hacía otra dimensión? – Cuestionaba Anais sorprendida.

- No fue solo ella – Contestó el italiano con tensión.

Sakura y Shaoran se apresuraron al percibir varias presencias fluyendo dentro del templo. Ya habían sentido esas presencias antes pero nunca tan latentes como ahora. La Card Captor transformó su báculo sin dudarlo, mientras Lee hizo lo mismo con su espada. Si el aura de Eriol había desaparecido, aquellas presencias debían de estar implicadas.

- ¿Qué hacen ustedes aquí? – Acusó Sakura en cuanto vio al grupo reunido en torno al árbol.

- Es Kinomoto – Reconoció Lucy. Al instante las palabras de Rayearth volvieron a sonar en su interior. – Tengan cuidado, Rayearth me advirtió sobre ella. – Dijo más para Zander.

- ¿Qué es lo que ustedes hacen aquí? – Cuestionó Zander en esta ocasión. Colocándose al frente de sus dos compañeras en un claro gesto de protección.

- No evadan nuestra pregunta y contesten de una vez – Se quejó Cerberos.

Anais sabía que tal situación no auguraba nada bueno si ambos grupos permanecían a la defensiva y con actitud hostil. Así que se animó a tomar la palabra.

- Una amiga nuestra ha desaparecido.

- ¡Anais! – La reprendió la pelirroja.

- También uno de los nuestros ha desaparecido – Contestó la cerezo sin abandonar su posición.

- Ya veo – Continuó la guerrera del viento – En ese caso podríamos buscarlos juntos. Estoy segura que entre todos será más sencillo. – Sugirió dándole a Sakura una sonrisa para que confiara en sus palabras.

- Un momento. – Detuvo Yue - ¿Cómo podemos estar seguros que ustedes no tienen nada que ver en esto?

- ¿¡Pero qué dices!? ¿Acaso no escuchaste que también una amiga nuestra está pérdida? – Dijo Lucy contrariada. ¿Cómo una criatura tan bella como esa podía decir tales cosas?

- De la forma en que lo veo, la energía de su amiga fue la causante de esta situación ¿o me equivoco? – Continuó el ángel.

Sakura tuvo que reconocer que su guardián podía estar en lo cierto. La magia de Eriol ya no era lo suficientemente fuerte como para llevarlo hacia otra dimensión. Él sólo nunca lo habría logrado. ¿Por qué no había contado con ella para pedirle ayuda?

- Yue tiene razón Sakura – Secundó Cerberos – Podría ser una trampa. – Le sacó el león de sus pensamientos.

- Pero… - Trató de contradecir la pellirroja, aunque Zander la detuvo negando con la cabeza.

- No tiene caso Lucy – Tomó él la palabra - ¿Qué puedes esperar de unos chicos que alejan a sus amigos?

- ¿¡Qué has dicho!? – Aquello fue como una chispa para que el enojo de Sakura y Shaoran se encendiera.

- ¡No tienen ningún derecho hablarnos de esa forma! – Confrontó Shaoran al rubio. Zander sonrió ladinamente.

- ¿Ah no? ¿Entonces que hicieron con Tomoyo exactamente? – Soltó la pregunta con desdén.

Zander sabía que no ayudaría en nada discutir. Pero simplemente no pudo evitarlo. Aquel grupo de hechiceros – con Hiraguizawa incluido – continuaba entrometiéndose con las personas que más quería en el mundo. Con solo pensar que Marina estuviese en peligro por culpa de ese estirado inglés le ponían los nervios de punta.

- ¡No tienes idea de lo que dices! – Lo sujetó el chino por el cuello de su camisa.

El italiano se zafó bruscamente y dejó su energía fluir hasta envolverlo por completo. Ya no volvería a quedarse callado sin hacer nada, no cuando sus amigas estaban involucradas. Esta vez las protegería con todo, usaría su poder por completo. Ni Tomoyo ni ninguna de ellas sufriría por causa de Clow Reed y su legado.

Eriol veía a la joven dormir tranquilamente. Fue una verdadera suerte que haya salido ilesa. A decir verdad, ambos estuvieron muy cerca de la muerte en aquel momento…

Cuando vio a la chica caer, el corazón se le detuvo un segundo pero sus pies corrieron a toda prisa para poder llegar hasta ella. Las manos de la chica se sostenían con tal fuerza al punto de hacerlas sangrar.

- Marina, todo estará bien… sólo dame la mano – Decía él inclinándose hacia adelante y de paso ver la larga caída que les aguardaba si daban un mal movimiento. Pero la chica de nuevo no parecía escucharlo, sus ojos celestes estaban perdidos en el horizonte por donde la criatura mágica se alejaba. - ¡Vamos reacciona! Si no lo haces no podré ayudarte – Insistía él al borde de la desesperación.

Se inclinó un poco más en un intento para tomar su mano pero el suelo se volvía inestable con el mínimo exceso de peso. Vio pequeñas rocas rodar hacia abajo; aquella pradera flotante estaba casi a unos trescientos metros sobre el mar.

El dolor en las manos de Marina no era comparable con el dolor que sentía en el corazón. Al fin había vuelto a Cephiro pero todo lo que había soñado se esfumaba entre las nubes.

- ¿Por qué lo hiciste Guruclef? Yo…realmente deseaba decírtelo – Decía con los ojos llenos de lágrimas. Las gotas saladas le nublaban la vista hasta que el cielo azul comenzaba a parecerle oscuro lentamente.

Con alarma Eriol veía que la joven perdía el conocimiento. Si no hacía algo pronto, caería. Olvidó la cautela y dejó la mitad de su cuerpo pendiendo en el aire para llegar hasta las manos de ella; sin embargo, no estaba seguro de tener la fuerza suficiente como para subirla nuevamente.

Su llave de báculo colgaba de su cuello, igual de ondulante como ellos estaban.

No había otra alternativa… comenzó a recitar su conjuro y justo antes del final de éste, se dejó caer hasta poder tomar a la joven en brazos en el aire.

Por un momento la insignia de su magia apareció en pleno vuelo pero su brillo comenzó falsear igual que lo hacen los bombillos que están a punto de fundirse.

La caída seguiría directo al océano.

Cuando el agua estaba a unos escasos centímetros, un enorme pez – el mismo pez volador de antes – los logró atrapar con rapidez y los había llevado hasta ahí. Al palacio de Cephiro.

Sin duda había sido un milagro.

- Guruclef – Murmuró ella entre sueños. Su voz llevó al inglés fuera de sus pensamientos. La miró de nuevo y de los ojos de ella corría una solitaria lágrima que él pudo atrapar. ¿Quién podría ser la persona que ella llamaba tan desesperadamente?

Unos leves golpes a la puerta detuvieron el paso de sus dudas. Sin esperar respuesta, la visitante se asomó con sigilo. Era una chica de piel tostada y cabello de un suave color rosa. Su vestimenta – que parecía más bien un bikini negro – dejaba al descubierto su contorneada y curvilínea figura.

- ¿Aún no despierta? – Quiso saber ella. El inglés negó en silencio.

- Creo que el venir aquí le ha causado una fuerte impresión – Dijo recordando la reacción de ella al tiempo de su llegada.

- Ya lo creo que sí – Secundó la peli rosa – Ha pasado mucho tiempo desde su última visita. Pero es extraño que haya regresado de la nada.

- Ella ¿Ya había estado aquí antes? – Quiso saber Eriol, aunque estaba claro que así era.

- ¡Pero por supuesto! Es una de las guerrera mágicas ¿es que no has escuchado sobre ellas? ¡Son una leyenda! – Contaba la chica emocionada – Las heroínas que salvaron Cephiro – Rio orgullosa – Ellas son… - Se detuvo de improvisto. – Por cierto ¿quién eres tú? – Lo miró de arriba abajo.

- ¿En dónde estoy? – Cuestionaron en lugar de Eriol.

- Marina, cariño – Se apresuró la otra chica a su lado – Tranquila estas a salvo. Estás en Cephiro.

- Caldina ¿en verdad eres tú? – Dijo la joven de ojos celestes al momento de abrazar a su vieja amiga.

Era tan grato ver a una cara conocida y sonriente por su regreso.

Kimihiro no podía dar crédito a lo que acaba de escuchar. La petición de Yuuko le había robado el habla y su mente se había quedado en pausa.

- ¿Qui…quieres que deje la tienda? – Repetía sintiendo las palabras escocer sus labios. La bruja dimensional asintió.

- Mientras yo esté aquí, tú tienes la libertad de hacer lo que desees. No tiene caso que dos personas permanezcan atados a este lugar.

- Pero… creí que me habías… - Por más que Watanuki lo intentaba no lograba terminar sus palabras.

Yuuko se puso de pie y se aproximó a él, en sus ojos pudo ver la sorpresa, la confusión y también el miedo. Sí, Watanuki tenía miedo. Miedo a la libertad que acaban de concederle. ¿Y quién podía culparlo? Había pasado tanto tiempo encerrado en esas paredes, había dejado un futuro normal atrás, se había aislado de sus amigos y del mundo. Aquello era como abrir la jaula a un pequeño pájaro que había olvidado cómo volar.

Para la bruja dimensional quién no se permitía expresar emociones; la culpa se apareció en su pecho y en su rostro. Se sentía culpable de que aquel joven hubiera pasado por tanta soledad por su causa desde el inicio. De todo ese enredo entre mundos y de todas las tragedias que habían surgido después; solo tres personas debieron ser castigadas en lugar de los demás. Y ella, era una de esas tres. Las últimas palabras de Drianna habían sido para él pero Yuuko comprendió que no podrían cumplirse si Kimihiro permanecía en ése lugar.

Debía ser libre para escribir su futuro, y el pasado solamente se transformaría en un sueño; uno que al despertar, se viera como algo lejano e imperceptible.

Con este pensamiento, ella le tomó su rostro y le sonrió con una ternura que Watanuki no le había visto jamás.

- Tal y como esa persona dijo: Lo que fue no puede ser cambiado pero lo que está aquí depende de nuestros pasos. De ahora en adelante tú serás dueño de tus pasos…e irás por el sendero que decidas.

- Pero…¿qué pasará con la tienda? ¿con Larg, Maru y Moro? ¿Qué pasará con Shaoran y Sakura? Creí que los ayudaríamos.

- No podrás ayudar a nadie si permaneces aquí – Sentenció Yuuko firmemente.

- Pero… ¡Aún me quedan muchas cosas por aprender! – Aquello le estaba costando mucho más que aquella vez en la que vio a Yuuko ser engullida por la oscuridad.

En ese entonces se había aferrado a que ésa no era una despedida definitiva, porque él se haría cargo de lo que ella estaba dejando atrás. Se había convencido de que al estar rodeado de sus cosas sería igual que tenerla cerca y que el destino tarde o temprano los volvería a reunir. Y así había sido, pero ahora no era el destino el que dictaba su separación, sino ella.

La bruja dimensional negaba ante sus reclamos y preguntas.

- Ya has aprendido todo lo que podías de mi – Sentenció.

- ¡Es que no lo entiendo! ¿Por qué haces esto? ¿¡Por qué me retuviste aquí si al final me dejarías ir!? – Los sentimientos de Watanuki terminaron por empapar sus palabras. Finalmente había perdido el control. Yuuko apretó con más fuerza su rostro, haciendo que las mejillas y la boca de él lucieran igual a un pez inflado.

- ¿Realmente fui yo la que te retuvo? – Cuestionó. Aunque bien pudo confundirse con una amenaza.

Él no pudo contestar a eso. Ciertamente, al principio él permaneció allí para pagar su deseo pero después…

Adivinándole el pensamiento, Yuuko le soltó.

- Debes irte en cuanto estés listo. – Dijo dándole la espalda.

Y Watanuki lo hizo. Cerró la puerta con fuerza y se dirigió a paso firme a su habitación para juntar sus cosas.

- Tomemos esto como nuestra ruptura Clow… - Recitó Yuuko llena de nostalgia, mientras veía finalmente cómo una parte de la esencia del hombre que amó en su juventud, salía por esa puerta.

Caldina con su energía y entusiasmo pareció contagiar a Marina devolviéndole la sonrisa. La morena le ofreció un poco de té herbal, un baño relajante de sales y un cambio de ropa. Realmente la hizo sentir como en casa.

- ¿Te gusta este vestido? Podríamos probar un conjunto también – Sugirió la peli rosa.

- El vestido es hermoso Caldina, gracias – Decía la guerrera dando una vuelta para admirar mejor el vuelo de la falda. – Si Tomoyo lo viera, estoy segura que le encantaría – Comentó viéndose al espejo.

Y en verdad era una prenda hermosa, del tipo que Tomoyo solía diseñar. Era un vestido blanco con detalles de perlas en el cuello, las mangas ligeramente aglobadas con una fina tela de tul y una falda plisada que le llegaba justamente por encima de la rodilla. A primera vista, no lucía como una vestimenta propia de Cephiro pero las botas blancas con bordados dorados, resultaba ser el pequeño recordatorio de que Marina no estaba en Tokio.

- ¿Quién es Tomoyo? – Preguntó Caldina con curiosidad mientras peinaba el cabello celeste de la guerrera.

- Es una nueva amiga que hemos hecho en nuestro mundo – Dijo sonriente – Lucy, Anais y yo la queremos mucho.

- Y… hablando de amigos… - Empezó juguetonamente – Dime… ¿quién es el apuesto chico que vino contigo? ¿un novio tal vez?

- ¿¡Qué!? – Soltó ella, para luego mirar nerviosamente hacia la puerta cerrada. Esperaba que su conversación no se colara por los pasillos. – ¡Por supuesto que no! El joven Hiraguizawa es… un compañero nada más.

- Ah, ¿en serio? – Dijo Caldina sin creérselo ni un poco – Entonces ¿decidiste traer a un simple compañero aquí? ¿Al lugar que han guardado en secreto hasta de sus familias? – Cuestionaba acorralando a Marina contra el espejo.

- Bueno…eso…no es exactamente… - Marina trataba de esquivar aquellas preguntas.

Como caído del cielo, alguien llamó a la puerta.

- Hablando del rey de roma – Comentó la morena al abrirle la puerta a Eriol.

Que lucía limpio y fresco, vistiendo un traje negro al estilo Lantis. Marina tuvo que reconocer que su amiga tenía algo de razón. Hiraguizawa era… un poco apuesto.

- Bien, jovencitos "sólo compañeros" – Se burló la morena – Avisaré a los demás que están listos para la cena. Dicho esto salió regalándole a ambos un guiño.

Hubo un momento de silencio, en el que Marina se sintió realmente incomoda, no solo por las suposiciones falsas de Caldina, también porque realmente no recordaba cómo rayos habían conseguido llegar al castillo, pero estaba segura que fue gracias a él. Apenas le conocía y ya estaba en deuda con ese chico ¡Rayos!

- Me alegra que se encuentre bien – Empezó él con una sonrisa.

- Sí…bueno… gracias. –Dijo titubeante.

Eriol se sintió más tranquilo al ver que la muchacha había recuperado su ánimo. Ahora solo faltaba descubrir la razón por la que habían llegado hasta ahí y encontrar el modo para regresar a Tokio.

- Sé que conocemos nuestros nombres pero no hemos sido presentados formalmente – Dijo – Soy Eriol Hiraguizawa – Caminó hasta ella e hizo su acostumbrada reverencia inglesa. Luego tomó su mano.

La guerrera quedó rígida como una tabla ¿acaso le besaría el dorso de su mano? ¡Sí lo haría! ¿¡Pero quién se creía que era!? ¿¡Una mala imitación de príncipe!? ¿¡Los humos de héroe se le habían subido al cerebro!? Y justo cuando pensó que ese chico con complejo de caballero terminaría su representación. Él giró levemente la mano de ella para dejar al descubierto sus palmas.

- Sus manos también están bien – Aseguró el sin borrar su sonrisa.

El calor de la vergüenza se apoderó del rostro de la joven. Retiró rápidamente su mano y contestó lo primero que se le vino a la mente.

- Por su puesto que están bien, soy Marina Ryuuzaki. La poderosa guerrera mágica del agua ¿qué esperabas? – Dijo altiva y orgullosa.

- Así que es verdad, posee poderes mágicos – Comentó él mirándola fijamente.

Marina dio un pequeño paso atrás, la mirada de ese chico era demasiado misteriosa e intensa. Pero no se dejaría espantar tan fácilmente.

- Al igual que tú – Acusó ella – De hecho, no estaríamos aquí de no ser por ti.

Eriol lo meditó un segundo.

- No estoy tan seguro de eso – Dijo realmente intrigado.

- ¡Chicos! – Entró Caldina de improvisto – La cena está servida, todos están esperándolos.

La morena tomó a ambos de los brazos y los arrastró por los pasillos del palacio. Ajena a la preocupación de Hiraguizawa.

- No sabes lo ansiosos que están todos por verte Marina – Comentaba la chica – Incluso han preparado platillos exquisitos y Guruclef ha preparado un té realmente delicioso.

Con solo escuchar ése nombre el corazón de la joven guerrera comenzó a latir con fiereza. A pesar de lo sucedido en la pradera, deseaba verlo, mirar sus ojos, igual de azules que los suyos, escuchar su voz…

Las puertas dobles se abrieron de par en par y una gran algarabía estalló a su alrededor; ¡todos estaban ahí! Los habitantes de Cephiro, Ascot, Paris, Lantis, Ráfaga, la pequeña Mokona y…

Marina fue envuelta entre abrazos y vítores, ¡se alegraba tanto de verlos! ¡Tres hurras por nuestra guerrera mágica! Se escuchó a alguien, haciendo que la multitud respondiera con entusiasmo y alegría ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!

- Muchas gracias a todos, me alegra estar de vuelta – Decía Marina conteniendo las lágrimas en vano.

Cuando Guruclef se aproximó, el salón quedó en silencio. La gente de Cephiro le tenía un gran respeto y sabían que aquel reencuentro era de un gran valor sentimental. Aunque el hechicero había cumplido con la encomienda de preparar a las tres niñas del mundo místico para que se convirtieran en guerreras mágicas, también les había tomado cariño y mucho agradecimiento.

- Bienvenida Marina – Le saludó él con una sonrisa.

La joven estaba sin habla, el joven que tenía en frente no era el Guruclef que recordaba. Era más alto, apuesto y fuerte. Pero aquellos ojos azules, con los que tanto había soñado, seguían siendo gentiles y cálidos. Sí, ellos eran el alma de Guruclef.

Sin pensarlo, lo abrazó y dejo que sus lágrimas corrieran dichosas al encontrarse con aquel joven.

- Te he echado tanto de menos – Confesó ella.

- Yo también Marina – Respondió él sin deshacer el abrazo.

Era una escena enternecedora. Hasta para Eriol. Aquella escena le hizo revivir su regreso a Tomoeda, en el momento en que pudo reencontrarse con Tomoyo. Ella lo había abrazado justo así. Llena de vida, cariño y esperanza. Y él por fin pudo sentirse un poco en casa, por el hecho simple y grandioso hecho de que alguien lo había estado esperando.

- ¡Wow! ¿Ella es la guerrera mágica de la que nos han contado? – Rompió una pequeña niña el silencio.

Los demás rieron por la espontaneidad de la chiquilla. Pero Marina no pudo reír. Esa pequeña era idéntica a…

- ¡Es ella! ¡Es ella! ¿Verdad papá? – Guruclef sonrió y tomó a la niña en brazos. – Sí, Lain. Ella es Marina, la guerrera que despertó a Ceres. – Respondió.

- ¡Te lo dije! ¡Te lo dije! – Salió otro niño de entre la gente. – Y hoy ¡yo la salve! – Exclamó con orgullo y presunción. – Ahí estaba yo, sobrevolando las praderas, porque como todos saben, es mi responsabilidad proteger a Cephiro como futuro hechicero – Alardeaba – Cuando entonces… ¡pow! Sentí un destello de energía extraña y al voltear vi a dos chicos cayendo hacia el océano.

Marina solo atinó a voltear hacia Hiraguizawa, que sonreía por la efervescencia de aquel pequeño. Ella en realdad no sabía que sentir ¿debería reír también? No, no podía aunque quisiera. ¿¡Ese par de pequeños eran hijos de Guruclef!? Le parecía imposible pero allí estaban y le daban la explicación perfecta a lo sucedido en la pradera. El cabello liliáceo de aquel chiquitín la había engañado y creyó ver en él a…su…padre…

- Fue ahí cuando yo y Fyula, mi pez volador, los atrapamos en el aire ¡fue fantástico! – Remató dando giros que terminaron por llevarlo al suelo.

Los oyentes rieron y aplaudieron. Dándole cumplidos y cariñosas caricias en el cabello.

- Es suficiente Lanz, recuerda que esta fiesta es para Marina y su amigo – Lo tomó Presea en brazos.

- Lo siento mami… pero no me digas ¿qué no fue impresionante? – Insistía haciendo ademanes para enfatizar sus palabras. Presea sonrió y le beso la frente.

- Sí, sí lo fue. Tengo un hijo muy muy valiente – Decía ella rozando su nariz con la suya. – Ahora ve con tu hermana a jugar. - Con esto ambos niños salieron corriendo y brincando con Mokona detrás. Luego de esto, la maestra artesana abrazó a Marina. – Estoy muy feliz de verte – Le dijo.

El corazón de la guerrera se estrujó con esas palabras.

- Yo, yo también me alegro Presea – Alcanzó a pronunciar. Si no cambiaba el ambiente, se pondría llorar en frente de todos. – Así que… ¡Wow! – Se soltó con una sonrisa - ¿Están casados? ¡Vaya! No pierden el tiempo, pilluelos. –Bromeó provocando un rubor en la pareja. - ¡Caldina! ¿cuáles son los famosos platillos que mencionaste? Me muero de hambre. – Jaló a la morena hacia la mesa de banquetes.

Eriol entonces se acercó a la pareja.

- Les agradezco mucho todas sus atenciones, han sido muy generosos.

Y era cierto, tal vez era la primera visita del inglés a ese lugar pero lo habían tratado como si fuera un viejo amigo. Dándole igual cuidado y atención que a la guerrera.

- No tienes nada que agradecer, cualquier amigo de Marina es también amigo nuestro. Ella ha hecho mucho por nuestro mundo, es lo menos que podemos hacer. –Respondió Presea amablemente. Luego ella se retiró a atender a los pequeños que hacían de las suyas junto con Mokona en uno de los jardines.

- ¿Ella en realidad está bien? – Preguntó Guruclef – Se suponía que ellas permanecerían en su mundo, después de la última batalla. – Eriol también llevó su vista hacia la chica de cabellos celestes, que ahora jugaba y reía con los niños.

- A decir verdad, recién la conozco – Admitió él –No sé nada de su pasado ni de la batalla que mencionas… pero… - Se detuvo ante el recuerdo de ella llorando aún dormida – No creo que se encuentre bien. – Sentenció firmemente. – Si este lugar está regido por los corazones y los deseos de las personas, es muy posible que la señorita Ryuuzaki haya podido llegar aquí con ayuda de ese poder.

- ¿Entonces ella...? – Eriol asintió.

- Llegó aquí porque así lo deseaba – Continuó el inglés.

- Pero… ¿por qué? – Se cuestionó el gurú de Cephiro confundido.

- Eso no me incumbe a mí respondérselo – Dijo él seriamente y se retiró con el resto de los invitados.

Para el final de la velada, Marina estaba considerando dejar el ballet y comenzar con clases de actuación y es que, hasta ese momento había sonreído y bromeado con tanta naturalidad que empezaba a reconocerlo como un talento. Sus amigos se fueron retirando de a poco. Hasta quedar solamente Guruclef, Hiraguizawa y ella.

De haber sido consciente de aquello se habría retirado sin pensarlo pero estaba tan abstraída en sus emociones que era como si no estuviera ahí.

- Marina… - Le llamó Guruclef suavemente. Ella se sobresaltó. ¿Cuánto tiempo se había ausentado a las tierras de sus pensamientos?

- ¿Sí? – Se apresuró a contestar.

- ¿Podríamos hablar? A solas – Cuestionó el hechicero de Cephiro dándole un rápido vistazo a Eriol.

- No se preocupen por mí – Comentó el otro chico poniéndose de pie – Ya pensaba retirarme. – De nuevo, muchas gracias por recibirnos – Agradeció con una reverencia al anfitrión mágico. Que solo atinó a asentir con la cabeza.

Y justo cuando Eriol pasó junto a la chica le susurró rápidamente, fue casi imperceptible pero ella logró oírlo.

"Escucha a tu corazón, no importa lo que pase"

Ella reaccionó de inmediato. Ceres le había dicho algo parecido ¿cómo era eso posible? Marina quiso detenerlo pero él no le devolvió la mirada y siguió su camino hasta perderse por los pasillos.

- Marina… ¿te encuentras bien? - Quiso saber Clef

- Ah…por supuesto que lo estoy, es decir, haber vuelto es increíble y todos ustedes han sido tan buenos que yo… - En realidad no quería seguir hablando pero tampoco podía detenerse si lo hacía, el llanto saldría incontrolablemente.

- No me refiero a eso, Marina – Le cortó el mago mientras se aproximaba ella para quedar de frente. Ella en tanto, no podía despegarse de su asiento.

Él, siempre tan atento y amable tomó sus manos y se puso en cuclillas para verla con total claridad. Con esa mirada que podía descubrirla por completo.

- Dime…¿por qué has vuelto pequeña del mundo místico? – Esa manera de hablarle la derrumbó por completo. Todos los recuerdos de aquella fantástica aventura conquistó por completo a su mente, y con ellos, revivió el nacimiento del sentimiento que había estado guardando por tantos años.

Así que lloró. Lloró con dolor, angustia e impotencia. Las palabras que ahora iba a decir habían llegado demasiado tarde y ya nada quedaba por hacer.

- ¡Quería verte! ¡Dios! ¡Deseaba tanto verte! No hubo un día que no lo quisiera desde que regresé a Japón. Me odié a mí misma por marcharme en silencio, pensé que sería lo mejor…pero no lo fue. ¡Ha sido el más grande y estúpido error de mi vida! Yo… te amo Guruclef… siempre lo he hecho…

Guruclef estaba pasmado. Ni si quiera sabía que decir. Parpadeó repetidamente y se aclaró la garganta, de algún modo la sentía llena de espinas.

- Marina…yo…no tenía idea…de haberlo sabido yo…

¿Qué habría hecho de haberlo sabido? Se clavó esa pregunta en su pecho. Y tristemente la respuesta fue: Nada. Ellos eran de mundos distintos y por mucho que lo hubieran querido, no podrían estar juntos.

- Lo siento – Dijo al fin. – En verdad lo lamento mucho.

Y aunque ella no esperaba otra respuesta, escucharla fue mucho más doloroso de lo que imaginó que sería. Milagrosamente alcanzó a ponerse de pie y correr lejos de ahí porque Guruclef no la detuvo.

Cuando sus pies se agotaron, se encontró rodeada de un bello jardín; las flores parecían tener luz propia y la luna reposaba su reflejo en un claro. Era un bello retrato de cuento, pero su tristeza no le permitió disfrutarlo libremente.

Tomó asiento en un banco blanco de granito y dejó que su llanto continuara fluyendo. Si lloraba tanto como ahora, el arrepentimiento y el dolor se quedarían ahí; así cuando volviese a casa, su alma y corazón estarían listos para continuar hacia adelante.

- ¿No me preguntarás nada? – Cuestionó la chica una vez que la voz le logró salir.

Fue entonces que Eriol salió de entre el manto de la noche, había permanecido ahí todo el rato; quieto y en silencio.

- No – Respondió él – De hecho, si lo prefiere, finja que no estoy aquí.

Ella resopló sonoramente.

- Eso es imposible.

El chico enarcó una ceja en respuesta.

- Es decir, sólo…¡mírate! Llamas demasiado la atención con esa piel de fantasma y con esos modales iguales a los de mi abuelo. – Se quejaba ella con expresión exagerada.

Hiraguizawa fue incapaz de contener una carcajada, una que le saco lágrimas de los ojos y le obligó a sostenerse el estómago. Marina lo miraba confundida ¿se estaba riendo porque ella se burló de él? A ése chico debía faltarle un tornillo.

- Bueno señorita Ryuuzaki, usted no se queda atrás – Dijo una vez que logró controlarse.

Por un momento ella creyó que le devolvería la broma pero él se limitó a contemplar el paisaje. Ahí, Marina lo vio realmente por primera vez. Ése chico no era un chico común – y no por el hecho de ser la reencarnación del mago más poderoso de la historia – él era mucho más que eso. Resultaba muy difícil de explicarlo con palabras, pero si ella tuviera que hacerlo, lo compararía con una estrella; una como las que se alzaban aquella noche. Brillante, lejano, hermoso y solitario…

Zander le dio esa misma impresión al conocerlo. Pero el italiano era más bien, como el sol. Cálido, poderoso, atrayente y reconfortante. De alguna manera, los relacionaba como seres muy parecidos y a la vez opuestos. Era increíble que ellos estuvieran relacionados.

- Marina – Dijo ella luego de un rato. Ahora él la miró confuso – Me has llamado por mi nombre todo el día, así que… bueno… puedes seguir llamándome así de ahora en adelante. – Aclaró un poco cohibida.

La amistad con ese chico se había dado de manera extraña y abrupta pero esa noche a la luz de la luna, su interior le susurró gentilmente que podía confiar en él…

Y decidió que lo intentaría…

Porque a partir de ahora, ella escucharía a su corazón sin importar lo que pasara.

(CONTINUARÁ…)