Perdón por no subir antes pero, es que estos dos días he estado bastante enferma y no tenía ni ganas de prender la PC... ajjaja
Espero que les guste
Pau Ruby Malfoy
Capítulo 9:
A capite ad calcem
Canción recomendada: Don't cry – Guns and Roses
Me di vuelta mientas soltaba a Scorpius apresuradamente.
- Caleb yo… - intenté decir algo pero no pude continuar, no sabía como continuar.
- ¿Tu qué? ¿Qué puedes decir? - dijo histérico.
- Tranquilízate Woods. - dijo Scorpius adelantándose un poco.
- ¿Ahora la defiendes? ¿A cuántos eres capaz de usar para conseguir lo que quieres? Eres excelente en eso. - comentó indignado.
Sentí la ira apoderándose de mi, pero, no tuve tiempo de concentrarme en ella ya que Scorpius había comenzado a caminar hacia Caleb decidido a golpearlo, lo detuve sosteniéndolo del brazo izquierdo, Caleb retrocedió varios pasos.
- Déjalo. No vale la pena. - dije intentando calmarlo. - Scorpius. ¡Basta!
Caleb se alejó un par de pasos más, se dio vuelta y se dirigió de nuevo al castillo.
Scorpius volvió a intentar seguirlo pero volví a detenerlo.
- Déjalo. - dije.
- ¿Escuchaste lo que dijo? - preguntó indignado. - ¿Lo escuchaste?
- Si, lo escuché, pero déjalo, no me interesa lo que dijo. - respondí tratando de que con esa respuesta se calmara un poco.
- A mi si me interesa lo que dijo. - sentenció y salió rápido hacia donde se había ido Caleb.
Lo seguí casi corriendo intentando alcanzarlo, no ayudaba en nada tener puesto zapatos con taco.
- Detente. - dije. El se detuvo, pero yo no lo logré, iba tan rápido que me desestabilice y choqué contra él. - Lo siento. - me disculpé.
- No, yo lo siento. - respondió dándose vuelta.
- Prométeme que no lo vas a seguir más, que no dejaras que te afecte, porque eso es lo que quiere. - comenté.
- Lo intentaré. - respondió.
Tomé su mano y me dirigí al Gran Salón, él me siguió sin oponerse.
Cuando estábamos llegando vimos a Lily, ella nos miraba fijo y sonreía a más no poder.
- ¡Ya era hora primita! - dijo.
- Lilian ¡Cállate! - respondí avergonzada mientras soltaba la mano de Scorpius.
- Esta bien, esta bien, no diré nada, sólo quie... - se detuvo y se quedó mirando fijo algo que estaba detrás nuestro.
Me di vuelta, mis primos y mi hermano estaban ahí, mirándonos con mala cara, por alguna extraña razón me sentí como en una película muggle en las que la pandilla esta a punto de ponerse en combate.
- ¿Qué pasa aquí? - pregunté.
- No es contigo Rose. - dijo James adelantándose y poniéndose al lado de Hugo que estaba primero. - Es con él.
- Escúchame bien Malfoy. - dijo mi hermano en tono brusco. - Si vuelves a hacer sufrir a mi hermana juro que no te quedará un hueso sano, tendrán que llevarte a San Mungo en partes. - amenazó.
- ¡Hugo! - dije enojada. - Estas grande para estas tonterías de andar amenazando a la gente.
A pesar de que él era más chico que yo, no lo parecía, era demasiado alto y fuerte para su edad, él sabía como usar su, digamos, fuerza bruta y mi hermano no hablaba en vano, sabía que si estaba diciendo eso era porque estaba plenamente convencido de hacerlo.
- Esta bien Rose, me lo merezco. - dijo interrumpiéndome. - Entiendo Hugo... ni un hueso sano a San Mungo en partes.
- No te atrevas a burlarte de mi. - respondió mi hermano enojado.
- No me burlo de ti, simplemente repito lo que acabas de decir. - respondió. - Y no te preocupes, no esta en mis planes volver a hacer sufrir a Rose. - agregó.
- Más te vale que así sea. - respondió Fred desde atrás, su cara se veía entro los hombros de sus dos primos.
- ¿Ya están felices? - Lily se adelantó. - Ahora pueden ir a aterrorizar a los de primer año si quieren, seguro que les parecerá igual de divertido. - su voz sonaba muy dura, a veces me olvidaba lo parecida que era a mi tía.
- Solo estamos asegurándonos de que no vuelva a molestar a Rose, es nuestra familia, no queremos que Malfoy la lastime. - replicó James mirando serio a su hermana menor.
- ¿Dónde esta Albus? - preguntó Scorpius tratando de cambiar el tema ya que sabía que si Lily le contestaba comenzaría una batalla campal.
- Con Abby. - respondió Hugo. - No quiso venir.
- El más inteligente de la familia. - comentó Lily.
- Chicos, discúlpenme, sé que sus intenciones son buenas pero no quiero escucharlos discutir más. - dije mientras tomaba a Scorpius de la mano y lo arrastraba lejos de ahí, mi familia otra vez metiéndose en asuntos que no le interesaban, me ponían los nervios de punta. Por un lado estaba contenta de que me protegieran y cuidaran de esa forma, pero, por otro lado estaba muy avergonzada, se habían comportado como un montón de niños tontos.
Cuando doblamos en la esquina él tomó la delantera y después de unos metros se dio vuelta, me tomó de la cintura y comenzó caminar hasta que quedé apoyada contra una pared, estaba literalmente atrapada, Scorpius me miraba fijo, eso hizo que me sonrojara completamente, él en respuesta sonrió.
- Te gusta hacerme enojar, pero también te encanta ponerme incómoda. - dije casi sin voz.
- Te equivocas, me encantan todas tus reacciones, pero, sobre todo cuando te enojas, te sonrojas, tu voz cambia, tus ojos brillan, es todo lo que me gusta de ti en un mismo estado. - dijo sonriendo, eso hizo que me sonrojara aún más. ¿Qué le pasaba? ¿No sabía que hablando así iba hacer que me volviera loca? Ese era el problema, él lo sabía. – Además, no sé porque esto te resulta tan incómodo, a mi me encanta. – agregó.
Se acercó y me besó de forma suave, eso logró que me lograra concentrar, de otra forma hubiera perdido completamente la razón, una ráfaga de viento cruzó el pasillo e hizo que me diera un escalofrío, seguía con mi vestido sin mangas y sin abrigo.
- Será mejor que volvamos al Gran Comedor el baile debe estar por terminar. – dijo a centímetros de mis labios.
- No quiero ir. - respondí.
- Entonces será mejor que te pongas esto. - dijo mientras se sacaba la capa y me la daba.
Pasamos varias horas más en ese pasillo, hasta que ya no escuchamos ningún ruido, el baile por fin había terminado.
- Deberíamos volver a nuestras Casas. - dije.
- Deberíamos. - dijo volviéndome a besar.
- Enserio, si nos ven nos castigarán.
- ¿Por qué eres tan apegada a las reglas? Siempre quise saber eso. - preguntó sonriendo.
- Porque alguien tiene que resguardar el buen nombre de mi familia, sino todos creerán que somos unos rompedores de reglas compulsivos, entre mis padres, mis tíos y mis primos, no hay ni uno al que no hallan castigado.
Rió divertido.
- De acuerdo, no quiero que la gente piense que el romper reglas es algo que se herede, asíque... te acompaño. - dijo aún sonriendo.
Caminamos en silencio, miraba hacia todos lados, esperando que nadie nos viera, estaba muy nerviosa, temía toparme con alguien en la mitad del camino, en cambio, él caminaba relajadamente, a mi ritmo que era un poco más apresurado que de costumbre, pero, se lo notaba tranquilo, no podía comprender como esto no lo afectaba, luego recordé que era el mejor amigo de Albus y que juntos habían caminado por los pasillos en la noche para robar comida de la cocina tantas veces como yo había ido a la biblioteca, él estaba acostumbrado a caminar por los pasillos a esa hora, por eso no lo afectaba.
Cuando llegamos nos detuvimos delante del cuadro de la Dama Gorda, ella parecía dormida.
- Debería irme, si alguien nos ve si que estaremos en problemas. - dijo mientras sonreía.
- Así es. - respondí. - Adiós. - dije.
Lo besé.
La Dama Gorda tosió molesta detrás nuestro.
- Los estudiantes ya deberían estar durmiendo. - dijo con voz aguda.
- Adiós. - dijo Scorpius. - Lamentamos mucho haberla despertado noble Dama. - dijo en todo irónico. – Hasta mañana. – agregó mirándome.
Se fue caminando despacio, me quede viéndolo hasta que casi se perdió de vista, al darme vuelta la Dama tenía también la mirada fija en Scorpius.
- A capite ad calcem. – dije un poco molesta, ella era un cuadro, no podía mirar a los alumnos de esa forma.
- Incorrecto. - respondió la Dama. - Contraseña.
- ¿Ya cambio? - pregunté avergonzada. - Por favor, déjame entrar.
- Contraseña. - repitió.
- Ya basta. Mi nombre es Rose Jane Weasley, llevo cinco años en esta Casa, toda mi familia ha estado en ella déjame entrar, por favor, me van a castigar. - mi voz sonaba histérica, no podía salirme todo tan mal.
- Hubieras pensado en ello antes de quedarte tanto tiempo fuera. - dijo seria.
Esta era mi última carta, si no me dejaba entrar en ese momento iba a tener que quedarme afuera hasta que alguno de mis compañeros saliera o hasta que algún profesor me descubriera.
- ¿Viste a ese chico? ¿El que estaba conmigo? - pregunté.
- Lo vi. - respondió secamente, pero en su tono algo había cambiado.
- Por él me quedé hasta tan tarde. Dime. Tu también te hubieras quedado hasta tarde por él ¿Verdad? – pregunté de forma inocente.
Ella miró hacia abajo y luego me miró: - Si. - respondió. - Esta bien, por esta vez te perdono, entra. - dijo.
Le dediqué una gran sonrisa de agradecimiento antes de pasar a través del cuadro.
Después de entrar me fui directo a dormir tratando de no hacer demasiado ruido, todos estaban durmiendo y no quería que nadie me viera, no quería que todos se enteraran a la hora en la que había llegado.
Miré el reloj. Sólo tenía cuatro horas para dormir, iba a ser mejor que me apurara, sino no dormiría nada.
Nota: A capite ad calcem. Es una frase en latín que significa "De la cabeza a los pies", y me pareció muy buena para relacionarla con lo que estos personajes sienten.
