No quiero cansarlos con mi interminable verborrea, mis excusas baratas y mis disculpas chafas. Solo quiero decir que lamento muchísimo haber tardado tanto con la actualización. Ha sido el tiempo más largo que los he hecho esperar, de hecho. Soy una maldita. ;_;
En todo caso, quiero aclarar que esta es la última vez que demoro tanto entre capítulo y capítulo ya que… AL FIN TENGO COMPUTADORA asasdjjffklgj asjkdhajkfhskd ashajhdjkfhkasdhkfhklsdghj skfhdskgjh! xD
Y eso es igual a escritora activa y lectores MUY felices.
No sigo con mis tonterías (en todo caso lo haré abajo xD), sin más por el momento, ¡disfruten la lectura!
~*oO:: Tributo ::Oo*~
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~ Dedicado a todas las chicas hermosas del "lado oscuro", quienes hacen mis horas en Facebook, mucho más divertidas e interesantes a DJM y a "LENI" la computadora, ya que si no fuese por su gran ayuda, esta historia jamás hubiese visto la luz. ~
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~oO:: Capítulo 10: No hay vueltas atrás ::Oo~
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Los personajes de NARUTO, no me pertenecen. Son propiedad y obra de Masashi Kishimoto. Capítulo con contenido sexual y lenguaje soez.
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Desde que era tan solo un crío a Sasuke siempre le habían enseñado a pelear sus batallas y a plantarle la cara a los problemas por muy complicados que estos fuesen. Para él todo —excepto la muerte— tenía una solución; ya fuese lo más justo, práctico o poco ortodoxo… no había cosa —o situación— que le hiciera dudar respecto a sus convicciones y se enorgullecía de ello.
En pocas palabras, era un líder casi innato y, como todo líder, era imposible que tomase una decisión sin antes haberlo meditado lo suficiente. Dado lo anterior, su situación actual con Sakura era como un golpe en el estómago, un duro ataque hacia todo aquello que él consideraba un logro, tal como escupir o mear sobre las tumbas de los grandes líderes del pasado. Personas que, al igual que él, se regían por los estrictos códigos de la justicia y la moral en pro del bienestar colectivo.
Resultaba risible como una simple mujer podía hacerlo pasar por encima de todo lo que él creía, con tanta facilidad, que asustaba. No se reconocía en absoluto. Era vergonzoso.
¿De cuándo acá él se dejaba llevar por una pasión efímera o la lujuria? Nunca. Y no por ello estaba dando por hecho que era frío o indiferente en lo que respectaba a las necesidades carnales, ya que eso sería mentirse a sí mismo. Era joven, fuerte y se sentía muy seguro —y conforme— con todos y cada uno de los aspectos del sexo y su masculinidad. Empero, justo ahí radicaba el motivo de su vergüenza. Saberse rechazado —y humillado— por aquella esclava, siendo él quien era, sin duda era algo con lo que le costaba lidiar… y mucho.
Se sabía totalmente consciente de que había cometido un grave error al mostrarse interesado en ella de aquella manera tan descarada. Ahora, gracias a eso, Sakura lo creía un ser asqueroso, despreciable, ruin… y en consecuencia ella había vuelto a erigir la enorme muralla de dudas y desconfianza que a él tanto le estaba costando derribar.
Todos sus planes se verían severamente afectados gracias a una estupidez y no existía otro culpable más que él mismo.
Pese a que así lo hubiera querido, no podía culpar a Sakura del todo porque ella simplemente había defendido, con uñas y dientes, su dignidad —o lo que quedaba de ella, considerando que la chica había sido la concubina de Orochimaru y las relaciones sexuales, consentidas o no, eran parte de su vida cotidiana— de alguien que a su parecer era capaz de tomar cuanto deseara de aquel bello cuerpo sin remordimiento alguno.
Como un jodido animal.
La sola comparación y el vago recuerdo de él rozando aquella tersa piel con las yemas de sus dedos mientras le colocaba su propia chaqueta sobre los hombros —al mismo tiempo que en su fuero interno una dura batalla comenzaba a librarse— le hizo sentirse realmente asqueado y enfermo.
Porque, aunque jamás lo admitiese a viva voz, por un efímero segundo se sintió verdaderamente tentado a considerar tan deplorable invitación… aun cuando nunca antes había obligado a una mujer a compartir su cama con él.
Una vez más no se reconocía a sí mismo y se enfureció con lo que descubrió. Pues se sabía muy capaz de sucumbir a un deseo terrenal aun cuando dicho deseo atentara contra todo lo que él creía justo y correcto.
Cada frase y gesto que tuvo para con Sakura después de su descubrimiento, solo sirvió para darse cuenta de lo bajo que había caído al pretender poseer algo que no obtendría solo por pronunciar un halago que le brotó como agua de manantial de los labios. Siempre había sido muy franco, pero en aquel momento dichas palabras le tomaron desprevenido.
Por ende al saberse humillado —y despreciado— por la persona que provocó en él tal arranque de sinceridad, lo único que pudo hacer en su defensa fue atacar. Atacar tal y como ella lo había hecho… con la única finalidad de preservar su gran orgullo intacto —aunque él mismo supiese que eso era lo de menos— y así poder retirarse tan altanero e indiferente como siempre había sido. Dicho sea de paso, Sasuke enfrentó a la peli-rosa con un argumento totalmente válido —pues las promesas de libertad, jamás habían sido un juego— admitió el error en sus palabras, le besó la frente como una especie de reafirmación para sí mismo de que ni el deseo más intenso podía hacerle olvidar los códigos por los que se regía ni mucho menos sus objetivos, la rechazó con la misma petulancia que ella utilizó con él y finalmente la echó de su casa y, probablemente, de su vida.
No estaba dispuesto a pasar por una situación similar nunca más ni con ella… ni con nadie.
Y ahí estaba. Cansado y meditabundo por no haber podido conciliar el sueño en toda la maldita noche, pero de igual forma eso no le detenía en absoluto para poder continuar con sus deberes para con su aldea. Era temprano todavía y había preferido ayudar un poco en los cultivos en lugar de ir directamente a rendirle cuentas a su padre. Sabía que Fugaku no se molestaría por ello, pero prefería atender sus asuntos con él por la tarde cuando la tranquilidad era casi palpable en Konoha y obviamente nadie osaría interrumpirlos con banalidades como: "un caballo perdió sus herraduras y el angatok dice que es de mala suerte" o "las gallinas no están poniendo suficientes huevos, rece a los espíritus por ellas".
Una vez que hubo terminado de ayudar en los campos de arroz se retiró con rumbo a un riachuelo cerca de ahí. Era alrededor del mediodía y se sentía un calor insoportable, como en toda mañana digna de verano. Bufó y avanzó sin prisa hacía la orilla, inclinándose y quedando de cuclillas para tomar un poco de agua fresca con las manos, mojándose la cara, la nuca y el pelo en el proceso.
Siendo sincero se moría por darse un baño, pero no le apetecía regresar al ojo de agua y echarle más "sal a la herida". Ése lugar quedaba totalmente descartado por que justo en ese momento se percató de algo inusual en él:
—Sé que estás detrás de los arbustos, Karin—declaró en tono fuerte y claro para enseguida suspirar mientras negaba con la cabeza. —sal de ahí ya… o les diré a tus tíos y a Naruto que te gusta espiarme.
El Uchiha contó en su mente hasta diez y finalmente la joven salió de su escondrijo, tan tensa como la cuerda de un arco y tan roja como sus propios cabellos al saberse descubierta.
— ¿Y bien? —indagó él con una ceja arqueada y expresión apática. Aunque por dentro estaba conteniendo una sonora carcajada. Al menos las actitudes de la chica le provocaban risa… y eso ya era mucho decir.
— ¡No… no es lo que parece! —farfulló, arrugando el dobladillo de su vestido con los puños. — ¡Te he estado buscando toda la mañana! —Explicó, roja de vergüenza—. Fui a tu tienda y no encontré a nadie, después te busqué por los campos de arroz y me dijeron que habías venido hacia acá. ¡No malinterpretes la cosas, Sasuke! —chilló nerviosa, esperando que él le creyera. — ¡¿Para qué querría yo espiarte?! ¡Qué asco!
El moreno curveó su boca ligeramente intentando reprimir la risa y la miró con los ojos entrecerrados. Por supuesto que no le creía semejante mentira. Él no era tonto y ella no era tan inocente, pero se lo dejaría pasar. Después de todo, no tenía tanto tiempo como para desperdiciarlo en una estupidez como aquella… sin contar que la urgencia de Karin por encontrarlo había despertado su interés.
—Déjalo ya, solo fue una bobería —Mintió, pasándose una mano por el cuello y el cabello mojado, al mismo tiempo que se ponía de pie y avanzaba hasta la pelirroja con calma—. ¿Qué es lo que necesitas de mí?
La muchacha suspiró con un alivio indescriptible en el rostro y él juraría que la escuchó susurrar un "absolutamente todo, mí Sasuke-kun" cuando estuvo lo suficientemente cerca. Notó que le miraba la boca con insistencia mientras un rubor rosado aparecía de a poco en sus mejillas. El ojinegro tragó saliva y por simple sentido común decidió mantener una distancia prudencial de ella al mismo tiempo que un escalofrío le recorría la espalda.
Joder, ahora sabía lo que era sentirse acosado.
Carraspeó y esperó a que ella decidiera hablar —o saliera de su trance—. Karin pareció darse por aludida —al fin— y se mordió el labio recobrando su actuar habitual.
—Solo quería prevenirte—Avisó, mirándolo con una seriedad que contadas veces había notado en sus facciones y aquello lo puso en alerta—. No sé qué ha estado sucediendo contigo últimamente, pero en mi opinión estás dejando pasar muchas cosas por alto, Sasuke.
El mencionado frunció el entrecejo contrariado y sonrió con un sutil deje de ironía.
—Jamás he dejado una sola cosa en manos de la suerte, Karin—terció con tranquilidad—No tengo ni la más remota idea de en qué te basas para hacer una afirmación de éste tipo.
La mujer pelirroja bufó exasperada y le dedicó una mueca altanera.
— ¿Estás seguro? —Cuestionó, con los ojos carmín entrecerrados y el rostro ladeado, mientras colocaba los brazos en jarra—. Porque yo he visto cosas que tú no. Situaciones que involucran a tu "juguetito sexual" y que te conciernen a ti más que a nadie. Aunque por lo que veo ni siquiera te has enterado.
Sasuke no pudo disimular la impresión que le provocaron aquellas filosas palabras y tensó la mandíbula intentando contenerse. Karin notó su reacción y se deleitó con ello; solo que a diferencia de él, ella sí pudo mantener su temple inalterado.
— ¿A qué te refieres con exactitud? —Su tono de voz sonó duro, exigente—. Elige bien tus palabras, Karin. Si es una tontería…
La Uzumaki cortó su amenaza con un gesto de su mano y sonrió con ironía.
—No. Tontería, no—corrigió con acritud, acortando la prudencial distancia entre ambos—. O según tú, ¿te parece una tontería que esa mujer conozca a Juugo desde antes o que pueda manipular chakra a la perfección?
Ante semejante revelación, Sasuke rechinó los dientes con el desaforado deseo de que aquello tan solo fuese un cotilleo más de los aldeanos de Konoha, un invento de quienes, simplemente, no tenían nada mejor que hacer… excepto perjudicar a los demás con sus habladurías; pero al otear el rostro serio de Karin supo que estaba pidiendo demasiado. Aun así tenía la esperanza —vana— de estar equivocado.
— ¿Estás segura? —Cuestionó, una expresión de incredulidad se formó en su faz—. Me gustaría poder creerte sin más, pero tengo mis razones para no hacerlo—, reveló sin inmutarse siquiera ante una ofendida Karin—. Es una acusación muy delicada contra mi subordinada, ¿no será qué te quieres desquitar con ella por alguna razón?
La aludida dio un respingo, furiosa y algo dolida por las palabras de Sasuke.
— Claro que no—masculló a regañadientes—, me conoces desde que éramos apenas unos niños, Sasuke. Yo no mentiría con algo tan serio como esto—. Negó con la cabeza y echó un quedo suspiro—. Suigetsu no sabe mantener su boca de pez cerrada por mucho tiempo y se le fue la lengua en una discusión que tuvimos ayer—. Al escuchar el nombre del oji-morado en labios de la chica, tuvo que darle la razón mientras se masajeaba el puente de la nariz con los dedos pulgar e índice; prometiéndose a sí mismo que ése idiota se las pagaría en cuanto lo viera. ¿Dónde demonios había quedado su juramento de discreción absoluta ante lo acontecido en el bosque de la muerte aquel día? En un pozo sin fondo —como su cabeza hueca—, seguramente.
Al no notar ninguna reacción desfavorable en el Uchiha, Karin sonrió de manera sutil y prosiguió:
—Por supuesto, no quise creer lo que dijo respecto a Juugo y su relación con esa tal Sakura—. Hizo un mohín—, pero eso explicaría por qué Juugo la defiende y pasa mucho de su tiempo con ella. Piénsalo. Después de todo, hace años, él también fue un subordinado de Orochimaru—. El pelinegro expandió los ojos con sorpresa. Juugo y Sakura. ¿Cómo no había pensado antes en el pasado vinculado de ambos? Deseó golpearse muy duro contra algo por haber dejado pasar un detalle tan importante. Al no saber qué hacer, solo atinó a pedirle a la pelirroja que continuase con su relato—. En cuanto a lo del chakra… pude verla trepar un árbol únicamente con las plantas de los pies. Fue justo el día en que te marchaste a la frontera de la tierra del Fuego—. Compuso una mueca sardónica—. Debo admitir que esto último fue un simple golpe de suerte, pasaba por ahí y gracias a mi habilidad pude percatarme de su flujo de chakra. Debo decir que es perfecto. Mejor que el de cualquier guerrero experimentado de nuestra aldea… puede que mejor que el tuyo, Sasuke.
El dueño de los ojos negros la miró con impaciencia reconociendo que aunque las palabras de la pelirroja contenían un alto grado de verdad, eran como un pábulo para fomentar discordia y desconfianza. Y de forma irónica estaba funcionando, pero aun así eso no cambiaba su resolución inicial. Solo complicaba todo un poco más.
Por cierto, Karin no había mencionado nada respecto al bosque de la muerte o la habilidad de Sakura con los animales. No tenía razón alguna para estrangular a Suigetsu… al menos de momento.
Sasuke suspiró con un repentino desgano.
—Si eso era todo lo que me querías decir, ya puedes irte—. Sugirió en tono gélido señalando con un gesto de su cabeza el sendero que conducía hacía la zona central de la aldea— .Tengo muchos asuntos que atender, Karin.
La muchacha dio un respingo y lo miró alterada, como si el tema tratado instantes atrás fuese totalmente irrelevante para él.
—¡No puedo creerlo!—bufó exasperada pasándose una mano por la cara, acongojada—. ¡Estoy tratando de advertirte que esa maldita mujer no es lo que dice ser y tú me ignoras! ¡Joder, Sasuke!, ¿Qué demonios te ha hecho? Estás tan cambiado —chilló dándole una mirada que, efectivamente, daba a entender que no lo reconocía.
Dicha afirmación tomó desprevenido al joven Uchiha y se cruzó de brazos tratando de ignorar la incómoda —y últimamente, recurrente— sensación. Le dedicó una mirada de advertencia a Karin y casi al instante ella se quedó quieta y a la expectativa.
—En primer lugar…—comenzó él, haciendo una pausa deliberada—, agradezco que intentes advertirme, pero esto que acabas de revelar es algo que no voy a tratar contigo. No te concierne—. Le espetó sin tacto alguno, dejando a la chica brevemente aturdida—. En segundo lugar, ¿acaso me crees tan estúpido como para no percatarme de que esa esclava me miente? Solo un tonto no se daría cuenta de que ella oculta algo—reveló sin reparo—. Y en tercer lugar, no sé en qué diantres te basas para decir que he cambiado. No me conoces lo suficiente, Karin. Ni tú ni nadie, en realidad.
El pelinegro sabía que estaba siendo duro con la pelirroja, pero en verdad necesitaba dejarle las cosas claras.
—Pero, Sasuke, últimamente tú has sido tan…
—Es cierto que he actuado de forma deliberadamente indulgente con esa muchacha, pero te aseguro que no es más que un simple medio para conseguir un fin—concluyó sincero.
Karin lo contempló sorprendida y solo pudo sonreír con un sutil deje de admiración y deleite al escuchar tales palabras de la boca de Sasuke.
—Y, ¿se puede saber cuál es ése dichoso fin? —Inquirió con fingido tono inocente—. Quizá pueda ayudarte a conseguirlo más pronto y…
Una vez más, el Uchiha cortó el molesto discursillo de la oji-roja:
—No te compete, Karin—. Aclaró con evidente rechazo—, pero me ahorrarías demasiados problemas si dejases de buscar pleito con ella por tonterías—. Advirtió en tono neutral y la mencionada dio un respingo—. Y no intentes negarlo. Hay testigos.
Las mejillas de la chica se colorearon de carmín y apartó la mirada avergonzada. Al poco rato avanzó con cautela hacía el pelinegro aminorando la distancia entre ambos, Sasuke ni siquiera se sorprendió cuando la Uzumaki logró aferrarse a su brazo izquierdo con fuerza.
—Ella no me agrada, pero prometo hacer un esfuerzo—. Concedió con indolencia y después lo miró emocionada, con una sonrisa maliciosa comenzando a formarse en sus labios—. Me alegra saber que no eres tan crédulo como para dejarte influenciar por esa mujer y que todo tu asunto con ella tan solo se trate de una simple fachada. Siempre vas veinte pasos más adelante que el resto, estoy segura de que cuando llegué en el momento, serás un líder excelente.
Sasuke solo atinó a rodar los ojos con hastío, intentando sacarse a la chica de encima sin mayor éxito.
—Ajá, como sea—masculló impaciente—. Suéltame ya, Karin.
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Algunas veces, ella pensaba que justo cuando algo no podía ser peor el destino —o quien quiera que fuese— se encargaba de hacerle ver que, el panorama más gris y desalentador, podía convertirse en algo mucho más oscuro y terrible en cuestión de unos instantes; como las inclementes nubes de tormenta en el cielo de una tierra que ya no necesitaba más lluvia hasta la próxima temporada o el cauce del rio desbordaría… llevándose toda vida a su paso. Así se sentía ella. Simplemente ya tenía suficiente todo aquello y no quería más o terminaría ahogándose en sus propias penas.
Lágrimas de rabia e impotencia amenazaban con descender de sus verdes ojos sin embargo, por orgullo, supo contenerlas a la perfección. No quería mostrarse débil ante Juugo ni ante nadie. Nunca más.
Estaban sentados uno a lado del otro en el sitio predilecto de Sakura —sí, el manzano junto al río— mientras el aludido solo se limitaba a hacerle compañía y a observarla con esa expresión tan pacifica que le caracterizaba mientras que, de forma tácita, le ofrecía apoyo. Cosa que ella agradecía enormemente aunque no lo dijera.
Pese a no aceptar del todo el contacto humano —sobre todo el masculino—, permitió que el muchacho le pasara la mano por la espalda en un gesto apaciguador que logró reconfortarla a duras penas. Juugo se dio cuenta de ello y retiró su palma, suspirando con expresión derrotada.
— Sakura-san, ¿está segura de que eso fue lo que vio y escuchó? —. Se aclaró la garganta después de preguntar y ella lo miró con los ojos entrecerrados y los labios apretados en una mueca de tensión.
Tomó algo de aire antes de responder con un marcado exabrupto y mal genio:
—Yo sé lo que vi y oí, Juugo—sentenció y recordó una frase que daba por zanjado el asunto—. Si quieres creerme o no, adelante… eres libre de formarte tus propias conclusiones.
El joven la miró en silencio durante un par de instantes y luego de negar con la cabeza rebatió las palabras de Sakura con su característica tranquilidad:
— Y, ¿no será qué es usted quien se está formando sus propias conclusiones? —Inquirió. Sakura bufó e intentó sonreír de forma irónica, pero sabía que solo había conseguido una mueca lánguida y triste.
Si era franca Juugo bien podía tener razón pero, ¿de verdad estaba dispuesta a creerse esa posibilidad y pasar por alto lo que había presenciado del mismo Sasuke que en la madrugada, mientras veía su espalda desnuda alejarse y perderse en la oscuridad, le había hecho desear disculparse con él de todas las maneras conocidas y por conocer? Con él todo era tan ambiguo y contradictorio que sencillamente se sentía perdida:
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—Analepsis.
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Sakura llenó con presteza el cántaro de agua que Shizune le había pedido llevar a su tienda para comenzar a preparar la comida. Aceptó el encargo casi enseguida porque, labores como esa le ayudaban a distraerse y enfocar su mente en temas mucho más banales —y alegres— que pensar todo el tiempo en su situación actual… o en Sasuke Uchiha.
Por supuesto no estaba funcionando del todo, pero nada perdía con intentar.
Se percató de la presencia de algunas mujeres en la orilla del río; algunas lavaban ropa y otras más iban a por agua igual que ella. En cuanto puso el primer pie ahí un silencio incómodo seguido de miradas despectivas —y algunos cuchicheos— se hicieron presentes. No pudo evitar apretar la mandíbula y fingió no haberse dado cuenta de ello, pero era difícil ignorarles. Sabía que si las enfrentaba se sentiría mucho mejor, pero eso tampoco era garantía de que la dejarían de ver con desprecio ni mucho menos que cambiarían de opinión respecto a ella.
Dispuesta a zanjar el asunto —como venía haciendo últimamente cuando se encontraba en una situación similar—, aferró el cántaro entre sus brazos y se giró comenzando a andar nuevamente por el camino que había tomado para llegar hasta ahí. No dio más de tres pasos cuando la voz de una de aquellas aldeanas le llegó a los oídos y consiguió hacerle detener su marcha de forma abrupta:
— ¡Qué bueno que ya se larga! Así no seguirá ensuciando el agua con sus inmundos dedos.
Sakura se giró con ensayada lentitud y miró al grupo de féminas de reojo, apretando el recipiente de barro entre sus manos; sabía que si aplicaba un poco más de presión lo haría añicos, y en efecto, sin disimular ya su fuerza bruta terminó por romperlo. Los restos resquebrajados acabaron en el suelo y el agua le mojó los pies. No le importó en lo absoluto el destino de aquel objeto, pero se sentía complacida de que hubiese servido de algo ya que, gracias a ello, las mujeres le miraban ahora con muecas de impresión e incredulidad.
Aprovechándose del efecto que había provocado, les dedicó una sonrisa prepotente y las enfrentó con animosidad:
—Si alguna de ustedes tiene algún maldito problema conmigo—espetó con voz fría y contundente—, que lo diga ahora o mejor se guarde sus comentarios despectivos para sí misma. No pienso tolerar que hablen mal de mí a mis espaldas o que pretendan que me quede callada sin derecho a reclamar o a defenderme. Ninguna me conoce en lo absoluto—. Echó un bufido avanzando hacía ellas con gesto impaciente, notando como las aludidas retrocedían de a poco—. Bien—. Arqueó una ceja—, ¿piensan hablar o no?
Les observó con fijeza esperando algún tipo de gesto o reacción de su parte, pero no hubo nada. Las mujeres le seguían viendo con cierto desdén —lo usual— mas no articulaban una sola palabra por lo que, fastidiada —y también algo molesta porque al final no había conseguido nada con enfrentarlas—, decidió dar por zanjado el asunto. Se dio la vuelta para continuar con su camino no sin antes murmurar un "cobardes".
No había conseguido dar un par de pasos… cuando algo le impactó dura y dolorosamente en la espalda: una roca no más grande que su propio puño.
Sakura —a pesar de todo— era del tipo que se negaba a mostrar dolor o debilidad en público por lo que, a pesar del golpe, no gimió ni se encorvó así como tampoco se tocó la parte lesionada; lo que sí hizo sin dudar fue girar bruscamente el rostro y mirar a sus agresoras con suma bronca.
— ¡¿Quién fue?! —Exigió saber, manteniendo los dientes y mandíbula apretados en un gesto de contención. Pensó que una vez más no obtendría respuesta, pero para su sorpresa la dueña de la voz que anteriormente le insultó —una mujer de orbes obscuros y cabello violáceo— terminó enfrentándola:
— ¡Solo haznos un favor a todos y lárgate, quieres! —vociferó con desprecio y los brazos en jarra. Las demás muchachas se limitaron a secundarla y a asentir con la cabeza en mutuo acuerdo—. Tu sucio pasado con Orochimaru te precede, esclava. No trates de defender una reputación indefendible. Podrás tener la protección de Sasuke-sama, pero eso no te garantiza que te tratemos como nuestra igual o que te respetemos.
La peli-rosa se mordió el interior del labio inferior con fuerza, reprimiendo el grito de frustración e impotencia que por poco se le escapaba de la boca; no se sorprendió cuando el sabor metálico de la sangre se hizo presente en sus papilas gustativas. No pensaba discutir con ellas (resultaba innecesario al final de cuentas, pues dudaba que con ello cambiasen de actitud u opinión), pero como había dicho con anterioridad no iba a quedarse callada. Así pues, les dedicó una mirada desdeñosa y se limitó a preguntar:
—Ah, ¿eso era todo? —Fingió desinterés y se acomodó unos mechones de pelo detrás de la oreja, una sonrisa petulante aflorando en sus labios—. No me queda duda ahora de que hay gente más estúpida de lo que parece.
Al escuchar aquello —y antes que Sakura se girase por completo para seguir con su camino— una de las mujeres ahí reunidas se agachó y tomó del suelo otra piedra que posteriormente le lanzó con evidente saña. Esta vez la muchacha se anticipó a dicha agresión, dispuesta a atajar en el aire la roca —que esta vez iba dirigida a su cabeza—, pero inesperadamente para todas las ahí presentes —Sakura más que ninguna otra— alguien se le adelantó y atrapó el objeto en lugar de ella con relativa facilidad y rapidez. Se trataba de un hombre de no más de treinta y cinco años, con alborotada cabellera gris y ojos negros. Tenía la mitad inferior del rostro cubierta por una especie de mascarilla de tela oscura y una capa color ocre tapaba el resto de su vestimenta. Seguro era un viajero… o un vago. Pudo deducir —por su aburrida mirada de pupilas oscuras— que solo intervino porque daba la casualidad de que pasaba por ahí. Sin embargo, supo que su intuición había errado cuando ella intentó darse la vuelta para irse y el sujeto arrojó la piedra lejos, colocándole su mano ya libre en el hombro, deteniéndola —y tácitamente pidiéndole que se quedase a escuchar lo que tenía que decir—:
—Señoras, de verdad espero que esto no sea lo que creo que es—. Advirtió con fingida amabilidad—. Odiaría tener que poner al tanto de esta situación a Fugaku-san o al mismísimo Sasuke—. Un suspiro cansino acompañó sus palabras—.Ya saben, no creo que a ellos les haga mucha gracia enterarse del maltrato que esta joven sufre por parte de ustedes y peor todavía, sin motivo alguno—. Miró a Sakura y le guiñó un ojo con cierta complicidad —, ¿verdad?
La muchacha lo observó azorada. Incapaz de asentir o de decir algo al respecto. ¿En serio ése hombre la estaba defendiendo? Solo Juugo —e Ino quizá— serían capaces de hacer eso por ella. Estaba segura de que ningún habitante más de esa aldea movería un solo músculo para sacarla de un apuro o interceder a su favor, pero de repente ese tipo salía de la nada y lo hacía sin un atisbo de duda. No sabía qué pensar.
Un fugaz vistazo a las mujeres frente suyo —cuyas expresiones variaban de entre nerviosas, asustadas y escandalizadas— le hizo ser consciente de la autenticidad de tan "sutil" amenaza.
—No es necesario que diga nada. No volverá a pasar—espetó una de ellas con voz crispada. El resto solo se limitó a bufar o a asentir de mala gana. Luego de ello decidieron dispersarse y, con fingida indiferencia, volvieron a sus anteriores labores en el más absoluto de los mutismos.
La peli-rosa chasqueó la lengua con fastidio y decidió apartarse del lugar. No le dio las gracias a aquel hombre —aun cuando parecía que él deseaba decirle algo mas—, no era nada personal… simplemente no tenía ánimo —ni humor— para conversar con nadie.
Ésta vez tomó un camino distinto al anterior —pues planeaba pasar por la choza de Ino para pedirle un cántaro prestado y así sustituir el que le había roto a Shizune en su estúpido arranque de ira—, pero al poco rato de haber bordeado parte del arroyo unas voces que ella reconocía a la perfección le llegaron a los oídos. Eran Sasuke y Karin.
Decidida a pasar de largo de ellos —puesto que su conversación no le interesaba en lo más mínimo—, giró sobre sus talones dispuesta a tomar otro sendero, pero al escucharles mejor, pudo darse cuenta de que el tema de aquella plática era ni más ni menos que ella. Incrédula —y a la expectativa—, se escabulló silenciosamente y terminó ocultándose detrás de un árbol de tronco grueso con grandes arbustos a los lados, que se hallaba a poco más de seis metros de donde la pelirroja y el Uchiha estaban de pie.
Su expresión cambió a una de horror conforme el diálogo entre ése par iba avanzando. Por un breve instante creyó que todo aquello no era más que una treta de Karin —quien la detestaba por tener las "atenciones" de Sasuke—, pero fue duro para ella comprobar que la chica cumplía su amenaza y decía la verdad (o al menos lo que sabía). Empero, ver la expresión gélida del moreno y escuchar cómo le revelaba a Karin que no se fiaba de ella, que sabía que le mentía y que si acaso la toleraba y la trataba bien era solo porque a él le convenía que fuese así… fue como una dura y certera patada en el estómago que la dejó sin aire.
Sakura era muy consciente de que Sasuke no confiaba en ella pues él se lo había dejado en claro en una ocasión —en dado caso, el sentimiento era mutuo—, pero oírle decirlo nuevamente —y con tanta convicción— le dolió más de lo que deseaba admitir. Simplemente no esperaba que él la tratase bien solo porque era conveniente para sus planes. Se enjugó la traicionera lágrima que estaba por descender de su pálida mejilla con rapidez; convencida de que no valía la pena llorar por una persona como aquella.
Sus dedos se aferraron con fuerza a la corteza del árbol —segura de que arrancaría una buena parte de esta en cualquier momento y terminarían descubriéndola sin remedio—, por lo que, presa de su impulsiva actitud, resolvió salir de su escondrijo y enfrentar a ambos de una buena vez.
Apenas iba a dar el primer paso, cuando una mano cálida se posó en su hombro izquierdo deteniéndola en el acto con gentileza. Cohibida, viró el rostro encontrándose cara a cara con el mismo hombre enmascarado que minutos atrás le había defendido de aquellas desdeñosas aldeanas. Tarde se daba cuenta de que ése tipo era demasiado rápido y silencioso —por ende, debía tener cuidado con él—.
— ¿Usted? —Interpeló en un ronco susurro—, ¿me está siguiendo acaso?
De un manotazo se quitó de encima su mano, percatándose de que él sonreía por debajo de la máscara —se alcanzaban a distinguir las comisuras de sus labios levantadas—. Aquella mirada aburrida y desinteresada que le devolvía se tornó un poco más condescendiente y después de un instante se encogió de hombros aclarándole todo:
—Nada de eso—.Negó con la cabeza y suspiró—. Solo tuve la mala idea de pasar por aquí, muchacha. Tienes un delirio de persecución muy marcado, sabes. Por cierto, ¿no te dijeron que es de mala educación escuchar las conversaciones ajenas?
Sakura enarcó una ceja con gesto contrariado. No supo por qué pero se sintió avergonzada al saberse descubierta por aquel hombre. Su reproche se sintió —casi— como cuando un padre corrige a un hijo por haber hecho la travesura del día. Algo irónico porque ella no recordaba a su padre ni a su madre.
—Entonces, ¿eso significa que usted también estaba escuchando? —Rebatió con fastidio, soltando un bufido de molestia al percatarse de que tanto Sasuke como Karin ya se habían marchado del lugar en dirección contraria (con rumbo evidente a los campos de arroz).
—Ya te expliqué que tuve la mala idea de pasar por aquí, niña. Si quieres creer o no en mí, adelante—dijo, rascándose el cuero cabelludo con una mano en señal de exasperación —. Eres libre de formarte tus propias conclusiones—. Le señaló con el dedo el punto donde instantes atrás Sasuke y Karin se encontraban de pie—. Pero si te soy franco… me alegra haber evitado que cometieras una imprudencia. Si te exponías de esa manera ante Sasuke solo habrías conseguido más problemas de los que ya tienes encima… y eso ya es mucho decir—suspiró con cansancio—. Aunque el chico no lo admita, es mucho más impulsivo de lo que parece. En ése estado es muy capaz de cometer una estupidez.
Al oír aquello Sakura bufó y lo miró con recelo.
—Usted se está tomando demasiadas atribuciones que no le afectan ni le corresponden, señor—.Una sonrisa sarcástica se dibujó en sus labios—, ¿se puede saber por qué motivo?
El peli-gris lo meditó un par de segundos y respondió:
—Porque, quieras o no, Konoha es tu hogar ahora y noto que esa idea no te es indiferente—. Se pasó una mano por el cuello mientras la escuchaba reír sin ganas—. Y aunque te parezca muy gracioso, me siento con el deber moral de proteger a todos los que aquí habitan. Tú no vas a ser la excepción… por mucha gente que desee echarte a patadas de aquí—.
Tal respuesta conmocionó enormemente a Sakura porque —quisiese admitirlo o no— ese hombre le pareció terriblemente sincero. Renuente a creer que podía confiar de forma plena en él —pero impulsada por una trémula esperanza— se atrevió a pedirle (en caso de que quisiera ayudarla tanto como decía querer) que no le dijera a nadie — Sasuke en especial— que ella estuvo ahí y escuchó aquella platica.
El hombre la oteó de manera intensa por unos instantes, se encogió de hombros y una expresión amable se formó en su cara.
—No necesitas pedirme eso, muchacha—terció—. Hatake Kakashi sabe cuándo no es bueno meterse en los asuntos de los demás—. Se pasó una mano por la barbilla en actitud pensativa—. Además, si Sasuke no ha expuesto tu peculiar caso ante su padre o el consejo todavía… es porque algo se trae entre manos y no necesariamente tiene que ser algo malo. Deberías de confiar más en él, sabes. No es tan mal sujeto una vez que te acostumbras a su mal talante.
La tranquilidad, sencillez y seguridad con la que ese tal Kakashi hablaba y exponía su opinión le abrumó de manera inverosímil. No sabía qué pensar, pero tenía el presentimiento de que si creía —por una vez en alguien— no todo iría tan mal. Así pues, se limitó a asentir con la cabeza en tácito acuerdo mientras le agradecía con la mirada aquel voto de confianza para con ella.
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—Final de la analepsis.
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Ciertamente, una cosa era confiar en la palabra de un desconocido, otra muy distinta era creer que Sasuke no haría nada al respecto una vez al tanto de que ella le mintió —u ocultó la verdad— de manera descarada. Eran dos situaciones completamente distintas y aunque quisiera, no podía dejar de darle vueltas al asunto. Pues, ¿cuántas veces Orochimaru le había prometido dejarla en libertad? Muchas. Con el paso de los años —y de las malas experiencias— aprendió a no esperar nada bueno de los demás. De cierta forma había decidido resignarse. Vivía a medias y sin esperanzas de un futuro mejor… aun cuando el alma le gritaba, agónica, su deseo de escabullirse de tan incierto destino.
Por eso —y aunque lo deseara— no podía creer plenamente en la palabra y promesas de Sasuke. Quería hacerlo, sí, pero estaba tan herida que no podía… y justo de ahí nacía su mayor miedo.
—Y, ¿Por qué no simplemente deja que las cosas tomen su verdadero rumbo, Sakura-san? —La voz conciliadora de Juugo le llegó a los oídos provocando que saliera de su prolongada introspección, dedicándole una mirada llena de aturdimiento.
Él —mejor que nadie en ése lugar — sabía que su destino no dependía de situaciones dejadas al azar. Una mala decisión —o en su defecto, no tomar ninguna— repercutía en ella para mal, pero, ¿era mejor no correr ningún riesgo a vivir con la incertidumbre de lo que pudo haber sido y no fue? Por primera vez no tenía claro cuál camino elegir. Se sentía perdida y muy confundida.
—Puede que tengas razón—murmuró, no muy convencida de sus palabras, mientras rodeaba con sus brazos sus piernas flexionadas y apoyaba la frente en las rodillas—. Solo espero no equivocarme.
Juugo suspiró al mismo tiempo que observaba a una parvada de aves surcar el cielo de tonos rosas y anaranjados de aquel bello atardecer.
—Está en nuestra esencia equivocarnos y cometer errores—. Le confió el muchacho en tono calmo—. Si no fuese así, no tendríamos idea de cómo corregir nuestro camino para hacer lo correcto por primera vez.
La joven giró el rostro algo sorprendida por dicha resolución. ¿Desde cuándo Juugo era tan sabio? Siempre había sido un chico sensible y profundo, pero luego de tantos años sin verle —y creerle muerto— notaba esas cualidades mucho más exaltadas que en antaño. Se preguntó si acaso Konoha tendría algo que ver con aquello. No lo sabía con exactitud, pero agradecía con el alma sus consejos, protección y compañía; ella ya habría cometido una locura de no estar él ahí.
A nada estuvo de agradecerle por todo ello cuando un cambio en las facciones de su amigo le alertó —pues de apacibles pasaron a mostrar una excesiva seriedad—. Confundida, alzó la cabeza y dirigió la mirada hacía el mismo punto que el peli-naranja, tragando grueso al ser consciente de la razón que orilló al muchacho a cambiar tan bruscamente de actitud. Sasuke y el gran jefe venían —uno a lado del otro— bajando el sendero, conversando.
Sakura les oteó de forma circunspecta mientras los veía avanzar. Parecía que discutían un asunto serio e importante —no podía oír nada, pero por sus gesticulaciones y expresiones lo alcanzaba a deducir—; además, de alguna extraña manera, el de por sí tenso ambiente que la rodeaba se sentía aún más pesado con sus presencias.
Fue entonces que —por acto reflejo— dirigió su mirar a Sasuke Uchiha. El sol ya estaba por debajo de las nubes y los pocos rayos parecieron enfocarse en su gallarda y ruda silueta. Por un momento pensó que él no repararía en su presencia, pero se equivocó, porque inesperadamente la vio por el rabillo del ojo mientras seguía caminando. Una mezcla de recelo, acritud y fría indiferencia bailoteaba en sus finas facciones y reconocerlo la hirió de cierta manera. Era la segunda vez que sentía algo como aquello y ser consciente de eso le sorprendió.
Sin vaticinarlo siquiera, padre e hijo detuvieron su marcha justo en mitad del sendero y el gran jefe llamó a Juugo solicitando su presencia enseguida. El tono que usó para pedirle aquello y la seriedad de sus facciones, le hizo clavar las uñas en la hierba bajo sus palmas. El instinto le gritaba que algo tenía que ver con ella, pero al posar su vista en el semblante de su amigo —notando su sorpresa y la forma en la que tensaba la mandíbula— supo que estaba en lo correcto.
Juugo se levantó lentamente del suelo, aplazando el encuentro con el pretexto de sacudirse los —inexistentes— restos de hierba que tenía en la ropa, solo para confiarle en un trémulo susurro lo siguiente:
—Le juro por mi vida que yo no diré ni una sola palabra que pueda perjudicarla, Sakura-san—suspiró dándose la vuelta, no sin antes dedicarle una ínfima sonrisa—. Por primera vez confíe en alguien. Confíe en mí.
Su petición la desarmó casi por completo. Sus ojos se aguaron y el labio le tiritó. Tenía tantas ganas de echarse a llorar, pero sabía que no era el lugar ni el momento.
Mientras veía al alto muchacho alejarse, se permitió enfocar sus ojos en Sasuke, percatándose enseguida de que él la observaba también. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal y las manos le temblaron, mientras trataba de reprimir las lágrimas al mismo tiempo que luchaba por sostenerle aquella sagaz, implacable y dura mirada al Uchiha. Aquellos orbes obscuros parecían querer adentrarse hasta en lo más profundo de su alma y poder así saborear con deleite sus más grandes temores.
Sabía que su infalible careta impávida se había roto y no quedaban más que los pedazos resquebrajados de ella a su alrededor. Sentía miedo. Tenía mucho miedo de lo que pudiese suceder de ahora en adelante y admitirlo le dolió en sobremanera. Era una vil cobarde.
Y así, por primera vez en lo que tenía de vida, apartó la mirada dándose por vencida.
Tenía que huir de ahí esa misma noche o lo lamentaría mucho. Tenía que marcharse de Konoha o no habría vuelta atrás.
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~*::o0o::*~
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Era alrededor de media noche y una calma insulsa se había apoderado de toda la tribu. Los aldeanos descansaban ya en sus hogares y ninguna persona —a excepción de ella, por supuesto— deambulaba por el lugar. Se había cerciorado de que fuese seguro caminar por ahí antes de que poner un pie fuera de su escondite —luego de que Juugo se hubiese ido en compañía del gran jefe y Sasuke, paranoica, decidió treparse a un árbol permaneciendo silenciosamente oculta entre sus ramas hasta que estuvo segura de que todos dormían—.
Así pues, una vez que hubo bajado de aquel árbol, comenzó a andar con sigilo rumbo a su siguiente destino: la tienda de Sasuke. Claro, sabía que era algo estúpido ir allá cuando sabía perfectamente que eso equivaldría a entrar a las "fauces del lobo", pero no tenía otra alternativa. Había dejado ahí dentro una cosa de valor incalculable para ella —oculto entre las costuras de uno de sus vestidos— y abandonar ése objeto a su suerte no era opción. Nunca se lo perdonaría.
Cuando llegó al lugar tuvo especial cautela al momento de adentrarse. Apartó las cortinas apenas lo suficiente como para poder pasar de perfil, agachándose para avanzar en cuclillas y ayudándose con las manos de tanto en tanto. Lo hizo con envidiable rapidez y habilidad, dada la relativa oscuridad que ponderaba en el lugar gracias a los escasos rayos de luna que se filtraban dentro.
Le dedicó una furtiva mirada al dueño de aquellos aposentos solo para comprobar con alivio que éste dormía profundamente —de costado y dándole la espalda como era su costumbre—.
Atravesó la estancia sin contratiempo alguno y una vez que llegó al pie de la cama de Sasuke —pues, bajo los cojines que estaban sobre la piel de bisonte blanco en la que ella dormía, se encontraba la manta con la que se cubría en las noches y el único par de vestidos que poseía—, sacó de la parte superior de su sandalia una pequeña y afilada navaja (que le había robado a Shizune en un momento de distracción). Tomó la prenda que buscaba, cortó el hilván del dobladillo de lo que era la falda y sacó de ahí un pequeño envoltorio de tejido avejentado que enseguida se guardó en la gruesa faja de tela roja que usaba a modo de cinturón.
Emitió un tenue suspiro de alivio una vez que el motivo de su incursión estaba ya con ella, decidiendo salir de ahí cuanto antes. Pero justo cuando se puso la navaja en la boca y colocó su palma en el suelo para comenzar con su avance, un movimiento —acompañado de una especie de gruñido— proveniente de la cama, provocó que se quedase inmóvil y pálida en su sitio. En aquel instante no se atrevió ni siquiera a respirar.
Alzó la cabeza con lentitud, comprobando que aquel sonido había sido provocado por Sasuke —quien había cambiado de posición, quedando ahora boca arriba y con la cabeza ladeada al lado opuesto de donde ella se encontraba, pero de frente a la entrada de la tienda—. Reprimió el gruñido de frustración que, por poco, se le escapa de la boca. Si él abría los ojos… era su fin.
Una duda le embargó de pronto tragando saliva en consecuencia, ¿y si Sasuke fingía dormir? Él había declarado abiertamente que lo estaba haciendo aquella vez que intentó atacarlo, ¿qué garantía tenía de que fuese lo contrario ésta vez? Ninguna. Por lo que, temerosa pero decidida a comprobar su sospecha, se puso de pie —con la navaja ya fuertemente empuñada— y rodeó el lecho quedando en la misma posición que tenía esa noche que ahora le parecía tan lejana.
Esperó algún movimiento que le indicase que el aludido no estuviese dormido, pero nada ocurrió. Tenía la misma respiración suave y acompasada de aquella vez, así como su apacible expresión. Si acaso estaba fingiendo, sin duda alguna, era un experto en ello.
Sus ojos detallaron con rigor al hombre descansado en aquella cama —tenía el pelo alborotado, las sabanas, enredadas entre sus largas piernas, le cubrían apenas por debajo del estómago y no estaba usando camisa—, pero ésta vez no hubo amago de sonrisa alguno. Sólo el inaudito pensamiento de que Sasuke Uchiha era un tipo fuerte y atractivo de verdad. Quiso chasquear la lengua ante la fortuita revelación, consciente de que las mejillas le ardían y el corazón le latía con más fuerza de la habitual.
Atribuyó enseguida la sensación al hecho de que se encontraba nerviosa por lo que tendría que hacer para comprobar sus sospechas. Alejó de su mente cualquier otro pensamiento inútil y elevó el brazo con el que sostenía el arma, obligándose a bajarlo con dirección al cuello del pelinegro.
Una vez que la navaja estuvo a un par de centímetros de su objetivo… nada ocurrió. Sasuke no se abalanzó sobre ella —desarmándola en el acto— y ella ni siquiera le tocó. Su mano temblorosa se mantuvo a escasa distancia de la vena yugular del joven. No iba a matarlo. Solo quería corroborar si en realidad no estaba consciente y ya lo había hecho. En efecto, él dormía.
Se permitió soltar un poco de aire contenido en forma de un tímido suspiro antes de retirar el brazo de aquella zona —para así emprender el camino hacia el exterior de una buena vez—, sin embargo, un rudo agarre se lo impidió. Sakura estaba atónita y el causante de ello tenía los ojos cerrados —sin cambiar un ápice de su expresión—, mientras aferraba con fuerza la muñeca de la muchacha y la desarmaba con un solo pero preciso movimiento.
La peli-rosa se quedó en estado de estupor cuando Sasuke la encaró, mirándola con algo que rayaba en la incredulidad. Sin darle a la chica más tiempo para reaccionar la arrojó sobre la cama, inmovilizándole ambos brazos por sobre su cabeza. Sakura gruñó cuando él se echó encima de ella aplastándola con todo el peso de su cuerpo. El Uchiha era —por mucho— más grande que ella y le costaba respirar con él ahí encima.
Su pecho subía y bajaba con rapidez —no sin cierta dificultad ante la falta de aire— y el pelinegro pareció concentrarse en aquel acompasado movimiento unos segundos para, enseguida, mirarla a los ojos con una mueca inquisitiva que Sakura no pudo eludir.
—Recuerdo haberte dicho que no intentaras volver a matarme o lo lamentarías mucho—espetó con voz rasposa y el ceño fruncido—. ¿Acaso no aprecias tu vida, Sakura?
Esa era una muy buena pregunta. Lástima que no tenía una respuesta congruente para ella en aquel preciso momento. Se crispó al sentir la tibia respiración de Sasuke tan cerca y ladeó el rostro evitando el contacto y aquella intensa mirada de ojos negros que parecía, una vez más, querer atravesarle el alma. Un bufido de molestia por parte del hombre llegó a sus oídos ante su hermético mutismo luego de haber roto el contacto visual con él.
—Pudiste haberme asesinado, pero no lo hiciste—. Señaló con gran sagacidad dejándola pasmada—, ¿por qué?
Sakura cerró los párpados con fuerza, provocando que Sasuke hiciera más presión en el agarre donde tenía aprisionadas sus manos. Ella no pudo verlo, pero por un ínfimo segundo, en la faz del muchacho se dibujó una ambigua mueca de sorpresa y decepción.
—Sakura—susurró parco, solo para comprobar que después de llamarla ella seguía evitando verle directamente a los ojos—, ¿por qué haces esto?
—Solo deja que me marche, por favor—rogó, con una expresión de derrota que él no soportó. Iracundo, la tomó de la barbilla con su mano libre y la obligó a darle la cara, quedando sus rostros una vez más enfrentados. Ella se negó a sostenerle la mirada de nuevo, terminando así con la poca paciencia de Sasuke.
—No tienes idea de cuánto aborrecí que bajases la vista ante la mía ayer por la tarde—Reveló sin contemplaciones, dejando a Sakura aturdida—. Ahora mismo estoy odiando que lo sigas haciendo. Tú no eres así. Lo sé.
Ante sus palabras la muchacha intentó zafarse del agarre de Sasuke, pero fue inútil, su cuerpo estaba totalmente inmovilizado.
— ¡Basta ya! —bramó, con los orbes color jade fieramente fijos en los ónix de él—. ¡Tú no me conoces, ¿cómo puedes afirmar algo como eso con tanta seguridad?!
Sasuke —internamente satisfecho con el hecho de poder ver esos intensos ojos enfrentarlo de nuevo— suspiró y con voz ronca susurró:
—Porque somos jodidamente parecidos—. La chica entreabrió los labios y parpadeó estupefacta —. Eres tan terca, orgullosa y desconfiada como yo. Y fuerte, demasiado fuerte.
—Ca…cállate—. El labio inferior le tiritó —. Eso no es cierto, Sasuke. Tú provienes de un clan muy poderoso, tienes una familia y un nombre respetable. No existe persona en Konoha que hable mal de ti, al contrario; te defienden, admiran y adoran como si fueses la reencarnación de alguna antigua divinidad. En cambio yo…
El bufido de Sasuke y su dedo índice en los labios —callándola en el acto— le impidió continuar.
—Lo mío fue mera suerte, supongo—, respondió parco—. No me gusta medir la fortaleza u honor de la gente por su jerarquía social, nombre o estirpe. Con el tamaño de sus acciones me basta. Un guerrero de élite puede tener el mejor entrenamiento bélico del mundo, pero ser una maldita escoria por no detenerse a ayudar a un compañero herido—explicó—. Tú pudiste haberme matado ésta y la vez anterior, pero no lo hiciste—. Delineó el contorno del labio de Sakura con el dedo pulgar—. Eso te regala el beneficio de la duda conmigo, ¿pero acaso hay suficiente honor en ti como para aclararme si estoy equivocándome contigo o no? Ahora dime, ¿por qué no me atacaste, Sakura?
La peli-rosa pareció meditar su respuesta, pero finalmente aclaró la única cosa con la que estaba dispuesta a sincerarse en esa ocasión:
—Porque no pude hacerlo. En realidad, nunca he querido quitarte la vida, Sasuke—. Fue un susurro parco y débil, sin embargo, él entendió a la perfección y con una diminuta sonrisa agradeció su honestidad.
— ¿Ves como no es difícil ser sincera conmigo… por primera vez? —Enarcó una ceja.
—Sí. Como sea—masculló, sin percatarse del peso real de aquella frase—. Ahora, ¡suéltame ya y quítate de encima! ¡Pesas mucho!
—No—dijo serio—. Todavía no termino contigo.
El pelinegro rio sin pizca de humor mientras negaba con la cabeza, confundiendo a Sakura con su repentino cambio de actitud. ¿Acaso toda la palabrería de instantes atrás solo había sido una táctica para que ella se confiara y él pudiese aprovecharse de eso? No quería hacerlo, pero —pese a todo— desconfió de Sasuke más que nunca y se maldijo por ser tan crédula y estúpida. Se removió incomoda y tragó saliva al darse cuenta de la evidente cercanía entre en cuerpo del Uchiha y el de ella. Prácticamente tenía a Sasuke entre las piernas.
—Explícate mejor—. Exigió saber, al sentir las mejillas y las orejas calientes ante el descarado e intenso escrutinio de aquellos ojos negros.
Él la oteó en silencio durante un minuto más y, enseguida, acarició con sutileza el contorno del fino rostro de Sakura con la yema de sus largos dedos. La muchacha no pudo evitar apretar la mandíbula —y los muslos— ante el contacto y, al hacerlo, Sasuke emitió un ronco gruñido de satisfacción que la peli-rosa no pudo ignorar.
—Independientemente de tu ataque de honestidad conmigo—Comenzó a hablar sin atisbo de duda—, fui muy claro cuando te dije que si intentabas hacer algo de nuevo lo lamentarías mucho—. Sakura recordó aquella amenaza a la perfección e intentó levantarse, sin éxito alguno, pues Sasuke aplicó más fuerza en su agarre y con voz suave sentenció—: No, Sakura. No me refiero a devolverte la agresión.
La mano libre del moreno bajó de manera tentativa por su cuello, recorriendo su clavícula y torso —teniendo especial cuidado en no tocar más de la cuenta— para, finalmente, posarse en la pierna flexionada de Sakura acomodándola alrededor de su cadera con prontitud. Al hacerlo, notó de inmediato como la joven —por unos segundos, dócil a sus acciones y a su tacto— se ponía tan tensa como la cuerda de su arco y tan rígida como una columna de madera. Tenía los puños apretados con fuerza y lo miraba con fiereza.
— ¿Piensas violarme acaso? —cuestionó con ira contenida entremezclada con decepción.
Sasuke no lo demostró, pero no le gustó que ella siguiese teniendo un concepto tan retorcido —y errado— de él. Sin embargo, la entendía. No dudaba ni por un segundo que Orochimaru —o quién sabe que otro hijo de puta más— había forzado a Sakura a estar con él… a tener sexo con él. La sola idea le asqueó (y enfureció) en sobremanera y negó con la cabeza alejando la repulsiva imagen de su mente.
—No seas tonta. Solo te voy a besar—dijo, enfocando ya los rosados labios—. No es una orden o una imposición, solo es un aviso—. Rozó su boca con la de ella, tanteando todas y cada una de las posibilidades y el culmen próximo de su acción.
Sakura lo miró incrédula y bastante a la defensiva, pero no pudo evitar que su cuerpo se estremeciera ante el contacto y reaccionara, ansioso, anticipándose al siguiente roce.
— ¿Y estoy obligada a corresponder?
El Uchiha suspiró, percatándose del convulso —y para nada consciente—movimiento que la oji-verde realizó cuando le besó el cuello.
—Es tu decisión—susurró con voz sedosa, cerrando los ojos y uniendo, al fin, sus labios con los de ella en un contacto que fue todo, menos, forzado o timorato.
Sasuke soltó el agarre que mantenía inmóviles los brazos de la joven para poder enredar una mano en la rosada melena, mientras que con la otra buscaba apoyo en la superficie de la cama, evitando con ello dejar caer todo su peso sobre el pequeño cuerpo de ella.
Entreabrió los ojos apenas un instante, comprobando que Sakura —pese a que no hacía nada para separarse de él y, al contrario, hasta parecía corresponderle— tenía las mejillas rojas, los párpados fuertemente cerrados y los brazos rígidos a los costados —como si no supiese qué hacer o estuviese asustada—. Le pareció increíble que una mujer como ella —siendo una concubina entrenada para satisfacer los apetitos carnales de su señor— luciera tan nerviosa por un simple beso, pero enseguida atribuyó tal falta de reacción a que, obviamente, era la primera vez que no se le obligaba a mostrar entusiasmo alguno.
Decidido a obtener un poco más de ella, la besó con más ímpetu, mordisqueándole el labio inferior con presteza. Sakura entreabrió la boca y él aprovechó el momento dándole así paso a su lengua, que acarició con deleite la de ella en una danza que elevaba de a poco la temperatura de su cuerpo que se encontraba ya rebullendo en deseo.
Su miembro ya enhiesto parecía clamar la cúspide de toda esa lujuria contenida y, por segunda vez, los fuertes cimientos de su autocontrol se cimbraron bajo sus pies. Consciente pues de que no podía pedir más de Sakura —sin sentir que con ello la forzaba a estar con él—, pero todavía hambriento de ella acarició, palmo a palmo, una de sus blancas y suaves piernas, trazando un inquietante recorrido del tobillo hasta sus nalgas.
—Dioses—murmulló interrumpiendo el beso, mirándola ya con inexorable deseo.
Mandó a la mierda todo cuando notó que la joven no llevaba bragas —igual que la noche anterior cuando la vio desvestirse frente al ojo de agua y bajo la luz de la luna—; masculló un improperio alzándole el vestido por arriba de la cintura y chocó sus caderas contra las de ella con impetuosidad soltando un gruñido. Atrapó los labios de Sakura de nuevo y repitió el movimiento un par de veces más, friccionando su sexo —aún oculto bajo la tela de su pantalón— con el de ella. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la peli-rosa —pese a la poca presteza que mostraba y la rigidez de su postura— comenzaba a corresponder, frotándose briosamente contra él mientras aferraba con fuerza las manos a su ancha y dura espalda.
De manera inesperada, Sakura interrumpió el beso dejando escapar un sonoro gemido que pareció surgir de lo más profundo de sus entrañas, tomando a ambos desprevenidos. La mujer se tapó la boca con las manos y miró a su alrededor desorientada —como si apenas fuese consciente de todo lo que acababa de hacer—, apartándose de Sasuke con brusquedad, levantándose de la cama y dándole la espalda.
Se arregló la ropa como pudo y él pudo percatarse de como las piernas le flaqueaban y los hombros le temblaban, haciéndola parecer más vulnerable que nunca. Se pasó una mano por su alborotado pelo ébano, impregnando su palma con el incipiente sudor que comenzaba a brotar de su piel. Sus resuellos agitados eran lo único que interrumpía el pesado silencio que los rodeaba.
—Sakura…
—Nunca—murmuró sin fuerza—. Nunca vuelvas a tocarme de esa manera—. Se giró con lentitud para encararlo, su voz poco a poco retomaba fuerza hasta volverse inflexible—. No te lo permitiré.
El ojinegro exhaló escueto, sentándose en el borde de la cama. No pasó desapercibido para él la forma en la que Sakura lo miraba. Ella parecía sobrecogida con todo aquello. El rubor de sus mejillas a duras penas se distinguía, gracias a que la palidez se apoderaba de a poco de su rostro; y no pasó por alto el resquemor con el que veía —de tanto en tanto— el bulto entre sus piernas, discretamente cubierto por las mantas y el pantalón.
No pudo evitar mirarla con una ceja enarcada mientras una sonrisa arrogante se dibujaba en su boca.
—Hace un momento no parecía que quisieras detenerme—refutó incisivo.
Sakura dio un respingo, dedicándole después una mirada de profundo resentimiento.
—Cállate—espetó con los hombros temblorosos, dándole la espalda nuevamente—. Tú no sabes nada.
El Uchiha negó con la cabeza.
—Si me dijeras algo de ti—comenzó con voz dura—, si tan solo confiaras en mí… te aseguro que trataría de entenderte. ¿A qué puta cosa le tienes miedo, Sakura?
—A todo—.Confesó ella en un murmullo apenas entendible, que consiguió que Sasuke la mirara impertérrito (a decir verdad, esperaba algo como eso).
Lo que sí le tomó desprevenido y con las defensas bajas no fue tal revelación… sino ser testigo mudo de las copiosas gotas que caían en el suelo y a los pies de Sakura. Ella pareció notar recién que estaba llorando y rápidamente limpió el rastro húmedo que el llanto había dejado en sus mejillas, reprimiendo con ello cualquier otra muestra de debilidad ante él.
—Oye—. Hizo el amago de querer levantarse y llegar hasta ella, pero la chica lo detuvo con un gesto de su mano.
—No. Está bien—. Aseguró con voz ronca mientras lo miraba con un brillo enigmático en sus verdes ojos—. Toda mi vida la he vivido con miedo. Ésta no es la excepción—. Comenzó a caminar hacia la salida de la tienda, ignorando el escrutinio de Sasuke.
—¿Y por miedo planeabas marcharte de la aldea ésta noche? —Preguntó frío—, ¿todavía quieres irte?
Sakura meditó su respuesta, deteniendo su andar antes de correr las cortinas que la separaban del exterior. Luego de unos instantes en silencio, se limitó a aclarar:
—Sí, pensaba hacerlo, pero ya no quiero huir—le dedicó una mirada circunspecta—. Acabo de descubrir que sentir miedo no significa que tenga que actuar como cobarde.
Ambos se observaron fijamente. Él, dándole a entender de forma sucinta que no tenía por qué temerle a nadie, y ella, de un modo u otro ansió creerle.
La peli- rosa apenas iba a dar el primer paso fuera cuando, de pronto, alguien entró a la tienda con rapidez —casi llevándosela en su carrera y, por poco, tumbándola en el suelo—; suerte que se sujetó de la cortina con fuerza antes de poder caer.
— ¡Sasuke, mueve el culo! —chilló el rubio, ignorando todo lo demás a su alrededor—, ¡Necesito tu ayuda!
—Naruto, grandísimo idiota—bufó crispado el aludido, botando la sabana a un lado y poniéndose de pie de una buena vez, dispuesto a encarar a su inoportuno amigo (y soltarle un buen golpe en la cabeza de paso) —. ¡¿Cómo se te ocurre entrar aquí de ésta manera y a semejantes horas?!
Sakura hubiese sonreído por la forma en la que esos dos se trataban, pero algo en la actitud de aquel rubio le alertó. Se veía acongojado, nervioso y parecía asustado. Muy asustado. El Uchiha pareció percatarse de aquello también; concentró algo de chakra y con un chasquido encendió las velas iluminando completamente la estancia y las facciones de su amigo. Naruto estaba llorando.
—Pero, ¿qué ocurre, dobe? — Se atrevió a preguntar con el ceño fruncido.
El Uzumaki se pasó las manos por el cabello, jaloneando algunos mechones. Estaba pálido y temblaba sudando frío.
—Es… es Hinata—tartamudeó. Al escuchar aquel nombre, Sakura apretó los labios y los puños, sabiendo exactamente qué era lo que Naruto iba a decir—. Se despertó porque sintió un dolor muy fuerte en el vientre y cuando intentó levantarse… había una gran mancha de sangre sobre la cama. Ella estaba sangrando mucho—. Lágrimas se acumulaban en sus párpados conforme hablaba—. Corrí a buscar a la esposa del chamán y cuando la revisó ella me dijo que el bebé nacería antes de tiempo.
Sasuke se acercó posando las manos en los hombros del muchacho en tácita muestra de apoyo.
— ¿Para qué necesitas mi ayuda?
El oji-azul bajó la mirada apesadumbrado y Sasuke se mostró preocupado.
—Mi hijo solo puede venir al mundo con ayuda de la anciana Koharu y, desde hace semanas, ella está en un retiro espiritual en las montañas—. El pelinegro asintió y él sorbió por la nariz intentando serenarse—. Ayúdame a encontrarla, sino mí mujer y mi hijo…
La última parte de aquella frase quedó suspendida pesadamente en el aire, sabiendo de antemano lo que aquel endeble —y lúgubre— silencio significaba: Muerte.
Sasuke se movió con velocidad por la tienda, poniéndose la camisa, tomando las sandalias, una capa y un par de cosas más; todo ante las atentas miradas de Naruto y Sakura.
—Es un viaje de casi dos horas, pero Sombra puede hacerlo en la mitad de tiempo—. Aseguró, abrochándose las sandalias para enseguida guardar un par de objetos en su mariconera. Estaba seguro de que el rubio había acudido a él no porque fuese su mejor amigo, sino porque sabía que su negro caballo era el más rápido y resistente de toda Konoha.
— ¡Te acompaño! —avisó el oji-azul a punto de salir corriendo a por las sillas de montar.
El Uchiha negó con la cabeza.
— ¡Ni se te ocurra, dobe! —Exclamó sentenciándolo—, mejor quédate cerca de Hinata. Ella te necesitará más que yo.
— ¡Pero…!
El sonido de unos pasos a su espalda anuló cualquier reclamo por parte de él y al virar el rostro se percató de la presencia de la chica peli-rosa, —siendo consciente por primera vez de que Sasuke y él no eran los únicos dos ocupantes de la tienda—.
— ¿Tú? —balbuceó Naruto, sintiéndose algo incómodo por haber expuesto un asunto tan grave frente a esa muchacha desconocida.
Sakura notó la leve tensión del rubio ante su presencia y sonrió con amargura, pero aquel sentimiento de rechazo no le impidió decir lo siguiente:
—No será necesario—habló con voz impasible, aunque por dentro bullían un tumulto de emociones contradictorias—. De hecho, ni siquiera será necesario que mí señor Sasuke vaya a por la anciana Koharu hasta las montañas.
Naruto la observó enmudecido y para el ojinegro no pasó por alto la forma en la que lo había llamado: "mi señor", había dicho. Casi quiso reír por eso, porque lo último que Sakura hacía —cuando estaban a solas— era tratarlo con la debida propiedad y respeto. Obviamente no fue eso lo que le impactó sino que ella dijera que no necesitaba ir por la más sabia "Wapiye winyan" de la aldea. Eso simplemente se encontraba fuera de discusión o contexto y, furioso, se lo hizo saber. Había dos vidas en juego y él mejor que nadie sabía lo que un mal parto conllevaba.
—Estás loca si crees que me voy a quedar aquí de brazos cruzados, cuando sé que puedo evitar que una tragedia ocurra.
—Yo nunca dije que dejases a la mujer de tu amigo morir, solo mencioné que es innecesario que vayas por la anciana—. Lo corrigió, dedicándole una enigmática mirada por el rabillo del ojo mientras se paraba frente a Naruto.
El Uzumaki alternó sus ojos azules en ambos sin entender nada. Su incredulidad aumentó, al notar como la muchacha lo tomaba de las manos con cierta cautela en sus movimientos.
— ¿Qué haces? —preguntó el rubio mirándola a los ojos, exigiendo una respuesta.
Sakura sonrió con levedad.
—Quizá no lo recuerdes, pero gracias a mi tú aún estás aquí. Vivo y más sano que nunca—Reveló sin tapujo o temor alguno.
Sasuke ensanchó los ojos consternado. ¿Qué demonios había dicho ella y qué significaba?
— ¿Qué? —Su rostro se desencajó no entendiendo nada—. Pero, ¿Cómo…?
—Eso es lo de menos, Naruto—. Le sonrió sutilmente, afianzando todavía más el agarre de sus manos en un gesto suplicante—. Llévame con tu esposa y te prometo ayudarla como alguna vez lo hice por ti.
El aludido entrecerró sus párpados mientras la observaba con fijeza y notó que no había rastro alguno de mentira en su promesa. Toda ella irradiaba seguridad, calidez, honestidad y una nobleza que muy pocas personas en el mundo poseían. Después de todo, él era bueno viendo el alma de la gente y ése tipo de detalles jamás se escapaban a sus ojos. Esa peli-rosa de nombre Sakura era buena persona y —de ahora en adelante— digna de su total confianza. «Es una pena que Sasuke no crea en absoluto en ella. Podría confiarle su propia vida y ella nunca lo traicionaría» pensó, dejando escapar un débil suspiro.
—Sígueme—. Asintió con renovadas esperanzas, soltándose de su agarre y saliendo con rapidez de la tienda de Sasuke seguido de cerca por ella.
La luz de la luna le dio por completo en la cara y se permitió inhalar profundamente antes de continuar con su camino. Antes de ponerse en marcha de nuevo, alguien la jaló del brazo con algo de brusquedad impidiendo cualquier avance. Era Sasuke, quien la veía con los ojos entrecerrados.
— ¿Me podrías explicar qué fue toda esa palabrería, Sakura? —cuestionó impasible con la duda y la sospecha pintadas en todas y cada una de sus facciones.
Sakura lo miró de reojo y una diminuta sonrisa pesarosa comenzó a aflorar en la comisura de sus labios.
—Hace un rato te dije que toda mi vida la he vivido con miedo—. El moreno elevó una ceja aún sin entender— y también que sentirlo no significa que tenga que actuar como cobarde.
— ¿Y eso qué tiene que ver con lo que le dijiste a Naruto? —espetó, deseando que ella fuese más específica.
La mujer lo contempló con un triste amago de sonrisa en la boca y los ojos verdes más intensos y brillantes que había visto nunca, entrelazando su mano con la de él en un gesto que, inconscientemente, buscaba la protección y el apoyo que, quizá, pronto ya no tendría.
—Que después de lo que haré y pase lo que pase ésta noche, para mí no hay vuelta atrás, Sasuke—susurró, soltando su mano con suavidad, dándole así la espalda a un enmudecido y estupefacto Uchiha mientras continuaba con su camino.
Un camino que, probablemente, no tendría el mejor de los retornos.
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~oO:: Continuará ::Oo~
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Capítulo 10 finalizado (llegando oficialmente a la mitad de la historia con éste, dicho de paso), ¿Qué les pareció? Sean honestos se me ha ido la mitad del alma (y la yema de los dedos xD) ;_;
Hasta ahora ha sido el más largo con treinta páginas y 11, 557 palabras. Un record. Me disculpo de antemano por el dolor de ojos. (? xDDDDD
Ahora, yendo en concreto con cada una de las escenas que escribí:
Punto de vista de Sasuke sobre lo acontecido en el ojo de agua con Sakura. Seh, Sasuke la desea eso es obvio, pero antes que sus propios deseos se encuentra el bienestar de su aldea. Por eso (y pese a decir lo contrario con tanta seguridad) no puede confiar del todo en ella aunque quiera. Su conversación con Karin (la descubrió espiándolo, lero lero xD) da pie a deducir sus intenciones para ganarse la confianza de Sakura (vaya, que desde el jodido resumen y el capítulo cinco lo dejé más o menos claro).
Ojo, no significa que sea malo o que esté jugando con ella para después hacerle daño.
Él solo quiere honestidad (aunque él también oculte cosas) por parte de Sakura y en base a eso abogar por ella ante el consejo y su padre. Su promesa de libertad siempre fue real (Juugo la obtuvo después de todo y vive en Konoha sin mayor preocupación), pero si ve amenaza alguna en Sakura para su pueblo le tocará decidir si ella se queda… o se va. Recuerden eso (spoiler).
Aunque puede que, pese a que Sakura sea "peligrosa" para Konoha, él se niegue a dejarla ir. No sé, solo digo. ewe
Las emociones de Sakura son para muchos algo erráticas (y desesperantes), pero es lógico viniendo de una chica tan lastimada como lo es ella. Lo último que tuvo en su vida fue seguridad, protección y confianza; y que alguien venga y le ofrezca eso (sin intenciones oscuras de por medio) le repele bastante. Quiere confiar ciegamente en Sasuke, pero sus palabras a medias y sus acciones tan ambiguas (y que, por ende, se prestan a malinterpretaciones) en lugar de acercarla a él… terminan alejándola y llenándola de más dudas.
Creo que al final de cuentas la que tiene la última palabra es Sakura y ella decidirá si quiere ser cien por ciento honesta con Sasuke (y con todos) o no.
Ay, amé escribir la escena de Kakashi. Él, de una forma u otra, se encargará de cuidar (y guiar) a Sakura aunque ella no quiera. xDDDD
¿De qué hablaron Fugaku, Sasuke y Juugo? Bueno, tiene que ver algo con Sakura, pero eso lo revelaré en el próximo capítulo. Por cierto, Juugo es genial. *-*
¿Qué fue lo que Sakura fue a buscar a la tienda de Sasuke y porqué lo atesora con tanto fervor (al grado de exponerse a ser descubierta antes de siquiera intentar huir)? Lo revelaré más adelante. Tengo todo fríamente calculado. (?
Igual dicha "cosa" sirvió para propiciar la escena clímax de este capítulo. El sensual beso de Sasuke a Sakura (y otras cosillas más). Como ya dije, no soy excelente escribiendo escenas eróticas (aunque hago lo mejor que puedo y trato de mejorar palabra con palabra), pero si logré hacerlos abanicarse con la mano o soltar un gritillo fangirl… me doy por bien servida. Creo que, independientemente, de que este fue el primer beso que se dan ambos (mensaje subliminal), las miradas, suspiros y caricias (así como su evidente deseo de llegar "más allá"); no hay nada más especial (para mí) que su lenguaje corporal y el diálogo entre los dos. Me relamí los labios con emoción al ir viendo como quedaba cada frase dicha y espero que les haya gustado leer (e imaginar) tanto como a mí me gustó escribir. xD
Sasuke cree que fervientemente Sakura estuvo con Orochipepe (planteándose inclusive que la chica fue violada), se llevará el chasco de su vida al saber que tiene a una virgen en su cama. xD
Ah, y por si se preguntan por qué Sakura no usaba bragas, bueno, su enfrentamiento con Sasuke sucedió la noche anterior y como no las llevaba puestas (y no se paró por la tienda del Uchiha hasta la noche siguiente, era lógico que no traería ya que toda su ropa estaba ahí dentro). Ya mátenme. xDDDDDDDDDD
Para los que se preguntaban qué era lo que Sakura "vio" cuando tocó a Hinata… bueno, ahí lo tienen. A la Hyuuga se le ha adelantado el parto y además tiene una hemorragia que pone en riesgo su vida y la de su hijo.
Sakura, pese a su miedo a mostrarse al mundo como el ser poderoso que es, decide ayudarla, pero eso no es garantía de que la chica y su bebé (o ambos) vivan. Sakura "vio" muerte, pero ignora si con su ayuda pueda salvarlos de su destino. ¿Qué hará? Estén atentos que el siguiente capítulo es decisivo.
Muchísimas gracias por leer, por su apoyo, animo, paciencia, favs, follows, recomendaciones y preciosos reviews. Lo digo y lo sostengo: Sin ustedes aquí esta historia no habría llegado tan lejos.
Por cierto, respondí sus divinos comentarios del capítulo anterior (los que tienen cuenta tendrán un sensual mensaje mío en breve, y los que no, les contesté abajo). ; u ;
Ahora, pese a la larga espera, ¿merece un review?
PD. Ah, antes de que lo olvide desde hace unos meses atrás me he dado a la tarea de reeditar (y remasterizar xD) todo el fanfic. Corregí faltas ortográficas garrafales, quité algunos signos de más, mejoré la narrativa y agregué algunos pensamientos y diálogos extras. Si pueden (o quieren releer) son bienvenidos.
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~El rincón de la sabiduría de Rose~
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La mujer anciana:
Las mujeres de edad y particularmente las que ya habían llegado a la menopausia, eran respetadas por su sabiduría, su prudencia y su poder. Las ancianas asumían la mayor parte de la vigilancia y la educación de las pequeñas y eran casi más importantes que las propias madres. Además de la enseñanza de las técnicas como la cocina, la costura, el bordado y el curtido, las mujeres mayores aconsejaban a las jóvenes en lo relativo a sus responsabilidades morales y espirituales. Bajo las alas de sus parientes mayores, los niños Lakota descubrían el mundo que les rodeaba, a menudo analizado y explicado en un lenguaje críptico de ancianos.
Los ancianos enseñaban los dictados y creencias propias de la sociedad Lakota. De las abuelas recibían conocimiento y sabiduría y, como había prometido la Mujer Bisonte Blanco, eran las mujeres quienes aseguraban la pervivencia de los valores Lakota. Las ancianas debían ser las más sabias, hasta el punto de llegar a ser «Wikahunka» (mujer antepasada), y estaban en todos los ritos relativos a la muerte. Se creía que la muerte inminente era anunciada por algunos signos que sólo algunas mujeres podían percibir, interpretar y explicar. Cuando moría un guerrero, su cuerpo debía recibir cuidados específicos (pintura facial roja, plumas de águila en el pelo, etc.) y estos cuidados eran prodigados por las mujeres ancianas. De hecho, toda la preparación del cadáver y los funerales incumbían a la familia del difunto.
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~Respuestas a reviews anónimos~
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~Respuestas a reviews anónimos~
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Marcela:
Muchas gracias por leer. Me alegra que te guste mi historia. El capítulo diez ya está listo. =)
Adry:
Lamento la tardanza, el capítulo diez ya está. Espero te guste.
Kat17:
Gracias por la paciencia. La conti está lista. Muchas gracias por leer.
Anahi:
Ya está el capítulo, Anahi. Muchísimas gracias por leer. :´)
Gin:
Hola, Gin. Tú no sabes lo mucho que me encanta que mi historia te guste. ;_;
En cuanto a tu sugerencia… sí, lo he notado, y trataré de seguir tu consejo (no eres la primera persona que me lo dice). Aunque debido al contexto y al carácter silencioso de los protagonistas, bueno, es bastante complicado incluir diálogos más sustanciosos. Aun así lo intentaré. :)
En lo que respecta a la frase que soltó Sasuke para con Sakura… créeme, Sasuki cumplirá con creces tus expectativas eWe.
Nos leemos muy pronto. Besos.
Guest:
Primeramente, siento muchísimo la tardanza. Segundo, no puedo sino agradecer tu interés por el fanfic. Me alegra demasiado saber que a la gente le gusta lo que escribo y que, aunque sea un poco, logran emocionarse con cada capítulo. Gracias. El capítulo ya está.
Mew:
Gracias por leer, el capítulo diez ha sido subido. Lamento mucho la demora.
Zix:
Siento mucho la tardanza (causas mayores, créeme), pero ya estoy de vuelta y traigo conmigo el capítulo diez. Espero que te guste. Es extenso, lleno de altibajos, emociones fuertes y lo hice con mucho cariño. Besos.
Divlov:
Hola, en serio, me halagan profundamente tus palabras. Tanto que me siento bastante mal por no haber correspondido a ello como te merecías (o sea, tardar menos con la actualización). Aun así, y pese a la demora acá estoy de nuevo, esperando poder seguir contando con mis lectores (que sé que se cansan de esperar y por ende pierden el interés).
Por otro lado, muchas gracias por tu bonito y sincero comentario. Sinceramente, antes de actualizar siempre me entra la duda de si acaso lo estoy haciendo bien o mal, pero opiniones como la tuya me hacen creer que voy por buen camino.
Gracias por leer, para ti el capítulo diez. =)
Guest:
Primero que nada, te agradezco por leer.
Contestando a tus dudas, claro que la historia será completada. Tuve problemas varios (no tenía computadora y ni de broma podía sentarme a escribir), pero ahora eso ya está resuelto.
Y, sí, el amor entre Sakura y Sasuke será tan apasionado y fuerte como el del manga. No por nada ya son canon. Y no te preocupes, Sasuke cuidará de Sakura siempre. Los siguientes capítulos de este fanfiction lo dejarán más que claro.
Besos.
cathe:
Hola, muchas gracias. No te preocupes, esta historia no se queda ahí. La termino porque la termino. Saludos. xD
Laura:
Hola, Laura.
Bueno, ¿Qué te digo? Solo puedo darte las gracias por darle una oportunidad a la historia. Creo que si algo te "llama" desde el resumen es porque, de un modo u otro, no te va a decepcionar, y si lo hace, pues qué se puede hacer. Me pone feliz que mi historia sea parte de la primera opción.
Y sí, como ya mencioné en el comentario de autor, eso es justo lo que le pasa a Sakura. No puede confiar en nadie porque la vida que Orochimaru le dio fue de lo peor.
Al menos sabemos que Sasuke jamás le haría daño (aunque parezca lo contrario).
Un gusto leer tu comentario, Laura. Saludos y un beso. : )
Liz:
Muchas gracias, el capítulo diez ya está listo. ;)
Cris:
Muchísimas gracias. Me alegra que te guste. El capítulo diez ya está listo. :´)
sami:
Hola, como ya he reiterado en más de una ocasión, no abandonaré esta historia. Fue complicado sacar el capítulo, pero al fin está aquí. Me disculpo por la tardanza.
Besos.
Irlanda:
Muchas gracias. Espero poder seguir teniéndote atrapada en esta historia.
Besos.
Amy:
Muchas gracias. No pienso abandonar la historia. El capítulo diez ya está. Espero te guste.
Michelle:
Lo sé. Y esta vez tardé más, pero prometo ya no desaparecer. Espero te guste el siguiente capítulo.
—Fecha de reedición: 20/05/2016, 6:18 p.m.
