A la mañana siguiente a Kyoko la despertó el olor de las tostadas. Se puso la bata y salió corriendo no fuera a ser que Tsuruga-san prendiera fuego al apartamento. Pero no, mujer de poca fe, sobre la encimera de la cocina le esperaban unas tostadas perfectas, con una amplia selección de mermeladas y confituras (¿y a qué tanto despliegue?), y unos apetitosos huevos revueltos especiados de eneldo.
—¿Qué? —le dijo él—. ¿A qué esa cara?
—Tsuruga-san… Tú…, ¿tú has cocinado? —a esas horas de la mañana, su cerebro es incapaz de disimular la incredulidad.
—Bueno… Es lo único que puedo hacer sin quemarlo, carbonizarlo o convertirlo en arma química…
—Ya… —y tampoco la desconfianza.
—Siéntate y come. Salimos en un rato…
Ella se sienta, y él le oye murmurar algo sobre explicarle a alguien la diferencia entre órdenes y sugerencias.
—¿Tsuruga-san? —pregunta ella después, inclinando la cabeza, adorablemente en opinión de Ren. Es su gesto habitual cuando hay algo que no comprende—. ¿No era que a ti no te entusiasmaba lo dulce? Ni en el supermercado he visto tanta variedad de mermeladas…
—Bueno… —pausa larga… Más larga…—. No sabía lo que te gustaba…
—¿Eh? —y empieza a agitar las manos delante suyo—. No, no, no… No tenías que haberte tomado tantas molestias por mí, Tsuruga-san. En serio, yo con cualquier cosa estoy bien…
—Ya sé que con cualquier cosa estás bien… —le interrumpe él—, pero quiero que comas lo que a ti te apetezca… Lo que a ti te guste…
—Uf, pero yo…, yo la mitad de estas cosas no las he probado nunca…
—Bueno, pues entonces esta es la ocasión perfecta… —y la sonrisa con que le obsequia la deja ciega por un buen rato…
Habían quedado en que la recogería esa tarde-noche en Love Me. A esa hora, las chicas ya se habían marchado. Lo que opinaba Chiori del programa de rehabilitación zombifóbica de Kyoko era un misterio. Kanae, en cambio, no se reservaba su opinión.
—Kyoko, prácticamente te estás yendo a vivir con un hombre. Un hombre soltero —"y que además está loco por ti", omitió decirle—. ¿Estás segura de que eso es lo quieres?
—Uf, Moko-san… No es tanto lo que yo quiera como lo que necesito. Tsuruga-san se está ofreciendo a ayudarme con mi, errr, 'problema', porque eso es lo que hace un buen senpai —Kanae se tiró mentalmente de los pelos—. Jamás podré retribuirle el favor… No hago más que causarle inconvenientes…
"Sí, eso seguro… Pero no de la clase que crees…".
—Bueno, lo que quiero es verte bien. Si es lo que has decidido, pues así sea. Pero prométeme una cosa… —Kyoko asiente vigorosamente con los ojos brillantes de emoción ante la preocupación que su mejor amiga muestra por ella—. Prométeme que si te sientes molesta o incómoda en cualquier momento, o si sientes que la situación te supera, me avisarás.
—Pero Moko-san, qué cosas tienes… —rió Kyoko—, ni que Tsuruga-san fuera a abalanzarse sobre mí…
Kanae sacudió la cabeza. La ceguera de su amiga con todo el tema de Tsuruga Ren la dejaba atónita. Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver… Y Kyoko estaba empeñada en no ver. En cierto modo, le daba lástima su amiga… Porque el día que abriera los ojos se iba a pegar el batacazo del siglo. Enfrente mismo de Tsuruga Ren…
Cuando le abrió la puerta de la sala Love Me, el aspecto compungido de Kyoko ya le dijo que algo no iba bien…
—Tsuruga-san, perdona por haberte hecho perder el tiempo, pero hoy no podré irme contigo…
Los hombros de Ren caen en desilusión ante la noticia, pero Kyoko una vez más, malinterpreta su correcto significado.
—Lo siento, lo siento… Se me fue de la cabeza avisarte con tiempo… Habías programado esta noche para nosotros, sacrificando tu tiempo libre por mí, y ahora yo te aviso con tan poca antelación para que puedas hacer nuevos planes…
—Mogami-san… ¿De qué estás hablando? —No, no puede estar diciendo eso…, se dijo Ren. No puede seguir pensando eso…
—De que tendrás mil cosas que hacer, gente con la que estar, sitios a los que ir… —un destello enojado/herido/de senpai (Kyoko no sabe cuál, ¿quizás todos a la vez?) brilló en los ojos de Ren.
Él se acerca a ella, casi invadiendo su espacio personal, y se dobla lo justo para poner sus ojos a la altura de los de Kyoko.
—Vamos a ver si tu linda cabecita entiende esto de una vez por todas —dijo 'linda cabecita', sí…—. Me gusta pasar tiempo contigo. No es un sacrificio estar contigo. Me encanta estar contigo…
Ren calla y retrocede.
Quizás haya dicho demasiado…
Ella lo mira como si fuera la primera vez que lo viera. Como si fuera otra persona, y no el senpai que ella reconoce… Los ojos abiertos como ventanas al alma, la boca detenida en un suspiro de asombro, y las mejillas luchando por sofocar el sonrojo.
—Ts-Tsuruga-san… ¿Hablas en serio? —ella lucha por mantener un tono de voz firme y sereno. A veces le va mejor, otras no…
—Siempre hablo en serio contigo, Mogami-san —dice él en voz baja.
—Ah…
Ren está nervioso. Lo disimula, porque para eso es actor, pero está realmente nervioso. Sí, ha hablado de más. Aunque lo más seguro es que Kyoko entienda otra cosa totalmente distinta. Lo más probable es que ella piense que él piensa en ella como una amiga. O algo así…
Lo cual es igual de decepcionante…
—¿Y bien? —pregunta él.
—¿Eh? —responde Kyoko volviendo en sí.
—¿Por qué no puedes venir esta noche a casa? —Oh Dios mío, dijo 'a casa'… Ren se está dando imaginarios cabezazos contra la pared… Maldita mente traidora…
—Ah, eso… Sí… Resulta que tengo un examen mañana. Como no he ido estos últimos días, no me había enterado… —una chispita de dolor se formó en los labios de Kyoko. No tiene amigos en el instituto que le avisen de esas cosas…—. Solo tengo esta noche para estudiar.
—Tonterías. Cenamos juntos y luego te pones a estudiar.
—¿Pero no me has oído, Tsuruga-san? No puedo ir…
—Mogami-san… Seamos sinceros… Si te vas al Darumaya seguramente acabes ayudándolos con el restaurante en vez de sentarte a estudiar. ¿Me equivoco?
El suspiro de resignación que salió de su boca le hizo saber a Ren que había ganado.
—Perfecto —le sonrió burlón—. ¿Nos vamos? Tienes que estudiar…
Kyoko puso los ojos en blanco antes de tomar sus cosas y salir con él.
A eso de casi las doce, cuando ya tenía la cabeza a punto de explotar y los números se le mezclaban, el delicioso aroma de un té recién hecho le hace despegar la nariz de sus apuntes para ver a Ren poniéndole la humeante taza a su lado.
—Eres un santo… —le agradeció ella con una sonrisa tan tierna, tan de verdad, que Ren casi estuvo tentado de...
Pero no, ella tenía que estudiar…
Tsuruga Ren se da la vuelta para que Kyoko no vea la desacostumbrada sombra de rubor que lucha por salir…
A Hizuri Kuon le habían llamado muchas cosas en su vida, pero nunca un santo…
