Holo :3

Esta vez les traigo algo muy hermoso, llamado Fluff (?)
Disfruten :3

Dejen sus reviews, gente bonita, se los agradezco muchísimo.

Capítulo 10: Suyo por completo.

Varias semanas ya habían pasado desde aquel incidente en el cual Mikasa casi echa a perder la pequeña familia que accidentalmente había logrado construir; todo continuaba de manera normal en la Legión, habiendo ya conseguido que Eren tapase el agujero que los titanes habían hecho en la muralla por segunda vez desde que la humanidad se había resguardado; aunque nuevas revelaciones esperaban ser descubiertas.

Los días no eran del todo normales para la azabache, después de todo. Teniendo que lidiar con un vientre mucho más grande, además de caliente e inquieto, Mikasa se veían envuelta irremediablemente en las reuniones que sus compañeras hacían, donde sea el motivo que fuese, siempre su embarazo terminaba siendo el centro de atención. No era tan malo; recibía pequeños obsequios, tenía variadas cosas permitidas, y se enteraba de todo lo que a su alrededor pasaba.

-¿Quieres algo más? ¿Estás cómoda? ¿Te traigo algo? ¿Te sientes bien?- Eran las constantes preguntas que no la dejaban en paz. Tampoco era tan molesto, era lindo ser atendida por sus compañeras, aunque, sin lugar a dudas, prefería ser consentida por Eren, quien ahora la mimaba mucho más que antes.

Fue sacada de sus pensamientos por una patadita en su vientre, que indicaba la incomodidad de su bebé. Recién cumplidos los siete meses, Mikasa sabía perfectamente identificar los sentimientos de su hijo, dependiendo de las temperaturas y movimientos que sentía. Acarició con delicadeza aquella zona de su cuerpo donde había sentido el mullido golpe, mirándolo con una sutil sonrisa.

-En un rato tu padre regresará y nos iremos con él…

-Mikasa, pon atención, tengo algo que decir.- Llamó su atención Sasha, sonriente y vivaz.

Historia dirigió su mirada a la castaña, que orgullosa de lo que estaba a punto de decir, tomó una gran bocanada de aire.

-Connie quiere formalizar la relación; hablar con el comandante y poner una fecha, tal como Eren lo hizo.

Eso alegró la tarde. Las felicitaciones por parte de ambas chicas que se encontraban junto a ella, y los incómodos abrazos a los que Mikasa se veía obligada, no se hicieron esperar; y junto a ello, dos horas más de reunión que la azabache deseaba acortar por su inquieto vientre.

-¿Estás bien, Mikasa? Estás roja.

-Sí, es solo el bebé, aumentó su temperatura y…

-Vé a tu cuarto ya, Eren debe estar esperándote.

-Gracias Sasha, Historia… Y felicidades, una vez más.- Con un amable gesto con su mano, se despidió, y salió de la exageradamente calurosa habitación. Era invierno, claro estaba, pero no era necesario que pusieran leña en la chimenea cada quince minutos.

Al salir de ese ambiente donde sentía que explotaría, a una ventisca que calaba en los huesos, sintió con mayor intensidad el calor de su cuerpo, ahora mantenido por el pequeño titán que necesitaba de aquellas temperaturas.

-Gracias, bebé.

Se adentró en el cuarto que ahora tenían por casa, y dejó el abrigo sobre una de las sillas que por ahí estaba.

-¿Eren?- Su llamado no fue respondido, él no estaba en la habitación.- Eren. –Volvió a llamar, solo para confirmar que no había nadie más allí.

Se dedicó entonces a preparar el cuarto para que al llegar Eren, no hiciera más que recostarse a dormir. Encendió la chimenea con la cantidad justa de leña para que la habitación se mantenga a una temperatura agradable y contante; luego tomó sábanas limpias, y las estiró sobre la cama con la gracia que solo una mujer tiene al hacer los quehaceres de la casa.

Justo en el instante en el cual Mikasa estaba a punto de buscar su ropa de cama, la puerta se abrió, y Eren se adentró en la habitación. Sus miradas hicieron contacto, y se iluminaron al encontrarse. La azabache se acercó al castaño, y con la dulzura que sólo tenía para él, acarició su rostro y dejó en sus labios un cálido beso de bienvenida.

Eren, notándose cansado, le dedicó una sonrisa al tiempo que bajaba a saludar a su bebé-

-¿Entrenaron hasta tarde?

-Estábamos celebrando la decisión de Connie; supongo que Sasha ya les habrá contado.

Mikasa sonrió como respuesta, estaba felíz por sus compañeros, amigos, camaradas.

-Connie dice que ha sido gracias a nosotros que tomó el valor…

-No dejas de hacer cambios en nuestras vidas.- Dijo ella aún con la sonrisa en su rostro.

Eren la miró, sorprendido por lo que había dicho, y aún más sabiendo lo que esas palabras significaban para ella.

Por un momento, el tiempo se congeló para él.

Mikasa, la persona que tanto había cambiado para permanecer a su lado, lo había logrado. Cambió tanto desde el día en que se conocieron, que era casi imposible para él reconocer a esa chica.

Gracias a él portaba esa bufanda en el cuello; gracias a él cortó su cabello hasta dejarlo tan corto como le era femeninamente posible; gracias a él se unió a la Legión de Reconocimiento; gracia a él tenía cicatrices; gracias a él casi muere; gracias a él, ahora estaba embarazada.

Sintió la necesidad de acercarse a ella, mimarla, cuidarla. Era ella y nadie más. Eran ellos y solo ellos.

Se acercó a la azabache, y habiéndola rodeado, la abrazó por la espalda; a lo cual ella se sorprendió, mas no mostró resistencia.

La chica tensó su cuerpo en un espasmo de dolor, su vientre se había endurecido, una señal clara de que su bebé no estaba cómodo.

-Oi, bebé, soy yo…- Susurraba con dulzura Eren mientras bajaba lentamente una de sus manos hasta donde su bebé yacía.

Repitió esas palabras durante unos segundos, hasta que la calma que intentaba transmitir llegó a su hijo.

-Que terco es...

Mikasa soltó una risilla. Hacía tiempo que no pasaba tiempo de calidad con Eren, y eso realmente afectaba la relación que él tenía con su bebé. Eren oyó ese deje de felicidad en su pareja, y ya cayendo rendido ante el amor que sentía por ella, comenzó a balancearse, con ella acompañando sus movimientos y un vientre entibiado que sutilmente daba indicios de movimiento.

-Tu cabello está más largo.

-No me han dejado entrenar, no es necesario que lo corte ahora.

Al oír eso, su mente nuevamente hizo un descubrimiento: Mikasa realmente deseaba tener su cabello largo, y solo por el hecho de que él le había recomendado cortárselo, lo hizo. Lentamente quitó las manos de alrededor de la cintura de la azabache, y la llevó a su cabello, levantándolo con suavidad, y dejando en la parte ahora descubierta de su cuello, uno de ese besos que solo él sabía dar. La piel de Mikasa era fría, siempre había sido así. Pero cada vez que Eren tenía la oportunidad de acariciarla, era una oportunidad que él tenía de sentir cómo su calor se expandía en ella.

Un escalofrío recorrió la espalda de la azabache, haciendo que esa sensación entre placentera e incómoda, llegara a donde el bebé se encontraba, provocando unos movimientos un tanto más bruscos de su parte.

-Mikasa, te amo. Los amo.

Realmente lo hacía; su esposa y su bebé eran ahora todo lo que le importaba, todo lo que realmente necesitaba, y todo lo que protegería con su vida.

Días más tarde, Hanji irrumpió en la enfermería con la emoción habitual. Sus manos rebosaban de papeles que caían al piso para luego ser levantados por Armin, quien caminaba detrás de ella con una sonrisa nerviosa.

-Me alegra saberlo, Mikasa, ¡Tu bebé será Titán!

La de ojos grises sonreía, con una mano cubriendo la de Eren sobre su tibio vientre. Ambos sentían los sutiles movimientos que su hijo emitía.

-Aún no está confirmado, pero parece que es Jaeger por completo.- Soltó Mikasa aún sonriendo. Eren, oyendo su respuesta, dejó un besito en la mano que ella traía libre.

-¡Dos titanes cambiantes en el escuadrón! …Si me permites, Miaksa, quiero supervisar tu embarazo.

La pareja se miro, entre dudosa y preocupada.

-Solo si esta vez no intentas experimentar con él.

-Lamento mucho ese inconveniente, Eren. Prometo que esta vez no lo haré.

-Tenemos nuestra confianza en ti.

Hanji dejó los papeles sobre el escritorio, se acercó a la joven, y la abrazó con un poco más de fuerza de la que debería.

-Hanji, no presione a Mikasa así…- Dijo Armin al ver la mueca de la pelinegra al ser estrujada.

La castaña solo la soltó cuando sintió un sutil empujoncito proveniente del abdomen de la azabache. Se posicionó frente a él y comenzó a observarlo detenidamente.

-¿No te duele? Parece ser muy inquieto.

-No duele, solo se siente un cosquilleo, como caricias.

Armin se acercó a ellos y apoyó una mano en el hombro de Eren.

-¿Lo has sentido moverse con esa intensidad, Armin?

-¿Eh? No, y tampoco quiero incomodar a Mikasa, un disgusto puede tener serias secuelas en el bebé y no quiero que eso suceda.

-Vamos Armin, sabes que eso no pasará.

Hanji retrocedió al escuchar aquella pequeña conversación, dejando distancia suficiente como para que el rubio fuera a acercarse al vientre de la azabache.

El rubio se acercó, temeroso, se agachó frente a Mikasa, y, tomando aire, apoyó una de sus manos delicadamente sobre la estirada y tibia piel de la azabache.

Las pataditas no se hicieron esperar. Tras segundos de haber posicionado la mano, Armin pudo sentir con total claridad los movimientos.

-Es increíble, Mikasa. Imagino que sentirlo por dentro debe ser totalmente diferente.

Las sonrisas se dibujaron en rostro de todos. Un momento de paz y felicidad al fin los visitaba.

Mikasa relajó por completo su cuerpo sobre una silla, y Eren, al notar eso, se dedicó a masajearle los hombros con suavidad, por debajo del cabello azabache que lentamente crecía.

Hanji, sabiendo que sobraba en la escena, se retiró.

-Armin…- comenzó a decir Eren. –Mikasa y yo estuvimos hablando, y nos gustaría que adoptes al bebé como tu sobrino.

-Lo haría aunque no me lo pidieran, chicos.

La sonrisa de Mikasa se ensanchó al oír tal declaración, y Eren, soltando a su esposa, se acercó a su mejor amigo y lo abrazó como hacía tiempo no lo hacía; mientras la luz del sol se filtraba sutilmente por entre las cortinas, y alumbraba al trío que, pese a todo, se había mantenido unido.