¡Hey! No saben cómo me alegra ver sus reviews. Realmente me hace el día ver que les gusta la historia y que disfrutan la manera en que escribo. Aún no decido cómo manejar el conflicto entre la gente del arca y los terrícolas pero ya veremos que sucede. Por el momento sólo tendremos una ligera confrontación entre Clarke y Abby.
Advertencia: contenido M por si alguien prefiere no leer este tipo de cosas.
Capítulo X - Encuentros
—¡De ninguna manera dejaré que ellos entren en nuestro campamento!
—Ok, mamá. No voy a discutir contigo.
Clarke estaba parada en las puertas del Campamento Jaha, frente a Abby que aún no decidía si abrazar a su hija aliviada de que había regresado bien o gritarle por haberla mantenido por tanto tiempo preocupada.
Lexa, junto con sus hombres, se mantenía a una distancia prudente a las afueras del Campamento, listos para reaccionar ante cualquier situación. Se sentía nerviosa y estaba preocupada pues las caras de los Celestes sólo reflejaban odio hacia ellos. Sabía que su reacción era justificada, los había traicionado unos meses atrás y ese tipo de cosas no se olvidan fácilmente pero más que por ella misma, temía que actuaran de manera hostil con Clarke. Eso no lo iba a tolerar de ninguna manera.
—Por favor, Clarke. Ven conmigo, tenemos muchas cosas de qué hablar.
—No, no voy a entrar sin mi gente.
—¿Tu gente? —dijo Abby al borde de la histeria—. ¡Tu gente somos nosotros, no ellos! Tu lugar es aquí con nosotros. Con tu familia y tus amigos.
—Ellos, como dices, también son mi familia y amigos. En especial Lexa aunque te cueste trabajo aceptarlo.
—¿Cómo es posible que hayas perdonado a la Comandante después de lo que hizo? ¡Nos dejó a nuestra suerte! Esa noche pudimos haber muerto.
—Pero no sucedió —Clarke dio un suspiro—. En fin, insisto en que no quiero discutir. Si no quieres que entremos en tu campamento está bien…
—No he dicho que tú no puedas entrar —dijo Abby perdiendo los estribos—. Este es tu hogar.
—Nos instalaremos aquí afuera y si así lo deseas podemos hablar mañana por temprano que estés más tranquila —dijo Clarke ignorando las palabras de su madre y dando media vuelta para ir hacia donde esta Lexa con los demás.
Bellamy no podía entender lo que estaba sucediendo. Clarke defendía a los Terrícolas y prefería estar con ellos. Había dado media vuelta nuevamente para marcharse del Campamento. No es como que se estuvieran retirando pero tampoco pretendía regresar con ellos. Era como si Clarke no fuera la misma persona que él conoció meses atrás.
—¿Qué pasa con Clarke? —preguntó Monroe sacando a Bellamy de sus pensamientos.
—No lo sé, pero se ve muy diferente.
Y así era. Clarke no era la misma que llegó a la Tierra y tampoco la misma que había luchado en el Monte seis meses atrás para salvar a su gente. Fisicamente había cambiado, se veía más fuerte. Su actitud era parecida a la de los Terrícolas, incluso su cabello y su ropa ahora era como la de ellos. Si Bellamy no la conociera podría confundirla como una más de ellos. En definitiva, Clarke ya no era un Celeste.
—¿Estás bien?
Lexa había apartado a Clarke para evitar ojos curiosos. La rodeó con sus brazos en un abrazo ajustado.
—Sí, sólo es extraño estar aquí nuevamente y sentir todo tan ajeno a mí.
—Podrías haber entrado con tu madre para hablar con ella. Es tu familia.
—Quizá —dijo Clarke viéndola a los ojos—. Pero tú también eres mi familia y de ninguna manera me voy a separar de ti.
Lexa no pudo evitar la sonrisa que se formó en su labios por las palabras de Clarke. Se inclinó para depositar un casto beso en los labios de la rubia y suspiró ante el contacto.
—Heda, los hombres ya están instalando las tiendas —informó Ryder desde una distancia prudente.
—Gracias.
Ryder dio un sólo asentimiento de cabeza y se retiró para darles privacidad.
—¿Qué planeas hacer ahora? —preguntó Lexa abrazando nuevamente a Clarke.
—Por ahora, esperar a que esté lista nuestra tienda para que vayamos a descansar. Muero de cansancio y estoy casi segura que tú también.
—¡Explícame! —Abby se estaba volviendo loca—. ¡Explícame cómo es posible que mi hija prefiera estar allá afuera con ella!
—Abby, tranquila. Tienes que calmarte para que puedas hablar con ella —Kane tampoco entendía pero estaba seguro que Clarke debía tener sus razones.
—No puedo estar tranquila. Es mi hija, he pasado unos meses espantosos pensando que le pudo haber pasado cualquier cosa en el bosque y resulta que cuando regresa viene con Lexa. ¿A caso no se acuerda de lo que hizo? ¡Esa cría traicionó a mi hija!
—Tu hija es muy madura y muy inteligente. Si está con ella debe haber una buena razón.
—¿Crees que Lexa la tenga amenazada? Quizá por eso mi hija está con ella. ¡Seguramente amenazó con hacernos algo si Clarke no cumplía con sus exigencias!
—No creo que sea el caso —dijo Raven interrumpiendo la conversación.
—¿Cómo puedes estar segura? —Abby simplemente estaba a nada de perder la cabeza.
—Ven conmigo —Raven tomó del brazo a Abby y la guió mientras Kane se quedaba atrás viendo cómo partían ambas mujeres.
Raven llevó a Abby hacia el perímetro de la cerca electrificada. Desde ahí, señaló el punto donde se encontraban Clarke y Lexa esperando a que los hombres terminaran de armar las tiendas mientras otros se hacían cargo de la cena. Ambas estaban sentada sobre una de las carretas, Lexa recargada en un montículo de pieles y Clarke entre sus piernas recargada en su pecho. Aún desde la lejanía donde estaban Raven y Abby se podía ver como Clarke jugaba con los dedos de Lexa entrelazándolos con los de ella.
—¿Te parece que Clarke está ahí en contra de su voluntad? —preguntó Raven.
Abby se quedó callada. Intentando procesar la imagen que estaba frente a sus ojos. Clarke entrelazaba sus dedos con los de Lexa para depositar suaves besos en el dorso de la mano de la castaña.
—Para mí, más bien parece enamorada —dijo Raven después de un momento.
Abby dio media vuelta y caminó en dirección al Arca. Raven la siguió de cerca pero decidió darle su espacio cuando Abby azotó la puerta del área médica detrás de ella. Después de un rato a solas intentando digerir lo que vio entró Kane.
—¿Cómo estás? —le preguntó genuinamente preocupado.
—No lo sé, por un lado estoy feliz de volver a ver a mi hija y saber que está bien pero por otro lado no puedo creer que… —Abby se detuvo, las palabras se atoraban en su garganta negándose a decirlo en voz alta. Era como si de alguna manera, si evitaba decirlo quizá no fuera verdad.
—¿Qué pasa?
Kane se acercó a Abby y apoyó una mano en su hombro para darle ánimo.
—Está enamorada… —Abby alzó la vista para ver a Kane a los ojos. Tenía los ojos cristalinos por las lágrimas que amenazaban con fluir—. Mi hija está enamorada de la Comandante y temo que le vaya a hacer mucho daño. Más del que ya le ha hecho.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Kane bastante confundido.
—Hace un momento que Raven me pidió que la acompañara fue para mostrarme algo… —Kane la observó con una mirada interrogante—. Me mostró a mi hija entre los brazos de Lexa, claramente feliz de estar con ella y dándole caricias que sólo reflejan el amor que tiene por ella.
Kane dio un suspiró sorprendido por lo que estaba escuchando. Atrajo a Abby hacia él dandole un abrazo para reconfortarla. Abby se dejó abrazar y dejó fluir las lágrimas que había estado conteniendo. Eran lágrimas producto de sentimientos encontrados. Estaba muy feliz de saber que Clarke estaba bien pero también estaba muy preocupada por lo que pudiera pasar si Lexa volvía a traicionar a su hija.
—Tranquila, no te adelantes a los hechos. Creo que deberías descansar y mañana hablar con Clarke. Primero que nada deberías decirle a tu hija lo feliz que estás de volver a verla. Después puedes preguntarle todo lo que necesites saber para estar tranquila.
—Cómo si no conocieras a Clarke —suspiró Abby un poco más tranquila—. Es tan testaruda que dudo mucho que esté dispuesta a contestar todas mis preguntas.
—Bueno, pero puedes intentar.
—Heda, su tienda está lista.
—Gracias, Ryder. En un momento vamos para allá.
Ryder se despidió con un asentimiento de cabeza que Lexa le respondió. Clarke dio un bostezo y se acurrucó aún más en los brazos de Lexa.
—Creo que es momento de ir a descansar —dijo la rubia con voz adormilada.
—Vamos —dijo Lexa invitándola a levantarse—. Ha sido un día muy largo y cansado.
Clarke gimió en descontento cuando sintió que Lexa se movía un poco para que ambas se levantaran. Esta acción provocó una risa genuina en la castaña.
—Anda, te aseguro que estaremos más cómodas en la cama que aquí. Aparte estoy segura que cierta personita muere por vernos.
Clarke se levantó a regañadientes pues se sentía muy cómoda entre los brazos de Lexa pero sabía que era mejor ir a la cama y para ser honesta ella también extrañaba a Zoe. Caminaron tomadas de la mano en dirección a las tiendas que se habían montado. En el centro que se formaba con la disposición de las tiendas habían armado una hoguera para cocinar y para mantener calientes a lo que les tocara hacer guardia esa noche.
Cerca de la hoguera se encontraba Sonya, una de las doncellas que se encargaba de cuidar a Zoe cuando la bebé no podía estar con Clarke o con Lexa. Sonya paseaba a la pequeña niña de un lado a otro para mantenerla entretenida y tranquila pero cuando la bebé vio a Lexa y a Clarke acercarse al instante empezó a removerse entre los brazos de Sonya alargando sus manitas para que vinieran por ella. Tanto Clarke como Lexa sonrieron llenas de ternura por el acto. En cuanto llegaron hasta donde estaba la doncella, prácticamente Zoe se lanzó hacia los brazos de Clarke y suspiró complacida acomodando su pequeña carita en el cuello de la rubia. Clarke rió y acunó a la niña en sus brazos.
—Definitivamente ya moría por vernos —dijo Clarke divertida.
—Eso parece —dijo Lexa viendo a sus dos amores con devoción y depositó un beso en la cabeza de la bebé—. Gracias, Sonya por cuidarla, llevaremos al pequeño torbellino a dormir.
—No tiene nada que agradecer, Heda. Es un honor —dijo la mujer haciendo una reverencia con la cabeza—.
Lexa y Clarke respondieron el gesto y se dispusieron a caminar hacia su tienda.
—¿Heda? —dijo Sonya. Ambas detuvieron su andar y Lexa volteó a ver a la mujer—. ¿Gustan que les lleve algo de comer a su tienda?
Lexa lo meditó un momento y vio a Clarke con una mirada interrogante. Clarke sólo asintió. Ambas morían de sueño pero también tenían un buen rato sin comer.
—Por favor —contestó Lexa y continuó su camino hacia la tienda abrazando a Clarke por la cintura.
Una vez dentro de su tienda acomodaron a Zoe en su cuna y se prepararon para dormir. Una vez que llegó su cena se acomodaron en la cama, Lexa recargada en lo que podría llamarse una cabecera terrícola, Clarke entre sus piernas con el plato de comida en su regazo. Clarke le daba trocitos en la boca a Lexa entre besos y sonrisas bobas. Esto se había convertido en una especie de ritual entre ellas. Lexa estaba casi segura de que no se había alimentado ella sola en un buen tiempo y que Clarke la tenía demasiado consentida últimamente.
—Si cualquiera de tus hombres nos viera así, ¿qué crees que pensarían? —dijo Clarke entre besos.
—No sé, pero estoy segura de que no dirían nada por miedo a que les corte la lengua —contestó Lexa con su típico rostro estoico.
—La ruda Comandante ha hablado —dijo Clarke entre risas—.
Una vez que terminaron, Clarke se levantó para dejar el plato y las copas de agua en la mesa. Regresó a la cama donde Lexa ya la esperaba dentro de las pieles con los brazos extendidos para que también se acostara.
—Me encanta tenerte entre mis brazos… —dijo Clarke soltando un gemido de satisfacción.
—Me encanta estar entre tus brazos —respondió Lexa.
Clarke se giró para quedar boca arriba sobre la cama y abrió los brazos para que la castaña se acurrucara como hacía cada noche. Lexa se movió más que complacida acomodando su cabeza en el hueco del cuello de Clarke, la rodeó por la cintura con uno de sus brazos y una de sus piernas acabó sobre las piernas de la rubia. Clarke la abrazó con ambas manos dando un respiró profundo sobre el cabello de Lexa para aspirar la mayor cantidad posible de su aroma.
—¿Clarke? —dijo Lexa en voz baja después de un rato.
—¿Hmm? —contestó Clarke bastante adormilada.
—Estás muy cansada ¿verdad?.
—Más o menos, ¿por?.
Lexa se quedó callada meditando lo que iba a decir y temiendo que la rubia se durmiera decidió que no había otra manera más que decirlo como era.
—Es que… tengo ganas —la voz de Lexa sonó más ronca de lo que le hubiera gustado y enterró su cara en el cuello de Clarke con un poco de pena. Clarke rió por la acción.
—¿De qué tienes ganas? —dijo Clarke provocándola. Sabía perfecto lo que Lexa quería.
—Claaarke… —se quejó Lexa—. Ya sabes de qué.
—No. No sé, Lexa. Dime de qué tienes ganas —Clarke le dio un beso en la frente para animarla.
Lexa se levantó apoyándose en sus codos para ver a Clarke. A pesar de la poca luz que se colaba en la tienda, Lexa podía jurar que los ojos de la rubia estaban brillantes y se hundió un momento en la mirada de la mujer que tanto amaba.
—De ti —dijo Lexa finalmente.
Clarke pudo ver el momento en que la mirada de Lexa cambió. Se le entrecortó el aliento, su ritmo cardiaco se aceleró y un calor insoportable en sus venas la invadió. Lexa ya había logrado que Clarke bajara todas sus defensas y la dejara amarla en cuerpo y alma. Pero esta vez era diferente, la bestia estaba suelta con una mirada salvaje, llena de una pasión abrazadora y un hambre insaciable. Si Clarke no pudiera sentir lo que pasaba entre ellas, si no fuera consiente del amor que poseían una por la otra, probablemente esta mirada la haría temblar de miedo. En vez de eso, la hizo temblar en anticipación.
Lexa estaba callada, pero sus ojos hablaban por ella. La energía que Clarke sentía irradiando de la hermosa forma de Lexa, la golpeaba como olas de calor empujándola aún más sobre las cobijas. Lexa acomodó su cuerpo para cubrir la pálida forma de Clarke. La respiración de Lexa es tranquila pero profunda, con su mirada perdida en la de Clarke. Clarke espera, relajando su cuerpo bajo el de Lexa mientras sus ojos le muestran a la castaña todo lo que necesita saber. Clarke le muestra sumisión, le muestra que está dispuesta a la voluntad de Lexa.
Un suave gruñido crece en lo profundo del pecho de Lexa y escala por su garganta cuando se inclina para reclamar los labios que están bajo ella con rudeza. Clarke rápidamente acepta la entrada de una insistente lengua y gime en satisfacción. No se sorprende cuando sus manos son capturadas por Lexa y las eleva por arriba de su cabeza, para dejarlas inmóviles en esa posición. Con su mano libre, Lexa suavemente acaricia el costado de la rubia, estimulando con ligeros toques en la lateral de uno de sus senos antes de continuar su camino para apretar con fuerza su muslo.
—Me encantas —dijo Lexa separándose un momento de los labios de Clarke con la voz extremadamente ronca a causa de la excitación.
Nuevamente capturó sus labios para continuar con el apasionado beso. Lexa no tenía ganas de esperar más, con movimientos expertos se fue deshaciendo de las ropa de ambas, presionando besos húmedos en cada centímetro de piel que dejaba expuesto. Una vez que ambas estuvieron completamente desnudas, se volvió a acomodar sobre Clarke. La seguía manteniendo con los brazos sobre la cabeza, imposibilitando a la rubia para que pudiera tocarla, lo que estaba causando en Clarke un poco de frustración.
Quizá Clarke no podía usar sus manos pero sí que podía usar su cuerpo para sentir aún más a Lexa. Dobló sus rodillas de tal manera que capturó a Lexa entre sus piernas y apretó con fuerza, sacando un gruñido de su amante. Lexa interrumpió el beso y Clarke sonrió triunfante. La sonrisa no duró tanto tiempo cuando sintió los labios de la castaña atacando con ferocidad en la pálida y sensible piel de su cuello. Los labios de Lexa están calientes y húmedo, y Clarke puede ver nuevamente la obscuridad del espacio cuando siente que su cuerpo vuela. Los labios se mueven hacia su clavícula, primero un lado y luego el otro, marcando ambos costados de la perfecta piel. Esta vez los dientes entraron en juego, dando una mordida. Marcándola, reclamándola.
Las caderas de Clarke no pueden ascender, buscando la fricción que su cuerpo despejadamente desea. Jura que empezará a gritar cuando siente que Lexa se levanta pero mejor la detiene con un apretón de sus muslos.
—Por favor, Lexa —le ruega con ojos suplicante.
Lexa lo considera un momento, retirando la mano que sostiene las de Clarke por arriba de su cabeza sabiendo que no se moverá de esa posición. No lo hace. Satisfecha, Lexa se levanta aún más para observar la ruborizada piel de su princesa celeste, lo acelerado de su pecho y el deseo que reflejan sus ojos. Viendo lo que quería, inclina nuevamente su cabeza para tomar entre sus labios uno de los endurecidos pezones de Clarke, gimiendo mientras su boca y lengua juguetean con él. Pequeños jadeos y susurrantes gemidos abandonan los labios de Clarke, quien aún cuando su cuerpo se retuerce de placer, mantiene sus manos en posición. Lexa besa cada parte del cuerpo de la rubia, dejando que sus labios y lengua aprendan cada reacción, pausando aquí y allá para dejar sus marcas en la pálida piel. Cuando llega hasta la parte más intima de Clarke, alza la mirada para observarla a través de los mechones de cabello que ahora cubren su cara.
—Clarke…
Los ojos de Clarke se abren para encontrarse con los Lexa sólo por un segundo antes de que siente una experta lengua dándole una sola probada. Gruñe con necesidad, sus piernas empujando hacia arriba, buscando nuevamente el contacto mientras Lexa se posiciona entre sus piernas, usando sus torneados brazos para tomarla de los muslos y mantenerla firme en su posición. Definitivamente ninguna de las dos irá a ningún lado pronto. Ambas sienten la necesidad creciendo en sus pechos para aterrizar entre sus piernas.
Lexa gruñe, sus instintos tomando el control sobre ella mientras su mente queda en blanco. Lo único que puede ver, oír, sentir, oler y probar en este momento es Clarke. Toma firmemente los muslos de Clarke entre sus manos mientras sus labios y lengua la devoran con pasión, obteniendo dulces y sensuales sonidos de los labios de la rubia. Lexa siente como su ego se inflama en ese momento, ella está causando esos sonidos, es ella quien provoca el placer de Clarke y será ella quien la lleve al clímax.
Lexa succiona firmemente el nudo entre los labios de la rubia, combatiendo una risita por los sonidos guturales que desgarran la garganta de Clarke. Alza la mirada para encontrarse a la rubia cerrando sus puños al rededor de su propio cabello mientras sus caderas batallan por moverse. Lexa sabe que está llevando demasiado lejos la tortura pero es que se siente… Demasiado… Bien.
Lexa se rinde y deja libre el bulto de nervios con un ligero pop de sus labios, justo antes de que Clarke esté a punto de gemir en protesta, dos largos y firmes dedos la llenan rápidamente al mismo tiempo que una lengua húmeda y caliente continua pasean de arriba hacia abajo por todo su centro.
—¿Intentas matarme? —pregunta Clarke en un pequeño momento de lucidez pero es incapaz de identificar si Lexa le responde.
Lexa ignora la pregunta y libera el clítoris de Clarke de sus fuertes succiones pero antes de que la rubia proteste, Lexa aumenta la velocidad de sus dedos notando como las piernas de Clarke se aflojan y se abren aún más para darle total acceso. Clarke se siente demasiado excitada pero Lexa le está dando todo y ella está tomando hasta la última gota. Sus caderas se mueven con ligeros espasmos acompasando los demandantes empujones de Lexa dentro de su ser, todo mientras su lengua sigue lamiendo lenta y tortuosamente el clítoris de Clarke. La combinación es enloquecedora y Clarke puede sentir como se desliza en el placer.
Ahora Lexa está apoyada en sus rodillas, de esta manera tiene mejor palanca para tomar a Clarke como lo necesita. Sus dedos la están llenando rápido y con fuerza, entrando cada vez más profundo con nada empujón, disfrutando de cada delicioso gemido que abandona los labios de la rubia. Su lengua sigue torturando el inflamado clítoris sabiendo que eso la está volviendo loca. Eso es justo lo que quiere. Incrementa la velocidad de sus empujones, su brazo empieza a quemar por el esfuerzo pero ignora la sensación. El dolor es nada en comparación con el placer de llevar a su princesa al clímax y con ese pensamiento agrega un tercer dedo a la ecuación. Retira su lengua y la sustituye por su palma, haciendo que con cada empujón de sus dedos, ésta choque contra la húmeda y caliente piel. Ver a Clarke en la agonía que le provoca el placer lleva a Lexa a la locura, inclinando su cabeza para morder en una de las caras interiores de los músculos de Clarke.
Se alegra de no haber detenido el impulso, pues esa última adición de un poco de dolor envió a Clarke directo a la estrellas y con un grito del nombre de Lexa finalmente alcanzó el clímax arqueando su espalda.
—Casi veinticuatro horas… —dijo Clarke disfrutando de los últimos espasmos, sintiendo como el cuerpo de Lexa se relajaba sobre el suyo.
—¿Cómo? —Lexa se levantó para verla con cara de confusión.
—Que casi aguantaste veinticuatro horas desde la última vez que hicimos el amor —dijo Clarke riéndose.
—Es que… —Lexa se inclinó para besar nuevamente el cuello de Clarke—. ¡Tienes un no-sé-qué que me encanta!
Clarke rió abiertamente y tomó a Lexa del cuello para besarla profundamente en los labios. Estaba segura que jamás se acostumbraría a las sensaciones que Lexa le provocaba.
—Sabes a mí —dijo Clarke separando sus labios de los de Lexa.
—Lo sé —contentó la castaña con una sonrisa—. Me fascina tu sabor.
Con una sonrisa traviesa Clarke hizo uso de todas sus fuerzas para cambiar sus posiciones. Dejando a Lexa aprisionada bajo su cuerpo.
—Mi turno.
Clarke se lanzó directo al cuello de Lexa, dando una filosa mordida justo en el punto donde se siente el acelerado pulso de la castaña lo que provocó un fuerte gemido. Clarke sabía que Lexa estaba tan excitada en este momento que no tardaría demasiado en alcanzar el clímax pero estaba dispuesta a alargarlo lo más posible. Quería disfrutar de cada centímetro del cuerpo de Lexa, su mujer desde hacía un par de meses. La haría delirar de placer y para eso sabía que en este momento no debía ser suave. El grado de excitación de la Comandante exigía un trato rudo y áspero. Cosa que sin duda Clarke estaba dispuesta a darle.
—Quiero hacerte mía —dijo Clarke en el oído de Lexa—. Quiero que disfrutes y grites mi nombre.
—Hazme tuya —la voz de Lexa fue casi un susurro, completamente presa del placer.
NOTAS:
Y bien, ¿qué opinan?
¿Abby debería aceptar a Lexa? Ustedes como reaccionarían en su lugar.
¿Qué creen que haga Lexa cuando hable por primera vez con la gente del arca?
¿Qué les pareció el smut? Lamento si no es tan bueno pero intenté hacer lo mejor que pude.
Espero con ansias sus opiniones sobre este capítulo.
