DECLARO: que los personajes y la base de la historia son creación de Suzanne Collins y su adaptación presentada a continuación es de mi propiedad.
Capitulo 10:
El abrazo dura unos minutos, que parecieron ser eternos y abrumadores, y cuando me alejo de ella, puedo ver por primera vez emoción en sus ojos. Estaba vestida con un jeans ajustado a sus curvas, zapatos bajos de color rojo y una blusa a juego.
- ¿Qué es lo que haces acá? – sonrío sin poder creerlo aún- ¿No se supone que volverías a tu distrito cuando te dieran el alta?
- Pero que recibimiento, descerebrada – sonríe- al parecer se me quitaron las ganas, me dieron antes el alta y me vine a tomar nuevos aires- se encogió de hombros con su mirada suspicaz como siempre.
- Veo que estás mejor que nunca – dice una voz a mi lado. Haymitch se acerca para abrazarla- Bienvenida Srta. Manson-
- Muchas gracias rehabilitado – sonrió burlona- Y tú eterno enamorado, como van esos ataques – dice mientras es estrechada entre los brazos de Peeta-
- Casi tan bien como los tuyos – sonrió tocando su mejilla y no puedo evitar pensar en lo que compartieron en el Capitolio secuestrados. Las imágenes de lo que pudo ser me abruman- Bienvenida a tu nuevo hogar – y Peeta sonríe-
- ¿Cómo que te nuevo hogar? – digo estupefacta- No entiendo tú…
- Si, vengo a hacerte la vida imposible descerebrada. Y más vale que avances pronto con este bombón y hagas algo al respecto, porque hay varias revoloteándole – sonrió sugerente y me hizo mirar sonrojada y confusa a Peeta que no me devolvió la mirada- Bueno gente, ¿no me llevan a casa? –dice avanzando entre nosotros mientras Haymitch y Peeta toman sus maletas-
- ¿Donde te quedarás? – preguntó llegando hasta ella y avanzo a su paso- Puedes quedarte conmigo, la casa es grande- sonrío señalándole por donde ir entre la gente-
- No hace falta, cariño – dice la voz de Haymitch a mis espaldas-
- ¿Te quedarás con ellos? – pregunto disgustada al momento que me paro de golpe y Johanna suelta una carcajada-
- Claro que no. Veo que no se te ha pasado lo tonta – dice sarcástica y vuelve a caminar- Tendré mi propia casa- y la miro intrigada y ella se fija en Peeta- ¿No le has dicho nada? –sonríe alzando una ceja- Muy bien chico amoroso – asiente aprobando, supongo, que Peeta me haya ocultado. Luego pasa la mirada en mí, siempre con su mirada y sonrisa suspicaz- Los que pasa descerebrada, es que no vengo de visita. Me dieron permiso para instalarme en el Doce y como soy una vencedora como cualquiera de nosotros, puedo acceder a una vivienda en la Aldea de los Vencedores donde se me cante-
-Eso eso…-
-¿Genial? – me interrumpe- Lo sé –dice altaneramente-
- Extraño, más bien diría – sonreí irónica y puse los ojos blancos soltando un suspiro exagerado-
Llegamos a mi casa, donde Johanna se tira rendida en uno de los sillones, el viaje ha sido largo y debe estar cansada. Peeta y Haymitch dejan las cosas fuera e ingresan, yo les ofrezco un vaso de té helado y deciden sentarse a conversar.
Johanna nos cuenta cómo se han visto los cambios desde el distrito Trece y me dice que las cosas en el Capitolio mejoran extraordinariamente. Que le gente con sus colores despampanantes, está comenzando a despertar de la ignorancia a la que han estado sometidos durante toda su vida, que muchos se han ofrecido para ayudar en los distritos en la reconstrucción y que otros tantos intentan sobrevivir con la "catástrofe", según ellos, que se ha vuelto su vida. Pero que para todo el resto de la nación, al fin llegaron los verdaderos días de Luz e Igualdad. Me cuenta que mi madre está siendo muy bien tratada por los médicos y que, ahora, la consideran una más en el área de la salud, ya que sus conocimientos de hierbas medicinales han salvado a más de uno en el Trece. Cuenta que Beetee sigue trabajando en nuevas tecnologías y que ha vuelto a su distrito, pero que constantemente viaja al Capitolio porque está ayudando en el desarrollo de nuevos dispositivos de electricidad, transportes y telecomunicaciones. A Effie la ha visto un par de veces, pero sigue viviendo en el Capitolio y mi equipo de preparación está viviendo con ella. A Gale no lo menciona.
- Bueno, Johanna- dice Peeta poniéndose de pie- ¿Qué te parece si vamos a tu nueva casa? –sonríe y una chispa de vitalidad y alegría que nunca he visto se enciende en los ojos de Johanna que sólo asiente- Además te tengo una sorpresa – finaliza Peeta alzando las cejas de forma divertida-
Todos salimos de mi casa y con Johanna seguimos a Haymitch y Peeta que esta vez nos llevaban la delantera. Como los vencedores en mi distrito nunca han sido muchos, en realidad, casi ninguno, la cantidad de casas que hay en la Aldea de los vencedores son solamente siete. Básicamente, todas forman un semicírculo alrededor de una glorieta con muchas flores de colores y que ésta a su vez y cuyos caminos de cada casa llegan a ella. La casa de Peeta es la que da a un lado de la calle que da a la carretera y está en la calle opuesta a la mía, la de Haymitch que ahora comparte con Peeta, está en el centro, justo en frente de la carretera y a su costado izquierdo seguida está la mía.
Avanzamos en dirección a la casa de Haymitch, pasamos por enfrente de su casa y por la que está a un costado de la de él. Entonces, Peeta se acercó al pórtico de la casa que quedaba al costado antes que la suya y abrió la puerta haciéndonos una señal de que esperáramos fuera. Junto a Haymitch ingresaron y cuando volvieron a salir tenían las manos desocupadas. Una vez que salieron Peeta se acercó a Johanna y le tapó los ojos. Al instante, las protestas no se hicieron de esperar y Johanna se puso a la defensiva, pero luego de varios comentarios de Haymitch, cedió.
Peeta entró lentamente por la puerta, avanzó por el pasillo, pasó junto a la escalera que da al segundo piso e ingresó al salón. Este, era muy parecido del resto de las casas, pero a diferencia de la mía, estaba al lado opuesto de la casa y tenía un olor a pintura y tierra que creaba una mezcla maravillosamente extraña. Pero cuando entré junto a Haymitch me quedé sin palabras y sin aliento, y por fin comprendo que mis preocupaciones estúpidas sobre donde se metía Peeta cuando no estaban conmigo me saltan a la vista. La imagen de las herramientas y la carretilla, las manchas de pintura hoy en la mañana, todo calza. Y mi corazón se llena de una emoción y una sensación de orgullo inexplicable. Creo que este hombre es más maravilloso y bondadoso de lo que imaginaba.
Observo al instante, como Peeta se queda de pie con Johanna y le susurra al oído que dejara de taparle los ojos pero que debe mantenerlos cerrados hasta que él se lo diga, Johanna asiente y menciona que la casa tiene un olor particular maravilloso. Peeta le saca las manos de los ojos lentamente y se aleja unos centímetros de ella y se queda a su espalda.
- Ya puedes abrirlos, Johanna – dijo metiéndose las manos a los bolsillos y sonriendo con timidez-
- ¡Oh Por Dios, Peeta! – exclamó Johanna con emoción en la voz. Se quedó de pie un momento asimilando los que veían sus ojos. Caminó breves pasos hacia donde sus ojos estaban posados y luego se giró para mirar a Peeta con los ojos llenos de lágrimas- ¿Tú lo has hecho? – Peeta sólo se limita a asentir- Por Dios, es hermoso- y camina hacia él con los brazos abiertos y los abraza con fuerzas dejando caer las lágrimas por sus mejillas-
- Ahora, cada vez que comas o descanses te sentirás en casa – dijo abrazándola con fuerzas- Bienvenida a casa, Johanna- susurró acariciándole el pelo y ella soltó un sollozo-
Cuando Peeta ensayaba con camuflaje en el entrenamiento de los Primeros Juegos, creía que era una técnica genial y una pérdida de tiempo. Cuando lo encontré tirado entre las rojas camuflado, di gracias porque su madre lo obligara a decorar pasteles. Después del tour de los vencedores, cuando Peeta me mostró el vagón lleno de sus cuadros, supe que era un artista, pero lo odie por hacer carne mis pesadillas a través de sus manos. Luego, cuando hizo el pastel de matrimonio de Finnick y Annie, entendí que lo mejor de él no estaba sólo en sus manos sino también en su corazón y hoy, con este gesto que hace hacia Johanna comprendo que sus manos son un don y un regalo para aquellos que lo rodeamos, así como toda su persona. Es único.
Peeta le había traído el Distrito de Johanna hasta ella. El salón de la casa era un bosque vivo en cada una de sus paredes.
Espero que les haya gustado! Gracias por leer.
¿Les gustó la sorpresa de Peeta?
La verdad es que no sé me causó cosas escribir esto, como que me salió de adentro y le tengo tanto cariño al personaje de Johanna que no pude evitarlo. Espero sus comentarios y saber si los capitulos están siendo muy cortos o no.
Cariños. Javi.
