Todos los personajes pertenecen a JKR

N/T: AnneM. Oliver es la autora de este fic. Yo, TSWF, sólo lo traduzco del inglés con su permiso.

N/T 2: ¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!!! :DD

Capítulo 10 – Un baile:

Draco Malfoy y Theodore Nott llegaron a la Mansión Potter elegantemente tarde, por lo que el baile ya había empezado. La casa estaba iluminada por todas partes con velas que flotaban en medio del aire y había guirnaldas de flores que cruzaban los techos y adornos que colgaban debajo de todas las ventanas. Uno de los sirvientes de Potter les enseñó el camino al espléndido salón de baile; parecía que la grandiosidad era el objetivo común. Todos los hombres de la habitación estaban imponentes y elegantes con los abrigos oscuros, camisas blancas y chalecos que vestían, y Draco Malfoy estaba especialmente arreglado esa noche. Llevaba las botas bien pulidas, un chaleco de seda fina de color marfil y los pantalones y el abrigo de color negro noche. Componía una imagen muy bella. Sonrió ampliamente porque estaba deseando que llegara aquella noche; estaba deseando ver a Hermione.

Hermione estaba nerviosa por lo de esta noche. Encontró un traje perfecto y, aunque ella era partidaria de los tonos rojo y rosa, el verde que había elegido le sentaba estupendamente. Uno de los sirvientes la ayudó a vestirse y a arreglarse el pelo, el joven le hizo una corona de flores verdes y cintas, y la entretejió con su pelo, que llevaba recogido a lo alto de la cabeza. Todas las mujeres parecían princesas aquella noche y Hermione sólo podía esperar que él la favoreciera. Se preguntó dónde estaría Malfoy.

-Señor Malfoy –dijo Theo-. ¿No hiciste un comentario una vez sobre el hecho de que nunca acudirías a un baile en la Mansión Potter?

-Debes de habértelo imaginado –contestó.

Draco buscaba entre la multitud a cierta persona cuando Theo le interrumpió:

-No parece que ella esté presente, mi viejo amigo.

-¿Quién? –preguntó Draco, fingiendo indiferencia.

Theo sólo rió, golpeó el brazo de Draco y caminó hacia los aperitivos. Fue entonces cuando él miró hacia el balcón y la vio, fuera y sola. Parecía extraordinariamente serena, al menos, desde fuera. Se veía impresionante: llevaba puesto un vestido de satén verde con una lazada por encima de la cintura y un tocado a juego. Para él estaba perfecta.

Draco tiró de su pañuelo de cuello y enderezó su chaqueta. Estaba nervioso, ¿pero por qué? Le inundó todo tipo de emociones al mirar su encantadora cara. Confusión: ¿por qué se sentía tan fuertemente atraído por ella?, vergüenza: ¿por qué la había tratado tan mal al principio?, cortesía: esta era una ocasión formal, y deseo: sensación de plenitud en su corazón simplemente con pensar en ella.

Se abrió paso hacia el balcón y se encontró con su mirada, le hizo una reverencia cortés y ella le sonrió ampliamente. Quizás ella se sentía un poco como él.

-Señorita Granger, está encantadora. ¿Cómo supo que el verde era mi color favorito? –la molestó, burlón.

-Yo, bueno, no lo sabía, señor –tartamudeó.

Constantemente encantadora, pensó él.

-¿No habrá olvidado que reservé el primer baile, no?

-No, señor –dijo ella-. Pensaba que habíamos quedado en que serían más que el primero, pero debo de haberme equivocado.

Le sonrió educadamente y se puso a su lado.

-Puede que tenga razón, ahora que me acuerdo. Sí que reservé más de uno. Están tocando una canción, ¿nos unimos al resto? –le tendió la mano.

Ella tragó con dificultad y le dio la mano. Él la sostuvo y le puso la otra en la parte más estrecha de la espalda para guiarla entre el gentío sin que las otras dos manos perdieran el contacto. Él sentía que la mano de la espalda estaba donde debía estar. Se colocaron en su lugar de la fila y supo que ella le estaba embrujando con la magia más antigua que existía.

Hermione le observó a él y a su comportamiento tranquilo y confiado, atento. Antes del aquella noche, Harry le había advertido de las intenciones de Draco y ella le había prometido que no sentían un afecto mutuo. Le mintió, al menos en lo que a ella se refería y, quizás, también en lo que a él. El cuerpo se le tensaba cada vez que tocaba su mano.

El calor fluía por el cuerpo de Draco cada vez que sus manos se tocaban. Cuando se apartaban y se separaban para que los otros pudieran bailar, sus pensamientos se dirigían a sus caricias. La chica tenía los ojos más brillantes de lo que recordaba haberlos visto antes y los suyos propios estaban más brillantes por la sensación de sensualidad que ella le despertaba. La atención que le prestaba no decaía.

La chica se centró en sus ojos plateados una vez más cuando dieron la vuelta en el medio. Su voz, cuando hablaba de la canción, sonaba más dulce que la melodía de la música a la que se refería. Dolía recordar su barbilla angulosa, sus rasgos aristocráticos y su sonrisa astuta. Su voz hacía que le dieran escalofríos por la espalda. Se sentía más que atraída por él.

Se suponía que él no debía sentirse tan atraído por ella; no había tenido la intención de enamorase tanto, tan rápido. ¿Qué locura era esta? Se movieron en círculo otra vez y le cogió la mano. Deseaba llevársela a los labios y besarla con caballerosidad. No, lo que él deseaba era besar sus labios. Mientras caminaban a través de los otros bailarines, le llegó su aroma natural. Se sentía intrigado.

Se separaron de nuevo y se miraron el uno al otro. El tiempo se paró. Con la áspera mano de él sosteniendo la suya, Hermione se encontró desorientada y su estómago se sacudió. Parecía estar más consciente de su presencia esta noche. ¿Quién era este hombre que había cautivado su corazón?

Le acompañó a través de la multitud una última vez y Draco fue consciente del calor del cuerpo que caminaba a su lado. Era egoísta y necesitaba exigir su compañía toda la noche o se volvería loco. Los labios de la chica se veían llenos y besables y se preguntó cómo se sentiría su piel desnuda en la suya. Se dio cuenta de sus pensamientos impúdicos y deseó que ninguna de sus acciones lo traicionara. Ella era una señorita y él la respetaría a toda costa.

Hermione no pensaba lo mismo acerca de la tensión que se respiraba. Captaba los sentimientos de él, pero se deleitaba con ellos y no le causaban angustia. Cuando se separaron por última vez, su cuerpo se liberó, libre de su agarre, y no supo bien qué hacer después. Todo lo que quería era estar con él, nada más importaba y tenía la impresión de que nunca nada más importaría.

La escoltó fuera de la pista de baile entre el mar de aplausos dedicado a la canción y a los bailarines y la llevó de nuevo al balcón. Por el rabillo del ojo, observó sus labios rosados y su delicada oreja y lóbulo. Tardó un momento en darse cuenta de que ella le había hecho una pregunta.

-¿Disculpe, señorita?

-Le pregunté que si usted suele acudir a muchos bailes –contestó ella.

-Siempre hay algún baile por aquí. Hay que mantener entretenidas a las masas. ¿Y usted? –preguntó él.

-Éste es el primero.

Él lo encontró sorprendente.

-¿Y en su presentación en sociedad?

-Nunca me he presentado en sociedad –le dijo-. Éramos muy reservados y no nos relacionábamos con los demás.

-¡Qué pena! Al menos, tiene este baile en su honor.

-Más bien creo que el baile es para anunciar el compromiso de Harry y la señorita Weasley –comentó, algo triste.

Él no supo si estaba triste porque el baile, que se suponía que era para ella, era sólo un truco, cosa que dudaba, o si su depresión la causaba sus pensamientos de abandono. Ella le dirigió una rápida y brillante sonrisa repentina.

-Pero es una fiesta encantadora, ¿verdad? –dijo.

-He visto cosas más bonitas, señorita –contestó con sinceridad, mirando su hermoso rostro-. ¿Nos hacemos con algunos aperitivos?

Ella asintió y dio unos pasos a un lado más oscuro del balcón para esperar por él. No quería que nadie la viera afuera porque no quería malgastar ni un momento conversando con cualquier otra persona; se mantuvo de pie al lado de una ventana abierta y entonces oyó su nombre.

-La señorita Granger parece estar muy atenta con el señor Malfoy esta noche –dijo una voz masculina.

-No puedo creer que el señor Potter rechazara la petición de Fred para cortejarla, pero que luego consienta las insinuaciones del señor Malfoy. Estoy seguro de que o no está enterado o, si lo está, no está contento por ello –la segunda voz pertenecía a Ron Weasley. Se pegó más a la pared para continuar escuchando; después de todo, si eran lo suficientemente groseros como para hablar de ella, ella podía ser lo suficientemente grosera para escuchar a escondidas.

-Probablemente siente la necesidad de ir a por un marido rico –opinó una voz femenina que no reconoció-. Pero tiene que saber que el señor Malfoy nunca se comprometería con una nacida de muggles. Alguien debería decírselo.

-Yo pienso que se ven maravillosos juntos. Y creo que deberíamos dejar de hablar de ellos –dijo Luna Lovegood.

-¡Y pensar que cree que Fred Weasley no es lo suficientemente bueno para ella, pero que tiene sus expectativas puestas en el señor Malfoy! –exclamó una voz diferente.

-Harry fue el que rechazó la petición de Fred –apuntó Ron.

-Sí, y estoy segura de que fue porque ella insistió –dijo su hermana Ginny-. Le dije a Harry que tenía que encontrar un marido para ella o, al menos, una ocupación, quizás de institutriz, antes de que nos casemos, ya que un hogar no puede ser dirigido por dos mujeres. Yo seré la señora Potter y tendré muchos quehaceres de los que encargarme y no podré pensar con ella todavía en la casa.

Todos estaban siendo muy poco amables, excepto Ron y Luna. No la conocían, así que no tenían por qué hablar con tanta confianza sobre ella, sus sentimientos y sus deseos. Eran tan malos como los amigos de sangre pura del señor Malfoy. Especialmente Ginny, que actuaba de manera tan amable y dulce y ahora decía esas cosas, lo que decía mucho de su verdadero carácter, en opinión de Hermione. Era como había supuesto; le había dicho a Harry que Ginny no querría que se quedara. Sin embargo, había esperado ese tipo de conversación de los sangres pura, no de los amigos de Harry.

Malfoy volvió al balcón y buscó a la señorita Granger; la vio cerca de la ventana abierta.

-Señorita Granger, casi no la veo.

Ron miró a través de la ventana cuando Malfoy mencionó su nombre, se encontró con los ojos de la chica y pareció desolado; debía de haber escuchado todo el intercambio. Ella miró al señor Malfoy con rapidez.

-¿Se siente mal? –le preguntó él.

Ella asintió y descendió del balcón a paso rápido. Él dejó los vasos allí, la siguió y la atrapó en la parte baja, cerca de la entrada de los jardines.

-¿Qué le pasa, señorita? ¿Está sofocada? –preguntó, preocupado de verdad.

Ron Weasley vino corriendo detrás de ellos. Sin disimular, pasó al lado del señor Malfoy y se paró en frente de Hermione.

-Señorita Granger, le pido disculpas por los comentarios de mis amigos sobre usted. Sé que no eran nada favorecedores. Por favor, no deje que le inquieten. Asimismo, espero que no se lo diga a su primo porque si no podría causar problemas entre él y mi hermana.

-¿Qué dice usted? –tuvo que preguntar Draco.

Ron se giró hacia él.

-Señor Malfoy, algunos de mis amigos y familiares pusieron en duda sus atenciones para con la señorita Granger.

Hermione dio un paso adelante.

-Eso no es del todo verdad. También ponían en duda mis atenciones. Dicen que no soy lo suficientemente buena para usted –pasó la mirada de Draco a Ron-. Supongo que no importa cuánto dinero tenga un sangre pura, un sangre pura tiene prejuicios sí o sí, rico o pobre –se marchó y encontró a Harry en lo alto de la escalera.

-Hermione, ¿qué te pasa? –le tocó el rostro.

-Me duele la cabeza, y te pido permiso para retirarme –dijo ella.

-Pero el baile es en tu honor. Estaba a punto de anunciarte a la multitud.

-El baile es en honor de tu compromiso, primo, como debería ser. Creo que tu futura esposa preferiría que no me anunciaras. No soy importante, nadie debería hacer un baile para mí, y estoy segura de que ninguno de tus invitados ha venido esta noche para ver a una nacida de muggles. Por favor, discúlpame –fue a pasar por su lado, pero la cogió del brazo y la puso en frente de él.

Harry se giró hacia el señor Malfoy.

-¿Qué le dijo que para causarle semejante malestar? ¿Sus amigos fueron groseros?

El señor Malfoy parecía indignado.

-Dígaselo aquí a su amigo. Fue él y los suyos quienes hablaron mal de su prima. Quizás debería mirar en su propio círculo de amigos y ver si son verdaderos amigos antes de echarme la culpa a mí -le tendió la mano a Hermione-. Señorita Granger, creo que me prometió otro baile.

-No tiene que bailar conmigo. Por favor, no asuma que suplico por su atención –dijo ella

-No, pero yo suplico por la suya –le cogió la mano y la llevó de vuelta al balcón para dejar que el señor Potter lo solucionara. No le gustaban los escándalos y nunca lo le gustarían. Cuando alcanzaron la parte alta, cogió los vasos que había dejado en el alféizar y le pasó uno a ella.

-A su salud –dijo, y ella sonrió y bebió.

-Señor Malfoy, ¿puedo preguntarle algo? –preguntó.

-Sí, he tomado lecciones de baile –bromeó él.

-No era eso, aunque le agradezco que no me pisara los dedos de los pies –comentó-. No, mi pregunta es esta: ¿piensa en mí cuando no estamos juntos?

-Qué atrevida, señorita –dijo con sinceridad. La verdad era que le gustaba su descaro.

-Discúlpeme. No me educaron con las normas sociales en las que usted es tan experto. Sólo quería saber sus intenciones.

-Tengo la intención de bailar con usted otra vez, toda la noche si es posible. Esas son mis intenciones y le garantizo que mis motivos son puros y simples. La adoro y, aunque sé que esto no sería bien recibido por toda esta gente, ya no me importa –dijo con sencillez.

Ella miró al suelo, y Harry caminó por el patio y se paró en frente de la pareja.

-Malfoy, ¿tiene la intención de cortejar a mi prima?

-Vaya, ya veo de dónde sacó ella el descaro –comentó Draco.

-Debo saber si sus motivos son sinceros –explicó Harry.

-Mis motivos, mis motivos. Todos quieren saber mis motivos –se acercó al alféizar y se inclinó contra él-. Si a su prima le gusta mi compañía, me aprovecharé de ello. Esos son mis motivos por ahora –no diría más, todavía no, ahora no. Potter no tenía derecho a preguntar antes de que él se ofreciera.

-Ya veo –dijo Potter, y se giró hacia Hermione-. Visto el desinterés del señor Malfoy, voy a darle mi permiso a Fred Weasley de rondarte. Y se acabó. Ahora, entra en el salón de baile para que mis acompañantes te reciban.

Hermione no podía respirar. ¿Por qué Harry actuaba así? Dio un paso hacia atrás, hacia el alféizar, y sintió las lágrimas en los ojos. Ron Weasley caminó hacia su amigo y el señor Malfoy miró de la cara de Harry a la de Hermione. Harry Potter, supuesto santo, era un canalla, en opinión de Malfoy.

-Es fácil intimidar a una joven, ¿no, Potter? Sí, invítala a tu casa y luego véndela al mayor postor.

-No diga nada más, señor, o no me hago responsable –dijo Harry.

-Harry –dijo Hermione-, ¿por qué has cambiado de opinión sobre lo del señor Weasley? Dijiste que era mi decisión.

-Porque era una decisión incorrecta. Estás alimentando esperanzas sobre el señor Malfoy cuando él nos ha dicho, más o menos, que no le importas. Piensas en aprender este verano lo suficiente para ampliar tu educación, pero no. Debes pensar en tu futuro y, como no lo harás, lo haré yo por ti.

-Sí, he oído de la futura señora Potter que tú y ella han discutido esa parte, como yo pensaba. Debo irme de aquí y no puedes hacer que me quede a la fuerza. Toda esa bonita palabrería sobre que esta es mi nueva casa es mentira desde el minuto en que tu prometida dijo que no quiere mi compañía. Me obligas a marcharme.

-¡Esto no tiene nada que ver con Ginny! –gritó él.

Ella miró a Ron.

-Usted le quitó importancia a la historia, ¿no es cierto? –Se giró hacia Harry-. Señor Potter, aprecio su amabilidad en las últimas semanas y los regalos que me ha hecho, pero no me quedaré mucho más. Permítame permanecer aquí hasta que amanezca, por favor, y luego le ruego que me deje ir.

Pasó a los hombres corriendo, atravesó el salón de baile y subió las escaleras. Corrió por el pasillo hasta su habitación, se quitó las flores y las cintas del pelo, haciendo que los mechones cayeran en ondas sobre los hombros, y abrió la ventana para mirar al cielo nocturno sin estrellas.

Draco se volvió hacia Potter.

-No es apropiado, señor, que le corrija en su propia casa, pero ha cometido un error, y uno grave. No tiene derecho a hablar de mis intenciones ni de mí. Eso debo hacerlo yo. Fue miserable y nos debe una disculpa a su prima y a mí. Aunque no haya hecho una propuesta formal, debo decir que tengo muy buena opinión de la señorita. ¡Es una pena que usted no! –Draco se dio la vuelta y volvió al jardín. Se aparecería detrás de la casa y quizás pillaría a la joven en la ventana.

Hermione estaba sentada y miraba por la ventana, cavilando su próximo movimiento. ¿Qué iba a hacer ahora? No lloraría, eso haría. Una noche perfecta arruinada por semejantes acciones. ¡Qué locura! ¿Por qué no podía disfrutar de un buen baile con un hombre apuesto? ¿Por qué todo se había vuelto sobre el tema su futuro? Su primo debería preocuparse más de su propio futuro y menos del de ella. Se asomó por la ventana.

-Madre, te echo mucho de menos –bajó la vista y el señor Malfoy estaba bajo la ventana.

-Hola, señorita –dijo él-. Bonita noche para un paseo, ¿no?

Pensó que estaba loco; se alongó.

-Creo que puede que llueva -opinó.

-Espero que no –contestó-. ¿Por qué dejar que los otros le arruinen su noche? Esta era su noche. Era mi noche. Vuelva al baile, señorita.

-No puedo.

Él levantó la mano con el guardapelo.

-Debe volver, aunque sea a por su preciado guardapelo. Si no lo hace, me veré obligado a dárselo a otra. Quizás a la señorita Parkinson le guste esta baratija.

-Tiene razón, volveré porque esta es una noche especial y podría ser la última que pase aquí. Le veré en un momento, pero sólo por mi guardapelo –cerró la ventana, pero sabía que si volvía al baile era por algo más que por el guardapelo.

-Le prometo, señorita Granger –se dijo Draco a sí mismo-, que esta está lejos de ser su última noche aquí –puso el guardapelo de nuevo en su abrigo y se apareció de vuelta en el balcón del salón de baile.

Ella se agachó para recoger el tocado de flores y se lo puso de nuevo en los rizos, a modo de corona, y abrió la puerta para ver a un Harry arrepentido al otro lado.

-Te prometo que no he tenido ninguna conversación previa con la señorita Weasley, al contrario de lo que ella contara a sus amigos. Quizás no conozca su carácter tan bien como imaginaba. Por favor, no hagas nada precipitado. Vuelve a la fiesta. No haré anuncios de ningún tipo esta noche, así que no debes sentirte presionada por mí. No te forzaré a que te corteje alguien que no desees que lo haga.

Hermione se preguntó si eso quería decir que no iba a anunciar su boda, ya que afirmó que no haría anuncios de ningún tipo. Ella le cogió las manos y él la escoltó de vuelta al salón de baile.

-No debí hablarte de manera tan grosera, primo –dijo Hermione mientras entraban-. Tampoco debí mentirte cuando me preguntaste si sentía afecto por el señor Malfoy. Lo admito, sí.

Ella no se había dado cuenta, pero el señor Malfoy estaba justo detrás de ellos. Ya tenía su respuesta; sus sentimientos eran compartidos. Le tocó el hombro.

-Creo que el siguiente baile es mío.

N/A: En el siguiente capítulo, el baile continúa.

N/T: les agradecería que me avisaran si opinan que algo no está bien traducido o cometo alguna incoherencia.

Si a alguien le interesa el original o ver el perfil de la autora los tienen en My Favourites.