Farkle II
El lunes amaneció soleado. No parecía diferente a cualquier otro día. Se levantó, se vistió, desayunó y fue tranquilamente al instituto. Faltaban diez minutos para que empezara la clase, así que se sentó en el banco del pasillo. Sacó sus apuntes de Ciencias y se puso a repasar… ¡después de todo, contestar bien a la preguntas que se planteaban en clase era el veinte por ciento de la nota final!
El sonido del timbre del inicio de las clases hizo que se levantase y se dirigiese a clase. Entró al aula y se sentó en su pupitre con la vista fija en las preguntas, sin molestarse en levantar la cabeza.
-Hola chicos –saludó en general.
No obtuvo ninguna respuesta. Tampoco le importó mucho, sabía que todos estaban medio dormidos a primera hora de la mañana. Incluso Smackle. Ella recordaba todo lo que se decía durante los primeros diez minutos de clase, pero realmente no era ella misma hasta pasados esos diez minutos. Era como un ordenador sin batería al que enchufabas a la corriente y a medida que pasaba el tiempo su velocidad iba aumentando.
-La diez me ha parecido especialmente complicada –dijo Farkle negando con la cabeza. –Espero que el señor Daniels no pregunte nada sobre esta…
-¡Buenos días alumnos! –exclamó el señor Daniels apareciendo por la puerta.
Farkle levantó súbitamente la cabeza y se apresuró a guardar los apuntes. Estar en primera fila era toda una ventaja: podía ver la pizarra mucho mejor, oía mejor a los profesores y encima le sacaban a la pizarra mucho más a menudo. ¡Era una maravilla! ¡Nunca pudo entender por qué Maya lo odiaba tanto!
-¿Señor Minkus?
-Sí, señor Daniels –respondió Farkle emocionado. ¡El primer minuto de clase y ya le había elegido para responder una pregunta! ¡No se podía ser más afortunado!
-¿Dónde están sus amigos?
Farkle abrió la boca para responder la pregunta (cosa que le salió por hábito) y se quedó paralizado. Cerró la boca y se dispuso a mirar a la izquierda. El sitio ocupado por Riley estaba vacío a su lado. ¡Riley nunca faltaba a clase! Asustado se fijó en que los pupitres de Maya y de Smackle también se encontraban vacíos. Por último, se dio la vuelta y comprobó con espanto que ni Lucas ni Zay estaban allí. ¿Cómo era posible? ¿Habían decidido no ir a clase y no se habían molestado en avisarle? No se sentía tan mal desde que el año pasado fueron todos juntos al cine sin él para que no les destripase la película. En su defensa debía decir que si se esforzasen en hacer películas menos previsibles él no tendría la necesidad de estropear los finales.
-¿Señor Minkus? ¿Sabe dónde están? –volvió a preguntarle el señor Daniels.
-No señor –contestó muerto de vergüenza. Era la primera vez desde que empezó el instituto que contestaba "no" a una pregunta formulada por un profesor.
