Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.
Advertencias: Podría decirse que en este momento el fic empieza a subir legalmente a M. Repito, podría decirse... No aseguro nada XD
Bueno, feliz navidad retrasado y feliz año nuevo. Espero que todos los que leáis hayáis pasado un buen día con sus familias, amigos, mascotas o novio/a (imaginario/a) (?). Nunca se sabe. Y pues aquí, viendo si publicar un primero de enero me trae inspiración infinita y angst —lo del angst lo agregué yo, en realidad— para el año. No soy de supersticiones o como se llame esto, pero no está de más intentarlo, igual y logro terminar algún fic en el año XD
Lo guay es que este capítulo lo tenía prácticamente listo —no tuve que hacer mucho más—, excepto por la última parte, así que seguro encontráis que tiene algo raro o no sé. Siendo sincera quería deshacerme luego de este capítulo y vi mi oportunidad. xD
Lol, mi capítulo más largo del año :V Cuatro mil y pico palabras. Es algo... (?).
Una manera de olvidar
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Chapter X
Con un par de tarados—un supertarado
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Después de besarla por primera vez, sólo faltaron unos cuantos minutos para que él se pusiera sobre ella, tomando su nuca y apartando su cabello para lamer y morder cuanto le diera gana por la zona del cuello. La sensación hizo que cerrara los ojos y se aferrase a sus hombros, para luego guiarlo a sus labios y meter su lengua dentro de la boca de Gray.
El movimiento al tomarla del trasero y pegarla a su cuerpo provocó que el agua de la tina pareciera bajar de nivel. Por su lado, mientras que con un brazo se afianzaba a su compañero, su mano opuesta desabrochaba los botones de su mojada camisa para entonces pasar la mano por la camiseta oscura que llevaba por debajo.
—Deberías dejar de llevar camiseta debajo... —murmuró cuando volvía a besarlo.
En el momento en que Gray se alejó un poco de sus labios sonreía. Dejándola abajo de nuevo, teniendo en mente quitarle la camiseta de tirantes, le murmuró de vuelta.
—Es una opción —concordó, hablando un poco arrastrado—, pero creo que me gustaría la idea de que me desvistas.
—Pienso que deberíamos probar de inmediato —contestó, intentando quitarle la ropa, pero terminó abandonando dado que se le pegaba al cuerpo y era un poco molesto hacerlo siendo que había más agua al rededor.
Lucy le restó importancia, ya le quitaría eso, y acercó su rostro por el sector de las clavículas de Gray. Él miró hacia abajo un momento, viendo desde su ángulo a la chica lamerle, besarle, y tocarlo con las manos por debajo de la camiseta. Su mano se deslizó de forma casi natural por su muslo, y cuando decidió que quería que volviera a sus labios subió su rostro con la otra. Mordió su labio antes de que la hiciera afianzar el agarre de sus piernas al rededor de su cintura y la echara hacia atrás, hermosa frente a sus ojos.
Acarició su cintura por debajo de la tela dispuesto a pasar de sus labios a su cuello. Las manos de Lucy se dirigieron a su cabello y brazos, a veces las movía y pasaban por su espalda o cuello. De pronto una de las manos de ella llegó sobre la que él tenía en su cintura. Ligeramente alertado, se detuvo a mirarla.
—Mi cuello duele un poco, Gray... —sus ojos estaban entrecerrados. No había gemido casi pero parecía gustarle la idea de la lengua de su compañero en su piel.
Él no se molestó en contestar y se separó de ella para salir de la tina. Le tendió la mano para ayudarla a salir y caminaron a la habitación mientras él la abrazaba desde atrás, sin dejar de darle infinito cariño a su cuello luego de apartarle el cabello. Aún si apenas podía caminar, Lucy fue capaz de llegar con Gray que gracias al cielo no la dejaba en paz. Él apartó sus manos de la cintura de la chica para quitarse la camisa, pero aún así su boca no se alejó más que por un segundo y subió a su oreja en esta oportunidad. Cuando la camisa estuvo fuera, hizo que se diera vuelta y le quitó la camiseta de tirantes, la tiró al suelo como la propia y abrazó a Lucy contra su cuerpo.
Tocó su espalda, su trasero y con admiración sus caderas. Ella volvió a besarle, acariciando su cuello en el acto. Subió las manos hasta sus pechos, que apretó un poco por encima del sujetador. Era rosa, bastante bonito sin duda, y Gray sentía que se volvía loco de sólo verla así. Un leve gemido resonó en sus oídos, haciendo que se detuviera un segundo. Una extraña aunque de cierta forma agradable sensación recorrió su cuerpo, principalmente cerca del cinturón. Volvió a prestarle atención, al tiempo que la hacia caminar hacia atrás y le desabrochaba el sostén. Completamente mojado también, fue a parar a los pies de la cama.
Su intención al guiarla hacia la cama había sido que se recostara, sin embargo, antes de caer sentada Lucy lo detuvo y sin darle tiempo a pensar tiró de su camiseta hasta arriba. No vale la pena mencionar siquiera que fue lanzada sin importancia alguna.
Los sentidos de ambos estaban nublados, perdidos entre el alcohol y la agradable sensación de ser tocado por el otro. Nunca pensó que llegaría a besarla, y una vez descubierto, ebrio como estaba, había decidido que era de las mejores cosas que había tenido el placer de hacer.
Una vez se había deshecho de la última prenda que quedaba en Lucy y también de sus pantalones, ya nada impedía que la tuviera totalmente dispuesta sobre su cama.
—¿Alguna vez te dije que eres preciosa?
—Nunca —suspiró ante los besos que había comenzado a dejar por su pecho y hombros.
—En ese caso... —se detuvo un instante— soy idiota sobrio.
Lucy soltó una risa por lo bajo, acariciando levemente su antebrazo.
—Cuando ya no estemos alcoholizados deberías darme un golpe por eso...—susurró— Prometo que de ahora en adelante te lo diré cada vez que pueda.
No la dejó responder, introduciendo dos de sus dedos dentro de su vagina. El gemido que salió de sus labios provocó que estos quedaran entrecerrados, se le hacía de cierta forma adorable que gracias a eso se viera una pequeña parte de sus dientes. Hacía que quisiera besarla hasta el cansancio.
—... despierte. Señor, despierte...
Al abrir los ojos, se encontró con otros que daban la sensación de ser completamente negros. Gray pestañeó, confundido. ¿Cómo era posible que...?
Ella suspiró, notablemente aliviada. Pronto compuso una leve sonrisa que no hacía nada por responder sus preguntas.
—La señora Eime me envió a despertarlo, alegando que el desayuno estará servido dentro de poco.
—¿De... sayuno? —enarcó una ceja— ¿Qué hora es?
—Quince para las once.
De pronto Gray se dio cuenta de que algo raro sucedía. No estaba en la posición ideal, y por razones obvias su despertar no podía ser de ninguna manera tranquilo.
—Eh... vale, gracias. Ahora mismo levantaré.
—¿No necesita ayuda en algo?
Sin poder evitarlo los colores se le subieron al rostro. ¿No se supone que debía irse ya?
—No, venga. Deberías ir a seguir con tu trabajo.
—En realidad debo esperar a que usted se levante de la cama para poder ordenar la habitación —contestó sonriente.
Esa mañana no podía ser más horrible. Además, estaba casi cien por ciento seguro de que ese momento terminaría muymuy mal.
—¿Sabes...? ¿Cuál es tu nombre?
—Denis.
—¿Sabes Denis? Hay gente que tiene una costumbre muy desagradable, que lo es más cuando está en una casa ajena. Sin embargo... —Se acomodó sobre los codos, no era de lo mejor estar boca abajo si no era durmiendo o mientras te hicieran un masaje—, estoy al tanto de que incluso si lo es, es algo inevitable. Hablo de eso de dormir desnudo. ¿Comprendes lo que quiero decir?
—¿Que las personas que duermen desnudas no lo hacen tan a posta como lo parece?
—¡Exacto! Ahora... ¿Comprendes por qué te lo estoy diciendo?
—Porque... ¿Le dio a usted la gana?
—Ojalá, pero no quieres averiguarlo, así que te recomiendo que te quedes fuera hasta que te avise si no quieres que pasemos un terrible momento.
De pronto ella aparentemente comenzó a comprender el por qué de llevar la conversación por aquel lado, porque salió lo más rápido posible del lugar, cerrando la puerta tras de sí. Al menos no entraría ni loca hasta que él saliera.
Pensó, mientras más pronto mejor, por tanto se puso de pie. Obviamente no estaba desnudo, sólo en ropa interior, pero eso no significaba que su gran amigo no estuviera orgullosamente animoso esa mañana. Por otro lado, nunca creyó que iría a soñar algo como eso. Una parte de él hubiera gustado de seguir durmiendo hasta el final, la otra se negaba a haber soñado eso.
Entonces cayó en cuenta, no había sido un simple sueño. Habrían sido muchas coincidencias. Las ropas eran las mismas que estaban usando esa tarde, y habían ido a parar a los mismos lugares en las que las vieron por la mañana. Igualmente, los pantalones cortos de Lucy se habían quedado atrás, en el baño. También cabía la posibilidad de que su mente lo haya hecho parecerse a ese momento a posta, de todas formas no estaba seguro de nada.
Lo más rápido que pudo se puso los pantalones y abrochó su cinturón. Era difícil, considerando su erección, pero podía soportarlo hasta dar con el baño. Mientras tanto se pondría su chaqueta para pasar desapercibido.
Salió de la habitación, dando con Denis fuera. Estaba apoyada en la pared y cuando lo vio sus mejillas adquirieron un color rojizo.
—Ya puedes seguir con tus tareas.
Ella asintió, pero antes de que entrara la detuvo.
—Una cosa antes —dijo—. ¿Sabes si Lucy está en su habitación todavía?
—Lucy... ¡Oh! A decir verdad no lo sé, creo que tenía que ir yo a despertarla también —murmuró pensativa—. ¡Dios! Si es así podría estar en problemas por no acatar una orden...
Gray volvió a detenerla antes de que partiera hacia la habitación de su compañera. No estaba pensando con claridad y no tomó el peso de lo que había dicho hasta que ya estaba hecho.
—No te preocupes, yo me encargaré de ella por ti. Creo que ya te he causado un par de malos momentos y no me sentiría bien si te reprendieran por algo tan simple.
—¿Y si ella... también... quiero decir...? —carraspeó, avergonzada— ¿Y si ella también duerme desnuda?
—No lo hace.
—¿Y si esta vez decidió hacerlo?
—No sería la primera vez que la viera... —susurró sin intención de que le oyera.
—¡¿E-eh?!
—Venga, despreocúpate y vuelve a lo tuyo —indicó, desinteresado en negar cualquier cosa sobre el tema.
[...]
Cuando resolvió su problema en el baño, y luego de darse una breve ducha, Gray entró a la habitación de Lucy. No se sentía muy cómodo yendo luego de tal sueño. Pero ese era el menor de sus cuestiones, resultó que al entrar no pudo dar con Lucy en ninguna esquina del cuarto. Entonces supuso que Denis había errado y alguien más fue enviado a despertarla.
Bajó las escaleras, al final del pasillo, en busca del ya mencionado desayuno. En el camino se encontró con otra sirvienta más. La casa no era tan grande como se esperara, pero era lo suficiente como para que resaltara y contara con unas cuantas mucamas. Ella pareció un tanto alarmada al verlo, y de inmediato le pidió que le siguiera.
Así fue como llegó al comedor.
—Oh, señor Gray, le estábamos esperando.
En la mesa ya estaban todos. Eime, su esposo, el que supuso era su hijo, la adivina que se estaba quedando, y por último Lucy. Ella le sonrió cuando notó que le dirigía la mirada por un momento.
—Lamento haber tardado.
—No es molestia —aseguró el alcalde con una sonrisa afable—. Pero tome asiento por favor.
Gray asintió y tomó asiento del otro extremo de la mesa, justo de frente al hombre. A la derecha de él estaba su esposa, a un costado de ella el joven, mientras que paralelo a ellos estaban la adivina y Lucy. Agradecía tenerla cerca al menos, aunque a veces revivía sin querer algunas imágenes de su sueño y sentía una extraña sensación. Todavía estaba sopesando si tomarlo como un recuerdo, eso significaría que sentiría la necesidad de comentárselo a Lucy, cosa que no tenía idea de cómo terminaría. Prefería no liarla con ella.
—Me parece que no me he presentado como se debe ante ustedes —volvió a hablar el alcalde—. Sé que debí estar aquí en vuestra llegada, y presentarme como quien envió la solicitud, pero espero comprendan que en mi cargo, debo estar pendiente de todas las personas del pueblo y acudir ante sus necesidades —De pronto sonrió—. ¡Pero bueno! No pretendo aburrirles con cosas como estas. Pueden llamarme Ben. Ya conocen a Eime, y confío en que ha sabido tratarles hasta ahora —Él le dedicó una mirada confiada y satisfecha, a la par de amorosa—. Sin embargo también estoy al tanto de que no habían conocido a mi hijo hasta entonces. Él es Kenan, creo que tiene cerca de vuestras edades.
A penas movió la cabeza en forma de saludo y él se la devolvió, pero incluso si hubiera alcanzado, Gray no se enteró de la mirada cómplice que se habían dirigido con Lucy.
—Ella, por otro lado, es Jeanine. Adivina y curandera del pueblo. Ha sido una gran amiga para Eime y yo desde hace bastante tiempo.
El alcalde siguió en su monólogo un rato más, aparentemente dispuesto a contar hasta su vida entera. Por suerte terminaron en poco, e inmediatamente pidieron permiso, excusando que mientras más pronto terminaran la misión, mejor. Sólo bastó una mirada para que se diera cuenta que, en parte, Lucy también estaba sufriendo un poco. El alcalde no dejaba de hablar, hasta tal punto que era tan admirable como agotador.
—Oh, adelante —Eime fue la primera que habló, evitando que su esposo pudiera decir algo más—. No es nuestra intención retrasarlos más, ¿verdad cariño? —le mantuvo la mirada al hombre hasta que éste asintió sin más. Luego se puso de pie, al mismo tiempo que ellos. Se acercó a él y le indicó a Lucy que se acercara— De verdad confío en que ustedes podrán hacer esto, y les agradeceré infinitamente cuando regresen. Sé que no los conozco de hace nada, pero por lo poco que hemos hablado siento que son unas personas maravillosas. No me cabe duda de que sus resultados lo son tanto como ustedes.
Fue Lucy quien respondió esmeradamente a ello. De Gray lo único que salió fue un gracias incómodo.
Tardaron más de dos horas en acercarse al lugar habiendo recorrido una parte de las montañas. Lucy comenzó a pensar en lo afortunado que era Kenan al ser ayudado estando tan lejos del pueblo, pero sentía que habían muchas cosas que no encajaban en todo eso. Sin embargo no podía acusarlo de esconder algo porque podía tomárselo a mal, además de que muy posiblemente ella se estuviera haciendo una idea errónea.
No habló mucho con Gray en el camino, sólo algunas bromas cortas que se lanzaban entre ellos a veces cuando la ayudaba a no caerse. Si era observadora estaba más que claro que la actitud de Gray con respecto al día anterior había vuelto a cambiar. La primera se la atribuía, asumiendo siempre, sin certeza de nada y no muy convencida, a la situación que habían pasado en general. La segunda no tenía manera de explicarla.
De repente reparó en la mirada de Gray, él se había detenido unos pasos más adelante y ella acababa de darse cuenta.
—¿Qué... ocurre? —preguntó insegura.
—Estaba pensando—comenzó—... te han prestado un abrigo. Ya no tendré una excusa para abrazarte.
Lucy tardó en reaccionar. Finalmente, soltó una risa. Él le había extendido la mano para ayudarla, y ella la había tomado sin dudar.
—Siempre puedes provocarme el frío —bromeó, obteniendo una sonrisa de su compañero.
I.
Esa mañana habían partes en el gremio que estaban silenciosas de una manera deprimente. Cana bebió por una incontable vez, pensando en que sus compañeros estaban dados para provocar dramas de telenovela que enfermarían a cualquiera. No se reía con sus desgracias, y ya había escuchado lo que había pasado de boca de Gajeel, pero no era especial fan del drama.
Luego de eso Lyon había marchado furioso y Juvia se había sentado en un lugar un tanto alejado con la cabeza gacha, recibiendo unas cuantas palabras de consuelo por parte de Lisanna y Levy, y antes también de Laki y Kinana, quienes se habían ido más tarde. Gajeel no estaba menos furioso, y era claro que no iba a permitirle a Gray hacer sufrir a Juvia. Ante eso Cana sólo había asentido, ella no estaba de parte de nadie. ¿Para qué? Y si fuera a estar de parte de alguien sin ser objetiva, era obvio que lo estuviera de Gray, después de todo se conocían de niños. Dejó al dragon slayer largarse sin trabas, tampoco estaba tan interesada en seguir llevándole el amén. Porque no tenía planeado enojarlo más y a ella le traía sin cuidado el tema, en todo caso.
Suspiró, volviendo a beber. ¿Por qué iba a estar interesada en opinar sobre ello? Estaba claro que algún día iba a suceder, no entendía por qué hacían de algo tan simple un problema del tamaño de Elfman.
Justo fue que miró de reojo, encontrándose con Doranbolt caminando hacía ella.
—Te ves un tanto frustrada.
—Tal vez, parece que era la única que se veía algo como esto venir. No logro comprender por qué exageran tanto. Si hasta han repartido golpes.
—No lo sé, podríamos decir que yo vengo recién llegando —se encogió de hombros, sentándose a un lado de Cana.
La maga se inclinó un poco para coger una botella que estaba unos centímetros más adelante, Mirajane solía dejarla para ella por si acaso. Cuando se volvió a acomodar se la tendió.
—¿Qué te tiene tan pensativa? —preguntó, aceptándola. Ya estaba medio abierta, así que sólo tuvo que apartar la tapa y beber.
—¿Sabes?, considero a Gray de mis mejores amigos. No es que me haga gracia que le golpearan. Sin contar con que hay algo que me dejó pensando.
Doranbolt la miró con curiosidad, esperando que siguiera.
—Lo que dijo Lucy... Creo conocerla lo suficiente, Lucy no suele decir las cosas porque sí. Y estar posicionada en medio hace que me enoje un poco escuchar de algunas personas que Gray es un idiota. No lo discuto, claro que es idiota —sonrió—, pero Juvia fue avisada una y otra vez, tal vez fue ella quién tentó a la suerte y gran parte sea su culpa. Gray no cree merecerse tantas cosas buenas, supongo que desde el principio fue por eso que le perturbaban las acciones de Juvia. Y lo más seguro es que él sí se sintiera mal por hacerle daño.
—No estoy seguro de qué decir...
Cana negó con la cabeza, indicando que no pasaba nada. Agradecía que se diera el tiempo de escucharla. Luego siguió hablando.
—Aunque también creo que estoy hablando desde mi experiencia con lo que respecta a Juvia, y debo decir que no es la mejor.
Con mayor razón Doranbolt guardó silencio al notar su sonrisa desganada. No llevaba más que unos meses en el gremio, pero la amistad con Cana había sido de las mejores que había forjado hasta entonces. Ella era lo contrario a él y solía no soportarla mucho cuando se le ocurrían locuras o por el estilo, pero él era consciente de que cada quién cargaba con una cruz, incluso si era Cana, incluso si la idea le caía como una patada; pero eso no evitaba que fuera menos cierto.
—¿Algún día me contarás sobre eso? —su pregunta llamó la atención de Cana, haciéndola sonreír un poco más animada.
—Si sigues así, será lo más probable —le guiñó un ojo antes de tomar un trago. Pero su expresión volvió a la seriedad de antes—. Al menos sé que Gray está con Lucy. Ella suele saber ayudar a las personas.
Doranbolt miró un rato más a Cana, hasta que, como había hecho ella hace unos segundos, bebió de la botella.
II.
—¡Santo cielo! Prometo que entrenaré duro desde ahora.
Gray miró un segundo a Lucy, quien tirada en el suelo intentaba recuperar un poco de fuerzas. Sí, estaba de acuerdo en que debía comenzar a ponerse más en forma, ayudaría mucho de ahora en más.
—Sólo por si acaso veré que eso se cumpla.
—Creo que te lo pediré de favor, casi podría decirse que me nace ser floja —soltó una risa agotada.
El chico no le respondió, concentrado en echarle un vistazo a la cueva que habían llegado, sin embargo eso no evitó que le tendiera una mano para ayudarla a ponerse de pie.
—Bueno... no parece el lugar ideal para tomar un descanso, pero creo que tu cuerpo lo agradecería —le dirigió la mirada un segundo. Lucy parecía haber estado pensando en algo hace mucho tiempo, pero fue sólo en ese momento que se atrevió a soltarlo.
—¿Crees que algún espíritu pueda ayudarnos? —preguntó, soltando la mano de Gray segundos más tarde y acariciando un poco su propio brazo. En ese lugar el frío estaba mucho más concentrado.
—No perdemos nada con intentarlo.
—En ese caso...
Gray notó que se disponía a sacar una de sus llaves y frunció el ceño.
—Nada de en ese caso, descansa primero.
La interrumpió, haciendo que se detuviera. Lucy le miró un tanto sorprendida y de inmediato comenzó a replicar.
—Sólo es cansancio físico, no pasa nada si invoco a alguien.
Él estaba decidido a evitar que lo hiciera justo cuando acababan de llegar, pero tampoco podía negárselo terminantemente, era su decisión después de todo. Ella sacó la llave de Loke y cuando su amigo apareció seguía con los brazos cruzados.
—Lucy —se inclinó para besar el dorso de su mano—, ¿me necesitas para entrar en calor? Sabes que siempre estaré dispuesto a ayudarte.
Loke le guiñó un ojo y Lucy alejó su mano para abanicar el aire, declinando la extraña invitación que le hacía ya por segunda o tercera vez.
—Ni nada parecido —Ya se había acostumbrado y le daba igual que Loke soltara comentarios como esos en público. Antes más de una vez había hecho que se sonrojara porque más de uno lo había escuchado. Él suspiró, resignado—. Verás... Quería saber si podías sentir energía proveniente del mundo espiritual aquí, en este.
—Si te refieres a lo que creo que te refieres, sí. Es más, ahora que lo pienso... ¡Eh! —Mientras hablaba había volteado, encontrándose con Gray— No te había visto, amigo mío.
—Yo tampoco —contestó con un claro tono de sarcasmo.
—Oh, sí, disculpa—Loke no dejaba de sonreír—. En fin... Si queréis puedo ir a hablar con el Rey Espíritu para que estén más al tanto de la situación. No estoy muy seguro, la energía es débil, pero no me cabe duda que él tiene que saber qué es lo que sucede —Alternó la mirada entre los dos, esperando una respuesta.
—Te lo agradecería, Loke.
—Espero que sea gratamente —Su sonrisa le hacía parecer inocente, el tono de voz... era todo lo contrario.
Entonces sencillamente desapareció. Como los dos estaban mirando a Loke antes de que se fuera, sus miradas inevitablemente se encontraron. Gray fue el primero en moverse, suspirando y apartando la mirada un segundo.
—Vale, exageraba —dijo, haciendo referencia a hace unos minutos, cuando no quería que Lucy invocara a alguno de los espíritus—. ¿Nos sentamos un rato?
—Mi trasero se congelará.
Gray había comenzado a caminar hacia la pared con tal de tener un lugar en el que apoyar la espalda.
—No te preocupes, cuando se te congele te lo sobo para que entre en calor —se burló, aunque parecía estar hablando bastante en serio.
—No seas ridículo —bufó.
—Venga, sólo serán unos minutos. Tu trasero no se resfriará —Se cruzó de brazos una vez sentado, esperando que ella cediera.
Lucy rodó los ojos. Finalmente se acercó y se sentó a su lado. Parte del abrigo le servía de asiento, pero no duraría mucho antes de que la tela se humedeciera. Apoyó su cabeza atrás al tiempo que jugaba con sus pies, golpeándolos entre ellos. Gray le miró por un segundo y reafirmó la posición de sus brazos.
—Si quieres puedes apoyarte en mi hombro. Imagina que se te resfría el cerebro —le dijo, logrando que ella sonriera.
—Tomaré tu oferta, entonces.
Justo como le había ofrecido Gray, inclinó la cabeza hasta su hombro al tiempo que se acomodaba para no quedar tan incómoda.
Ella cerró los ojos un momento, sin embargo Gray no dejaba de mirar al frente. Se la había pasado pensando en si debería decirle o no que había recordado parte de lo que había sucedido. En definitiva sería vergonzoso decir que lo había soñado, porque lo mismo le había ocasionado problemas y Lucy no era idiota. Lucy sabía que eso se podía considerar perfectamente un jodido sueño húmedo.
Y de los cojones, porque todo había sido real. Gray aceptaba que muchas veces había soñado cosas parecidas con Lucy, era inevitable. Se le hacía atractiva, y parecía que le había medio pegado la costumbre de quedar casi desnuda en público. Sin contar la vez que de verdad se apareció desnuda ante ellos, sólo con una toalla, y que encima esta se le había terminado cayendo. ¿Qué chico no iba a soñar ese tipo de cosas conociendo a cuanta chica más atractiva que la otra, y a Lucy? Posiblemente sólo Sting, pero eso no era algo en lo que debiera meterse. Sting y sus cosas raras no eran su asunto.
Se pasó una mano por la cara, tenía que decírselo de algún modo, aunque pasara vergüenza por hacerlo. Sobre todo porque todavía le daba vuelta por la cabeza la promesa que le había hecho. Era cierto que estaba ebrio pero... Cielos, no creía que su atracción por ella iba a tal punto. Pero una promesa era una promesa. Había tantas cosas que no había podido cumplir, que incluso si era una promesa... sin mucha importancia, o trasfondo, o sentido... Seguía siendo una promesa.
Además se supone que borracho uno dejaba los peros de lado y hacía las cosas que alguna vez había pensado en hacer, cosas que no había podido vivir porque algo te detenía. Tal vez siempre había querido decirle a Lucy lo hermosa que era pero por no dar a entender algo que —según él— no era, o porque a ella le gustaba Natsu, o porque no quería provocar problemas, no lo había hecho. También estaba la posibilidad de que sólo había sido un cobarde, y él detestaba eso.
—Lucy...
—Dime —Le indicó que podía seguir, todavía con los ojos cerrados y con la cabeza sobre su hombro.
—Creo que sé lo que pasó cuando estuvimos ebrios.
El silencio de Lucy fue una de las cosas que más le habían hecho sudar en la vida, luego de cuando peleaba y cuando Juvia le amenazaba con sus retorcidas demostraciones de afecto —y cómo olvidar a Erza. Rogó en silencio que no se enojara —por algo de lo que él no estaría seguro hasta que ella decidiera decirle, porque era un chico, no adivino—, ni en ese momento, ni nunca.
Lucy enojada daba miedo y él era de los que lo sabían mejor que nadie.
