Kate estaba sentada sobre la fina arena de la playa, sintió los brazos de él rodeando sus hombros, apoyó la cabeza sobre aquellas manos y sonrió.
-¿Todo bien? - preguntó él dejando un beso sobre la cabeza de su novia.
-Sólo pensaba- contestó ella haciendo que él se tensase- En un rato volvemos a la realidad - con su mano acariciaba la pierna del escritor- ¿Seremos capaces de mantener lo que tenemos allí? - preguntó con algo de miedo- Sobre eso pensaba, estos quince días que hemos pasado aquí, han sido los más maravillosos que he vivido pero no puedo dejar de pensar que cuando regresemos a la rutina igual no logramos mantener lo que tenemos.
-Cariño, mírame - Kate se acomodó y giró la cabeza para hacer lo que él le terminaba de pedir- Todo irá bien, no puedo prometer que no haya días en los que no todo sea color de rosa, pero cuando esos días lleguen hablaremos y juntos los superaremos. Dejaremos el trabajo en la comisaría y cuando lleguemos a casa, sólo seremos nosotros - Kate sonrió al escuchar "lleguemos a casa".
-¿Lo prometes? - Castle sonrió y apretó el cuerpo de la detective contra el suyo.
-Lo prometo.
Miraban por última vez aquella casa dónde habían sido totalmente felices, se tomaron de la mano y llegaron hasta los coches, las sonrisas desaparecieron, recordando que el viaje de vuelta a NY no sería juntos ya que cada uno iría en un vehículo.
-Ten cuidado, nada de correr, ni de hacer el loco - Le dijo totalmente seria Kate a su escritor.
-Lo mismo te digo - pasó sus brazos al rededor de su cintura atrayendola- Te quiero entera en NY - la besó con infinito amor, tras aquello metió su maleta en el maletero y le abrió la puerta del conductor, cerrándola cuando ella estuvo montada - te veo en unas horas - dijo metiendo el cuerpo por la ventanilla y volviendo a besar aquella boca que lo volvía loco- Te quiero detective.
-Te quiero, escritor. Nos vemos en unas horas. ¡Castle! - dijo sacando su cabeza por la ventanilla y haciendo que el se girase- Tengo una duda - Rick se acercó hasta ella.
-Dime - contestó apoyando sus manos sobre el techo del vehículo.
-¿Nos veremos esta noche? - preguntó mordiéndose el labio y clavando su vista en cierta parte de la anatomía de su chico que había quedado a la altura de su boca.
-Kate, mi cara está arriba - dijo él en tono de broma haciendo que ella se sonrojase- Si quieres me paso por casa, dejo el equipaje, el coche y cojo algo de ropa limpia y me voy a tu casa, o lo hacemos al revés como prefieras. Yo tampoco me imagino pasar ya una noche sin tenerte entre mis brazos - Kate sonrió al escuchar eso último.
-En mi casa , me apetece estar en ella con el hombre de mi vida.
Tras varios besos más, al fin se pusieron en marcha, la vuelta fue tranquila, no había mucho tráfico. Ambos conectaron sus manos libres y se pasaron todo el viaje hablando por teléfono entre ellos.
-En serio cariño, no me puedo creer que aún le des vueltas al tema del fantasma - decía ella muerta de la risa.
-Tengo una teoría nueva - Rick no la vio pero supo que ella habría rodado los ojos en ese instante- No era un fantasma, no era Alexander, era mi yo del futuro. Y lo que me contó era sobre nosotros - Kate comenzó a reírse.
-Eres incansable, ¿en serio piensas que era un viajero en el tiempo? - No lo reconocería pero aquellas locas teorías suyas hacía que le pareciese aún más adorable.
-¿Me puedes demostrar que estoy equivocado?
-Castle, los viajes en el tiempo no existen.
-Y eso lo dices por propia experiencia, ¿no?
-Dios, Castle, eres peor que un niño - dijo riéndose - ¿Te apetece que paremos a tomar un café?
-Detective me has leído la mente.
Ambos tomaron la siguiente salida, hasta llegar a Syosset, en aquella localidad pararon sus vehículos frente a una cafetería.
Al salir de los coches, ambos estiraron los músculos, y sonrieron al mirarse. Entraron en el local tomados por la cintura, se sentaron en una mesa al final del local y ambos pidieron un café y una porción de tarta.
Aquella parada les llevó no más de media hora, tras besarse, abrazarse, volverse a besar ambos se separaron volviendo cada uno a montar en su coche.
El resto del camino continuó entre charlas, confesiones, risas, bromas.
-Cariño, nos vemos en un rato en tu casa - Dijo Castle tomando la dirección hacia su loft una vez entraron en Manhattan.
-Nos vemos luego. Te quiero - contestó ella antes de colgar.
Kate llegó a su casa, al entrar dejó la maleta junto a la puerta y suspiró, no lo pudo evitar, sabía que en unas horas volverían a estar juntos pero le echaba tremendamente de menos. Negó, aquello no era normal, su necesidad de estar cerca de el escritor le daba algo de miedo.
Tomó la maleta y subió a su dormitorio, lo primero era darse una ducha, después ya desharía el equipaje. Tras la ducha regresó al dormitorio, envuelta en una toalla, abrió el cajón de la ropa interior, eligiendo un bonito conjunto negro de encaje, sonrió mordiéndose el labio al pensar que aquella sería la primera noche que ambos pasarían en su cama.
Castle, se encontraba colgado del teléfono, mantenía una acalorada discusión con Gina.
La rubia seguía empeñada en dejar de ser su editora - Te lo advierto Gina, si es necesario iré a los tribunales, si me dejas estarás incumpliendo nuestro contrato.
-Estás de broma, ¿no? - Preguntó fuera de sí la rubia- Me tratas como a una mierda, y aún pretendes que todo continúe como si nada hubiera pasado.
-No fue un problema cuando nos divorciamos, no entiendo porque ahora sí lo es- trataba de hacerla entrar en razón.
-No es lo mismo, cuando pusimos fin a nuestro matrimonio fue una decisión de ambos, no hubo engaños, ni traiciones, pero esta vez me has usado como un trapo. No te lo voy a perdonar
-Gina, en serio, ya no sé como pedirte disculpas. Es trabajo, nada que ver con la vida personal.
-Perro resulta que no puedo separarlo, no esta vez. Esta conversación no me hará cambiar de idea, no voy a continuar siendo tu editora, y si crees que debes denunciarme hazlo - dijo colgando.
Castle lanzó el teléfono sobre el sillón de su despacho, necesitaba a Gina, era la única que lograba hacer que cumpliera los plazos, sin ella sería un caos. Decidió llamar a Paula, tal vez ella pudiera convencer a la rubia.
