Disclaimer: Naruto, todos sus personajes y lo referente al mundo shinobi es propiedad intelectual de Masashi Kishimoto. La historia es una adaptación del Libro "Riesgo Aceptable", de Robin Cook. Su Trama, historia e ideas son de su autoría. Yo sólo adapté la historia para el disfrute, sin fines de lucro ni nada parecido, sólo por diversión.

Advertencias:Adaptación del Libro "Riesgo Aceptable" de Robin Cook. Varias escenas son completamente nuevas, otras, son variaciones de las originales del Libro. Algo de OOC en los personajes de Naruto, por imprimirlos en los respectivos personajes que representan. AU. Línea diferente de tiempo de relato. Sólo hecho para disfrute, sin fines de lucro cesante ni daño emergente.


Capítulo 7 . Continúa la Búsqueda


Sábado 27 de julio de 2013

Hinata y Menma no se pusieron en marcha temprano. En vez de ello, el joven pasó la mitad de la mañana en el teléfono. Llamó al contratista y al arquitecto de Hinata y habló con ellos respecto a ampliar las obras para incluir el nuevo laboratorio. Acordaron encontrarse en la propiedad a las once. A continuación, llamó a varios vendedores de fabricantes de equipo para laboratorios médicos y programó una cita para verlos a la misma hora. Menma y Hinata no subieron al Porsche sino hasta mucho después de las diez. Cuando se estacionaron frente a los establos, un grupo de personas los aguardaba. Menma les hizo una seña para que se reunieran cerca de la puerta deslizable cerrada con candado.

La construcción era una larga estructura de piedra de un solo piso; tenía unas cuantas ventanas en lo alto, debajo de los aleros.

Puesto que el terreno caía en forma pronunciada hacia el río, la parte posterior contaba con dos pisos. Hinata tuvo que probar varias llaves antes de encontrar la correcta para abrir el grueso candado. El interior era una habitación larga, enorme y sin divisiones, con un techo tan alto como el de una catedral.

-Es perfecto -dijo Menma-. Mi idea de un laboratorio consiste en un espacio grande para que cada investigador tenga interacción con los demás.

Una escalera de basta madera de roble conducía al nivel inferior, en el que se encontraron con un pasillo largo con compartimientos a la derecha y cobertizos para guardar los arreos, a la izquierda. Hinata escuchó los planes para convertir las caballerizas rápidamente en un laboratorio con tecnología de vanguardia. Abajo se ubicarían las instalaciones para los animales que iban a usar para los experimentos. El piso superior albergaría el laboratorio principal, así como la computadora central. Cada una de las mesas del laboratorio tendría su propia terminal. Para suministrar energía a todo el equipo electrónico, instalarían una enorme planta eléctrica.

Después del recorrido, Menma se volvió hacia el contratista y el arquitecto.

-¿Creen que haya algún problema?

-No lo creo -repuso Akatsuchi-. Sin embargo, sugiero que diseñemos una entrada con un área de recepción.

-No vamos a recibir a muchos visitantes -les aclaró rápidamente Menma-. Pero me parece bien que la diseñen. ¿Qué más?

-No creo que tengamos ninguna dificultad para obtener los permisos -dijo Darui-. Siempre que no mencionemos el asunto de los animales. Eso podría crear problemas y se requeriría de mucho tiempo para resolverlos.

-Con gusto dejaré que ustedes se encarguen de las relaciones con las autoridades civiles -comentó Menma-. Lo que me interesa es agilizar este proyecto. ¿Cuándo pueden empezar?

-De inmediato -respondieron Akatsuchi y Darui al unísono.

-Espero que los trabajos menores que les encomendé a ambos no vayan a retrasarse por este proyecto más importante -manifestó Hinata al hablar por primera vez.

-No se preocupe -dijo Darui-. En todo caso, aceleraremos las obras en la cabaña. Vamos a traer una cuadrilla grande de trabajadores por si necesitamos un plomero o un electricista.

Mientras que Menma, el contratista, el arquitecto y los diversos vendedores de equipo médico se dedicaban a afinar los detalles para el nuevo laboratorio, Hinata cruzó el campo para inspeccionar las obras de renovación. El trabajo avanzaba bien y, por primera vez, imaginó cómo se vería la cabaña cuando la terminaran.

Deambuló de regreso a los establos, pero no había asomos de que Menma fuera a terminar su reunión. Lo interrumpió sólo para avisarle que iba a estar en el castillo.


Dejó atrás la luz del Sol radiante y entró en el sombrío interior del castillo, de cuyos ventanales pendían pesados cortinajes; era como entrar a otro mundo. Oyó los crujidos y rechinidos de la casa que se adaptaba al calor; luego subió por la gran escalinata. A pesar de su reciente éxito en la bodega, pensó en echar un vistazo al ático, en especial porque era un lugar mucho más agradable.

Al abrir una ventana de gablete para dejar entrar la brisa fresca que venía del río, notó una pila de legajos empastados en tela, que estaban ordenados a lo largo de una pared a un lado de la ventana. Tomó uno de los libros y vio el lomo. Escritas a mano con tinta blanca, leyó las siguientes palabras: Bruja del mar. Sintió curiosidad y abrió el libro. Al principio, pensó que se trataba de un diario, porque todas las entradas, escritas a mano, empezaban con el día del mes seguido por una narración, pero pronto se dio cuenta de que era la bitácora de un barco que abarcaba los años de 1791 a 1802. Luego, Hinata colocó el volumen en su lugar y miró los lomos de los demás libros. Había siete con el nombre Bruja del mar. El más antiguo comprendía de 1737 a 1749.

Entonces descubrió un libro con lomo de cuero desgastado, que no tenía nombre. Lo abrió y vio la página del título. Era la bitácora de un bergantín llamado Esfuerzo y abarcaba los años de 1679 a 1703. Con delicadeza pasó las hojas viejas y avanzó por el texto, año por año, hasta llegar a 1692.

El primer registro del año había sido hecho el veinticuatro de enero. Describía el clima frío, con cielo despejado y buenos vientos del oeste. Continuaba narrando que el barco zarpaba a Liverpool y llevaba una carga de aceite de ballena, madera, pieles, bacalao y macarela secos. A bordo iba un pasajero distinguido, el señor Hizashi Hyuga, dueño de la embarcación. La bitácora explicaba que el huésped iba de camino a Suecia para tomar posesión de una nueva nave que se llamaría El espíritu del mar.

Emocionada, Hinata cerró el libro y bajó del ático a la bodega. Al abrir la caja de la Biblia, sacó el título de propiedad que había descubierto y comprobó la fecha. Tenía razón. Hikari había firmado el título porque en ese momento Hizashi realizaba su travesía.

Descifrar uno de los misterios relacionados con Hikari, aun cuando fuera insignificante, provocó en la joven un sentimiento de satisfacción. Guardó el título de propiedad en la caja de la Biblia y se encontraba en el proceso de agregar la bitácora del barco a su pequeña colección, cuando tres sobres atados con una cinta delgada se deslizaron de la cubierta posterior.

Con manos temblorosas, Hinata levantó el esbelto paquete. El primer sobre estaba dirigido a Hizashi Hyuga. Después de desatar la cinta, descubrió que los demás también estaban dirigidos a él. Con gran emoción, abrió los sobres y encontró tres cartas, fechadas el veintitrés y veintinueve de octubre y el once de noviembre de 1692. La primera era de Shikaku Nara, uno de los jueces del tribunal que participó en el juicio de Hikari.

Boston, 23 de octubre

Mi querido amigo:

Comprendo que tu espíritu se encuentre aún atribulado, aunque confío en el nombre de Dios que tu reciente matrimonio alivie tu desasosiego. También comprendo tu deseo de impedir la divulgación de la lamentable asociación de tu difunta esposa con el Príncipe de las tinieblas. Para este propósito, te ruego acudir al reverendo Chouji Akimichi, en cuyo sótano viste la obra infernal de tu esposa. La custodia oficial de las pruebas ha sido otorgada en perpetuidad al reverendo Akimichi, en atención a su solicitud.

Quedo como siempre, tu amigo,

Shikaku Nara

Frustrada por descubrir otra referencia a las misteriosas pruebas sin que éstas fueran descritas, Hinata abrió la segunda carta. Era de Chouji Akimichi.

Boston, sábado 29 de octubre

Señor:

Acuso recibo de su reciente carta y aunque comprendo cabalmente su deseo de proteger a su familia de mayores humillaciones, creo con firmeza que las pruebas contra Hikari deben preservarse para beneficio de futuras generaciones en su eterna lucha contra las fuerzas del mal, como ejemplo sin igual del tipo de pruebas necesarias para determinar con objetividad un verdadero pacto con el diablo. Respecto a ello, mi padre, el buen reverendo Chouza Akimichi, que en la actualidad es el presidente de Harvard Colledge, y yo hemos decidido que las pruebas deben conservarse en dicho lugar.

Su servidor en el nombre de Dios,

Chouji Akimichi

Hinata no estaba muy segura de entender todo el contenido de la carta, pero lo fundamental era fácil de comprender. Abrió la última. Al ver la firma, de inmediato se dio cuenta de que lo había escrito Chouza Akimichi.

Cambridge, 11 de noviembre de 1692

Señor:

Simpatizo totalmente con su deseo de que las pruebas antes mencionadas sean devueltas a su disposición privada; sin embargo, estoy convencido de que es la voluntad de Dios que el legado de Hikari se conserve en Harvard para que sirva como una importante contribución al establecimiento de criterios objetivos del derecho eclesiástico en relación con la brujería y la abominable obra del demonio. Siempre que los apreciables miembros de la Corporación de Harvard juzguen conveniente fundar una escuela de derecho, las pruebas se enviarán en ese momento a dicha institución.

Quedo de usted su servidor,

Chouza Akimichi

-¡Maldición! -exclamó Hinata en voz alta después de leer la tercera carta. No podía creer lo afortunada que había sido por encontrar tantas referencias a las pruebas contra Hikari Hyuga y que no supiera todavía en qué consistían. Sin embargo, había averiguado un hecho muy significativo: las pruebas, cualesquiera que fuesen, se habían cedido a Harvard en 1692.

Hinata se preguntó entonces si podría encontrar alguna referencia a dichas pruebas en la institución en la actualidad y, en caso de intentarlo, si se burlarían de ella.

-Ah, ahí estás -llamó Menma en voz alta desde la parte superior de la escalera de la bodega-. ¿Tuviste suerte?

-Ven a ver -gritó Hinata como respuesta.

Menma bajó los escalones y leyó con atención las cartas que Hinata le había entregado.

-Son maravillosas -comentó-. Estoy completamente seguro de que la gente de Harvard se interesará en ellas, en especial en la de Chouza Akimichi.

-Tienes razón -dijo Hinata-. Estaba pensando en ir a Harvard a preguntar por las pruebas. Temo que se rían de mí, pero tal vez podría hacer un trato.

-Ellos no van a reírse de nadie -comentó Menma, tajante-. Puedo asegurarte que alguna persona de la Biblioteca Widener consideraría muy interesante esta historia. Por supuesto, no rechazarán la donación de la carta. Posiblemente estén dispuestos incluso a comprarla.

Hinata tomó las cartas de manos de Menma y las colocó en la caja de la Biblia. Luego miró el largo pasillo de la bodega, con los muebles que la ocupaban, llenos de documentos.

-Ojalá encuentre una descripción de esas pruebas -deseó-. Tengo que seguir tratando -miró a Menma-. ¿Quieres regresar ya a Boston?

-Sí -reconoció Menma-. Tengo mucho que hacer ahora que Omni va a convertirse en realidad. Pero tomaré el tren, si quieres quedarte aquí.

-Bueno, si no te importa -repuso Hinata. El hallazgo de las cartas la había estimulado.


Viernes 2 de agosto de 2013

El día empezó calido, brumoso y húmedo. Había llovido muy poco durante todo el mes de julio y la sequía continuaba en agosto, así que el césped del Boston Common, que se encontraba frente al departamento de Hinata, empezó a cambiar de tonos y a pasar de verde a marrón.

En el hospital, agosto trajo cierto alivio para Hinata. Naruto había empezado su contrato temporal de dos meses en el Salem Hospital, de modo que no tenía la inquietud de que iba a verlo cara a cara todos los días en la Unidad quirúrgica de terapia intensiva; además, había concluido las negociaciones con el Departamento de Enfermería para conseguir una licencia a fin de ausentarse en septiembre. Agosto también proporcionó a Hinata un poco de tiempo libre, ya que Menma estaba fuera de la ciudad en su misión secreta de reclutamiento de personal para Omni Pharmaceuticals. Sin embargo, no la olvidaba. Las flores continuaban llegando. Aunque en lugar de arreglos grandes, las entregas consistían entonces en una sola rosa al día, lo que Hinata consideraba mucho más apropiado. No tuvo problemas en ocupar su tiempo. Por las noches, continuó con sus lecturas sobre los juicios por brujería en Salem, y se había hecho el propósito de visitar la propiedad todos los días. La construcción del laboratorio avanzaba a pasos agigantados y los trabajos de pintura se iniciaron en la cabaña.

En cada visita a la propiedad de Salem, Hinata pasaba algún tiempo en el castillo revisando con cuidado el cúmulo de papeles polvorientos. Los resultados fueron decepcionantes.

A pesar de que descubrir las tres cartas la había estimulado, veintiséis horas de búsqueda subsecuente no habían rendido frutos. En consecuencia, el jueves decidió llevar la carta de Chouza Akimichi a Boston. Planeaba entregarla a la gente de Harvard después de salir de trabajar.

Recordó el comentario de Menma acerca de la Biblioteca Widener y decidió probar suerte primero en ese lugar. Ya casi eran las cinco cuando subió los anchos escalones y pasó entre las columnas impresionantes. En el mostrador de información, solicitó hablar con alguna persona especialista en documentos muy antiguos. La enviaron a la oficina de Naoko Watare.

Naoko Watare, curadora de libros y manuscritos raros, era una mujer dinámica de casi cuarenta años, vestía un traje azul oscuro elegante, blusa blanca y una pañoleta de colores brillantes. Era difícil que se ajustara a la imagen estereotipada que Hinata tenía de una bibliotecaria. Preguntó a Hinata en qué podía ayudarla.

Hinata sacó la carta y se la entregó, al tiempo que le informaba que era descendiente del destinatario. Empezó a explicar lo que quería, pero Naoko la interrumpió:

-Discúlpeme -dijo-. ¡Esta carta es nada menos que de Chouza Akimichi! Permítame llamar a Shizune Kato.

Colocó la carta en su cartapacio y tomó el teléfono mientras explicaba a la visitante que Shizune era especialista en materiales del siglo diecisiete y que estaba muy interesada en Chouza Akimichi.

Shizune llegó sin tardanza. Era una mujer joven, de cabello negro azabache. Tras presentar a Hinata, Naoko le mostró la carta. Shizune usó sólo la yema del dedo para dar vuelta a la carta y poder leerla.

-¿Qué opinas? -preguntó Naoko.

-Es auténtica -manifestó Shizune-. Me doy cuenta de ello por la letra manuscrita y la sintaxis. Pero, ¿de qué pruebas habla?

-Esa es la cuestión -contestó Hinata-. Intento averiguar algo acerca de mi antepasada Hikari Hyuga. Tengo la esperanza de que Harvard me ayude, puesto que las pruebas, cualesquiera que sean, se guardaron aquí -Hinata explicó que habían arrestado a Hikari, la habían sometido a un juicio por brujería en Salem y que las pruebas se utilizaron en contra de ella para condenarla.

-Con mucho gusto revisaré mis archivos para ver si encuentro el nombre de Hikari Hyuga -prometió Shizune-. Sea cual fuere ese objeto, tiene que haber alguna referencia a él, puesto que Akimichi confirma que se conservó en Harvard. ¿Me permite hacer una copia de la carta?

-Por supuesto -respondió Hinata-. En realidad, cuando termine con esta especie de cruzada en pequeño, será un placer donar el original a la biblioteca.

-Eso sería muy generoso de su parte -repuso contenta Naoko. Intercambió una mirada con Shizune y luego añadió-: No quiero parecer pesimista, pero las probabilidades de encontrar algo aquí son muy remotas. Hubo un gran incendio en Harvard en 1764, en el que no sólo la biblioteca perdió la mayor parte de sus libros, sino también una colección de animales y aves disecados y, lo más extraño de todo, una colección a la que denominaban "depósito de curiosidades".

-Eso suena como si ésta hubiera incluido objetos asociados con ocultismo -sugirió Hinata.

-Sin lugar a duda -repuso Naoko-. Es muy probable que lo que usted busca haya formado parte de esa colección misteriosa.

-Sin embargo, eso no significa que no pueda encontrar alguna mención a esto -observó Shizune -. Voy a dedicarle a ello todos mis esfuerzos.

Hinata se despidió de las mujeres y procedió a salir de la biblioteca.


Fin del Capítulo 7 -Hola Chicos y Chicas! Como siempre, Cualquier duda que tengan, no duden en enviarme un MP o búsquenme en el foro "Grandes Juegos Mágicos" del cual soy Moderador, os invito a que se pasen por el mismo si son megafanáticos de Fairy Tail. Si quieren compartir con gente amena y divertida sobre nuestra serie favorita, jugar divertidos juegos, participar en nuestro juego de Rol y en los retos como este, sólo deben pasarse por allí y encantados los recibiremos…

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Nos vemos en el siguiente capítulo…

De Pie, Reverencia, ¡Aye Sir!

El Siguiente Capítulo sera: Hogar, Dulce Hogar