Capitulo 10
Al morir desaparece
Albert entró sin hacer ruido, escuchaba la conversación, los velos que rodeaban la cama, no dejaban que viera que entraba, se escondía para sorprender a su esposa,
-Los jóvenes Andrew se lo pueden explicar, mi amor. Ella sonrió, sin moverse mucho pues su bebe comía de su pecho en ese momento, Albert se acercó, beso sus labios ella lloraba al tenerlo cerca, se recargaba en su abrazo, el pequeño termino de comer, Candy se arreglaba y lo elevaba para repetirlo, entregando a su hijo en brazos de su Padre, quien no dejaba de verlo con una sonrisa.
Tomo a su hijo en brazos, lo arrullaba junto a su esposa, lo recostó en su cunita, levantó a Candy en sus brazos de forma muy efusiva la besaba, la acunaba como si fuera a arrullarla
-Perdóname mi amor, quería estar desde antes a tu lado, siento mucho que pasaras por todo esto, que sintieras, la ausencia y faltarte a mi promesa, no es fácil enfrentarlo
-Mi cielo, agradezco a Dios que Altaír, te trajo a mí, el estaba tan inquieto, que no deseaba irse por el pequeño William, pero sabía que me moriría de tristeza, si no volvías a mi lado, el ya no me lo podría decir.
-Lo sé, ahora también sé que ellos son los jóvenes Andrew, que la leyenda los mandaría a tierras distintas donde encontrarían un destino diferente.
-Tal vez ya no los escuche, me consuela tener un lazo de sangre de los Andrew, para poder estar cerca de ellos y no sentir su rechazo.
-Mi vida, sabías que esto pasaría, aun así, deseabas con anhelo que estuvieran conmigo, si lo más hermoso para ellos eres tú, el mismo Altaír, esta triste porque no podrás escucharlo ahora,
-Lo haré a través de ti, eso es muy importante, pues ahora el imposible de separarnos se hace mayor a tu lado. Un tierno beso, iniciaba para encontrar a la pareja más bella y enamorada de los Andrew, entraba en ese momento William Padre, quien descubría en brazos de su hijo a su niña, lloraba
-Hija, nació mi nieto, nació mi William, dime hija, donde esta ese pequeño que hizo de su abuelo no solo hablar con los corceles, sino viajar de Escocia a América solo para conocerlo,
- ¡Padre! Dijeron al unísono la pareja, mientras Albert bajaba a su esposa, Candy se cubría con su bata. Albert levantaba a su hijo para ponerlo en brazos de su Padre, quien lloraba al tenerlo, dijo
-Estoy tan feliz, ahora hija tienes contigo tres generaciones de Andrew en tus brazos, espero sean para ti, la alegría, como lo has sido tú para mí. Candy abrazo a su Padre, emocionada, entraba Alister, Anthony, Archie, emocionados Anthony dijo,
-Abuelo, los corceles nos dejaron montarlos, son bellos, Albert vio a Candy ella sonreía, se acercó a ella la abrazaba de su cintura, ella dijo
-Ellos ahora son los Jóvenes Andrew, como ustedes, gracias al pequeño William, ahora ellos los dejarán estar a su lado, todos los Andrew podrán montarlos, Alister dijo
-Ya lo comprobamos, fue el viaje más largo que hemos hecho en nuestras vidas, ¿Verdad Archie?
-Ni que lo digas todavía me duele la cintura de la montura y la velocidad de esos jóvenes Andrew. El abuelo dijo
-De verdad, son Andrew esos corceles, Candy se acercó, le dijo
-Compruébelo Padre, usted se merece estar con ellos más que nadie, verá que todos lo seguirán, lo querrán como le dijo Albert, ¡sus nietos! Albert sonrió cuando lo recordó, ahora todo lo que diga o haya dicho era seguro para los corceles.
Pasaron algunos meses, llegaron Rosemary, Antonio, sus hijas y la Tía Elroy, esta para quedarse ahora con Candy.
-Hija mía es muy triste estar lejos de ti, definitivamente no me alejes de tu lado. Dejando asombrado a Antonio al escuchar a la dama, abría los ojos le dijo a su esposa,
-Rose las personas se comportan con nosotros serios, porque nosotros se lo provocamos, esta dama cambio mucho porque Candy siempre la vio de forma diferente, es increíble escuchar tanta devoción por Candy. Ambos se sonreían
Los jóvenes estaban con ropas para montar, la sorpresa de Rose y Antonio fue ver a Anthony montando los corceles de Candy, todos los Andrew estaban ahí, con Albert quien lucía de nuevo el cabello un poco largo, no traía la vestimenta de montar, sino un pantalón negro cómodo, una camisola blanca de cuello, ligera abierta, este galopo recio, todos los corceles se fueron tras de él incluyendo quienes traían a sus sobrinos, Candy con su pequeño los miraba muy orgullosa, Rosemary se acercó, dijo
-Porque ahora están con ellos los corceles Candy,
-Ahora son los jóvenes Andrew esos corceles, todos los Andrew pueden montarlos, son familia de ellos, gracias a este pequeño Rose. Mostrando a su bebe, quien tenía el cabello rubio rebelde, unos ojitos azules, era tan hermoso como sus padres.
Regresaban los jóvenes Candy vestía de algodón un vestido blanco hermoso, fresco y su cabello suelto, se acercó veía a su esposo, tan atractivo como los corceles, él la vio, notaba la nostalgia de no poder escuchar a sus corceles, ella sonreía, se acercó a ella, su hijo estaba en los brazos de Rose, con un brazo, la subió a su piernas, Altaír, relincho y como si no tuviera carga extra, cabalgaba veloz, abrazada a Albert, este le decía,
-Candy dice Altaír que lo haces el corcel más feliz del mundo pues ahora has sacrificado todo por mí, para que este supiera que soy tu favorito, Candy, ambos reían, por recordar que Altaír quería mucho a Albert. Candy dijo
-Altaír, nadie puede querer a Albert más que yo, no más que yo. Jamás nadie querrá a Albert más que yo. Lo abrazaba, posaba su rostro en su pecho, el sonreía al tener a Candy en sus brazos, cabalgar con ella, se sentía en la gloria.
-Candy tendremos que viajar a New York a la boda de Terry, casi se cancela por lo sucedido, ahora han hecho hasta lo imposible para que salga de lo mejor.
-Claro amor, solo asegúrate de que regresemos, para estar con los corceles, ahora eres tu quien debe estar cerca, no yo.
-Si lo sé, también tenemos una nueva mansión en New York, en Chicago, por si desean viajar, con nosotros ellos tengan a donde ir y llegar como su hogar, Altaír dice que el mundo es el límite, que gracias a los Andrew ahora son Internacionales, se reía Candy.
-Dile eso a Achernar, para que regañe a Altaír, te reirás mucho. Achernar se acercó, con la trompa tocaba las manos de Candy ella se le salieron las lagrimas, vio que todos los corceles se acercaban, les dijo
-Mi corazón siempre los siente, los escucha y los ama, gracias por estar cerca por quererme y sobre todo por cuidar de mi corazón, que son ustedes y todos los Andrew.
Albert escuchaba la respuesta de los corceles se sentía muy orgulloso de su esposa, - Amor dice Achernar que ahora tu eres su favorita, que cuando desees el te llevará a mi lado, que nadie lo conoce mejor que tu, me está retando Candy, dice que te quiere más que yo, ambos se reían,
Pasaban los días, Rose y Antonio se quedarían con los niños en Lakewood, a cargo de el pequeño William se quedaban también el abuelo y la Tía, mientras Alister y Archie los acompañaban.
En la boda, los jóvenes eran reconocidos, las damas estaban tras ellos, felices porque podían ver que ambos eran caballeros de renombre, Terry de inmediato los presento con la Duquesa Britter y la baronesa O`Brien, quienes eran muy hermosas, tomadas en cuenta por ambos, bailaban, Albert no se despegaba de Candy, había tantos caballeros y recordaba lo sucedido, el secuestro a parte Candy había recuperado muy rápido su figura quedando su cuerpo aun más escultural y atractivo, aunado a su belleza, Albert se sentía como corcel en celo, no quería hablar de negocios, y mejor bailaba con Candy, se sentía irritado.
-Amor te siento distante, molesto
-No te quitan la mirada los caballeros amor, que quieres que te diga
-Que saben lo mucho que te amo, esta lo acariciaba y lo besaba con delicadeza
-Candy nunca me había sentido irritado
- ¿Irritado?
- Furioso
-Desde cuando
-Desde hace unos momentos
-Debemos salir, envía un telegrama, investiga como esta nuestro hijo, vamos
-Que sucede
-Trata de pensar en los corceles, trata de imaginarlos, de sentirlos, dime lo que sea
- No puedo, es mucho la molestia que siento
-Piensa, relájate, es nuestra familia, la que está en riesgo
- Se salían, tomaba aire, por fin, Albert sentía lo que sucedía, el pequeño desapareció y no podía decirle a Candy, porque su padre estaba herido, de inmediato, envió telegrama y George llegaba a Lakewood, con doctores, todo se movía, dejaba a Candy sin saber nada y se iba con dos corceles, el pequeño fue robado, varios de los corceles los siguieron.
Candy al enterarse vio que todo estaba en total agonía, ella fue a los corceles, vio a Achernar y a los pequeños que ya crecían, sin permiso se iba en él y hablaba
-Achernar, te he escuchado mucho, es ahora que me escuches, quiero ir a donde mi hijo, lo sabes, sabes que me necesitan, lo siento, es hora de ir, este se inquietaba, agregó
-No necesitas decir nada, no avises, solo ve, no digas que voy.
El corcel agarraba velocidad, salía sin mucho que llevar, se iba de inmediato ya habían pasado días, el rumbo Illinois, Candy estaba cansada, pero no se acercaba por completo, ahora a lo lejos veía a los corceles, era una finca hermosa con mucho lujo, no se veía a nadie, no quería interferir y esperaba, hasta que escuchó un disparo, los caballos se abalanzaron, de inmediato se oían más disparos, Candy esperaba con Achernar, lloraba desesperada, dejaron de oírse disparos, entro, vio a Anael con un disparo en la cabeza y Altaír en el pecho agonizante, un hombre escondido para encontrar a Albert y ella con Achernar molesto, alzo las patas dejando al hombre con la cabeza destrozada.
Achernar no dejaba bajar a Candy, seguía por el camino, se encontraba a Albert herido con su hijo en brazos, esta lo cargaba, de tras llegaba Antares, quien levantaba a Albert, Candy salía con el pequeño, Albert herido, ella salió del lugar, lloraba agonizando por Altaír y Albert débil por la herida.
En las cercanías del bosque, curaba a Albert, lo cubría, dijo
-Aldebarán, quiero ver si Altaír esta muerto o no. Albert contestó
-Ambos están muertos Candy, Altaír acaba de irse y Anael hace dos horas, dijo Albert consternado con la cara desencajada.
-Debemos ir por sus cuerpos, dijo Candy
- Ya no están desaparecieron como el viento, son libres, sacrificaron sus vidas por mi hijo y por mí, ya no son jóvenes Andrew, se han ido, Candy abrazó a Albert llorando.
Con una navaja Candy extraía la bala del hombro de Albert, después, lo cubría, entraban en una cueva, donde se cubrían, para seguir montando de regreso. Albert no hablaba, estaba distraído, Candy lo dejaba tranquilo, pasaron muchos días, hasta que llegaron a Lakewood, los caballos venían lentos, la casa se llenaba de luto, el abuelo William había muerto, regresaban directo al sepelio, Candy y Albert estaban ahí, consternados, llegaban muchos de fuera a verlos, la casa donde habían robado al niño, fue encontrada con muchos cuerpos, Albert solo recupero a su hijo, no había marca de los corceles, por tanto no se sabía que había ocurrido.
