Cap 10: Ataques del pasado. Día 3(parte II)
No tenía ni idea de cuánto tiempo se quedó allí, con los ojos cerrados escuchando como todos preguntaban quién era, por qué no había aparecido antes y más cosas que a duras penas captaba ya que todos hablaban al mismo tiempo, luchando por su atención. Atención que no llegaba a tener ninguno ya que el rubio seguía luchando con todas sus fuerzas para que el instinto no le arrebatara del todo la conciencia.
Un aullido llamó la atención de Naruto, así que decidió dejar a parte todas las demás voces y puso todo su interés en ella.
El sonido mostraba el dolor y la desesperación que sentía en ese momento la causante de aquellos sonidos tan agónicos. Naruto entendió a la perfección lo que le estaba demandando aquél licántropo. Le estaba pidiendo ayuda con tanta desesperación que Naruto no se planteó si era seguro ir, sino que al segundo, aulló expresamente para decirle a la desconocida que ya iba a por ella.
Hubo respuestas por todas partes, pero el rubio ignoró las voces y se precipitó hacia delante, guiándose del recuerdo de su voz.
Pronto dejó de escuchar más que sus pasos veloces por el bosque. Parecía que todos los demás lobos estuvieran conscientes de que ya no estaba con ellos, que debían mantener silencio para que él se pudiera concentrar.
Sus pasos eran veloces esquivando con gran agilidad los árboles y arbustos que se interponían en su camino. Naruto se sorprendió ante eso, ya que en su interior se sentía uno con el bosque. Era... era bastante extraño pero aún así le gustaba. Se sentía completo. Como si siempre hubiese estado esperando ese momento. Un sentimiento de felicidad lo inundó. Pero aún así algo le decía que eso no era nada comparado con el hecho de dejarse llevar por el fuerte instinto que le suplicaba una y otra vez en que se convirtiera del todo. En que se volviera uno del todo con aquella naturaleza que ahora esquivaba con velocidad. Pero el rubio no estaba dispuesto a comprobarlo.
En ese instante, Naruto se estaba permitiendo ser inhumano, ser anormal pero nunca más. Esa noche era la noche de no ser él, de volver a ser lo que había sido alguna vez, algo incorrecto, al que no era ni un hombre ni un licántropo. Mañana volvería a ser Naruto Uzumaki el estudiante de quinto año de filosofía, un chico rayando lo normal, acariciando lo aburrido.
Ya había salido del bosque y ahora sorteaba edificios. Daba gracias a que fuera tan tarde para que las calles estuvieran desiertas y así poder ir tan rápido como podía, aunque si eso no fuera así, tampoco lo hubiesen visto ya que iba a una velocidad inhumana.
Pronto llegó a un descampado que estaba en completo silencio. Naruto miró a su alrededor con el corazón palpitándole a mil por segundo. Frenó a la mitad del lugar y observó en la oscuridad su alrededor.
Estaba seguro que su instinto no le fallaba y que ese era el lugar, pero no podía estar del todo seguro. Otra vez sintió que tenía un gran vacío en lo que se refería al conocimiento del licántropo. Eso le frustraba claramente. ¿Cómo estar seguro de algo que ni siquiera sabes pero aún así una parte de ti grita tan fuerte que es así? ¿Como no pensar que es en otro lugar cuando su propio cuerpo temblaba ante la emoción de estar en el lugar correcto?
Aún dudando de todo, pensó en aullar de nuevo para que la chica lobo(sí, porque era una chica. Extrañamente ante el sonido del aullido podía distinguir perfectamente el sexo de su dueño, así como también su posición si se concentraba en demasía) lo guiase de nuevo por si se había equivocado cuando escuchó un tenue gimoteo seguido de lamentaciones perrunas que le permitieron encontrar a un animal un poco más pequeño que un lobo normal de un pelaje anaranjado con toques negros y unos ojos oscuros y tristes. Naruto supo enseguida que no tendría más de seis o siete años.
Se acercó con vacilación temiendo que la chica no le reconociese como un igual o si por culpa del terror que sentía se tornase violenta y acabase herido. Pero sea lo que fuese lo que pensó, no le hizo nada, tan solo mirarle fijamente sin dejar de lamentarse mientras que se hacía un pequeño ovillo.
Naruto pronto se percató de que estaba atada por el cuello y las patas con cadenas. Esto le trajo más de un recuerdo que se obligó a apartar de su mente, intentando calmarse para, a su vez, tranquilizar a la niña que había delante de él. Cogió con cuidado la dicha cadena y vio no muy lejos un metal donde se hallaba atada con un solo candado. Como si la niña no pudiese quitarlo sola, aunque Naruto dudaba que lo hiciese alguna vez. Pero él no era la niña.
El rubio se acercó y cuando iba a romperlo una voz lo distrajo, erizándole la piel.
Se giró con brusquedad, entre sorprendido y asustado.
–¿Qué haces?
Observó al vampiro que se alzaba ante él, con porte prepotente.
–Soltarle–contestó sin más para volver la vista al candado.
Se había olvidado completamente de colmillitos. Pero justo ese momento no tenía tiempo para pensar sobre eso y menos pararse a pensar desde cuándo le estaba siguiendo(pregunta bastante obvia, la verdad).
–No es tuyo, tiene un dueño.
Esa frase, esa maldita frase, provocó a Naruto lo impensable.
Rugió de tal manera que cualquier ser viviente en un radio de 10Km lo habían escuchado. Apretó con fuerza la el candado provocando que éste se hiciera pedazos cumpliendo así su objetivo inicial, pero en ese momento ésto no le importó en lo absoluto.
En un pestañeo estaba encima del vampiro quien, sorprendido, observaba aquellas frías pupilas que destellaban en furia.
Naruto se acercó a él hasta que sus narices se rozaban y sus respiraciones se entremezclaban.
–No es un puto objeto–gruñó entre sus dientes apretados por la rabia contenida–. Es un niña de apenas siete años que no ha hecho absolutamente nada, sólo nacer con la maldición de tener que compartir mundo con vosotros, asquerosos vampiros.
Dicho eso, se levantó del suelo, dejándolo tumbado tal cual como estaba.
–No porque os creáis superiores significa que lo seáis.
–Lo somos–contestó sin inmutarse.
–¡¿En qué?!, ¡Vamos dime! ¡¿En qué coño sois mejores?!–rugió a la vez que daba una fuerte patada en el suelo–. ¿En la velocidad? ¿Inteligencia? ¿Oído? No, no y no. Sois superiores en vuestro hijoputismo. Nos veis como asquerosos parásitos que os sirven pero no sabéis que hubo un tiempo en el que vampiro y licántropo eran un solo ser, un solo pensamiento, así que, Sasuke Uchiha, hazme un favor a mi y a toda la humanidad, y lárgate de aquí si sigues pensando en que los lobos tienen la culpa a no sé qué chorrada, porque no tengo ni idea de porque los odias. Iros a daros ostias entre vosotros y ¡dejadnos a los demás en paz!
Acabado el discurso, se giró y rompió una a una las cadenas que apresaban a la pequeña que no se había movido del sitio. Ésta temblaba de forma incontrolable. Aún sin el candado que la ataba no se había atrevido a salir corriendo. Sus dueños le habían ordenado que no se moviera de allí en toda la noche, así que sintió que estaba traicionándolos cuando el joven desconocido de ojos rojos la cogió en brazos y la cargó con sumo cuidado, como si fuera la cosa más frágil y de valor que jamás hubiese visto y por eso, solamente por esa muestra de preocupación desinteresada, decidió luchar contra el fuerte instinto de morderlo y volver a su lugar, de hacerle caso a su dueño y seguir a aquel joven que le ofrecía seguridad.
Naruto, ajeno a todo lo que la joven podía estar pensando, se dirigió a su piso, no al que compartía con Iruka y Kakashi, sino al suyo propio. No podía permitirse cargar a su tutor con otro caso muy parecido al suyo. No por ahora, por lo menos...
En el camino se percató con furia de que el cuerpo del animal temblaba y no paraba de sentir los pequeños, aunque frecuentes espasmos que sufría. También notó como su pelaje estaba quemado y contenía varias heridas las cuales parecían recientes. Alguna aún sangraban y eso lo enfurecía. Si tan solo hubiese decidido dejarse llevar por el instinto antes...
Sentía como colmillitos lo seguía a unos metros de distancia y eso, en su parte racional, le hacía cuestionarse el por qué. Él pensaba que los hombres lobo se lo merecían, entonces por qué lo seguía a todas partes, por qué estaban en esa situación, por qué no lo había detenido cuando liberó a la niña que yacía en sus brazos...
Abrió como pudo la puerta de su piso y se precipitó al interior, dejándola con sumo cuidado en el sofá. Escuchó como poco después la puerta fue cerrada y como de forma imperceptible el vampiro se adentró en el departamento y se sentó en uno de los sillones más alejados que había en la sala.
Naruto se giró un momento para mirarlo a los ojos. Éstos, como siempre, no mostraban nada y eso exasperaba al rubio.
–¿De verdad tenéis que hacer esto para sentiros superiores? ¿Hacerles sufrir aún cuando no son más que cachorros?–preguntó con amargura señalando las miles y miles de heridas que marcaban el cuerpo de la cachorra.
Sin esperar contestación se precipitó hacia el baño donde sabía que tenía un pequeño botiquín. No tenía ni idea de qué hacer en esos casos. Había dejado a la cachorra junto a un vampiro que podía llevársela en un santiamén y la verdad es que, sorprendentemente no temía por ello. Por primera vez desde que se habían conocido, notaba que Sasuke estaba con él y no con los vampiros.
Tampoco sabía cómo curarla. No podía llevarla al veterinario. Se podía ofender, así que decidió hacer lo máximo posible; vendar las heridas y limpiarlas todo lo que pudo.
Ante eso, la cachorra empezó a gimotear audiblemente. Chasqueaba una y otra vez los dientes, como si intentase retener los sonidos que eran las únicas muestras del dolor que estaba sintiendo en ese preciso momento. Después de limpiar, pasó a coger una gasa y ropa que había traído para utilizarla como gasas provisionales. Poco o nada le importaba el hecho de que su vestimenta se echase a perder.
La cachorra se dejó hacer mientras lo observaba con curiosidad. Naruto vio, con sorpresa, que le miraba con respeto y no uno que se muestra cuando miras al que te acaba de salvar, no, sino a alguien superior a ti, alguien que piensas en él como algo inmejorable y eso al rubio no le gustó ni un pelo. Solamente podía significar una cosa...
–¿Qué harás ahora?
La pregunta de colmillitos lo distrajo totalmente. Tanto él como la cachorra lo miraron. Naruto se percató de que ésta última empezó a temblar ligeramente ante la presencia del vampiro.
–¿Qué haces aquí?–preguntó tapando a la niña con una sábana.
–¿Tendría que estar en otra parte?–contestó con una pregunta mientras que veía como Naruto se dejaba caer en el suelo, al lado del licántropo.
–No sé, no soy yo el que va por ahí defendiendo lo que los vampiros hacen con los hombres lobo–espetó el rubio con enfado.
Se había logrado tranquilizar pero en ese instante volvía a sentir rabia por toda la injusticia que había.
–Yo no he defendido a nadie, chucho–respondió con naturalidad–. Solo he dicho lo evidente.
–¿Y qué es lo obvio según tú?
–Que después de hacer el héroe, tendrías este problema.
–Eso no es lo que...
–Normal–interrumpió con voz neutra–, te me has tirado encima con un animal en celo–se quedaron unos momentos en silencio–. Y yo que pensaba que me ibas a mostrar lo humano que eras... Ya me tenías casi en el bote–ironizó.
Naruto iba a responder pero de pronto sintió un fuerte ardor en los ojos que le obligó a cerrarlos con fuerza. Se llevó ambas manos a los parpados, intentando averiguar qué demonios le ocurría.
Oyó ruidos a su lado, donde sabía que estaba la cachorra.
Sasuke, por su parte, al ver como el chucho ponía esa cara de dolor y se llevaba las manos a la cara, tuvo el impulso de levantarse y precipitarse hacia él, pero se contuvo al percatarse de lo que estaba a punto de hacer. ¿Es que no le había quedado claro? Él era un vampiro y los vampiros odiaban a los licántropos y Sasuke lo hacía por encima de todo. Así que, resuelto el dilema, se quedó quiero, observando.
Naruto dejó de sentir el malestar pasados unos minutos, así pues empezó a abrir los ojos con temor, sin saber qué se iba a encontrar o qué le iba a pasar ahora.
Miró a Sasuke, intentando descifrar lo que le había pesado, pero éste se limitó a devolverle la mirada desde el sillón, indiferente, tal y como siempre lo hacía. Luego miró a la cachorra sorprendiéndose al percatarse de que ya no estaba una loba pequeña, sino que en su lugar se hallaba una niña con el cabello rojo con pequeñas mechas negras, con unos hermosas y penetrantes pupilas negras que le observaban constantemente.
Naruto tembló al verla. Miles y miles de sentimientos que había guardado en aquella caja llena de polvo en su interior amenazaban con salir y dejarse ver, pero no lo permitió. Los obligó a volver a su lugar y, sin más, observó a la joven que se alzaba ante él.
–¿Estás bien?–cuestionó preocupado, aunque al segundo siguiente se quiso pegar ya que era muy obvia la respuesta que recibiría. Aún así, la niña asintió–. ¿Te duele mucho?–volvió a afirmar–. Tranquila, te acabo de curar así que dentro de poco se te irá pasando el dolor, aunque mañana te llevaré al hospital, ¿sí?
Naruto le quitó un mechón del rostro y le acarició la cabeza con cariño. La niña, al sentir el contacto, hizo el amago de cerrar los ojos pero la sincera sonrisa del rubio le dio la suficiente confianza como para abalanzarse encima de éste y abrazarle con fuerza, ignorando el hecho de que estaba desnuda. El rubio se sorprendió ante el acto de la recién conocida, pero aún así le devolvió gustoso el abrazo, notando así la piel caliente y herida de la joven. Cogió la sábana de encima del sofá y la tapó todo lo que pudo y no por pudor ni nada por el estilo, pero no quería que se enfermase. Ya estaba lo suficiente mal como para añadirle otra cosa.
–Soy Naruto Uzumaki, pero llámame solamente Naruto–se presentó–. El vampiro que ves ahí sentado observando como un tele espectador, se llama Sasuke Uchiha, más conocido como colmillitos–sonrió divertido–. Puedes llamarle colmillitos si gustas, aunque le puedes decir de la forma que quieras...
–Chucho...–advirtió el vampiro con voz abúlica.
–¿Cómo te llamas tú, preciosa?
La cachorra volvió a vacilar y miró a colmillitos con temor, pero Naruto al darse cuenta, le dio un pequeño apretón para darle confianza.
–Ku...Ku...na–murmuró con una suave voz.
–¿Kuna?–repitió Naruto. No le había entendido del todo.
–Ku...–volvió a hablar la cachorra, pero no podía seguir. Notaba como poco a poco su garganta se cerraba impidiéndole sacar las palabras que se esforzaba por crear.
Naruto se percató e hizo el amago de dejarla de nuevo en el sofá pero no se esperaba que ésta se aferrase a él con semejante fuerza.
Sus temblorosos brazos, flacuchos, casi sin piel, intentaban retenerlo, temerosos de perder el cálido contacto que acababa de descubrir, aquél que provocaba que todos sus temores se esfumasen en un segundo. Finas lágrimas bajan sin parar por sus mejillas sin que la cachorra se percatase. Pero el rubio si que lo hizo. Abrazó a la joven con más fuerza y se levantó con ella en sus brazos, envolviéndola todavía más con la sábana, susurrándole cosas para tranquilizarla, cosas sin sentido como que había una araña en un cristal que se resbaló por la lluvia pero que aún así ella seguía intentando subir por ésta. Tampoco le importaba mucho lo que le estaba diciendo Naruto. No le escuchaba, solo oía con atención esa voz fuerte y masculina que provocaba en ella cosas que jamás pensó sentir sin estar con sus padres; paz, calma, tranquilidad... respeto.
El rubio se dirigió a la cocina donde cogió un vaso y lo llenó de agua y sin añadir nada, se lo acercó a la niña y ésta lo bebió casi con desesperación. No paró hasta que terminó el décimo vaso. ¿Desde cuándo llevaría sin probar alimento o agua? Pronto un rugido llegó a los oídos del rubio. Bajó la mirada y contempló como las mejillas de la niña se teñían de rojo. Eso le pareció de lo más tierno y tuvo el impulso de apretujarla entre sus brazos, aunque se retuvo. Lo único que hizo fue sonreír.
Se acercó a una encimera y la sentó allí. Ésta, al notar como nuevamente el cuerpo del mayor se separaba de ella, volvió a asustarse e intentó retenerlo con todas sus fuerzas, pero lo dejó marchar en cuanto escuchó su voz.
–Tranquila, estaré aquí contigo, no te voy a dejar sola–susurró con cariño a la vez que le acariciaba el enmarañado cabello.
Sonrió al ver que sus manitas lo soltaban con reticencia. Se giró para ir a la nevera.
Sasuke estaba en la puerta de la cocina, apoyado con los brazos cruzados al igual que los tobillos, observando la escena en silencio. Lo cierto es que ahora estaba más intrigado que antes. Jamás había visto a un licántropo tan joven... él no era el típico vampiro que tenía como mascota a esos asquerosos seres, ni mucho menos, él podía hacer todo lo que quisiese y no necesitaba que otros lo hicieran por él. Además, Sasuke lo hacía tres mil veces mejor que esos chuchos pulgosos.
Una pregunta no dejaba de rondarle. ¿Supuestamente los chuchos no tenían un problema a la hora de procrear? ¿No era que había muy pocas crías? ¿Entonces como es que, de la nada, hubiese aparecido esa chucha? La verdad es que Sasuke siempre se había preguntado cuándo tenían tiempo de procrear los chuchos si siempre que iba a casa de algún vampiro, éstos estaban hasta arriba de trabajo o siendo castigados por los señoritos de la casa.
Observó como el chucho cogía un trozo de pan y lo partía por la mitad, vertía un poco de aceite y después ponía dos o tres lonchas de queso. Se acercaba de nuevo a la nueva mascota y se lo tendía con una sonrisa deslumbrante.
Naruto al ver como la pequeña no se movía, que seguía mirándole casi sin parpadear, se preocupó.
–¿No te gusta el queso?–preguntó a la vez que hacia una lista mental de lo que le quedaba en su piso y si podía ir en unos momentos al departamento de Iruka y pillar comida sin que nadie se diese cuenta.
Al ver que asentía se relajó.
–Entonces toma–le volvió a tender el bocata.
El rubio vio como ésta vacilaba y con tristeza se preguntó cuánto tiempo tardaría en volver a la normalidad, en hablar sin tener que estar midiendo sus palabras... En ser una persona normal.
Naruto, no seas idiota, nunca va ha ser una persona normal... al igual que tú.
Después de unos minutos de vacilación, la niña alcanzó el bocata y se lo llevó a la boca, mordiendo con suavidad, degustando la comida que poco a poco pasaba por su garganta.
El rubio le sirvió otro vaso de agua y ésta sonrió con timidez.
Después de eso, Naruto se giró y encaró al vampiro.
–¿Vas a hacer algo al respecto?
Sasuke lo miró, desafiante.
–¿He hecho algo por ahora?–sonrió de lado al ver el rostro del chucho–. Podría haberte impedido perfectamente para que no liberaras a la cachorrita de pacotilla, pero no lo hice. Tampoco iré con el cuento al dueño, no me interesa.
–¿Por qué?–tuvo que preguntar.
–Capricho–respondió con simpleza, encogiéndose de hombros.
No era una respuesta que satisfacía a Naruto, pero le valió por ahora. Sabía que el vampiro era más de lo que aparentaba y la verdad es que tenía el estúpido deseo de conocerlo mejor y llegar incluso a llevarse bien, aunque al igual que entendía eso, comprendía que eso era imposible. Ni él ni Sasuke iban a ser amigos, ni mucho menos confiar el uno del otro.
–¿Cómo te llamas?–volvió a preguntar a la niña quien acabó de masticar y volvió a mirarlos a ambos.
Sasuke le miró con indiferencia, sin importarle mucho la respuesta que iba a dar.
–Ku...Ku...shi...na...–musitó. Naruto le sonrió y ante eso la niña cogió aire y volvió a abrir la boca para repetir su nombre, intentando decirlo de un tirón, aunque el fuerte dolor de la garganta se lo impedía un poco–. Kushina.
Naruto hizo que el flequillo le tapase los ojos. El vampiro se percató de ese hecho y le intrigó, aunque no dijo nada(como siempre).
–Kushina–susurró el rubio. Sonrió con melancolía, levantó el rostro y miró a la cachorra–. ¿Dónde están tus padres?
–¿Qué? ¿Ahora planeas "salvarlos" también a ellos?–preguntó divertido el vampiro.
Naruto lo ignoró y siguió mirando con intensidad a Kushina. Ésta dejó a un lado el pequeño trozo que le quedaba de comida y empezó a llorar de nuevo.
El rubio le abrazó con fuerza, intentando no hacerle daño, pero se arrepintió de hacerlo cuando notó que sus lágrimas se multiplicaban.
–Ellos... me...me obligaron–balbuceó la pequeña. Naruto sintió como sus ojos le empezaban a escocer, pero se mordió con fuerza el labio inferior en un intento de retener las lágrimas–. Yo no quería... mi cuerpo... yo... yo...
–Shhh–la silenció–. No digas más–murmuró.
Se instaló un silencio incómodo donde solamente se podía oír los sollozos de la pequeña. Naruto lanzó una mirada asesina al vampiro. Éste sólo lo ignoró.
–A partir de ahora vivirás aquí, conmigo–rompió el silencio el rubio–. Tengo una hermosa gata llamada Congui. Le caerás muy bien–Dudo que un gato se lleve bien con un chucho, pensó el vampiro–. También tengo una perra, Laika. Es tan blanca que parece un copo de nieve. Es muy cariñosa y revoltosa así que os llevaréis muy bien–Eso lo veo más lógico, volvió a pensar el vampiro–. También conocerás a Iruka y Kakashi, que son mis tutores... mis padres adoptivos. ¿Sabes? Mis padres tampoco estuvieron conmigo desde los cinco años, pero veras como entre todos conseguimos que esa sonrisa tan hermosa que seguro que tienes vuelva a aparecer, ¿si?
Kushina lo observó unos segundos antes de asentir y volver a esconder el rostro en el pecho del rubio.
–Además aquí ya no tienes nada que temer. No habrá vampiros ni nada por el estilo. No habrá palizas, ni órdenes ni nada de lo que has tenido que pasar todo este tiempo–siguió hablando–. Colmillitos es... es...–miró al susodicho pensativo–. La verdad es que no sé qué es exactamente. Pero por ahora diremos que es un amigo. Puedes confiar en él–notó que la pequeña temblaba en sus brazos–. Tranquila, él nunca te ordenará nada, ¿a qué no?
Ambos chuchos se giraron para mirar al vampiro. La pequeña con miedo y el rubio amenazante. Ante esa situación, Sasuke lo único que pudo hacer fue suspirar sonoramente y luego sonreír de lado.
–Nunca me han gustado lo perros y no voy a empezar ahora a tenerlo como de mascota–dijo solamente.
Naruto entendió a lo que se refería y por primera vez le sonrió de forma sincera, agradeciéndoselo en silencio.
–¿Lo ves? Es el tito colmillitos–bromeó.
Un gruñido le advirtió que se estaba pasando.
–Sí, sí, luego hablamos–asintió el rubio sin saber muy bien por qué lo decía.
Sasuke lo observó sorprendido. Era verdad que en ese preciso momento le iba a decir que ya hablarían ellos a solas(porque temía que la chucha empezase a llorar de nuevo y es que él odiaba a los niños, pero más aún si eran ruidoso o lloricas) y por eso le había sorprendido el hecho de que Naruto le soltase eso con sólo escuchar el gruñido de advertencia.
–Bueno, tú y yo, jovencita, nos vamos a dormir porque mañana tendremos que ir a ver a un muy preocupado Iruka y después, al hospital para ver cómo de grave estás. Tengo la esperanza de no pisar ese lugar–confesó a la vez que la cogía de nuevo entre sus brazos–. Nunca me ha gustado ese lugar... me da escalofríos. Por eso iremos a ver a Iru ya que sabe mucho de medicina. Además también estará Kakashi... Sí, iremos a su departamento en cuanto nos despertemos, después de una buena ducha, porque ¿a qué te quieres duchar?–Kushina asintió con fuerza–. Sí, yo también. ¡Ya sé! Nos ducharemos juntos, ¿qué te parece?
La pequeña lo miró unos instantes a la vez que se adentraban en la habitación del rubio. Estaba desordenada y había algún que otro libro tirado por el suelo y Naruto recordó que ahí había luchado contra el vampiro que ahora mismo le estaba siguiendo por toda la casa como si fuera su puta sombra.
Kushina volvió a asentir.
Naruto la dejó en la cama, otra vez le tuvo que prometer que estaría con ella para que ésta le soltase. Se giró y miró al vampiro casi con burla.
–¿Qué? ¿Te vas o duermes con nosotros, colmillitos?
Éste lo miró con frialdad.
Antes de irse, Naruto escuchó un susurro del vampiro.
–Creo que te estoy dando demasiada cuerda, chihuahua.
