-Gold, conseguí esa información.

Gold escuchaba con atención.

Lance, por el contrario, no había conseguido exactamente lo que el quería.

-Fue hace muy poco, -Prosiguió Lance- que viajé a las Islas Canela, allí encontré las

Ruinas de la Mansión Pokémon, pero no había ni un sólo archivo. Me pareció muy

extraño, así que deduje que alguien ya los había tomado antes, ese alguien estuvo

allí antes de la erupción del volcán que acabó con gran parte de la Isla.

Luego de hablar con algunos de los que aún vivían allí, aclaré mis dudas.

-¿Y...a qué conclusión llegaste? -Preguntó Gold.

-Gold, ésto puede sonar absurdo, pero, ¿Has oído el mito del Campeón de Kanto?

Gold lucía confundido.

-¿El "Héroe" que a según acabó con los Rocket? ¿Y eso qué tiene que ver?

-Que la gente de la Isla me lo describió perfectamente. Gold, el "Campeón"

estuvo en esa Mansión, y él tomó esos archivos. Los miembros Rocket que

interrogamos no sabían nada, ya que ellos no trabajaban para los Rocket

desde las sombras. Esa lugar no era una Mansión, era un laboratorio.

»En ése laboratorio trabajaban cientos de Científicos, y nuestra única

esperanza era conseguir los Archivos para saber algo de él.

-¿Osea, que...después de todo no conseguiste nada?

Lance bajó la voz hasta convertirla en un susurro.

-Gold, además de ésto, hay otra cosa que tengo que decirte.

Gold lucía más confundido que antes.

-¿Qué?

Lance suspiró profundamente.

-Yo no soy el Campeón de la Liga Pokémon.

A Lance jamás se le habían escapado esas palabras de la boca. En un momento decidió

decírselo, que Lance no era al entrenador que Gold buscaba.

Sin embargo, Gold fue presa de sus emociones de nuevo. La decepción de no haber ganado, y la

decepción de saber que Lance no consiguió su información, se mezclaba con el

odio que sintió al oír escuchar a Lance decir lo anterior.

-¿Qué es todo ésto? ¿Ahora quieres que crea que el Campeón no eres tú? ¿Quién es el

que está en EL puesto? ¿Quién vive en ésta habitación? ¡Yo no soy ningún tonto!

Gold ahora no tenía dudas, Lance es un Demente.

Lance asumió una dura expresión.

"Has perdido ante la persona equivocada"

-¿Porqué pones esa cara Gold? ¿De verdad creíste que yo no fuí derrotado nunca?

Hace 6 años Gold, el "Campeón" vino aquí y me venció. Es a él al entrenador

que buscas, y es él el que tiene la información que necesitas. Gold

¡Yo nunca fuí la persona que buscabas!

Lance se levantó de su asiento y empezó a caminar por la habitación.

»¿Creíste que por mi poder podía conseguirte tu información? Te equivocas,

¿Creíste que era yo el mejor entrenador de Kanto y Johto? También te

equivocas. Gold, yo no soy ni fuí nunca tus respuestas, ¡tu destino

gira en torno a otra persona, al Campeón de la Liga Pokémon, que desde

hace 5 años esperamos su regreso a la Meseta Añil!

Gold ahora estaba convencido, había algo en las palabras de Lance que le

decían que no estaba de broma, y mucho menos Loco.

Lance apoyó un brazo en las frías paredes doradas.

-El Campeón se volvió un Mito porque nos dejó, nos abandonó, no nos dijo

por qué, pero nos prometió que volvería. Ahora la gente cree que él fue

un super humano que hizo azañas exageradamente increíbles. Pero él, la

persona, y su Pikachu, son reales.

¡El Campeón no es ningún mito! ¡Debes encontrarlo!

Gold entonces cayó en la cuenta, después de todo, el Campeón no era Lance, el

apodo de la leyenda era literal. Por eso el trono estaba vacío.

-Lance -Dijo Gold- olvidate ahora de nuestra deuda. Has decidido hacer todo

ésto por mí. Y comprendo que debo ir en busca de ese tipo inmediatamente.

A Lance no se le veía bien, recordar su derrota y saber que su título era falso

era algo de lo que desde hace mucho quería olvidarse.

-Es también hora de que hables con tu madre, -Dijo Lance- ella tiene que hacerte saber la verdad.

Quizá así encuentres más rápido lo que buscas.

Gold puso cara de preocupación, el odio que sentía al saber que su madre

le había mentido era muy fuerte. El odio era lo único que le hacía

falta saber controlar.

-Es cierto, -Dijo, esforzandose por sonreir- y no te preocupes, no hablaré sobre ésto con nadie.

-Confío en tí- Dijo Lance, y miró a Gold a los ojos - Buen Gold.

Gold sonrió ésta vez de verdad, y con paso firme, se dirigió a la salida.

"Envíale saludos a tu padre cuando lo encuentres" Susurró Lance.

Pero Gold ya se había ido.