Jalou de nuevo XD, se que esta semana tocaba "Tu deber" pero llevaba mucho tiempo sin actualizar este y ademas ando liadilla con algun examen y practicas y no he tenido mucho tiempo para escribir, gommen

Aun asi aqui esta, espero que lo disfruteiiis


El ruido y ajetreo de las calles rodeaban al moreno totalmente, entreteniéndole por un momento mientras observaba las vidas simples y mundanas que perecían tener aquellas personas a las que no conocía y pasaban a su lado sin siquiera levantar la vista un momentos de sus apretadas agendas. Eran vidas tan distintas de la suya que le hacía querer sonreír encantado con la variedad de posibilidades que ofrecía aquel mundo y aquella ciudad a algunas personas que habían tenido la suerte en una familia de verdad. Sin embargo, Luffy, a pesar querer quedarse en aquella poblada plaza a disfrutar de la gente extravagante que paseaba por ella, apresuró el paso sabiendo que debería estar ya en casa y no rondando por las oscuras calles.

Estaba satisfecho de todas formas, la comida que le había hecho Sanji hacia un momento estaba igual de deliciosa que siempre, y como siempre, nada más comerla sintió su fuerza y buen humor volver de golpe. Pero aun así, a pesar de tener el estomago lleno y de estarse divirtiendo, la rabia y furia seguían allí por mucho que intentase aplacarlas o ignorarlas, recordándole la cruda realidad de aquella ciudad y de su gente.

Pero no podía ni quería evitar pensar en ello. Había perdido a dos hombres. Había habido una traición y la organización estaba llegando a la peor crisis de su historia. Y él, no se había dado ni cuenta. Por eso antes de pasarse por el restaurante de Sanji había ido directamente al territorio de Bartolomeo. Aunque las posibilidades de que el hombre siguiese vivo eran prácticamente nulas, él se negaba a rendirse con aquello.

Una vez allí había organizado a los hombres del peliverde rápidamente sin que estos siquiera le objetasen nada ni se quejasen. La búsqueda de Bartolomeo se estaba llevando a cabo en aquellos momentos y su comunicador de muñeca no dejaba de parpadear cada cinco minutos avisándole de cómo iba la cosa. Después de aquello, había llamado a sus propios hombres. Franky y Ussop habían entendido la situación al instante y tras preguntarle cómo estaba y asegurarse de que jefe estaba bien, se habían volcado en la tarea de descubrir toda la información que podían con los datos que les había dado Law.

Sonrió al pensar en aquel chico. Ya le caía bien pese a haberse conocido aquel mismo día. Algo en su forma de ser y en su mirada le decía que era alguien leal y en el que se podía confiar, si él a su vez confiaba en ti. Alguien justamente marginado de la sociedad como ellos que encajaba perfectamente en el perfil del rey azul: el rey misterioso del que nunca se sabía lo suficiente. Sucedía con Law, había sucedido con Vegapunk y con todos los anteriores. Aunque realmente lo de que fuese un MMG junto con su historia personal le habían sorprendido y convencido de que realmente necesitaban acabar con Doflamingo. Estaba claro de que Law lo había pasado mal, y a pesar de que no lo conocía lo suficiente, Luffy sabía que aquel hombre merecía algo mejor que ocultarse en las sombras huyendo del shichibukai...aunque estaba claro que Kidd se iba a encargar de eso personalmente.

Su sonrisa estúpida se volvió una divertida solo de recordar las interacciones del uno con el otro. Aquella relación iba a ser algo muy divertido de ver, sobre todo las peleas y puyas que de fijo iban a tener. Podría ser algo incluso más entretenido que la de Marco y su medio hermano Ace que ya de por si hacía desaparecer su aburrimiento en cuestión de segundos.

Suspiró doblando una esquina, rumbo ya a su pequeño apartamento justo en el centro de la ciudad. Un sitio plagado de gente, que suponía un escondite perfecto para alguien como él. Aun así en aquellos momentos lo de pasar desapercibido no estaba saliendo del todo bien y estaba llamando demasiado la atención con su ropa rota y cubierto de sangre y suciedad. Necesitaba llegar a su casa y ducharse y acabar de arreglarse la herida que Law había comenzado curar. Sin embargo, nada más dar dos pasos por la calle, paró en seco y observó con asombro a cierta persona bajarse de uno de aquellos deslizadores deportivos de color negro que solía llevar la gente rica.

Un chico de pelo verde con un uniforme impecable y mirada seria.

Su alegría y satisfacción alcanzo su máximo en aquellos momentos. Podía ser que al final aquel día acabase bien y todo. Aun así, cuando comenzó a acercarse al chico ahora parado al lado del coche sujetando una puerta, dudo durante un momento recordando su destartalado aspecto. ¿Quería realmente que el otro le viese así?

No, definitivamente no, el otro haría preguntas y definitivamente no quería inmiscuirle en asuntos de aquel tipo ni con mentiras de su parte.

Era mejor que no supiese nada.

Gruñendo frustrado como un niño pequeño al que han quitado su juguete favorito, se comenzó a dar la vuelta decidido a tomar otra ruta para llegar a su piso. Pero entonces otra figura salió del coche por la puerta que sostenía el peliverde. Y Luffy paró en seco fulminando al moreno de ojos dorados y mirada de autosuficiencia.

El Shichibukai Dracule Mihawk. Su aliado según las teorías de Law, pero su propio enemigo personal.

Sus dientes chirriaron mientras los apretaban fuertemente observando como Zoro no le quitaba los ojos de encima a aquel hombre, o como este alzaba una mano para delinear una marca rojiza en el cuello del peliverde en un gesto posesivo. Una marca que a pesar de la distancia dejaba muy pocas dudas de lo que era.

Y entonces decidió que todo aquel jueguecillo de jugar a las escondidas era una estupidez. Él quería llegar a su casa y aquel era el camino más recto. Y no pensaba desviarse por aquello. Y mucho menos si era Mihawk el causante de ello.

Alzando la cabeza orgullosamente y esbozando su sonrisa más radiante e inofensiva camino en dirección a la pareja parada en mitad de la calle esperando a que el coche se marchara del lugar.

—¡Zoro!—exclamó llamando al chico.

La pareja se volvió inmediatamente al escuchar el grito y Luffy divertido observó las diferentes reacciones. Mihawk por una parte le miró sorprendido antes de fulminarle con la mirada y de girar ligeramente su cuerpo de tal manera que se interpusiese entre él y el peliverde, sin que paciese algo demasiado obvio. Como cerrándole el paso para que no se acercase al chico. Zoro por su parte le sonrió alegre de medio lado y luego, fijándose en su aspecto, le dedicó una ligera mirada de preocupación y asombro.

—Luffy—le dijo una vez se hubo acercado a él— ¿Que ha pasado?¿Estás bien?—

Luffy solo rió ignorando totalmente al de ojos dorados y su postura defensiva y parándose enfrente del peliverde.

—Shishishi, le robe comida a Sanji—mintió vilmente. Aunque seguramente el otro nunca lo supiese—y él me persiguió y me lanzo sartenes y cacerolas como siempre. Aun así creo que cada vez tiene más puntería—

Mihawk rodó los ojos como si el otro careciese de cerebro. Zoro solo riÓ .

—¿Pero estas bien?—

—Sí, perfectamente—aseguró Luffy—¿Que estás haciendo aquí de todas formas?—

—Eso no es de tu incumbencia niño—murmuró entonces el de mirada dorada dándole la espalda y comenzando a andar por la calle sin querer perder su tiempo con aquel chico de baja clase y de aspecto tan degradante. Dando por finalizada la conversación sin siquiera haberle ni saludado.

Una vena empezó palpitar en la frente de Luffy al instante, pero aun así mantuvo su radiante sonrisa como si fuese idiota y no se hubiese ofendido con aquello. Después de todo para él era mil veces mejor que su enemigo le subestimase. Siempre lo había hecho así, y lo seguiría haciendo.

Siguió mirando a Zoro esperando una respuesta de su parte y como si el moreno no les hubiese ni interrumpido. Sin embargo la atención del otro estaba puesta sobre Mihawk con aire preocupado mientras este se alejaba. Finalmente el peliverde se volvió y sonrió a Luffy.

—Lo siento Luffy, estamos en medio de una investigación y no anda de buen humor, no te ofendas—respondió rápidamente claramente queriendo correr detrás del mayor.

Pero Luffy siguió insistiendo e intentando captar la atención del otro para su persona, después de todo era información que le podía servir en su propia "investigación"

—¿Es sobre Hancock?—preguntó y aquello por fin pareció captar la atención del peliverde que se volvió y le miró con sorpresa

—Em si, al parecer el ataque no era de quien nos esperábamos, estamos viendo distintas hipótesis sobre quien pudo haberles atacado aunque las pruebas apuntan a que pudo ser una simple pelea entre bandas—dijo con aire cansado, como si ya hubiese repetido aquello miles de veces.

Luffy sonrió internamente ante aquella información e hipótesis absurdas y decidió darles una pista a aquellos hombres. Después de todo, según Kidd, Humitos parecía estar al mando de la investigación y Kidd le había visto bastante cansado.

—¿Por qué harían eso? Hancock protegía el territorio y ayudaba a la gente, ¿Por qué la atacarían? solo les causaría a ellos más problemas—preguntó con un tono inocente y curioso aunque en el fondo él ya sabía la respuesta.

—Bueno pudo ser que uno de los reyes que quisiese...—comenzó el peliverde como había planeado Luffy, después de todo la culpa siempre era de los reyes.

—No—concluyó Luffy esta vez fingiendo un aire de alguien que sabía de lo que hablaba—los reyes nunca se atacan los unos a los otros, lo sabe todo el mundo, lo juran al tomar el mando de sus organizaciones, se protegen entre ellos—

Zoro observó a Luffy cruzado de brazos y asintiendo con la cabeza.

—Pero puede que esta vez…—intentó seguir insistiendo el peliverde.

—Lo dudo—

Y entonces Zoro también comenzó a dudar. ¿Y si tenía razón? ¿entonces quien podía haber ido en contra de los reyes? ¿Quién quería que desapareciesen?¿Quien podría haber...?

Abrió los ojos sorprendido.

—¡Zoro!—le llamó desde lejos Mihawk. Con una cara claramente cabreada que le decía que cuando llegasen a casa iba a haber otro de aquellos castigos.

Se volvió hacia Luffy con cara aun ligeramente sorprendida. Quería preguntarle algunas cosas y que le explicase alguna teoría, pero como Mihawk había dicho, aquello era información clasificada y en el fondo sabia que no debería preguntar.

—Lo siento Luffy me tengo que ir—y dándose la vuelta salió corriendo hacia el otro.

Luffy se quedó un rato parado en medio de la calle sonriendo ampliamente con una mirada calculadora que normalmente no se le veía. Aquello seria otra jugada en contra de su enemigo, una jugada que esta vez podría ser interesante, al fin y al cabo que la policía de la ciudad anduviese tras su pista solo podía causarle problemas a Doflamingo. Sonrió satisfecho de haber sugerido aquella información a Zoro. Quien se lo diría a Mihawk. Quien sabría entonces atando cabos lo que aquello significaba.

Y sin más río en voz alta atrayendo la atención de la gente que le rodeaba. Y totalmente feliz y satisfecho con aquel día se dirigió por fin a su apartamento a darse una merecida ducha.

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El moreno se removió entre las sabanas intentando liberarse de la presa que cierto pelirrojo posesivo tenia entorno a él. Sin embargo, como la ultima vez, Kidd era bastante más fuete que él físicamente y al final se tuvo que resignar a ser espachurrado por el otro como un estúpido oso de peluche.

Pero aunque Law se resignase y fingiese molestia por aquello, en el fondo solo quería salir de allí y alejarse todo lo posible del menor. Porque la verdad, después de lo del día anterior, dudaba que pudiese mirar al otro a la cara. Nunca se había portado con nadie en la cama como se había portado con Kidd. Sentía su orgullo pisoteado y la vergüenza por lo que había hecho y por cómo había suplicado por el otro remordiéndole la conciencia. Aquello había sido simplemente demasiado, incluso para la impresionante habilidad del otro y las ganas que había tenido la pantera de acostarse con él. Algo tenía que estar pasando de lo que no se había dado cuenta.

Sintió a su lado a Kidd removerse a punto de despertar y se tenso al instante. Mierda, demasiado tarde para huir, asique solo ocultó su cara contra el pecho del otro y esperó pacientemente. El menor soltó un bostezo y le apretó un poco más contra su cuerpo, y luego, tras un momento de incertidumbre, escuchó prácticamente al otro sonreír.

—Buenos días—murmuró el pelirrojo con aquella voz grave pero con el tono satisfecho y juguetón de siempre.

Quiso rodar los ojos aunque su cara estuviese ardiendo.

—Buenos días Eustass-ya, ¿Podrías soltarme?—preguntó al final fingiendo la total y absoluta normalidad.

Escuchó al pelirrojo reír y luego lo sintió tumbarse boca arriba en el colchón, maniobrando con él entre sus brazos hasta que le tumbó sobre su pecho. Entonces Law, con la cabeza sobre el pecho del otro, levantó la vista y sintió su rostro arder aun más sin poderlo ya evitar, haciendo totalmente visible su sonrojo al otro.

Pero es que Kidd sonreía con la sonrisa más grande que nunca le había visto a nadie mientras acariciaba distraídamente la base de su espalda tan cerca de su cola sin soltarle en lo más mínimo. Estaba claro que Kidd estaba feliz, estúpidamente feliz. Y eso solo servía para ponerle de los nervios. Porque estaba claro que el otro solo podía estar sonriendo por una unica cosa.

—Kidd suéltame—dijo tuteándole ya sin paciencia.

—No— murmuró el otro sonriéndole de nuevo con aquella sonrisa plagada de dientes. Recorriendo de nuevo su espalda desprotegida y haciéndole estremecerse ligeramente ante el contacto.

—Kidd, te dije ayer que quería ir a ver a mi gente— dijo Law intentando alejarse de nuevo del otro pero siendo atrapado de nuevo por la cintura sin darle siquiera la más mínima oportunidad.

Esta vez las manos del otro volaron a estrujar los mechones negros en su cabeza y a acariciar sus peludas orejas casi con obsesión. Law volvió a temblar y sintió el ronroneo resurgir en su pecho. Lo cortó inmediatamente con un gruñido frustrado y Kidd rió habiéndolo sentido a la perfección.

—Podemos ir luego—susurró hundiendo su cara en el pelo negro del otro y aspirando aquel dulce olor —después de bañarnos, desayunar y tal vez...repetir lo de ayer—Law suspiró mientras sentía la voz ronca del otro contra su oreja acelerándole el pulso— quiero volver a escucharte suplicar como ayer Law, estabas tan sumiso y obediente—

Law sintió su cara arder de nuevo y mientras sentía la lengua del otro delinear su cuello con aquel aire posesivo que había tenido ayer, se odió a sí mismo. Nunca más iba a volver a hacer algo asi, nunca.

—Kidd, deja de comportarte como un adolescente idiota y enamorado y suéltame—siseó en su ataque final y fulminante.

Y la reacción de Kidd fue instantánea y sintió los brazos del otro liberarle por fin casi con prisa.

—Yo no...nadie se ha...idiota no me he…—tartamudeó de Kidd siendo entonces el que enrojecía hasta casi igualar el color de su pelo.

Law sonrió satisfecho agradeciendo el carácter infantil que podía tener en algunos casos el pelirrojo y, levantándose de la cama, observó a su alrededor para buscar algo de ropa que pudiese ponerse.

—Voy a ducharme—anunció cuando encontró unos pantalones por el suelo que parecían ser suyos. Luego miró a Kidd mientras este volvía a recuperar su sonrisa estúpida—y me voy a duchar solo—la sonrisa desapareció— puedes ir haciendo el desayuno ese que mencionaste— le sugirió de todas formas, después de todo mejor tenerle entretenido con algo.

Y sin más, se metió en la ducha. No tardo ni siquiera diez minutos en ducharse y vestirse y sinceramente agradeció quitarse los restos resecos de lo que habían estado haciendo la noche anterior y relajar sus maltratados músculos. Cundo salió del baño el olor a comida recién hecha le hizo la boca agua en meros segundos, definitivamente tenía hambre y aunque no quería pensar el por qué, comenzó a comer ansiosamente bajo la atenta y divertida mirada del otro que al rato siguiente le siguió en la ducha.

Cuando Kidd salió por fin del baño media hora más tarde Law ya le estaba esperando totalmente vestido y preparado. Y sin decir nada el uno al otro salieron del apartamento de Kidd sin mayor problema. Esta vez sin el collar de las descargas eléctricas y sin amenazas de ninguna clase. Tranquilamente comenzaron a andar con Law guiando el camino con paso decidido y Kidd siguiéndole a su lado.

Al cabo de un rato llegaron a la zona norte de la ciudad, lugar que Kidd pocas veces frecuentaba a menos que fuese imprescindible. Eran la mayoría barrios residenciales con jardines cuidados, y arbustos altos y frondosos entre edificio y edificio que demostraba un nivel de vida muy diferente del que Kidd había conocido. Era la parte más pacífica de la ciudad y donde se encontraban los centros de investigación, laboratorios, centros de salud, bibliotecas y universidades, lugares que al pelirrojo le interesaban más bien poco, la verdad. Aun así Law parecía conocer el lugar sin problemas e incluso saludaba a algunas personas por la calle o a algunos vendedores desde los comercios.

Parecía un buen lugar acabo concluyendo Kidd. Demasiado refinado y elegante para su gusto, pero un buen lugar.

Finalmente llegaron a un bloque de apartamentos antiguos de dos pisos con una oxidada escalera de metal desde fuera. Un bloque por el que había pasado miles de veces pero al que no se había dignado ni siquiera a mirar. Kidd levanto una ceja.

—¿Esta es tu organización?¿Os reunís aquí?—preguntó con un tono un tanto irónico.

Comparado con el inmenso almacén donde lo hacia él con los suyos equipado con la más alta tecnología y con despachos para el personal administrativo, barras libres y salas de juego para relajarse un rato, o habitaciones de entrenamiento para todo el mundo que quisiese descargar su frustración, era ligeramente...decepcionante, aunque a lo mejor, al igual que el suyo y por dentro era distinto y no era lo que parecía.

—No Eustass-ya, no te voy a llevar a nuestra guarida por la misma razón que tu no me llevarías a la tuya—dijo el moreno subiendo las escaleras que chirriaron sospechosamente bajo su peso.

Kidd frunció el ceño ante el comentario del otro.

—Yo te hubiese llevado a la mía si lo hubieses pedido, no creo que nos traiciones ni puedas hacer nada—

—Puede, pero es mejor que sea así—aseguró el moreno de todas formas—nuestra gente se sentirá más segura de esta manera, si se sigue manteniendo en secreto, y además, nunca se sabe lo que puede pasar—

Kidd le vio la lógica a aquello aunque seguía sin gustarle tanto secretismo con el moreno.

—¿Entonces qué es esto?— preguntó el pelirrojo mientras se detenían enfrente de una puerta con un desgastado 666 en la pared.

Law sonrió de medio lado mientras plantaba su mano en la puerta y aparecía otra de aquellas pantallas holográficas en el desgastado metal, reconociéndole como el dueño del piso al instante de pararse delante de la puerta. Luego, Law tecleo un código rápidamente y la puerta tras un sonido metálico que alertaba de que no tenía una cerradura normal, se abrió con un suave y decepcionante clic.

—Bienvenido a mi casa Eustass-ya—

Y sin más Law le agarro del brazo y le empujo dentro de la casa.

Y Kidd tuvo que reconocer que en aquel aspecto había perdido. La casa de Law triplicaba en tamaño la suya. Era una casa a la que realmente se podía llamar casa, con un cuarto, baño y salón separados por firmes y gruesas paredes. Y que a diferencia de la suya estaba tan ordenada y pulcra que Kidd se avergonzó de tener la suya en aquel estado de basurero en que la tenía. ¿Cómo podía haber podido aguantar Law aquello sin quejarse?

Law paseó sin embargo volvió a cerrar la puerta sus espaldas e ignorándole ligeramente paseó por el salón encendiendo aparatos y abriendo las ventanas para que entrase algo de luz. Luego, sonriéndole arrogantemente sabiendo seguramente lo que Kidd estaba pensando de su piso, le animó a sentarse en un elegante sofá negro al lado de una peluda alfombra blanca.

—¿No íbamos a hablar con tu gente?—cuestionó dudoso Kidd mientras paseaba su vista por la habitación curioso.

Todo era negro, blanco o amarillo pero curiosamente quedaba bien y daba un aspecto de calidez y elegancia. Había libros y libros en enormes estanterías y algún que otro aparato eléctrico que Kidd no entendía.

—Y lo haremos Eustass-ya, solo dame un momento—dijo Law sentándose entonces a su lado en el sofá y recostándose contra él.

Kidd le miró curioso mientras Law hurgaba en uno de aquellos aparatos extraños y apuntaba a una pantalla colocada justamente enfrente suyo y del sofá. Sonrió ligeramente al darse cuenta de que había sido el moreno el que esta vez se había acercado a él y de que ya no parecía tan reacio a que se tocasen o que le acariciase. Le abrazó sin dudarlo por la cintura posesivo apretándole contra su cuerpo y recostándole más contra su cuerpo.

—Vale ya esta—dijo Law por fin tomando el cacharro entre sus manos cuyas partes parecían sujetadas precariamente por una especie de plástico transparente y pegajoso. Law lo dirigió a la pantalla apretando algunos redondeles en su superficie— Pinguin ¿puedes oírme?—

Un ruido extraño se escuchó desde la pantalla y Kidd observó curioso el proceso. Nunca había visto algo así, había escuchado hablar del aparato en algunos sitios, de que se usaba antes de la guerra pero nunca había visto uno en persona. Los televisores por cable definitivamente eran ya piezas de museo y si encima iban con mandos a distancia como el que tenia Law en sus manos podían alcanzar cantidades desorbitantes en el mercado.

—¿Capitán?—preguntó entonces alguien desde la pantalla con una voz metálica, pero curiosa.

—Sí, soy yo, enciende la cámara—y al instante siguiente la pantalla parpadeó mostrando a un hombre vestido con un mono blanco y con su cara oculta tras un estúpido gorro con visera. También salían ellos dos en el sofá en un pequeño recuadro en la esquina de la pantalla. Él rodeando a Law posesivo, y el otro recargado cómodamente contra él y con los pies apoyados en la pequeña mesilla que tenían delante cubierta de peles extraños. Kidd sonrió ante aquella imagen sintiéndose estúpidamente satisfecho.

—Hola—dijo entonces el chico del gorro al fijarse en Kidd.

Y Kidd, a pesar de no tenerle delante, sintió la mirada asesina que le estaba dedicando el del gorro. Sonrió psicópata. Y sin preocuparte en lo más mínimo alzó una mano y acarició las puntiagudas orejas de Law. Dejándole claro al del gorrito que le importaba una mierda lo que pensase, que no se iba a alear del moreno porque tenía todo el derecho de estar así.

Casi pudo ver al otro chirriar los dientes mientras seguía fulminándole.

Law carraspeó.

—Si habéis acabado el estúpido concurso de miradas me gustaría empezar con el tema que nos atañe—

Ambos desviaron la mirada ligeramente avergonzados por haber sido descubiertos aunque al instante siguiente ya volvían a estar a la carga.

—Pinguin por favor—dijo Law suspirando—¿podrías llamar a Bepo y Sacchi si están por ahí?—

El otro asintió sin decir nada y simplemente obedeció la orden levantándose de su sitio sin dudar y dejando la pantalla vacía mostrando una habitación oscura con algunos ordenadores y pantallas apilados unos encima de otros entre gruesos y pesados cables eléctricos. Kidd levanto una ceja ¿Dónde cojones estaba ese sitio?

Pero antes de que pudiese preguntar nada, Law, aprovechando el momento de soledad, le dio un codazo a Kidd y le miró mal.

—Te agradecería que intentases no cabrear a mi gente—le pidió amablemente.

Kidd gruñó apretándose donde Law le había golpeado, pero frotando su nariz contra su suave pelo negro totalmente pegajoso.

—No es mi culpa—intento defenderse— han empezado…—pero antes de pudiese defenderse los otros ya estaban de vuelta.

Law alzó una ceja ante tanta velocidad y miró sospechoso a Pinguin, pero al final no dijo nada.

—Capitán—chilló entonces un oso polar apareciendo de repente en la pantalla y dejándoles literalmente sordos—¿dónde estabas? No respondías las llamadas, estaba preocupado y...espera, ¿quién es ese?—dijo mirando curioso a Kidd. Kidd también miraba con curiosidad y algo más al oso que hablaba de repente. ¿Un oso? ¿En serio? ¿Law tenía un puto oso en su grupo?

—Sí, ¿quién es?—pregunto Sacchi mirando a Kidd extrañado por como abrazaba a su, por lo general arisco, capitán sin que este hiciese mucho para evitarlo.

—Pues..—empezó Law.

—Soy Eustass Kidd, el amante y dueño actual de Law— dijo por la cara el pelirrojo.

Un silencio inundó la habitación mientras Law enrojecía y pensaba en las mil maneras que sabía de asesinar a Kidd. Sus amigos en cambio abrieron los ojos como platos, antes de poner miradas de odio profundo y empezar a amenazar a Kidd sobre lo de reclamar en posesión a otra persona, sobre todo con la polémica que había sobre MMG.

Law se llevó una mano a los ojos sintiendo como empezaba a surgir el dolor de cabeza. Sabía que aquello iba a ser duro, largo y extenuante…pero no se había imaginado que tanto.

—A ver, escuchar…—pero la discusión entro los dos bandos cada vez llegando a niveles más preocupantes camufló su voz totalmente y al final no tuvo más remedio que gritar—¡Que os calléis imbéciles!—y al instante el agradable silencio volvía a inundar su salón mientras todas las miradas se posaban en el totalmente asustadas.

Law nunca levantaba la voz

—A ver chicos, os presento a Eustass Kidd, el rey rojo de la sección sur, Kidd, te presento a mis hombres de mayor confianza— aclaró el asunto en menos de dos segundos.

Pero como siempre, no todo podía ser tan fácil y Sacchi tuvo que aclarar la situación total y absolutamente para su descanso mental.

—¿Pero estáis...—preguntó y todo el mundo entendió a lo que se refería.

—Si— aseguró Kidd con aquella sonrisa plagada de dientes y estúpidamente orgullosa.

Law no trató de negarlo, porque era la verdad, pero aun así le costó un tiempo poder volver a mirar a su gente a la cara. Dios, Kidd en aquellos momentos parecía un tigre defendiendo su territorio del enemigo, y aunque la pantera lo aprobaba ya que ella era exactamente igual de territorial, Law solo quería que aquello acabase lo más rápido posible para evitarse más bochornos y explicaciones innecesarias.

—¿Entonces ¿Que has estad haciendo esta semana?—preguntó al rato Bepo cuando la discusión con Eustass pareció llegar a su fin y todos hubieron puesto limites a la situación sin preguntarle a él, principal implicado, su opinión al respecto.

Law miró a Bepo y Bepo miró a Law. Si Law contaba lo que "realmente" había estado haciendo aquella semana sabía que volvería la discusión eterna con Eustass e intentarían asesinar al pelirrojo por haberle tenido encerrado o por hacer con él lo que quisiese. Como MMG aquello siempre había sido un tema delicado para su gente. Y la paciencia de Law de no aguantaría otra ronde de pelea absurda y sin sentido. Pero por otra parte tampoco quería mentir a su gente, asique al final decidió ignorar la pregunta y hablar de otro tema.

—Nada importante—respondió quitándole gravedad al asunto con un gesto de su mano—más importante, nos hemos aliado con los otros reyes en contra de algunos Shichibukai y necesito que halagáis algunas cosas— dijo con seriedad.

Y los otros asintieron entonces captando la gravedad real de la situación. Después de todo ellos tres eran los únicos de la organización que sabían por lo que había pasado Law y por que odiaba tanto a Doflamingo. Y entendieron al instante que aquello iba a ser un paso importante para el moreno.

Comenzó entonces una charla en la que Law les explicó lo que había ocurrido, lo de Hancock, lo de Bartolomeo, lo de su identidad al fin revelada...y entonces, les pidió a los tres hombres que se pusiesen en contacto con el resto de organizaciones de reyes y les diesen la información necesaria y coordinasen la investigación como habían acordado. Al principio los otros protestaron, después de todo el rey azul nunca se relacionaba con el resto de reyes, pero al final comprendieron que, al haber estado ellos investigando dicha organización durante años, deberían ayudar al resto y que a su vez ellos podrían recibir ayuda para alcanzar al fin su objetivo.

Después de algunas horas y cuando el sol ya se alzaba alto en el cielo sobre el espeso manto de contaminación y la gruesa cubierta del campo de protección que cubría la ciudad, Law se despidió de sus hombres habiéndoles dado toda la información para ponerse en contacto con la organización de Kidd y aliviado apagó la pantalla.

Suspiró cansado. Aquello había sido intenso, Demasiado para su gusto.

Sin embargo no tuvo tiempo ni para relajarse cuando los dientes de Kidd se cerraron de repente sobre su cuello donde latía su pulso. Tembló sin poder evitarlo mientras sus manos volaban por si solas para apresar aquellos ardientes cabellos que tenía el otro. Sintió a Kidd sonreír contra su cuello cuando, esta vez, soltó un suspiro de placer al sentir la lengua del otro sobre su maltratada piel.

—¿Por qué utilizáis webcams y internet?—preguntó entonces el pelirrojo sin separarse aun de su cuerpo, prácticamente arrinconándole contra el respaldo del sofá—¿No es una tecnología demasiado antigua?¿No temes que os descubran con algo tan simple?—

Law sonrió mientras apretaba al enorme hombre contra su cuerpo sintiéndose extrañamente cómodo en aquella posición, con el otro cubriéndole totalmente y prácticamente sin dejarle respirar.

—Es más bien al contrario Eustass-ya—sus dedos se hundieron de nuevo en aquella hebras rojas casi con veneración—al ser una tecnología que nadie usa, es mil veces más segura, nadie sabe cómo usarla ni mucho menos hackearla, además, nadie espera que la usemos—

—Pero eso es basarse en la suposición, —dijo Kidd no del todo convencido dejando que el otro jugase agradablemente con su pelo— ¿Qué pasa si hay alguien ahí fuera que si sabe cómo usarla?—

Law rió ante la desconfianza del otro, aunque no podía culparle sabiendo por lo que había tenido que pasar creciendo en la parte sur de la ciudad.

—Te sorprenderías la de veces que una suposición se vuelve una realidad—le pico de todas formas—además, Pinguin es el mejor Hacker del mundo y aunque sea una tecnología antigua tiene la red más protegida que a un almacén de bombas nucleares, por lo que es imposible que alguien se meta—

Kidd sonrió esta vez más tranquilo apretando aun más a Law contra sí. Aun así había algo que no le gustaba.

—Hum, ¿asique el mejor hacker del mundo eh?—dijo con una sonrisa siniestra— creo que en ese punto te equivocas Trafalgar—

Y Law levantó una ceja sarcástica ante el comentario. Puede que Kidd estuviese celoso de el del gorro, pero definitivamente las habilidades de Pinguin con los ordenadores eran las mejores. Y Pinguin era su amigo. Por mucho que le jodiese a Kidd, era su deber defenderle.

—No, es el mejor, sin duda—aseguró serio.

Y Kidd entonces levantó la cabeza del hueco de su cuello y le miró con aquella mirada que no anunciaba nada bueno.

—Creo, Trafalgar, que no te he hablado de las habilidades de Killer con ciertos aparatos—comentó el pelirrojo. Y Law recordó al chico rubio de pelo largo al que casi le da un infarto cuando le encontró en casa de Kidd.

Law sonrió oliéndose un reto de por medio. Como reyes que eran lo de las peleas era algo que les encantaba y hacían casi como deporte, además una pelea con Kidd le resultaba curiosamente divertida.

—Dudo que alguien que esté en tu grupo y que conviva con tu inteligencia mental a diario pueda superar a alguno de los míos—respondió como si estuviese exponiendo la teoría más lógica del mundo y ganándose a cambio una profunda mirada de odio del otro—pero si insistes podríamos hacerles competir—

Kidd le miró serio durante un momento con el ceño fruncido mientras le Law sonreía abiertamente. Como validando la oferta del moreno. Y al final sonrió macabramente de una forma que hizo a Law alzar una ceja y ponerse en alerta como siempre pasaba cuando la veía, con el instinto aflorándole en segundos. Aun así no hizo nada cuando Kidd volvió a hundir la cabeza en su cuello y acercó su boca a su oreja.

—Y a lo mejor podríamos apostar algo—sugirió Kidd con un tono de voz que dejaba totalmente claro lo que pediría si ganaba.

—Podrimos...—concordó Law casi sin dudarlo con miles de ideas retorcidas rondándole al instante la cabeza sobre lo que podrían aportar—¿qué tienes en mente Eustass-ya?—casi ronroneó.

Una risilla sonó en su oído y unos afilados dientes se cerraron sobre el lóbulo de su oreja haciéndole pegar un salto.

—¿Qué tal si el que pierde tiene que hacer lo que el ganador le pida durante un día entero?—sugirió con una voz demasiado grave que solo le erizo todos los pelos de la nuca a Law.

Pero, a pasar de la creciente excitación, el de pelo negro solo rodo los ojos. Kidd era tan predecible a veces, pedía cosas tan comunes y obvias...aun así podría ser divertido, y sentía a la propia pantera meneando la cola en su interior ante la perspectiva de un juego con el pelirrojo en el que pudiese hacer luego lo que quisiese con él.

—Me parece bien—dijo entonces alejando al otro de su cuerpo y levantándose del sofá—y ahora Eustass-ya ¿Que te apetecería comer?—

Pero el otro volvió a atraparle antes de que pudiese alejarse ni dos pasos y le sentó en su regazo sin muchas dificultades, tan absurdamente fácil rápidamente que Law se sintió realmente como la mascota del pelirrojo.

—A ti— respondió Kidd rápidamente volviendo a mordisquear su cuello y a apresar hábilmente su cola entre sus fuertes manos. Law se arqueó instantáneamente contra el cuerpo del otro a sus espaldas y soltó un fuerte gruñido de placer Mierda, a pesar de que se había prometido no volver a caer tan fácilmente aquello había sido demasiado de improvisto— ¿Dime Law alguna vez te han follado en tu casa?—

Law decidió contestar a pesar del efectivo ataque del mayor que, sin siquiera haberle tocado decentemente, ya le tenía más duro que una estupida piedra con la maldita mano en su cola. Abrió las piernas inconscientemente sobre el regazo del menor cuando la otra mano del pelirrojo comenzó a acariciar su repentinamente erecta polla por encima de la ropa. Dios, aquello erra tan patético, tenía que controlar su cuerpo de una maldita vez, no podía excitarse tan ridículamente rápido.

—Si—mintió vilmente queriendo hacer enfadar al otro en venganza por aquel numerito.

Otro mordisco en su nuca y movimientos mucho más apremiantes y intensos fueron la única respuesta cabreada del otro y ante la cual Law se encontró ya sin poder pensar claramente en algo que no fuesen las manos del menor sobre su cuerpo.

—¿Y te han follado alguna vez enfrente de una ventana?—volvió a preguntar el pelirrojo contra su oído.

Law comenzó a jadear mientras su cabeza se apoyaba sin fuerzas sobre el hombro del otro.

—No—respondió esta vez Law mirando el enorme ventanal en la pared de su derecha que daba a un pequeño balcón y a la enorme ciudad justo enfrente. Kidd no podía estar pensando en…

—Mmm, pues es lo que llevó pensando hacer desde que he entrado aquí—confesó el pelirrojo con una sonrisa sobre sus dientes—después de todo las vistas son impresionantes y parece bastante estable como para poder envestirte con fuerza contra él—Law contuvo el aliento ante aquella idea, recordando al instante lo que significaba que Kidd le envistiese "con fuerza"—aunque me preocupa lo que puedan pensar los vecinos, después de todo es muy probable que nos acaben viendo—finalizó Kidd con una risilla que afirmaba que le daba exactamente igual lo que pensasen.

Y solo con aquellas simples palabras Law ya se encontró totalmente excitado sentado sobre el mayor, con las piernas abiertas ante las insistentes caricias del otro y la respiración acelerada. ¿Cómo podía ponerle tan caliente Kidd en meros segundo? Era absurdo. Pero había que reconocer que el chico tenía a veces buenas ideas, además aquello sonaba tan...degradante y a la vez divertido que no lo pudo evitar y dándose la vuelta rápidamente se abalanzó sobre los labios del pelirrojo sin dejarle volver a abrir la boca y revolver más sus ideas.

—Kidd—susurró una vez que se hubieron separado, con la necesidad clara en su voz— puedes hacer lo que te salga de los cojones— y volviendo a besarse y sintiendo la risa de Kidd retumbar entre sus labios sintió como Kidd pasaba sus manos para apretar su trasero con aquel instinto posesivo que a Law tanto le gustaba por mucho que lo negase.

Y luego, poniéndose de pie con él aun en brazos, se dirigió a la enorme ventana.


Bueno, por ya esta jaja ha sido divertido escribir las interacciones de la tripulacion de Law con Kidd, sobre todo lo de Pinguin XD aunque ya le devolveremos la sonrisa luego con Killer mujaja esta todo planeado ¬3¬

En fin, gracias como siempre por leer wapos, ¿Merezco algun review de vuestra parte para animarme a escribir?