Lamento mucho haber tardado dos semanas más de lo que había presupuestado XD, la verdad es que actualicé el fic de Kirby y cuando iba a actualizar este no se porque no lo hice y luego me vine de vacas y donde estaba no tenía internet T-T, y luego... luego pasaron muchas cosas.
Advertencia: Este capítulo puede contener escenas que no sean aptas para todo público, lean bajo su propio juicio.
Sin más los dejo con la historia...
UN HEREDERO PARA HYRULE
En el capítulo anterior...
Había sido una suerte encontrarla tan rápidamente o quizás no era aquello y esto sólo le confirmaba lo mucho que la conocía; porque allí estaba, en el tejado de una de las torres más altas del castillo, sin lugar a dudas un sitio peligroso, pero ella no lo veía así, cada vez que deseaba desaparecer acudía a aquel tranquilo escondite, uno que muy pocos conocían, el lugar perfecto para escapar del mundo y encontrar algo de paz.
Las palabras que intercambiaron fueron breves, él no había esperado que ella se tomara tan bien lo sucedido, después de todo esta vez Nohansen había metido las patas hasta el fondo, digo... ¿no podía simplemente plantar una enredadera hasta el balcón o espiarlos por un agujero desde el cuarto continuo?
En verdad a veces el ingenio del hombre superaba toda expectativa y esta oportunidad no era la excepción.
Pero no era la chispa del Rey, ni el desastre que quedo en el cuarto, ni mucho menos que todos quisieran enterarse si los tortolitos perdían o no su virginidad, en realidad todos esos "detallitos" eran una mínima parte para lo que realmente importaba, para lo que realmente había pasado...
– ¿Sabes? –Lo observó perdida en su mirada, estaban allí sobre el tejado nuevamente solos– Encontraremos un lugar especial, uno donde nadie pueda molestarnos.
Ambos lo sabían, no era un lugar lo que buscaban.
– Zelda... yo... –se había sonrojado notoriamente, no se había esperado una confesión así tan repentinamente.
– En verdad deseo terminar lo que empezamos.
Aquellas palabras habían acabado por romper aquel fino hilo que lo separaba de la cordura, en un momento así no sabía si dejarse llevar por sus sentimientos o replantearse el hecho de que estaban en el tejado del castillo, pero con ella mirándolo así, estando tan cerca... al diablo con todo, después de todo la carne es débil ¿no?, o al menos eso es lo dicen.
– Yo... yo también lo deseo –agregó sintiendo como su corazón latía con fuerza.
En un lugar tan apartado como este nadie podría interrumpirlos ¿verdad?
.-.-.-. Capítulo 9: Lo que todos querían saber .-.-.-.
Los cucos y su inconfundible canto mañanero le daban la bienvenida a un nuevo día, la plazuela de Hyrule ya rebozaba de vida a esas tempranas horas de la mañana, dos hombres gigantescos eran los encargados de abrir el gran puente que separaba la ciudadela del exterior y como cada mañana muchos aldeanos se adentraron en la plaza en sus carretas cargadas, el mercado de Hyrule siempre rebozaba de vida, color y aromas... pero hoy... hoy era un día especial y al parecer todos en Hyrule y sus alrededores se estaba preguntando lo mismo.
Aquel suave murmullo se incremento en el momento que dos criadas del castillo se acercaron a comprar algunas verduras, y es que la "copucha" ya no daba para más.
– ¿Y bien? ¿Saben si paso algo? –Preguntó inmediatamente una de las mujeres que se había reunido en el lugar.
En menos de un segundo lo que partió siendo una conversación de tres, se convirtió en una multitud alborotada, todos querían escuchar la última novedad.
– No lo sé –respondió inmediatamente una de las criadas– algo paso en la noche en el cuarto de los novios y hoy por la mañana no los vimos por ninguna parte.
– ¿Cómo que algo paso? –Y ahí iba otra de las mujeres metiches de las que nunca hacen falta pero siempre están ahí cuando menos se las espera.
– Estaba el cuarto destruido, lleno de escombros –respondió la otra murmurando como haciendo de la historia algo más "misterioso"– era impresionante la cantidad de polvo que había por todo el cuarto.
– ¡Oh cielos! –Exclamó una de las viejas abanicándose con una de sus manos– entonces eran ciertos los rumores.
– ¿De qué rumores hablas? –Preguntó otra mujer impaciente.
– ¿No lo sabes? –Agregó haciéndose la interesante– dicen que Link es una fiera en la cama, a mi me contaron que tiene tanta o más habilidad que con la espada.
Todas las mujeres rieron nerviosas y más de alguna ahogó un gritito sorprendido y alborotado, la conversación se estaba poniendo "caliente".
– ¡Oh por todas las Diosas! –Exclamó una vieja a punto del soponcio– yo con gusto le daría diez hijos.
– ¿Y tú no tienes marido?
– ¿Y por qué tendría que enterarse de que los hijos no son suyos?
Nuevamente las risitas nerviosas llenaron el tumulto de viejas chismosas.
– A mi me parece bastante extraño ese rumor –agregó la criada más joven– el joven Link es un hombre muy educado y reservado, no creo que haya tenido una aventura con alguna chica de la ciudad –dijo al mismo tiempo que jugueteaba con sus manos nerviosa, ligeramente sonrojada– él es todo un caballero.
– Parece que aquí tenemos otra que seguro le presta el traste al futuro Rey –agregó una de las viejas venenosas del grupo– seguro y ya te le insinuaste al prometido de la princesa y él no te dio bola.
– ¡Claro que no! –Negó inmediatamente la criada molesta y muy sonrojada– el joven Link ha sido muy amable conmigo, jamás se me ocurriría ofrecerle tal servicio.
– Pero seguro lo has pensado, ¿no?
La chica guardó silencio y bajo la mirada avergonzada.
– Ya déjenla tranquila –la defendió la otra muchacha del castillo– yo también pienso que esos rumores son falsos, una de las cocineras me contó que ni el joven Link, ni la señorita Zelda han perdido su virginidad.
– ¿Será eso cierto? –Preguntó otra de las chismosas muy interesada en el tema.
– Bueno si es cierto o no de seguro eso anoche paso a la historia.
– Seguro no es así y se lo tenían bien guardado –agregó otra nuevamente llevando la contra.
– Yo creo que Zelda está embarazada y por eso se casaron –insistió otra de las mujeres aún más convencida de lo que ella pensaba era lo cierto.
Los murmullos inundaron el mercado, las mujeres seguían y seguían viboreando de lo lindo, mientras los hombres las observaban un tanto extrañados, ninguno se explicaba que era lo que las estaba alborotando tanto.
Pero no sólo la ciudadela de Hyrule estaba inmersa en la gran interrogante del día, en el castillo las criadas, cocineras, jardineras, guardias, amigos y enemigos, todo lo que caminara en dos patas estaba haciéndose la misma dichosa pregunta...
¿Qué demonios había pasado durante la noche con el par de recién casados?
Además había sólo un grupo "reducido" de personas que estaba enterado de lo que había sucedido en el cuarto de los casados, bueno en realidad sólo los que se habían caído del entretecho, Impa, Link y Zelda, por lo que el desastre del cuarto también dio pie a miles y millones de especulaciones entre la gente que trabaja al interior del castillo.
Pero seguramente el que estaba más ansioso de saber que había sucedido era el mismísimo Rey, quien había pasado la noche en vela esperando a ver si alguien en el castillo se dignaba a llevarle noticias de su hija.
– No siga tomando café, va a enfermarse señor –Agregó Impa tratando de quitarle el tazón al soberano, quien como todas las mañanas estaba sentado en la cabecera de la larga mesa del comedor.
– Impa tiene razón –agregó el pelirrojo quien observaba como las ojeras del Rey parecían dos enormes moretones– debería descansar.
En realidad no sabía si realmente eran ojeras o eran secuelas del estrellón que se habían dado anoche contra el piso. De lo que respecta a su estado, en verdad había terminado bastante molido.
– Si Link y Zelda se encontraron anoche seguro no vendrán a desayunar –soltó Ashei como si fuera la cosa más normal del mundo.
– Yo creo que la señorita Ashei tiene toda la razón –soltó Impa ligeramente ruborizada, algo "bastante" extraño en ella.
– ¡La niñera sabe algo! –Saltó Linebeck quien no había pasado por alto esa extraña expresión en el rostro de la mujer.
– ¡Yo no soy una niñera! –Exclamó la Sheikah ahora notoriamente roja.
– ¿Viste algo anoche Impa? –Le preguntó el Rey al mismo tiempo que le quitaba nuevamente el tazón a la mujer para darle un largo sorbo a la adictiva cafeína, necesitaba mantenerse despierto hasta saber que diantres había pasado en la noche.
– Claro que no –desvió su mirada bastante incómoda, era evidente que la mujer estaba mintiendo.
– ¡Sabe algo, sabe algo! –Linebeck se había parado sobre la mesa apuntándola como loco.
– Demonios Linebeck bájate de la mesa, pareces demente –justo en el momento menos oportuno Link hacía su aparición en el comedor.
Inmediatamente todas las miradas se clavaron sobre el chico, quien evidentemente se sintió "ligeramente" observado. ¿Qué diantres les pasaba a todos? ¿Por qué lo miraban con esas extrañas sonrisas en sus rostros?
Y bueno, la verdad es que Link también parecía sólo venirle a poner carbón a lo que ya hace rato se estaba asando, fuera de que había llegado sospechosamente tarde a desayunar, traía un misterioso rasguño en la mejilla derecha, un cabello alborotado y para la guinda de la torta venía con la misma ropa que andaba el día anterior sólo que mal puesta, al menos la camiseta estaba algo a mal traer y evidentemente al revés.
Pero a pesar del extraño aspecto del joven nadie hizo comentario alguno, sólo lo siguieron con la mirada aún sonriendo de una forma extraña. El rubio se acercó a la mesa y tomó de ella una taza llenándola de jugo, parecía tener bastante sed.
– Ejem –Linebeck se estaba aclarando la garganta, al parecer pretendía decir algo– parece que la cosa estuvo buena anoche.
Link escupió todo el líquido que había alcanzado a beber, e inmediatamente se sonrojó tanto o más que la alfombra que estaba en el suelo del cuarto. Inmediatamente después levantó la mirada para darse cuenta que todavía estaban todos observándolo con amplias sonrisas en sus rostros, a excepción Impa que parecía lo bastante avergonzada como para dirigirle una mirada.
¿Qué diantres se estaban imaginando todos?
– ¡No es lo que están pensando! –se defendió al instante notoriamente incómodo.
– Oh vamos Link, no tienes porque sentirte avergonzado –trató de calmarlo Shad quien se había levantado para acercarse al muchacho.
– Es que...
Pero justo cuando Link no creyó que la cosa podría empeorar...
– ¡¿Y cómo esta mi alumno campeón?! –El profesor de educación sexual acaba de ingresar en el cuarto.
– Maldición... sólo esto me faltaba –murmuró Link golpeándose la frente con una de sus manos.
– ¿Y qué tal estuvo anoche la cosa? –Sonrió maliciosamente mientras se acercaba– Por lo visto seguiste mis consejos –agregó levantando sus cejas acusadoramente.
– ¡Que no fue "eso" lo que paso! –Link estaba cada vez más rojo, si es que eso era posible.
– ¿Cómo? –Ashei también se había levantado– ¿A qué te refieres con que no paso "eso"?
– Pues... "eso"– en definitiva Link se estaba haciendo un verdadero lio para explicar la situación– hay cosas que pasan... y cosas que no pasan y ya...
– ¡¿Qué clase de explicación es esa?! –Exclamó Linebeck soltando a reír– di mejor que no te dio el cuero y ya.
– ¿No pudieron concretar nada anoche? –Ahora era el Rey quien intervenía en la conversación.
– Bueno este... es... es... –En verdad esta situación era bastante incómoda, como iba a explicarle algo como eso al padre de la mujer con la que él se había estado... ahhh al diablo con todo, ellos habían tenido la culpa de que su noche de bodas no fuera algo "normal" así que ahora no tenían porque tener derecho a detalles y aunque no fuera así ¿no merecía un poco de "privacidad"?– Es una historia larga –dijo finalmente tratando de zafarse del asunto sin herir los sentimientos de nadie.
Pero el problema era que en definitiva nadie entendía nada, no sabían que diantres había pasado, no podían interpretar de parte de Link si había pasado algo o no entre los recién casados o si en definitiva la noche había terminado siendo un completo fiasco, pero de lo que si estaban seguros es que había alguien además de Link que sabía más de lo que estaba diciendo.
– ¿Y dónde está Zelda? –Preguntó Ashei tratando entender un poco la extraña actitud de Link, quizás el acoso de todos lo había cohibido de algún modo y por eso no quería referirse a lo que había pasado en la noche.
– Bueno... esa también es una cuestión delicada –puntualizó el chico rascándose nervioso la cabeza.
– ¿Zelda está bien? –Preguntó el Rey quien ahora parecía más confundido que antes.
Link bajo la mirada al suelo, quería hacerse un hoyo y enterrarse, en verdad no sabía como salir ileso de esta situación.
– ¡OMG! No me digas que le diste hasta que no pudo caminar la pobrecita –y ahí iba de nuevo el comentario "tan" atinado del gurú del sexo.
El chico sintió que la cabeza le estaba hirviendo, porque a pesar de que el rojo ya no podía aumentar, el calor que sentía si parecía ir en aumento.
– Ella está bien –respondió Impa de forma seca, quien para sorpresa de todos había intervenido en la conversación con un aire molesto.
Ahora todas las miradas se clavaron sobre la Sheikah, era obvio que algo sabía ella que no sabían los demás.
Link levantó su mirada y le dedicó una sonrisa ligeramente aliviada a la mujer, quien al parecer en este momento estaba de su lado.
– ¿Y dónde está ella en este momento? –Fue Shad quien ahora hacia la pregunta del millón.
– Está descansando en su cuarto –respondió la mujer alejándose del Rey para acercarse a Link– y me parece que este temita tiene que quedar hasta aquí –agregó firmemente al mismo tiempo que apoyaba una de sus manos sobre el hombro del muchacho– ve con ella, yo les llevaré el desayuno.
– Gracias Impa, te debo una.
– ¡Hey recuerden que hoy tenemos clases! –Exclamó el profesor sin saber si el muchacho lo había alcanzado a escuchar.
Link se había movilizado rápido, alejándose comedor tan rápido como pudo, dejando a todos nuevamente con la gran incógnita del día.
¿Qué era lo que había pasado anoche?
Avanzó recorriendo el conocido camino hasta el cuarto de la princesa, ahora con un aire diferente, con una extraña sensación. Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo, pero a pesar de todas las extrañas experiencias de la semana hoy era un día especial, un día diferente... era el primer día que pasaban como recién casados. Casi no podía creerlo.
Y a pesar de que parte de su mente estaba puesta en eso, que debería ser lo único importante en este momento, otra parte de si volvía a darle vueltas al asunto del comedor.
– No sé como voy a explicarles a todos lo que paso –estaba hablando sólo, pero necesitaba hacerlo en voz alta, necesitaba tratar de encontrar las palabras adecuadas para resolver este embrollo en el que se había metido, porque en definitiva su intervención en el comedor no había sólo empeorado los rumores que se habían esparcido como un verdadero virus en el castillo.
Se detuvo frente al cuarto de la princesa y tomando la manilla con su mano derecha la giró e ingresó en el cuarto sin llamar antes de entrar, sin siquiera pensar lo que estaba haciendo. Seguramente Zelda seguía durmiendo o eso fue lo que creyó, pero para su sorpresa ella se encontraba sentada en la cama, observando perdida el ventanal del cuarto, por el mismo que ahora ingresaba una fresca brisa y el cálido sol matinal.
– ¿Zelda? –La llamó cerrando inconscientemente la puerta tras su espalda, cargaba aún con la taza de jugo en la mano izquierda, se la había traído sin notarlo.
La muchacha se volteó sorprendida, al parecer no había esperado que Link ingresara en el cuarto. Pero fuera de su sorpresa ladeo ligeramente su cabeza y le sonrió amablemente. Una sensación extraña la embargó al verlo detenido frente esa puerta, no sabía que era, pero aquella apariencia casual y desordena, algo alborotada parecía despertar algo más que una simple atracción en ella.
Aquella bonita sonrisa que la princesa le dedicaba se encargó de robarle toda su atención, la joven aún vestía los mismos ropajes que había usado para la boda, pero en definitiva aquella fina tela seguía enmarcando su menuda figura con gracia, aquel sutil destello dorado sobre su cabello suelto iluminado por el cálido sol de la mañana, sus mejillas ligeramente sonrojadas, sus hombros descubiertos iluminados parcialmente por ese mismo sol mañanero que tan bien le asentaba. Todo parecía formar parte de un cuadro, inclusive ese vendaje que ahora cubría su frente tenía un algo en ese momento.
– Buenos días –agregó y poco después se llevó una de sus manos a la frente, cerrando sus ojos– auch –se quejó frotando con su palma la frente.
– ¿Estás bien? –Se acercó preocupado, en un abrir y cerrar de ojos ya estaba junto a la muchacha, quizás más cerca de lo que debería– déjame ver.
– No te preocupes –le dijo volviendo a clavar sus claros ojos sobre los del chico– tu también pareces algo apaleado –agregó soltando una suave risita.
Link parecía embobado observando cada detalle, cada movimiento, cada mínima expresión en su rostro. No entendía que era lo que lo tenía así, como en trance.
– ¿Te duele mucho? –volvió a preguntarle dedicándole una intensa mirada.
– ¡Que va! Sólo fue un golpecito –respondió de buen ánimo– ¿Qué traes ahí? –Le preguntó curiosa un segundo después apoyando una de sus manos sobre la que el chico aún mantenía sobre la taza para sostenerla.
– ¿Eh? –La pregunta pareció traerlo a la realidad, percatándose por primera vez que aún cargaba la taza que había comenzado con todo el escándalo del comedor– es jugo de naranja –le respondió poco después.
– ¿Puedo? –Le preguntó nuevamente como pidiéndole permiso para beber de ese tazón.
– Por supuesto –agregó atinando a soltar la famosa taza para entregársela a ella y luego observó como ella llevaba la misma lentamente hasta su boca, cerrando sus ojos para beber.
– Mmmm está muy bueno –le comentó al tiempo que le sonreía con un dejo de picardía– tú también tomaste –le dijo, no como pregunta, sino más bien como una afirmación al mismo tiempo que se acercaba aún más al chico dejando la taza en el velador junto a la cama. Podía sentir ese delicado y cítrico aroma en él.
Link se sonrojó al sentirla tan cerca, en ese momento las mejillas de ella también tenían un suave rosa. Mantuvieron aquel contacto visual con el que todo había comenzado mientras sonreían como dos chiquillos traviesos dispuesto a hacer algo indebido.
– Deberías comprobarlo –agregó uniéndose a ese juego que en algún momento había comenzado y no estaba dispuesto a terminar ahí.
– ¿Puedo? –Volvió a repetir aquella pregunta con ese mismo aire coqueto y juguetón, manteniendo esa tentadora distancia entre sus rostros, apoyando sus manos en los hombros del joven.
¿Cómo iba a negarle algo si le hablaba en ese tono, con esa carita? Debería estar loco para hacerlo.
Pero antes de que pudiera responder ella se acercó permitiendo que sus labios se rozaran lentamente, aquel contacto había sido demasiado sutil para ser un beso, pero lo suficientemente estimulante como para desear más.
Un cosquilleo recorrió su cuerpo al mismo tiempo que cerraba sus ojos para disfrutar de esa sensación embriagante junto al agradable aroma a naranja.
– No me hagas esto –murmuró aún con sus ojos cerrados, mordiendo su labio inferior tratando de controlar algo que para ese entonces no podía ocultar... el deseo.
Sonrió divertida, acomodándose para abrazarlo rodeando su cuello con sus brazos. Este juego se estaba poniendo interesante, pero quizás ella también estaba perdiendo el control de la situación. Se encontraban tan cerca que no podía evitar sentir como la ansiedad empezaba a apoderarse de ella.
– ¿Sabes? –hizo una breve pausa para darle algo de misterio a su acotación – definitivamente es mejor la naranja en tu boca –concluyó mordiendo suavemente el labio inferior del guerrero.
Ya no podía soportarlo más, Zelda definitivamente lo estaba provocando, y presa de esa creciente excitación y antes de que ella pudiera escapar nuevamente, acortó la imperceptible distancia que había entre sus labios y la beso apasionadamente, definitivamente algo inexplicable se había apoderado de él y no sabía si a estas alturas podría detenerlo.
Sin dejar de besarla la guió con cuidado hasta dejarla recostada nuevamente sobre la cama con él encima, por un segundo su alma se sumergió embebida por ese dulce néctar, aquel agradable aroma cítrico a naranja, bendito aquel dichoso jugo que había tomado de la mesa en la mañana.
Se separaron un segundo, respirando agitadamente. Sus ojos se contemplaron por lo que pareció una eternidad, y sus manos presurosas buscaban arrebatar de sus cuerpos aquellas molestas prendan que cargaban.
Zelda se deshizo rápidamente de la camiseta blanca y mal puesta con la que el chico andaba y mientras lo hacía pequeños flash back de lo ocurrido la noche anterior volvieron a agolparse en su cabeza, aquella conocida sensación sofocante volvía a embargarla, pero ahora parecía que la prisa reinaba cada movimiento, cada acalorado beso.
– Link... –gimió la muchacha arqueando ligeramente su cuerpo sintiendo como él bajaba lentamente a través de su cuello.
Recorrió cada centímetro de aquella tersa piel dejando marca de sus labios por donde avanzaba, sintiendo como ella se estremecía cada vez que la besaba, cada vez que sus manos traviesas masajeaban suave y lentamente sus pechos. Podía sentir a través de esa fina tela como la excitación en ella se hacía muy evidente, y también podía sentir la imperiosa necesidad quitarle de una vez por todas ese dichoso vestido de encima, deseaba más, necesitaba sentir más...
– Link... ven... –le suplicó agitada sujetando el rostro del muchacho con sus manos, guiándolo hasta que sus labios volvieron a encontrarse en otro ardiente beso, cargado de deseo.
Sus cuerpos se rozaron lentamente dejando que una extasiante sensación los recorriera como una descarga, sus agitadas respiraciones entrecortadas eran acompañadas por el animoso canto de las aves en el exterior del cuarto, pero ellos no parecían oír o al menos no hasta que...
Toc Toc
Pero ellos siguieron en lo suyo, nada de lo que ocurriera fuera de esas cuatro paredes podía importarles, o eso parecía.
– Creo... creo que están... están llamando... a la puerta –murmuró entre besos, en verdad no deseaba detenerse.
– ¿Ah? –Evidentemente en un primer instante no consiguió unir la frase de Link y el contexto de la situación, pero...
Toc Toc
Insistió la puerta.
– ¡Link la puerta! –Exclamó la chica empujándolo asustada rompiendo con todo el encanto del momento.
El chico pegó un brinco del susto y más el empujón que le dio la princesa terminó de bruces en el suelo, al mismo tiempo que ella se cubría con la sabanas lo suficientemente avergonzada como para no moverse de la cama.
– ¿Señorita Zelda? ¿Joven Link? –Los llamó una femenina voz tras la puerta.
– Cielos... ¿pero qué diantres? –todavía se estaba recuperando del golpe y el brusco quiebre de lo que creyó sería una prometedora mañana junto a su esposa.
– ¡Lo siento mucho! –Exclamó la chica aún más apenada al ver como el pobre muchacho se incorporaba del suelo– ¿Estás bien? –le preguntó bajándose de la cama jalando la sabana con la que se había cubierto como si hubiera estado desnuda.
– Si... tranquila.
– ¿Señorita Zelda? –insistió la muchacha tras la puerta algo preocupada.
Como siempre no faltaba la sirvienta inoportuna, en cada rincón había una.
– ¡Ya vamos! –Le respondió alzando la voz para tranquilizar a la muchacha– tienes que ir tú –ordenó luego aún respirando con algo de dificultad.
– ¡¿Qué?! ¿Por qué tengo que ir yo? –se quejó sobándose la cabeza con su mano– tú estás más vestida que yo.
– No puedo –se sonrojó notoriamente aún tapándose con la sabana– se nota demasiado.
– ¿Qué se nota? –Link parecía no entender.
– Pues eso... –parecía bastante incómoda con la situación, pero evidentemente el chico aún no comprendía que diantres le pasaba– ¡Se me marca el pezón con el vestido! –Agregó aún más roja que antes, la noche anterior había perdido su ropa interior en el techo, por lo que ahora sólo la cubría ese vestido.
Link también se sonrojó notoriamente y no pudo evitar desviar su mirada desde el rostro de ella hasta sus pechos, los mismos que en ese momento ella cubría afanadamente con la sabana.
– ¿Está todo bien? –Y ahí estaba nuevamente la muchacha preguntando más de lo debido.
– ¡Deja de mirarme y anda a abrir la puerta! –Zelda estaba comenzando a perder la paciencia, ¿no había bastando con lo de su padre, lo del techo y ahora esto?
Link se levantó aún muy sonrojado, no podía quitarse de la cabeza la imagen de la muchacha sentada a su lado bajo la cama cubierta parcialmente por la sabana y el vestido, su rostro avergonzado, su mirada inquieta, su entrecortada respiración, y la imagen de esos pechos, desde que ella le había mencionado lo de los pezones no había podido evitar imaginárselos y no es que fuera un pervertido ni mucho menos, es sólo que... ¡maldita sea! Aún estaba muy excitado, ¿eso era algo normal no?
Y a pesar de todo ahí estaba nuevamente de pie abriendo la dichosa puerta para ver que demonios era lo que quería la sirvienta que los había interrumpido en el momento menos oportuno.
– Buenos días –la saludo al abrirle, tratando de sonreírle amablemente sin que se le notara el fastidio que en realidad estaba sintiendo inevitablemente.
La chica se sonrojó de sobremanera poco después de que Link abriera la puerta, en verdad no se había esperado encontrarse con el futuro Rey semi desnudo justo delante de ella.
– Por todas las Diosas –murmuró muy bajito sintiendo como las piernas le temblaban y la bandeja que traía consigo y las cosas que estaban sobre ella tiritaban prontas a caerse.
– ¿Qué? –Link se acercó un poco, no había logrado escuchar que era lo que la muchacha le estaba diciendo.
– Joven... joven... Link... yo... –y poco después ella se desvaneció.
– ¡Cuidado! –Exclamó al mismo tiempo que con una mano sujetaba la bandeja de la chica antes de que las cosas se cayeran y con la otra atrapaba el cuerpo cayendo.
– ¿Qué paso? –Preguntó Zelda acercándose, arrastrando con ella la famosa sabanita.
– No sé que paso –Link tan sincero e ingenuo como siempre no tenía idea que era lo que había afectado tanto a la muchacha.
Cuando evidentemente la pobre había sufrido un soponcio severo poco después de ver el cuerpo bien tonificado del rubio en semejante y sospechoso estado frente al umbral de la puerta, era evidente que ese perlado de su cuerpo no era de una ducha y la notoria hiperemia no la había adquirido haciendo ejercicio en la mañana, bueno... depende de que ejercicio estemos hablando... en fin la cosa es que ahora tenían una bandeja con cosas de desayuno y una chica medio muerta justo en la entrada de la puerta.
– ¡¿Qué le hiciste?! –Zelda parecía horrorizada al ver el "cadáver" que Link sujetaba en su brazo, mientras que con la otra mano aún trataba de equilibrar la bandeja llena de cosas.
– ¡Yo no le hice nada, ella se tiro al suelo a penas le abrí la puerta! –Se defendió tratando de voltearse para poder enfrentar con la mirada a la princesa.
– ¡¿Cómo se va a tirar al suelo así nada más?! –Le contradijo cansada de estar envuelta en estas "situaciones incomodas" una y otra vez.
– Pues así fue –le insistió, ¿qué culpa tenía él de que la sirvienta se desmayara de la nada justo frente a la entrada?
En realidad Link tenía toda la culpa, pero seguramente aún no se enteraba de ello.
– Da igual –se rindió finalmente suspirando cansada– ponla sobre la cama, tenemos que apurarnos ¿viste la hora que es?
– Aún no es medio día.
– Pero a las doce tenemos clases ¿lo recuerdas? –en verdad no tenía ganas de ir a clases.
– ¿Clases de qué? –Link aún no lograba enchufarse con el día, la hora y el lugar, en verdad parecía totalmente desorientado.
– Con el loco ese que contrato mi papá, el sexopata demente que nos hace clases de "educación sexual"
– ¡OMG! ¡Tienes razón! –Exclamó horrorizado recordando que para esa dichosa clase tenían que saberse el baile de memoria y que sólo lo habían practicado una vez– ¡No me acuerdo como era el baile!
– ¡Al diablo con el estúpido baile! Si no llegamos luego tendremos horario extra y ya es suficientemente perturbarte una hora como para tener hora extra.
– Tienes razón, pero... ¿Qué hago con esto? –Preguntó por la bandeja que aún sostenía con una mano.
– Dame –dijo sacando una tostada y poniéndosela en la boca al chico para luego sacar otra tostada y hacer lo mismo al mismo tiempo que tomaba un vaso de jugo y con la otra mano le quitaba la bandeja al muchacho.
Link la observó caminar con la tostada en la boca, mientras dejaba la bandeja sobre una mesa y con la mano ahora libre agarraba el pan no sin antes mascarlo mientras recorría el cuarto buscando cosas sacando una que otra prenda poniéndosela en el hombro, sin dejar de sostener el vaso y sin dejar de comer.
– Increíble –murmuró admirado.
Seguro esa era una habilidad única que tenían las chicas, él no podía comer, beber jugo, moverse y buscar cosas, todo al mismo tiempo.
– Link apresúrate.
Y dar órdenes junto a todo lo demás.
Pero antes de moverse observó como Zelda ingresaba al baño del cuarto, perdiéndose de su vista.
Un largo suspiro se escapo de sus labios, en verdad estaba algo frustrado.
– Unos cuantos minutos más y... –agitó su cabeza, en verdad debía sacarle la imagen de la princesa de sus pensamientos, no podía concentrarse en ese estado.
Bajo la mirada y se encontró un tanto sorprendido con la muchacha que el mismo había rescatado de un verdadero estrellón contra el suelo.
Volvió a suspirar aún más fastidiado.
Poco después de asumir su resignación, sujetó a la chica entre sus brazos y la cargó hasta la cama para dejarla recostada. Cuando despertara ella misma podría buscar la enfermería y revisarse, no es normal que una chica tan joven se anduviera desmallando de la nada, o al menos eso pensaba él.
– ¡Link dúchate rápido! ¡No nos queda mucho tiempo! –Exclamó la princesa quien venía saliendo del baño vestida, pero con el cabello totalmente empapado.
Zelda había escogido para ese día un atuendo bastante casual, se trataba de un vestido color blanco muy sencillo de mangas largas y cuello subido con una orillita lila, hasta el antebrazo la tela era holgada y luego se ajustada al brazo terminando en punta sujeta a su dedo medio, a la altura de sus hombros y llegando hasta el centro de sus pechos unidos por un broche dorado una especia de tapado en color violáceo hacia un corte en el vestido y sobre el mismo caía con gracia sobre su torso y parte de la falta una tela color lila con bordes purpuras y dorados, era como una especie de estandarte de esos que solía usar sobre sus ropas, de los que normalmente en la parte inferior se encontraba bordado el emblema de la familia real y este no era la excepción.
El chico había hecho caso omiso a lo que la muchacha le había pedido y en vez de dirigirse hacia el baño avanzó presuroso hasta alcanzarla.
– Espera –le dijo sujetando una de sus manos antes de que ella pudiera seguir avanzando en la búsqueda de quien sabe que cosa que ahora parecía afanada en encontrar– detente un segundo.
– ¿Qué sucede? –Preguntó un tanto confundida, el guerrero estaba actuando de una forma un tanto inusual.
– Hay algo... algo que no he podido decirte –agregó sintiendo como el calor volvía a ser molesto sobre sus mejillas.
Una de sus manos acarició el rostro de la muchacha, ahora las mejillas de ella estaban frías por efecto de la ducha, pero no paso mucho para que adquirieran nuevamente un bonito rosa.
– ¿Y qué sería eso? –Preguntó curiosa, en verdad deseaba saber que era lo que lo tenía tan ensimismado, no lograba descifrar nada desde su mirada.
– Bueno... es... –nuevamente comenzaba a tartamudear, no entendía porque hablar de sus sentimientos se le hacía tan difícil, era sólo un "te amo", así de simple, así de breve, sabía que ella conocía sus sentimientos, pero él deseaba decirlo, quería que ella lo escuchara– este... bueno es que... es que... hoy te vez muy bonita –dijo finalmente, desviando la mirada avergonzado.
Ella rió divertida al escuchar esa "declaración", le hacía gracia ver como aún a pesar de todo él seguía poniéndose así de nervioso, además ver la vergüenza en su rostro le daba un aspecto de lo más tierno a su parecer.
– Pues... gracias –le dijo depositando un suave y coqueto beso sobre su mejilla para luego retomar nuevamente lo que había dejado de lado– tú también te vez atractivo semi desnudo– agregó levantando sus cejas mientras le dedicaba una mirada de lo más incitante.
El rojo de su cara fue en aumento, ese comentario definitivamente no se lo había esperado de parte de la princesa.
– Eres un idiota Link, debes buscar un lugar más romántico para decir algo tan importante –pensó frustrado.
Se detuvieron junto a la puerta, temerosos de dar un nuevo paso, al parecer ambos tenían ese mal presentimiento recorriendo sus cuerpos. En verdad ver esa puerta cerrada era aterrador, el solo tratar de imaginarse que cosas podrían encontrar ahora detrás de ellas lo era aún más perturbante.
– Creo que no me siento preparado para esto.
– Yo tampoco –murmuró la princesa aferrándose a la mano del muchacho.
– ¿En verdad tenemos que hacerlo?
– No tenemos opción.
Juntos y casi decididos se acercaron un poco más.
– Bueno... –tragó saliva aún más nervioso– aquí vamos –agregó.
Y con aquella misma desconfianza la puerta comenzó a abrirse haciendo un crujido molesto un chillido típico de una puerta mal engrasada.
¿Qué clase de lesión tendría preparada el demente profesor para los recién casados?
Continuará...
¡Al fin!
En verdad lamento mucho la tardanza, se que no tengo perdón x-x, pero de verdad ha sido un año difícil, espero que eso cambie cuando logre cambiarme de casa.
No es que no quisiera actualizar... es sólo que han pasado muuuuchas cosas desde la última vez que actualicé... entre ellas... operaron al hermano de mi pareja del corazón, poco después me case.. ohhh si soy una mujer casada... y hace no más de un mes falleció el hermano de mi ahora esposo, la verdad es que esas cosas y más me han hecho pensar, a veces la vida se mueve de forma vertiginosa y uno no la aprovecha lo suficiente, vivimos el día a día pensando que existe un mañana, creyendo que todo seguirá igual al despertar, pero la realidad no es así, el pequeño murió en el sueño, en los brazos de su madre, nadie noto nada y se fue así nada más... es por eso que les digo... disfruten cada momento con sus seres queridos como si fuera el último.
Saludos para todos!
P.D: En la noche agregaré los agradecimientos x-x aquí en la pega no puedo XD
