CAP 10- PROPOSICIONES

Inuyasha notó un pequeño y dulce mordisquito en el labio inferior. Kagome lo cogió por el cuello de la camisa y lo atrajo hacia ella, al mismo tiempo que se inclinaba hacia atrás, para quedarse estirada en la cama con él encima. Una vez en esa posición, el chico deslizó sus labios por el cuello de ella, que lo estiró para permitir el acceso de los besos con más facilidad.

El chico supo muy bien las intenciones de Kagome cuando ésta empezó a desabrocharse la blusa, por lo que detuvo poco a poco las caricias y se separó lentamente de ella, incorporándose. Ésta emitió un quejido por la interrupción, intentando volver a tumbarlo de nuevo, pero él se resistió.

- Para- le pidió.

La cogió de la cintura y la obligó a sentarse sobre la cama.

- Qué ocurre?- preguntó ella, confusa por ese cambio tan brusco de actitud.

- No quiero que hagas esto, aún.

- A qué te refieres?

La forma en la que él levantó una de sus cejas la hizo sonrojar, dándose cuenta de que la respuesta era obvia. Aun así, no pensaba rendirse:

- Por qué no? Pues qué pasa? Según dicen, lo has hecho con otras chicas. Por qué no conmigo? Es culpa mía? Oye… yo… puedo mejorar… no tengo experiencia, pero…- sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

Inuyasha suspiró y le sonrió un poco para reconfortarla. Le acarició el mentón con suavidad y la besó tiernamente. Al separarse, depositó otro beso en la frente de ella y dijo:

- No es eso, Kagome. Me muero de ganas.

- Entonces..?- le preguntó, acurrucándose en el pecho masculino.

El joven la abrazó y respondió:

- Creo que estás entregando tu virginidad muy deprisa.

- Tengo diecisiete años, Inuyasha. Voy a cumplir los dieciocho dentro de tres meses. A eso le llamas ir deprisa?

- Dentro de lo nuestro, sí. No quiero que te sientas presionada, te esperaré el tiempo que haga falta…

- No me siento presionada. Quiero hacerlo, me siento preparada si es contigo- insistió.

- No me puedo creer que estés pensando en algo como esto después de…lo de ayer.

Kagome bajó la mirada.

- Precisamente por eso- dijo.

Volvió a levantar la vista para clavarla en la mirada ambarina de su novio. Siguió hablando:

- No quiero que mi primera vez sea una violación- se mordió el labio para contener un sollozo- Quiero que sea contigo, Inuyasha. Te amo, quiero entregarme a ti…

- Si es por Naraku, que sepas que no voy a permitir que te toque.

- Aun así quiero hacerlo.

- Pero quieres que sea así, obligados por las circunstancias?- le preguntó él, frunciendo el entrecejo.

- En ningún momento he dicho que me sienta obligada.

Inuyasha respiró hondo, con la mirada ausente, como si estuviera pensándoselo.

- Inuyasha… por favor…- le suplicó ella, sin saber qué más decir para convencerle. Volvió a sonrojarse al darse cuenta de que se estaba comportando como una necesitada.

Estuvieron un minuto en silencio, hasta que él lo rompió con su respuesta:

- No será ahora, Kagome.

Ella perdió la batalla contra sí misma, y una silenciosa lágrima bajó por su mejilla.

- Oye- Inuyasha le llamó la atención.

El chico le levantó el mentón con suavidad, y le dijo:

- No llores, no me has entendido- respiró hondo- No he dicho que no. Lo he pensado y sí, vale, lo haremos, pero no esta noche. Dejaremos unos cuantos días más de plazo por si cambias de opinión. Podrás esperar hasta entonces, ansiosa?

Kagome sonrió, aliviada, sintiéndose ganadora. Asintió y lo besó, siendo correspondida por él. Luego se tumbaron sobre la cama, ella bocarriba y él un poco más abajo, para poder apoyar la cabeza sobre el vientre de la chica y posar una mano en la cadera femenina. La joven empezó a acariciarle el pelo, con dulzura, mientras él depositaba mordisquitos y besos en la piel de su estómago. Estuvieron unos minutos así, en silencio, hasta que ella lo rompió:

- Inuyasha.

-Mmmm?- gruñó, dando a entender que la estaba escuchando.

Kagome dudó, pero preguntó:

- Quién fue tu primera chica?

- Mi primera novia? La cerda de Kikyo- respondió, abrazándola con más fuerza.

- No me refería a tus noviazgos oficiales. Hablaba de…-se sonrojó- de tu primera vez. Hay muchas chicas que afirman que tú y ellas… ya sabes, aunque no hubo compromiso, que sólo fueron rollos de una noche, ya fuera por diversión o por el alcohol.

Silencio. Inuyasha detuvo sus muestras de afecto y preguntó:

- En serio quieres saberlo? Te gustaría saber quién se llevó mi virginidad?

- Ajá. Si no te importa, claro.

- No me importa decírtelo, mientras sólo sea a ti.

- Entonces, quién fue la primera?

El chico sonrió con arrogancia y contestó:

- Te lo diré después de hacerlo tú y yo.

- Cómo? Ni hablar, me has dejado con el moco, ahora me lo dices!- protestó ella, hinchando sus mejillas en señal de capricho.

Se incorporó bruscamente, consiguiendo echarlo de su "almohada". Inuyasha también se incorporó, quedándose sentado frente a ella.

- Dímelo!- ordenó Kagome, cruzándose de brazos.

- Eso se llama "usurpación de intimidad"- sentenció él, divertido por la reacción de su chica.

- No, se llama "dejar con la miel en los labios".

- No te preocupes, ahora te la quito.

Riéndose con aires de tierna suficiencia, la besó de improvisto. Ella quería hacerse la dura, rechazarle, pero desde el primer momento en que probó los labios de Inuyasha supo que nunca sería capaz de hacerlo.

Al separarse, se quedaron apoyados por la frente. Inuyasha la miraba, burlón, y ella luchaba por sustituir su propia expresión dulce por una de resignación. Eso le hizo mucha gracia a su novio.

- Qué pasa? Ahora haces gimnasia facial?- se mofó, acariciándole la rodilla traviesamente.

- Cállate!- se quejó ella, dándole una minúscula bofetada, sin intención de golpearle fuerte.

- No te quejes tanto, te saldrán arrugas.

Al ver que sus intentos por mostrarse enfadada no surgían efecto, Kagome se rindió, abandonándose a las carcajadas reprimidas. Él también se rió, divertido. Un último intento por parte de ella:

- Por favor, dímelo…

- Ya te lo he dicho. Te lo diré, pero después de hacerlo.

- Eres un diablo- lo acusó ella- Me has dejado un asunto en qué pensar.

- No creas, ya me he ocupado de ello.

- Qué quieres decir?

Inuyasha se acercó a su oído y le susurró:

- Me gustará saber cómo lo harás para taparlo.

- El qué?

Él se rió de nuevo antes de contestar:

- Mírate bien y lo descubrirás.

Sin añadir nada más, la besó en los labios como despedida y se fue, cerrando la puerta tras de sí y riéndose otra vez. Kagome frunció el ceño y se levantó también de la cama. Abrió la puerta del armario y se miró en el espejo interior de una de las puertas. Llevaba puesta una camiseta de media manga, por lo que se examinó los antebrazos y la cara, pero no encontró nada raro. A qué se refería Inuyasha? Lo descubrió cuando se levantó la camiseta.

Inuyasha le había hecho un chupetón en un costado, cerca de la cadera, y ella ni se había dado cuenta.

- La madre que lo…!

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

- Oye, haces algo esta tarde?- preguntó Miroku.

Inuyasha levantó la mirada de sus apuntes para desviarla hacia su amigo, que ahora se sentaba en el pupitre de al lado, como siempre.

- No. Por?- dijo.

- Porque me acaban de regalar dos entradas para el cine.

Dicho esto, Inuyasha se dispuso a realizar una broma que siempre se hacían entre ellos:

- Es una cita?- lo miró con coquetería.

- Sabes que sí- le guiñó un ojo.

Los dos amigos se rieron, sobretodo cuando Kagome pasó por su lado diciendo:

- Haré como que no lo he visto.

Entre carcajadas, propinó a su novio con una caricia en el pelo antes de enviarle un beso e ir a sentarse en su pupitre de más adelante, al lado de Sango. Después de cruzar una última mirada de amor con Kagome, Inuyasha se dirigió de nuevo a su amigo. Rompió a reír cuando lo pilló embobado, mirando fijamente a Sango.

- Hola! Eo! Necesitas un babero?- preguntó, pasando su mano por delante de los ojos de Miroku.

Éste se dedicó a levantarle el dedo corazón de una mano, provocando más risas en el chico popular, cosa que hizo suspirar al grupo de alumnas encaprichadas que pasó por su lado.

- Déjame en paz, tú las tienes todas a tu abasto. Déjame soñar al menos con una- se quejó Miroku, desviando la mirada de Sango y empezando a sacar sus cosas de su mochila.

- Ya te he dicho mil veces que sólo tengo ojos para Kagome.

- Se supone que ahora debo derretirme de ternura por lo que has dicho?- ironizó.

- Se supone- se rió de nuevo e hizo una burbuja con el chicle que llevaba en la boca.

- Sentaos todos, venga! Vamos a empezar con la clase!- exclamó el profesor al entrar por la puerta- Señor Taisho, haga el favor de tirar el chicle, sabe que no está permitido.

- Ajo y agua, te ha pillado- murmuró Miroku, sonriendo triunfalmente.

Inuyasha no se inmutó, ni por el comentario de su amigo ni tampoco por el aviso del profesor. Se levantó y se dirigió a la papelera, detrás del escritorio del hombre. Éste lo observó mientras el joven se ponía la mano delante de la boca, para que nadie viera el contenido de lo que supuestamente iba a tirar. Cuando el profesor le dio la espalda para empezar con la lección, Inuyasha pasó por detrás de él e hizo una burbuja mirándolo fijamente, con burla: en realidad no había tirado el chicle.

Mientras el chico popular volvía a su sitio, los otros se mordieron el labio o se taparon la boca con la mano, para evitar reírse y así no delatarle. Estaba de espaldas al profesor, por lo que le guiñó un ojo a Kagome al pasar por su lado. Todas las chicas la fulminaron con la mirada, demostrando una clara envidia. La chica se sonrojó, sin saber dónde mirar, y Sango se tapó la boca con la mano para no reírse.

- He corregido vuestros trabajos sobre la Segunda Guerra Mundial- anunció el profesor- están bastante bien. Os iré llamando a medida que vaya apuntando las notas en mi cuaderno. Empecemos… Ukira y Sashimi!

La gente empezó a levantarse cuando el hombre los llamaba.

- Higurashi y Taisho!

Kagome era la que estaba más cerca, por lo que se levantó y cogió el trabajo que el profesor le tendía. Miró la nota escrita en la portada con bolígrafo rojo y, mirando en dirección a Inuyasha al mismo tiempo que caminaba hacia su sitio, marcó con movimientos de labios la palabra "Nueve".

Él asintió, demostrando que la había entendido.

Todo el mundo estaba hablando, por lo que Inuyasha le pudo preguntar a su compañero:

- Y cuando piensas dar el paso?

Miroku puso cara de póker, sin haberle entendido.

- Qué quieres decir?

- Tú qué crees? Hablo de Sango. Te la comes con la mirada, parece ella una hamburguesa y tú el perro.

- No digas tonterías.

- Sabes que tengo razón. No pasó nada digno de recordar cuando quedasteis para hacer el trabajo?

- No. Quedamos en la biblioteca. Por?

Inuyasha lo miró como si fuera un fantasma.

- No te reconozco, Miroku. Quién eres tú? Y qué has hecho con mi amigo?

- No sé de qué me hablas- desvió la mirada hacia la mesa.

- Lo sabes perfectamente. El Miroku que yo conozco habría quedado en algún sitio donde hubiera una cama disponible, y más con la chica que le gusta. Tío, tú has tenido muchos más líos con chicas que yo.

- Eso es mentira- lo acusó.

- No me refiero a rollos simples. Hablo de llegar hasta el final.

- Sólo lo he hecho cuatro veces.

- Ni que fuera poco, no te jode! Tío, sólo tenemos diecisiete años!-exclamó en voz baja, para no ser oído.

- Bueno, volvamos al tema. Lo reconozco, en lo relativo a…eso, no soy el mismo. Pero creo que puedo presumir de que está justificado, no? Sólo he pasado malos tragos.

Miroku desvió la mirada hacia la ventana, suspirando. Inuyasha sonrió comprensivamente y le puso una mano en el hombro, como muestra de apoyo. Su amigo tenía razón: su primera vez había sido con una chica llamara Koharu, pero tuvo que irse de la ciudad, y decidieron romper al día después de hacerlo; la segunda había sido Naomi, quien le había sido infiel una semana después, lo cual significaba otra ruptura; la tercera, Satsuki, lo había dejado justo después de hacerlo porque sólo buscaba sexo; la última se llamaba Yura, y sólo lo había utilizado para poder acercarse a Inuyasha.

- Miroku, eso no debe desanimarte. Somos jóvenes, estamos en la edad de divertirnos. Si la vida te pisa, lo que tienes que hacer es levantarte y seguir adelante, no esconder la cabeza bajo el ala- lo animó Inuyasha, consciente de la desgracia de su amigo- entiendo que hayas perdido la confianza en las mujeres, y que temas en cierto modo la compañía femenina, pero no todas son indicadas, Mir. Tuviste la mala suerte de pescar cuatro desgraciadas que no sabían lo que se perdían.

Miroku lo miró, más tranquilo. Inuyasha siguió hablando:

- En la vida hay que arriesgarse. Quién sabe… a lo mejor es Sango, la indicada. Ya sé que no puedo compararlo pero… A mí también me han hecho daño- miró a Kikyo de reojo- pero no me he rendido. He luchado, y eso ha tenido un premio: me he enamorado de Kagome, y ella lo está de mí. Estamos juntos, y soy feliz. Tarde o temprano conocerás a la indicada, Miroku, aunque…-miró a Sango y sonrió- por cómo te mira Sango, diría que ya la has encontrado. Yo de tú me arriesgaría.

Miroku sonrió, reconfortado. Miró a su amigo y le preguntó:

- Estás seguro?

- Completamente.

En ese momento, sonó el timbre. Todo el mundo se puso a recoger. Al mismo tiempo que guardaban sus cosas, seguían hablando:

- Está bien, tú ganas- dijo Miroku- por dónde sugieres que empiece?

- Podrías invitarla al baile. Pero date prisa, las mujeres necesitan días de antelación para comprarse un simple vestido, y el baile es el sábado. Eso si no tiene pareja ya.

- Lo tendré en cuenta.

- Y será ahora- se levantó con decisión.

- Cómo? Inuyasha, qué…?

- Sígueme. Algún día me lo agradecerás.

Inuyasha empezó a caminar por el aula, en dirección a Kagome y a Sango, que aún estaban recogiendo. Estaban de pie y les daban la espalda, por lo que abrazó a su novia por la cintura y la besó en la sien, haciendo que ella soltara una risita. Sin soltarla, se dirigió a Sango:

- Miroku quiere preguntarte algo.

Los tres se giraron hacia el aludido, que llegaba donde estaban ellos en esos momentos. Al verse observado, éste preguntó:

- Qué pasa?

- Bueno, eso digo yo- dijo Sango con una dulce sonrisa- Qué querías preguntarme?

- Emm… yo?- preguntó, confundido, aunque ató cabos cuando Inuyasha le dio un codazo en las costillas- Ah, sí! Verás…

Mientras intentaba encontrar las palabras para hablar, Inuyasha le susurró algo a Kagome al oído. La chica asintió, se cogieron de la mano y se fueron del aula, para dejarles intimidad. Ahora sólo quedaban Miroku y Sango.

- Tú dirás, Miroku- dijo la joven.

- Esto… qué harás el sábado por la noche?- le preguntó a bocajarro.

Sango lo miró, sorprendida por su atrevimiento. Sin poder evitar sonrojarse, se encogió de hombros y contestó:

- En teoría, nada. Normalmente voy con Kagome al Shikon, pero como ella irá al baile de primavera con Inuyasha, me quedaré en casa, porque no tengo pareja.

- Precisamente de eso quería hablarte, Sango… Verás… Había pensado que quizás…

- Quizás…?- dijo ella, instándolo a continuar.

- Tú y yo… ya sabes…

- Tú y yo qué? No te entiendo, Miroku.

El chico respiró hondo, dándose ánimos. Maldita sea! Inuyasha tenía razón: no parecía él. Supo que su amigo le cruzaría la cara si se lo encontrara tartamudeando como un imbécil por una estúpida proposición.

"Sólo es un baile, Mir! No es una petición de matrimonio!", diría él. Sí, era lo más probable. Y después, se pondría a reír.

Levantó la mirada con decisión y dijo:

- Sango, quieres ser mi acompañante en el baile de primavera?

Sango se sonrojó y una inevitable sonrisa se asomó en sus labios. No se atrevió a mirarle a los ojos al dar su respuesta:

- Sí, claro. Estaré encantada.

- Genial. El sábado nos veremos delante de la puerta del salón, sí?

- Allí estaré.

FIN DEL CAP 10!