Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Edité la despedida en el cap anterior, no cambié el concepto, solo lo modifiqué por si gustan ver :D.

Capitulo anterior:

— ¿Por qué no me dejaste que despidiera al guardia de seguridad?


Capitulo diez

Aún respiro.

—Porque tú habrías hecho lo mismo —su respuesta me tomó por sorpresa, y debo admitir que dolió un poco —. De hecho, vamos a ponernos a pensar. ¿De ahora en adelante dejarás entrar a cualquier persona que quiera hablar contigo?, —sabía muy bien que sólo había una respuesta honesta a su pregunta, no. Ni siquiera es factible el pensar en eso—. Tomaré eso como un no —inquirió de manera acertada—, ¿Sabes por qué?, te responderé. Por más que lo trates de cambiar, no puedes. Soy una indigente. La sociedad me repudia. Y el hecho de que te tapes los ojos y finjas que no lo soy, no sirve de nada —como se atreve a decir que me tapó los ojos, yo sólo quiero protegerla. De hecho, estoy muy consciente en que condición se encuentra, por eso estamos en esta situación ahora.

—No me tapo los ojos y finjo que no lo eres. Lo único que no hago, es repudiarte. ¿No lo vez? Lo único que yo quiero hacer es ayudarte, Bella —protegerte.

—Lo sé, y te lo agradezco —me dijo un poco más tranquila—. Pero tus cambios de humor me confunden mucho. Un día estás feliz, otro día buscas hablar conmigo desesperadamente, y otro día parece que me odias y todo lo que hago está mal para ti —se le quebró la voz cuando terminó de hablar. Dios, soy un completo imbécil. Pero, cómo le puedo explicar mis sentimientos y el por qué de mis acciones si ni yo mismo las comprendo.

Después de meditarlo pensé que lo mejor sería ir a mi casa y ahí terminar de hablar, pero ella lo rechazó sin pensarlo. Mi segundo error del día, ella no se merecía que arruinara su día de normalidad. Acepté ir al parque para que pudiéramos terminar de hablar.

Cuando al fin llegamos al parque, ella malinterpretó mi indecisión de sentarme junto a ella.

—Si quieres me puedo sentar en el suelo. Te prometo que desde ahí, no seré contagiosa para ti —espetó con amargura.

—Nunca he tenido asco de estar cerca de ti y lo sabes —en el momento en que las palabras dejaron mi boca, me di cuenta de la gran mentira que acababa de decir. Sí, no me da asco estar junto a ella. Pero si me repudia la idea de amarla—. Soy él peor de los imbéciles, Isabella —le susurré, abrazándola a mí. En ese momento, sentí como nada me importaba. Sólo quería tenerla en mis brazos, decirle cuanto la…cuanto. Decirle que no permitiré que nadie le haga daño. Aunque, sé muy bien que esa sería la cosa más hipócrita de mi parte. Estoy a punto de lastimarla—.Lo siento tanto, Bella. No sabes cuan arrepentido estoy de lo sucedido ayer en la noche —me disculpé.

— ¿Qué es lo que querías decirme, Edward? —me preguntó, zafándose bruscamente de mi agarre. Su rechazó me lástima, pero sé que por el momento no puedo hacer nada más.

—Quería pedirte una disculpa. Arruiné tu cumpleaños, no lo merecías —me repetí. Esperanzado que entendiera el contexto de mí disculpa.

—No tienes nada de que disculparte, solo hiciste lo que tu cuerpo te pidió hacer —cosa que por lo visto, no sucedió.

—Isabella, creo que estás entendiendo las cosas de una manera equivocada.

—O, en serio. Y porque no me iluminas —pidió de manera sarcástica.

—Me arrepiento de haberte…besado —admití, avergonzado por mi reacción—. Y no, no por asco —le aclaré—. El haberte besado fue un error, no porque me diera asco, ni mucho menos. Simplemente, porque no podía hacerlo —suspiré pesadamente—. Isabella, no eres tú, soy yo él del problema. Yo sé que eso es un completo cliché. Pero es la verdad —me excusé cobardemente. Pero, no puedo decirle a Bella que en pocos meses me casaré con Tanya.

—No me parece un cliché, Edward. Nada en mi vida es un cliché, por si no lo has notado —se quedó callada por un momento—. Tú no has hecho más que ayudarme, no tienes idea de lo mucho que te debo.

—No me debes…

—Déjame terminar, por favor —me cortó. Con precaución, se acercó a mi lado y se sentó junto a mí.

A medida que Bella me relataba su historia, solo podía sentir dos cosas. Un profundo odio y desprecio por las personas que son culpables de la vida que lleva Bella. Ella fue blanco de la estupidez y malas decisiones de sus padres. Pero también, al mismo tiempo es blanco de mis prejuicios y, lo principal, de mi pasado.

No tiene caso que lo siga negando, quiero a Bella. Una parte de mí desea estar con ella, pero otra parte de mí se rehúsa a volver al pasado. Ahora es demasiado tarde, la decisión está tomada, no hay nada que pueda hacer para cambiarlo, porque ahora, dejando a un lado mis prejuicios, entiendo que mi Bella, no sólo se merece una parte de mí. Ella se merece que la ame con todo mí ser, y en estos momentos, no puedo ofrecerle eso. Mi corazón, debe pertenecerle a otra mujer.

Cuando tomó mi mano entre la suya, entendí que ésta es la última ocasión en la que podré sentirla. Así que no dudé ni un solo instante en abrazarla a mí.

—No sabes cuanto lo siento, Bella. Traté con todas mis fuerzas, pero no soy suficientemente fuerte. No puedo olvidarlo —el pasado es más fuerte que yo. No puedo cometer el mismo error dos veces.

Bella y yo somos de mundos diferentes. Ella tiene razón, por un momento traté de olvidarlo y fingir que todo estaba bien, pero ya no puedo taparme los ojos. Yo no puedo amarla como ella se merece. Lo único que puedo hacer para arreglar las cosas, es dejarla ir, y ser feliz con una persona que le pueda dar lo que yo no.

La abracé con fuerza y seguí pidiéndole perdón hasta que se me acabo la voz.

—Te perdono —me dijo después de una larga pausa—. No tengo que perdonarte nada. Pero, sé que lo necesitas escuchar en éste momento para poder irte tranquilo, así que yo estoy más que contenta de decirlo —por qué no me sorprende.

— Dejé un sobre para ti, en el asilo. En el se encuentran los datos de un departamento que está a tu nombre, al igual que la dirección de una fábrica. Pedí unos favores y tendrás un buen trabajo ahí —intentó sonreír un poco—. Apuesto a que mañana, a primera hora recibiré esos papeles. Pero no podía dejar de hacer el intento, ¿Sabes?

—Lo entiendo y fue un buen intento —me regaló una sonrisa triste. Intentando esconder el dolor de su cara. Si supiera que es un libro abierto para mí.

Cuando me pidió prometerle que dejaría el pasado atrás, me desconcerté por completo. No sabía que yo también era un libro abierto para ella. Pero, lo que más me sorprendió, fueron sus ultimar palabras. Yo no quiero que la gente crea que soy mala persona, soy lo que soy, y precisamente por eso, ella y yo no podemos estar juntos.

Pensé que la mejor manera de responderle, y de despedirnos. Era hacer lo que quise hacer desde ése día en mi apartamento. Me acerqué despacio hacia su boca, pidiéndole silenciosamente permiso con mi mirada, ella no dudó en concedérmelo. Dejándome tomar la iniciativa, posé mis labios en los suyos. La explosión de sentimientos que ocurrió en ése momento, fue abrumadora. Podía sentir la electricidad correr por mi cuerpo, podía sentir como mis labios estaban hechos a su medida, podía sentir, incluso, el dolor que le estaba causando. Y, también pude sentir…su amor.

Tengo que irme, antes de que pueda cambiar de opinión. Sin desearlo, me separé de su cuerpo y me puse de pie. Ella no quiso abrir los ojos, creo que de alguna manera, es mejor.

—Adiós, Bella.


El teléfono no ha dejado de timbrar, sé que es Emmett quien me ha estado llamando. Pero en estos momentos no quiero hablar con nadie, solo quiero estar solo. Sólo, eso es lo que merezco, porque, ¿Qué clase de hombre soy si no puedo amar por mis prejuicios? Ó, aún peor, qué clase de persona soy si le ofrezco mi amistad a una persona que nunca ha tenido a nadie que se preocupe por ella, y después, sin más preámbulos, se la quito. Sólo porque decidí que ya no podía más con mis sentimientos, mi egoísmo y mi orgullo se apoderaron de mí. Y en estos momentos, no tengo nada para luchar.

Me levanté, tambaleándome, del sillón y desconecté el teléfono, o mejor dicho, aventé el teléfono contra la pared, para después volver a mi posición en el sillón de la sala, con mi botella de vodka a mi alcance y la música a todo volumen. Son las únicas dos cosas que me pueden hacer olvidar, olvidarla a ella, para siempre.

No sé cuando me quedé dormido, o que hora es, lo único que sé, es que a un estúpido se le ocurrió venir a molestarme a ésta hora, y no deja de azotar mi puerta. Mierda, tengo que contratar personal, apunté mentalmente.

Conforme me acerqué a la puerta, pude escuchar los gritos del imbécil que estaba ahí—. Edward, si no abres la puerta en éste momento, juro que… —Emmett no tuvo tiempo de terminar su amenaza, porque abrí la puerta en ese momento.

— ¿Emmett?, me quieres decir que demonios pensabas al tocas la puerta de esa manera.

—Buenos días, o mejor dicho tardes para ti también, Eddie Pooh —me dijo mientras me empujaba de la puerta para entrar—. Guau, mamá se lució ésta vez. Creo que se acerca a mi casa —sabía que estaba hablando moderadamente, pero aún así, en mi cabeza retumbaba su voz.

—Número uno, deja de gritar. Número dos, ¿Qué quieres decir con tardes? Y, número tres, me vuelves a llamar Eddie Pooh, y lo lamentarás —amenacé. Él sabe cuanto odio ese apodo, por eso lo dice, pero escogió un mal momento para jugar.

—Al parecer alguien se levantó de mal humor, ¿huh?, —ni siquiera me molesté en responderle, seguí mi camino hacia la cocina—. ¿La cruda te mata, hermanito? —me siguió.

—¿Qué es lo que quieres Emmett? —le grité mientras sacaba el jugo de naranja del refrigerador.

—Vale, Edward. De haber sabido que no soy bienvenido en tu casa, no vengo —me replicó ofendido. Tomé un vaso y me senté juntó a él en el desayunador.

—No, perdóname, Emmett. Sabes que ésta es también es tu casa. Es solo que…no tuve una buena noche.

—Puedo verlo —bromeó con una sonrisa en la cara, aceptando mi disculpa—. Te he llamado un millón de veces, ¿Por qué no me contestaste?

—Lo siento, desconecté el teléfono en la noche —no le di más información, esperando, inútilmente, que dejara el tema pasar.

— ¿Y por qué no querías hablar con nadie? —presionó, claro, es Emmett, qué esperaba.

Dudé un momento en contestarle, no sé cuanto sabe o cuanto no sabe. Ha decir verdad, me da un poco de miedo que él, también, se molesté conmigo.

—Vamos, hermano, sabes que me puedes decir lo que seas, soy yo —me aseguró.

—Lo sé, pero no sé que lado vayas a tomar después de que te explique.

—Entonces si es por Bella, ¿Verdad?

— ¿Cómo sabes eso?

—Edward, no hay persona en nuestra familia que no sepa quien es ella —me respondió como si fuera lo más obvio del mundo.

—Eso ya lo sé, pero, ¿Cómo sabes tú que es por Isabella?

—Oh —su sonrisa desapareció por completo, por su expresión parecía un niño que había sido descubierto robando unos dulces antes de la cena.

—Emmett, ¿Hablaste con Alice antes de venir? —lo acusé.

—Ok, lo admito, he estado tan insistente porque Alice me llamó ayer y me dijo lo que estaba pasando. Y, tengo que admitirlo, me sentí un poco mal, no entiendo por qué no acudiste a mí para hablar —comentó herido. Él y yo siempre hemos estado muy unidos, desde pequeños nunca nos hemos ocultado nada, a excepción de aquella vez.

—Perdón, Emmett —repetí por milésima vez en el día—. No fue mi intención dejarte afuera, es sólo que… no pensé que fuera relevante. Al fin y al cabo, Bella y yo ya somos tema del pasado —agregué, restándole importancia al asunto.

—Sí, claro. Ya lo puedo ver, no es nada relevante. Después de todo, es muy normal que Alice, Jasper y tú, no se hablen. Cuando, si puedo agregar, han sido inseparables desde la universidad —explicó con sarcasmo.

—No hablo con ellos, porque no tenemos nada de que hablar. No es como si hubiera vivido con pegado a ellos, sabes. Yo tengo mi vida, y en estos momentos estoy muy ocupado.

—Con Tanya, claro, había olvidado que no le habías dicho a ni a Alice ni a Jasper, pero claro, es normal.

—Mira, Emmett, basta de juegos. ¿Qué te dijo Alice, exactamente?

—Lo suficiente, al menos para saber el gran error que estás cometiendo.

—No estoy cometiendo ningún error, te lo aseguró que sé muy bien lo que hago.

— ¿Por eso bebes como marinero toda la noche? —me preguntó levantando una ceja. Otras personas, pensarían que mi hermano ya estaba molesto, pero no yo, sé que él no es del tipo explosivo, al contrario, puede que no lo parezca, pero es él más comprensivo de mis hermanos. Y por eso mismo, sé que no lo puedo engañar.

—Lo de anoche fue un error —admití cabizbajo—. Al igual que lo sucedido con Isabella —murmuré, aún con la vista abajo.

—Por lo que me dijo Alice, me parece que el único error ha sido dejarla, ¿No crees? —no sabía como responder a eso, mi mente dice que no fue un error haberla dejado, pero mi cuerpo se muere por sentirla cerca.

—No lo sé, Emmett. La verdad, últimamente no sé nada. Claro, además de alejar a las personas importantes —le respondí cubriéndome con las manos mi cara, no quería que viera el dolor que estoy sintiendo—. Es tan complicado, que ni yo mismo lo entiendo.

—De hecho, creo que lo entiendo perfectamente —hizo una pequeña pausa—. Yo no lo he olvidado, Edward. Y si Alice no te comprende, es porque no lo vivió como nosotros.

—Traté de olvidar el pasado, Emmett. Pero no pude, así que pensé, de una manera egoísta, en mantenerla a mi lado sin compromiso, en comodidad. Formando con Tanya una familia perfecta.

—Ella no es Dalia, ella ya no está, Edward. Lo tienes que entender para poder seguir adelante.

—Precisamente ese es el problema, el estar con Bella es volver a mi pasado. Y juré que nunca lo iba a hacer —le grité poniéndome de pie.

—No, no lo es. Es una situación completamente diferente —dijo, también poniéndose de pie—. No sé si realmente te gusta, o incluso, la amas. Pero si es así, no la pierdas, Edward. Porque si lo haces, serás infeliz por el resto de tu vida —terminó, dándome una palmada en el hombro—. Creo que es mejor que me vaya, necesitas pensar. Pero, te recomiendo que no utilices el alcohol hoy. Háblame cuando hayas decidido que decisión tomar —se despidió dirigiéndose a la puerta—. Sea cual sea —agregó antes de irse.

—Gracias —susurré. En cuando estuve seguro que estaba solo, subí a mi habitación a tomar un baño, pero primero, necesito hablarle a Tanya, hace varios días que no hablo con ella. Cuando tomé mi móvil, me fijé en la hora. Cuatro de la tarde, dormí toda la mañana, ahora entiendo porque Emmett dijo buenas tardes.

Por lo visto, ella estaba ansiosa por hablar conmigo, contestó al segundo timbre.

—Mi amor, ¿Por qué no me habías llamado?

—Me ha sido imposible, con la mudanza y el trabajo, perdóname —me excusé.

—Te perdono, pero estaba preocupada. No contestaste el teléfono en dos días —no contesté eso, ya le había dicho por qué—. Como sea, me imaginó que nuestra casa está preciosa, ¿Verdad? Ya quiero volver a Seattle, sobretodo para estar contigo, te he extrañado mucho.

—Sí, yo también —mentí.

— ¿De verdad me has extrañado? —me preguntó sorprendida. No la culpo, a pesar de que ella y yo, siempre hemos tenido una buena amistad, ella no siente que yo la amo.

—Claro que te he extrañado, eres mi novia. Además, por algo te pedí que te mudarás conmigo, ¿No lo crees?

—Lo sé, sólo me gusta comprobarlo. Sabes amor, debiste haber venido conmigo, no sé como no te mueres por regresar a Inglaterra. Vi una casa hermosa, el jardín, fabuloso —así pasé una hora aproximadamente escucharla hablar sobre casas, ropa, amigas, etc. Ella hablaba y yo sólo opinaba cuando se requería.

Después de colgar con ella, me duché y me preparé para ir a la empresa. Perdí un día de trabajo, no quiero ni imaginarme como están las cosas. Aunque, siendo sinceros, no me importa si el mundo se cae en estos momentos. La única persona que mi importa, está más lejos que nuca.


Corría apresuradamente, dejando atrás borrosas manchas y colores, corría sin prestar atención a nada. Lo único que mi cuerpo pedía era un lugar a salvo de la lluvia. Por fin, divisé un hueco entre unas escaleras, me servirá para pasar la noche. Apresurando el paso, llegué hasta ese hueco, saqué dos pliegues de periódico y los acomodé en el piso, estos se mojaron de inmediato, pero sabía que era mejor que el pavimento mojado. Me envolví en mi delgada cobija, abracé mis rodillas y me volteé para enfrentando la calle, ahora sí, observando como la gente corría para esconderse de la lluvia en lugares seguros. Hace unos meses, los habría envidiado, pero la verdad, ahora no me importa. Sobrevivo por instinto, como lo que encuentro en la basura, o las sobras que me da la gente. En la noche, me acomodó donde pueda, y en el día simplemente me siento el la orilla del muelle, viendo lo que la vida me negó.

Sé que le prometí a Ed…a él, que seguiría luchando, pero ya no puedo. Me rendí, como hace muchos años lo debí haber hecho. Simplemente, he aceptado mi destino. Un día, moriré de hambre, ó de frío. Seré una molestia para la persona que me encuentre, ni siquiera sé si se tomaran la molestia de enterrarme. Es completamente igual si lo hacen o no. Si aún no he terminado con mi sufrimiento, es por dos cosas; la primera, siempre he pensado que el mayor tesoro es respirar, así que no me privaré de la única cosa que tengo, y en segunda, porque sé que si lo hago, quiero imaginarme que él se sentiría un poco culpable.

Por un momento sentí como si alguien me observara, pero es imposible, ¿Quién querría verme? A menos de que fuera del dueño del edificio y quisiera correrme, aquella noche que me quedó muy claro que a nadie le importaba, mucho menos él.

Había pasado una semana desde que él me dijo que me dijo que ya no me quería, o no, que me dejó en claro que nunca me quiso. De inmediato, borré esos pensamientos, lo hice antes de que el peso de los recuerdos y el dolor, fuera tan grande, que ya no me permitiera respirar. Para ese entonces, se había acabado mi tiempo en el asilo, obviamente, el departamento que me él me ofreció nunca estuvo en contemplación. Hubiera sido imposible ir a un lugar que me lo recordara todos los días. Por eso, y otras razones, Alice y Jasper me ofrecieron su casa. Yo los rechacé amablemente, de inmediato, pero ellos fueron tan insistentes. Así que acepté discutirlo en el centro comunitario, no quería ser una molestia para ellos, primero tenía que asegurarme que realmente querían que viviera con ellos. Llegué un poco más temprano de lo acordado, decidí esperarlos en la decepción, no quería ir al parque y toparme con la posibilidad de verlo. Mientras los esperaba, sentada en la recepción, llegó una mujer hermosa, podías distinguir de inmediato, que ella no pertenecía a ese lugar. Su ropa, era se veía de la misma calidad de la de Alice, supuse que era una amiga de ella. La mujer, parecía estar buscando algo, pero, cuando se topó conmigo, pareció reconocerme. Pensé que era ridiculo, yo no la conocía y no creía que ella podía tener algún interes conmigo.

Se acercó con cautela hacia mí.

— ¿Tú eres Isabella? —me preguntó con repulsión.

—Sí, ¿Tú quién eres? —le repliqué desconcertada, y no por su expresión de repulsión, ya estaba acostumbrada. Más bien, estaba confundida, por qué sabía mi nombre y, lo que más me desconcertaba, era qué podía querer de mí.

—Vaya, sí que cayó bajo —espetó con amargura. Iba a cuestionarle quién, pero no me dio oportunidad—. Soy Tanya, la prometida de Edward —esas tres palabras hicieron que el hueco en mi corazón se expandiera. Me dejó porque se va a casar con ella—. Mira, Bella —dijo sentándose con reserva a mi lado—. No te culpo, yo sé como es Edward con las mujeres, siempre le ha gustado…tener variedad. Pero ésta vez, él quiere cambiar, quiere hacer las cosas bien, dio el primer paso dejandote —era demasiado tarde, no podía bloquear el dolor, sentía como me oprimía el pecho y me impedía respirar—. Sé que pensaste que contigo era diferente, pero tienes que saber, que él siempre vuelve a mí.

— ¿Por qué…me está diciendo… esto? —alcancé a murmurar.

—Estoy rebajandome por completo, además de actuar como una completa paranoica, pero, si realmente lo quieres, quiero pedirte que desaparezcas de su vida. Déjanos vivir nuestra felicidad, por favor -me habló como si yo fuera una retrasada. Aunque, admito que en ése momento, mi cerebro no procesaba la información que recibía.

—Yo no estoy haciendo nada para que no suceda —mis brazos abrazaban mi pecho fuertemente, tratando de impedir que mi corazón se saliera. También podía sentir las lágrimas, inundar mis mejillas.

—Te equivocas, ó qué, ¿Crees que yendo a vivir con Jasper no lo verás nunca? Por Dios, es su mejor amigo. O bueno, al menos lo eran antes de conocerte -hizo una pausa-. A menos que quieras que su amistad termine, para siempre. A lo que me lleva, ¿Sabías que Alice y él están peleados por eso? -no, eso no es cierto. ¿Por qué razón Alice se enojaría con Edward? Ante todo, él es su hermano y yo soy sólo una...molestía.

—Pero…Alice no me dijo nada…yo no quería -hablé atropelladamente, la presión en mi pecho cada vez se hacía más grande.

—No tenían porque decirtelo. Sabes, el sueño de Edward, es formar una familia conmigo. Si realmente lo quieres, y quieres que él, Jasper y Alice, vuelvan a vivir tranquilos, desaparece, desaparece para siempre. Te aseguro que ellos conseguirán otro caso de caridad para distraerse -soy sólo eso, un caso de caridad, nunca me quisieron. Me repetía una y otra vez.

— ¡Yo no soy ningún caso de caridad! —le grité con lágrimas en los ojos.

—Cariño, ¿Por qué no lo entiendes de una vez? No eres más que una…escoria de la calle. La gente como tú, solo vive para comer nuestras sobras. No luches contra el destino, Bella. ¿No lo entendiste ya? No eres nadie más que un estorbo para la familia Cullen, haznos un favor y desaparece. Que tu vida sea miserable y estés destinada a sufrir, no quiere decir que los demás también, ¿Verdad? —no escuché más. Tomé mis cosas y corrí sin mirar atrás.

Han pasado dos meses desde ese día, nunca volví a ver a Jasper, ó Alice, y nunca los volveré a ver.


A/N: hello, ¿Me recuerdan?, lo lamento, pero nunca consideré entrar a trabajar y pues entre el trabajo y tomé summers, me vuelvo loca. Aunque ya se acabaron las summers, así que tendré mañanas libres :), seré productiva con mis historias. Tengo dos cosas que anunciar, una: editaré la historia, así que estén al pendiente. Y dos: son unas hermosuras y no tengo como agradecerles sus reviews, así que haré un outtake del personaje que quieran, la mayoría decide ;). Y bueno, pasando al cap. ¿No odian a la zorra de Tanya? I do, lol. Ahora, comprendamos un poco a una mujer celosa. Anyway, espero ahora si subir cap el domingo, con el favor de Dios.

Pásense por mi perfil si les interesa el horario de mis otras historias.

Como siempre, gracias por leer y espero merecer un review.

P.S: Sé que dejé muchas interrogantes, paciensia, hehehe, las resolveré pronto ;).

Sally—