– Príncipe Ulquiorra, ¿dónde nos está llevando? ¿No es este el camino más corto para salir de la cúpula soleada del Palacio? – preguntó irónicamente Nezumi mientas caminaba, rengueando, seguido silenciosamente por Kokoro.

Ulquiorra caminaba sin prestar atención a las palabras del gordo. Se sentía fatal y aún faltaban algunos metros por recorrer antes de llegar al lugar donde pretendía hablar con el científico. Tenía la certeza de que Nezumi no le diría la verdad por completo, ya que tenía la excusa perfecta por haber traído a la mocosa con él.

Suspiró resignado mientras sacaba una de sus manos del bolsillo. Hizo unas extrañas señas en el aire y se abrió un portal sobre la pared blanca del edificio, a través del cual se podía ver la arena de Hueco Mundo y su noche perpetua.

– Tal y como lo dije, mi principito nos quiere llevar fuera de Las Noches… – el tipo se detuvo en seco y Kokoro caminó un par de pasos más hasta que quedó a la misma altura que él. – Y parece que no estaremos los tres solos – giró su cabeza hacia el lado contrario del que estaba la chica y puso una mueca de asco.

– ¿Qué haces aquí? – al fin se oyó la voz de Ulquiorra.

– Vine a ver qué estabas haciendo. Estuviste mucho tiempo fuera y no sabía dónde encontrarte. Recién ahora siento tu reiatsu – la voz de Orihime se escuchaba apagada. Dio tres pasos hasta quedar al amparo de una tenue luz que iluminaba la sala donde estaban.

– Eso es algo que no te importa – Ulquiorra recrudeció su voz al tiempo que clavó sus ojos esmeralda en los de Hime. No podía dejar que ella participara de aquella conversación, no porque no quisiera que se entere, sino que Nezumi nunca aceptaría que ella escuchara lo que tenía para decirle. Él era una de tantos que odiaba a los humanos y que aún mantenía viejos rencores hacia la mujer, desde la época de Aizen.

Orihime se encogió de hombros y bajó su cabeza. Podía notar que Ulquiorra actuaba extraño, incluso que estaba mintiéndole. Y estaba segura de que tenía que ver con la presencia de ese desagradable sujeto en el Palacio. ¿Qué estaría intentando hacer? ¿Acaso obtener más información acerca del ataque? ¿Realmente tenían que sospechar de Grimmjow?

– Lo siento – dijo, con una sumisión falseada. – Esperaré en la habitación – agregó y se fue. Ulquiorra entendió qué significado tenía su disculpa y sin dudarlo, continuó su camino hacia el exterior del castillo. Una vez fuera, el nerviosismo de Nezumi aumentaba. No soportaba el ambiente desértico de Hueco Mundo y menos si no sabía a dónde lo estaban llevando.

– Dime, principito, ¿dónde estamos yendo exactamente? Es que mi pierna no resistirá más caminata – en parte era cierto, pero lo que más temía era que lo estuviera llevando al lugar de los hechos.

– Pronto no necesitarás caminar más – fue toda la respuesta de Ulquiorra, que seguía caminando sin vacilar en ninguna pisada. Tenía que mantenerse sereno para poder obtener toda la información que necesitaba. No podía permitirse ninguna falla, tenía que estar preparado para cuando vinieran las formalidades de la Sociedad de Almas.


Karakura

– Bien, muy bien – Isshin sonreía mientras se sentaba en el banco de una plaza, bajo la sombra de un cerezo en flor.

– ¿Muy bien qué? – preguntó malhumorado Kaien, sin entender la felicidad repentina de su abuelo.

– Nada… – suspiró, aún con la sonrisa en la cara – es que me recuerdas tanto a Ichigo que no puedo evitar sonreír al verte

– Hmp – no podía negar su parecido con su padre, ni tampoco el taladro de palabras de toda la gente que se le acercaba, o bien confundiéndolos o diciéndole lo iguales que eran. Pero que su abuelo se lo dijera en ese preciso momento le hizo recordar la pregunta que tenía atragantada. ¿Debía comentarle sobre la extraña mujer o sería mejor permanecer en silencio?

– Dime algo, ¿piensas visitar a tu padre en algún momento? – la pregunta sacó a Kaien de su discusión interna.

– No – sentenció.

– ¿Por qué siempre dices que no? ¿Nunca se te ha ocurrido ir a verlo?

– ¿Para qué voy a ir si siempre es lo mismo?

– Pero ahora es diferente – el chico lo miró. – Dicen que él puede escucharnos

– ¿Escucharnos? ¿Y por qué querría escucharme ahora si nunca antes lo hizo? – Isshin frunció el ceño.

– No digas cosas como esas, él siempre te escuchó

– Menos cuando más lo necesitaba – lo dijo sin pensar, pero esa frase despertó en el abuelo las ganas de saber qué había detrás.

– ¿Y cuándo has necesitado que te escuche?

– Durante estos cuatro años – el más viejo sonrió y miró al cielo. Ambos mantuvieron un silencio de unos minutos. Sin duda, aquellos fueron los años más duros de su vida. Viviendo solos con su hermana, llevando una vida de adolescentes solitarios, sin padres que los ayudaran, como a todos los otros chicos. ¿Qué caso tenía ahora ir a hablarle a un cuerpo inerte en una cama?

– Dime algo, ¿la extrañas? – preguntó Isshin, sacando nuevamente a Kaien de sus divagues internos.

– ¿Extrañarla?

– A Rukia – el chico se paró violentamente, apretando sus manos. – ¿Por qué esa reacción? Es una simple pregunta

– ¡No quiero que menciones a esa mujer! – gritó, apretando sus puños.

– ¡No hables así de tu madre! – Isshin devolvió su grito con más fuerza. Kaien lo miró sorprendido ya que nunca había visto a su abuelo tan enojado por algo que él hubiera dicho. Isshin, al notar la cara de su nieto, volvió a serenarse. – Ven, siéntate otra vez. Cambiemos de tema

- ¿Qué quieres? – insistió con su malhumor, volviendo a su lugar en el banco.

– ¿Qué estuviste haciendo estos días en los que no te vimos? Me dijo Rika que Kisuke habló contigo

– Si

– Seguramente quiso convencerte de que la maravillosa Sociedad de Almas iba a hacer algo por Ichigo – dijo a modo de chiste, pero Kaien lo miró muy serio.

– Dime, abuelo, ¿existe algún otro poder que pueda curar a mi papá? – Isshin lo miró sorprendido. ¿Poder? ¿Kaien hablaba de poder?

– ¿Por qué lo preguntas?

– Porque estuve pensando… y tal vez… No sé… Alguien de toda esa fantasía sea real – el más grande no entendía a qué iba el joven con su pregunta. ¿Alguien de la fantasía que sea real?

– Creo que no estoy entendiendo… ¿hablas de Uryu?

– No, él es un hipócrita más que vino a molestar con sus cuentos de hadas

– ¿Entonces?

– Nada, nada, olvídalo – era mejor no seguir indagando en un pasado que parecía que nadie quería recordar. ¿Sería cierto que aquella mujer era quién decía ser?


Hueco Mundo

– Aquí es – Ulquiorra viró y miró a Nezumi a los ojos. – Tú sabes mejor que yo dónde estamos y por qué

– No sé de qué me habla, mi príncipe Ulquiorra – Kokoro se mantuvo unos cuantos pasos detrás de los dos hombres, por orden del gordo.

– Ahora vas a decirme por qué has deducido que el ataque al Capitán Hitsugaya fue un Rey Cero – Nezumi lo miró extrañado.

– No entiendo algo, ¿por qué para preguntarme eso me trajo hasta aquí? – los dos estaban parados sobre una especie de colina que formaba la arena, desde donde se podía apreciar perfectamente el palacio Las Noches a un lado y todo el desierto de Hueco Mundo a su alrededor. A lo lejos, se erguían entre la arena unos edificios puntiagudos, blancos, sin ventanas.

– No hagas que me repita, tu sabes mejor que yo qué es este lugar – Nezumi, haciéndose el distraído, miró a su alrededor dando una vuelta sobre sus talones.

– Oh… ya lo he notado…

– El laboratorio – afirmó Ulquiorra, volviendo a perder la poca paciencia que le quedaba. Estaba dando demasiadas vueltas y eso lo perjudicaba, más con una persona como Nezumi.

– Pero ese laboratorio hace años que quedó sepultado bajo la arena, mi príncipe. No creo que usted esté interesado en saber nada sobre él… – lo reverenció ridículamente.

– Hazme un favor y deja de hacer ridiculeces. Dime ya mismo qué más sabes del ataque – Nezumi endureció su mirada.

– El análisis del entorno y los restos de reiatsu indicaban que el ataque fue lanzado desde el norte, a gran velocidad y desde una distancia considerable

– ¿Cuánto?

– Unos doscientos o doscientos cincuenta metros

– Continúa

– La potencia a esa distancia tiene que ser mucha para poder derribar a un Capitán del nivel de Hitsugaya con un solo impacto, por más que lo haya recibido a quemarropa prácticamente

– ¿Llegaste a la conclusión de que fue un Rey Cero sólo porque se "necesita mucha potencia"? – Nezumi lo miró y sonrió.

– ¿Cree usted que estoy mintiendo o que mis pruebas de laboratorio son falsas? – había hecho mal en dejarse llevar por su ansiedad. Estaba en un terreno peligroso y no podía hacer más que aceptar la versión que le estaba dando el gordo, al menos por ahora. Era evidente que no daría más información que esa y que tampoco le diría la verdad sobre el laboratorio.

– No – contestó. – ¿Y el laboratorio? – preguntó directamente, necesitaba confirmar las sospechas que tenía acerca de lo que quedaba de lo que alguna vez fue el laboratorio de la Octava Espada.

– Ya se lo dije, mi príncipe, está sepultado bajo la arena, justo aquí, debajo de sus pies, en la misma zona donde fue atacado el Capitán de la Décima División