(A/N):Aquí les traigo el capítulo diez. He decidido empezar a incluir el punto de vista de Eren, ya que muchos estaban interesados en conocer los pensamientos del personaje. Espero que les guste.


(EREN)

—Vaya, tuvo que ser una imagen impactante —dice Armin, tras escuchar de nuevo mi primer encuentro con Levi.

—Ya te digo, daban ganas de adoptarlo —respondo mientras me despeino el pelo aplicando un poco de cera.

—Supongo que no te refieres al perro, ¿verdad? —el tono de su voz me demuestra que ha entendido a la perfección el juego de palabras.

Le dedico una sonrisa ladeada a través del espejo. En mi propio reflejo se ve como brillan mis ojos con anticipación.

—Hacía tiempo que no te veía tan ilusionado con alguien —comenta mi mejor amigo.

Escucho que se levanta de su cama y se acerca a mi espalda. Con una mano comienza a colocarme algunos mechones de pelo que no alcanzo a ver en el espejo, seguramente está algo apelmazado, él sabe como me gusta que luzca.

Tengo el cabello liso pero me queda mucho mejor este look despeinado, ya me he vuelto un experto a la hora de darle forma.

—Ni tan nervioso —añado con una sonrisa—. El tipo impone para lo bajito que es.

—¿Es más bajo que yo? —pregunta Armin con curiosidad.

Me giro levemente y lo miro de arriba a abajo antes de volver la vista hacia mi reflejo.

—Como tú antes de dar el último estirón. Pero él tiene casi treinta —añado divertido—. En parte por eso aparenta ser más joven.

—No harías ningún comentario acerca de eso, ¿verdad? —que bien me conoce.

—Claro —respondo con una sonrisa.

—Eren...

—¿Qué quieres que haga?. No pude evitarlo —me masajeo de forma inconsciente la pierna donde Levi me golpeó con la muleta—. Además, él tampoco se quedó corto con las pullas.

—Bueno, parece que has dado con alguien con un sentido del humor tan peculiar como el tuyo.

—Tiene algo... No sé explicarlo, Armin —hago una pausa y soy consciente de que mis mejillas están algo sonrosadas—. Solo estuve un par de horas con él, pero tiene algo que atrapa.

Armin me dedica una seria mirada a través del espejo. Sé lo que está pensando en estos momentos. Sé que piensa que estoy adelantando los acontecimientos, que me estoy emocionando antes de tiempo, que no aprendo a tomarme estas cosas con más calma, que me ilusiono demasiado rápido…

—Enséñame la foto de nuevo —a pesar de mi lista de fracasos amorosos, Armin es tan buen amigo que siempre pone interés en lo que le cuento, aunque crea que la relación esté condenada al desastre.

Por supuesto, cuando ve señales muy evidentes de que algo raro sucede, es sincero conmigo. Que demuestre interés no implica que se calle lo que piensa. Por ese motivo siempre confío en él, sabe leer a las personas como si las conociera de toda la vida. Gracias a eso he evitado una gran cantidad de problemas, tanto con posibles parejas como con compañeros del instituto.

Le extiendo el móvil después de buscar con rapidez la foto de Tinder donde sale Levi con una copa de vino, es mi favorita, ojalá tuviera más fotos.

—Tiene pinta de matón, no es mi tipo —dice encogiéndose de hombros y lanzándome una intensa mirada—. Pero admito que es guapo.

—Muy guapo —corrijo sin dejar de sonreír—. Y eso que el otro día estaba hecho un desastre.

No pude evitar una carcajada al recordar las miradas afiladas de Levi cubierto de barro de la cabeza a los pies.

—Justo cuando estabas a punto de borrar la aplicación —me recuerda Armin—. Espero que éste te salga mejor que los dos últimos.

—Tinder está plagado de colgados —admito, mientras doy unos pasos hacia atrás para poder contemplarme mejor en el espejo—. Pero Levi es distinto, no intentó meterme mano en todo el tiempo que estuvimos a solas en el coche.

—Bueno, acababa de tener un accidente —argumentó él, aplacando con ello mi excesivo entusiasmo.

No soy un santo, para nada. Pero los líos de una noche no me van, por ese motivo tampoco frecuento bares de ambiente.

Cuando cumplí la mayoría de edad me volví loco y no dejé de salir de fiesta durante el primer año de carrera. En más de una ocasión me arrepentí de haber bebido más de la cuenta. No obstante, cuando vi que había suspendido la mayor parte de las asignaturas, me di cuenta de que tenía que actuar con más cabeza. Además, tampoco me lo pasaba tan bien, prefiero saber lo que hago y con quien lo hago.

Mi padre casi me manda de vuelta a casa tras enseñarle los resultados. Nunca he sido un alumno modelo, nunca he sido como Armin, pero tampoco era propio de mi aquel comportamiento tan desbocado.

Tenía demasiadas cosas en la cabeza, hacía poco que le había comentado a mis padres mi inclinación sexual y, aunque lo habían aceptado con una sonrisa, yo todavía me sentía un poco aturdido.

La universidad, la presión social, la libertad de abandonar la vivienda de mis padres… todo ello desembocó en una etapa de descontrol de la que no me enorgullezco. Gracias a que Armin decidió optar a la misma residencia de estudiantes que yo, pude salvarme de cometer demasiadas locuras. Siempre ha estado velando por mi y gracias a eso no tengo demasiadas cosas de las que arrepentirme.

Afortunadamente, convencí a mi padre de que me diera una segunda oportunidad con una idea que me propuso Armin. Si buscaba un trabajo los fines de semana para ayudar con los gastos, sería capaz de demostrarle que me tomaba muy en serio mis estudios y que había aprendido de mis errores.

Aún así, no consigo aprobar todas las asignaturas del curso en una misma convocatoria. Casi nadie lo consigue en ninguna carrera, salvo Armin, que ahora está estudiando un máster porque le dieron una beca tras acabar con notas excelentes la carrera de Derecho.

De modo que, sin salir de fiesta y estando mañana y tarde metido en la facultad con las clases y las prácticas, el poco tiempo libre lo dedico a trabajar en la cafetería y a visitar el refugio de animales que descubrí gracias a una compañera de mi clase.

Ahora me siento realmente bien conmigo mismo pero hay algo que me falta.

Soy un romántico y siento envidia cuando veo una pareja caminar de la mano por la calle o darse un fugaz beso antes de despedirse en la estación de tren.

He tenido algunas relaciones en el pasado, la primera de todas con dieciséis años, cuando descubrí que no me atraían las chicas de mi instituto, pero sí algún que otro chico. Sin embargo, no he tenido mucha suerte con mis novios. Es complicado, pero todavía no he dado con alguien que comparta el mismo ideal de relación que tengo yo. Puedo parecer impulsivo y excesivamente pasional, pero cuando estoy con alguien no se me van los ojos hacia otra persona. No soy nada promiscuo, a pesar de que cuando salgo soy consciente de que muchos chicos me miran. No voy a negar que me gusta la atención, pero es un ambiente en el que hay demasiados malentendidos y en el que los chicos no suelen buscar compromiso.

Yo me ilusiono con facilidad, soy así de tonto y al final acabo sufriendo por ello. ¿Tanto cuesta encontrar a alguien que se tome las relaciones en serio?. A veces pienso que no encajo en el mundo que me rodea. Los chicos me miran, ven que me gusta arreglarme, que les sonrío con facilidad y ya piensan este es fácil, busca solo sexo.

Con los años he aprendido a visualizar las señales de alarma que me demuestran que un hombre solo está interesado en acostarse conmigo y olvidarse de mi al día siguiente. Sin embargo, a veces me he dado cuenta demasiado tarde de que solo era un entretenimiento. Uno más.

Durante el primer año de carrera hubo alguna ocasión en la que yo mismo cedí a una noche sin compromisos, pero al final me estaba engañando a mi mismo.

No es mi carácter, no es lo que deseo.

Sin embargo, a día de hoy, no tengo tiempo para conocer gente nueva y mucho menos para quedar con chicos. Por ese motivo decidí darle una oportunidad a la aplicación. Si Jean fue capaz de conocer a su última novia a través de Internet, yo de seguro que acabaría conociendo a alguien interesante.

No me faltaron candidatos y había chicos muy guapos.

Cometí el error de quedar al principio con los que más me entraban por los ojos, pero resultaron ser un desastre. Apenas se presentaban y ya tenía su lengua en el gaznate, no tenían nada interesante que decir y tras tres intentos decidí que debía ser más claro con lo que estaba buscando.

Llegué a quedar con un par de chicos que mostraron tener capacidad de conversación, pero no me atraían físicamente y tampoco había química, por lo que los mantengo en el Tinder como amigos, algunos de ellos incluso ya han conseguido pareja.

Hace dos semanas estaba decidido a borrar la aplicación. Era bastante tarde y Armin acababa de regresar a la habitación que compartimos tras pasar el fin de semana con su abuelo. Recuerdo que nos compramos unos sándwiches envasados de las máquinas dispensadoras del primer piso. Saben horrible, pero a falta de palomitas necesitábamos comer algo mientras nos reíamos de los perfiles que estaba viendo por última vez en mi móvil.

Hasta que vi el de Levi.

La risa se me cortó de golpe.

No tengo un prototipo definido de hombre, aunque siento debilidad por los chicos de ojos claros. Cuando vi la foto de Levi, con ese atractivo rostro y esos enigmáticos iris grises, mi corazón dio un vuelco. Era incapaz de despegar mi mirada de la pantalla.

Antes de que Armin descartara el perfil, le arrebaté el móvil de las manos al tiempo que dejaba escapar de mis labios un silbido de admiración.

Mi amigo se echó a reír ante mi comportamiento, sobre todo cuando me senté muy erguido sobre la cama para poder observar mejor la pantalla. ¿Cómo había podido pasar por alto a ese chico?. Estaba seguro de que era la primera vez que me topaba con ese perfil, definitivamente me acordaría de alguien así.

Sobre todo con una descripción como aquella.

No lo pensé y me apresuré en darle Like mientras rogaba en silencio que me lo devolviera para que se nos pudiera activar el chat.

—No te lo has pensado mucho —dijo Armin con cierto tono de reproche—. ¿No decías que pasabas de los guapos?.

—Este no va luciéndose —contesté yo.

Armin rió cuando leyó la descripción del perfil.

—O tiene mucho sentido del humor o alguien se la ha jugado —aseguró mi mejor amigo—. ¿No ibas a borrar la aplicación?.

Desvié la mirada avergonzado, me sentía de nuevo como un adolescente que cambia de opinión cada cinco minutos.

—Mmm, bueno —murmuré mientras me echaba el pelo hacia atrás y me levantaba para dirigirme al baño.

Me lavé los dientes con la intención de huir de la inquisidora mirada de mi mejor amigo. Para él es fácil, tiene el novio perfecto desde hace años. Educado, serio y con las ideas muy claras. El muy cabrón acertó a la primera, mientras que yo he tenido que ir de desamor en desamor para acabar desesperado rogando porque se active un chat cutre en mi móvil.

Cuando regresé del cuarto de baño, me encontré con la sonrisa de Armin mientras sujetaba mi móvil con la pantalla virada en mi dirección.

Aquella noche me fui a dormir con una sonrisa al saber que tenía la posibilidad de hablar con ese tal Rivaille.

Y ahora estoy aquí, hecho un manojo de nervios, mirando con ojo crítico mi aspecto y deseando que esta cita salga lo mejor posible.

No importa la cantidad de veces que me lleve decepciones, soy de esos que tropiezan con la misma piedra mil veces. No puedo evitar ilusionarme con la posibilidad de que en esta ocasión vayan a salirme bien las cosas.

No sé explicarlo pero, a pesar de que solo he chateado con él dos semanas, se ha convertido en alguien importante para mí. Creo que con ningún otro chico me he divertido tanto hablando.

Siento que Levi hace que todo sea diferente, fácil. Es algo que me emociona y me preocupa al mismo tiempo, porque si esto no sale bien, la decepción va a ser aún mayor.

Cuando lo conocí la noche del accidente y se giró hacia mi cubierto de barro de pies a la cabeza, sentí alivio. Levi era tal y como esperaba, tal y como se había mostrado en el chat.

Le gusta el sarcasmo y habla de forma directa, sin tapujos. Suelta lo que piensa y me da la sensación de que actúa de la misma manera. Quizás no de forma tan impulsiva como yo, debido a su naturaleza desconfiada, pero igualmente parece que es alguien que sabe sobreponerse a cualquier situación con rapidez. Ya me demostró su fortaleza el otro día.

Todas esas cualidades lo vuelven más atractivo ante mis ojos y cuando estuvo a punto de besarme… No sé por qué me aparté, no he dejado de pensar en otra cosa que no fueran esos labios. Creo que es porque quiero hacer las cosas con calma con él, quiero besarlo cuando esté relajado y a gusto conmigo y no cuando esté aturdido por culpa de un subidón de adrenalina.

Tal vez hoy tenga ocasión de cumplir ese deseo.

A pesar de estar un poco cansado debido al trabajo de esta mañana, me apetece aprovechar lo máximo posible el resto del día con Levi. Por ese motivo, tengo pensado llevarlo en coche a un lugar donde podamos disfrutar del aire puro del campo, aprovechando las horas de luz, antes de regresar a la ciudad para nuestra cena.

—¿Has llenado el depósito? —pregunta Armin cuando ve que me abrigo para salir.

No es la primera vez que me despisto y llego a duras penas con la reserva del depósito a la residencia.

—Si, acabo de dejarme parte del sueldo en la gasolinera —contesto con rapidez.

Armin ha vuelto a acomodarse en su cama, con un enorme libro entre sus manos que oculta parte de sus facciones.

—¿Seguro que es buena idea llevarlo al campo?. Está con muletas —argumenta él, sin despegar la vista de las páginas.

—Sé que le encanta perderse con la moto por las carreteras de montaña, le relaja —hablo de Levi como si lo conociera de más tiempo—. Tranquilo, conozco una explanada donde podremos estar cómodos, es terreno llano.

Armin asiente en mi dirección y me desea buena suerte al tiempo que me apremia con una mano.

Suspiro una vez que estoy con las manos al volante y compruebo que llevo todo lo necesario para realizar las curas de la perrita que Levi tiene en su piso. Ojalá decida adoptarla de forma definitiva. Creo que, por mucho que refunfuñe por ella, en el fondo le está tomando cariño.

Sonrío hacia la carretera, convencido de que hoy va ser un gran día.


(LEVI)

Me ajusto la chaqueta de cuero —de imitación por supuesto— y me coloco delante del espejo que tengo en la puerta del armario de mi habitación. Hange está tumbada boca abajo sobre mi cama, medio enterrada bajo una pila de ropa que he descartado con anterioridad.

Me giro para que me evalúe por décima vez, abriendo mis brazos hacia los lados y arqueando una de mis cejas. Estaba a punto de salir por la puerta de casa cuando me detuvo con un comentario despectivo acerca de mi elección de vestuario. De modo que aquí estamos, recurriendo a mi fondo de armario para encontrar algo que se adecue a una primera cita.

—Oh si, esto es otra cosa —murmura tras hacer una pompa con el chicle que tiene en la boca—. Es increíble que aún te sirva esa ropa. ¿No es esa la chaqueta que llevaste al concierto de los Rolling Stones?.

—La misma —respondo mientras me giro para contemplar de nuevo mi reflejo en el espejo—. ¿No crees que voy muy informal?.

—Teniendo en cuenta el sitio cutre al que lo vas a llevar, no —responde ella encogiéndose de hombros.

Le lanzo una mirada airada a través del espejo.

—¿Y dónde lo llevarías tú?. ¿A un restaurante de cinco tenedores? –pregunto con sorna-. Conociéndote seguro que lo invitarías a una hamburguesa rancia del McDonalds. Además vamos a ir al campo primero. ¿Y si me viola en un descampado?. Joder, nunca he tenido que preocuparme de estas cosas con una mujer.

Hange se retuerce de la risa en mi cama.

—Bueno, con ese look incluso yo te tengo ganas —suelta con un guiño.

Le pongo una mueca de asco y vuelvo a mirar mi reflejo con una preocupación mal disimulada.

—¿Segura? —pregunto.

—¿Si creo que te va a violar?.

—No, imbécil —respondo encarándola de nuevo—. Quiero estar guapo pero tampoco parecer desesperado. Se supone que tu sales con otros hombres y no me estás ayudando una mierda.

No paro de gesticular mientras hablo, no sé que ha pasado con mi actitud calmada e impasible. Estoy nervioso, tanto, que no soy capaz de disimularlo.

—Debería estar grabando esto… —murmura mientras rebusca en sus bolsillos su móvil.

Suspiro debido a la frustración y decido sacar mi teléfono para enviarle una foto a Farlan. Me siento como una adolescente que quiere impresionar al típico guaperas de instituto. Esto no me gusta.

—Así estás guapo, Levi. Hazme caso —dice con voz cansada.

—No me hables con ese tono, eres tú la que ha empezado todo esto —le increpo señalándola con el dedo.

—¿Así es como agradeces que saque a relucir tu potencial? —responde ella mientras acaricia la cabeza de la perrita.

Pongo los ojos en blanco y miro el mensaje de respuesta de Farlan.

Farlan: (emoticono babeando).

—Supongo que así voy bien —digo en un murmullo.

—Ya te lo dije —me dice con suficiencia.

—Calla y dame a la perrita. Eren me está esperando en el parque —extiendo las manos para que me la entregue, aunque lo hace con actitud reticente.

—Es absurdo que no pueda subir aquí para poder curarla en condiciones —resopla con fastidio—. Enano maniático.

—En el parque hay mesas de piedra y llevo una toalla para que la trate sobre una superficie limpia —explico con voz cansada—. No voy a invitar a mi casa a un extraño.

Ella pone los ojos en blanco mientras hace una pompa enorme con el chicle. Si no fuera porque me da asco tocar con el dedo esa sustancia cubierta de babas, se lo estallaría en plena cara.

Al menos la perrita está limpia después del baño que le di al regresar de la tienda, sabiendo que Eren se encargaría de vendarle de nuevo la pata por la tarde.

Utilizo el ascensor y me dirijo al parque con la perrita bajo el brazo. Me manejo bastante bien con una sola muleta e incluso sin ellas, la verdad es que me suelo recuperar bastante rápido de este tipo de lesiones. Aún así, sé que todavía me faltan al menos otras dos semanas de no forzar el pie.

Cuando llego al parque, Eren me está esperando apoyado contra la puerta del coche y con el móvil en las manos. Carraspeo cuando estoy a pocos metros de él y su rostro no tarda en iluminarse con una amplia sonrisa que hace que le brillen los ojos.

Noto que me revisa con la mirada y se muerde el labio de forma inconsciente. Él está impecable, con sus vaqueros, su camiseta blanca y su cazadora. Hoy lleva a la vista el mismo colgante que el otro día.

La perrita ayuda a la hora de disimular el incómodo saludo, ya que ambos amagamos acercanos y alejarnos a la vez, sin saber muy bien qué hacer.

Sin perder tiempo, extiendo la toalla en una de las mesas de piedra que hay en el parque y sujeto a la perrita mientras Eren la examina y la tranquiliza con esa voz tan suave que empleó el otro día en el hospital veterinario.

El animal no tarda en rendirse a sus encantos. Bien que puedes, Eren, pienso. A este chico se le da demasiado bien el trato con todo ser vivo. Todo lo contrario que yo, que soy un desastre.

No tarda en colocar el vendaje y en pincharle la primera vacuna.

Observo como realiza un masaje con los dedos en el pellejo del cuello para preparar la zona, supongo que con eso evita que la inyección le duela tanto. Intento distraerme y no mirar fijamente a sus labios entreabiertos, que sostienen la jeringa por el émbolo.

Entrecierro los ojos y respiro profundamente, negándome a admitir lo atractivo que me resulta verlo tan concentrado en su trabajo.

—Ya está —su voz me trae de vuelta a la realidad.

Una realidad en la que estoy jodido como siga sonriéndome de esa forma.

—De acuerdo, espérame aquí, no tardo —me dirijo de vuelta hacia mi portal, lanzando fugaces miradas a mis espaldas para comprobar que Eren continúa en su sitio y que no intenta averiguar donde vivo.

Al menos está respetando mis paranoias mentales por el momento.

Cuando regreso de nuevo, tras haber dejado a la perrita en casa con una mujer que ha dejado marcas de vaho en la ventana de tanto espiar, me subo al coche de Eren tras guardar la muleta en el maletero.

—¿Listo para la aventura? —pregunta con voz alegre.

¿Es que a este chico no se le agotan nunca las sonrisas?, con lo que me cuesta a mi hacer una simple mueca…

—Mientras no acabemos de nuevo en un hospital —digo encogiéndome de hombros.

Eren hace un gesto con la mano como si quisiera espantar esa posibilidad y enciende la radio de su coche para que la música amenice el largo trayecto que tenemos por delante.


Mi temor de vivir un silencio incómodo se desvanece al iniciar una conversación sobre gustos musicales. Criticamos algunas de las canciones que reproduce la emisora y cantamos alguna estrofa de aquellas que consideramos grandes clásicos del rock. Bueno, Eren canta, yo murmullo.

La tensión de mis hombros se va desvaneciendo conforme vamos dejando atrás las contaminadas calles de la ciudad. Nos adentramos por una carretera que conozco bastante bien y que asciende a través de curvas serpenteantes a lo largo de la ladera de una montaña.

Nunca he llegado a detenerme en esta zona, de modo que no sé qué es lo que se propone Eren, sobre todo teniendo en cuenta el estado de mi pie.

Las conversaciones se hilan unas con otras con una facilidad pasmosa. Me habla de su carrera, de las asignaturas que le faltan por terminar y de las ganas que tiene de ejercer su profesión y de montar una clínica por su cuenta.

Al parecer sus padres tienen pasta, por lo que podrá permitírselo sin necesidad de recurrir a ningún préstamo bancario. Aún así, me explica que primero quiere trabajar para otros y así conseguir más experiencia.

Realmente muestra una pasión desbordante cada vez que habla de su futura profesión. Me pregunto si será así de entusiasta en todas sus facetas.

Continúa hablando acerca de su estancia en la residencia de estudiantes y de como se comportó como un imbécil durante su primer año de carrera. Supongo que espera algún comentario despectivo por mi parte, pero no tengo nada que reprocharle. La mayoría hemos tenido esa etapa en la que no hacemos otra cosa que tomar malas decisiones. Lo que me importa ahora es el chico que tengo delante, lo maduro que me está pareciendo para su edad y lo interesante que me resulta cada palabra que pronuncia.

A estas alturas, con mis anteriores citas, mi cerebro ya habría entrado en el modo respuestas automáticas.

Sin embargo, Eren consigue que le preste plena atención durante todo el recorrido. Yo hablo menos y de forma más vaga acerca de mi, sé que en algún momento tendré que confesarle que nunca he salido con un chico en mi vida. De hecho, es algo que debo hacer hoy mismo, antes de que las cosas avancen demasiado. Eren merece saber la verdad, más aun después de todo lo que hizo por mi el día del accidente.

Es solo que no encuentro el momento.

Llegamos a una zona de la carretera que se ensancha en un lateral y Eren aparca el coche. Me ofrece la muleta y atravesamos una explanada rebosante de hierba y dientes de león.

El camino es lo bastante llano para que yo pueda avanzar sin problemas y sin riesgos de dar un mal paso.

Finalmente, llegamos a un pequeño promontorio. Me detengo hasta llegar al mismo borde de la explanada, donde una caída de varios cientos de metros limita el final del camino.

Desde aquí se puede observar un pinar que cubre como un manto verde el terreno irregular de la montaña.

Esta zona parece totalmente fuera de lugar en un entorno tan rocoso como el que nos rodea. Es como si la hubiera colocado aquí algún ser de otro mundo.

En el horizonte se divisa un mar de nubes que cubre parcialmente la falda de una enorme montaña, haciendo que parezca que la cima está flotando en el aire.

Bajo la vista ligeramente, la caída es impresionante, pero no me dan miedo las alturas. Escucho el sonido del viento meciendo todos esos árboles, los pájaros entonando una suave melodía y el aire frío invadiendo mis pulmones. No puedo evitar cerrar los ojos para recrearme en todas estas sensaciones.

Respiro profundamente y mil aromas florales se cuelan por mi nariz. Disfruto de esa mezcla y de todos esos sonidos que no hacen más que resaltar el silencio que hay entre nosotros.

Es un silencio que reconforta y relaja todo el cuerpo. Noto como mis preocupaciones pesan cada vez menos, sobre todo las que tienen que ver con el chico de ojos verdes que me ha traído hasta aquí.

No sé cuántos minutos permanezco en esta misma posición, pero un nuevo estímulo hace que mi cuerpo reaccione de improviso. Unos brazos fuertes se cuelan a lo largo de mis costados para rodear mi cintura y no puedo evitar dar un respingo al sentir el cuerpo de Eren contra el mío.

Su cálida respiración me hace cosquillas en mi oreja.

—¿Te gusta? —trago saliva y asiento.

A pesar de que hace unos minutos sentía que mi cuerpo estaba flotando sobre esos árboles, ahora estoy tan nervioso que parece que me hayan clavado en el suelo.

Eren lo nota.

—Estás muy tenso, creí que este sitio te relajaría —dice, mientras apoya su barbilla sobre mi hombro.

—Me gusta —respondo con un hilo de voz. ¿Dónde está mi voz?—. Es que el contacto físico… me cuesta.

No sé por qué he soltado eso. No es mentira, pero temo que Eren se ofenda y me mande a la mierda justo ahora, que ya me estaba acostumbrando a su abrazo.

Mi mente divaga por terrenos más peligrosos que la escarpada caída que tengo bajo mis pies.

No puedo evitar pensar que normalmente soy yo el que abraza a las chicas en esta misma posición.

Respiro profundamente y cierro los ojos de nuevo. Relájate, Levi.

De repente, noto como su agarre se afloja de mi cintura.

—Perdona, no lo sabía —se disculpa casi en un susurro y da un paso hacia atrás—. Pero aléjate un poco del borde, por favor, me pone nervioso.

Cuando su cuerpo se aleja del mío, siento un escalofrío debido a la pérdida de calor corporal. Me relajo visiblemente, pero siento que he echado a perder algo.

Decido girarme y caminar hasta su lado, mientras pienso en una forma de eliminar la tensión que se ha impuesto entre nosotros.

—Por favor, dime que este no es ese lugar secreto donde vienes a pensar cuando necesitas escapar del mundo y que solo has decidido enseñarme a mi —digo con sarcasmo, haciendo referencia a esas películas cursis donde el chico saca a relucir su lado más sentimental mostrándole a la chica su rincón favorito.

—Corta rollos —murmura Eren sin apartar la vista de la colosal montaña del fondo.

Lo encaro y veo que tiene una sonrisa en el rostro mientras menea la cabeza.

—En realidad este es el lugar donde me rompí un dedo del pie hace tiempo, me acordé mientras te vendaban el tobillo —se encoge de hombros y a mi se me hinchan las aletillas de la nariz.

No tarda en silenciar el cántico de los pájaros con sus carcajadas al ver mi expresión.

—Descubrí este sitio hace poco por casualidad. También me gusta perderme de vez en cuando —explica sonriente.

Me siento debajo de un árbol y aprovecho para estirar la pierna y descansar la espalda contra el robusto tronco. Eren no tarda en unirse a mi, con la mirada perdida en el horizonte.

Al cabo de unos segundos, giro mi cabeza para mirarlo fijamente, aunque sé que puede incomodarle y que puedo estar dando mucho miedo ahora mismo. No puedo evitarlo, al igual que cuando está sentado a mi lado en el coche, es como si necesitara analizar cada centímetro de su bronceada piel, como si de esta forma pudiera ver algo en sus facciones que me permitiera resolver el misterio de este chico.

Coincido con el análisis que hice la primera vez que examiné su perfil, este chico podría ser modelo.

Eren nota mi escrutinio, porque primero me mira de reojo y después gira su cabeza hacia mi. A pesar de sentirme ligeramente avergonzado en ese momento, le sostengo la mirada. No puedo perder en un duelo de miradas.

Malditos sean sus ojos verdes.

—Hoy estás guapísimo —dice de repente, suavizando su expresión.

Y maldita sea su labia.

Consigue desarmarme, porque parpadeo y rompo el contacto visual sin darme cuenta.

Mi pulso se acelera de nuevo. Joder, como siga así voy a tener la sesión de cardio cubierta para lo que resta de mes. Este muchacho tiene mucha experiencia en esto, no me extraña, solo hay que verlo para intuir la cantidad de citas que debe tener al mes.

—Gracias —le suelto a los árboles—. Tu también.

Lo miro de reojo y veo que me está sonriendo, mientras su mano se desliza en mi regazo buscando agarrar una de las mías.

—Levi, ¿qué puedo hacer para que estés a gusto? —pregunta con amabilidad, como si hablara con uno de esos animales a los que le tiene que poner una inyección.

No me gusta eso, no soy alguien a quien haya que consolar. Me tomo mi tiempo para contestar. Sé que si suelto algo excesivamente borde justo ahora, arruinaría la cita por completo.

Opto por ser sincero.

—No estoy acostumbrado a estas cosas —mis ojos buscan de nuevo los suyos.

Él suelta una risa corta. Sigue teniendo esa expresión similar a la de alguien que acaba de recibir un regalo de cumpleaños.

—Eres aún más desconfiado de lo que pensaba —da un apretón a mi mano—. Me da la sensación de que no me lo vas a poner nada fácil.

Me encojo de hombros.

—Aún estás a tiempo de cambiar de candidato —me abofetearía a mi mismo por eso.

No quiero que me diga que queda con más chicos, eso ya lo intuyo. Tampoco quiero que me diga lo contrario, porque entonces sentiría que lo estoy privando de quedar con otros chicos que sí son gays.

Joder, como me gusta complicarme la vida.

—No —niega con la cabeza sin perder en ningún momento su sonrisa—. Quiero conocerte, Levi. Precisamente esta es una de esas cosas que te hace diferente a los demás.

Cierro los ojos, los demás. Me siento tan absurdo por sentirme mal por eso… Eren es libre de quedar con quien quiera. ¿Por qué esta presión en mi pecho?, Tinder es para esto.

Eren se revuelve con inquietud y noto que afloja ligeramente el agarre de su mano. Decido colaborar un poco con la situación. Hasta ahora todo el peso de la cita lo ha llevado él.

—Mira —giro mi cuerpo para encararlo mejor, apretando la mano que él ha dejado flácida—. No esperes que diga cursiladas, no es lo mio. Tampoco soy de contacto físico, al menos no al principio. Soy tal y como has visto en el chat. No se me dan bien las citas, ni soy de los que se enamoran fácilmente.

Y soy hetero, me falta agregar.

Eren me mira algo apabullado, pero no tarda en recomponerse y dedicarme otra de sus blancas sonrisas.

—Y directo —añade riendo.

—Un poco bruto, si —coincido.

Levanto la comisura de mis labios en una sonrisa ladeada, casi imperceptible.

Si estuviera aquí Farlan se llevaría las manos a la cabeza, porque seguramente estoy haciendo todas las cosas que no se deben hacer en una cita.

—A mi también me cuesta querer —confiesa, desviando su mirada de la mía unos segundos—. Pero cuando me enamoro, me entrego al cien por cien.

¿Me explicas por qué estás soltero entonces?. ¿O es todo una estrategia de chico guapo que va de sensible?. Joder, necesito a Farlan, es un detector de capullos infalible.

Siento que estoy bloqueado como si fuera un primerizo con todo esto. Lo cual, en cierto modo, es así, al menos con los chicos.

—Bien —es todo lo que soy capaz de pronunciar.

Eren me mira expectante, como si esperara a que añadiera algo más acerca de como llevo las relaciones. Sin embargo, lo único en lo que soy capaz de pensar en estos momentos, es en cómo abordar mi supuesta heterosexualidad.

Si, supuesta, porque Eren me gusta.

Miro a mi alrededor y decido que mejor me reservo esa parte para después de la cena, no quiero que Eren me abandone en mitad de la nada si se lo toma mal.

—¿Tienes hambre? —pregunta de improviso.


Cuando llegamos al restaurante pido rápidamente una botella de vino. No pretendo emborracharme ni nada parecido, pero necesito dejar de pensar tanto las cosas, no es propio de mí.

Eren parece animarse conforme avanza la velada. De nuevo me cuenta cosas acerca de su vida, su infancia, sus amigos… Tiene una hermana japonesa que adoptaron sus padres cuando él tenía ocho años y al parecer son inseparables.

Poco a poco, me voy abriendo y comienzo a hablar de mi. Resulta irónico, porque una vez que me suelto hablo por los codos. Eren me mira y escucha todo lo que digo con suma atención, casi como si le fuera la vida en ello, aunque lo que estoy contando no tiene mayor relevancia.

Le hablo un poco de mi infancia, de mi tío Kenny, de como estuve combinando tres trabajos para poder ahorrar el dinero suficiente para montar entre los dos la tienda de té. Le cuento como mi tío intentó jugármela y de como conseguí darle la vuelta a la situación para acabar siendo yo el único dueño de la tienda.

Hace casi dos años que no sé nada de él, supongo que por estas mierdas me cuesta tanto confiar en la gente.

En algún momento de la conversación, Eren desliza su mano por la mesa para rozar con sus dedos una de mis manos, haciendo pequeños círculos sobre mi blanquecina piel.

Este gesto me demuestra que es bastante cercano. No puede evitar tocarme aunque sea a través de un roce sutil. Supongo que se está conteniendo debido al comentario que le hice cuando me abrazó unas horas antes.

A continuación, me animo bastante cuando empiezo a hablar de los distintos tipos de té e infusiones. Le explico el proceso de algunos de ellos y algunas de las propiedades que tienen para la salud. Me dejo llevar de tal forma que pierdo la noción del tiempo y me avergüenzo cuando soy consciente de que quizás estoy hablando demasiado.

Eren, al contrario de lo que esperaba, no muestra signos de estar aburrido. No deja de sonreír y de hacerme preguntas con auténtico interés.

No tardamos en comenzar con nuestras pullas y bromas conforme la botella de vino va disminuyendo el nivel de su contenido. Nos perdemos en nuestro mundo, en este entorno tan agradable que hemos sido capaces de crear a pesar del mal comienzo de esta tarde. No soy capaz de despegar mis ojos de los suyos y veo que Eren me devuelve la misma intensidad en su mirada.

Al cabo de unas horas, nos alerta el excesivo jaleo de sillas y mesas siendo arrastradas por el suelo. ¿En qué momento nos hemos quedado solos?. Jamás me había quedado hasta el cierre de este restaurante.

Los camareros nos miran de reojo, ya que no quieren interrumpirnos, pero es evidente que estamos alargando su jornada laboral.

La hostelería funciona así, mientras haya un cliente los trabajadores tienen que estirar lo máximo posible la hora del cierre por si consiguen alguna consumición extra de última hora. Es una mierda, lo sé de primera mano porque uno de mis trabajos anteriores fue en un restaurante. Recuerdo que a veces terminábamos de limpiar todo a las tres de la mañana.

Le hago un gesto al camarero para que me traiga la cuenta.

Eren hace el amago de sacar su cartera, pero no se lo permito. El camarero que acude es el mismo que me atendió la otra noche que cené aquí con Farlan y me está lanzando extrañas miradas que al principio no sé interpretar.

Luego pienso en el coqueteo que mostró Farlan durante la cena y en lo evidente que está siendo Eren en estos momentos, por lo que comprendo perfectamente lo que debe estar pensando ese hombre acerca de mi.

Si, debe pensar que salgo con un chico diferente cada semana.

Cuando salimos a la calle, nos golpea el gélido aire nocturno. Avanzamos con rapidez hacia el coche y casi se me congela el culo al apoyarlo en el asiento. Eren enciende la calefacción y decidimos continuar la conversación ahí sentados, haciendo tiempo para que se le pase el efecto del vino que ha consumido.

De pronto, Eren sujeta una de mis manos y se apoya de costado en su asiento, acercando su rostro hacia el mío sin dejar de sonreír.

Sé lo que desea, porque es lo mismo que me apetece a mi cada vez que contemplo sus labios, pero antes necesito confesarle lo que llevo todo el día guardándome dentro.

—Ey… Hay una cosa… es importante —pongo un poco de distancia entre los dos, no sé ni por donde empezar.

—Soy todo oídos —contesta sonriente.

—Verás yo… —enmudezco porque siempre he tenido falta de tacto para estas cosas y no quiero que Eren se enfade.

Tengo que elegir bien mis palabras, hacer como mi amigo Erwin cada vez que tiene que convencer a alguien.

Pero no soy Erwin. ¿Cómo explicarle que no soy gay pero que me ha encantado estar con él hoy?.

—Tranquilo, Levi —se ríe de buena gana—. No te voy a besar si eso te incomoda, me ha quedado claro.

Me siento un idiota después de todo lo que ha hecho por mi hoy.

Claro que me apetece besarlo. Siento las mismas ganas que el otro día, quiero besarlo. El problema es que no lo puedo hacer sin decirle antes la verdad.

—Eren —tomo aire y lo miro con seriedad—. Nunca he estado con un chico.

Muy bien Levi, así a bocajarro, me felicito con sarcasmo.

Eren alza las cejas y abre esos expresivos ojos más de lo normal. Su sonrisa se disuelve parcialmente y su mano se retira lentamente de la mía como si le estuviera quemando.

—¿Cómo dices? —detesto esa expresión tan seria en su rostro—. N- No entiendo, Levi. ¿Estás jugando conmigo? —se está cabreando.

—No —contesto con voz queda—. No.

Confirmo por segunda vez, por si acaso.

—¿Es una broma? —su rostro parece relajarse unos segundos al considerar esa posibilidad.

—No —digo escuetamente y su rostro se crispa al instante.

Su mano viaja hacia su entrecejo y se pellizca el puente de la nariz mientras toma una profunda bocanada de aire, como si estuviera haciendo un esfuerzo sobre humano para controlarse y no soltarme un puñetazo aquí mismo.

—¡Lo sabía! —dice con el rostro descompuesto—. Demasiado bueno para ser verdad.

¿Demasiado bueno, yo?.

—Eren —utilizo el tono de voz más autoritario que poseo en mi repertorio, el mismo que hace que mis amigos guarden silencio como si esperaran órdenes—. Déjame terminar.

Él se gira, envarado, sin atisbo de amabilidad alguna en su mirada. Su boca en una línea recta y sus ojos transmiten dolor y rabia contenida.

—Sé que te tomas todo esto en serio y yo también, créeme —su expresión no varía ni un ápice—. Todo este tiempo me he sentido fatal por no decírtelo antes, pero estaba a gusto hablando contigo.

—¡¿Eso es tomárselo en serio?! —dice alzando la voz.

—Si, joder.

—Ya veo —asiente con gesto torvo—. ¿Te has divertido a mi costa?.

—Eren —le lanzo una mirada peligrosa— . No sigas por ahí.

Él resopla y levanta las manos como si se diera por vencido, para después apoyarlas con fuerza sobre el volante y apretarlo hasta que sus nudillos lucen tan blancos como mi piel.

—Sal del coche —dice con la vista pegada al volante.

—Mierda, Eren, no me dejas explicarte —suspiro debido a la frustración, con lo bien que estábamos hace cinco minutos.

—Lárgate, Levi —como si quisiera dar aún más énfasis a sus palabras, su muñeca enciende la llave de contacto para poner en marcha el motor.

Ni de coña voy a dejar que conduzca en este estado.

Antes de que pueda parpadear, agarro el freno de mano y me inclino para apagar el motor y sacar la llave de su sitio. Si lo dejo escapar sé que nunca volveré a hablar con él.

—Escúchame —Eren me mira como si estuviera a punto de golpearme—. Me gustó tu foto. Me gustó hablar contigo. Me gustó conocerte el otro día y comprobar que realmente eras tú. Y me ha gustado la puta cita de hoy.

Eren me arrebata las llaves en un rápido movimiento, pero no hace ningún amago de volver a arrancar el motor. Creo que tiene los ojos húmedos, aunque no me deja ver bien su rostro.

—Pero nunca he estado con un chico —ahora soy yo el que desvía la mirada—. Tch, esto es una mierda.

Permanecemos lo que se me antoja una eternidad sentados en el coche, cada uno sumido en sus profundos pensamientos.

Las primeras gotas de lluvia comienzan a golpear tímidamente el cristal, es el preludio que anuncia la llegada de una tormenta que se divisa en el horizonte.

Si voy a tener que volver andando a casa, será mejor que lo haga cuanto antes para evitar que me pille a medio camino.

Deslizo mi mano hacia la manecilla del coche, decidido a bajarme ahora que Eren parece estar más tranquilo.

Su voz me sobresalta y su mano vuelve a agarrar la mía con firmeza, impidiendo que me gire para marcharme.

—De verdad, tenía muchas esperanzas puestas en ti —su voz se quiebra ligeramente al final.

—Eren —giro mi rostro para encararlo, pero él continúa con la vista hacia los primeros rayos que caen en el horizonte.

—¿Existe alguna posibilidad contigo? —me quedo de piedra, no por la pregunta en sí, si no por el tono suplicante de su voz.

Cierro los ojos, me siento un auténtico capullo.

—Es lo que intentaba explicarte —lo miro de nuevo, esta vez nuestros ojos se encuentran—. Siento… curiosidad, no es la primera vez que me pasa.

Eren sacude la cabeza, la decepción de su mirada se me clava como un puñal.

—Curiosidad —repite como si escupiera cada sílaba.

—Joder, si —no sé expresarme como me gustaría, de modo que decido arriesgarme a colocar mi mano en el volante, sobre la suya-. Estoy confuso, Eren.

Aquel gesto parece suavizar un poco la situación. Su mirada sigue siendo dura, pero parece que está considerando algo.

—Entonces, no tienes muy claro lo que eres —murmura por lo bajo.

—Sé que estoy a gusto contigo, que podría besarte. Pero no sé si podría ser algo más. Ni siquiera se me dan bien las chicas, joder —hago una pausa y dejo escapar un sonoro suspiro—. Quizás soy un puto desastre con ambos sexos.

Eren se ríe, de forma un poco forzada, pero se ríe.

—Eres especial, Levi —su mano se cierra en torno a la mía y siento calor en el pecho—. No voy a negar que no me decepciona todo esto, porque tú a mi me gustas muchísimo, ni te lo imaginas.

Hace que me sienta la peor mierda del mundo.

—Sabía que me iba a costar ganarme tu confianza, pero esto es más complicado —añade con seriedad.

—Lo sé, no te quiero hacer perder el tiempo. Habrá muchos otros esperando, sería injusto para ti que invirtieras tanto esfuerzo en alguien que no tiene las cosas claras —me duele pronunciar esas palabras, pero quiero lo mejor para él.

Sacude la cabeza al escucharme.

—Yo no considero que sea una pérdida de tiempo —afirma con seguridad—. Para mí es importante hablar contigo, me gustaría no perder eso.

De modo que me está ofreciendo su amistad. ¿He entendido bien?.

—Tch —bajo la vista hacia la palanca de cambio. Siento que he echado todo a perder.

—Y quiero que dejes de insinuar que tengo una especie de Harén de hombres —con su mano levanta mi barbilla para que lo mire a los ojos—. Hablaba hace tiempo con algunos chicos, sí, pero ahora solo me interesas tú.

Siento que el corazón se me va a salir del pecho.

—Te lo has jugado todo a una carta y te ha salido mal —concluyo.

Él se encoge de hombros y da una pequeña caricia a mi mentón.

—Bueno, es un poco pronto para decir que me ha salido mal —susurra.

De repente, acorta la distancia que nos separa al inclinarse hacia mi rostro, el cual sigue sujeto por el firme agarre de su mano.

Así, sin permiso ni previo aviso, sus labios se juntan con los míos.

Este cabrón me está robando un beso…

…estoy besando a otro hombre…

…me está gustando.

Y mis dedos se están enredando en ese pelo que he querido acariciar desde que lo conocí.


(A/N): ¡Muchas gracias a todos los Favs y Follows y a sus hermosos comentarios que tanto me animan!