¡ELIZABEEETH! Eres un ser divino que aparece en los momentos precisos en los que estoy por actualizar este fanfic ¿o qué? Jajaja. Me toca el kokoro(cora) tanto que te emocione así. /Sends a virtual hug/ /And hearts!/
¡He aquí otro capítulo! (Quizás suba uno por semana o así, aún no sé si decidirme o mantener el tiempo de espera como factor sorpresa -risas-):
Advertencias: Estupideces muchas, Pairings Varios, y lo que dice la descripción.
DISCLAIMER: GINTAMA PERTENECE AL GORI-AUTOR-SAMA. :')
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CAPÍTULO 9: MÁS RÍGIDOS QUE EL SHOGUN A CUATRO PATAS
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Tokugawa Shige Shige recordaba como si hubiera sido ayer...
El día en el que había sido secuestrado.
Había estado en su carpa imperial rodeado por un muy coherente número de integrantes del Shinsengumi —el Shinsengumi al completo, exceptuando a los altos mandos— cuando su intestino había rugido y, no queriendo que sus guardianes sintieran el poder del perfume que se producía en el interior del organismo del Shogun...
Había asomado su majestuosa figura por la entrada de la carpa, luciendo su habitual porte recto y expresión serena; siendo todo un ejemplo de cómo debería de verse un Shogun... Sin importar lo prieto de sus nalgas para contener algunos gases no tan majestuosos, ni rectos como su porte, ni mucho menos serenos.
—¿Va todo bien, Shogun?
—¿Ocurre algo, Shogun?
—¿Quiere algo, Shogun?
—¿Tiene hambre quizás, Shogun?
—¿O quiere jugar a algo, Shogun?
—¿Quizás quiera subirme el sueldo, Shogun?
—¿Por qué le haces esas preguntas al Shogun, Shogun?
—¿No podemos intentar aprovecharnos del Shogun, Shogun?
—¿No os dais cuenta de que el Shogun no va a deciros que sí solo porque preguntéis agregando "Shogun" al final de vuestras oraciones..., Shogun?
—¿Sabes que estás haciendo lo mismo que nosotros, Shogun?
—¿No estaría realmente bien un aumento colectivo de sueldo, Shogun?
—¿No cree que es muy gracioso nuestro amigo Perso Naje Sinimpor Tancia, Shogun? (PNST: ¿QUÉ CLASE DE NOMBRE ES ESE? CRUEL.)
—¿Y si pensara bien la pregunta de Sinimpor Tancia, Shogun?
Una mano de la brillante figura imperial se alzó con simpleza, acallando a todos los hombres del Shinsengumi. Un grillo cantó en la noche, en algún lugar cercano al bosque que los rodeaba.
—Yo... —pronunció con voz solemne el hombre, como quien va a decir algo de real importancia.
Algo con lo que hasta se podría llegar a salvar el mundo y por lo cual todos los allí presentes se inclinaron en dirección al Shogun, a la nerviosa expectativa.
—¿Usted...?
—Iré a...
El hilo del silencio podría cortarse con unas tijeras de pre-escolar en ese momento de prodigiosa calma donde solo las nalgas y el interior del cuerpo del Shogun parecían inquietos y realmente revueltos. Shige Shige abrió la boca:
—Iré a dormir, pido privacidad para mi persona. Buenas noches. —Pronunció rápido antes de perderse en el interior de la carpa.
Los Shinsegumi cerraron sus bocas entreabiertas por la incredulidad y el asombro, y cruzando miradas entre todos ellos por un momento, no tardaron en voltear hacia la carpa y colocarse en pose de saludo militar.
—¡Buenas noches, duerma bien y sueñe con angelicales mujeres de dulce oro, Shogun!
Ninguno de ellos sabría que al momento de pronunciar "Shogun", susodicha figura ya se habría colado por la zona trasera de la carpa y huido por la oscuridad del bosque con gases emanando sin control por entre sus costosos ropajes, pies rápidos y ojos agrandados en apuro.
¡El momento en el que no pudo correr más y tuvo que bajarse los pantalones para poder descargar a gusto a las raíces de un gran árbol, con una mano tuvo que apoyarse en algún lugar para no caerse mientras sus ojos giraban hasta casi perderse tras su cabeza...!
Y, entonces, todo se volvió negro.
Y un dolor lascerante atacó su sien como si algo afilado se cerrara sin piedad en torno a su frágil cráneo; gruesas gotas de sangre resbalando por su piel.
—¿Uh?
—¡Woof!
Lo siguiente había sido recordar al suelo abrirse bajo él y el enorme peso sobre su cabeza... Y la oscuridad de una caída abrupta tragándoselo.
Ah, pero claro. Aquel secuestro meticulosamente planeado había acaecido hacía menos de 24 horas...
Esa misma noche, de hecho.
"Me gustaría poder ver la luz del sol", deseó. "Y tomar un baño..."
—Uuuhmn... Uhhhmn... —gimió su acompañante a un lado suyo en una mezcla entre aullido y quejido.
—Lo sé, amo. Lo sé.
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—¿Les hemos dado esquinazo...?
—Eso parece, Gorila.
—Vale. Qué alivio...
—Kondō-san, sabe que ya puede dejar de cubrirnos, ¿verdad?
—Es que...
—...¿es que...? —corearon cuatro voces masculinas.
—Es que no puedo levantarme...
—¿Por qué no?
Un incómodo silencio se cernió sobre los hombres por unos instantes, hasta que el Comandante del Shinsengumi pasó saliva por su garganta y río sin aire.
—Estoy que me meo. —Admitió.
De inmediato, una pierna se elevó por entre un lío de extremidades y un grupo de quejas, y una de las figuras enfundadas en los oscuros trajes con bordes dorados del Shinsengumi salió volando a estrellarse de cara con una rocosa pared.
Pronto, otras dos figuras fueron apartadas con algo de rudeza hacia los lados, rodando por tierra entre breves maldiciones.
—De nada. —Pronunció más alto e inexpresivo que cualquiera de ellos el único ajeno a los mandos de las fuerzas del orden y de la ley.
Que se hurgaba la nariz mientras encendía la pesada linterna en sus manos y alumbraba alrededor con bastante resuello.
—¿Por dónde salimos de aquí ahora...?
Sakata Gintoki, para quienes no lo conozcan. (G: Estoy aquí todos los días, de lunes a viernes; los fines de semana podéis encontrarme en casa, y el resto del tiempo puede que nos veamos en el anime o en el manga. No podréis llamarme, pero nos veremos en vuestros corazones, babies. -Guiña-. / OK: -Se ríe de él-. / G: ... -vergüenza repentina-.)
—Recuérdame cortarte la cabeza a ti también cuando salgamos de aquí, Yorozuya...
—No creo que eso sea necesario, Hijidiota-san. —Replicó Sougo señalando a algo cercano a donde se hallaba Gintoki, adherido a la pared y el techo...
—¡SAKATA-SAN! —Advirtió con un grito potente Kondo.
—¿A qué se debe el griterío? —El mencionado volteó hacia él a tiempo de esquivar unas zarpas que pasaron rozando su nuca. (G: ¡HEY! ¿POR QUÉ ATENTAR CONTRA MI PERSONA ASÍ? ¡ESTABA DISFRUTANDO LA TRANQUILIDAD! / OK: Demasiada tranquilidad para ti ya. ;) No me agradezcas.)
Los tres Shinsengumi vieron a Gintoki perder el color en el rostro y girar con rapidez hacia allí, alumbrando lívido a un ser reptante de brazos viscosos acabados en zarpas enormes de pantera negra. Su cuerpo era como de lagarto y sus patas, viscosas como sus brazos e igualmente peligrosas, se pegaban a la roca con una facilidad que las telarañas de Spiderm@n envidiaría.
—¿Más bichos de gelatina...? —cuestionó.
El bicho del techo rugió y se tiró al suelo, haciéndolo temblar. Tenía un tamaño como el de los dragones de Komodo y destelleaba ligeramente con un tono grisáceo.
—No creo que esta cosa sea ciega como las gelatinas de antes... —opinó trémulamente Kondō, manteniéndose tras Sougo e Hijikata y con ambas manos cubriendo su entrepierna en la oscuridad.
De cualquier forma, el pelinegro olfateó el aire y compuso una expresión desasosegada al entender.
—Kondō-san... —murmuró con pesadez.
El Comandante soltó una pequeña risa apesadumbrada y Sougo aplaudió una vez para atraer la atención del Yorozuya y aquel viscoso ser de cuerpo escamoso.
—¡La linterna! —pidió.
Gintoki se la lanzó sin segundos miramientos y luego se vio forzado a saltar hacia atrás interponiendo su bokuto de madera entre su cuerpo y las zarpas del extraño bicho que acababa de atacarlo. De su garganta emergían ruidos de Kh kh kh kh kh kh mientras se movía y con vibrantes ojos rojos volvía a arremeter contra el Yorozuya, rápido, esta vez tomando impulso con su cuerpo y usando su cola.
—¡Hola!, ¿una ayuda por aquí, Oogushi-kun? —pidió con ojos amplios, agachándose con un gruñido al estilo Matrix para esquivar una cola escamosa y pesada que pasó cortando el aire donde había estado él hace nada.
—¡Te he dicho... —Toshirou corrió a un lado del dinosaurio amorfo (como lo había nombrado en su mente) (S: Qué original... / H: Cierra la maldita boca, Sougo.) y desenvainó su katana, clavándola hábilmente en uno de los pies del viscoso reptil—...que no me llames así!
Y este aulló largo y tendido, girando su cabeza hacia él y escupiendo una sustancia verdosa y humeante hacia su pecho.
—¡Tōsshi! —gritó de manera estrangulada Kondo.
—¡ESO SÍ QUE NO, DORI! —Gritó alguien.
Y una pequeña figura pasó volando a tiempo de derribar a Hijikata al suelo y dejar que ese escupitajo tóxico royera la piedra de la cueva, quemándola y fundiéndola.
—¡¿Dori--?!
La-cosa-dinosaurio-gelatina alzó la cabeza quedándose quieta por el nombre y sus ojos parpadearon tornándose azules, y su enorme boca formó ¡¿una sonrisa?!
—Sí. Es mi pejelagarto gris.
Mientras Kondo y Gintoki se reunían con cuidado cerca de Hijikata y el pequeño hombre, rodeando a "Dori", Sougo chasqueó la lengua acercándose más lentamente con la linterna.
"Un poco más y el puesto de Vice-Comandante habría sido mío..."
Se mordió la lengua sin embargo cuando una piedra puntiaguda se clavó en uno de sus pies descalzos. (H: Buen karma. / S: ¡Tsk!)
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Sintiendo una extraña cosa pegajosa y tibia rodeándole, apretándole, un delgado cuerpo se removió ligeramente y párpados pesados temblaron para abrirse —teniendo que hacer una fuerza enorme para lograrlo. Ojos zafiro se toparon con algo verde... verde, verde en todas partes. Y sus extremidades inmovilizadas por aquella sustancia densa se resistieron a obedecer las órdenes que su cerebro les daba de rebelarse y luchar para soltarse...
Con algo de alivio y sorpresa, notó su respiración normal a pesar de todo. Era extraño, pero podía respirar como siempre... Esa gelatina no la ahogaba ni la asfixiaba...
"¿Dónde estoy, sí...?" Intentando ver más allá de la gelatina verde que definitivamente ya NO quería probar pero que osaba acaparar la mayor parte de su campo de visión, la Yato entrecerró sus ojos. Más allá de la gelatina...
Ella pudo vislumbrar...
Su boca se abrió.
—¡SADAHA--
Y la gelatina, como despertando, de repente se le coló por la boca llenando su garganta, bajando por su faringe y expandiéndose por todos los recovecos de su cuerpo a una velocidad acojonante. Los ojos de Kagura se llenaron de lágrimas e intentó seguir respirando en vano, pues segundos más tarde volvía a perder la consciencia.
Sin embargo, llegó a oír un "WOOF!" feroz y un "¿Kagura...?" algo desorientado antes de que su mundo se tornara de nueva cuenta...
Negro.
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Mientras tanto, más allá del Campamento de los Shinsengumi...
—¡TE ENCONTRÉ, GIN-S--...! ¿Ah?
—¿Qué haces tú aquí? / ¿Qué haces tú aquí?
(? y ?: Ya iba siendo hora, Autora-san. / B: Es una buena aparición, ¿verdad...? Ja- Jaja... / ? y ?: Mejórala. / B: ¡SÍ! ¡Pero en el siguiente capítulo! -Se esfuma-.)
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OhporOdín.
Me parece mentira que el fanfic vaya tomando forma y seriedad. ;u; Akdjdfudb, ¿qué pensáis? ¿Os va gustando? (Oh, joder, no quiero decepcionar a nadie con cómo continúe este fanfic...)
¿Y los nuevos personajes quizás no tan nuevos del final? ¿Alguien se atreve a intentar adivinarlos?
¡Cualquier crítica constructiva (positiva o negativa, todas las acepto) será bien recibida!
Hasta la próxima, ¡gracias por leer y saludos desde Júpiter! /Hearts/
PD: Pues... Le he hecho algunas ediciones ligeras al fanfic al completo, y me gustaría agradecer a Kagura sakata por haberme señalado ese ENORME desliz de haber puesto "yerno" en vez de "cuñado." En serio, gracias. /Bows/PD2: Estoy teniendo problemas para continuar esto... ¿Aiudah? Q.Q
