Cap. 10
''Cómo pasó el tiempo. ''
Es increíble como el otoño llega deprisa y sin titubear; para llevarse las verdes y coloridas flores que caen como lluvia en aquel frío suelo donde, en poco tiempo, caerán millones de copos de nieve como señal de un invierno más.
De una forma magnífica es exquisito ver como, y según, esas flores caen; al igual que lo hacen espejismos que engañan al corazón...
Es interesante como el tiempo pasa volando y, con él, esos momentos tan maravillosos que nunca podré olvidar.
Hace un año, nació mi sobrino. Sí, mi sobrino y, aunque no lo crean, me he re contentado con InuYasha y mi hermana Kikyou. Fue duro al principio pero, conforme pasaban los minutos y luego las horas, en que mi hermana se encontraba dentro de la sala de parto, me di cuenta que por sobre todas las cosas ella sería siempre especial en mi vida.
Recuerdo perfectamente ese día en que mi mamá me llamó preocupada y nerviosa a tal punto que, ni siquiera recordaba que, durante meses mi hermana y yo no habíamos mantenido contacto. Y, ¿saben que es lo más curioso? Sí, exacto. Jaja, que a mi también se me olvidó...
No sé que me había pasado pero sentí la urgente necesidad de estar con mi hermana e inmediatamente se lo comuniqué a Naraku, este aunque sorprendido y claramente en desacuerdo, me apoyó y ofreció uno de sus aviones privados para que pudiese llegar esa misma tarde. Al ingresar al hospital donde atendían a mi hermana, no me había dado cuenta de mis actos hasta que vi en los ojos de InuYasha un claro mar de confusión y miedo entre mezclados entre sí.
Fue bastante incómodo y el aire cada minuto se volvía más tenso; conforme llegaban amigos, conocidos y familiares que sabían lo que habia pasado pero, francamente eso no era lo que me tenía nerviosa. Mi hermana llevaba horas con contracciones y hace poco los estúpidos médicos decidieron que ya había sufrido bastante, por lo que, la trasladaron a la sala de parto una hora antes de que yo llegara.
El ambiente estaba tenso y aún no sabíamos nada de mi hermana hasta que una enfermera salió de la sala y nos avisó que tardarían un tiempo más.
—¿Más?, ¿sabe cuanto tiempo lleva mi esposa ahí? —InuYasha había explotado. Estaba nervioso, muy nervioso y, considerando la personalidad y temperamento de él, no era conveniente que lo estuviera.
—InuYasha, cálmate que no ganas nada con ponerte así —. Le dije o, más bien, le ordené ya que mi intención no era darle un consejo en este momento, y al parecer InuYasha se dio cuenta por lo que respiró profundo y luego de contar hasta diez, se sentó en un mueble que estaba cerca de nosotros y así se relajó un poco, aunque no mucho.
Por parte de mi madre y los demás, estaban en las mismas que InuYasha salvo que mi madre podría ser la que estaba peor y eso que InuYasha era el padre primerizo y nervioso. En lo que respecta a mí, pues yo no era la más alborotada pero tampoco la más tranquila. Me aterraba la idea de que mi hermana podría...
—¡No! —. Exclamé en un arrebato que hizo sobresaltar a todos y, en especial, a InuYasha que estaba calmado; salvo que ahora, ya no lo estaba tanto.
—¿Kagome, qué pasa? —preguntó mi madre preocupada. Hasta los que se encontraban en el otro pasillo escucharon claramente mi grito de terror y algunos se avecinaron a ver que pasaba.
—Y-yo...¡Yo quiero entrar con Kikuyo! —dije rápido y seriamente mientras me dirigía a la puerta de entrada a la sala de parto.
—¡Kagome te van a regañar! —me advirtió mi hermano Miroku; quien había llegado recién, no más de diez minutos. Sus palabras eran ciertas pero de alguna manera sentía que mi deber estaba ahí adentro y no supe como ni cuando pero, en tan sólo unos minutos, ya había convencido al doctor y me encontraba vestida y lista para estar junto con Kikuyo.
Al acercarme a donde estaba mi hermana pude escuchar claramente sus gritos de dolor pero sobre todo de los nervios y el llanto hasta que repentinamente ceso por...cierta vocecita interruptora y autoritaria.
—¡Kikyou Higurashi! Se supone que tienes que poner de tu parte y calmarte. ¿Ya no te acuerdas como me hablabas sobre los partos?. ¡Nervios completamente prohibidos!
—¿Ka-Kagome? —Susurró en un hilo de voz —. Viniste... —agregó en otro susurro un tanto diferente, como de nostalgia y luego de eso ya no pudo aguantar nuevas lágrimas formadas en sus fríos y obscuros ojos que deslumbraban el dolor, la pena y, puede que, su remordimiento.
—¡Si te pones a llorar te daré de nalgadas, así que serénate mujer y a pujarle que ya quiero tener a mi sobrino en manos! —. Dije de tal manera que hasta el doctor se sorprendió mientras intercambiaba miradas de risa con las enfermeras.
—¡Sí! —Gritó ella mientras tomaba mi mano extendida y el doctor daba por comenzado el proceso de parto.
—¡No! —Se escuchó un grito—. ¡No pienso seguir esperando más!. Si Kagome entró, yo también lo haré; porque soy el padre —. Gritaba un encolerizado hombre de aspecto gallardo y notables ojos ambarinos que expresaban fuego y preocupación al mismo tiempo.
—InuYasha, la paciencia es una virtud muy grata...
—¡Tú, cállate Miroku, que no eres tú el que está a punto de ser padre por primera vez!
—InuYasha...debes comprender que estos asuntos son algo largos. Mi hermana no dará a luz en cuestión de segundos así que te recomiendo que...
¿Por qué se habia detenido?, ¿por qué dejaban de hablar y hasta de respirar por un largo tiempo?. ¿Alguien lo sabía?, ¿alguien podía responder? Mmm...El problema es que ese llanto de bebé no dejaba que nadie pudiera pensar porque... ¿Llanto de bebé?, ¿sería posible qué...?
—¡Hermana!, ¡es un niño; es un niño! —. Exclamé mientras dos gotas salinas rodaban por mi mejilla como cascadas.
Mi hermana habia tenido a su bebé sano y fuerte como su padre. Nació con el cabello negro cual ébano y ojos cual sol. No se parecía en algo a su madre; era una copia miniatura de su padre que en el momento en que escuchó aquel llanto, supo que ya era papá.
Desde entonces, mi hermana, InuYasha y yo nos hemos vuelto a tratar y hasta mejor que nunca. Mi pedacito de cielo, al que le deberé toda la vida la felicidad más grande de mi vida; haberme contentado con mi hermana. Su nacimiento, fue y será, un verdadero milagro. Mí querido milagro hermoso...
