Los personajes son propiedad de S. M. La trama es mía. Se prohíbe la reproducción parcial y/o total de esta historia.
AU [EN PROCESO] Isabella Swan una adolescente que a lo largo de su vida a tenido constantes perdidas, debe enfrentarse a la realidad y soledad cuando descubre parte del pasado y huir de el verdadero amor.
Lamento los posibles y existentes horrores de ortografía, pronto esta historia estará en re-edicción. Gracias por sus reviews-
Estábamos cenando, Alec y yo, yo y Alec... ¿Dónde estaba Nelly cuando la necesitaba? Nelly estaba observándonos desde lejos con una gran sonrisa en sus labios, venía solo a servirnos y se retiraba.
Sus sonrisas cómplices y toda ella, el lenguaje corporal me decía que algo quería hacer, pero al menos no era como los Cullen, Alec no tenía interés en quitarme nada y esa familia me quito todo. Ya no podía contar ni con Rose tampoco con Emmett, no quería hacerlo, no podía... Hasta para ellos debía ser la hija de unos asesinos.
—Dime, Isabella ¿Cómo están tus padres?—Me pregunto él, dejando la copa de vino en su lugar.
—Ellos murieron—Lo vi como lamentaba el haber hecho esa pegunta.
—Isabella, yo lo siento. No quise ser inoportuno con todo esto...
—No te preocupes, yo apenas tenía nueve años y estuve en ese accidente. No los recuerdo, Alec. Para mi ellos son esos que solo sonríen en una fotografía. Lo único que recuerdo de ese tiempo es que desperté en ese hospital sólo con Emmett.
—¿Emmett, tu hermano?—Negué con la cabeza.
—No es mi hermano, lo supe antes de venir. Mis padres lo criaron pero no es nada mio.
—Lo siento mucho, Isabella.
—Bueno, no es malo estar sola en el mundo—Trate de bromear con él.
—¿Has intentado recordar algo?
—Quisieron hacer que asista a terapia con un doctor muy bueno en donde vivía. Nunca le tome confianza. Hasta llegue a hacer cosas para molestarlo únicamente. Jasper no era mi persona favorita en el mundo pero a pesar de no serlo es el que menos me decepciono.
—Estuviste enamorada—No lo pregunto, lo afirmo así como si nada. Este hombre podía leerme a la perfección. Algo extraño lo que sucedía.
—Edward... Me enamore perdidamente de él. Es diez años mayor pero para el yo solo soy la hija de unos asesinos—Lo vi tensarse, mis ojos estaban llenos de lágrimas—Un día me beso, pero después no me volvió a tocar y si me hablaba era para dejar en claro que me despreciaba tanto... Porque para él, mis padres mataron a la primera mujer de su padre, Elizabeth la madre de Emmett.
—Ese hombre es un estúpido—Me dijo mordaz.—Si lo viera en este instante le acomodaría las ideas de un golpe.
Sonreí, golpear a Edward seria una buena terapia sanadora.
—Ese hombre no importa... Quiero curarme, quiero recuperar mis recuerdos de mi niñez y que de una vez por todas no tener esas tormentosas ideas, la incertidumbre me carcome y quiero dejar de ser una niña—Lo mire. Él me dedico una sonrisa.
—¿Quieres conocer a mi hermano? Él podría ayudarte, esta capacitado... Claro,si quieres.
—Lo quiero...
—¿Pero? Porque hay un pero en todo esto, ¿No?
—Quiero reunir pruebas donde demuestren la inocencia de mi padre. Dudo mucho que asesinaran a una mujer para quedarse con su hijo... Esos no podrías ser mis padres y si lo son... ¿Por qué Nelly quiere tanto a mi madre?—Lo pensé, tenía cierta razón pero bien sabía yo que los defectos de la persona amada la mayor parte del tiempo el corazón los ignora, así me paso con Edward cuando bien sabía que era un cerdo mujeriego... ¿Qué diferencia había entre un cerdo como él y una chica con unos padres "asesinos"?—Quiero echarle en la cara la inocencia de mis padres, sin importar el precio. Caiga quien caiga.
—Te ayudaré—Le vi sonreírme cómplice—Lo primero es que conozcas a Felix.
—¿Tu hermano querra ayudarme?
—Él estará encantado, Isabella. Lo estará, tenlo seguro.—Lo vi sonreír, ¿Qué me estaba ocultando?—Aunque si deseas golpearlo cuando lo conozcas, no me opondré...
—¿Por qué lo golpearía? Es tú hermano...
—Es un Don Juan, conquistador empedernido que no deja pasar una oportunidad de conquistar a una hermosa señorita...
Solo pude reírme. Hermosa señorita, ¿Yo? Alec te ganaras el cielo.
—Posdría conocerlo mañana—Sugerí—Claro, si es que no esta ocupado.
—No te preocupes. Yo me encargo, no se negaría a recibir a su hermano en estos momentos—Le aseguro él.
Nelly me acompañó a mi cuarto, en el que dormiría a partir de ese momento. Al menos en mi mente sabía que Nelly quiso a mi madre, y que una mujer como ella diga que mi madre era un sol, era suficiente razón para seguir adelante.
En cuanto a Alec, me cautivo su forma de ser, es tan atento y todo un caballero. Decir que disfruto de su compaña es más que suficiente, me hace sentir cómoda y segura.
Poco a poco me metí en mi cama, necesitaba descansar luego del largo viaje que había hecho. Edward Cullen me había tratado de lo peor y poco a poco le demostraría quien era el malnacido en toda esta historia y esa no era yo.
Alec vino a despertarme temprano, para que desayunemos juntos y así lo hicimos. Por primera vez en mucho tiempo, no hice un berrinche porque me despertaban temprano.
Fui con él en su auto, al centro de la ciudad a un acomodado consultorio. Vi a una mujer joven, supuse que seria su secretaria...
—Regina—Saludo Alec—Vinimos a ver a Felix. Ella es Isabella, nuestra prima.
—Encantada de conocerla. Él los espera.—Saludo amablemente.
Allí nos esperaba un hombre con el cabello era de un tono castaño rojizo que llamaba mucho la atención... Vi a Regina observarlo de arriba-abajo, lo supe de inmediato, ella sentía algo por mi primo. Sonreí de lado y de pronto sentí su mirada puesta en mi...
—Hermano, ¿Dónde encuentras hermosuras como esta jovencita?
—Cuidado Felix, es nuestra prima de la que estas hablando—Como supuso Isabella, Felix se asombro...
—¿No me digas que uno de los viejos tiene otra hija? Eso seria como un golpe en las pelotas para ellos y más para sus mujeres—Alec negó riéndose.
—Allí te equivocas, hermano. Ella es hija de Renée Vulturi y Charlie Swan.
—¿Hija de tía Renée? Disculpa—Se apresuro a tomar mi mano y besar-la.
¿Qué tenían estos italianos?
—Ya Felix—Dijo Alec apartándome de su hermano.—Vinimos por algo profesional.
—Los escucho—Dijo olvidando se faceta de conquistador.
—Quiero que me ayudes a recuperar mis recuerdos, no importa el costo, no importa el venido aquí para recordar la muerte de mis padres y antes de eso... Lo único que recuerdo es que desperté en un hospital con quien considere por muchos años mi hermano.
—Hay una nueva terapia experimental para ello, Isabella. Por lo que acabas de decir, tus recuerdos solo están reprimidos en tu inconsciente. Nunca e tenido un caso así. Te ha atendido algún doctor.—Me miro anotando todo lo que le decía.
—Bueno, atender no. Solo tome "terapia" con el doctor Jasper Whitlock. Aunque me dedicaba solamente a escuchar sus preguntas no a responderlas.
—Es un buen especialista, estuve en algún curso internacional con él. Es determinado...
—Y es el cuñado del que creí mi hermano, además de ser amigo de Ed...
—¿Felix, la atenderás?
—Por supuesto. Siempre me agradan los retos...
Lo vi sonreír. Y si, a él le encantaban los retos, podía verlo.
Ambos regresaban a la casa de él en un silencio incómodo hasta que el hablo.
—¿Qué te pareció mi hermano?—Ella le sonrió de lado.
—Es difícil de creer que pueda ponerse serio, pero si es buen especialista.
—¿y... Te parece guapo?
—La vedad, nop.—Lo vi reír.
—Él se morirá si llega a saber algo así.
Yo me reí, él también; por cierto, tiene una risa hermosa,que hace llenar el vacío del alma. Cualquier mujer tendría suerte de tener el amor y corazón de Alec Vulturi.
Al llegar, Nelly nos esperaba con el almuerzo ya listo, solo para nosotros dos.
Durante el almuerzo hablamos de muchas cosas, sobre él, supe que tenía un doctorado en economía, ademas de ser abogado, que tenía treinta años, que le gustaba la música clásica, en eso se parecía a Edward. Cuando se lo dije se rió un poco, me dijo a miles de personas le gustaba esa clase de música.
—Pero muy pocos tocan el piano...—Lo vi sonreír. Y lo supe, también tocaba el piano y además era encantador, no tenía una doble cara.
—Brindemos por ello—Dijo levantando una copa.—Isabella brindemos por los pocos hombres que sabemos tocar el piano y no somos unos estúpidos.
Me reí ante su broma y le seguí el juego...
—¡Salud!—Y chocamos nuestras copas.
Alec Vulturi no era lo que jamás espere de él, debía admitirlo. Era encantador.
Continuará.
