Episodio 2: Sangre y Fuego
Capítulo 1: Las sombras. Otoño, 4 de noviembre de 122

"La guerra es la continuación de la diplomacia por medio de las armas".

"Todos, desde príncipes a mendigos, mirarán a su alrededor y dirán "¿Cómo llegamos a esto?"

"Nunca te apartes del camino de la luz, pero si es necesario, no titubees en entrar a la oscuridad"

"En este mundo… En este momento, ya no hay ni buenos ni malos; tan solo ellos y nosotros.

Dime ¿De qué lado estas?"

La guerra ha comenzado. Con el bombardeo de Manehattan, Equestria tuvo que declararle la guerra a Énosi y a los Changelings, el Imperio Grifo no dudó en quitarse la careta y declararle la guerra a las otras tres naciones; alegando de que "no hay suficiente espacio para cuatro gigantes". Changeland y Énosi no vacilaron en tomar las armas. El tiempo del dialogo se acabo y debe dejar pasar a la guerra como el único método de obtener la paz; incluso si eso significa crear ríos de sangre.

Pero los hechos pequeños serán los que marquen el destino.

Empecemos


Canterlot-Ponyville

Curiosamente a los miembros restantes de la misión militar los liberaron de sus celdas. Alegaban de que los "necesitaban para instruir al ejercito", y de por sí Memmón (el mono) ya estaba agotado física y mentalmente. Esto excluyó a Philip por no estar en la misión. El resto del calabozo estaban los prisioneros sobrevivientes del incidente Hailstorm. Estar con esos lunáticos irritaba al joven equino.

- Oye enómeno- dijo el pegaso de la celda de enfrente- dime ¿Qué diferencia hay entre tú y yo? Ambos hacemos lo que creemos que esta correcto y míranos, ambos estamos en prisión.
- Pues… Yo aun tengo mi ojo- Le respondió Philip. Dichamente, él era el pegaso que intento atacar a Cairne por la espalda.

Esto causo que el pegaso encolerizara y arremetió contra los barrotes, parecía desquitarse con su celda. Luego, al ver lo inútil de eso, empezó a insultarlo y tratar de degradarlo. Philip no le paró a eso y solo fue a recostarse. Las rejillas de la cama eran más suaves que el propio colchón, pero al menos le proporcionó una buena siesta.

Él perdió la noción del tiempo mientras dormía. No sabía cuánto había pasado, pero se despertó por los ruidos inusuales; o la ausencia de estos. Debería estar oyendo los insultos o golpes propinados contra los barrotes. Pero no, parecía… muy tranquilo. Despertó y encontró que el pegaso estaba convulsionando, moviéndose torpemente para finalizar en el suelo paralizado. Philip solo se acerco a los límites de su celda y observo que el resto de los prisioneros tenían los mismos síntomas. A parte del muerto, notó que también poseían una bandeja con la comida y una copa en el suelo. Él también tenía el almuerzo en la celda, en un compartimiento para pasar la comida, y procedió en olfatear el contenido de la copa.

- Tiene un fuerte olor… Parece que es cicuta y crece en todos lados- Pensó en voz alta el médico, luego miró al muerto y observó algo- La boca reseca y los músculos tensos, claros síntomas de sobredosis de cicuta. Cualquiera pudo haber repartido la comida, incluso alguien que se disfrazó de guardia, ó pudo ordenar al repartidor para que diera el veneno. Lo cual dice de que conocía a los prisioneros y, por supuesto, quería evitar que hablaran… De todas formas, ya debe estar lejos- finalizó su análisis tratando de llamar a los guardias.

Habían salido un par de centinelas para ser testigos de los difuntos prisioneros. Algo nerviosos, se acercaron a la celda del enómeno y luego se retiraron del recinto penitenciario. Espero por unos instantes… El tiempo se hacía eterno. Pero luego llegaron los mismos guardias junto a alguien más… Peluca negra, cascos, piel de color ladrillo y melena amarilla. Era Jules, y se acercaba con su cara inexpresiva y sus ojos color marrón a la celda.

- Recoge tus cosas muchacho- dijo firmamente- Quedas libre.
- ¿Yo?- le replicó el caballo color crema.
- No, el muerto de enfrente ¡Por supuesto que sí, tonto! Henón convenció a Celestia para que te dejara libre. Nos sirves mejor como operativo de campo que aquí pudriéndote.-termino diciendo y pidiéndole a un guardia que abriera la celda. Una vez libre, el equino empezó a buscar dentro de sus ropajes.
- De acuerdo, estoy libre. Pero no me sirven de nada que ellos hayan muerto. Sabían del traidor.
- Es Wisest Horn- le dijo el equino de color ladrillo, con su misma frialdad- Desapareció después del incidente. Para serte franco, tienes que encargarte de él cuanto antes. Después ve a Trottingham, que hay algo especial para ti.
- ¿Qué hay allá?- le pregunto el médico.
- Lo sabrás… Contramaestre- le dijo inclinando la cabeza un poco- Debido a tus servicios, el maestre Phylodemos te ha ascendido. Allá recibirá todos los pertrechos y suministros necesarios para futuro, Kyrie.
- ¿Quién es mi guardaespaldas?- le indago Philip con sospecha en sus ojos.
- No puedo revelar su nombre. Solo sé que es un guardia azul. Contramaestre, debe partir cuanto antes a Ponyville con las mane 6 antes de que el ex ministro cause mas problemas.

No se equivocó, pues Wisest Horn estaba tomando el primer tren a Ponyville.

En cambio, en la sala del trono se estaba discutiendo los planes a trazar en la guerra. Las repentinas declaraciones de las otras tres tomaron al ejército pony desprevenido, ni había recibido una semana de instrucción. "El campo de batalla es como la instrucción, solo que con salpicaduras de sangre" comentó de forma cínica Tiberio, causando que el resto de los miembros lo miraran con desprecio y obligándolo a salir de la sala. En el centro estaba un gran mapa de lo que sería la zona de conflicto con pequeñas banderas de diferentes colores.

En la sala, estaban todos los concernientes, más o menos, en este asunto: Celestia, Luna, Shinning Armor, Cairne, Henón, diversos generales de la reciente "Milicia de Salvaguardia de Equestria" y, preguntándose el por qué de sus presencias, las mane 6.

- Damas y caballeros aquí presentes, nos encontramos en nuestro momento más crítico de nuestra historia- Dijo Celestia, iniciando de forma oficial la reunión- y necesitamos todos los que tenemos para poder sobrevivir ¿Cuál es nuestra situación actual?- lo cual hizo que un general unicornio se levantara.
- Pues, es de suponerse de que los changelings harán el primer movimiento- dijo el general, usaba su magia para sostener una bandera verde- y creemos de que atacarán Hoofington en el norte. Volveremos a ver a la Primera Fuerza Aguijón, si mal no recordamos fueron ellos los que atacaron por sorpresa Canterlot en la boda real. Pero esta vez irán a por todo, con el doble de efectivo que la vez anterior y cerca de treinta cañones. Si toman con éxito Hoofington, irían a Ponyville y luego a Canterlot- por supuesto, esta posibilidad alarmó a las chicas.
- Creemos – dijo Luna- que si hacen esto sería para tener una línea logística adecuada para un asedio a la capital. Si podemos detenerlos antes de llegar a Ponyville podríamos...
- Pero- la detuvo una general pegaso- si nos enfrentamos a los Changelings a campo abierto sería una masacre innecesaria. Sugiero, si me hacen el favor- decía para que un unicornio tomara la bandera blanca- emboscarlos en dirección a Ponyville, antes de que puedan llegar. El bosque de la savia parece un buen lugar para dicho plan. También sería conveniente mantener varias unidades de pegasos detrás de las líneas enemigas para sabotear sus comunicaciones.
- Sé que estamos en una situación crítica, pero ¿Qué hay de los grifos?- preguntó Celestia.
- En efecto, princesa, los grifos también atacarían desde el este de nuestras posiciones, amenazando las ciudades de Trottingham y Manehattan, luego dirigirse a Ponyville. Tenemos sospechas de que la Primera y la Tercera Vanguardia Imperial, posiblemente unos 40 mil efectivos entre ambos ejercito, sería los incursores- Alegó un general pony terrestre- Pero es algo irónico, deberían estar atacando a los enómenos con todas sus fuerzas.
- También quiero aclarar algo- dijo Henón, recibiendo miradas de todos los presentes- los enómenos van a atacar.
- ¡Eso es absurdo!- le contesto el general unicornio- Son los menos capacitados para hacerlo. Salieron de su guerra civil y están enfocados en defenderse.
- ¿Sabes cuantos lanzables son capaces de hacer?- le dijo con tranquilidad el ciervo- Énosi es capaz de reponer los daños materiales en cuestión de días, el único problema es el personal. Conociendo al Stratigós del Prótos Stratós (Primer Ejercito), van a atacar el noreste de Equestria con sus 22 mil efectivos. Lo sé porque… El Stratigós es mi hermano.
- Hermano o no- dijo Celestia- Es nuestro enemigo, son nuestros enemigos y debemos combatir todo aquel que invada esta tierra. Pero no podemos permitirnos sufrir bajas considerables, sobretodo en la caballería y artillería que son las bases de este ejercito ¿Alguna propuesta?
- Al ser Ponyville un emplazamiento clave para los otros tres bandos- empezó a proponer Shinning Armor- debemos establecer nuestra base de operaciones en la ciudad cuanto antes. Desde allí podremos rechazar a los atacantes y volver. Ellos no pueden soportar un avance consistente contra nosotros si no tienen una buena base de suministros y nosotros sí.
- Propongo que también llamemos a nuestros posibles aliados.-dijo la general pegaso- La Confederación Zebrica, las Tribus Bisontes, y sobre todo, El Imperio de Cristal. Con ellos en nuestras filas tendremos una ventaja, en especial si el Reino de Cristal se une, pues podrían avanzar hacia la retaguardia de nuestros enemigos- Decía mientras movían las diversas banderas blancas, como si un juego de estrategia se trataba.
- No es mala propuesta lo último- dijo Cairne, mientras tenía su característica peluca color sangre- pero tengan en cuenta esto ¿Ven este archipiélago?- dijo mientras señalaba con su pezuña una serie de islas entre el continente en cuestión y las tierras del oriente lejano- Es una zona compartida entre enómenos, tigres y camellos, y atacarlo sería atacar a las otras dos naciones.
- Aun con eso- alegó la general pegaso- Es inevitable de que tigres y camellos no entren en la guerra. Como sabemos, hay distritos comerciales de ambos en Simiocusa y Minospolis.
- Pero hay gran diferencia en enfrentar a cinco mil entre ambos que a quince mil por cada uno.
- Está decidido- concluyó Celestia- Moveremos nuestro cuartel general a Ponyville mientras evacuamos la mayoría de los habitantes y fabricas al oeste. Desde allí tendremos que formar una industria armamentística necesaria para suministrarnos en la guerra… Un momento ¿Qué hay de las flota enómena?
- Eso es un asunto de que preocuparse- dijo Cairne- Estas islas cerca de la bahía de la luna son un buen punto estratégico para atacar el sur de Equestria. Me imagino que el thalassólykos (el lobo de mar) es consciente de eso y podría utilizar el recientemente formado Cuerpo de Marineros de Asalto.
- En resumidas cuentas- espetó Luna- si los enómenos toman las islas Clopsica y recuperan sus fuerzas, crearían una buena cabeza de playa para atacarnos desde el sur. Aun así, la posición de Ponyville entre estos puntos de choque nos permitiría movilizarnos contra cualquier invasor de forma efectiva.
- Pues… Mantener Ponyville será esencial para poder contraatacar. Lo que me preocupa es cualquier ataque sorpresa en nuestra retaguardia. También si atacamos a un invasor y otro se mueve paralelamente a la ciudad, nos cortarían nuestras líneas de suministro y estaríamos rodeados. Bien… Está decidido, El cuartel general se moverá a Ponyville cuanto antes y se dejarán algunas guarniciones en Canterlot. Evacuemos Hoofington, Trottingham y los restos de Manehatha hacia el oeste, concretamente a la ciudad de Philydelphia. Luego… Esperaremos. Retírense- y se fueron todos menos las seis, ella, el ciervo y el capitán de la guardia real- ¿Saben por qué las saque del ejercito? No les convenía, ni hoy, ni mañana ni nunca. Medite las palabras del capitán de la guardia real, mi sobrina y, recientemente, de mi nuevo asesor. Ustedes no deben estar en el campo de batalla, en esa pesadilla. Pero…- Se detuvo por un rato, luego miró a Shinning.
- Hermana, muchachas, ustedes salvaron a Luna del atentado en Nightmare Night y necesitamos que se embarquen a lugares lejanos. Aun con la muerte de los conspiradores en Hailstorm, parece que se nos fue alguien. Y paralelamente, Wisest Horn ha desaparecido.
- ¿Por qué no ponen carteles de "Se Busca"?- preguntaron las chicas.
- Aun con eso- respondió Shinning- él es muy astuto y capaz de escabullirse de cualquier medida que hagamos. Por eso, estamos trabajando con la Orden para combatir los conspiradores restantes. Si hacemos la búsqueda abierta y exhaustiva buscará los métodos para escapar. Un grupo especializado y secreto tomaría por sorpresa al fugitivo.
- ¿Y somos nosotras?- inquirió molesta su hermana.
- No- intervino el ciervo- Mi aprendiz lo hará. Lo entrené bien estos tres años y sabrá que hacer. Una vez que el traidor este muerto, necesito que vayan a Trottingham. Pero antes, les quiero preguntar ¿Aun conservan los collarines que les di?- las chicas respondieron afirmativamente- Junto a los elementos de la Armonía, necesito que los lleven puestos. Descubrí que el acero sagrado de Camasco es capaz de absorber la magia e intentos de corrupción. Lleven esto también- les dio una caja grande- lo van a necesitar a futuro.
- Cuídense. Por favor, espero volver a verlas de nuevo- dijo, con lágrimas en sus ojos y abrazando a cada una de ellas, igual de tristes- Esto no es una prueba, ni un favor. Es su deber, y tienen que cumplir con ello.- No abrieron la caja, tan solo se retiraron de la sal del trono- ¿Estás seguro de esto?
- En efecto- le replicó el ciervo, acomodando sus gafas- Mi protegido y ellas han trabajado eficazmente contra los conspiradores últimamente. Ellos sabrán que hacer, sobretodo en el caos que me informan seguidamente en Trottingham. Los nuevos integrantes serán un nuevo apoyo para ellos- término diciendo el ciervo, pero ganándose una mirada de desconfianza de parte del capitán y la princesa.

Ellos tres tenían mucho que discutir, y lo hacían mientras caminaban. Asuntos de emergencia, organización, recursos… Necesitarán todo para poder resistir hasta planear un buen contraataque y rechazar. Llegaron a un palco y observaron al ejercito pony entrenándose. Pero más allá de los planes, necesitaban un espacio (cada uno) para sus propios pensamientos y penas.

Instructores de la Guardia Real y los tres Ursas trabajaban juntos para darles disciplina, organización, principios tácticos ¿Va a aguantar un ejército conformado de granjeros, vendedores e intelectuales a otros ejércitos ya formados? En estas situaciones, siempre hay que dejar espacio para golpes de la fortuna. Necesitaban instrucción, pero esta necesitaba tiempo y tiempo no tenían. Tal vez lo que dijo Tiberio era cierto.
Ponys de tierra con sus petos de acero y sus uniformes blancos, practicando con las lanzas y espadas proporcionadas, pero usando sus partes traseras para disparar esferas de plomo contra unos blancos improvisados. Estas "balas" romperían un cráneo y desorganizarían una línea mientras cargaban o huían, dependiendo de la situación. Unicornios que variaban entre disparar magia o usar diferentes armas, mas lo primero que lo segundo pero aterradores al final, también tenían una armadura frontal sobre sus uniformes del mismo color ya mencionado y un gorro.

Pero allí estaba un factor importante en el ejército: la caballería. Podría plantar cara a los grifos y a los changelings con sus lanzas plegables en sus hombros y luego desenvainar sus espadas, resistiendo con sus armaduras y casco encrestados cualquier ataque, sus uniformes eran similares a los centinelas de la guardia (aquellos que vestían una armadura plateada con toques azules). Impetuosos, pero necesarios y excelentes con instrucción. El resto, aprenderá del buen ejemplo.

¿Qué ejemplo puede dar el matar y asesinar a otros? En tiempos de necesidad, cualquier medida es aceptable.

- Aun si perdemos o ganamos ¿Qué quedará para el mañana?- dijo triste Celestia, mientras acariciaba a su fénix y miraba al ejercito entrenarse.

Para esos momentos, Wisest Horn estaba a mitad de camino de Ponyville.

Las chicas y el enómeno ya estaban abordando el primer tren a Ponyville. Iban a preparar su equipaje para la larga travesía que se avecinaba. Por supuesto, ya lejos habían abierto la caja que les dio Henón. Eran armaduras de Linothorax reforzadas como las de Philip, pero solo cubrían las partes frontales, dejando la otra mitad del cuerpo descubierta. Claro, para las pegasos tenían las aberturas para las alas. Junto a las armaduras estaban unos mantos de color verde claro para ocultar sus nuevos trajes con un broche cerca del cuello y capucha. Se probaron las armaduras y se sorprendieron de su ligereza ¿Esta cosa pudo detener un hachazo? Sorprendentemente… Si. Luego colocaron sobre ellas los mantos en sus cuerpos. Mientras abordaban se distraían sus mentes con diversas conversaciones. Ya en el tren, tan solo querían quitarse un poco de estrés; y que mejor manera que conversando.

- Pinkie. Ya tienes listos los preparativos para la próxima fiesta ¿Verdad?- le dijo Twilight, con una leve sonrisa.
- Solo falta el momento preciso- le dijo Pinkie- Solo eso.
- Sí, creo que será para cuando termine todo.- dijo Applejack- Las mismas de siempre ¿No?
- Nah… Esta será mi mejor obra hasta el momento. Con muchos globos, bocadillos, música… Será fenomenal- dijo Pinkie con un brillo de esperanza en sus ojos- Oye Rarity, el lino parece una buena tela ¿Vas a comprarla más seguido?
- Debería- dijo- pero prefiero estar con la seda. A demás, quiero asegurarme de dejar las cosas ordenadas en casa para cuando nos vayamos. Sobretodo cuidar de que Sweetie Bell vaya con papá y mamá antes que nada.
- Será lo mejor que todos los jóvenes vayan a refugiarse al oeste- expresó Applejack- Pueden quedarse con Braeburn en Apleloosa.
- Eres muy considerada de tu parte Appelejack- dijo la unicornio blanca- También Scootaloo debería ir con ellas. Son como nosotras y no deben separarse bajo ninguna circunstancia ¿Tu qué opinas Rainbow?
- Es lo mejor- expuso ella. Antes de replicar, ella estaba recordando todos los momentos felices con ella. Podría haberla considerado su hermana. Más bien, era su hermana desde un punto de vista. A ella le falto la guía de una hermana mayor que quizás pudo ser ella. No pudo evitar soltar una lágrima- Saben, en momentos de crisis, los pegasos usan las corrientes de aire para trasladar Cloudsdale. Ahorita mismo debe estar moviéndola hacia el oeste- dijo ella, tratando de ocultar sus sentimientos.
- Rainbow… No te ocultes entre nosotras- dijo Tiwlight- Somos amigas, y debemos mantenernos unidas. Fluttershy ¿Crees que todos esté bien?
- Ángel cuida bien de los animales en casa
- Me refiero a….
- Bu… Bueno… Debo admitir que…- vacilaba la pegaso amarilla, pero al ver las miradas de confianza de sus amigas, sintió que esa misma confianza se contagiaba a ella- Si, pero espero que salga de prisión… Él me agrad… No… Es más allá de la amistad.

Sin notarlo, él estaba a unos pocos puestos de ellas. Lo suficientemente cerca para oírlas pero lejos para evitar ser visto. Se quito el libro que tenía en la cara y miraba por la ventana del vagón. Oyó eso y empezó a sacar unas cosas de su mochila.

- Fluttershy- dijo para sí mismo- También creo que es algo más allá de una simple amistad. Incluso me recuerdas a ella.

Sacó una serie de cartas amarradas por una tira, luego se empezó a golpearse suavemente en la boca, de forma pensativa.

- Phi… phi… Phi…- empezaba a repetir mientras lagrimeaba un poco, con una mirada melancólica.

Para esos momentos, Wisest Horn estaba a pocos pasos de la biblioteca de Ponyville.

Spike, junto a Ángel, se habían encargado de cuidar tanto la biblioteca como los animales a cuidado de Fluttershy. En esta ocasión, estaban organizando la biblioteca. Libro tras libro era colocado en su respectiva estantería. Había dejado atrás toda diferencia de antaño y ahora eran bueno amigos. Comían, jugaban, compartían. Tras toda diferencia o pelea, si se hacen las paces, se puede llegar al mejor punto de concordancia.
Spike estaba colocando el último libro, hasta que oyó la campana de la entrada sonar. Esto sacó un suspiro de decepción al joven dragón purpura. Trabajar para luego volver a sacar los libros. Ya le dolía su escamosa espalda de tanto esfuerzo. Giró y se encontró con un unicornio de pelaje grisáceo y melena azul. Su mirada mostraba un poco de alteración, pero le dirigió una cálida y afectuosa sonrisa.

- Jovencito- le dijo el unicornio con amabilidad- ¿Podrías buscarme un registro de mapas, por favor?- aun con la sonrisa amable, sus ojos demostraban una clara muestra de ira.
- Emmm… Seguro… Ahora vuelvo- dijo el dragón bebe mientras iba a un archivero.

Mientras Spike estaba ocupado buscando los registros, Ángel se acerco a olfatear al visitante. Husmeó por unos instantes y llegó a una conclusión… El señor era un sujeto peligroso. Tratando de intimidarlo, el conejito empezó mirarlo desafiantemente. El unicornio se paró frente a él, lo miro con sus ojos tranquilos y su sonrisa cariñosa… Luego cambio esos ojos y mostró una faceta perturbadora, asustando a la joven liebre. El visitante cargo su cuerno y atacó a Ángel cuando menos se lo esperaba. Unos segundos pasaron, y el conejo estaba en el frío suelo con humo saliendo de su cuerpo; igual de frio que el piso de madera.

- Oye Spike- le dijo el unicornio mientras este seguía buscando en el archivero- Dime una cosa ¿Te gusta la parrilla de conejo para el almuerzo?
- Dis… Dis… Culpe- replicó el dragón. Sudaba frío y estaba girando lentamente hacia la voz que lo llamaba. Apenas dio media vuelta y recibió un rayo de magia en la cara.
- ¿O te apetece la sopa de dragón?- dijo Wisest Horn cruelmente.

El ex ministro empezó a usar la telequinesis para golpear al joven contra las estanterías y mesas del recinto. Cada golpe le fracturaba un hueso, le destrozaba el cuerpo. Esta vez, no saldría de esta para contarlo. En el suelo, ya agonizante, Spike miró al unicornio gris acercarse lentamente a él. Tenía su misma cara enfermiza y apuntaba su cuerno hacia él.
- ¿Qué…qui…e…eres? P….or…favor- decía Spike con sus últimas fuerzas, rogando por un poco de piedad.
- Nada Spike, solo quiero un mensaje- le dijo mientras le dirigía una macabra mirada, una cara endemoniada ante un joven muerto.
- ¿Un mensaje?
- Si muchacho. TU ERES EL MENSAJE.

Al terminar esa frase, disparo una carga de energía a él. Spike, un joven dragón con grandes expectativas a futuro. Un ser amigable y cariñoso. Alguien que siempre se ha encargado de cuidar y velar por el bienestar de otras masa allá del suyo. El leal asistente… Se había ido.

El asesino miro a los dos cuerpos por última vez. Luego, entre el espacio que había entre ellos, dibujo con tiza un mensaje para cuando ellas llegarán. Solo era de una palabra, pero él sabía bien el significado: AÍMA (SANGRE). Luego de terminar, salió tranquilamente de la biblioteca. Para cuando ellas llegaron, solo pudieron reventar a llorar.


Frontera Grifo-enómena

Con la información proporcionada, la Segunda Vanguardia Imperial se adentro a un territorio conformado por bosques y colinas por la mañana. La provincia cuya capital era Kryfovounó, la "montaña oculta", era hogar de los perros y mayor centro administrativo local. Para llegar, tenían que atravesar un territorio propicio para las emboscadas. Y no se equivocaron en ello. El ejército no está preparado para este tipo de combate entre los bosques, la baja altura de los arboles no les permitía explotar su superioridad aérea pero al menos tenían a los leones como infantería. Intimidantes, fuertes… Ínfimamente despreciados por algunos grifos, pero necesarios y valorados con sus garras y colmillos, lanzas y espadas; su valentía y arrojo. Pero mueren de todas formas, sobretodo de un disparo en la garganta o en la cabeza.

El mariscal a cargo, un grifo de plumaje negro y ojos verdes. Vistiendo la típica armadura escarlata de su nación. Un error táctico en lugares como estos al vestir armaduras de ese color tan visible; todos lo hacían. Era respetado, incluso querido entre los suyos por su personalidad amigable y carismática; pero era firme y decidido cuando la situación lo amerite. Primo lejano del príncipe y entrenado en la academia militar de Griffinburgo; una absoluta y triste pérdida si llegase a morir.

Entre las hileras y formaciones en medio de un lugar estrecho, entre la masa de infantes y de caballería presente con sus estandartes y banderas, con los tambores inactivos para no relevarlos, salieron hacia el puesto de comando un león y un grifo, coroneles de este ejército y segundos al mando. Solo iban a informarle.

- Coronel Talons, coronel Federick ¿Alguna novedad?
- Ninguna, señor- dijo el león- Todo está muy tranquilo.
- Es de suponerse- dijo el mariscal cruzando una de sus patas- nos enfrentamos a veteranos. No me sorprendería si atacarán de repente. Estén alertas.
- Si señor- dijeron ambos y saludaron a su superior, el cual les devolvió el saludo. Sentía un frío recorrer todo su cuerpo, la gélida sensación de la muerte en los alrededores, y el bien conocido miedo en sus espaldas
- Veinte mil efectivos, repartidos entre grifos y leones, a través de los bosques y montañas de Énosi ¿No cree que es un gran error, comisario?- dijo, mientras se acercaba un grifo de plumaje blanco con armadura y gorra negra. Los comisarios eran los encargados de la vigilancia interna de los ejércitos, tanto la moral como la lealtad. Si ocurría algo, debían informarlo de cualquier modo. Pero los convertía en seres desalmados y sin ninguna clase de compasión ante los débiles y titubeantes; ni siquiera los más fieles se salvaban de sus ojos inquisidores y su sombría presencia.
- Solo estamos siguiendo las instrucciones del alto mando.- le dijo el comisario con una voz neutra- Espero que pueda cumplir las órdenes de capturar la única ciudad enómena sin acceso al mar.
- Siempre y cuando pueda resguardar la vida de los que están bajo mi mando. Si viven, a futuro se volverán más peligrosos y veteranos. Por eso, no hay ningún derecho en enviarlos a su muerte- empezaba a cerrar su puño y acercarlo a su cara, a punto de explotar- ¡He vivido y compartido con ellos durante 6 años y NO VOY A ENVIARLOS A SU MUERTE!- le contestó el mariscal. Todos estaban mirando a aquellos dos, era una de las pocas veces en las que un oficial le respondía así a un comisario. Este se puso ante el Mariscal y le iba a darle el mismo sermón que le daba a otros.
- Mariscal Henry. Usted…- pero no pudo ni empezar. Se oyó un mosquete y su sangre salpicó hacia la cara del mariscal Henry. El comisario cayó con un disparo en la sien y su gorra se perdió en el desorden que luego se formó.

Era la señal indicada, cerca de mil mosquetes de los cazadores abrieron fuego contra la columna grifa desde las líneas de arboles. Leones y grifos caían sin distinción ante los perpetuadores. La columna afectada se vio envuelta en un caos mientras sangre salpicaban y cuerpos inertes yacían en los suelos. El flanco derecho se cubrió de una línea de humo que cubría todo el flanco. Estos tenían un adiestramiento envidiable: una vez efectuada la primera descarga general y desorganizar a sus enemigos, la "niebla" los cubría y recargaban. Después de recargar, una mitad disparaba y la otra atacaba mientras sus compañeros recargaban, y así. Para la segunda descarga, los grifos, en donde estaba el mariscal Henry, estaban muertos y los leones empezaban a titubear.

Pero eran mil contra 20 mil, era ilógico que estos ganen contra una fuerza superior en número y sedienta de sangre. "¡Todos, al flanco derecho!" ordenó el mariscal "¡Ballesteros, disparen a discreción! ¡Que una parte de la infantería avance contra los monos una vez que empiecen a recargar, el resto que se quede en la retaguardia!" Luego empezó a desplazarse de un lado a otro, llamando a uno de sus coroneles. "¡Talons! ¡Talons! ¡¿Dónde estás?!" empezaba a llamar a su subordinado grifo mientras las balas llovían contra la formación, hasta que lo encontró muerto, se lamentó ante su muerte "Mayor, forme a la caballería ligera en los flancos y prepárense para un movimiento envoltorio contra ellos. Mantenga a la caballería pesada de reserva, son valiosos y no queremos desperdiciarlos" En entre los estruendos, el grifo de color arena saludo empezó a impartir las ordenes.

Ya Hans había perdido la cantidad de descargas realizadas. Tres. Cuatro. Quizás cinco. La línea de fuego grifa rechazó en parte a los cazadores. Andanadas de saetas sonaban en el aire y alcanzaban a sus objetivos. Algunos cuerpos rodaban a la columna y se ponían ante las patas y garras de sus enemigos. En este intercambio de proyectiles, los leones formaban sus líneas de batallas detrás de sus camaradas grifos. Diez con cinco de profundidad, rugiendo y golpeando sus puños o lanzas contra los pechos; sedientos de sangre. Empezaban a recargar, la señal… tres mil leones avanzaron subiendo hacia la línea de arboles. Un león era equivalente a unos ocho monos en el cuerpo a cuerpo, el comandante contrario lo sabía y ordenó la retreta. "¡No los sigan!" gritaba el mariscal, pero no lo oían, era una insignificante voz contra el ruido imperante. Algunos si retrocedieron, otros siguieron su ímpetu; grave error. Esperó… Esperó… Luego sonó una gran descarga de mosquetes y se quedó en silencio. La caballería ya estaba en los flancos pero no hizo nada. Unos cuantos sobrevivientes a la trampa llegaron, cargando heridos o cojeando. Hans solo pudo lamentarse de nuevo ante esto.

Luego, empezaron a notar algo raro en su flanco izquierdo. Muy débil, pero claro. Luego se hacían fuertes, más fuertes hasta llegar al punto de ser insoportables. Eran tambores ¡Eran Naqqaras! El ejército, ya preparado, ya tenía la línea formada en el flanco izquierdo. Solo tuvieron que girar la caballería hacia esa dirección. Pero… Cuando sonaba la naqqara, era algo de que temer. El flanco derecho se llenó de 5 mil almas repartida entre fusileros, kathaphractos y "colmillos", como llamaban los enómenos a los perros. Descargas algo imprecisas, y luego la carga de toros y perros con sus armas ya desplegadas. Los grifos fueron a la contra carga, llevándose a los perros y pisoteándolos; chocando contra los toros y sus cuernos. Monos y ballesteros intercambiando. Toros, grifos, perros y leones en un salvaje meleé. Cortes, golpes, estocadas en la garganta y mordidas en los lomos… ¿Qué más se puede esperar de aquellos que se han odiado por mucho tiempo? Lo deseado por ambos: una matanza. Ruido de espadas chocar, desmembramientos, intercambios de proyectiles… Una vieja rivalidad de unos 900 años… Al fin pudieron sacar de sus corazones ese resentimiento.

El mariscal también entró en combate, clavándole la espada en la boca a un perro. Girando de un lado a otro e impartía ordenes en este caos. Se acerco un toro y recibió una corneada arrojándolo al suelo. Ante él estaba el cuadrúpedo con su armadura de escamas en todo su cuerpo y culminando con una cresta en su cabeza… Pesado, una mole. Pero una vez en combate, debe retirarse, no estar allí. "Increíble que un novato me mate" pensó el grifo, cubriéndose con sus brazos y esperó a que le quitaran la vida. No le pasó nada, un león lo había matado, atacándolo por la derecha y atravesándolo con su lanza antes de ejecutar al mariscal. Lo levanto. En medio del combate, Salió y contemplo la batalla rugir y cobrar vidas de los soldados. A un león le dispararon en el pecho, un mono fue descuartizado, a un grifo le atravesaron la garganta… Estos y otras atrocidades fueron realizadas por horas… Solo estaban ejecutando lo que sabían hacer, lo que debían hacer… Lo que no volverán a hacer después. La caballería ligera grifa empezó a rodear por los flancos a las fuerza enómena, que se había quedado combatiendo a la caballería pesada y los refuerzos que recibían. No estaban preparados para esto, una contraemboscada efectiva y peligrando con rodearlos.

Ya era el quinto o sexto enemigo que Hans había matado en la jornada. Giraba de un lado, atravesaba a un perro marón. Giro de nuevo y se encontró con un mono con su bayoneta hacia él. Sostuvo el cañón a tiempo, antes de que le clavaran la hoja, pero luchaba contra el bípedo para desviar la trayectoria del cañón antes de que disparara. Estaba asustado porque lo tenía justo en la cara y forcejeaba… El martillo chocó contra el detonador, creando chispa y disparando la bala… La cual rozó la cara del mariscal Hans. Aprovecho la oportunidad y le clavo su espada por encima del peto del fusilero. Observaba que los suyos empezaban a ganar terreno contra ellos, y terminaría dentro de poco.
Así continuo la batalla hasta que sonaron unos cuernos desde muy lejos. Al oír la señal, los que podían se retiraron de la escena y dejaban a los grifos el campo de batalla. Nadie se limitó a perseguirlos esta vez, por peligro de sufrir lo mismo que los leones impetuosos. Pero se hicieron presentes las celebraciones del bando escarlata contra sus enemigos. Cantaban… Cada quien narraba su historia… Alzaban sus armas a los cielos… Todos menos el mariscal que bajaba la mirada; tenía que lidiar con la muerte de 5 mil de los suyos… Quizás más. Miró al cielo y rogó por la vida de sus soldados.

En el puesto de comando enómeno, una colina arboleada a muchos metros de distancia, el Stratigós enómeno se agarraba la cabeza con sus pezuñas. Era joven para su edad, y no tenía experiencia en el combate. El resultado, una gran cantidad de muertos para el Décimo ejercito enómeno; que era más bien era un ejército de reserva para casos de emergencia. El ternero se llevó la visita de su vida, cuando lo recibió a ÉL:

- Stratigós… Ego… Den íxeria… (Estratega… Yo… No sabía…)- replicó el joven toro mientras sudaba frío ante el mejor estratega de la república y su séquito- Oi vrýses prochorísei enatíon mas kai tha boroúsa mono… (Los grifos avanzaron contra nosotros y solo pude) - pero se detuvo cuando él levanto su pezuña, callándolo en el acto. Estaba al frente de él, tan nervioso que podría orinarse encima.
- Stratigós Limsácos- le decía el personaje mientras se acercaba lentamente hacia él, hasta que su boca estuvo al lado de la oreja del joven toro, podía sentir la respiración nerviosa del inicial en su hombro- O opoíos mólis ékane tha boroúse na sas kostísei ti douleiá sas kai, ísos kai, ti zoí tou (Lo que acaba de hacer podría costarle su puesto y, incluso, su vida)- cuando dijo eso, oyó el sonido de un líquido caer contra el suelo- Allá aftós eínai néos kai tha prépei na meiotheí apo to grafeío (Pero es joven y solo será rebajado de su puesto).

Al oír eso, Limsácos se inclino ante el ciervo y salió temblando del puesto de comando hacia el campamento. Un mono con un peto de acero y casaca azul se quito su gorra. Luego de secarse el sudor de su frente, habló con su superior, haciendo un comentario despectivo.

- Anadyómenes (incipientes)- dijo de de forma humillante cuando salió el novillo- Tha penthánei gia tin epómeni (Morirá para la próxima).
- Échei lampro méllon, sta tachydromeía (tiene un gran futuro, para la oficina de correos)- comentó un caballó negro como la noche y de melena escarlata, detrás de su cabeza tenía un casco con cuernos. Lo que resaltaba de él era su único ojo: el izquierdo, todo un rubí. En el otro tenía un parche. Luego de comentar, soltó unas grandes carcajadas.
- Sas ypethymizós, epísis ítan neosýllektoi, perissótero tapeinótita parakaló (Les recuerdo que también fueron novatos, mas humildad por favor)- alegó el ciervo hacia sus subordinados, que callaron al instante. Luego salió por la puerta y miro al horizonte forestal- Preparen todo para esta noche. Les mostraremos la hospitalidad de esta tierra.