Disclaimer: El universo de Harry Potter, así como sus personajes y lugares, le pertenecen J.K. Rowling y las películas a Warner Bros. Studios.


-Nervios, resbalos y caídas-

Sabía que era una misión suicida, pero él era el jefe de aurores. Su deber era proteger y resguardar a la comunidad mágica de los magos oscuros. Y la fuga de Azkaban no ayudaba para nada; era demasiado extraño que más de 100 magos oscuros, entre los cuales figuraban varios, de hecho demasiados mortifagos, salieran por la puerta grande de la helada y olvidada prisión.

No era posible que escaparan sin que ninguno de los guardias se diera cuenta, hasta después de su partida. Solo que alguien desde fuera los ayudara aturdiendo a más de 50 guardias armados hasta los dientes, de otra forma era imposible. Decidido a acabar con eso y regresar para contarle al mundo algo que debió gritar muchos años atrás, se apareció en Little Whinging en donde se encontraría con sus compañeros.

El lugar le traía demasiados recuerdos, no necesariamente buenos, pero de alguna forma sentía que ahí, donde una misteriosa carta llego a él, fue donde su vida comenzó. Lo esperarían en la abandonada casa que nadie, inteligentemente, nunca quiso comprar. En cuanto entro sintió lo que quienes entraban sentían: desesperación, tristeza, decepción, odio e ira junto con una agobiante y pesada dificultad para respirar.

La luna jugaba haciendo sombras extrañas donde la oscuridad no penetraba, las telarañas en las esquinas, junto con las mohosas paredes le daban el aspecto que él, durante su infancia, siempre imagino. Apesadumbrado fue hasta el cuarto donde solía yacer la sala de estar de sus tíos, ahí donde sus amigos se convirtieron en él años atrás; un ligero lumus alumbraba y dejaba ver dos siluetas muy conocidas, un hombre pelirrojo y poco más alto que él, su mejor amigo. Una mujer de cabello negro como la noche, facciones finas como de porcelana y un curveado cuerpo lo saludaba desde la penumbra, permitiéndole respirar libremente.

Perdóname, tal vez luego pueda mostrarte mejor el lugar donde crecí Astoria.

No te preocupes, le di un vistazo cuando llegamos, además Ronald me enseño tu alacena.

Miro a su amigo agradecido por el gesto.

No fue nada, sabía que no estaríamos aquí mucho tiempo.

Cierto, el traslador ya llego— menciono mirando como una pequeña pluma flotante entraba por la ventana que daba hacia la calle.

No tienes que ir si no quieres…— dijo a su amiga— … Astoria, tú no debes ir, con nosotros dos es más que suficiente.

-—Por supuesto que debo ir; si piensas que te dejare solo con toda la diversión, estas muy equivocado.

Conociendo el carácter de su compañera y mejor amiga, decidió dejar de insistir. Tomo su mano, ella apoyo la otra en el hombro de Ron y Harry tomo el traslador que los llevaría a la última locación conocida de los prófugos.

Un segundo después se encontraban en los fríos bosques de Escocia, donde el follaje era tan extenso que apenas podía ver más de tres metros más allá. Muy seguramente tres personas eran pocas para contener a 100 presos y, de hecho, lo eran pero horas atrás él desplego varias patrullas y equipos para seguirles la pista, mientras se encargaba de algunos asuntos importantes. No importantes para el mundo, pero si para él.

Bien… ¡terminemos con esto y atrapemos a esos hijos de puta!

Sus compañeros contagiados por su entusiasmo, asintieron y lo siguieron a través del aire, pasando de ser estelas blancas a invisibles ante cualquier ojo distraído.

60 días después

Mañana cumplía dos meses en su supuesta misión de una semana, todo se complicó mucho más de lo esperado. También mañana se cumplía un año más de la muerte de sus padres, normalmente ese día prefería estar solo y reflexionar sobre su vida, por extraño que pareciera.

Ya habían capturado a todos los presos que escaparon, algunos muertos, otros con vida, pero al fin y al cabo a todos. Por supuesto el departamento de aurores había sufrido bajas considerables en distintas batallas. Era muy difícil, casi inenarrable dar detalle de todo lo que paso en esos dos meses, toda la sangre derramada por un pequeño y mísero descuido que pudo haberse evitado.

Podía contar esa historia otro día, la reservaría para sus nietos, era demasiado reciente como para contarla ahora. Ahora solo pensaba en su castaña esperando por él, en su hogar tal vez desesperada por no haber recibido noticias suyas desde hacía tiempo. Solo faltaba un mortifago por atrapar, uno que nunca estuvo tras las rejas. Antonin Dolohov, maldecía ese nombre con todas sus letras. El malnacido nunca murió y permaneció escondido.

"El maldito gusano hijo de puta sin nada mejor que hacer que joder", como lo llego a nombrar varias veces, fue el responsable del escape de todos los presos. Se encontraron varias veces pero la astuta serpiente siempre lograba huir.

"Hoy todo acaba…" pensaba en la oscuridad de la noche; cualquiera podría deducir fácilmente que los peñascos de una cascada que desembocaba en un manantial no eran el mejor lugar para esconderse. Sabía que se encontraba cerca, puesto que tuvo la fortuna de colocarle un hechizo localizador antes de que desapareciera de nuevo.

Se sentía débil, un mal presentimiento lo atormentaba desde días atrás, una gran incertidumbre lo carcomía por dentro. Sus dos compañeros seguían con él, pudiera ser que les ocurriría algo a ellos y el mundo le advertía de lo peligroso de la situación: dos meses si un buen descanso, sin una buena comida, un baño, o algo decente que vestir desmoralizan a cualquiera… claro salvo a él, todo eso lo vivió de pequeño.

Primero daría su vida antes de dejar que les pasara algo, así le costara su felicidad. Tenía planes a futuro, un futuro brillante con niños castaños o azabaches; con ojos verdes o mieles. Inclusive, tal vez, inteligentes y quebranta-reglas al mismo tiempo. Aunque pensarlo era más fácil que hacerlo, existía una sociedad que te calificaba o descalificaba por lo que hicieras o no hicieras; estaba cansado de seguir sufriendo un amor correspondido y prohibido al mismo tiempo. Dos meses atrás tomo una firme decisión y esta seguía en pie, el detalle estaba en aquel mal presentimiento que, probablemente, le impediría llevarla a cabo.

Está cerca, se detuvo… ¡mierda! Se volvió a mover, probablemente a unas cuantas horas al este— dijo pensativo.

Bien, hagamos esto rápido, quiero tomar una buena ducha caliente— menciono su amiga, estirando el moldeado cuerpo.

Y la tendrás Astoria, vamos— nuevamente, tres estelas en la noche invisibles se volvían.

Horas más tarde

¡Vamos weasley, sé que tienes algo mejor que un simple Expelliarmus!, ¿¡O acaso tu hermano Fred no te enseño a bailar!?

Vamos no lo molestes, al pobre aun le duele algo que paso hace diez años…

Hahaha el muy idiota se puso rojo como un tomate, ¿acaso quieres llorar?

¡Cállense malditos!

Otra roca más exploto por un maleficio mal enviado. Encontraron a Dolohov descansando en un claro del bosque; en cuanto lo divisaron aparecieron otros dos exactamente iguales a él, mientras aparentemente se recuperaba, entre los tres combatían a sus copias. Una de ellas mencionó a la profesora Relish, de la academia de aurores; inmediatamente dedujo que aprendió a duplicarse como ella lo hacía.

Era bastante fácil saber cuál era el original para acabar con los otros dos, pero eran demasiado rápidos y estaban muy bien coordinados. Últimamente su objetivo había estado siendo Ron, hiriéndolo con comentarios sarcásticos y mal intencionados que sacaban de foco al experimentado auror, causando destrozos en el entorno y casi dañando a sus compañeros.

Concéntrate Ronald, así nunca terminaremos con esto.

Lo siento, pero… ¡me sacan de mis casillas!

Demasiado tarde, terminemos esto como dijo la señorita Greengrass… oh perdón, tu no mereces llamarte así traidora de la sangre; ¿qué diría tu padre si viera a su hija como una auror? Oh mi culpa de nuevo, ¡él no diría nada pues lo asesine!—dijo uno de los tres magos oscuros maniacamente

Esto será rápido Weasley... ¡Dolores et suavitatem!— Un rayo negro salió disparado de la varita del mortifago, directamente al pecho del pelirrojo.

¡Es él! — Grito Harry mientras se lanzaba entre su amigo y la maldición— ¡púdrete en la cárcel, Dolohov! ¡Portus!

Instantáneamente el mortifago desapareció, en el acto pudo leer en sus labios "¡Caíste!" Justo cuando el rayo negro le pego…

¡Pawn!

Mi cara se estrelló de lleno contra el frio y duro suelo de la habitación. Un sobresalto de aquel sueño me tiro de la cama, permitiéndome saludar a un viejo amigo. ¿Por qué nunca puedo mantener mi sangre dentro de mi cuerpo?... más que un sueño, parecía un recuerdo, algo demasiado real para ser ficticio o producto de mi imaginación. El viento, las heridas, los gritos, todo era tan real; mi estómago se asquea, ganas de vomitar llegan a mi incontrolablemente, corriendo voy al baño y apenas llego todo fluye.

Intuyendo que sigue siendo la madrugada del lunes, decido tomar una ducha y luego un baño. La sola idea de pensar en un baño me hace sentir bien, dichoso, incluso me hace olvidar, olvidar… no recuerdo que, pero sé que olvide algo desagradable.

El agua caliente destensa mis músculos, una sonrisa boba llega a mí, estirando toda mi cara, ¿Por qué tenía que ser tan, tan, tan como es ella?

¿Qué es?

Entremos y lo sabrás.

La pared ya se había cerrado detrás de nosotros. Astoria, con una sonrisa, va abriendo la puerta, la iluminación me ciega pero un segundo después quedo maravillado. ¿Cómo es que mi padre nunca lo encontró?

Un gran baño, piscinas por aquí, por allá, ventanales con grandes dragones, pequeñas burbujas de jabón por doquier. Quien imaginaria que un baño de prefectos estaba oculto en el último piso, sorprendente que fuera Astoria quien lo encontrara.

Mientras admiraba todo el espectáculo, me preguntaba ¿Qué hacemos aquí? Mi pregunta fue respondida cuando voltee a ver a Astoria, que se encontraba sosteniendo dos trajes de baño.

¿Qué hacemos aquí?— le pregunte nuevamente.

Te dije que te tenía una sorpresa por haber ganado… y esta es. Como te dije, lo encontré cuando era pequeña y desde entonces ha sido mi secreto. Nunca había tenido la oportunidad para usarlo…hasta ahora.

Gracias, es un gran detalle pero, ¿no crees que no es correcto que estemos aquí, de noche, solos?

¿El quebrantador de reglas número uno de Hogwarts me va a decir que tiene miedo?...— herido en mi orgullo negué con la cabeza— además, te lo mereces Harry. Deja a un lado el partido, es por todo lo que has hecho por nosotros, por el mundo mágico. No creo que a nadie le importe que tengas un poco de diversión.

Bien, pero solo porque tú lo dices— tome el traje de baño y me fui a cambiar. A diferencia del que use en el maldito torneo de los tres magos, este era de solo una pieza negra. Nunca me había importado demasiado mi apariencia física, ni tiempo tenia para pensar en ello; viéndome en el espejo del vestidor debo decir, y no es arrogancia, que no estoy nada mal.

Digo, no soy un Cormac Mclaggen o un súper modelo, pero me defiendo. Salí esperando poder relajarme un poco en alguno de los jacuzzis que había ahí, pero aparentemente Astoria no me lo pondría nada fácil.

Su entallado y muy, demasiado sexy traje de baño me tenía embobado: de dos piezas, negro con blanco, simple pero efectivo. Podía ver casi toda su nívea piel, salvo ciertas partes obviamente. Su cabello, recogido en una cola de caballo, le deba un aspecto increíblemente atractivo. Dos mechones enmarcaban su fina cara angelicalmente.

¿Cómo me veo?

pues eh…-—movía la boca pero ninguna palabra salía, simplemente me quede en blanco

¿No te gusta?— me pregunto entristecida.

¡Por supuesto, claro que me gusta! Es decir, es algo inefable…

¿Inefable?

ah perdón, pero es que últimamente pienso en muchas palabras que ni siquiera sabía que conocía y, ¡ah!… olvídalo. Te ves muy bien, bellísima debería decir.

Ah gracias…— dijo con las mejillas coloradas. Me ofreció una mano —… entremos.

Asintiendo, la tome y entre con ella. Una agradable sensación me inundo en cuanto me sumergí por completo, las burbujas y la espuma apenas nos dejaban ver algo bajo el agua. Era increíble como el vital líquido nos quitaba el estrés de encima. Cerré los ojos por un momento, disfrutando de la sensación de nuestras manos entrelazadas.

Un rato después salió del jacuzzi para dirigirse a la piscina. Por más que trate no pude evitar seguirla con la mirada y mirar sus caderas contoneándose de un lado a otro, el contraste del cabello con su blanca piel y el vapor que aun emanaba de ella; las pequeñas gotas de agua seguían resbalándose por sus magníficas curvas, por su busto, por su trasero, por todo su esbelto cuerpo. E inevitablemente paso.

Como quisiera ser gotas de agua…—dije sin pensar. Ella volteo e intrigada me pregunto.

¿dijiste algo?

"No nada, solo que soy un pervertido y lo que más deseo ahora es deslizarme por tu cuerpo" pensé mordiéndome la lengua.

Que, que agua… si eso, que justamente esto necesitaba, agua—al parecer me creyó, pues siguió su camino a la piscina.

Al llegar ahí, se subió a un trampolín y con un dedo me llamo. Inmediatamente, como si de una maquina se tratara, me levante para ponerme a un lado de la piscina. Esta se notaba un poco profunda pues, por el vapor de los jacuzzis y la misma temperatura del agua en ella, no se veía el fondo.

mira esto y dime como me salió.

Claro.

No sé decir exactamente como lo hizo, pero fue un clavado perfecto pues ni una gota salió del agua. Comencé a aplaudir entusiasmado por su hazaña; minutos más tarde el terror y la angustia se apoderaron de mí al ver que no salía del agua. Sería tonto pensarlo dado que usamos magia y hay diferentes formas de respirar bajo ella, pero no creo que estuviera guardando unas cuantas branquialgas debajo de su traje de baño.

Los minutos seguían corriendo y con ellos mi desesperación aumentaba; tantos recuerdos malos venían a mí que no permitiría que nada más se me fuera. Me agache para poder divisarla.

¿¡Astoria!?... ¡Astoria!

Justo cuando iba a lanzarme al agua, ella salió y, abrazándome con un beso, me arrastro al fondo de la piscina.

Una ducha o un baño, cualquiera de las dos cosas sirven para pensar, reflexionar y hasta recordar. Recordar desde un gran e íntimo momento, que aún no termino de contar, hasta un vivido sueño, ya de por sí, difícil de olvidar.

Creo que lo mejor será hablar con el profesor Dumbledore, servirá para saludar y aclarar mis dudas sobre este tipo de sueños, mataría dos pájaros de un tiro. E inclusive, tal vez, el profesor Snape pueda ayudar; sé que ambos están muertos pero no sé a dónde más recurrir.

No me pasaría horas en la biblioteca leyendo índices sobre "Sueños tan, pero tan reales que te hacen vomitar y preocuparte por tu salud mental… pág. 4563". Ni tampoco preocuparía a nadie más de lo necesario, al fin y al cabo, ellos solo eran retratos. Retratos mágicos, que hablan, conversan y dan opiniones, vaya mundo en el que vivimos, ¿cierto?

Con mi uniforme puesto y mi mochila lista, voy en camino al gran comedor donde seguramente ya habrá un poco de gente. En la pequeña sala de la torre esta Hermione, sentada frente a la extinta llama de la chimenea; no la había visto desde la fiesta pues regrese muy tarde de mi "sorpresa".

— ¡Buenos días, Hermione!

— ¿Qué?, ah hola Harry— dijo quitándose unos últimos rastros de lágrimas de sus ojos. Me mata verla llorando y si es por algo en lo que no puedo hacer nada, me siento inútil e impotente. Pareciera que no, pero cada vez que la veo, me sigue doliendo no poder darle todo lo que quiero; no se nota porque últimamente me trago todo lo que siento por ella. Preocupado, llegue y me senté junto a su lado.

— ¿Estás bien?

—Si solo pensaba en…

— ¿En Ron, cierto?— me adelanto, conociendo la respuesta de antemano.

—… en nosot… si en Ron— por un segundo llegue a creer que sería "nosotros" lo que diría, me equivoque de nuevo— Eh…—un breve momento de duda, que me parece eterno. Al parecer no confía en mi como antes; luego de interminables segundos se decide a continuar—…es que, ¡no sé cómo puede ser tan infantil y testarudo!, ¿acaso es muy difícil decir "lo siento" o "lo sentimos"? Mientras más lo pienso, creo que el chico atento que era cuando comenzamos a salir, volvió a ser el niño de antes que solo le gustaba comer y molestarme. No sé qué pensar, Harry, ¿qué hago?

Me rompe decir lo que estoy a punto de, pero es por el bien de todos, por el suyo y por el mío.

—Descuida, ya se le pasara, sabes cómo es…— y, con todas las fuerzas con las que alguna vez cargue con la vida de miles de personas, me atrevo a continuar—… ya verás que, cuando vea las cosas de otra forma, volverá a ser el mismo chico simpático, leal y alegre del que te enamoraste.

—Eh, si eso espero— contesta no muy convencida de mis palabras. Resistiendo las ganas de abrazarla y de ahorcarme a mí mismo, le repito.

—Todo volverá a ser como antes, créeme. Ahora mejor bajemos, tengo un buen presentimiento.

Lo curioso es que no lo tenía, eso era solo una excusa para cambiar un tema tabú para mí. Asiente a mi mentira y nos encaminamos al gran comedor a desayunar un poco antes de empezar el largo día. Durante el camino puedo notar como de la tristeza pasa a la alegría; será tal vez por qué hago mi mejor esfuerzo en ser el de antes o será tal vez la ilusión de que suceda lo que le dije; realmente no quisiera pensar mucho en ello.

Llegamos al gran comedor unos minutos después, supongo que llegamos un poco temprano pues aún hay muchos asientos vacíos en las mesas. Sentándonos uno al lado del otro, nos servimos un poco de comida. Tampoco hay muchos profesores desayunando, solo Hagrid y Flitwick; debería visitar a Hagrid, no he hablado con él desde que todo termino. Creo que después de todo si soy un egoísta, vaya y yo que me jactaba de darlo sin pedir nada a cambio; un mal amigo, solo eso soy, me he encerrado tanto en mí mismo, en mis problemas y sentimientos que me he olvidado de personas que, incluso habiéndolas abandonado, podían haberme ayudado.

— ¿Y cómo están tus padres?

—Bien, creo. Es decir, mi papá sigue un poco molesto contigo, pero supongo que se le pasara y mamá siempre pregunta por ti cada que me escribe. Le agradas demasiado.

—Pues, la próxima vez, pregúntale si le gustaría pasar la navidad en la mansión Black, y que no aceptare un "no" por respuesta— Carcajadas salen de su garganta, impidiéndole respirar y contagiado por su alegría, me le uno para pasarla bien.

—Gracias, aceptara gustosa—dice con un último atisbo de la risa.

—Por cierto, ¿Cómo tomaron lo que paso con Ron?— Sus facciones se endurecen.

—Muy mal, debo decir. A mamá nunca le gusto nuestra relación, y con lo que sucedió, está más que convencida de que no me conviene tener una relación amorosa con él, además de que están enfadados conmigo.

—No te preocupes, en poco tiempo se les pasara, nadie puede estar enojado contigo tanto tiempo.

—No, nadie, solo tú; como cuando te quitaron la saeta de fuego en tercero por mi culpa, ¿recuerdas?—Rio un poco antes de hablar.

—No estaba tan molesto, es solo que, no se… era un niño y tú solo te preocupabas por mí.

— ¡Siempre tenía que estar detrás de ti y Ron, nunca…

Bajo el agua me la comía a besos, de nuevo el contraste de sabores acudía a mí, su delgada y firme cintura encerrada en mis manos, sus brazos apoyándose en mis hombros, sus piernas enroscadas alrededor de mi torso. Todo era absolutamente perfecto y excitante, tanto que mi masculinidad quería despertar.

Alarmado por mis reacciones, me separe de Astoria y subí rápidamente a tomar un poco de aire, para "relajarme". En cuanto subí, salí del agua y sentado espere a que ella saliera; salió después quitándose el exceso de agua del cabello, tuve que morderme los labios para no soltar una exhalación.

¿Qué tal lo hice?

Estuvo perfecto, de 10… me asustaste— dije cabizbajo.

Salió del agua y me abrazo. No sé si era yo o era el ambiente, muy difícil de saber, que sentir su busto caliente contra mi pecho me produjo escalofríos por todo el cuerpo.

¡Oh lo lamento!, no era mi intención, solo quería…

No te preocupes, es solo que… me da miedo perderte. Ahora no puedo ni imaginar cómo sería mi vida sin que tú estés en ella, de la forma que sea.

¡Y no me perderás, Harry, nunca lo harás!...— dijo mientras tomaba mi cara entre sus manos, y yo la tomaba por la cintura. Inesperadamente junto nuestras frentes—… nunca te abandonare, lo prometo.

Ni yo a ti…

Un beso, acariciaba mi pecho, otro más, delineaba su espalda, el siguiente, sus manos bajaban a mi abdomen, después fueron mis nervios, resbalamos (resbale) y caímos (me la lleve conmigo) a la piscina.

Al salir carcajadas inundaron el lugar, mucho podía llegar a ser mágico con ella. Queriendo estar más juntos todavía, fuimos a otro jacuzzi más pequeño que el primero.

Sentada en frente de mí, le masajeaba los hombros y el cuello, podía sentir el placer que sufría, pues se regocijaba bajo mis manos; me gustaba mucho sentir el relieve de sus clavículas desnudas, a momentos quería ir más abajo y masajear sus pechos, sentirlos con mis propias manos, sentir lo que mi espalda y pecho habían ya probado, y confirmar si era cierto. "Firmes y suaves" era lo que habían sentido.

Controlando mis nada decentes deseos, me mantenía en su espalda. Más tarde, de un momento a otro, volteo y dijo "Tu turno…"; nervioso de nuevo, intercambiamos lugares y comenzó a masajearme la espalda y el cuello. Sentía como una carga se iba, sus manos formando círculos detrás mío; sus uñas, a veces rasgando, causaban pequeñas explosiones en mi interior. Mientras acariciaba mi torso, besaba, mordía y succionaba de mi cuello provocándome espasmos involuntarios; sentía como una parte de mi estaba despertando con tales caricias.

Bajaba todavía más, alcanzando el borde del traje de baño, y me alarme. Contra todo pensamiento y lógica de un chico de 19 años, me separe un poco de ella. No porque no la deseara ni mucho menos, pero ese tipo de acciones parecían más fáciles en mi mente que en la realidad; es un poco contradictorio que tiempo antes yo quisiera tocarla, y que ahora me alejara.

¿Te molesta algo?, ¿hice algo mal?— pregunto extrañada

¡No, por supuesto que no!, lo estabas haciendo de maravilla… es decir, me gustaba pero no sé, me siento extraño, como…

¿Nervioso?...—asentí rápidamente— es normal Harry, no te preocupes. Con todo lo que has pasado, sería extraño que no te pusieras nervioso.

¿Pero tu… digo, no te sientes rara?

Claro que sí, nunca había estado así con nadie más, pero trato de sofocarlo con lo placentero del momento.

Lo siento, de verdad. ¡Tú me gustas, y mucho, lo puedo jurar! Y también sé que quiero estar así, contigo; pienso en ti en formas que no debería, te anhelo, te deseo, quisiera probar todo de ti… espera, eso no se oyó bien— soltó una risilla— Perdón, es que todo esto es nuevo para mí y no sé cómo actuar, o que hacer, que decir… ¡es tan, tan…!

¡Hey, tranquilo!, no pasa nada. Nos iremos acostumbrando, juntos— dijo comprensiva mientras se levantaba y me dejaba ver sus largas piernas— Ven, se hace tarde y aunque ganaste el partido, no creo que nos permitan no asistir a clases. Además aun quiero hacer algo contigo.

¿Algo más?

Solo es un capricho mío, ven.

Tomados de las manos, nos dirigíamos el vestidor femenino y, lejos de nuevamente asustare, me emocione. ¿Quién sabe qué secretos ocultaran ahí dentro?

Una copa tintineante nos saca a todos de nuestros sucios pensamientos, bueno, tal vez no a todos. El comedor se ha llenado en el tiempo que habíamos estado platicando, rápidamente busque a mi novia con la mirada. Desafortunadamente no se encontraba por ningún lado.

Quien sí se encontraba no tan cerca de nosotros, era Ron. Se veía raro, fastidiado y cansado, su necedad ya le estaba pasando factura. Según me conto Hermione, había llorado recordando la pelea que tuvo con él un día atrás, durante la fiesta de la victoria, reclamándole el por qué no intercedí por él para que jugara. Además de que según él, todos veían a Seamus como el nuevo Guardián del equipo y nadie más lo querría junto otro tanto de sandeces que ni sentido tenían.

Lo quiero mucho, es mi amigo, pero creo que algunas veces exagera demasiado con sus "razones", que llegan a ser estúpidas e idiotas.

—Buenos días tengan todos, jóvenes. El día de hoy tengo una noticia que espero entusiasme a todos por igual. Como motivo de celebración por el fin de la "Segunda era de oscuridad de Tom Riddle", el día 20 de diciembre, o sea un día antes de las vacaciones de navidad, tendremos un baile de navidad al cual podrán asistir todos los alumnos de cuarto año en adelante — Murmullos y reclamos inundaban el lugar negándonos a los demás la posibilidad de escuchar algo más. Minutos después todo se calmó, dejando a la directora continuar — si me hubieran dejado terminar habrían sabido que los alumnos de tercero hacia abajo tendrán sus propias celebraciones en sus respectivas salas comunes o en algún salón, como lo prefieran.

Ahora "¡Hurras!" y aplausos resuenan en el lugar. Maldita sea la hipocresía humana.

—También vendrán grandes celebridades de la comunidad mágica, como el Ministro de magia. Así que si pretenden venir, que sea de gala por favor…oh casi lo olvido, como siempre chicos invitan a chicas.

Un bufido general, se escuchó por parte de todos los chicos, claro que yo no me incluyo, yo ya tengo con quien ir y no tengo que preguntar de nuevo, afortunadamente.

— ¡Vaya!, eso no me lo esperaba, ¿ese era tu buen presentimiento, Harry?

— Eh, sí y no. No, porque yo me refería a un buen presentimiento para ambos y sí, porque ya tengo con quien ir.

— ¿Ya?, sí que eres rápido, ¿acaso llevas contigo tu escoba todo el tiempo?

— ¡Claro que no!— digo riéndome un poco— es solo que, bueno, tengo novia. No tenía pensado pedirle a nadie más que fuera conmigo.

"Aunque si ambos estuviéramos libres, te lo pediría a ti."

— Por cierto, hablando de tu escoba, ¿desde cuándo la tienes?

— ¿Pues…? Desde septiembre, creo. Un tal Acantos Lekker, de la empresa que las fabrica, me la envió poco después de entrar a la escuela, quise volarla inmediatamente pero decidí esperar. Los únicos que sabíamos de su existencia éramos…

— ¡Harry!— grito Astoria desde la puerta, por todo el barullo que aun resonaba apenas la escuche, pero fue suficiente para distinguirla. Sabía que no olvidaría su tono de voz, ¡se los dije!

—Hablando del rey de roma…

—O sea que tú y Astoria… ¿eran los únicos que sabían?

—Sí, solo nosotros— menciono con una sonrisa. No sé si por un segundo pude notar tristeza en sus ojos, pero no tengo tiempo para pensarlo.

— ¡Hola cariño!— dice mi novia abrazándome — ¡Hola Hermione!, ¿Cómo están?, ¿me perdí de algo?

—Mejor ahora que estas aquí— digo agradecido — Solo que habrá de nuevo un baile de navidad…— le tomo una mano y le pregunto— ¿Os gustaría ir con un servidor bella dama?, sería un placer y honor para mí que aceptara.

—El honor será todo mío, sir Potter.

—Mejor come algo, Astoria…— interrumpe Hermione nuestro momento, extrañado la miro—… digo, ¿no quieres que se desmaye verdad, Harry?

—Es cierto, mejor come algo. Ten, te guarde un poco de pan tostado con mermelada.

— ¿De fresa, cierto?

—Claro que si, sé que son tus favoritos—Muerde uno, y me besa, combinando tres sabores al mismo tiempo: habanero, chocolate y fresa. Extraña combinación, pero incitante a probar más.

El baño de mujeres, sin duda, no es muy diferente de los de hombres. Losetas, regaderas y baños, todo en un perfecto blanco, nada fuera de lo común.

¿Y que querías hacer aquí, conmigo?

Bañarme— dijo despreocupada. Si dije que no tenía miedo, era un ignorante que no sabía lo que se avecinaba.

¿Bañarte?— pregunto un poco asustado.

Bueno, bañarnos — pareciera que pudo ver el gesto que yo estaba haciendo, pues de nuevo tomo mi rostro entre sus manos— Tranquilo, solo quiero que me talles espalda, nunca me alcanzo yo sola.

Oh bien.

Me equivoque de nuevo, pues sus regaderas tenían cristales opacos corredizos que separaban cada una, dando cierta privacidad. Lamentablemente los de los chicos están abiertos a miradas indiscretas.

Entramos en una de las regaderas, la más grande de todas. Mientras ella templaba el agua, no podía dejar de ver su espalda, su trasero y sus piernas. Cuando supo que el agua estaba perfecta, se metió en la regadera.

¡Ven, Harry, si cabemos los dos!

Dudoso, entre al flujo de agua y comencé a abrazarla; algo dentro de mi había dejado al ingenuo y tímido Harry en un oscuro abismo, dando paso a otro aún más despierto y deseoso de carne.

Como veneno, las ganas de acariciarla se regaban por todo mi cuerpo; en vez de tallarle la espalda, comencé a besarle y morderle el cuello mientras con las manos delineaba su figura; desde las caderas, rozando peligrosamente el trasero, pasando por la cintura, evitando todavía su busto, hasta los hombros y de regreso.

Sus gemidos ante mis caricias eran música para mis oídos. A pesar de estar inhibido por el deleite, aun no quería consumar nada con ella, sabía que si estaba predestinado a que mi primera vez fuera con Astoria Greengrass, esta debía ser especial y no solo cosa del momento.

Instantáneamente volteo y comenzó a comerme a besos, literalmente. Mordía y lamia donde podía, tanto ella como yo, en cada carnoso labio; pedí permiso para explorar dentro de ella, e inmediatamente se me fue concedido, cuando mi lengua se encontró con la suya nuevamente fue glorioso, una inimaginable cantidad de explosiones sensoriales inundaron cada fibra de mi ser.

Sin pregunta alguna, tome el listón que mantenía sujeto la pieza superior del traje de baño y lo jalonee un poco, Astoria inmediatamente supo que quería hacer y ella misma lo soltó. Me aleje solo un poco para admirarla en casi toda su gloria, pues aún faltaba la parte de abajo, no podía haber imaginado nada más perfecto y hermoso. Justamente como varias veces los había imaginado, ni pequeños ni muy grandes, pechos perfectos coronados con un par de erguidas aureolas rosadas, que me invitaban a probarlas.

Cuando la vi a los ojos pude leer "¿te gustan?" y con un neblina de deseo en los míos, conteste "Son perfectos", rápidamente encerré uno en mi mano mientas que al otro lo succionaba. Nunca había sentido nada tan suave y firme a la vez, mis sospechas se habían confirmado. Se arqueaba sosteniéndose de mi espalda, jalando mi cabello, dando pequeños y suaves gemidos; empujado por sus reacciones me aventure más haya y apreté uno de los pezones tratando de desenroscarlo, al otro lo aprisione entre mis dientes, lengüeteándolo.

¡Harry!— escuchaba, buscando algún atisbo de dolor, mas solo encontré placer en sus palabras

¿Si?‑ conteste rápidamente, pues no quería dejar ni un momento mi labor.

Se-se hace tarde y tenemos clases, ma-ma-mañana…— tartamudeo extasiada.

Solo un poco más, por favor.

No pude evitarlo y mi libido despertó mi virilidad, de manera instintiva lo restregué contra sus caderas, ambos soltamos un gemido. Regrese a su boca, buscando un poco de picante, a la vez que, bajo el traje de baño, la atraía más hacia mí aferrándome a su trasero con ambas manos. Este de igual forma era suave, redondo y firme, lo estruje un poco atrayéndola hacia mí, mordiendo el espacio entre su cuello y el hombro.

Mis manos se movieron solas al frente, a tocar la entrada de su centro. Tocando solo por encima, de arriba abajo, gemía en cada movimiento, en cada roce. En mí no era diferente, pues me mordía los labios para no gritar de placer; nos recargamos en alguna pared, ella sobre mí, volví a arremeter contra sus pezones con los dientes. De repente, se alejó de mí, la sombra que oscurecía sus ojos y su sonrisa no indicaba nada bueno.

Bajando mi traje de baño en un santiamén, tomo mi miembro con una mano y rítmicamente comenzó a halarlo y devolverlo, halarlo y devolverlo, continuamente sin parar. Casi no podía sostenerme en pie, era algo demasiado intenso como para aguantarlo, eran sensaciones nunca experimentadas en mi cuerpo; me rendí a sus caricias sosteniéndome de cualquier parte, enormes choques eléctricos recorrían la zona colindante.

Cada cierto tiempo, ligeras sacudidas venían a mí con ligeros escalofríos acompañándolas, sensaciones extrañas e increíbles que nunca, ni en mis más extraños sueños, había imaginado.

Me besó mientras seguía con su faena, eso solo consiguió encenderme más, al punto de que repentinamente una gran sacudida de placer me inundo, dejando espasmos recurrentes en todo mi cuerpo.

Como una inundación, grandes choques de deleite perforaban cada célula de mi cuerpo; después de mi primera experiencia "sexual", sentí las consecuencias: agotamiento, goce y deseo, deseo por más. Afortunadamente el resultado de aquello había quedado en el suelo, siendo arrastrado por el agua, y no en ninguna otra parte. Ambos jadeantes y "satisfechos" volvimos a la, ahora fría ducha, para bañarnos realmente.

A pesar de la anterior experiencia, no sentía remordimiento o pena, de hecho me sentía más unido a ella que nunca, como si ese intimo momento nos acercara no solo física sino, sentimentalmente.

Y una pequeña pero intrigante duda vino a mí, "¿me estaré enamorando de ella?"

Sea lo que fuere, lo deje de lado para concentrarme en la chica que estaba frente a mí, tratando de tallarse la espalda.

¿Te ayudo?

¡por favor!

Luego de "mi sorpresa" y vestirnos nuevamente la lleve a su sala común, pues ahí había un pasadizo que conectaba con todas ellas. Ya me imagino por qué lo debieron haber cerrado.

Bien llegamos. Gracias por todo aquello, Astoria, fue una sorpresa algo… distinta a lo que imagine, pero de igual forma increíble.

Me alegro que te gustara— me dijo sonriente— tal vez podamos ir más seguido, cuando no tengamos límite de tiempo— sentencio mordiéndose un labio y con los ojos oscurecidos.

No puedo esperar…— la bese apasionadamente, lamiéndole el labio antes herido. Luego regrese a mi torre, dichoso y feliz, como hace tiempo que no lo estaba.


Podía darse el lujo de no prestar atención a clase, de cualquier forma, el maleficio lo había aprendido días atrás. Podía quedarse viendo a la nada, ver tras los cristales de la ventana para relajarse y perderse en sus pensamientos… o podía seguir viéndolos reír entre ellos, conversando entre ellos e incluso escuchar la razón de tan amena conversación.

Podía hacer cualquier cosa y aun si no escaparía del análisis mental que su mente le tenía preparado.

La noche anterior, durante la fiesta de la victoria de Gryffindor, habría dado lo que sea por platicar un poco con su amigo, se sentía sola, más lo que acontecía en la realidad era muy distinto a su estado anímico.

Se encontraba rodeada de todos sus amigos y compañeros, junto con una Ravenclaw que, según ella misma dijo, no se perdería la fiesta por nada. Platicaba con Ginny sobre sus movimientos en la escoba, con Seamus que trataba de abrazarla, con Neville que se veía mareado a causa de las cervezas de mantequilla.

Se podía haber visto rodeada de más y más gente, pero no se habría sentido acompañada. Al contrario, si veía dentro de sí misma podía percibir a la soledad en todo su esplendor, por irónico que pareciera. Con la única persona que quería estar y platicar era con Harry; no con su, aún, novio Ron, simplemente con Harry.

Lo visualizo cerca de la entrada de la sala común, riendo divertido al ver a todos proclamando la victoria del equipo. Camino hacia él, con intención de conversar, las ganas que tenía por hablar con el eran inmensas, tanto que no cabían en su pecho.

De un momento a otro, Neville se había postrado frente a ella, balbuceando cosas ininteligibles para cualquiera. Por cortesía se había quedado callada, escuchándolo; para cuando este se fue Harry no se encontraba en el último lugar donde lo había visualizado, busco por todos lados, incluso entro en su torre tratando de encontrarlo, mas todo fue un inútil esfuerzo.

Deprimida, se despidió de todos alegando "Tengo tarea atrasada". Las horas pasaron, pero sus lágrimas no encontraron consuelo alguno más que su, antes seca, húmeda almohada; tal vez concilio el sueño unos momentos pero no sirvió de nada, pues a pesar de estar dormida, las lágrimas seguían dejando surcos en su cara.

Alrededor de las 2 am, el rechinido de una puerta abriéndose la despertó completamente de la pesadilla en la que se encontraba. Ella y Harry, como adultos, en un despacho diciéndose que se amaban; esa parte no la consideraba extraña, además que la sentía muy natural y vivida, parecía algo normal que la Hermione del sueño le dijera esas palabras al Harry del sueño.

El desasosiego comenzaba después. Luego en un cuarto de hospital, con un anciano postrado en una cama, muriendo, diciendo sus últimas palabras. Al principio no lo reconoció, pero prontamente se daría que le anciano no era otro que el mismo Harry; el sentimiento que la inundo fue completamente irracional y fatídico, ansiedad, pánico, miedo, terror. Cualquiera de las formas como lo nombrara o tal vez todas juntas y fisionadas en miles de pequeños fragmentos, llenaban su alma y su espíritu estrellándolo, quebrándolo rompiéndolo.

Un cementerio, un lúgubre cementerio; un día nublado, un día nublado y tempestuoso. Miles de personas se congregaban alrededor de la tumba más importante del siglo, algunas llorando la pérdida del mundo mágico, otras más con la mirada en la loza de piedra y la mente llenándose de recuerdos de aquel que fuera su salvador incontables veces.

Al final, bajo el manto de la noche, la castaña del sueño de pie estaba frente a la tumba de quien fuera su único amor verdadero; no se daría cuenta que en toda la tarde no se había movido, hasta que las primeras lagrimas comenzaran a caer. Derrumbada, dolida y perdida se dejó caer de rodillas, arrepintiéndose y martirizándose por haber sido tan testaruda y nunca haberle hecho caso. Él siempre se lo pidió, siempre estuvo dispuesto a dejarlo todo por ella, hacerle frente al mundo ellos dos solos como hacía diez años lo hicieran.

Decidida a analizar el significado de aquello más tarde, salto de la cama tal cual gato y entreabrió su puerta un poco, solo para ver a su Harry, entre la luz de la luna, subir las escaleras con una sonrisa de oreja a oreja.

Sabía que no volvería a dormir, por más que lo intentara. Poco más de 4 horas después, luego de una ducha y un sinfín de tareas adelantadas y capítulos leídos, bajo a su pequeña sala a pensar un poco, a tratar de averiguar el porqué de su depresión. Fue cuando, analizando los eventos recientes, se dio cuenta de cómo había llamado a Harry, creyéndolo de su propiedad; su Harry, exactamente como la Hermione del/a sueño/pesadilla lo llamaba recurrentemente.

De ahí derivaron una interminable serie de pensamientos terroríficos, irracionales, depresivos y desalentadores que le dejaron como resultado una larga de sesión de llanto. No sabía que pensar de sí misma, de Harry, de ambos; cada que lo veía era como si lo hiciera por primera vez, pero de una forma diferente siempre. Uno de estos pensamientos fue que probablemente, podría ser, tal vez, posiblemente que estuviera enamorada de él.

Inmediatamente comenzó de nuevo a llorar, "he de estar volviéndome loca" pensaba mientras el agua salía de sus ojos. Ella no podía estar enamorada de su mejor amigo, es algo completamente imposible, nunca le había gustado Harry de esa manera. Tal vez de pequeña lo admiraba, era y seguirá siendo su héroe siempre, pero de ahí a amarlo románticamente hablando había una distancia bastante larga.

Entonces fue cuando el objeto de sus pensamientos la llamo por detrás. Como pudo limpio las pocas lágrimas que aún le quedaban en la cara; luego de una mentira para cubrir las razones de su llanto, fueron al gran comedor. Nunca se dio cuenta de cómo o cuando la tristeza dio paso a la alegría, mas no le importo, se limitó a disfrutar de su compañía.

Luego la noticia del baile, pensó en que tal vez, solo tal vez ahora Harry si la invitaría. Mala fue su suerte, pues él ya tenía con quien ir y agregándole lo de la escoba de Harry, el desasosiego volvía.

Pareciera que de verdad lo había perdido, pues algo que antes seria secreto entre ellos dos ahora fue secreto para ella también. No lo culpaba, después de todo ella tampoco le dijo sobre su relación con Ron, pero que tuviera secretos para ella no le gustaba nada; estaba siendo injusta, lo sabía muy bien, pero por alguna razón no se sintió mal.

Desde que sus celos los interrumpiera en medio de su conversación, las escenas de ese tipo la perseguían por todas partes, de Pociones a DCAO, todo el día tuvo que verlos quererse.

Con el fin de la clase, se detuvieron sus pensamientos, como algo maquinado busco a su amigo. Se encontraba despidiéndose de Astoria, al parecer tenía algo importante que hacer y si no la llevaba a ella, no llevaría a nadie con él. Ni siquiera a Hermione Granger, así que, con el coraje que siempre le caracterizo, tomo al toro por los cuernos. Sin importarle lo siguió, por lo menos a muchos metros detrás de él.


"Solo un momento, Potter" me dijo la directora cuando quise estar a solas con los antiguos directores. Hacía meses que no pisaba este lugar, un verdadero record dado mis historial académico. Sin preámbulos me dirijo al cuadro de los profesores, mientras más los miro más añoro su compañía, si incluso la del profesor Snape.

—Buenas noches, profesores.

— ¡Ah Harry!, es bueno verte por aquí… ¿te divertiste anoche?— me pregunta Dumbledore inquisitivo.

—Eh, no sé a qué se refiere profesor.

— ¡Vamos Potter!, podemos estar muertos, pero no somos idiotas, aun sabemos lo que pasa en este castillo— replico el profesor Snape.

— ¿Eso significa que…que la directora también lo sabe?

— ¡Claro que no, Harry!, puedes divertirte las veces que quieras, yo te cubriré. Bien dijo la señorita Greengrass, te lo mereces— dice divertido mi director favorito y, como cuando estaba vivo, su mirada se oscurece preocupadamente— ¿Qué pasa, Harry? No es que no nos agrade…— el profesor Snape gruñe—…bueno me agrade tu visita, pero no creo que hayas venido solo a saludar. ¿Qué es lo que carcome tus entrañas?

— ¿Cómo?

— ¿Que qué es lo que pasa contigo Potter? ¿Sigues siendo tan lento?

—Pues vera, profesor…— digo ignorando el comentario de Snape. Ahora ya no me parece tan agradable—… he estado teniendo extraños sueños, pero me parecen tan reales y vividos que cuando despierto no sé si estoy aquí— señalo el piso— o sigo allá en ese mundo imaginario— menciono señalando mi cabeza.

— ¿qué te parece si me los cuentas uno a uno?

—Pero la directora dijo…—

—No te preocupes por Minerva, yo me hare cargo de ella, ahora empieza.

—Bueno, en el primero yo estaba…

Una hora después

—… Y luego mi cara se estrelló contra el suelo, ahí fue donde acabo.

Mientras que a mí no me parece muy gracioso, el profesor Dumbledore ríe a carcajada limpia derramando, por imposible que parezca, pequeñas lágrimas de pintura.

— ¡Pe-pe-perdón Harry, pero es q-q-que me pareció hilarante la parte donde te caíste, lo-lo-lo siento!

— ¿Y bien, que opinan?

—Pues según lo que contaste Potter, tengo algunas hipótesis de que te podría estar sucediendo...— esperanzado miro a mi antiguo profesor de pociones que no deja de mirar a Dumbledore tapándose la boca tratando parar de reír—… pero no te la diré ahora, aun debo confirmarlas.

—Bien, algo es algo, creo.

—Vuelve en unos días y te diré lo que se, junto con lo que este vejete tenga para decir.

Asintiendo, me despido de ambos, no sin escuchar una carcajada "¡A-a-adiós, Harry, divierte-te-te-te…!"

Más tranquilo por mi problema, me dirijo a la sala común a tratar de avanzar un poco de tarea antes de la obligatoria ronda. No sé por qué, pero siento que alguien me venía siguiendo hasta hace unos segundos, pero la sensación se fue. Tal vez recordar tanta incoherencia somnífera me está haciendo mal.

Al llegar al pasillo de la sala común, veo a Astoria platicando con Neville. Un instinto de... ¡ah! , no voy a hacerlo parecer diferente, los celos comienzan a quemar mi sangre. Rápidamente llego hasta ellos, y sin saludar a Neville, beso apasionadamente a Astoria.

— ¡Harry, te estaba esperando!—Dice después de que suelto sus labios— Neville me contaba sobre unas plantas muy interesantes que podríamos usar en el torneo del club de duelo. Al parecer nos darían fuerzas extra.

— ¿Ah sí?, que bien Neville, ahora si nos disculpas tenemos cosas que hacer.

Sin dejarlo siquiera responder, me la llevo cargando hasta mi torre, pasando por el cuadro del dragón flameante y la pared-puerta, hasta arriba de las escaleras de caracol. Ya arriba, delicadamente la dejo recostada sobre un sillón.

—Harry— dice pensativa— ¿acaso estabas celoso?

Resoplando le respondo—sí, si estaba celoso.

—Me halaga, pero no tienes que ser tan grosero con los demás— ahora sentada, me siento junto a ella— solo dime y podemos hacer que la gente se vaya o irnos nosotros, lo que sea más conveniente.

—Bien tú ganas.

—Por cierto, ¿cómo te fue con los directores?, tardaste un poco.

—Bastante bien, en algunos días me dirán que es lo que pasa con estos extraños sueños. Querían que les contara cada sueño y me llevo un buen tiempo.

— Perfecto, ahora como dijiste, tenemos asuntos pendientes.

Atrapa mis labios en un ardiente beso, mientras se sube a mi regazo, al parecer hoy no hare tarea. De nuevo mi "yo explícito", como he decidido llamarlo, se apodera de mi mente y mis acciones. Acariciándole la espalda por debajo de la túnica y la camisa, disfruto de la textura de su piel.

Tentando a mi suerte y con su falda aun puesta, aprieto sus glúteos haciéndola gemir entre beso y beso. Entrometiendo mis manos por debajo de la estorbosa prenda, siento el encaje de las bragas que me impiden disfrutar del paquete completo.

Si supiera braille, tal vez podría leer lo que mis dedos sienten. Dejando libre aquella parte tan atractiva, subo por debajo de su camisa, hasta llegar al sostén de lencería; ágil como solo ella sabe, desabrocha los botones de mi camisa y araña cada parte de mi tronco e incluso mordiendo donde alcanza.

Sin dar tregua, le muerdo el lóbulo de la oreja, robándole una exhalación y un gemido; debajo de la lencería, siento como sus pezones se erguidos reclaman mi atención, mis caricias. Quitándole la túnica y desabotonando su camisa, desbrocho el sostén por delante; intercambiando movimientos muerdo, succiono y aprieto cada pezón. Besando y lamiendo por otras blandas partes.

Sus manos no dejan de rasgar mi espalda, se arquea dándome más acceso a su cuello y mentón. Regreso las manos su trasero, masajeándolo.

—Agárrate bien, linda

Sin darle tiempo a preguntar, me levanto e instantáneamente sus piernas se enroscan en mi torso, avisándome de la erección que ya tenía, queriendo salir del pantalón.

—Alguien se emocionó, ¿verdad?

—Quien no lo haría contigo, hermosa.

Por un segundo pude escuchar claramente un rechinido, parecía que venía de la puerta de entrada. Al voltear a verla me percato que sigue como la deje cuando llegamos, cerrada.

— ¿Pasa algo?

—No es que… creí escuchar algo.

—Debió ser tu imaginación, ¿porque no mejor la utilizas en algo más recreativo?— dice cerca de mi oreja, causándome un escalofrió delicioso.

— ¡Por supuesto!

Al llegar a mi cuarto, cierro la puerta. La privacidad nunca esta demás.


Gracias a todos por ser tan pacientes. Aquí está el capítulo, no les mentiré diciendo que no tenía inspiración, porque la idea estaba más que clara en mi cabeza, fue mi desidia lo que me detenía a escribir, pero al fin la vencí.

Con respecto al capítulo, en las escenas "candentes", por así decirlo, muestro un Harry más pervertido por lo que su lenguaje es un poco más fuerte y explícito. Dicho eso me gustaría saber si las partes Lime (no se debería verdad llamarlas así, por favor díganme si entran dentro del género) están bien hechas o les gustaría un poco más largas, más intensas, por favor pues es la primera vez que escribo algo así. Ahora los reviews:

Harryperu: Gracias por el review. En cuanto a tu sugerencia, aun no se bien si hacer eso pues ya tenía un final planeado, pero lo tendré en cuenta gracias.

Luna White 29: De nuevo, gracias por seguir leyendo. Como habrás visto en este capítulo, el Harry inocente y crédulo es sustituido por uno más atrevido y "deseoso de carne" como sugiere él. En cuanto a Hermione, me gustaría saber tus puntos de vista.

Noemi Cullen: Lamento mucho que justo cuando leyeras el fic, decidiera no escribir, pero gracias por hacerlo y espero que el capítulo que te haya gustado. Gracias.

Satorichiva: Gracias por seguir leyendo. Como veras, Harry está empezando a evolucionar sus sentimientos y pensamientos, como habrás visto en este capítulo. Hermione esta también muy pensativa y Ron, aunque no se ha aparecido todavía tiene que hacer algo relevante en la historia.

Aldrin71: Gracias a ti también por seguir con el fic, es agradable saber que sigue gustando. Qué bueno que te guste esta pareja un poco rara, por la lejanía que hay entre los personajes e el canon, pero que aquí es muy cercana. Creo que tú también te estas adelantando a unos cuantos hechos, pero aun así gracias por el review y seguir aquí.

Así mismo, les digo gracias a todos por seguir aguantando el tiempo que no he estado. No le digo que la próxima semana lo veo, pero eso espero. Gracias y adiós.