Los personajes de Shingeki no Kyojin le pertenecen a la malvada llama asesina, digo a Hajime Isayama. A mi sólo me gusta jugar con ellos xD.

La imagen de la portada pertenece a shira-aot(punto)tumblr(puntocom), visiten su página, tiene excelentes fan-arts.

Las palabras usadas fueron elegidas en la dinámica express del grupo de facebook "La hermandad Rivamika". Si les gusta la pareja, es invitó a unirse, a cada rato hacemos eventos temáticos.

Fic inspirado en la canción de Ha Ash de Llueve sobre mojado. Así que es un intento mal hecho de comedia.

La palabra de esta semana es Jovial. Fic dedica a Mikasa Ackerman por su cumpleaños.

AU. Rivamika. Rated; K

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Jovial

El sol se filtraba por la ventana, cayendo en el rostro de la chica dormida. Mikasa abrió los ojos, cegándose por unos instantes.

Debí cerrar las malditas cortinas antes de dormir.

Soltó un bufido, rodando en la cama para darle la espalda al astro fastidioso que invadía su santuario. Apenas volvía a caer en los brazos de Morfeo cuando notó que era inusual que el sol brillara tan intensamente a esa hora. Estiró el brazo hasta la mesilla de noche y cogió el despertador. Lo colocó frente de sus ojos somnolientos para verificar la hora.

—¡¿Pero qué…?! —Abrió los ojos, espabilando completamente. Eran las 8:35 y su hora de entrada era a las ocho. Saltó de su cama, apresurándose a entrar a la ducha—. ¡Maldito despertador de mierda! —Despotricó quitándose la ropa. Ingresó a la ducha, alejándose del agua fría cuando esta tocó su piel—. ¡Ah! —soltó un alarido. Intentó tranquilizarse, recordando que ya era demasiado tarde. Tomó aire y se armó de valor para ingresar al agua fría.

En tiempo record se encontraba envuelta en una toalla y frente a los cajones de su vestidor. Sacó rápidamente un par de bragas y un sostén rojo a juego. Diez minutos después se encontraba enfundada en una falda de tubo y con una blusa blanca. Se aplicó mascarilla y vio su rostro pálido reflejado. Tomó el lápiz para delinearse los ojos, sin embargo, en un movimiento mal hecho, terminó picándose el ojo izquierdo, provocando que ardor además de que se tornase de un peculiar rojo.

—Me pondré lo que resta en el automóvil. —A paso acelerado tomó el maletín y el bolso donde tenía un kit de emergencia. Cerró su departamento y caminó hasta el elevador—. "Fuera de servicio" —leyó el diminuto cartelón que le avisó que tendría que bajar más de cinco pisos con unos despreciables tacones. Apretó los labios y se quitó los zapatos. Casi trotando bajó la escaleras; al llegar al primer piso tenía que forzar al aire entrar dentro de sus pulmones. Hacía tiempo que el ejercicio desapareció de su vida y la verdad era que lo necesitaba de vuelta. Se quejaría con el dueño y lo presionaría para arreglar el elevador antes de que sus piernas lo siguieran resintiendo.

—Buen día, señorita Ackerman —saludó Hannes, el portero luego de verla colocarse los tacones—. Veo que ha sido un inconveniente que el elevador estuviera descompuesto.

—Di-dígale —Mikasa prefirió seguir guardando silencio hasta asegurarse que su voz no volvería a entrecortarse por la falta de aire— dígale al señor Reiss que pago puntualmente mi renta. Estos inconvenientes deberían ser arreglados en la brevedad.

—Que te hayas quedado dormida, Ackerman, no tiene nada que ver con el elevador. —La irritante voz de Ymir la puso peor humor—. ¿Las sábanas se te pegaron o el acostón de turno no te soltaba? —Mikasa rodó los ojos y siguió de largo su camino—. ¡Olvide que el incesto era lo tuyo! —Ignoró las burlonas palabras de la castaña hasta que estuvo fuera del edificio.

—Recuérdale a Rod del elevador, Hannes —pidió, buscando su auto con la mirada—. Ya sabes que a veces se hace el tonto por ahorrarse unas monedas.

—A sus órdenes, señorita. ¡Qué tenga un buen día! —Mikasa asintió y se despidió. Caminó presurosa hasta su Volkswagen plateado. Después de los inconvenientes que tuvo durante su adolescencia con cierto familiar, sus padres se habían esmerado en darle la mejor educación. Por ello, se encontraba viviendo sola en un modesto departamento; teniendo como transporte un vocho, regalo de graduación.

Ni siquiera tuvo suficiente tiempo para rememorar el pasado cuando…

—¡Cuidado! —Aunque la advertencia llegó demasiado tarde. El chico que iba en la bicicleta impactó con Mikasa, provocando que cayeran—. Lo siento —se disculpó el muchacho castaño, luego de ofrecerle la mano a Mikasa para ayudarla a levantarse—. ¿Se encuentra bien?

Mikasa golpeó la mano del muchacho y se apresuró a ponerse de pie, descubriendo su pulcro vestuario manchado. Frunció los labios. Detestaría dar una mala impresión el día que inician las pasantías, eso mancharía su perfecto historial -de por si sucio debido a la tardanza-. Ya no tenía tiempo de regresar y cambiarse de ropa.

—¿Parezco bien? —musitó cabreada.

—Parece estar buena —aclaró el joven, dejando entrever una coqueta sonrisa—. ¿Está lastimada?

Aparte del ego herido y la ropa sucia…

—Sí, sí —respondió con la mirada pegada al suelo, buscando desesperadamente sus llaves y sin prestar atención a la pregunta—. ¿No viste dónde cayeron mis llaves?

—Creo que las vi por —El muchacho se movió unos centímetros, un tintineo después, ambos contemplaron como las aludidas cayeron por las rejillas de la cantarilla— ahí… Lo siento. —Mikasa respiró hondo muchas veces, intentando controlar su malgenio para evitar agarrarlo a golpes—. Puedo llevarte en la bici si tienes prisa. —La mirada gélida de Mikasa fue suficiente respuesta para que el chico decidiera huir antes de morir asesinado—. En ese caso —agregó, subiéndose a la bici—. ¡Bonitas piernas!

—¡Idiota!

Mikasa recuperó su maletín y su bolso. Regresó hasta su edificio para explicarle a Hannes lo sucedido y suplicarle encarecidamente que recuperara sus llaves.

Diez minutos después, se encontraba montada en el primer taxi que se detuvo frente a ella -porque tal parecía que era el peor día que podía tener, debido a que cuatro taxis la ignoraron olímpicamente-; tras indicar la dirección del bufet, decidió ver que podría hacer por su maltratada imagen.

—Va a llover —anunció el taxista, mirando el cielo. Mikasa levantó la vista hasta él, desconcertada. ¡Pero si el cielo estaba totalmente despejado y presagiaba ser un día hermoso! Decidió guardarse su propio pronóstico hasta que llegó a su destino—. Compre una sombrilla, señorita. Se ve que no ha tenido un buen día y no creo que mejore. —Mikasa se limitó a pagarle y apresurarse a entrar al edificio. Ni siquiera quería ver la hora. Ya podía escuchar el sermón que le daría su nuevo jefe sobre la puntualidad.

—¡Preciosas piernas largas! —Buscó a quien dijo tales palabras, sin notar a nadie relevante en la calle. Rodó los ojos mientras subía las escaleras. Empujó la puerta giratoria al mismo tiempo que otra persona lo hacía la lado contrario, provocando que volviera a caer de sentón.

—Maldita sea —murmuró enfadada. Ni siquiera se detuvo a ver quién fue el agresor y entró hecha una furia a las instalaciones. No saludó a nadie, ni siquiera les dirigía la mirada.

—Señorita Ackerman —Nifa, la adorable mujer que fungiría rol de guía, la intercepto a mitad de camino—. Después de que se instale, el señor Berner la espera en su oficina para entregarle los casos que estará revisando. Después de la evaluación preliminar en la entrevista, se determinó que apoyaría en el área de asesoramiento. Por favor, acompáñeme.

Con más calma, Mikasa pudo admirar la oficina. Era un estupendo lugar de trabajo, y más, para ser una pasante.

Dejó escapar un silbido de asombro. Nifa sonrió.

—Esta oficina es la del abogado en jefe; usted estará en aquel escritorio —señaló un desvencijado trozo de madera en el rincón del lugar. Hizo uso de todo su autocontrol para que la quijada no cayera hasta el suelo. Mikasa respiro repetidamente, aceptando que no tardaría en conseguir una oficina así de majestuosa—. Supongo que no tarda en volver, así que puede dejar sus cosas e ir a la oficina del señor Berner.

Mikasa se limitó a dejar el maletín y la bolsa. Maldiciendo en voz baja. Aquel no era el lugar ni el puesto que le prometieron, sin embargo, ya tendría tiempo de comentar la situación con su jefe.

—¿Quería verme, señor? —Cuestionó luego de abrir la puerta, encontrándose la imagen del trasero desnudo de su jefe mientras embestía a una mujer castaña con una pericia indescriptible, sintió como los colores le subieron al rostro—. ¡Vuelvo más tarde! —Articuló, saliendo inmediatamente de ahí.

Ingresó al tocador sin fijarse. Se miró en el espejo unos minutos, se mojó la cara para despejarse -de todas formas ya tenía arruinado el maquillaje y prefería verse al natural-. Cuando se dirigió a la salida notó dos cosas; la primera resultaba ser la razón por la cual halagaban sus piernas. ¡Sí tenía las medias rotas! Y la segunda, los orinales. Frunció el ceño, confundida, hasta que vio a un hombre salir del cubículo, cayó en su error.

¡Entró al baño de hombres!

—¡Q-qué hace aquí! —inquirió el hombre, regresando al lugar de donde salió. Un color carmesí envolvió a Mikasa, seguido de un bochornoso calor. Escapó de ahí, dejando la pregunta en al aire.

—Mikasa. —La voz de Moblit provocó que se sobresaltara. No podía borrar la imagen del blanquecino trasero de su jefe. Berner no parecía el tipo de hombre que hiciera esas cosas en horas laborares; en realidad, Moblit era demasiado considerado y respetuoso con su trabajo. Era su novia, la causante de la incómoda situación tras insistirle hasta persuadirlo. Ya tenía preparada una disculpa hasta que notó el semblante descompuesto de chica—. ¿Te sientes bien? —Ella asintió, con la mirada desviada. Las imágenes de las embestidas volvieron, poniéndola más roja—. No, no lo pareces. Es mejor que te tomes el día. Llegaste tarde, te esperamos para varias juntas y para presentarte a los clientes de la firma —comentó con un tono de visible preocupación—. No podemos permitirnos este tipo de deslices. Y más cuando eres una opción tan prometedora. Sería mejor que volvieras mañana más tranquila.

—¿Qué? —Cuestionó volviendo en sí. No podían despedirla. No en su primer día y menos cuando el día había empezado de una forma tan mierda.

—De verdad lamentaría perder una mente tan brillante como la tuya —musito Berner, todavía preocupado. Quizá la muchacha se encontraba enferma, pero siendo tan comprometida con su trabajo prefirió ir en lugar de cuidar su salud. Y como jefe, no podía permitir que sus empleados estuvieran mal—. Será mejor que regreses a casa.

Todavía incrédula por creerse despedida, Mikasa regresó sobre sus pasos. Ignoró a Nifa cuando la llamó, advirtiéndole algo que no alcanzó a escuchar. Ingresó a la oficina y tomó su bolso, saliendo rápidamente del edificio con el ego herido.

Miró por primera vez su reloj después de salir de su departamento. Eran cerca de las diez del mañana. Soltó un suspiro. Dio dos pasos, cuando el tacón de su zapato derecho se rompió, provocando que casi cayera otra vez.

—Maldición. ¿A quién diablos mate en mi vida pasada para tener este karma?

Terminó por quitarse los malditos zapatos. Se quedó sentada en la escalera, viendo a las personas pasar y las personas la miraban preocupados y con dudas.

Sí, respondía mentalmente, sé que parezco una desamparada, pero no es así.

Sintió como algo cayó en su cabello y ahora escurría por su rostro. Llevó la mano hasta el lugar, notando con asco que fue víctima de pájaro. Se quitó las secreciones, asqueada, creyendo que nada podía ir peor.

—Arriba. —La voz de un hombre la sacó de su ensimismamiento. Levantó la mirada hasta el guardia de seguridad del edificio—. Obstruye el paso, señorita.

—¿Y eso a mí qué? —El hombre arqueo una ceja.

—Significa que mueva su trasero de aquí antes de que llame a la policía. —Mikasa rodó los ojos. Lo que menos necesitaba era tener que lidiar con uniformados. Decidió hacerle caso al guardia y ponerse de pie—. Y no olvide sus zapatos, no queremos basura. —Se inclinó a levantar su calzado, notó como el hombre seguía cada uno de sus movimientos, pero enfocado en sus piernas y trasero. Presionó sus labios, cabreada.

—¿Sabe? —Habló con voz gélida—. Puede irse al diablo. —Acto seguido, le lanzó los zapatos al rostro, atinándole en ambas ocasiones y echándose a correr mientras el hombre tardaba en salir de su estupor.

El estómago reclamó la falta de alimento mientras vagaba por la ciudad. No quería regresar a su departamento así que decidió buscar donde saciar su hambre. Ingresó en el primer restaurante que encontró. Sentía las miradas acusadoras, como si ella no perteneciera a ahí. Y sospechaba que era así por sus fachas. Espantó sus pensamientos mientras llamaba al mesero.

—Disculpe, señorita. Antes de tomarle la orden, ¿cuenta con el dinero suficiente para pagar la cuenta?

Los ojos de Mikasa destellaron con un brillo asesino. Aceptaba que su ropa no era la mejor. Venga, ¡ni siquiera tenía zapatos! Pero eso no le daba derecho de que le preguntaran… Optó por sacar la tarjeta de débito y restregársela al mesero antes de largarse de ahí. Tomó su bolso y buscó… y siguió buscando, sin resultados aparentes. Incluso vació el contenido sin encontrar su cartera. Recordó que por las prisas, dejó su fuente de ingresos en el maletín… mismo que se quedó en Berner&Asociados.

—Tiene razón —contestó con el orgullo herido. Devolvió sus cosas a su bolsa antes de levantarse de ahí y encaminarse a la salida. Sólo podía regresar caminado hasta su edificio y rogar que Hannes haya encontrado sus llaves, al menos así podría ingresar a su departamento.

¿Qué más podía pasar?

En ese momento, sintió algo tibio en la pierna derecha. Bajó la mirada, encontrándose con un perro que tenía la pata levantada y la estaba orinando. El perro acabó y se alejó sin mirarla. Las personas que caminaban alrededor parecían sentir asco, compasión y lástima por ella.

A la mierda con todo.

Definitivamente no era su mejor día.

Tomó rumbo hacia su departamento. Los pies le dolían, el estómago exigía alimento y su apariencia daba pena.

Un trueno resonó. En ese momento notó el brusco cambio del clima. Grandes nubes grises surcaban el cielo. No pasó ni un minuto, cuando una torrencial lluvia se desató.

El viejo decrepito del taxi tenía razón, renegó luego de terminar empapada. Comprendió que fue mala idea salir con una blusa blanca cuando debajo tenía sostén rojo.

Siguió sin rumbo fijo. Los charcos volvía desagradable su caminada. Levantó la mirada al cielo que parecía llorar sin descanso. Y ella quiso hacer lo mismo. Irremediablemente pensó en sus padres, en su familia y en él.

Maldita sea, ¿cuánto tiempo había pasado desde la última vez que lo vio?

Sus padres prohibieron que volvieran a verse. Su relación era una aberración.

Cuatro años.

O algo así, la verdad, los primeros meses fueron agónicos y sirvieron para descubrir que sentía algo más que pasión por él.

Y ahora…

¿Por qué tuvo que llamarla Kuchel ayer para decirle que Levi se comprometió?

Tibias lágrimas siguieron las gotas que recorrían su rostro.

Un auto pasó a toda velocidad a su lado, levantando el agua del charco más cercano, mojándola más.

Ni siquiera quiso refugiarse debajo de un escaparate. El frío había alcanzado nuevamente su corazón.

Las personas la evitaban al caminar. Se detuvo en un semáforo, escuchando los piropos mal intencionados de conductores y peatones, haciendo a oídos sordos. Del otro lado de la calle, notó un paraguas que parecía demasiado familiar. Apenas cambió la luz, caminó con determinación hacía él. Al confirmar su identidad, se echó a correr hasta él.

—¡Maldito mal nacido! —Gritó enfadada, arremetiendo contra él—. ¡Tanto puto amor que profesabas para que terminaras comprometiéndote con otra!

Soltó el paraguas para sostener las manos de Mikasa y evitar que siguiera golpeándolo. Sus orbes zafiro leían hasta el último pensamiento de las iris plata.

—Mikasa —musito, tirando de ella para poder besarla y callar su absurda palabrería. La lluvia comenzó a empaparlo a él también. Poco importó. La jovialidad con lo que ella actuaba hacía que recordara su edad y el tiempo que pasaron juntos antes de verse violentamente separados.

—Enano de mierda —insistió ella, cuando se separaron—. Comprometido con otra y besándome en medio de la calle.

—Cállate —respondió Levi, uniendo nuevamente sus labios. Ambos sintieron que el tiempo retrocedió. Ese beso pareció el primero, ese que Levi robó a Mikasa para que cerrara la boca; ese que ella aceptó a regañadientes y resistió con fingida indignación, cuando en realidad se moría por volverlo a repetir—. Por fin te he encontrado, Misa.

—Rivaille.

Y ahora, poco importaría que sus padres se volvieran locos porque eran familia. Ellos seguían amándose, como el primer día que se separaron. Y aunque su actitud no fuera jovial; se sentían más felices que nunca.

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La palabra de por si, era complicada para ser aplicada con ellos. Admitiré que la primera versión, terminó siendo un Eremika bastante gracioso, pero al darle un sentido rivamika, cambió completamente y me en-can-to.

Para que tengan en cuenta; las historias están interconectadas. Ciertas palabras siguen la misma línea temporal, para que vayan creando su propia historia. A ver si saben a donde pertenece este fic.

Espero que les haya gustado.

¡Hasta la próxima!