¡Holas!

A que no se esperan lo que viene a continuación, juju ;D

Riámonos un poco con estos tontuelos XD

Estoy segura que este capítulo lo amarán :D :D :D

A leer...


Capítulo 10

...

Nadie replicó en ningún momento ante las órdenes de su señor, aunque fueran las más absurdas que habían recibido en su vida y algún que otro criado comenzó a pensar que, finalmente, lord León había perdido el juicio.

—¡Alfred! —gritó él sin apartarse en ningún momento del lecho donde descansaba Draco—. Llévale este mensaje al capitán Moody —dijo, mientras le tendía una nota al joven mozo de cuadra.

—Sí, milord —contestó Alfred, pero antes de partir, dudó y preguntó para asegurarse—. ¿El capitán Moody es el agente que está a su servicio en alta mar?

—No, es el desaliñado pirata que, aun estando a mi servicio, siempre discute conmigo —le aclaró Harry al reticente mensajero.

—¿El del ojo que gira solo? —indagó el muchacho, temeroso, mientras tragaba saliva ostensiblemente.

—Sí —confirmó él—, el mismo. Lo encontrarás en Cabeza de Puerco, una mugrienta taberna del puerto. No te quedes a esperar respuesta, simplemente entrégale esto y márchate.

—¡Christopher! —lo llamó Harry, cuando vio que su hermano iba a salir de la habitación.

—¿Sí? —preguntó el joven, resignado.

—¡Ve a buscar a mi abogado y tráelo a rastras si hace falta!

—Pero, Harry, las oficinas no estarán aún abiertas y debe de estar durmiendo.

—¡Me da igual! ¡Sobórnalo, agasájalo, amenázalo o tráemelo atado como si de un regalo se tratase! Me es indiferente cómo lo consigas, pero quiero verlo en mi despacho lo antes posible. ¡Ah!, y tráeme también a un sacerdote.

—¡Un sacerdote! ¿Para qué demonios quieres uno, Harry?

—¿No lo deduces, hermanito? Finalmente voy a convertir a mi Draco en un doncel honrado.

—¿Estás loco? —exclamó Christopher escandalizado, señalando el plácido cuerpo de su, muy probablemente, futuro cuñado, que descansaba inconsciente—. ¿Piensas casarte con él en estas circunstancias?

—Si está drogado no podrá poner pegas a un enlace —aclaró su hermano, sonriente—. Y, lo más importante: siendo un Potter, conde consorte de Gryffindor, nadie osará tocarle un pelo.

—¿No te parece una solución algo drástica para librarlo del peligro?

—¿Quién te ha dicho que me casaré solo por eso?

—Ah, bueno, entonces... ¡debo felicitarte y partir a gran velocidad, antes de que el novio doncel recupere la conciencia del todo! —replicó Christopher, feliz, antes de partir.

Por lo menos ya sabía que su hermano no estaba loco; solamente había perdido la cabeza por un doncel.

...

La boda fue de lo más extraña. Después de que Harry pasara largo rato en su estudio, discutiendo con su adormilado abogado sobre unos mugrientos papeles, el sacerdote se negó en redondo a casar a tan adorable pareja, ya que el rubio daba muestras de estar claramente drogado, a pesar del bello y sencillo traje blanco que llevaba.

Draco solo podía mantenerse en pie apoyándose en Harry y en Christopher.

El padrino de la boda era, por supuesto, Christopher y los testigos un solemne mayordomo y un pirata medio borracho que no dejaba de amenazar al sacerdote con rebanarle el pescuezo si no acababa pronto, ya que tenía mejores cosas que hacer que asistir a una boda.

—¡Señor! ¡No puedo casarlo si su novio no da su consentimiento! Y, al parecer, no está en condiciones de decir nada.

—¡Tiene todo lo que hace falta, así que cásenos de una maldita vez! Ya me encargaré yo a su debido tiempo de que mi Draco diga el «sí, quiero».

—Aunque el certificado especial que me ha dado pueda aligerar los trámites, la boda no será válida si el doncel no admite que desea este enlace —le advirtió el cura, poco antes de empezar la ceremonia.

...

Draco estuvo a punto de caerse varias veces sobre el hombre vestido de negro que no hacía más que sermonear a todo el mundo. Oyó cómo su 'dulce' León declaraba que lo amaba y sonrió feliz mientras lo abrazaba y le decía lo mucho que le agradaba acariciar el tatuaje de su espléndida espalda. Oyó algunas sonoras carcajadas que parecían provenir de un temible pirata y fue entonces cuando supo que todo era un sueño, si no, ¿qué podía estar haciendo él frente a lo que parecía un sacerdote, vestido de blanco y en compañía de un pirata?

Harry le cogió delicadamente el rostro entre sus fuertes manos y le preguntó con dulzura:

—¿Me quieres?

—¡Pues claro que te quiero, Harry! —contestó y se hizo el silencio.

El hombre de negro le increpó algo molesto.

—Jovencito, debe decir «sí quiero».

—¿Qué es lo que quiero? ¿Es que me van a regalar algo? —preguntó confuso, mientras volvía a oír las sonoras carcajadas del pirata.

—Draco, debes decirle a este hombre lo que quieres —le pidió Harry cariñoso.

Draco, confuso y drogado, pensó que el hombre de negro era como un genio que concedía deseos o algo parecido, así que, con una gran sonrisa en los labios, contestó:

—¡Quiero volver a atar a Harry a la cama!

El hombre se escandalizó, Christopher se quedó mudo de asombro y el pirata llenó el silencio de la habitación con su escandalosa risa, sin poder reprimir las lágrimas.

—No, Draco, debes decirle a este hombre de aquí «sí quiero», para que nos deje estar juntos para siempre —le explicó Harry pacientemente.

—¡Es verdad! ¡Ese es un deseo mejor, así podré jugar contigo todas las noches! —pensó Draco en voz alta, tras lo que dijo un rotundo—: ¡Sí, quiero!

El hombre de negro pareció quedarse satisfecho, porque asintió y, tras dibujar un extraño símbolo en el aire sobre sus cabezas, dijo unas confusas palabras acerca de un marido y un doncel.

El sueño pareció llegar a la parte interesante cuando Harry lo besó y detrás de ellos se oyeron felicitaciones. «¿Por qué?», pensó Draco, confuso. ¿Sería por lo bien que besaba Harry? Pero no debían alabarlo tanto o si no se volvería tan presumido como su hermano.

Y así se lo dijo cuando sus labios se separaron de los suyos. Harry le sonrió contento y lo cogió en brazos. Cuando comenzó a caminar, Draco le preguntó curioso.

—¿Adónde me llevas?

A lo que Harry contestó alegremente:

—A la cama.

—Ya era hora de que este sueño se pusiera interesante —pensó Draco, sin saber si lo había dicho en voz alta.

Lo último que oyó antes de dormirse en los fuertes brazos de su León, fueron las carcajadas de un viejo pirata.

...

Lord Crouch era un viejo noble, que vigilaba todas sus posesiones con infinita avaricia, incluida su joven y bella esposa. Cuando se casó con ella, ya sabía que no podría evitar que tuviera amantes de su edad, pero nunca pensó que sería tan indiscreta.

El hombre se hallaba esa mañana en su despacho, disfrutando de su vino mientras se quejaba de sus desgracias con uno de sus amigos, cuando fueron interrumpidos con brusquedad por la repentina aparición de uno de los amantes de su mujer, un joven insolente que osó sentarse descaradamente en uno de los sillones de su estudio sin haber sido invitado.

—Tengo algo que contarle y no me iré de aquí sin haberlo hecho, así que será mejor que les diga a sus lacayos que me dejen en paz si no quiere ver reducido el número de sus sirvientes —le advirtió el joven Christopher despreocupadamente, sin dejar de mostrarse amenazador.

Lord Crouch despidió a sus sirvientes con un simple gesto de su cabeza. Y su visita no esperó a recibir permiso para exponer lo que había ido a decirle.

—Como sabrá, soy el amante de turno de su mujer. No he venido a insultarlo ni a agraviarlo, sino tan solo a avisarle: me ha llegado de una fuente muy fiable que su esposa planea matarlo. Lo más probable es que haya utilizado algún veneno apenas detectable y sé que usted hace tiempo que está enfermo.

Lord Crouch no lo interrumpió, pero se llevó las viejas y ajadas manos al estómago, que desde hacía algún tiempo le daba problemas.

—No me importa en absoluto que usted viva o muera, pero resulta que su despiadada mujercita desea cazarme a mí en los lazos del matrimonio cuando usted fallezca, algo que no me gusta en absoluto. Pero me desagrada aún más que ella planee culpar a mi querido hermano de su muerte.

—¿Y qué le hace pensar que voy a creer una sola de sus palabras? —replicó despectivamente el viejo lord.

—Me importa poco si me cree o no. Solo vengo a advertirle de que si usted no adopta alguna medida para controlar a su esposa, el asunto quedará en manos de mi hermano. Y si yo le parezco un joven desagradable e insolente, piense por un momento cómo podría solucionar este asunto lord León.

—Puede que usted haya planeado mi muerte junto con mi mujer y ahora venga a contármelo para que las culpas no recaigan en su persona —señaló el hombre, abrumado por sus palabras.

Christopher se rio despreocupadamente y clavó sus fríos ojos azules, igual de amenazadores que los de su terrible hermano, en el anciano que lo desafiaba.

—Señor, si yo hubiera planeado su muerte, ya haría tiempo que estaría bajo tierra.

—Joven, ¡no amenace a mi amigo! —gritó exaltado el hasta entonces silencioso compañero de lord Crouch.

—Ah, lord Black, me alegro de verle, pues debo felicitarlo —dijo Christopher, clavando su intimidante mirada en lord Black.

—¿Por qué motivo, señor? —contestó el hombre, despectivo.

—Porque finalmente uno de sus queridos sobrinos desaparecidos ha sido hallado, ahora se hace llamar sir Potter —explicó Christopher, deleitándose con la noticia.

—¿Cómo? ¿Usted se ha casado con mi sobrino? —preguntó lord Black, alterado.

—No, señor, mi hermano. Ese que es tan temido y al que todos llaman lord León se ha casado con su sobrino Draco —explicó Christopher, sutilmente amenazador, antes de abandonar el estudio.

Mientras en el estudio de lord Crouch los dos hombres intentaban recuperarse, Christopher veía divertido cómo su pérfida amante corría alegremente hacia él para recibirlo con un apasionado beso y un apasionado abrazo.

Él se desprendió con lentitud de sus brazos, alejándola como si de una pieza podrida de fruta se tratara. La miró con asco y deprecio mientras le advertía con frialdad:

—No vuelvas a acercarte a mí jamás, Cho. Como me entere de que has planeado hacer algo contra mi familia, yo mismo me encargaré de deshacerme de ti para siempre.

—Christopher, ¿cómo...?

—¿... Me he enterado? —finalizó él la frase en su lugar—. ¿Es que acaso no conoces la fama de mi hermano? ¡Alégrate de que sea yo el que venga a dar por finalizado el asunto y no él!

—Pero Christopher..., yo...

—Adiós, Cho, cuídate mucho y procura mantenerte lejos de mi persona o no respondo de lo que te pueda pasar.

Dicho eso, puso fin a uno de sus problemas, gracias a Dios sin la intervención de su hermano, quien debía de estar tremendamente ocupado intentando convencer a su esposo de que ahora era un respetable doncel casado.

...

Draco se despertó confuso y desorientado en la vacía cama de Harry. Se notó el cuerpo dolorido y recordó todo lo ocurrido antes de caer inconsciente sobre la alfombra de Christopher. Comprobó sus heridas, se subió las mangas del pulcro y blanco camisón que llevaba y vio que algunos de los cortes habían necesitado algún punto de sutura. También se vio el vendaje del hombro. Así que tenía razón, le habían disparado.

Intentó incorporarse en la cama para ir en busca de Harry, pero tras varios intentos fallidos se derrumbó extenuado sobre los blandos almohadones, rindiéndose a la evidencia: aún estaba demasiado débil como para intentar marcharse.

Alguien llamó a la puerta con delicadeza y, al cabo de unos segundos, Filch entró con una bandeja llena de los manjares más suculentos y asombrosos. Lo ayudó a incorporarse y, tras ponerle una servilleta en el regazo, le colocó la apetitosa bandeja encima.

—¿Necesita ayuda? —preguntó luego, deseoso de servirle.

—No, gracias, Filch. Es usted muy amable. ¿Podría decirme dónde está Harry? —preguntó, confuso ante el trato recibido.

—El señor hace horas que está reunido con su abogado y creo que ahora está discutiendo en su despacho con uno de los capitanes a su servicio.

—Gracias, Filch —dijo el doncel, mientras le tendía un plato de comida, ya vacío.

—¿Desea algo más, sir Potter? —inquirió el hombre, a la espera de una nueva orden de su nuevo señor, que dio un respingo al oírlo.

—Filch, ¿cómo me ha llamado? —preguntó desconcertado.

—Sir Potter —repitió—. ¿No recuerda que ayer se casó usted con lord Potter? Con un permiso especial. Yo fui uno de sus testigos.

Draco miró escandalizado y horrorizado al que ahora era su sirviente, pero no tardó mucho en mostrarse furioso al recordar los detalles de su confusa boda. Y entonces gritó:

—¡Harry!

No hizo falta que ningún criado llamara a su señor, pues el grito de su consorte se oyó por toda la casa. Así fue como todos los sirvientes supieron que el hermoso y 'delicado' sir Potter sabía gruñir lo suficientemente alto como para enfrentarse al León.

Harry subió velozmente la escalera al encuentro de su amado esposo, mientras, desde el piso de abajo, le llegaban las burlas de su viejo amigo Moody.

—¡Harry, qué pronto has aprendido tu papel de casado! ¡Tu doncel grita y tú obedeces! ¡Ja, ja, ja!

Cuando Harry llegó a la habitación, se encontró a un furioso Draco intentando ir a su encuentro. Sin dilación, lo cogió en brazos y lo volvió a tumbar en la cama.

—¡Me drogaste! —le gritó Draco, frenético.

—Pero no fue para aprovecharme de ti —señaló Harry, sin arrepentirse de ninguno de sus actos.

—¡No, fue para casarte conmigo! —gritó el rubio, iracundo.

—Tú dijiste que sí... —le recordó Harry.

—¡Estaba drogado, malnacido! Igual podría haberte dicho que veía un cerdo volando —replicó frustrado.

—Mi amor, si tú me lo hubieras dicho, yo te habría creído —bromeó el moreno, mientras cogía la delicada mano de Draco, que ahora llevaba una preciosa alianza en el dedo anular.

—¡Eres un ser despreciable! ¡Eres un rastrero! ¡Eres...!

—¿Te das cuenta de que ahora tu custodia no recaerá en manos de tu despreciable tío?

—¿Y mis hermanas? —preguntó entonces, repentinamente preocupado.

—No te preocupes por ellas, ya he mandado a alguien en su busca. Y tengo planeado librarlas también de tu tío.

—¿Y cómo se supone que obrarás ese milagro, Harry? —preguntó curioso y ya por fin apaciguado.

—Con esto —dijo él, mientras le mostraba un viejo sobre con la letra de la difunta lady Druella Black, condesa de Duston.

—Eso es una antigua carta de mi abuela, un papel sin importancia —contestó Draco, confuso.

—Mi vida, ¿sabes acaso lo que pone en esta carta?

—No, está escrita en francés y, aunque hablo ese idioma, apenas había aprendido a leerlo cuando tuve que huir.

—Pues gracias a mi querido padre, yo tuve que aprender unos cinco idiomas y entre ellos el francés. Y te puedo asegurar sin duda alguna que con esta carta nos desharemos para siempre de tu querido tío.

—¿Qué dice? ¿Cómo lo harás? —preguntó Draco entusiasmado al tiempo que se lanzaba hacia su reciente marido, intentando arrebatarle la carta que supuestamente pondría fin a todas sus desdichas.

—¡Ah, no, mi querido esposo! —contestó Harry, alejando el sobre de su curioso rubio—. Tendrás que descansar y prometerme que lo dejarás todo en mis manos.

—¿Y si te convenzo para que me expliques tus malvados planes, lord León? —insinuó Draco, tentador, mientras se reclinaba en la grandiosa cama y atraía hacia él el ardoroso cuerpo de su irascible León, que no protestó, tan solo rugió muy bajito.


RWR

Tmarmalfoy: tururu, ya verás en el próximo cap si acertaste o no XD. Harry ya tiene planes gracias a esos documentos ;)

Murtilla: me alegra que te hayan gustado las otras y que también estés disfrutando de esta :D

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¿Esperaban que Harry lo atrapara de ese modo?

¡Draco pensando que era un sueño! XDDD

Cuéntenme qué les pareció ^^