Falso matrimonio.
Capítulo 10: Cumplir como esposa.
Kagome, lanzó un suspiro y fue hacia donde estaba su maleta de viaje y sacó un libro y lo leyó, era un libro de medicinas que compró en una librería de Londres. Cuando terminó de leerlo, se dirigió a su enfermo ex esposo.
-Regreso enseguida, quédate en la cama-. Le recomendó Kagome.
-¿Dónde quieres que vaya en este estado deplorable?-. Preguntó Inuyasha.
La pelinegra no le esgrimió respuesta, y se marchó. Fue a la biblioteca, tomó el teléfono y llamó al dueño del canto bar, para anunciar que ese fin de semana, no irá, ya que tiene a su marido muy enfermo y deberá cuidarlo.
-¡De ninguna manera!-. Se negó el dueño del canto bar.
-¡Escúchame, Koga. Sé que no debo, pero mi marido está muy enfermo y cancelo el recital, te guste o no!-. Gritó la pelinegra furiosa.
Kagome cortó el teléfono, que casi lo desarma y de mal humor, salió hacia la cocina, allí Judith, la vio entrar con cara de muy pocos amigos. La pelinegra, sacó un delantal de cocina amarillo y fue a su habitación. Se mudó de ropa, tratando de no despertar a su enfermo esposo, se puso un pantalón de vestir negro, una camisa roja de manga corta y tacones medianos. Se calzó el delantal y volvió a tocarle la frente a Inuyasha, estaba muy caliente.
-Creo que me llegó la hora-. Susurró el peliblanco.
-¡Ay, deja de decir sandeces!-. Dijo enfadada la pelinegra.-Solo tienes un fuerte estado gripal-.
Kagome ntó que la fiebre debió haberle aumentado, ya que Inuyasha tenía chuchos de frío y se tapó con las frazadas, pese al día primaveral que hacía. Kagome salió de la habitación, justo cuando apareció Judith.
-Hazme un favor, Judith. Cuídalo unos instantes, mientras voy a preparar algo-. Le pidió Kagome.
-Claro, niña. Vaya tranquila-. Dijo la robusta mucama en su acento cubano.
Kagome se lo agradeció y llamó a su hermana Eri, que le pidió le haga las siguientes compras. Eri estaba algo extrañada por el pedido, pero al saber que Inuyasha estaba muy engripado, la pelinegra de la vincha amarilla accedió al pedido de su hermana famosa. Mientras tanto, en el hospital, un furioso Koga, estaba protestando por la cancelación del recital.
-Es como te digo, Hojo. Tu querida mujercita, acaba de cancelar el recital por cuidar de su ex marido-. Gruñó Koga molesto.
-Vaya, ¿Así que hizo eso?-. Preguntó Hojo socarronamente.-No te preocupes, veré como quitamos a ese estorbo llamado Taisho. No te preocupes. Esta es la última vez que Kagome cancela un recital y más cuando le pasemos factura-.
-Procura que sean 9 cifras. Te juro que esta las paga-. Masculló Koga y cortó la llamada.
Pero en la mente de Koga, se tejía algo más y era que él también, se estaba enamorando de la exitosa cantante, por lo que Kagome, tendrá muchos problemas, aparte de los que ya tiene.
Más tarde, Eri llegó a la mansión de sus abuelos, aparcó su auto y entró a la enorme casa, allí fue a la cocina, donde su hermana la esperaba.
-Aquí tienes las medicinas que me pediste y las plantas medicinales-. Dijo Eri dejando los paquetes en la amplia mesa de losa.
-Gracias-. Le agradeció su hermana.
-¿Qué piensas hacer con esto?-. Preguntó Eri curiosa.
-No es evidente-. Pienso dormir sin interrupciones esta noche-. Respondió Kagome.
-Solo espero no lo mates-. Dijo Eri con mueca de pánico
-deja de decir bobadas, solo prepararé una medicina para que le baje la fiebre-. Rezongó Kagome molesta por la desconfianza de su hermana.
-Ay disculpa, señorita delicada. Solo quería hacer un poco de humor-. Protestó Eri con enfado.
A Kagome casi se le escapa una risa, pero le era imposible. Sabe que su hermana, está tramando algo para que ella no reciba la herencia de sus abuelos y para ello se alió con Sango y su ex marido para tenderle alguna trampa, cosa que no deseaba fuese verdad. Cuando se fue su hermana a ver al paciente, Kagome puso manos a la obra y a preparar la medicina.
Más tarde, la pelinegra terminó de prepararla. Se secó las manos en su delantal amarillo y tomó un cucharón sopero y sirvió un poco de la medicina en un vaso. Además, preparó un poco de jugo de cerezas, para quitar el mal sabor, cuando lo termine y su marido no se queje como un niño caprichoso por no querer tomar su medicina. En ese lapso, Eri aprovechó que Kagome estaba con sus deberes de esposa y aprovechó a llamar a Sango para chismearle la noticia y ver que se hacía con este imprevisto.
-Es mejor que la vigiles-. Le pidió Sango.-No se, pero tengo la sospecha de que hace esto para ver que es buena y luego vuelva con sus manipulaciones-.
-Lo sé-. Murmuró Eri desconfiada.-Pero,… es que hasta canceló su recital con tal de cuidarlo y no creo que esté fingiendo-.
-Es cierto-. Dijo Sango pensativa.-Pero igual mantenla vigilada y cuéntame luego que pasó, quizá Kagome esté recapacitando finalmente, aunque me sigue sonando raro esto de que quiere renunciar a la herencia-.
-A mí también, pero habrá que convencerla de que acepte, para hacerle la jugada-. Formuló Eri.
-De acuerdo. Ahora ve a ver que hace y esta noche nos juntamos a cenar y me cuentas que sucedió-. Peticionó Sango.
-De acuerdo, te dejo un beso-. Se despidió Eri.
-Igualmente-. Se despidió Sango.
En ese momento, Eri cortó la llamada y al salir de la biblioteca, pudo ver a Kagome que se dirigía hacia la habitación de ella y su ex marido y era raro que no la haya escuchado, ya que los tacones de Kagome, resonaban en el piso de parqué de madera pulida y sin decir nada, siguió sigilosamente a su hermana hasta el dormitorio y observó que pasaba. Pudo ver que Inuyasha y Kagome parecían discutir por la medicina.
-Kagome, huele muy feo-. Dijo el ambarino con expresión de asco.
-Lo sé, pero tienes que tomártela o no va a bajarte la fiebre y esta noche, quiero dormir-. Le exigió la pelinegra medio harta.
-No tomaré eso-. Insistió Inuyasha.
-¡Inuyasha, no empieces con tus caprichos, ya me tienes harta con ello!-. Dijo Kagome en tono elevado y muy enojada.
-No la tomaré-. Volvió a decir el ambarino caprichosamente y se tapó con las frazadas.
Kagome perdió la paciencia y lanzó y gruñido, estaba furiosa. Pero de repente, tuvo una idea. Desprendió del cuello de su camisa, un camafeo que tenía prendido de él y corrió la tira de su delantal que iba sujeto al cuello, tocó con su dedo índice la punta del alfiler que sujeta el camafeo y comprobó que era lo ideal, pero pensó que sería cruel, pero su cabeza no tardó en pensar algo rápido y estaba segura que eso funcionaría.
-Si no te tomas esto, habrá que inyectarte una medicina muy fuerte-. Susurró Kagome cerca del oído de un acobijado Inuyasha.
-¡NO!-. Gritó el ambarino saliendo de entre las sábanas y frazada.-¡Jeringas no!-. Suplicó.
En ese momento, Kagome aprovechó de tomarle la nuca y meterle el vaso en la boca y hacerle tragar toda la medicina. Le palmeó el pecho para que se la trague y el ambarino empezó a toser y a hacer puchero, ya que la medicina sabía horrible, pero eso lo calmaría.
-¡AAJJJJ. Que asco!-. Se quejó el ambarino como un chiquillo.- Tráeme algo rápidooo-.
-Aquí tienes, bebito-. Dijo Kagome incrédula, ante semejante reacción de niño de su esposo.
Inuyasha se bebió todo el vaso de jugo de cerezas, sin siquiera tomar aire y comenzó a respirar agitado, se secó su boca con la falda del delantal de Kagome y esta se lo quitó bruscamente, mirándolo fulminantemente.
-Bien, ahora te bajará la fiebre. Procura quedarte en cama-. Ordenó la pelinegra enojada.
-Sí, mami-. Dijo el peliblanco con desdén.
-¡Eres insoportable!-. Gritó Kagome furiosa y se fue.
Eri, que observaba desde una habitación continua, no pudo evitar reírse ante semejante show hecho por su ex cuñado y su hermana, la actuación que hizo Inuyasha por beber esa medicina por la fuerza, fue todo un espectáculo. El gesto, la exageración de Inuyasha y en cómo se bebió todo ese jugo, ni que le hubieran dado veneno. Está bien que esa medicina sabía horrible, pero la pelinegra se había preocupado por su estado de salud y ahora realmente se comportaba como una esposa, cosa que había olvidado no hace mucho, puesto que cuando se casaron, Kagome cumplía con todas sus obligaciones de esposa y no solo en cuanto al placer sexual, si no en cuanto a cuidados y mantenerlo bien, hasta que cómo se dijo, todo se había perdido, cuando incrementó su fama como cantante y se metió con ese Hojo Tendo que ella no sabía, él había estafado a sus abuelos y ahora tramaba un plan, por un desquiciado Koga, que estaba furioso porque Kagome canceló su recital, para cuidar a su enfermo ex marido o no tan ex.
Más tarde, Eri se había ido de la mansión de sus abuelos, luego de mantener una charla con ellos, sobre la trama contra Kagome, aunque esto último, hará rever la situación. Mientras, Inuyasha dormía plácidamente, la medicina comenzaba a hacerle efecto y Kagome, que estaba sentada a su lado derecho, miró el termómetro y vio que la temperatura, había bajado mucho y estaba en 37.9, el ambarino ya no sentía escalofríos ni nada aunque sí un poco decaído, ya que aún quedaba algo de esa gripe. Pero su mujer, se encargó de curarlo.
-Gracias-. Musitó el peliblanco medio adormecido.
-No es nada-. Expresó Kagome medio sonriente.
La pelinegra, le acarició el pecho y luego guardó el termómetro en el cajón de su mesa de luz, pero de repente, su mente se vio atormentada al volver a tener esos pensamientos acerca de que su hermana, su mejor amiga y sus abuelos, estén por tenderle una trampa respecto a la herencia y con la complicidad de su ex esposo. Se pegó con la palma de su mano derecha sobre su frente y negó levemente con su cabeza, sacándose esas ideas absurdas, ellos no serían capaces de hacerle una cosa semejante, aunque eso no era del todo cierto.
Kagome se levantó de la cama repentinamente, y se paró frente a la amplia ventana de la habitación y observó el paisaje del inmenso jardín de la mansión que quizá sea suya o no. Apretó con sus manos, la falda de su amarillo delantal y pegó dos taconazos leves con su zapato de tacón izquierdo e hizo una mueca como queriendo resignarse a todo o no.
Mientras tanto y sin saberlo, Hojo volvió a contactar a Koga para decirle su plan, por la cancelación de Kagome del recital.
-Koga. Ya sé como Kagome podrá indemnizarte por la cancelación del recital por cuidar a ese papanatas de Taisho-. Dijo Hojo.
-Dila ya-. Lo alentó el pelinegro de ojos azules.
-¿Recuerdas que Kagome tiene que cobrar una herencia de sus abuelos? Pues exígele el 52% de ello y yo me encargaré de que sea efectivo, aparte de que elaboraré una trampa para separarla de ese Taisho y hacer que definitivamente odie a su hermana y a esa Sango Taijiya, creyendo que la traicionaron-. Comentó Hojo su plan macabro.
Continuará.
Hola a todos y todas:
Perdón por la demora, pero esto se ha puesto interesante. Kagome, al parecer, cumplió nuevamente con sus obligaciones de esposa,, cosa que hizo rever el plan a Eri y a Sango, pese a que estas siguen desconfiando de ellas, pero ahora surgió un nuevo problema para la exitosa cantante yes que su prometido y un resentido Koga, planean acabar con su felicidad. ¿Qué hará Kagome?. Averígüenlo en el siguiente capítulo. Arrivederchi
Guille (Knight Rider)
