Capítulo 10 – Operación Gato Encerrado

So caught up but I won't tell nobody

They'll just label us

We ain't gotta do that yet, not until we see what's next

I just wanna feel your lips and get to know you better

– Jake Miller, Good Thing.


Para alguien que no lidia muy bien con sus emociones y que, por lo tanto, no le gusta mostrarlas para así evitar preguntas para las que no tiene respuesta, Beca tiene una gran cantidad de tics nerviosos.

En casi cuatro años de amistad, Chloe ha tenido tiempo de sobra para ver todos y cada uno de ellos y catalogarlos. En esa parte de su memoria en la que guarda todo aquello relacionado con la pequeña DJ, hay una lista mental, una especie de chuleta o croquis, con cada uno de los tics y lo que significan anotado al lado.

Está el simple tamborileo de dedos del que todo el mundo peca de tanto en tanto. La pierna que sube y baja a toda velocidad. Morderse el interior de la mejilla cuando está insegura. La lengua que pasa por los dientes de arriba para ganar tiempo para pensar. Comerse las uñas. Rascarse la nuca en momentos de incomodidad. Gesticular con las manos al hablar sobre algo que le genera nerviosismo o se cree incapaz de explicar con claridad.

Esta vez, es el rítmico subir y bajar de la pierna izquierda. Chloe la puede ver agitarse por el rabillo del ojo incluso a pesar de mantener siempre la vista fija en la carretera que se extiende frente a ella. Sube, baja, sube, baja, sube, baja, adquiere tanta velocidad que no puede evitar temer por la integridad del suelo de su viejo y querido Beetle, porque parece un taladro a punto de hacer un agujero.

Lo peor de todo es saber que lo que le está causando tanto desasosiego a Beca, también se lo está causando a ella. Y que no puede hacer nada al respecto.

Todo había ido genial al medio día cuando se despertaron hechas un lío de extremidades. En sus besos no había una pizca de arrepentimiento. Sus sonrisas fluían con facilidad y eran sinceras. Ese brillo en sus ojos azules delataba felicidad. Pero a medida que dejaban atrás la casa del padre de Beca y se acercaban al campus de Barden, la pierna izquierda de la morena había comenzado a coger carrerilla y el estómago de la pelirroja se había convertido en un nudo sobre otro nudo sobre otro nudo.

Chloe empieza a morderse el labio inferior – uno de sus tics nerviosos – cuando vislumbra el camino de gravilla que lleva a la casa de las Bellas. Reduce velocidad y dirige su coche hasta dejarlo aparcado al lado del Ford de un rojo desvaído de Stacie. Apaga el motor, sin embargo, no mueve un solo músculo para salir a la calle.

- ¿Becs?

La DJ se sobresalta y parpadea, tan perdida dentro de su propia cabeza que ni se había dado cuenta de que ya han llegado. Deja de mordisquear su pulgar para mirar a la pelirroja con ojos bastante parecidos a los que luciría un cervatillo deslumbrado.

- ¿Hhhmm? – musita.

- ¿Estás preparada para hacer frente a las fieras?

Parece completamente perdida durante los segundos que le cuesta procesar la pregunta y Chloe le ayuda con un gesto de su cabeza hacia la casa, entonces Beca asiente con sequedad y esboza una tirante sonrisa.

- Sí. Genial. Súper preparada – responde con un tono que indica todo lo contrario. La amable sonrisa de la pelirroja adquiere un tinte incrédulo y señala la agitada pierna que sigue con su frenético ritmo, lo que causa que la DJ suelte un profundo suspiro y se olvide su falsa pose de seguridad –. Sinceramente, no. Ni de lejos – admite con una mueca.

- Vale – Chloe deja escapar su propio suspiro de alivio junto a una risita nerviosa, sus hombros hundiéndose ligeramente –, porque yo tampoco.

- ¿No podemos, no sé, huir con lo puesto? ¿Conducir de día, dormir en moteles de carretera de noche? – propone Beca, medio en broma, medio en serio. De verdad que no se ve capaz de lidiar con las Bellas.

- ¿Como Thelma y Louise? – la DJ solo ladea la cabeza y frunce el ceño, sin entender la referencia cinematográfica –. Olvídalo – ríe Chloe, habiendo olvidado momentáneamente que está hablando con Beca "odio las películas" Mitchell. Mira primero hacia la casa a través del parabrisas delantero de su Beetle y luego se gira otra vez hacia su copiloto –. ¿Tú crees que se van a dar cuenta?

- Mmmmm ¿hola? – exclama la morena con incredulidad – ¿Has estado viviendo estos tres años con las mismas chicas que yo? Lo van a notar en cuanto entremos por la puerta, son como sabuesos.

- Tienes razón – murmura, mordisqueando su labio inferior otra vez. Cuando alza la vista, pilla a Beca mirando fijamente su boca y no puede evitar la sonrisa que se abre paso por su cara –. Becs, necesito que te concentres – le pide, divertida.

- Entonces no hagas eso – se queja con una sacudida de la mano en la dirección general de Chloe. A pesar de todo, aparta la mirada y la fija en un punto más seguro, concentrada en elaborar una estrategia –. Stacie y Amy son las peligrosas – reflexiona en voz alta –, si no fuera por esas dos, el resto de las Bellas irían a su bola. Solo tenemos que huir de ellas y todo irá bien.

- O sea que el plan es eludir a Stacie y Amy lo máximo posible – Chloe no puede evitar que su escepticismo permee a su voz. No cree que sea efectivo teniendo en cuenta que viven dentro de las mismas cuatro paredes y están en el mismo grupo de a cappella del que ellas son las capitanas. Borra poco efectivo, ¡es imposible!

- ¿Qué quieres que hagamos si no? – contraataca Beca –. Porque la alternativa es decírselo a las chicas directamente y que no nos dejen en paz. Y lo sabes – la corta antes de que la pelirroja pueda abrir la boca para objetar –, sabes que no nos van a dejar tranquilas. Sería como estar en una relación con ocho chicas a la vez, y no sé tú, pero yo me agoto solo de pensarlo – dice con un estremecimiento.

Azul bebé reluce con diversión ante las palabras de su mejor amiga, y Chloe esboza una sonrisa torcida que advierte peligro como luces destellantes de neón. Se inclina hacia delante, recortando poco a poco el espacio que separa el asiento del conductor del del copiloto, sus labios se curvan todavía más cuando ve que Beca se tensa en su sitio y frunce el ceño con desconfianza.

- Así que estamos en una relación – ronronea la pelirroja, agitando sus cejas.

- ¿Eh? No – se apresura a negar la DJ por puro instinto –. Quiero decir, sí – se corrige automáticamente –. En plan… No sé… – su boca se abre y se cierra un par de veces sin que sonido alguno salga de ella, hasta que deja escapar un gruñido de frustración que le sale más agudo de lo inicialmente planeado –. Para – ordena.

- No estoy haciendo nada – ríe Chloe.

- ¡Sí lo estás…! – exclama –. Me… No puedo pensar si…

La carcajada de su co-capitana corta su inútil intento de excusarse y trae una oleada de calor a sus mejillas. Se hunde en el asiento, los brazos cruzados con fuerza en su pecho y la misma expresión que pondría una niña pequeña a la que le acaban de decir que no van a comprarle un pony por su cumpleaños así que mejor que deje de pedirlo de una vez. Murmulla algo entre dientes que a Chloe le suena a una versión incomprensible de "eres odiosa", lo cual solo le hace reír más.

- Y tú eres adorable – constata, acortando el espacio para depositar un sonoro beso en la mejilla de la morena, quien protesta y finge limpiarse con la tela de su camiseta.

- No soy adorable, creí haberlo dejado claro anoche – replica Beca, alzando su barbilla en un gesto orgulloso.

- ¿Cuándo exactamente? – Chloe ladea la cabeza con cuidada expresión pensativa – ¿Cuando me dijiste que no querías seguir viviendo sin mí, o cuando confesaste que me querías?

La DJ bufa y como toda respuesta le enseña el dedo corazón a una pelirroja que vuelve a reírse abiertamente de ella. En un gesto repentino que Beca no ve venir, Chloe cierra un puño en la pechera de su camiseta y tira para atraerla hacia ella. Su risa deja ecos que vibran en los oídos de la morena, en contraste con el silencio que se hace de golpe en el interior del coche mientras ambas amigas se miran fijamente.

- Yo también te quiero, por cierto – susurra, y su siguiente respiración es el aire que Beca exhala en un silencioso jadeo.

Sus labios se unen en un tierno beso, durante el cual la mano de Chloe no suelta su agarre en la tela a pesar de que no es necesario para mantener a Beca en el sitio. No haría falta nada, porque la morena no tiene intención alguna de ir a otro sitio ahora que ha vuelto a probar la droga que es la boca de su mejor amiga. Siente cómo esta atrapa su labio inferior entre los suyos y muerde delicadamente, y la DJ se encuentra a sí misma lanzándose hacia delante en busca de una mayor presión. Su mano derecha se enreda en sedosos mechones cobrizos, y está debatiendo si quizá soltarse el cinturón para que no le haga rozadura en el cuello cuando Chloe se aparta.

No se va muy lejos, solo lo suficiente para coger una muy necesitada bocanada de aire y apoyar su frente en la de Beca. Sus respiraciones agitadas se mezclan, siendo lo único que se escucha durante un largo rato mientras ambas tratan de calmarse.

- Deberíamos entrar – murmura Chloe, aunque la incertidumbre y la desgana permean su voz.

- O podríamos quedarnos aquí hasta que se den cuenta y vengan a buscarnos – propone Beca.

La pelirroja se agita con risa silenciosa y sacude la cabeza, apartándose de la DJ con un sentido suspiro. Su dedo presiona el seguro del cinturón, que se suelta con un click y un zumbido de la tela al recogerse.

- Míralo de esta forma – dice antes de abrir la puerta –, cuanto antes acabemos con esto, antes nos lo quitaremos de encima.

No espera una respuesta por parte de Beca porque sabe que su último comentario es irrebatible, así que empuja la puerta y sale a la carretera de gravilla. La morena observa a Chloe desaparecer por un lateral del Beetle para coger sus bolsas del maletero y suelta un profundo suspiro. Esto está pasando, ¿verdad?, están a punto de enfrentarse a ocho chicas que humillarían a los perros policías en lo que respecta a detectar nuevos líos amorosos y relaciones sexuales.

- Allá vamos – musita para sí misma mientras sale del coche, y el sonido de la puerta al cerrarse tras ella le recuerda al del martillo de un juez al que acabara de ayudar a dictaminar su propia sentencia de muerte.


Las escandalosas risas de Amy la Gorda hacen que Stacie pierda el hilo de sus pensamientos, y se queda mirando el tablero de ajedrez por demasiado tiempo con el ceño fruncido, tratando de recordar la genial jugada que se le había ocurrido.

- ¿Vas a mover o no? – le pregunta Flo desde el otro lado con un gesto impaciente de la mano.

La joven científica suspira y mira de nuevo sus fichas negras – se vio obligada a cambiar después de que Flo hiciera un comentario sobre lo racista que era que ella se quedara con las blancas, a lo que CR apuntó desde su posición tumbada en el sillón que la latina no tendría que sentirse ofendida porque ni siquiera era negra. Stacie rápidamente había girado el tablero antes de que estallase una guerra entre ambas mujeres.

Tamborilea los dedos en su barbilla, decidiendo que adelantar su caballo unas cuantas casillas es lo que más sentido tiene. Al instante en que su ficha toca el negro de la casilla, Flo muestra una sonrisa triunfante y deja escapar un "¡ajá!" que sobresalta a Jessica. La rubia alza la vista del libro que tiene en su regazo y arquea una ceja cuando Stacie suelta un juramento porque se ha quedado sin caballo.

- ¿Y tú eres la lista del grupo? – se burla Flo.

- Ugh, ha sido culpa de Amy – se excusa Stacie, lanzándole una mirada venenosa a la australiana.

- ¿Aca-perdona? – exclama la aludida, boca abajo en el sillón y con los pies colgando del respaldo. Extiende las manos en señal de inocencia –. A mí no me mires, cerebrito, yo no he hecho nada.

- Si no fueras tan ruidosa usando Snapchat, quizá no me habrías desconcentrado – dispara de vuelta Stacie.

Amy suelta un grito de indignación y empieza la laboriosa tarea de colocarse al derecho en el sillón, porque se le está bajando toda la sangre a la cabeza y comienza a sentirse algo mareada. Además, está bastante segura de que se le estaban empezando a escurrir las tetas del sujetador. Entre gruñidos y palabrotas, consigue sentarse como es debido. Abre la boca para replicar, pero Jessica la corta de raíz.

- Por Dios, no más peleas – suplica la rubia, cerrando su libro de golpe. Todas las Bellas dan un brinco, sobresaltadas, y observan con incredulidad cómo Jessica se levanta de su cómodo sitio en el sillón y se marcha musitando para sí misma –: Espero que Chloe y Beca lleguen pronto.

- Mmm… Cierto – comenta Cynthia Rose –, ¿no están tardando mucho?

- Beca me avisó de que venían para aquí hace media hora o así – responde Amy, abriendo el mensaje de la DJ para asegurarse de que no se equivoca –. Quizá han pillado atasco. O quizá el coche de Chloe ha dado su último suspiro.

Justo en ese momento, escuchan un coche entrar por el camino de gravilla. No necesitan mirar por la ventana para saber que es el viejo Beetle de Chloe, el rugido de su motor es inconfundible. Las chicas comparten miradas divertidas entre ellas que se vuelven en ceños fruncidos cuando sus capitanas siguen sin hacer acto de presencia. Es más, ni las han escuchado salir del coche.

- ¿Qué estarán haciendo? – se pregunta Amy con curiosidad.

- En nuestras fantasías se están dando el lote – Stacie ni levanta la mirada del tablero, meditando su próxima jugada –. ¿En la realidad? – coge un peón y contesta mientras se piensa dónde ponerlo –, vete tú a saber.

Por fin, oyen puertas cerrarse y pasos que hacen la gravilla crujir. Segundos más tarde, la puerta de la casa se abre de par en par y ambas amigas entran con sus mochilas colgando de un hombro, y del otro las fundas con sus vestidos. Las mejillas de Beca están un poco sonrojadas, signo de que Chloe ha estado haciendo de las suyas y ha dicho/hecho algo para provocarla.

- Vaya vaya, hablando de las reinas de Roma… – las saluda Amy en cuanto entran en el salón.

- ¿Qué tal los dedos? – pregunta Stacie.

Sus capitanas miran a su alrededor en el salón antes de dar un paso adelante y localizar a la morena tumbada en el suelo, el tablero de ajedrez frente a ella. Sus infinitas piernas, descubiertas por los minúsculos pantalones de pijama, se balancean en el aire tranquilamente cuando sube y baja las cejas con picardía.

- Podrían haber usado la lengua – le recuerda la australiana, y ambas amigas comparten una mirada traviesa.

Antes de que las recién llegadas puedan abrir la boca para contestar, Jessica aparece de la nada, sus brazos se enroscan en los cuellos de cada una y las atrapa en un abrazo. La pelirroja suelta una risita y responde como puede con la mano que tiene libre, mientras que Beca se vuelve más tensa que un palo, su rostro una máscara de pura incomodidad.

- Menos mal que habéis vuelto – agradece Jessica antes de separarse –. Creo que me habría vuelto loca de tener que pasar otro día más con estas fieras de circo.

- Aaaw, chicas – exclama Chloe llena de emoción por volver a ver a sus amigas a pesar de que solo ha estado fuera dos días –. Yo también os he echado de menos.

- ¿Y tú, Becs? – le pica Stacie, ojos verdes brillando con picardía –. ¿Nos has echado de menos?

- Uy sí – responde la DJ con una risa seca y sarcástica –. Sobre todo a ti, Stace.

- Ya lo sé. Soy irremplazable – dice con un guiño y un empujón a sus pechos con sus manos.

Su atención salta inmediatamente a Chloe, atenta a su reacción, pero la mayor de las Bellas no parece ni una pizca afectada por el ligero tonteo. Todo lo contrario. Su sonrisa se vuelve más ancha cuando ve que Beca devuelve la pulla y, probablemente de forma inconsciente, da un diminuto paso adelante de forma que sus brazos se toquen. Gesto que la morena nota y lanza una fugaz mirada acompañada de una sonrisa a su mejor amiga.

Stacie entorna los ojos y analiza con mayor detalle a sus capitanas. Ambas lucen relajadas, aunque un poco cansadas, como si hubieran estado despiertas hasta tarde o se hubieran levantado demasiado pronto esta mañana – fuera lo que fuera, daba lugar a muchas preguntas...

Comprueba que Beca y Chloe siguen orbitando la una alrededor de la otra, con cada movimiento se reajustan para que la distancia entre sus cuerpos no cambie en ningún momento. Es algo que han hecho desde el principio, incapaces de resistir la corriente de magnetismo que empuja la una hacia la otra, incapaces de escapar del tirón de la goma elástica que las mantiene juntas.

Así de primeras, no logra ver nada raro, sin embargo, siente que algo ha cambiado.

Es como si durante los casi cuatro años que se conocen, hubieran emitido una cierta frecuencia de vibraciones, suficiente para pasar desapercibida para aquellos que no estuvieran lo suficientemente atentos como para escuchar. Stacie se había acostumbrado a ello, al mismo zumbido constante siempre sonando de fondo, bajo todo el ruido y las conversaciones del día a día. Pero ahora es diferente. No suena igual. Algo es distinto, como si hubieran cambiado de frecuencia de forma casi imperceptible, como quien está en una habitación con la luz encendida y enciende otra más: ya había luz antes, pero ahora hay un poquito más.

Se espera hasta que Beca y Chloe se excusan a sus habitaciones para dejar sus mochilas y desaparecen hacia el piso de arriba. Cuando ya no escucha sus pies en las escaleras, se gira hacia las (Celes)Bellas con expresión seria.

- Chicas – chasca los dedos para captar su atención –, aquí huele a gato encerrado.

- En realidad, huele a pedo – aclara Amy la Gorda, encogiéndose de hombros ante las miradas de asco que recibe –. ¿Qué? ¡Dicen que mejor fuera que dentro!


La teoría es muy sencilla.

Tienen que mantenerse lejos la una de la otra, tratar de no captar la atención de las demás, evitar lo máximo posible acabar en el punto de mira de Stacie y Amy. Es fácil cuando están ocupadas y no piensan en ello, es fácil cuando están rodeadas por las otras Bellas y se dejan llevar por ellas, es fácil cuando solo tienen que actuar como mejores amigas.

Eso se les da bien, llevan casi cuatro años haciéndolo. Es pan comido.

Pero la práctica… Bueno, la práctica resulta ser un poco más complicada de llevar a cabo.

Siempre dicen que "es más fácil decirlo que hacerlo", y Beca nunca había estado más de acuerdo que ahora. Porque una cosa es decir que va a ser capaz de no abalanzarse sobre Chloe cuando estén en público, y otra es verdaderamente ser capaz de resistir el constante impulso de coger la mano de la pelirroja y arrastrarla con ella a un sitio recluido donde poder besarla hasta que pierdan el sentido del tiempo y del espacio y se olviden de hasta su propio nombre.

Sinceramente, no fue consciente de lo jodidamente difícil que esto iba a ser cuando acordó con Chloe mantenerlo en secreto. No fue consciente de que se ha convertido en una drogadicta que necesita al menos treinta dosis diarias de los labios de su mejor amiga, y que estar rodeadas de sabuesos sexuales las veinticuatro horas del día haría bastante complicado conseguir su chute – Beca no tiene ganas de descubrir qué sería capaz de hacer si alguna vez entra en síndrome de abstinencia.

Pero, claro, ¿cómo no volverse adicta? Puede que le haya costado un poco identificarlo como lo que era, pero lleva años muriéndose por besar a Chloe. Y ahora que lo ha hecho, ¿esperan que sea capaz de parar? ¿De no estar literalmente pegada a la pelirroja los trescientos sesenta y cinco días del año?

Y de verdad que está pensando en el sentido más inocente de "besar". Solo besar. Solo perderse en el paraíso que es la cálida boca de Chloe, sus suaves labios, su experta lengua, sus pícaros dientes.

Solo besar.

Solo puede permitirse pensar en besar, porque como piense en otras cosas, como dónde podría demostrar sus habilidades esa experta lengua, como las maravillas que podrían hacer los largos y ágiles dedos de la pelirroja… Es probable que combustione ahí mismo.

Ya le cuesta la vida mantenerse alejada de Chloe estando las cosas como están, como para aún encima dejar que imágenes tan poco adecuadas inunden su mente. Al fin y al cabo, ha visto a Chloe desnuda. Ha sentido su piel contra la suya. Sabe lo que es tener a Chloe en solo ropa interior presionada contra su cuerpo. Tiene material de sobra para generar una jodida película porno. Pero eso no significa que deba – ya no solo por ética, sino por su propia salud. No quiere morir de un ataque respiratorio a los veinte años.

Así que, para el tercer día de su estúpido plan, Beca aprende a conformarse con las pequeñas migas que Chloe puede darle. Besos robados antes de que las Bellas se hayan despertado, cuando todavía tienen la cocina para ellas solas y la casa está sumida en el más absoluto silencio. Dedos entrelazados, o dedos que dibujan figuras sin sentido en la piel descubierta de su muslo, bajo una manta mientras ven una película. Tiernos gestos de cariño a los que las chicas ya están acostumbradas, y que sería raro si no siguieran haciéndolos, solo que ahora van cargados de más sentimiento, tienen una doble dimensión, son una tirita temporal. Y, por supuesto, las intensas sesiones de darse el lote en la seguridad de la habitación de la pelirroja.

El resto del tiempo, Beca se limita – y se contenta – con admirar desde la distancia.

Como ahora.

- Venga, chicas, solo diez vueltas más – anima una jadeante Chloe.

Las Bellas dejan escapar un gruñido colectivo, y el auditorio vuelve a sumirse en el relativo silencio que proporciona la media hora de cardio obligatoria para todas antes de empezar con los ensayos. Lo único que se escucha son sus elaboradas respiraciones, algún que otro jadeo, y el rítmico golpeteo de diez pares de deportivas subiendo y bajando las escaleras de las gradas.

Beca se seca con la manga de su camiseta el sudor que le cae de la frente y amenaza con dejarle ciega de un ojo. Se centra en coger aire y expulsarlo de la forma más normal que puede, pero siente como si tuviera una pesa de mil kilos en el pecho y cada bocanada de aire silba al entrar en sus pulmones. Los músculos de sus piernas arden por el esfuerzo, cada vez que piensa que aún le quedan diez vueltas se siente desfallecer.

¿Lo único bueno? Que lleva a Chloe delante.

De modo que, cuando cree que va a desmayarse en el suelo por falta de oxígeno, alza los ojos de donde los mantiene fijados en las escaleras para no tropezar, y se regala la vista con la preciosa imagen de la pelirroja vestida solo en shorts y un sujetador deportivo. No hace falta decir que los shorts son realmente cortos, pero cortos cortos, y le hacen un culo que…

Beca da un paso en falso, subiendo un escalón que no existe por ir despistada, pero recupera el equilibrio antes de que alguien se dé cuenta. Contiene el suspiro que lucha por escapar de su boca, no es que pueda desperdiciar el aire así como así dada su situación.

Sin darse cuenta, vuelve a encontrarse a sí misma admirando a Chloe. Su culo, mejor dicho. Y los músculos de su espalda, que se contraen con cada movimiento de sus brazos. Y sus largas y tonificadas piernas, que saltan de escalón a escalón con decisión. Y esa piel morena que ahora está perlada de sudor.

- ¡Rodillas arriba! – ordena la pelirroja.

La DJ aprieta los dientes y obedece al instante, tratando de que sus rodillas alcancen la altura de sus costillas. Cuando alza la vista de nuevo, ve que este nuevo ejercicio hace que los shorts deportivos de Chloe se estiren y marcan a la perfección su culo. Como si hubiera notado su penetrante mirada, la co-capitana gira un poco la cabeza y le lanza un guiño por encima del hombro.

«Madre del amor hermoso, esta mujer va a ser mi muerte», piensa, tragando saliva inexistente, porque cada gota de agua que tiene en su cuerpo está saliendo por sus poros en forma de sudor.

- Nueve vueltas más – anuncia Chloe al llegar otra vez a las escaleras de subida.

Vale. Solo nueve. Puede hacerlo. Claro que puede. Si es capaz de dejar de mirarle el culo a su mejor amiga. Cosa que va a parar de hacer ya…

No, venga, ahora sí. ¡Ya!

Joder, vale. ¡Ya!

Bueno, un último vistazo y para.

En cuanto aparta la mirada del suelo, sabe que ha metido la pata – y nunca mejor dicho ja, ja, ja, qué chistaco. Casi quiere ponerse los ojos en blanco a sí misma. No tiene tiempo, porque la punta de su deportiva se engancha en el borde de uno de los escalones. Siente el tirón, pero reacciona demasiado tarde, y antes de saber lo que está pasando está cayendo hacia delante sin oportunidad para extender las manos y amortiguar el golpe.

Sus espinillas, sus rodillas, sus costillas y su sien izquierda chocan contra las escaleras en una de las tortas más dolorosas que Beca se ha dado en su vida, y se ha dado unas cuantas – no es su culpa haber nacido tan torpe.

Algún tipo de quejido debe escapar de entre sus labios, y cree haber escuchado un grito de alerta de Stacie, que iba justo detrás de ella en la fila, porque todas paran de correr simultáneamente y acuden en su rescate. Varias manos tiran de ella para tumbarla en un suelo plano, pero Beca está demasiado atontada como para abrir los ojos o reaccionar. Apoyan su cabeza sobre algo blando y alguien acaricia su cara, a la espera de una respuesta por parte de la DJ.

- Beca – suplica Chloe, su voz suena distorsionada, como si la morena estuviera sumergida bajo agua –. Becs, ¿estás bien?

- Se ha matado – musita Flo, seguido de una especie de palmada y un quejido.

- ¡No digas eso! – le regaña Stacie –. ¡Asustas a Emily!

- Vaya, una gay menos en el mundo – se lamenta Amy la Gorda –. Lo siento mucho, CR.

- Tía, con ese tema no se bromea – contesta la aludida con brusquedad.

La DJ por fin es capaz de tomar las riendas de su cuerpo y fuerza a sus párpados a abrirse con un aleteo. Le cuesta varios intentos hasta que es capaz de enfocar la vista, lo primero que ve es el rostro preocupado de Chloe flotando sobre ella, y más atrás todas las Bellas en un corro.

- No… No soy gay – la queja escapa de su garganta en una voz ronca que le cuesta reconocer como suya.

Todas las chicas dejan escapar varias risas aliviadas, sacudiendo sus cabezas con sonrisas de incredulidad.

- Por supuesto eso es lo primero que dice cuando revive – comenta Cynthia Rose poniendo los ojos en blanco.

Beca trata de moverse y siente cuatro puntos diferentes de su cuerpo lanzar punzadas de dolor a la vez. Gime, su rostro contraído en una mueca, pero consigue sentarse. Las manos de Chloe, que en ningún momento se alejan de su cuerpo, rodean sus hombros para ayudarla a incorporarse poco a poco para evitar marearse, y luego le tienden la botella de agua que Emily ha salido corriendo a coger de la mochila de la DJ.

La Heredera descubre una bolsa de hielo, oculta tras su cuerpo hasta ese momento y que ha sacado de la neverita que el propio rector de la universidad había pedido que instalaran en el auditorio después de muchas – muchas – visitas urgentes de las Bellas a la enfermería.

- Gracias, Em – Beca esboza un intento de sonrisa que se convierte en una mueca en cuanto apoya la helada tela contra su sien izquierda.

Al mismo tiempo da pequeños sorbos al agua, sintiéndose mucho mejor a medida que va vaciando la botella e rehidratando su dolorido cuerpo. Con la asistencia de la pelirroja, se levanta y cojea escaleras abajo.

- Chicas, vamos a dar el ensayo por terminado por hoy – informa Chloe mientras se cuelga su mochila y la de Beca de ambos hombros.

- Oh, vaya, qué pena – Amy finge lástima, pero todo el mundo nota el sarcasmo que desprenden sus palabras.

- No sufras, Amy – le tranquiliza Beca –. El próximo día recuperaremos el tiempo perdido.

- ¡Eso es injusto! – la queja de la australiana es coreada por las demás Bellas –. No es nuestra culpa que te despistaras mirándole el culo a Chloe.

La morena lucha el rubor que amenaza con extenderse por sus mejillas, porque si tan solo supieran que eso era exactamente lo que estaba haciendo… Como toda respuesta a la pulla de su amiga, pone los ojos en blanco y continúa cojeando hasta la salida, con Chloe apresurándose para ponerse a su lado. No necesita mirarla para saber que una sonrisa cuelga de sus labios.

Afortunadamente para Beca, la pelirroja se traga las ganas de meterse con ella por el tema, y no hace comentario alguno al respecto. Cosa que la DJ agradece, porque tiene que concentrarse en caminar a pesar de las punzadas de dolor de sus rodillas, y joder, nunca antes se había dado cuenta de lo lejos que está el auditorio de su casa.

Cuando por fin llegan, no tiene energías para subir hasta su habitación así que acepta la generosa oferta de Chloe de quedarse con ella en su cuarto. Solo por no tener que subir más escaleras. No porque estén solas en la casa, ni porque puedan aprovechar que las Bellas parecen haberse buscado otros planes, ni porque no pueda dejar de pensar en lo bien que le quedan esos pantalones deportivos – o lo bien que estaría sin ellos puestos.

Colapsa en la cama con un gemido que es una mezcla de alivio y dolor, y la pelirroja reaparece en la habitación tras un viaje exprés a la cocina para reemplazar la bolsa de hielo ya derretida por una nueva. Se sienta con cuidado en el borde del colchón, a la altura de las costillas de una DJ tumbada, y apoya la tela congelada contra la sien izquierda de Beca.

- Auch – se queja ella.

- Perdona – musita la disculpa sin dejar que se rompa su concentración –, pero es lo mejor si quieres evitar tener un cuerno mañana.

La morena se ríe, pero su carcajada se convierte en una mueca de dolor y un gemido ahogado. Sus brazos se cruzan alrededor de sus costillas en un gesto que preocupa a Chloe.

- ¿Dónde te duele? – pregunta.

- En todos lados – gime Beca –. Para que luego digan que el deporte es bueno para tu salud…

- Bueno – dice la pelirroja con una risita –, estoy segura de que los que dijeron eso no estaban pensando que fueras capaz de convertir el cardio en un deporte de riesgo.

- No es mi culpa, ¿vale? – se defiende –. ¿A quién se le ocurre poner a una persona tan torpe como yo a subir y bajar escaleras corriendo? ¡Es pedir a gritos un accidente!

- Y si aún encima te despistas mirándome el culo… – Beca cierra los ojos, sabiéndose pillada. Chloe se ríe, espera hasta que azul medianoche vuelva a reaparecer para regalarle un guiño burlón –. No me malinterpretes, es todo un halago que te hayas caído por mi culpa – se lleva una mano al pecho en un gesto de falsa conmoción –. ¿Hay alguna forma de que pueda agradecértelo?

Eso despierta inmediatamente el interés de la DJ, sus ojos se iluminan con ese brillo pícaro que Chloe tanto adora, y el cambio es tan cantoso que la pelirroja tiene que sofocar la risa que quiere escapar de su garganta. Toda su diversión, sin embargo, se convierte en algo bastante diferente cuando observa a Beca recorrer todo su cuerpo con su mirada. Ojos azul medianoche se oscurecen a medida que suben por sus largas piernas, y la morena se humedece los labios al llegar al torso semi descubierto de Chloe.

- Se me ocurren unas cuantas ideas – murmura.

Su voz ronca hace que el estómago de la pelirroja dé una violenta voltereta, y atrapa su labio inferior entre los dientes, ladeando la cabeza con interés y fingida inocencia.

- ¿Ah sí? – presiona. Quiere que sea Beca quien lo pida.

- Ajá – asiente ella. Entonces, tomando a Chloe completamente por sorpresa, la DJ empieza a cantar –: Kiss it, kiss it better, baby – arquea una ceja en desafío.

La pelirroja acepta con gusto, y se coloca a horcajadas sobre Beca con cuidado de no hacerle excesivo daño, pero la morena está tan inmersa en Chloe y en lo que va a hacer, que ni siquiera presta atención a su dolorido cuerpo. Parpadea con confusión cuando ve que su mejor amiga no se acerca a sus labios, sino que empieza a recular hasta sus pies.

Antes de que pueda abrir la boca para preguntar qué demonios está haciendo, Chloe se inclina hacia delante y su boca conecta con su pierna izquierda, sobre la zona de la espinilla, que todavía está algo colorida por el golpe. El siguiente beso aterriza en la pierna opuesta, y los dos siguientes en las rodillas.

Sus labios se deslizan sobre la piel de sus muslos, provocando que se erice allí donde pasan, y esta vez Chloe deja dos suaves mordiscos en el interior. Contiene una sonrisa cuando escucha el gemido que Beca reprime y ahoga en su garganta, y el abrupto pico de su respiración. Sigue escalando a lo largo del cuerpo de la morena, se estabiliza apoyando ambas manos en su cintura y le regala dos besos extra en cada hueso de la cadera.

Pero no deja que sus manos se queden ahí quietas, las mueve con ella a medida que gatea por el colchón. Se enganchan en el bajo de la camiseta granate que Beca lleva, y la arrastran con ellas para dejar al descubierto un tembloroso estómago que sube y baja con cada laboriosa inhalación. Aquí, Chloe se toma su tiempo, deja un beso en cada costilla a la que tiene acceso. Cierra los ojos cuando los dedos de la DJ se enredan en su pelo y se crispan cuando da pequeños mordiscos que luego suaviza con la lengua y otro beso.

Se para justo bajo el borde azul del sujetador deportivo de Beca, y deja que sus labios acaricien la piel a lo largo del trayecto hasta detenerse entre ambos pechos. Le da un beso antes de saltar sobre el sujetador y plantar otro beso en el comienzo del canalillo.

Un resoplido frustrado escapa de la DJ, llama su atención y trae una sonrisa torcida a su boca. Cada tirón de los dedos de la morena en su pelo, cada vez que su menudo cuerpo se retuerce bajo sus labios, cada gemido que muere sofocado en la garganta de su mejor amiga. Sabe que es la causante de la desesperación de Beca y nada podría hacerle sentir más orgullosa

Asciende a lo largo del esternón de Beca y por la temblorosa columna de su garganta, solo desviándose una fracción de segundo para depositar un beso sobre la zona de su cuello donde su alocado pulso late como las alas de un colibrí. Dibuja la afilada línea de su mandíbula con labios, dientes y lengua hasta atrapar el lóbulo de su oreja en su boca. Le da un suave mordisco que tiene a Beca gimiendo y revolviéndose bajo ella, tirando de los mechones cobrizos que tiene apresados en sus manos para reclamar la atención de Chloe donde más la necesita en este momento.

Sus labios se unen en un beso abrasivo, presionando y deslizándose unos sobre otros con la desesperación de quien ha sido torturado durante meses sin beber y por fin tiene en su poder una botella de agua. Sus lenguas se enzarzan en una sensual danza primitiva, empujándose, rozándose, tentándose; toda una demostración de sus habilidades y una competición por ver cuál de las dos consigue dominar a la otra.

La pelirroja se recoloca para estar más cómoda. Sus rodillas encuentran apoyo a cada lado de una de las piernas de Beca, sus antebrazos se extienden sobre el colchón de forma que es capaz de mantener el equilibro y estar suspendida sobre la DJ, pero al mismo tiempo tener sus manos libres para que revoloteen por el torso descubierto de su mejor amiga.

Mientras sus bocas siguen explorándose mutuamente, las manos de Chloe se mueven por decisión propia. Largos y esbeltos dedos se curvan con cuidado alrededor de las costillas de Beca, justo bajo el sujetador. La morena arquea la espalda ante el contacto, en busca de más, y la pelirroja no duda ni una milésima de segundo antes de satisfacer esa necesidad.

Descansa todo su peso sobre un codo para liberar un brazo, agarra el hueso de la cadera de Beca para tirar de ella hacia abajo. Hacia su rodilla estratégicamente colocada. Capta el abrupto pico de la respiración de la morena junto con el jadeo que escapa de entre labios hinchados que rompen el beso por la sorpresa. Ojos azul medianoche desaparecen tras un rápido parpadeo, el mismo que da una persona que está luchando por mantener los ojos abiertos cuando lo único que quiere hacer es cerrarlos.

Suspendidas en un tiempo y espacio que se detiene de golpe, por unos instantes solo se las escucha respirar agitadamente.

Entonces Beca tira del cuello de Chloe para capturar sus labios en otro apasionado beso, y el mundo vuelve a funcionar. La Tierra retoma sus vertiginosos giros, catapultando a ambas amigas a una espiral de deseo incontrolable.

La mano libre de la pelirroja se desliza a lo largo de la piel erizada del costado de Beca con su destino bien claro. Avanza lenta, pero segura. Sus dedos se enganchan bajo el borde elástico del sujetador deportivo de la DJ, colándose por debajo.

Un piso más abajo, la puerta de la casa se abre con un fuerte golpe, sobresaltándolas. Nadie puede verlas, pero aun así se separan la una de la otra igual que si se hubieran quemado. Chloe recula sobre sus rodillas, el pelo hecho un desastre por los tirones de Beca, su pecho sube y baja con cada agitada inhalación, y sus labios están enrojecidos por tantos besos y mordiscos.

La DJ no tiene mejor aspecto. Mejillas sonrojadas, labios hinchados, respiración entrecortada. Cuando abre los ojos de par en par por el susto, no es azul medianoche lo que ocultaban sus párpados, sino casi negro.

En el momento de inmovilidad que sigue al portazo, ambas se miran fijamente, todavía con restos de ese breve instante de pánico en sus rostros. Pueden escuchar pasos y gritos en el piso de abajo, así como el inconfundible tintineo de botellas y el crujir de las bolsas de papel.

- ¡QUE NO PARE LA FIEEEESTAAAAA, ACA-ZORRAS! – brama Amy la Gorda, coreada por las demás Bellas, antes de que empiece a sonar música a todo volumen.

Beca suspira y se cubre la cara.

- Deberíamos haber huido cuando tuvimos la oportunidad – maldice, su voz ahogada por sus manos.

Chloe, a pesar del océano de deseo que todavía puede sentir agitarse en su estómago, se las apaña para hacer pasar una risita a través de su seca garganta y sacude la cabeza en un gesto de negación. Apenas se ha levantado de la cama y adecentado, cuando Stacie pasa frente a la puerta abierta de la habitación de la pelirroja.

- Stace, ¿se puede saber qué está liando Amy? – inquiere Chloe en cuanto ve a la Bella.

La aludida frena de golpe al escuchar su nombre y se desvía de su camino para asomarse.

- Vamos a celebrar el final de exámenes – sonríe ampliamente con una sacudida de hombros. Se da cuenta de que la DJ está sentada en la cama, extrañamente callada, y ladea la cabeza para mirarla con más atención –. ¿Estás bien, Becs? Pareces un poco… – frunce el ceño, pensando en la palabra adecuada – …acalorada – señala con un dedo sus propias mejillas.

La morena se lleva ambas manos a la cara y, efectivamente, puede sentir el calor que irradia sin siquiera apoyarlas en la piel. Traga saliva, su mente funcionando a cien por hora en busca de una excusa creíble.

- Erm… Sí – titubea –. Es por el… Ya sabes… – hace un gesto con la mano y siente una punzada de dolor en las costillas, más suave que antes, que le sirve de recordatorio –, el golpe.

Pero Stacie no es tonta. Sus ojos verdes se entornan ligeramente en sospecha por la vaga explicación. Además, aunque esté centrada en Beca, puede ver a Chloe por el rabillo del ojo tratando de tragarse su sonrisa. Lo cual tiene todavía menos sentido, porque si es la pelirroja quien ha provocado que la DJ se sonroje, normalmente se muestra orgullosa de ello y se lo cuenta a cualquiera que esté – o no – interesado.

No dice nada, sin embargo. Asiente y les informa despreocupadamente de que tienen tiempo para ducharse mientras las demás Bellas preparan todo para la celebración. Luego, gira sobre sus talones y sigue su camino hacia su habitación.

- Aquí hay gato encerrado fijo – musita para sí misma mientras cierra la puerta tras ella.


N/A: Hagan sus apuestas, señoras y señores. ¿Conseguirán las Celesbellas pillarlas o no? Y si sí consiguen pillarlas, ¿cómo creéis que va a ser?

Varias cositas a mencionar: la canción que medio canta Beca para que Chloe la bese es "Kiss is better" de Rihanna. Soy una gran fan, ¿vale?, tenía que conseguir meterla de alguna forma.

Segunda cosita: ¿recordáis que os dije que estaba trabajando en un one-shot de fin de año? Ya, bueno... Quizá llegue con unos días de retraso... Me ha pillado bien fuerte la gripe y no he podido hacer nada, ni escribir, ni estudiar, ni siquiera disfrutar de la Navidad ¡y es mi época favoritaaaaa! :'(

Así que, mis más sinceras disculpas. Seguid siendo pacientes conmigo, porfis.

Y ya, última cosita: muchísimas gracias por todos vuestros comentarios. Quizá no responda porque los veo en el móvil y es un rollo tener que entrar en la cuenta y todo eso, pero los veo. Siempre. Todos. Y os prometo que me alegran la vida. Así que, seguid seguid ;)