Perdón por la hiper ultra mega tardanza, pero me tuvieron todo el día corriendo de aquí para allá y no pude actualizar. Éste capítulo se ubica temporalmente unas semanas antes del prólogo de Χρυσό και Θεοί.

Capítulo 10

Libertad

Era actual

-Emperador Poseidón...titubeó Sorrento con timidez, mientras se inclinaba ante el trono de su señor.

Éste volvió su atención hacia el general con el rostro inexpresivo.

-¿Qué es lo que quieres, Sorrento?, preguntó.

-Eeeh...su hermano está aquí, señor. Solicita veros con urgencia.

-¿Y tú esperaste a qué para decirme? Anda, ¿qué esperas?, apremió.

El austríaco asintió y salió corriendo hacia la puerta. La abrió y dejó entrar al hijo mayor de Cronos. Acto seguido, inclinó la cabeza en un mudo saludo y desapareció, del otro lado de la puerta.

-¿Qué es lo que quieres pedirme, Hades?, inquirió, intrigado por el semblante atormentado que veía frente a sí.

-¿Todavía guardas el ánfora que te di?, preguntó éste, sin rodeos.

-¿Qué estás planeando, Hades?, preguntó con cierta sospecha.

-Quiero liberar a mi mujer de esa ánfora.

-Hermano...

-Lo sé, lo sé, no debería. Pero es que ya no soporto más. Antes podía soportarlo al pedirle a Hécate que me la mostrara y por lo menos sabía que estaba bien y era feliz. Ahora no puedo y la angustia me está matando. Traté de distraerme yendo al Santuario, como bien sabes, pero ello solo empeoró mi estado anímico. Además, de que Hera me fue a decir que la que causó toda esa Teomaquia fue ella indirectamente. Perséfone no tuvo toda la culpa. Talvez sí es cierto que merece otra oportunidad.

Poseidón suspiró.

-¿Hablaste con Zeus sobre eso?, preguntó.

-Me dio su visto bueno, pero me advirtió que fuéramos con cuidado.

El menor se pasó la mano por la barbilla, pensando.

-Ésta bien, haremos esto. Vamos a liberarla, pero ella se quedará aquí un tiempo, en una de las mazmorras, hasta que pruebe o no su arrepentimiento. No me fío de ella y ya mintió una vez. Podría hacerlo de nuevo. Y tal vez lo que necesite es pensar un poco y hacer un examen de conciencia. A solas.

-Está bien, hermano. Como desees, cedió, un poco disconforme.

-No te preocupes, no le haré daño, aseguró.-Es solo por precaución. Ven conmigo, solicitó, levantándose del trono y adentrándose en el interior del templo, hacia el Soporte Principal.

-Veo que aquí también han tenido que trabajar mucho en reparaciones, ironizó Aidoneo.

-Claro que sí. Han trabajado duro. No es fácil reconstruir ocho pilares, aún con mi ayuda. Por eso les he dado tiempo libre. Solo Tethys y Sorrento insistieron en quedarse. El resto no sé dónde andarán.

-Lo dice el hombre que construyó solo la muralla de Troya.

-En aquella época todo fue distinto. Por no mencionar al infeliz de Laomedonte, que se negó a pagar nada.

-¿Y Kanon?

Poseidón se encogió de hombros.

-Le dije que no era necesario que viniera a meter mano, más que todo para que no lo mataran, pero aún así consideró necesario ayudar. Y yo no me iba a quejar.

-Ya veo. Deméter me ha gritado.

-¿En serio?

-Se creyó que yo no iba a ser capaz de sellar a Perséfone. Y cómo lo hice, me acusó de mal esposo, me dijo que he debido apoyarla y no sé cuántas cosas mal.

-Se ha creído que ser su esposo significaba aguantarle todo y apoyarla hasta en sus equivocaciones, repuso el estremecedor de la tierra, sacudiendo la cabeza.-Qué fácil es hablar cuando no se sabe lo que es estar casado.

-No voy a negar que me ha herido. Como si no me sintiera lo suficientemente culpable...

-No le hagas caso. Ella necesita comprender que un matrimonio es de todo menos perfecto a veces.

-En fin. ¿Dónde está tu mujer?

-No lo sé. Debe de andar por ahí, jugando con sus hermanas. Me temo que eso nunca se le va a quitar, suspiró.

Entraron al enorme pilar que sostenía todo el templo como un gran cimiento.

-¿Así que aquí estuvo encerrada Athena?, preguntó Hades con una nota de sorpresa en la voz.-Soportando todas las aguas del mundo sobre ella.

-Ella así lo quiso. Y me hubiera sorprendido que no lo lograra, pues no es una diosa débil. Pero lo logró y me dio lo que merecí.

-Nos dio a ambos lo que merecimos, ni más ni menos, repuso áquel que recibe a muchos.-En buena hora rectificamos. Es una lástima que Hera se aprovechara de eso. Pero ya verá la desgraciada.

Poseidón cogió el ánfora con cuidado. Negra como el ébano, se podía ver en ella un sello con el nombre de quién estaba sellado en ella. Se la tendió a Hades, que sintió un nudo en la garganta.

-¿Estás seguro de que has hablado con Zeus, Hades?

-Sí, hermano. Lo juro por el Estigia.

-Bien. Puedes proceder.

Hades cogió el sello y lo desprendió con cuidado. El pergamino se quemó. La mano del señor del Inframundo destapó el ánfora y apuntó la boca del recipiente hacia el suelo. Una luz oscura se desprendió del recipiente durante unos segundos y se extinguió, mostrando a la hija de Deméter dormida sobre el suelo. Hades se agachó, alzándola en brazos, y la apretó sobre su pecho, sintiéndose por fin tranquilo.

-Sígueme, Hades, oyó la voz de Poseidón.-No olvides nuestro trato.

Siguió a su hermano por los corredores del templo, hasta el sótano, donde se encontraban las mazmorras.

-No quiero que esté incómoda, así que mandaré a acondicionar la celda de inmediato. Todavía sigue siendo una reina y merece ser tratada como tal. Ella no se dará cuenta de nada. Después de todo no despertará en varios días, repuso abriendo la puerta de la celda con cuidado y apartándose, para dejarle espacio a Hades.

Éste depositó con cuidado a su esposa en el camastro, y le acarició la frente tras besarla.

Poseidón cerró la puerta con llave y acompañó a su hermano de vuelta al salón del trono.

-No tienes de qué preocuparte, le confió.-Si se comporta la trasladaré a una de las habitaciones. Porque te aseguro que despertará haciendo berrinche.

-Gracias, hermano. Te lo agradezco.

-Apenas despierte te lo haré saber. Y cuando sea tiempo, la mandaré al Inframundo. Aunque quizás debería enviarla al Olimpo viendo la época del año.

-Ella puede orientarte en ése aspecto. Solo espero que entre en razón. Mi hermosa flor, murmuró por lo bajo, con cierto dolor.

-Ya no preocupes, hermano. Perséfone siempre fue una diosa prudente.

-Te la encomiendo, Poseidón. Cuídala bien, murmuró antes de desaparecer.

-¡Sorrento!, llamó éste inmediatamente. El mariner corrió la puerta y asomó la cabeza.

-Dígame, señor.

-Ven aquí. No, se corrigió.-Ve a buscar a Thetys y vengan aquí los dos.

El austríaco asintió y fue a buscar a la danesa sin más tardanza.

-¡Zeus!, llamó, levantando un poco la voz.-Necesito hablarte, hermano.

El poderoso cosmos perteneciente al rey de los dioses se presentó en la estancia precediéndolo.

-¿Qué deseas de mí, Poseidón?, preguntó con voz calma.

-Deseo saber tu opinión acerca de la liberación de tu hija. Es cierto que puede ser arriesgado.

-No tengo nada en contra, como bien le dije a Hades. Pero sí debes tener cuidado, querido hermano. Sabes el temperamento que tiene esa niña.

-No es necesario que lo digas, eso ya lo sé. He tomado las precauciones necesarias. Y quizás alguien debería decirle a Athena, solo por si acaso.

Ante la mención de su primogénita, el ceño del Tonante se frunció profundamente.

-¿Acaso he dicho algo que no debiera?, se preocupó.

-Ahora que mencionas a ésa hija mía me he acordado de algo. En ése Santuario ya no se nos respeta en lo absoluto. Quiero a Athena fuera de ése lugar. Y cuando ella esté afuera, los castigaré por su insolencia.

-Athena se opondrá.

-Ya lo sé. Pero no le quedará otra opción más que obedecerme.

-Lo veía venir.

-¿Es todo lo que necesitas de mí, hermano?

-Sí, Zeus. Puedes retirarte.

El dios se retiró prestamente, justo cuando se abría la puerta dando paso a los dos mariners.

-Se tardaron demasiado, repuso con cierta hosquedad.-Tú, casi que le gruñó a Sorrento.-ve a buscar a tus compañeros. Las vacaciones se acabaron. Thetys, ven conmigo.

La joven se apresuró a caminar detrás de su señor. Sorrento parpadeó, confundido.

-Claro, facilísimo, se quejó.-Solo tengo que ir a buscar a mis camaradas, qué sabrá Hermes por donde andarán. En fin, órdenes son órdenes, se resignó, mientras se daba la vuelta y salía de la estancia.

Mientras tanto, el esposo de Anfitrite había guiado a Thetys hasta el lugar donde dormía la de delgados tobillos.

-Quiero que acondiciones esta celda para que no parezca tanto una celda. Ella merece algo mejor que esto. Y no la pondré fuera hasta estar seguro que es de fiar. Si se despierta, no te preocupes, la energía que he colocado aquí como campo de energía no la dejará escapar. Si te grita ignórala. Y dime inmediatamente.

-Sí, señor, como ordene, musitó la muchacha, obedientemente.

-Voy a recostarme. Si mi mujer aparece por ahí, díselo.-Últimamente anda muy juguetona y casi no la veo.

-Sí, señor.

-¡Ah, lo olvidaba!, expresó haciendo aparecer el tridente y tendiéndoselo.-Toma. Solo por si acaso.

-Pero señor...no puedo..., se negó, aturdida.

-Éste tridente te protegerá de Perséfone, Thetys. No me pidas que te deje aquí sin protección.

-Está bien, señor. Como desee, dijo, inclinándose con gentileza. Acto seguido tomó el tridente que le tendía el dios. Sintió el poder correr desde el arma hasta su brazo.

-¿Cómo te sientes?, se interesó la deidad.

-Algo abrumada.

-Tranquila, le aconsejó él.-Ahora, solo debes usarlo en caso de emergencia. Tampoco quiero que andes por ahí con él.

-Sí, señor. Como diga, repitió.

-Te dejo sola para que hagas lo que te he mandado, expresó, retirándose, mientras se sobaba las sienes. Recorrió los pasillos hasta llegar a su alcoba. Empujó la puerta y entró. Miró distraídamente la cama.

-Te noto tenso, cariño.- ¿Sucede algo?

Se volvió con sobresalto, mientras se adentraba más en el cuarto. Cuando llegó hasta la suave pileta que servía de una especie de bañera de roca se encontró con la dulce hija de Nereo que tenía por esposa.

-Ah, eres tú. Me asustaste, repuso.

-¿Por qué?, sospechó ella.- ¿Acaso has vuelto a revolcarte con alguna otra y temes que lo descubra?

-No, cortó él, de manera cortante.-No es eso.

Ella se levantó, dejando que el agua chorrera hacia abajo, sobre sus formas generosas y salió del agua con el cabello blanco azulado pegado a la cara y al cuerpo.

-¿Qué te sucede, cariño?, se preocupó abrazándolo por detrás juguetonamente.- ¿Alguno de tus súbditos ha cometido alguna trastada que te tiene molesto?

-No es eso. Es Perséfone.

-Ella está encerrada en el ánfora. ¿Por qué habría de representar un problema?

-Porque Hades la ha liberado. Ha hablado con Zeus. Ahora está abajo, encerrada. No me gusta.

-No te preocupes. Ha de haber habido un motivo de peso para que el padre Zeus le permitiera a Hades liberarla. No lo habrá hecho sin razón alguna. Si la encerraste como prevención, está bien, solo hay que comprobar que se arrepienta, lo tranquilizó, jalando las mangas de la túnica.-Olvídalo y ven al agua, ronroneó con coquetería.

Él la miró con el ceño fruncido. Suspiró y se desprendió de la ropa, pensando que talvez el agua lo relajaría lo suficiente como para olvidarse de aquel penoso asunto. Se introdujo en la pileta y se sentó en el fondo, dejando que el agua acariciara su piel y lo relajara. Sintió a Anfitrite recostarse contra su pecho y éste se agitó en un ruidoso suspiro, mientras echaba la cabeza atrás y cerraba los ojos buscando el sueño. Así los encontró Thetys cuando subió, para preguntarle algo a su señor. La muchacha se retiró prudentemente, prefiriendo dejar aquellos asuntos para después.

Una semana después

Perséfone despertó en medio de la bruma vespertina. Se irguió en el camastro, aturdida. Sus ojos se fijaron en los barrotes de oro que delimitaban la celda. Sentía un colchón suave debajo de ella. Su mirada se fijó en Thetys, que dormía sobre la banca con el tridente aferrado fuertemente y se levantó bruscamente. No pudo ir muy lejos sin que las cadenas de coral que la sujetaban chirriaran estruendosamente. La muchacha se despertó sobresaltada por el chirrido.

-¡Tú! ¡Sácame de aquí! ¿Cómo te atreves a encerrarme aquí, mortal?

Thetys se arrinconó contra la pared instintivamente, con el tridente por delante.

-No soy yo la que os tiene cautiva, mi señora. Iré inmediatamente a buscar a mi señor para que hable con vos. Por favor, esperad, acertó a decir, mientras dejaba el tridente en una esquina y salía corriendo.

La diosa empezó a jalonear las cadenas coralinas con fuerza, tratando de soltarse. Consiguió soltar la mano derecha y ya jaloneaba la mano contraria cuando se dio cuenta de la energía que flotaba en el ambiente. La energía de un dios.

-¡Poseidón!, escupió la palabra casi con desprecio. Oyó pasos en el corredor y se sentó en aquella suerte de cama apresuradamente. Se dio cuenta que el colchón era suave como el vellón de una oveja. Las sábanas eran de seda y la almohada de dulces plumas. El cobertor tampoco era nada despreciable.

En eso estaba, cuando Kanon entró en la estancia.

-¡Tú!, escupió, hecha una furia, mientras se levantaba, siendo capaz de llegar mucho más lejos que la vez anterior. Él cogió el tridente y la apuntó con él de manera defensiva.

-Cálmate, Perséfone, la tranquilizó el gemelo.-Estoy aquí para ver cómo estás. Veo que has despertado de tu sueño.

-¿Qué quieres?, receló ella.

-Me envía la señorita Athena para ver cómo estás, repitió él.-Me disculpo por las cosas horribles que dije. No debí haberlo hecho.

-¿Cuánto tiempo he estado dormida?

-Una semana. Pero llevabais sellada ya varios meses, explicó, cambiando el modo de dirigirse a ella.

-¿Y qué hago aquí?

-Eso os lo puede explicar el emperador Poseidón. Yo no estoy enterado de lo suficiente.

-¿Dónde está mi marido?, preguntó.- ¿Cómo es que ha permitido esto?

-Hades está en el Inframundo. Ha sufrido mucho estos meses, señora. Por eso estáis libre. Vuestro esposo ya no podía más con la angustia que sentía por haberos sellado.

El rostro de ella cambió de repente.

-Él... ¿él ha sufrido?

-Por supuesto. Estuvo en el Santuario un tiempo y se dio gusto disciplinando a mis compañeros. Pero debajo de la aparente frialdad, era muy visible su mal estado anímico. Éste último tiempo se deprimió bastante.

-Yo...no lo sabía, musitó, aturdida.

-¡Por supuesto que no lo sabías, querida cuñada!, interrumpió el emperador del océano, apareciendo de repente. Kanon le tendió el tridente y se retiró tras una inclinación breve de cabeza.

-Sácame de aquí, tío, exigió.

-No hasta que pienses en lo que has hecho. Tu marido acudió a mí para que te liberara sí. Pero yo no me fío de tí y por eso te he encerrado. Vas a quedarte ahí y a pensar en lo que has hecho. Si por entonces demuestras ser digna de tu libertad, te la otorgaré. Si no, volveré a sellarte yo.

-No he hecho nada malo. No te ablandes, tío.

-Oh, talvez no, repuso él con sarcasmo.-Talvez no. ¿O sea que para tí el sufrimiento de Hades no vale nada? Mi hermano sufrió demasiado con éste asunto, Perséfone. Se atormentó mucho por haberte sellado. El hombre que vino hace una semana a mí, tenía el rostro de un alma en pena.

Perséfone sintió que su voluntad flaqueaba.

-Por no mencionar que Hera reconoció haberte manipulado en contra de Athena con la esperanza de que os matarais la una a la otra. Para mi hermana la culpa es tuya por haberte dejado manipular tan fácil, siendo capaz de pasarle encima a tu propio marido y al amor que sientes por él con tal de lograr tus objetivos. Y se lo dijo a Hades justo después de que él te había sellado, exacerbando su dolor. Pandora asegura que se privó de la ambrosía por bastante tiempo. Athena siempre lo supo, en cierta manera, por eso nunca trató de pelear contigo y se limitó a ir a la defensiva.

Ella parpadeó, confundida. La vergüenza empezaba a enseñorearse de su persona. Poseidón interpretó bien su silencio.

-Piensa sobre ello. Has hecho un gran daño a muchos. Incluido Hades. Sé que debes estar planeando vengarte de Athena por lo que sucedió en el Santuario, pero deberías plantearte si es lo correcto seguir dándole el gusto a Hera.

Ella siguió en silencio por un buen rato.

-Solo piénsalo, replicó él.-Cuando lo hayas hecho, dímelo. Y entonces veremos si mereces o no tu libertad.

-Espera, lo retuvo ella.-Quiero saber qué opina mi madre de esto. Porque en un inicio se negó a toma partido, pero es obvio que neutral no permaneció.

-Tu madre siempre ha sido mala tomando decisiones y lo sabes. Y como siempre, culpa a los otros de ellas. En un inicio, cuando se enteró de lo que sucedía, no quiso tomar partido. "No me incumbe", dijo. "Ella tiene a Hades", dijo. Pero se le olvidó que nosotros no podemos poner nuestro deber por debajo de nada, ni siquiera nuestros seres queridos. Aspecto que ella pasó olímpicamente por alto cuando Hades te raptó, poniendo al mundo en caos. Aspecto que pasó por alto cuando yo la poseí, hace ya tanto tiempo. Hades es lo contrario a eso. Siempre ha sido muy celoso de su deber y de los pactos que guarda. Por eso se vio en el predicamento de sellarte, o dejarte hacer lo que quisieras aunque no fuera lo correcto.

Para Deméter fue muy sencillo culpar a Hades de la inestabilidad que mostraste. Ella le dijo que si te hubiera apoyado nada de eso hubiera pasado. Le dijo que era un mal esposo.

Los ojos de Perséfone se llenaron de lágrimas. Bajó la cabeza avergonzada.

-Yo no quería..., susurró.-No tenía idea...

-Por supuesto que no tenías idea. Hera jugó muy bien sus cartas al manipularte por medio de tu relación con Hades. Estuviste a punto de desaparecer a Pandora del Inframundo. Eso no solo hubiera perjudicado a la muchacha, hubiera perjudicado también a Hades, porque él depende de ella para mantener a su ejército ordenado. Cosa que tú no puedes hacer porque no tienes entrenamiento marcial alguno. Mientras tú estabas ocupada con tu venganza contra el Santuario, fue Pandora la que estuvo junto a Hades, como siempre lo ha hecho, y por eso te dieron celos, explicó él.-Porque ella estaba haciendo lo que debiste hacer tú. Y tú quisiste quitarla de en medio.

-Pandora me odia, se justificó ella.

-Ella no te odia, niña.-Pero tú la tachaste de la tercera en discordia. A nadie le hace gracia eso. No la conocías y la juzgaste. Era obvio que la joven se resintiera. Oh, sí, pequeña, expresó, caminando hasta la puerta. Perséfone oyó como la abría.-Tienes mucho en qué pensar, finalizó, cerrando de un portazo, que reverberó en las paredes.

La diosa volvió a tironear la cadena que sobraba en un intento de soltarla. Tras mucho intentar lo logró. Empezó a jalar las esposas logrando romperlas y empezó a caminar de un lado a otro de la celda, con la mente rumiando las cosas que le habían dicho.

Se sentía furiosa. Furiosa contra su tía, contra su madre, su hermana, su marido. Contra ella misma. Cogió la almohada y la hizo pedazos mientras su boca se abría en un grito de rabia y su pecho se agitaba en un furioso resoplido.

Su madrastra la había cogido de juguete para molestar a su hermana (y a su padre de paso) Y ella no había sido capaz de darse cuenta, dejando que le metiera ideas en la cabeza y la dejara hacer cosas horribles.

Por no mencionar las mentiras que había tenido que inventarle a Hades para asegurar que todos sus planes salieran cómo ella quería, incluso ignorarlo y manipularlo para que la dejara en paz.

Y los destrozos que había ocasionado en el Santuario tampoco tenían nombre. Sin entender que Athena no sellaba a su marido solo por placer de hacerlo, sino solo por cumplir con su deber de proteger a los seres humanos, que siempre lo había hecho desde la era del mito, había pretendido destruir su Santuario y ocasionarle daño, sellarla a ella incluso. Se estremeció al recordar en cómo había manejado a los espectros a su antojo aprovechándose de su lealtad hacia ella, como había matado a aquella ninfa y cómo había casi matado a Milo de Escorpio, por no mencionar lo que le había hecho al santo de Géminis, en su puro capricho por dañar a Athena. Como había, por ello, revuelto el Olimpo, sellado a su tío y provocado que los olímpicos se colocaran los unos contra los otros.

Y aún habiendo hecho aquello, Athena nunca había perdido la esperanza de hacerla rectificar, sabiendo que ésa no era su forma de ser habitual y que ella jamás haría cosas como ésas. Había estado dispuesta incluso a sellarla, para que no tuviera que hacerlo Hades.

Y Hades…Su corazón se rompió cuando pensó en la carga tan pesada que debió haber sido para su amado soportar todo lo que ella estaba haciendo y tratar de detenerla, creyendo incluso las mentiras que ella se inventaba para tenerlo contento, sabiendo, o talvez creyendo, que él dejaría de lado sus deberes de dios por ella. Pero, cómo le había dicho Poseidón, Aidoneo no era un dios que descuidara sus deberes frente al placer, por mucho que lo quisiera.

Pensó mucho aquella noche…y los días siguientes. Y cuanto más lo pensaba, más segura estaba de que había cometido una terrible equivocación y que debía pagar por ello. Comprendía perfectamente la actitud desconfiada de Poseidón y el que éste la hubiera encerrado. Y en algún punto entre esos días, cuando no pudo más, simplemente se recostó en la cama y lloró. Lloró, por todo lo que había hecho y por todas las personas a las que había dañado. Lloró por Athena, y por Hades, por Hera y por ella misma. Por los seres de menor rango que también habían sufrido por su caprichos.

Y comprendió que debía pedir perdón por lo que había hecho. A todos.

Así que esperó pacientemente a que el emperador del océano bajara a verla de nuevo. En medio de la noche oyó las inconfundibles pisadas de éste en dirección a la celda y cómo abría la puerta.

-¿Y bien, Perséfone?, preguntó con seriedad.- ¿Has pensado en lo que has hecho?

-Sí, contestó ella, con tranquilidad.-Lo he hecho.

-¿Y qué es lo que tienes que decirme?

-No puedo decir que no tengo la culpa, pues aunque he sido manipulada, yo fui la que hice esas cosas terribles. Y me arrepiento de ello, pues el daño que he causado no ha sido poco. He recibido mi justo castigo por mi arrogancia y mi sed de venganza, pues incluso he lastimado a la persona que más quiero en éste mundo y eso no tiene perdón.

-¿Entonces te arrepientes de tus malas acciones?, quiso cerciorarse él.

Ella levantó los ojos y los enganchó en las pupilas verdeazuladas con decisión.

-Sí, estoy arrepentida, aseguró con seguridad.

-Bien, entonces te dejaré salir, repuso él.-Me alegra que hayas tomado la decisión correcta.

Se desplazó hasta las cercanías de la puerta y cogió las llaves. Las metió en la cerradura y giró, abriendo la puerta de la celda a continuación.

El cliqueo de la puerta fue como una brisa de aire frío para ella. Sin embargo, se esperó a que la puerta estuviese completamente abierta para salir, y lo hizo con paso mesurado. Poseidón le puso una mano en el hombro.

-Te quedarás aquí por algún tiempo. Hades está ocupado resolviendo unos asuntos de suma importancia y no puede dedicarte tiempo por ahora. Cuando se desocupe, vendrá aquí y luego te llevará al Olimpo.

-Está bien, tío, dijo ella caminando a su lado por el pasillo-Me gustaría hablar con Athena.

-Estoy seguro que vendrá con gusto. Ella también estaba preocupada por ti. Por eso estuvo enviando a Kanon, explicó, mientras subían la escalera.

Abrió la puerta de una de las habitaciones superiores y la dejó entrar.

-Enviaré a Thetys para que te ayude acondicionando esto.

-Gracias. Siento las molestias que te he causado. No era mi intención volverte a encerrar.

-Lo sé, lo entiendo, la tranquilizó él.-Ahora solo ponte cómoda. Enviaré a Thetys, terminó, cerrando la puerta.

Ella dio una mirada circular a su alrededor, a la habitación de cal blanca con reflejos azulados cruzando las paredes de vez en cuando. La cama era igualmente blanca, pero de corte sencillo, con un simple dosel de seda cayendo a los lados, y los muebles eran igualmente simples, aunque suntuosos, por lo que entendió que aquella era una habitación para huéspedes.

Se asomó al cuarto de baño y vio una amplia bañera de roca, que hacía las veces de pileta. El agua se movía en leves ondulaciones, invitando a ser visitada.

Se quitó la ropa y se deslizó lentamente en la pileta, dejando que el agua la acariciara, calmara su espíritu y limpiara su cuerpo, relajándola y devolviendo la paz a su mente después de mucho tiempo.

Y…se termina.

No sé ustedes, pero yo siempre siento un vacío cuando termino un fic. Aunque ya no me duele tanto como antes.

Se dice que por formar parte de un complot para derrocarlo, Zeus condenó a Poseidón y a Apolo a un año de servidumbre para el rey Laomedonte de Troya. Laomedonte (gr. Λαομέδων) era hijo de Ilo, el anterior rey, y nieto de Tros, el primer rey de Troya y padre de Ganímedes, el joven a quien Zeus había raptado. (En pocas versiones, Ganímedes es hijo de Laomedonte y no de Tros) El rey prometió pagarles determinada suma en recompensa a cambio de sus servicios, así que Apolo se encargó de cuidar a los rebaños reales y Poseidón de construir la colosal muralla que en tiempos posteriores haría famosa a la ciudad.

Pero el avaro rey se negó a pagar lo prometido, lo que era deslealtad económica y calificaba como hybris. Enfurecidos, ambos dioses se vengaron con creces. Apolo envió una devastadora peste y Poseidón una gran inundación (o un dragón marino, en otras versiones) Cuando Heracles le dijo que podía ayudarlo con el dragón, el rey le prometió las yeguas que Zeus le había dado a Tros como compensación por el rapto de Ganímedes, pero llegado el momento, le dio yeguas normales, volviendo a cometer hybris (deslealtad heroica) A continuación, mató a los heraldos que éste había mandado, entre los que se encontraba Ificles, el hermano gemelo de Heracles, hijo de Alcmena con su esposo Anfitrión, cometiendo hybris por tercera vez (deslealtad a los heraldos, cuya vida era sagrada) El héroe, furioso, mató al rey y a todos sus hijos salvo a Hesíone a quién llevó consigo y a Príamo, que heredó el trono de su padre.

Hace rato que quería aclarar eso, pero se me olvidaba y se me olvidaba...Mejor lo pongo hoy antes de que se me olvide :v

El asunto de las hierogamias (uniones sagradas) generalmente funcionaba emparejando a determinada clase de dioses con determinada clase de diosas. En el caso de los dioses uránicos, era usual que fueran emparejados con diosas telúricas, como en el caso de Zeus y Hera y Hades y Perséfone. La excepción aquí es Poseidón, a quien se emparejó con una deidad acuática. Era muy raro que ambos dioses en una pareja formaran parte de la misma clase. Esto para que vean que Hades no es del todo un dios vegetal o ctónico, sino uránico, como ya he dicho.

Bueno, con esto termino éste fic y voy para sabático…ahora sí, de veras para sabático :v

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Gracias por todos los comentarios de estos dos meses. Saben que lo aprecio mucho. Espero que les haya gustado cómo abordé la relación de ellos dos, sobre todo en la parte de la era del mito.

¡Un besote gigante!

Shaina de Aries