Los personajes de Pokemón no me pertenecen
13 de Mayo de 2017
Emily abrió los ojos como platos al sentir una mano sobre su boca. Obviamente, intento gritar, pero sus gritos estaban insonorizados por lo ronca que estaba su voz por llorar y la enorme y fuerte mano que recubría toda su mandíbula.
Miró a Piplup en señal de ayuda, pero solo recibió un "shh" en su oído. El pokemón de agua, sin embargo, uso algo que debería ser hielo para inmovilizar el pie de su captor.
—Estúpido Piplup, ¿tu estuviste con ella todo el tiempo?
La voz le puso la piel de gallina. Era grave y ronca, y pudo sentir olor a cigarrillo cuando sintió su aliento tan cerca de su oído...
No... No podían ser los violadores de aquella noche...
Oh, vamos! ¡No podía enterarse de que sus papás cobraban por tenerla desde que nació, y que además los tipos que habían intentado violarla la habían encontrado.
Pero Piplup la había defendido ese día.
Y Piplup estaba sorprendido, según expresaba su tierna carita.
Emily, mientras, seguía pataleando e intentando gritar.
—¡Piplup!
Su captor la abrazó por la cintura para inmovilizarla, sin dejar de colocarle la mano en la boca con fuerza— No entiendo lo que dices, eres un Pokemón de agua, no de fuego.
—Pip-pip— Se decepcionó el pokemón.
La chica solo lo miró con ojos abiertos, sin entender que mierda estaba planeando el muy tonto. ¡¿Acaso no veía que un tipo la estaba inmovilizando, en su propio cuarto?!
Sintió su aliento en la oreja de nuevo, y las lágrimas comenzaron a salir de nuevo. —Veo que ya escuchaste mi voz y sigues oponiendo resistencia, así que supondré que no recuerdas nada, Dawn— Dawn. Ese nombre. Otra vez. Como hacía casi un año la había llamado Finn Berlitz. —Pero no voy a hacerte daño, ¿entiendes? Vine desde muy lejos para ayudarte, así que necesito que no lo hagas difícil.
No entendió ni una palabra y no quería entenderlo. Solo se concentraría en safarse de su agarre mientras el inútil del pokemón al que había acogido durante un año seguía haciendo estúpidas muecas que no podía entender.
—Sigues siendo tan fastidiosa y testaruda como siempre. Bien. Así fue como todos terminamos en ésto.
—¡Piplup!— Se quejó el pokemón
—Lo discutiremos luego, cuando pueda entenderte— Supuso que le dijo su captor a Piplup— Ahora debemos sacarla de aquí.
Emily se sintió casi cansada de llorar y patalear tanto sin ningún sentido: el sujeto detrás de ella era extremadamente fuerte. Sin soltar ni su boca ni su cintura, pasó ambas piernas por la ventana. Tenía que estar loco si iba a saltar o algo así.
Pero diablos, lo hizo. Intentó gritar mucho más que antes al sentirse en caída libre, pero el chico cayó en sus dos patas, así de ágil como lo hubiese hecho un pokemón gato.
¿Acaso...?
¿Acaso estaba siendo secuestrada por un pokemón que podía hablar?
Comenzó a sacudirse de nuevo cuando comenzó a alejarse de la fachada trasera de su casa. Ya eran altas horas en Ciudad Petalburgo, y los vecinos estaban todos dormidos. No tenía probabilidades de ser rescatada por una persona, y el único Pokemón que la había ayudado en una situación similar, estaba cooperando con su secuestrador tratando de comunicarse con él.
Ya no tenía escapatoria.
—¡Ya quédate quieta!— Volvió a decir el sujeto fumador, mientras la cargaba con ella agitándose y todo. No llegó a ver sus rasgos, seguía siguiendo el principio de "no mires a tu secuestrador o violador a la cara" pero pudo notar que tenía la tez algo más morena que la suya y las puntas de su cabello desprolijo eran moradas, como probablemente lo era el resto.
Le vería la cara al final, cuando la violara.
Se alejaron lo suficiente del vecindario como para que sus gritos fuesen inútiles para cuando le quitó la mano de la boca durante unos segundos, para ponerle un pañuelo y conseguir el mismo efecto.
Ahí fue cuando vio su rostro, por más que no haya querido mirarlo a los ojos. El tipo necesitaba un corte de cabello con urgencia, lo tenía muy desprolijo y enmelenado, como si su rostro fuese para el mismo estilo pero con una longitud capilar menor. Algo le resultó sorpresivo en su barba incipiente, aunque no supo de donde rayos vino esa sensación porque jamás había visto al tipo. Tenía los ojos amatistas y fríos, mientras se concentraba en atar el pañuelo detrás de su nuca.
Emily fue lenta. No reaccionó lo suficientemente rápido como para concentrarse en escapar, en vez de eso intentó quitarse el pañuelo.
Pues claro, su psicología actuaba por sí sola. Estaba acostumbrada a que los demás hicieran las cosas por ella, o sea, que la vinieran a rescatar por sus gritos; y no que ella consiguiera escapar y luego pedir ayuda.
El tipo volvió a tomarla, en ambos brazos ésta vez, inmovilizándola, y se dirigió a Piplup. —Tendrás que colgarte de mí, Piplup, no podrás seguirme el paso.
—¡Pip!— Afirmó el pokemón pinguino.
Piplup saltó hasta el cuello del captor a quien parecía conocer.
Y lo que pasó después fue totalmente irreal.
Su visión se limitaba a lo que presenciaban sus ojos directamente. Los laterales de su campo visual, que son percibidos pero no el objetivo de la vista, eran un nubarrón de colores acorde a donde se encontraban. El tipo estaba corriendo a una velocidad sobrehumana, velocidad que no empezó a disminuir hasta que todo lo que detectaba su visión que se encontraba borroso era una mancha verde oscura, por la falta de iluminación dada por la noche.
Estaban en el bosque Hoenn.
El bosque prohibido, si no querías sufrir una muerte segura. Al menos eso decían.
Se detuvo y la dejó en el suelo con más delicadeza de la que esperaba de un secuestrador. Emily se quitó el pañuelo, pero no gritó ni se echó a correr. No podía ver la expresión del tipo por la falta de luz, pero no la hubiese dejado en el suelo así sin más si existiera la posibilidad de que escapara, ¿no? Además, el sujeto parecía ser mitad pokemón o un pokemón parlante en fin, por lo que debía tener un as bajo la manga.
No se atrevió a mirarlo. Tenía más lagrimas acumuladas, pero no las dejó salir. No podía demostrar miedo ahora.
—¡¿Cómo te atreves a traicionarme así, Pokemón estúpido?!— Le gritó a Piplup, tratando de ignorar la presencia de su captor— ¡Te di un techo durante casi un año! ¡Te hubiesen asesinado los oficiales si te hubiesen encontrado, tendrías que estar agradecido conmigo, y ahora ayudas a mi violador!
—¡Pip-Piplup!— Se defendió el pokemón, con el ceño fruncido.
—Violador— Habló el sujeto. Emily lo miró, pero por suerte la falta de luz no le permitía enfocarse en sus ojos, que era justo lo que quería evitar— Me has insultado de muchas formas, pero violador nunca fue una de ellas.
De repente, su cara se iluminó.
Se sobresaltó emitiendo un ligero gemido, porque era fuego lo que salía de la mano de ese chico, que iluminaba toda la zona donde se encontraban.
Lo miró a la cara otra vez, ésta vez mejor que la anterior por la claridad del ambiente. Pudo notar ojeras debajo de sus ojos y el ancho de sus hombros y lo trabajados que estaban sus brazos. Tenía cuerpo de voleibolista. A pesar del cansancio en su rostro, debía tener dieciocho o diecinueve años. Tenía la pinta de los chicos malos que no le interesaba tener a sus pies, porque del miedo que daban no eran codiciados por otras chicas. Sin embargo, en la escuela, si uno se enamoraba de ti, eras así como una leyenda, por lo que algunas veces recordó haberse tomado el trabajo.
Y no tenía una expresión sucia, a pesar de su rechazo al cigarrillo y su fobia a los sujetos como él.
—¿Q-que clase de cosa eres...? ¿Qué es lo que quieres de mí...?— Preguntó, retrocediendo un par de pasos. No fijó la mirada en Piplup. El muy malagradecido era un traidor, no se merecía su pena.
—Soy un elegido de Arceus que controla el fuego. Tu también eres una elegida, aunque lo que te dijeron fue otra cosa— El chico soltó la flama que continuó flotando a la altura de sus codos, mientras avanzaba en su dirección. Esta acción la hacía retroceder más.
Además de que el chico solo decía tonterías.
—Lamento decirte que secuestraste a la persona equivocada— Emily retrocedió otra vez, aunque sabía que eso sería tremendamente inútil. Sin embargo, sus ojos no paraban de buscar métodos para escapar, alguna ruta o algo. Siempre manipulaba a las personas para que hicieran lo que ella quería. ¿Se atrevería a manipular a un tipo que decía tonterías que además había intentado secuestrarla?— Eso de Arceus parece cosa de pokemón, y en mi ciudad están algo así como prohibidos...
—Eres tu... En verdad eres tú... Aunque tengas el cabello más corto y peinado de otra forma, sigues haciendo los mismos comentarios fuera de lugar...
No sabía a que se refería, pero suponía que al hecho de que él era su secuestrador y ella le contestaba de ese modo. Aunque no le inspiraba miedo porque él afirmaba que no le haría daño, pero sí debía tener miedo y contestarle como le hubiese contestado a los secuestradores de aquella noche si llegaban más lejos... ¿verdad?
Ok... hasta ella misma se había perdido...
—En serio que te equivocaste de persona... Yo no te había visto jamás, y mi mamá me peina así desde que soy una niña...
Sus ojos se desviaban de los del chico por momentos, tratando de visualizar con la llama presente alguna ruta de escape que carezca de árboles.
Solo necesitaba hacerlo caminar en círculos, para que le muestre más de lo que hay a su alrededor...
Piplup la observaba de cerca, pero no sabía que demonios podría hacer el pokemón si ella salía huyendo gritando por ayuda.
—Diablos, Dawn... ¿Por qué tuviste que huir ese día...? Creí que estabas muerta...
Había algo dentro de ella que la llamaba para indagar más. No podía ser coincidencia que tanto ese empresario como éste secuestrador la llamaran erróneamente de la misma forma. Pero nunca se molestó en averiguarlo, porque siempre fue tan feliz... ¿Que pasaba si descubría algo que no le gustaba?
¿Y por qué el muchacho, (que si se bañaba y peinaba sería bastante más atractivo, aunque ese aspecto salvaje le daba algo rebelde y sexy) la miraba con tanta nostalgia, con tanto sentimiento...?
Con los ojos vidriosos.
Con tanto... ¿Por qué sentía que la miraba con tanto amor?
Una parte de ella se reavivó, en el momento que vio una ruta de escape.
No dudó en tomarla, al ver que su captor estaba distraído...
—¡Piplup!— Advirtió el pokemón
Pero claro, no llegó muy lejos, porque esos fuertes brazos volvieron a atraparla de nuevo.
—Tienes que recordar, tienes que recordar quien eres...— Le dijo al oído, sin soltarla. Las lágrimas amenazaron con salir de nuevo.
—¡Suéltame!— Forcejeó Dawn. —¡No tengo idea de quien eres, diablos! ¡Si realmente no quieres hacerme daño déjame ir, juro que no le diré nada a la policía!— Chilló con todas sus fuerzas.
Pero no cedía. La sujetaba como si fuese la única cosa viva en el mundo.
—Dawn, soy Paul— La volteó, obligandola a mirarlo a los ojos. ¡Con lo mucho que se estaba esforzando en no hacerlo!— Mírame. Tienes que recordar— Le estaba apretando los brazos con demasiada fuerza. —Salimos y tonteamos durante casi un año, eres la elegida de Arceus del sol, de Espeon.
—¿Que...?
—¡Piplup!— Insistió Piplup, pero ésta vez al tal Paul. ¡¿Ahora se le ocurría defenderla?!
—¡Demonios, tienes que recordar!
—¡Me estás lastimando!
—¡Te llamas Dawn, Dawn Platina Hikari, o Berlitz!
Berlitz. Otra vez se sintió mareada.
—¿Que...?— Volvió a repetir. No sabia que era peor. Si lidiar con un loco o con un violador. Este chico, sea lo que sea, estaba buscando en ella algo que no encontraría.
—¡Te cambiaron el nombre y te quitaron todos tus recuerdos!— Le era imposible enfocarse en sus ojos por la cercanía a la que la sostenía, y porque parecían estar por ponerse naranjas... Si, naranjas. Aunque después de haber hecho aparecer fuego de repente, eso no debería sorprenderla.
—¡Piplup!
—¡Ya callate, Pipulp!— Insistió Paul, gritándole pero no con desesperación como sus gritos anteriores, sino con fastidio— ¡Ella tiene que recordar, ¿como demonios hago algo al respecto con todo el tiempo que perdí si no lo hace?!
—¡Pi-pi-piplup!
Paul ignoró lo que sea que el pokemón estuviese tratando de decirle, y siguió insistiendole desquiciadamente— Dawn, necesito que hagas un esfuerzo... Se que estás ahí, demonios...
—¡Paul! ¡Ya es suficiente!
La voz se escuchó por detrás de ella, y le sonó extrañamente familiar. Como si fuese...
Como si fuese su propia voz... Pero un tanto más aguda...
—Oye, no, tu te alejas de aquí, ya lo hablamos— Le dijo Paul a la emisora de la voz— No puedo ponerte en peligro, y necesito que recuerde antes de que un Hellken se acerque.
—¡Vas a hacerle mal si sigues presionándola así!— Volvió a responder la voz femenina, por detrás de ella.
—¿Q-quien está ahí?— Preguntó, sin siquiera darse cuenta de que las palabras se deslizaron por sus labios.
—¡Si no la presiono no va a recordar nada, Luna! ¡Además, te dije que no interfirieras!
Luna...
Luna Berlitz
—¡Dawn! ¡Dawn no dejes que me lleven! ¡Yo quiero quedarme en Sinnoh! ¡Dawn!
La discusión de Paul y la niña, porque había confirmado que era una niña, pudo presenciarla en mute, solamente viendo al chico responder enojado y de reojo a Piplup, observándola preocupado. La mirada de Paul pareció alertarse, pero para cuando ella quiso averiguar por qué, pasó lo mismo que aquel día.
Todo se volvió oscuro.
Gary saludó a Brianna, esperando a que voltee para rodar los ojos e ir corriendo a su dormitorio para lavarse los dientes. No podía decir que el sexo era malo. Jamás lo haría. Era hombre, bastante machista como para discutir por horas con mujeres rebeldes como Misty, May y Dawn, por lo que el sexo, por más que sea con una zorra que se entrega como si nada, nunca le molestaría y nunca sería malo.
No era como si siempre hubiese sido así. Había llegado a un punto en su adolescencia donde era el primer sitio a donde acudían algunas chicas necesitadas del tecnológico, y culminó cuando escuchó a las porristas diciendo: "si te sientes con ganas de perder la virginidad ya sabes, siempre puedes acudir a Gary o a Green"
A Green no pareció molestarle cuando Gary se lo comentó, muy furioso. Dijo que mientras las chicas lo consideraran una puta, él tendría sexo eterno. Gary, en cambio, comenzó un proceso en el que se volvió más inaccesible para las mujeres. Luego pasó lo de Serena y casi ni podía pensar en otras, pero la verdad había pasado tanto tiempo que casi no se detenía a pensar en ella.
Sin embargo, cuando el director de tu escuela intenta lavarte el cerebro y te la pasas actuando como si fueses la persona que el cree que eres, no tienes demasiadas opciones cuando una mujer viene con las piernas abiertas. Más cuando la personalidad que le dieron (que conocía, pero no utilizaba) consistía en un rompecorazones que se cogía a cualquier cosa que se le aparecía. Básicamente.
Menos a Leaf.
Porque Leaf y su uniforme de monja eliminaban cualquier rastro de testosterona presente en su organismo. Cualquier cosa que alterara a su pene.
Es como si no pudiese imaginársela siendo... Siendo más que una mojigata.
Y ahí estaba, leyendo en el pasillo, los libros que los maestros decían que tenían que leer. Porque después de aquella noche en lo que solía ser el campo de entrenamiento de hierba, habían forjado una alianza que hacía correr peligro la memoria de Gary, y la vida de Leaf.
Porque a Leaf no podían lavarle el cerebro, como habían hecho con todos los demás. Leaf se había propuesto ayudarlo, Leaf no lo trataba como un loco.
Leaf le daba esperanza, después haber estado cuatro meses sintiéndose un inútil, Leaf con su optimismo y poco sentido de la ubicación. Era algo torpe, pero extremadamente lista. Le iba bien en las materias que requerían lógica pero no estudio, como matemática y filosofía.
—Greenson— Dijo, cuando le pasó por al lado
—Firelanguer— Respondió, sin despegar la vista de su libro.
Era el código que ambos tenían. Cuando el salía de sus citas con Brianna o Macey, o de sus "castigos" enviados por Richard Hastings, Leaf esperaba cerca del punto de encuentro, y si Gary le daba la señal, ella tenía que seguirlo. Sabía que su apellido no era Firelanguer, pero era en caso de que alguien lo oyera.
El día de hoy en particular, Leaf le había dejado una nota en su casillero (cosa que, después de que la chica lo hiciera y que Green casi los descubra, Gary le había prohibido), pidiendo disculpas por el medio, pero que creía tener información valiosa.
Todo con corazones y caritas, que ponían a Gary de los pelos porque parecía que recibía cartas de admiradoras, cosa que le molestaba porque ya le había comentado a Leaf todo su pasado como el sujeto sexual más requerido del tecnológico.
Leaf cerró la puerta del laboratorio de ciencias, una vez que el ya estaba dentro, ubicado en el punto ciego de las cámaras. Les había tomado tiempo, pero habían descubierto varios de ellos. Uno, afortunadamente, donde habían tenido su primero encuentro, en el campo de entrenamiento de hierba; y otro en el laboratorio de ciencias para los de secundaria.
—Espero que sea importante. Te dije que odio las cartitas de admiradoras.
—Oye, no soy fanática de tu presencia tampoco. Ya te dije que opino que eres un animal promiscuo fuera de control, incubador de enfermedades de transmisión sexual— Respondió Leaf, alisándose la sudadera del uniforme de gimnasia.
Leaf le estaba provocando bastantes menos problemas (aunque no habían desaparecido) a Kinomoto desde que Gary le había contado todo lo que sabía. Que Satoshi lo había elegido para poseer los poderes de Umbreon y la luna, y que su objetivo junto a otros siete chicos con las otras siete evoluciones era mantener el equilibrio entre humanos y pokemón si se desataba una crisis, como estaba sucediendo ahora. Afortunadamente, Leaf creía en la ciencia ficción, porque sinceramente tenerla de su lado le había sido bastante útil durante esos momentos en los que se cansaba de fingir.
—¿De que quieres hablar?— Preguntó con fastidio. Él siempre insistía en que debían encontrarse lo menos posible, para no ser descubiertos, pero tenía que admitir que solo lo hacía para llevarle la contra. Las dos o tres horas que pasaba al día hablando con Leaf, eran como un descanso a toda la actuación del día, y le permitían volver a fingir con gusto al día siguiente.
—La profesora Gingerport me castigó la semana pasada, porque según ella limpié mal las probetas...
—Lo se— Rodó los ojos Gary. La profesora Gingerport castigaba a casi todo el mundo, pero a Leaf la tenía en la mira por su (ahora más calmada) obsesión con los pokemón.
—Dijo que para que aprenda a limpiar debía limpiar todos los cuartos de archivos de a escuela...
—Que son como seis, Leaf, ya lo sabemos— La interrumpió Gary— Y ya lo hiciste la semana pasada, ¿qué es lo que...?
—Creo que descifré las siglas que leíste en el despacho de Kinomoto el año pasado.
—¿Que?— Cuestionó, sorprendido.
La verdad no se esperaba eso. No tenían ningún dato realmente útil desde que Gary había leído las dichosas siglas "Suero SH-41. F4, C15". Se consideraba en stand by desde ese entonces, pero bueno, Leaf...
Leaf le hacía creer todo el tiempo que estaban más cerca, y aunque él en ningún momento se desesperó, al fin tenían pistas. O algo.
La chica miró en todas las direcciones antes de volver a hablar. Sacó un papel de su bolsillo.
—Ésta es la lista que me dio la profesora Gingerport— Era una lista con números enlistados y junto a esos números, otros números. —Tiene los números de las aulas de expedientes junto a qué filas de cajones se encuentran allí. ¿Lo ves?— Leaf le señaló con el dedo— Aula 1: F1-10. Aula 2: F11-17. Y así hasta llegar al 56, están equitativamente distribuídas. Me lo dio para que sepa cuanto me tomaría limpiar cada salón, y así tener las llaves para devolver a tiempo.
—Lo siento Leaf, pero aún yo no lo...
—¡No me interrumpas!— La chica solía entusiasmarse cada tanto, pero ésta vez era algo realmente jugoso— Hasta hoy, que releí las siglas que tú encontraste, no había notado lo que significaba la letra F, porque yo solamente tenía que limpiar los archivadores por encima y el piso de todas las aulas. Sin embargo hoy noté que los números junto a las F indican cuantos archivadores hay por aula... ¿Entiendes? Cada archivador es una fila...
—F de fila...— Gary abrió un poco más los ojos con sorpresa, y giró la cabeza rápidamente hacia Leaf— Y C de...
—De cajón. Porque cada archivador, o sea fila, tiene 15 cajones...
—Eso quiere decir que...— El castaño le quitó bruscamente el papel de las manos, sacándole un quejido a Leaf. F4. En el aula 1 se encontraban las filas de la 1 a la 10... —En el aula 1, fila 4, cajón 15, se encuentra algo que nos podría decir donde estamos parados...
—Las siglas SH-41 seguramente pertenecen al nombre del suero... Así que la información sobre él...
—Está en ese cajón.
Leaf asintió con sus dos ojos verdes brillando. Probablemente estaba esperando una palmada o algo.
Gary no era de los tipos que abrazaban porque sí, y fue solo cuando recordó eso que se contuvo de no abrazar a Leaf. Porque no supo que rayos fue lo que pasó, que quiso hacerlo.
—¿No vas a felicitarme o algo por el estilo?— Preguntó Leaf, volviéndose infantil de repente, como solo ella sabía serlo.
—Sabía que estarías esperando eso, uniforme andante, pero aún no podemos cantar victoria— A la chica se le borró la sonrisa y frunció el ceño— ¿Por qué crees que Kinomoto guarda algo que parece ser tan importante con los expedientes de la escuela?
Gary se sentó en el suelo sin dejar de mirar el papel que tenía sostenido en ambas manos. Su compañera lo siguió.
—Porque sin las siglas de la fila y el cajón podrías estar horas buscando ahí, Gary. No se que otro tipo de información haya en esos cajones, pero además de los expedientes de los profesores, los legajos de los alumnos, y las bibliografías anteriores tanto del nuevo tecnológico como del viejo, están todos los papeles legales de la escuela. Parece que el director anterior los dejó ahí, y Kinomoto no se encargó de moverlos...
—Además, si alguien lo hubiese encontrado, a parte de tu y yo, ninguno de los alumnos hubiese entendido nada... Y nadie entra ahí, tu eres la única que tiene acceso porque estas castigada...
—Él cree que tienes la cabeza igual de lavada que ellos, y además, jamás entrarías a revisar los casi 850 cajones sin que alguien te viera antes...— Acotó Leaf, antes de resoplar— Bueno, al menos ahora no estamos tan perdidos. Mi próximo castigo es en una semana, pero aún no devolví las llaves, así que puedo ir por la información...
—¿Qué? ¿Ahora?
—¿Pues cuando más quieres ir? Si fuera de noche sería más sospechoso. Yo soy quien debe ir, porque el hecho de que tu entres ahí más que para tener sexo con alguien ya sería sospechoso también...
—Greenson...
—Además, se que tu tampoco puedes aguantar la ansiedad...
—Oye, no es que quiera ser malo, pero no tienes que alegrarte tanto por una mínima cosa... Ha pasado mucho tiempo, y lo que podamos encontrar puede no seguir ahí, o no servir de nada...
—O ser todo lo que necesitamos para escapar de aquí con información, y que tu jefe nos diga que está mal con mi cabeza...
—Oh, si, además de la posibilidad de evitar guerras civiles y un desequilibrio en la naturaleza de los Pokemón.
—Bueno si, además de eso...— Leaf se cruzó de piernas, mostrando el sobrante de su pantalón de gimnasia. ¿Acaso no le era incómodo? Todas las otras chicas lo llevaban a un sastre para que se les ajuste bien al trasero.
—Tu cabeza ya está mal, y agradece que no pueden lavarte el cerebro, porque créeme, mis amigos ya no son lo que eran antes, y les veo la cara todos los días— Se cruzó los trabajados brazos en el pecho. Aún seguía entrenando, aunque no futbol— Y Satoshi no es mi jefe, es mi padrino de hecho. Aunque sea el peor padrino de los padrinos...
Leaf lo miró de costado, ésta vez con la cabeza apoyada en sus rodillas. Era la mirada que ponía cuando no sabía si estaba en posición de decir o preguntar algo, ya que Gary la había acusado de desubicada varias veces.
—¿Qué es lo que quieres saber?— Preguntó. Su mirada lo incomodaba por momentos, y le recordaba a la hermanita de Drew cuando le había hablado borracho, en las ligeras lagunas que presenciaba de aquel momento, claro.
—¿Por qué le reclamas tanto que haya sido un mal padrino? Tú al menos tenías padre... Para cuando dices que te abandonó, tu te quedaste sin tu padrino, pero Ash se quedó sin su padre.
Sep. Había tenido varias largas conversaciones con Leaf. Le recordaba ligeramente a cuando Ash y Misty se quedaban hasta altas horas de la noche en el campo de entrenamiento de hierba solo conversando. Debía ser porque usaban el mismo lugar a menudo...
Para conversar...
Porque la situación era muy muy diferente, Leaf era como su ruta de escape...
Y él no sentía nada de nada por ella, y parecía bastante imposible que lo sintiera dado sus antecedentes de amor... Serena y...
Bueno, la otra no importa.
—Mis padres casi nunca estaban en Pueblo Paleta. Se iban a certámenes de ciencia con mi hermana, o viajaban por trabajo también con ella, porque no nos llevábamos muy bien que digamos. Yo siempre me quedaba con mi abuelo, y dormía a menudo en casa de Ash, cuando estaban su mamá y su papá. Dudo que los recuerdes...
—No recuerdo nada de Pueblo Paleta, era muy pequeña. Mi hermana Blue tampoco recuerda mucho— Explicó Leaf, jugando con sus cordones.
—Sentía a Satoshi como un padre, por momentos. Me hizo estar muy celoso de Ash. Cuando cumplimos diez, el abandonó el título de campeón para viajar e investigar por el mundo. No era mi padre, pero siempre me sentía orgulloso de llamarlo padrino, porque significaba que era algo así como una figura a la cual seguir si mi papá no estaba. Crecí con ese concepto de lo que es un "padrino", que es bastante diferente al de otras personas que olvidan que tienen un ahijado o no tienen relación con su padrino, así que cuando se fue sentí un abandono bastante importante...
—A mi no me bautizaron, pero tienes razón cuando dices que tienes un concepto especial de él. El padrino de mi hermana Blue aparece solo para los grandes eventos y ni siquiera sabe cuando es su cumpleaños.
—¿Y a ti no te bautizaron? Que extraño— Gary frunció el ceño. No era como si su familia fuese super religiosa, pero el bautismo era algo así como una tradición familiar, y tanto él como su hermana habían sido bautizados en la iglesia de Pueblo Paleta.
—Una vez se lo pregunté a mamá y se sintió incómoda— El castaño no se extrañó. Leaf y su inocencia podían poner incómodos a varios bastante seguido— Me dio a entender que no quería hablar de eso, y luego balbuceó como que el catolicismo no me había elegido o algo así...
No pudo evitar mirarla con el ceño fruncido por el desentendimiento, por más irrespetuoso que parezca— Claro, y seguro que la relgión si me eligió a mi...
—Oye, ya hablamos de eso. Aunque tu digas ser un tipo de ciencia y de nula fe, tienes que respetar a los que sí creen.
—¡Yo no digo que no los respete! Solo que bueno, la explicación de tu mamá parece algo... ya sabes... no tiene pruebas de que el catolicismo si haya elgido a Blue, o a mí o a cualquiera que esté bautizado...
La campana sonó. Se habían perdido todo el recreo largo antes de la clase de gimnasia. Era la última del día antes de quedar libres para estudiar esas malditas materias convencionales y flirtear con chicas como Macey y Brianna.
Leaf se puso de pie y le ofreció la mano a Gary, como siempre. Y, como siempre, él se levantó por su cuenta, sacandole otra mueca de niña pequeña a Leaf, quien automáticamente se le adelantó y se dirigió a las puertas dobles del laboratorio. La idea era nunca ser vistos juntos.
—¿Y como lo sabes? Tal vez el cristianismo no me eligió, y por eso tampoco lo hizo la máquina lavacabezas de Kinomoto... ¡Luego te digo cuando nos vemos por lo de ya sabes qué!
Leaf cerró la puerta y Gary sonrió durante unos segundos...
Antes de analizar la oración de nuevo, y darse cuenta de lo tonto y coherente a la vez que había sonado la estúpida hipótesis de Leaf.
Hannah McCatter
